Este post pertenece a “Escribir un libro”, una serie que surgió por necesidad personal: así como alguna vez me fui de viaje por primera vez, sin tener idea de cómo hacerlo, una vez empecé a escribir mi primer libro sin tener mucha idea tampoco. Esta serie intenta mostrar los pasos que di para autopublicarme y los estados por los que pasé. Es un viaje literario por mis mundos de papel.

Sé que estoy silenciosa. Es que estoy leyendo mucho. No puedo pasar un segundo sin tener una página —o una pantalla— escrita frente a los ojos. Viajar en colectivo me parece el mejor programa del mundo —especialmente si hay tráfico y embotellamiento y va bien lento— porque me permite tomarme esa media hora, cuarenta minutos o dos horas para leer un libro sin interrupciones (excepto la vez que decidí no leer y me puse a escribir lo que me pasaba por la cabeza). Me encanta usar cualquier tiempo de espera para leer. Lo peor de esto (que es una adicción, lo acepto) es que no puedo leer un solo libro a la vez: yo leo varios. Tiene mucho que ver con mi manera de ser: yo soy de esas que abren treinta (a veces más) pestañas en el Chrome y tiene la mente enfocada en treinta cosas distintas. Multitasking le dicen. A mí me sale bárbaro. Por eso con los libros soy igual: no leo uno y después otro, sino que leo varios a la vez, voy mechando, leo un cuento por acá, un poema por allá, un artículo en un blog, tres capítulos de una novela y después confundo libros, me olvido quién escribió qué y todo se me mezcla. Pero me encanta.

 

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En estos meses, mientras escribía mi libro, leí mucho. Retomé ese hábito incontrolable de leer todo lo que tuviese cerca. La mayoría de estos libros me encontraron a mí (más que yo a ellos), así que comparto algunos títulos con ustedes, por si les interesa (son varios y hay de todo un poco).

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– El camino del artista (Julia Cameron). Este no es un libro que se lee sino que se transita. Es un curso de creatividad, un libro que ayuda a entrar en contacto con nuestros deseos (o sueños, o capacidades, o talentos) y ponerlos en práctica. Lo empecé hace varias semanas pero voy de a poco. Lo que más me gusta (aunque no todos los días lo hago) es la propuesta de las morning pages (o “páginas matutinas”): escribir, todas las mañanas, tres páginas de fluir de conciencia. Sin pensar, sólo escribir. Les aseguro que salen cosas muy interesantes. Gracias Nati por recomendarme este libro.

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– Mientras escribo (Stephen King). Empecé a leer a Stephen King cuando tenía doce o trece años. Me devoraba sus novelas. Con el tiempo lo abandoné y, después de unos diez años sin leerlo, me encontré con uno de sus libros en el momento justo. Me leí casi todo On writing (en inglés) de un tirón, en el avión de ida a Sudáfrica. Lo leí en la pantalla y no pude subrayar nada, pero me acuerdo que sentí varias cosas: una, que Stephen King lo escribió con un lenguaje muy cercano (tan cercano que sentí que me estaba contando su vida mientras tomábamos un café), dos, que esa cercanía me ayudó a verlo como una persona con miedos, dudas, aciertos y fracasos como cualquier otra, y tres, que todo eso me hizo sentirme acompañada en el oficio de escribir. Un libro para tener siempre por ahí, cerquita.

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– APE (Author, Publisher, Entrepreneur): How to publish a book (Guy Kawasaki y Shawn Welch). Una obra de referencia para cualquiera que esté pensando en escribir un libro y en autoeditarselo. Kawasaki y Welch explican cómo ser tu propio autor, editor y emprendedor y cómo auto-publicar tu libro. El libro toca temas como por qué sí y por qué no escribir un libro, la industria editorial tradicional versus el self-publishing (publicación independiente), ventajas y desventajas de publicar de manera independiente, la revolución de los ebooks, etapas de escritura, errores comunes, canales de distribución, entre muchos otros. Muy útil para quienes, como yo, empiezan a meterse en el mundo de la publicación autogestionada. Gracias Andres por la recomendación.

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– If you want to write: A book about Art, Independence and Spirit (Brenda Ueland). Este es un libro al que llegué de casualidad, a través de APE (el anterior). En el capítulo dedicado a la escritura, Kawasaki dice que If you want to write (traducido al español como “Si quieres escribir”) es su obra de referencia y el libro que siempre lee antes de empezar a escribir, así que me intrigó y lo compré en ebook. Brenda Ueland (periodista, escritora, editora, profesora) lo escribió en 1938 y, además de hablar de escribir en sí, habla acerca de la creatividad que todos tenemos adentro. Lindo libro para darse cuenta de que todos tenemos los mismos miedos y para animarnos a escribir con sinceridad.

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– La nieta del Señor Linh (Philippe Claudel). Este es un libro que se puede leer en una tarde y que logra desarmar a cualquiera por la simpleza y la ternura con la que está escrito. Es la historia del señor Linh, un anciano que perdió todo en la guerra y que se exilia en barco con una valija y Sang Diu, su nieta de seis semanas. Ambos llegan a un país nuevo (no se sabe a cual, la historia está escrita con muy pocos datos concretos) y tienen que adaptarse a un lugar donde no conocen el idioma y no tienen a nadie. Es una historia que me hizo sonreír, llorar y sentir impotencia, todo a la vez. Gracias Lau por prestarme este libro.

