Quiero compartir algo que me pasó hace ya más de un año, en Buenos Aires, unas semanas antes de emprender mi loco viaje por Asia.

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Como dije en algún otro post, cuando uno viaja da lo mismo que sea lunes, jueves o domingo, ya que los días dejan de tener una etiqueta y pasan a ser “El Día Que”: “el día que nadé en lava volcánica”, “el día que me tiré en parapente” o “el día que conocí a John Lennon” (tres días que nunca pasaron en mi vida, aclaro).

Pero lo que no dije es que cuando uno está inmerso en la rutina, esos días también existen y son los que nos hacen salir de la vida cotidiana: son esos “momentos” en los que nos damos cuenta de que estar vivo en este tiempo y en este lugar es lo mejor que nos podría haber pasado.

Bueno, resulta que un día cualquiera mi editora me encargó entrevistar a Steve McCurry porque estaba segura de que aquel fotógrafo estadounidense y yo “nos íbamos a llevar bien”. Tal vez debería escribir STEVE McCURRY así con mayúsculas, porque este hombre no es solamente un fotógrafo, es una eminencia de la imagen, uno de los mejores retratistas del mundo, en mi humilde opinión.

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¿Se acuerdan de la mirada de la Chica Afgana, no? Fue la tapa más famosa de la National Geographic y una de las imágenes más reconocidas del mundo, un ícono del siglo XX.

Bueno, esa la sacó Steve.

Steve (me tomo el atrevimiento de llamarlo Steve) estuvo en Buenos Aires para inaugurar la muestra que hizo en el Centro Cultural Borges y, el día anterior, dio una conferencia de prensa para varios medios argentinos. Ahí fui yo.

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Imagínense mis nervios.

Cuando la conferencia de prensa (“ordenada”) terminó, empezó el caos. Más de 30 periodistas se le abalanzaron para entrevistarlo en privado y sacarle mil y una fotos.

— Estiv, Estiv!! Plis, a picture with the chica afgana.

— Estiv! Only two questions, two more questions!

— Estiv, look here, una foto con tu cámara, plis.

Yo decidí ser paciente y no acosarlo cual mujer desesperada. Pensé: en algún momento el resto de los periodistas se va a ir y ahí aprovecharé para hacerle la entrevista con tranquilidad.

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Entre varios se lo llevaron afuera de Galerías Pacífico —tras el pedido de “una foto al aire libre, Estiv”— y le sacaron todo tipo de fotos: mirando hacia el vacío, con la cámara acá, con la cámara allá, de frente, de espaldas, con la mano levantada, con el pie apoyado. Y él, tan tranquilo, se dejó fotografiar. Qué ironía. Qué habría pensado el fotógrafo al ser fotografiado… Seguramente por dentro se reía de todos.

Cuando terminaron de sacarle fotos, el hombre quedó solo. Solo. Por primera vez en cuatro horas lo dejaron solo. Era mi oportunidad. Caminé hacia adentro del Shopping (el Centro Cultural Borges está ubicado dentro del Shopping Galerías Pacífico) con él y mientras subíamos por la escalera le charlé de ser humano a ser humano (o de loca a genio al que trata como ser humano).

—Hi Steve. ¿Todavía tenés energía como para una entrevista más? [todo en inglés]

—Of course!

—¿Es tu primera vez en Argentina?

—Sí.

—¿Y cuál es tu próximo destino?

—El sábado me voy a la India.

Y ahí, en pocos microsegundos, pensé… será muy ridículo si… qué hago… le digo o no le digo le digo o no le digo le digo no le… ya fue, le digo.

—¡Qué bueno! Yo me voy de viaje a Asia dentro de un mes y probablemente me quede un año por allá.

Por primera vez durante nuestra conversación me miró a la cara y me sonrió. Le encantó lo que dije. [Nota: cuando este hombre empezó su carrera como fotógrafo freelance, a los veintipico de años, se fue a la India con el plan de estar “un tiempito” allá y se terminó quedando meses y meses, y la mayor parte de su carrera como fotógrafo la hizo en Asia].

—Really???

—Sí, yo escribo e intento sacar fotos [no puedo dármela de fotógrafa con un tipo tan groso] y quiero vivir de esto.

—Wow, impressive.

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Llegamos nuevamente a la sala del Borges —vacía— y me pidió que lo esperara mientras iba al baño. Me quedé ahí parada, nerviosísima, pensando lo peor: ¿Y si se le ocurre escaparse por la ventana del baño para no tener que seguir lidiando con la prensa? Recemos para que el baño no tenga salida al exterior. Volvió a los cinco minutos y me invitó a sentarnos dentro de la sala de exposición, entre medio de todas sus fotos.

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Saqué el grabador y empecé con las preguntas.

—Empezaste estudiando cine… ¿qué te hizo elegir la fotografía como profesión?

—Bueno…

Me dió una breve explicación que ni siquiera llegó a terminar y se interrumpió a sí mismo: BUT TELL ME ABOUT YOUR TRIP. ¿Cuándo te vas? ¿Por dónde vas a estar? ¿Vas sola? ¿Viajas por placer? ¿Cuál es tu plan?

No podía creerlo. Steve McCurry me entrevistó a mí.

Le conté un poco sobre mi vida: que en el 2008 viajé a Latinoamérica por nueve meses, que la escritura, que las fotos, que mi atracción por Asia, que mi pasión por viajar.

Me pidió mi contacto.

Y en ese momento ni lo pensé y saqué una caja llena de fotos de mi bolsito.

El día anterior había impreso unas 50 fotos que había sacado en mi viaje por América latina y las había convertido en “tarjetas personales” (les escribí a mano mis datos de contacto en el dorso, bien rústica la cosa). Las llevé a la conferencia de prensa “PARA VER QUÉ ONDA”, pero confieso que si él no me pedía mi contacto jamás iba a animarme a mostrarle estas fotos así de la nada. Así que cuando me pidió mi contacto saqué el fajo de fotos y le dije que eligiera una (arriesgándome a que el tipo ni le diera importancia al asunto y agarrara la primera para quedar bien). Pero no sólo eligió una sino que miró todas, tranquilamente, e hizo una preselección de cinco que le habían gustado hasta que eligió su preferida.

No sé qué habrá sido de esa foto, si todavía la tiene, si la perdió entremedio de tantas otras que le deben haber dado, si se acuerda de mí, si no se acuerda.

No me importa.

Aquel día sentí que estaba yendo por el camino correcto, que tenía que seguir con esto de viajar, escribir y sacar fotos por más loco e irrealizable que le pareciera al resto del mundo. Porque hubo muchas personas que empezaron así, cumpliendo un sueño (o sueñito) que al resto del mundo le parecía loco e irrealizable y terminaron haciendo grandes cosas. Y si tuve la suerte de que la vida (o mi editora) me hiciera conocer a una persona como él, fue por algo. Estas cosas no pasan porque sí.

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Esta es la entrevista que salió publicada un tiempo después en la revista Clase Ejecutiva de El Cronista Comercial.