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Archive | Argentina

La ruta de la fortuna

Hacer dedo es como tirar los dados. (Juan Villarino, santo patrono de los autoestopistas. Adaptación de un comentario dicho por él en alguna charla)   —¿Y qué plan de viaje tienen, chicos? —No tenemos una ruta muy definida. Queremos ver algo de Sudamérica, cruzar a Europa cuando sea primavera allá (marzo, abril) (si se puede en barco, mejor) y llegar a Asia por tierra. Nos encantaría ir hasta Oceanía y volver por el otro lado, pero no sabemos… No tenemos fecha de vuelta ni rumbo […]

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ranchos

Tiempo de Ranchos

Mirá cuando digamos, ¿te acordás de aquella vez que agarramos la camioneta y nos fuimos a pasar la tarde a Ranchos? Fue el primer viaje que hicimos con Rami, él tenía seis meses, y nosotras festejábamos nuestros 25 años de amistad (las bodas de plata). Yo había ido a Brandsen a visitarte, poco antes de irme de viaje largo, y se nos dio por hacer esa escapada los tres. Salir a la ruta fue como volver a respirar: hacía tiempo que no me movía de […]

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Escribir un libro… y presentarlo en sociedad

Simplemente este pequeñísimo post para contarles que este viernes 30 presento mi libro en el Mu (Hipólito Yrigoyen 1440, Ciudad de Buenos Aires) y que están invitados. Empieza a las 8 de la noche y la idea es que nos juntemos a charlar y relajarnos. Habrá una charlita, espacio para preguntas, mini expo de fotos, venta y firma de libros, amigos viajeros y buena onda. ¡Los espero!

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ingrávida

Creo que estos últimos cuatro días viajé más en ascensor que durante mis 28 años de vida de edificio. Siempre viví en un piso 18, así que los ascensores forman parte de mi rutina desde que nací: para mí son uno de los medios de transporte más necesarios para salir al mundo real. Supongamos que paso, como mínimo, dos minutos por día en el ascensor, eso multiplicado por 365 días da 730 minutos, por 28 años da 20 440 minutos, lo que equivale a 340 […]

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Escribir un libro (5): dejarlo ir

Pensé que este día no iba a llegar nunca, pero llegó: terminé el libro. Lo dejé ir. Si cuento desde el día que lo empecé a escribir (en Brasil), pasaron siete meses. Si cuento desde el día que lo empecé a pensar (antes de salir de Buenos Aires rumbo a Bolivia), pasaron más de cinco años. Si cuento desde el día que empecé a imaginar que tal vez un día escribiría un libro, supongo que pasó casi toda mi vida. Antes creía que lo más […]

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Escribir un libro (4): el insomnio, el falso jet lag y oh los trolls

Volví. Bah, en realidad nunca me fui de la computadora (qué triste), pero hace 24 días que no escribo acá. Creo que en estos tres años nunca dejé pasar tanto tiempo sin subir un post. Es que estoy en un estado medio zombi (zombi sedentario, encima): hace 24 días que casi no duermo. Nunca tuve tanto insomnio, dudas, preguntas y mareo: siento jet-lag sin haber viajado. Falso jet-lag (de los peorcitos que existen, porque ni siquiera tuvieron viaje que los provocara). Y hablando de viajes, […]

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“Detrás de los viajes” – Edición Especial 300 Posts

Es sabido que todos los viajes tienen dos caras: una, la que se muestra y se cuenta con orgullo, y otra, la que queda oculta ya sea por ridícula, vergonzosa, impresentable o desopilante. En los 299 posts que publiqué en Viajando por ahí me presenté como una persona seria, formal y responsable (?), pero hay un lado mío que no conocen: el de chica torpe, despistada, amante de lo bizarro y paparazzi de gatos. Por eso en el capítulo de hoy quiero llevarlos al backstage […]

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Niños de noventa años

Muchos años antes de imaginarme que podía dedicarme a viajar, decidí que de grande quería ser filósofa. La culpa la tuvo un libro que leí a los once o doce años y que me dejó un concepto grabado en la cabeza: “Filósofo es aquel que nunca deja de mirar el mundo con asombro”. Lo del asombro me llamó mucho la atención: sentía que el libro me hablaba a mí, que me estaba diciendo que, por más que estuviera creciendo, nunca dejara de ser una nena […]

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Escribir un libro (3): Qué leo mientras escribo

Sé que estoy silenciosa. Es que estoy leyendo mucho. No puedo pasar un segundo sin tener una página —o una pantalla— escrita frente a los ojos. Viajar en colectivo me parece el mejor programa del mundo —especialmente si hay tráfico y embotellamiento y va bien lento— porque me permite tomarme esa media hora, cuarenta minutos o dos horas para leer un libro sin interrupciones (excepto la vez que decidí no leer y me puse a escribir lo que me pasaba por la cabeza). Me encanta […]

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