Este post forma parte de la serie Amigate con Buenos Aires, un intento de reconciliarme con mi ciudad después de dieciséis meses sin verla. Podés leer la serie completa acá.

Todo empezó hace unos días, cuando preparaba una guía de viajes de Buenos Aires que me habían encargado. Me leí todo acerca de la ciudad, miré fotos, descubrí —virtualmente— rincones que no conocía, encontré muchísimos recorridos temáticos interesantísimos para hacer (“recorrido literario”, “recorrido de bares notables”, “recorrido histórico”, “recorrido cultural”, etc) y después de empaparme de información me dije: “Pará, pero Buenos Aires tiene mil cosas para ver. Mil cosas que ya vi mil veces, pero que quiero ver mil y una más”. Y me dieron ganas de salir en ese mismo momento con un megáfono, pararme en medio de la 9 de Julio —en el Obelisco, tal vez— y gritar: “Hola Buenos Aires, ¡volví! ¡Te quiero otra vez!”. Pero no lo hice porque no tengo megáfono y tenía que terminar de escribir la guía.

Para quienes no lo conocen, les presento al Obelisco.

Ese mismo día, además, pegué una de las calcos de Proyecto Calco en mi espejo. Cada vez que me miraba al espejo, el papelito me decía: Amigate. Y cada vez —como si fuera poco— me lo decía con un tono distinto: con indignación, con tristeza, con alegría, dándome una orden, insistiéndome, apurándome, enojada, haciéndome burla, riéndose. Y me di cuenta de que algo estaba pasando: había llegado el momento de reconciliarme con Buenos Aires —esa ciudad que amo y odio a la vez— y salir a redescubrirla, observarla y fotografiarla.

Así que me propuse un nuevo proyecto: amigarme con Buenos Aires, con sus barrios, con su belleza, con su caos, con su esplendor, con su basura, con su estrés, con su buena onda, con sus calles empedradas, con sus manifestaciones, con sus balcones, con sus esquinas ruidosas, con sus pasajes silenciosos, con su primavera, con su mal humor. Es un proyecto que me inspira y me desafía: me inspira a sorprenderme, a mirar los lugares que ya conozco, aquellos por los que pasé incontables veces, con los ojos más abiertos; me desafía a encontrar detalles, a descubrir nuevas perspectivas, a capturar íconos y momentos urbanos. Me inspira a verla como si fuera la primera vez, como si estuviese viajando por cualquier otro lugar del mundo, y me desafía a reconocerla como propia, como el lugar donde crecí y del que siempre querré irme (y volver volver volver).

Así que tras esta introducción les presento el nuevo Mini Proyecto Fotográfico (“mini”, porque como dije alguna vez, no sé en qué derivará, ni si tendrá cierre, ni cuántos capítulos durará) de Viajando por ahí: después de “Asia de la A a la Z” llega “Amigate con Buenos Aires”.

Quisiera recorrer todos los barrios de la ciudad, pero no sé si me dará el tiempo ya que en breve me vuelvo a Asia (ya daré noticias de eso), así que cubriré la mayor cantidad de lugares que pueda. Igualmente, siempre que vuelva a Buenos Aires, seguiré mirándola como si fuese la primera vez. Así que sospecho que este será un proyecto que jamás terminará del todo.