Estoy en alguna calle de tierra de Jakarta, Indonesia, acabo de comprar comida en un puestito. Un hombre está parado al lado mío (en Indonesia la gente siempre está en la calle, sentada en algún lugar con sombra) y enseguida se acerca y hace un gesto dando a entender que lo que acabo de comprar es una delicia. Le ofrezco un poco para que pruebe, el hombre asiente con la cabeza y me dice “terima kasih” (gracias en bahasa indonesio), entonces le acerco el plato para que pueda sacar un poco de comida, él vuelve a asentir y sonríe, yo le acerco más el plato, sigue asintiendo y sonriendo, a lo que yo le acerco el plato todavía más y casi que se lo meto en la cara para que pruebe un bocado. Y la escena se vuelve ridícula (como el capítulo de los Simpson donde Homero y Skinner se la pasan un minuto asintiendo con las cabezas sin decir palabra). Finalmente me canso y me pongo a comer sola. El hombre se va.

Encontré la explicación a este comportamiento unos días después en Yogjakarta, mientras comía caramelos en la casa de una chica indonesia que conocí por medio de Couchsurfing. Éramos cuatro: un chico holandés, dos chicas indonesias y yo. El chico holandés me ofreció un caramelo, a lo que dije gracias y le acepté dos. Cuando le ofreció caramelos a las chicas, las dos dijeron “Yes, thank you” y se quedaron quietas, entonces él acercó la bolsa para que sacaran, a lo que volvieron a decir “Yes, thank you” y ni siquiera amagaron a sacar un caramelo. Ok, acaban de decir “sí, gracias”, ¡por favor coman el caramelo que aceptaron! Pero acá la cosa es así: los indonesios nunca dicen que no. Así que si alguien les responde sígracias a alguna oferta, tomenlo como un no y ríanse de la situación. Seguramente ellos se reirán con ustedes.