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– Oliverio Girondo, Antología. No sé mucho de poesía, pero cada vez me gusta más leerla. Hace un tiempo vi una película que se llama “El lado oscuro del corazón” donde gran parte de los diálogos son poesías de Girondo, Benedetti y Juan Gelman, y después de eso me compré este libro. La parte que más me gusta es la que pertenece a su obra Espantapájaros, de 1932. Me parece que no hay mejor manera de insultar a alguien —con altura, claro está— que dedicándole el poema “Que los ruidos te perforen los dientes”.

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– La vida de Pi (Yann Martel). Descubrí a Yann Martel de casualidad, cuando me encontré con un libro suyo, abandonado, en la habitación compartida de un hostel laosiano. El libro en cuestión era “Self”. Lo leí, investigué un poco al autor (me encanta investigar la vida de los autores y de los actores) y me enteré de que había escrito una obra muy elogiada: La vida de Pi (que en el cine se estrenó como Una aventura extraordinaria). Me compré el libro en España y lo leí en la playa de Brasil. Lo devoré. Es un libro que no pude dejar hasta terminarlo. Si bien el final da vuelta la historia lo que más me gustó es que cada cual puede elegir cómo interpretarlo, al igual que cada cual puede elegir cómo relatarse su propia vida.

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– Un mundo feliz (Aldous Huxley). Este es un libro que leí tres veces, en tres momentos muy distintos de mi vida: durante el colegio secundario, en la universidad y ahora, hace unas semanas. Algo me hizo volver a él, ya no me acuerdo qué, pero le hice caso a esa voz que me decía que volviera a leerlo. Como tengo muy mala memoria, no me acordaba de mucho, así que disfruté (o más bien padecí) la historia de ese mundo distópico por tercera vez. En el capítulo 18 Bernard le pregunta a John, el salvaje: “¿Te sentó algo mal que comiste?”, a lo que John responde: “Sí, comí civilización. Y me sentó mal; me enfermó”.

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– Una geografía del tiempo (Robert Levine). Otro libro que llegó a mi vida de casualidad. Entré a una librería para comprarle un libro a una amiga y lo vi. El título me llamó la atención y el subtítulo (“o cómo cada cultura percibe el tiempo de manera un poquito diferente”) aún más. El autor habla acerca de algo que fui notando en mis viajes pero a lo que nunca supe ponerle nombre: las distintas percepciones del tiempo de cada cultura (por algo en algunos lugares se vive con más lentitud y en otros con más acelere, o en ciertas sociedades está mal visto ser impuntual y en otras es normal llegar tarde). Según él, el tiempo forma parte de un lenguaje silencioso que es muy difícil de aprender y que siempre afecta al viajero. Una de las distinciones más interesantes es la que hace entre las culturas que viven según “el tiempo del reloj” y “el tiempo de los acontecimientos” (o de la naturaleza).

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– Elogio de la lentitud: Un movimiento mundial desafía el culto a la velocidad (Carl Honoré). Este libro sigue la linea del anterior, aunque habla más que nada acerca de la revolución de lo slow y muestra cómo en muchos lugares del mundo la gente está desacelerando su estilo de vida y viviendo con menos velocidad. Me hizo acordar mucho a mis días en el desierto, donde el lema de la gente es: “La prisa mata”.

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– Orsai y derivados. Soy fan de la revista Orsai (y de todo lo que se formó a su alrededor) y últimamente la estoy mencionando mucho. Para los que no la conocen, Orsai es una revista creada por Hernán Casciari, escritor argentino que vive en España, y que “desafía” a la industria editorial actual y demuestra que hacer una revista de calidad, con notas largas y sin ningún tipo de publicidad e intermediarios es posible. Ya van por la número 13 y dudo que frenen. Lo malo de leer Orsai es que me genera ganas de leer más textos de todos los autores que escriben ahí, y eso hace que no tenga tiempo de tener vida social. Así que además de Orsai estuve leyendo bastante a Casciari (“El pibe que arruinaba las fotos”, “España decí alpiste” y “Charlas con mi hemisferio derecho”) y a Pedro Mairal (autor de “El gran surubí”, una novela escrita en sonetos que les recomiendo muchísimo).

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– Haruki Murakami: después del terremoto. Murakami es uno de mis escritores preferidos y su género, el realismo mágico, es uno de los que más me atrapa. Este libro lo acabo de empezar, así que todavía no puedo decir mucho. Son seis cuentos que surgieron a causa del terremoto de 1995 de Kobe (Japón) y que están escritos con ese estilo tan humano, simple y atrapante de Murakami.

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– Viajes y otros viajes (Antonio Tabucchi). Este es el último libro que me compré y otro de los que estoy leyendo en este momento. En la introducción, Tabucchi dice: “He viajado mucho (…) y lo siento como un enorme privilegio, porque posar los pies en el mismo suelo durante toda la vida puede provocar un peligroso equívoco, el de hacernos creer que esa tierra nos pertenece, como si no la tuviéramos en préstamo, al igual que todo en la vida lo tenemos en préstamo”. Es un libro que estoy leyendo con un lápiz en la mano y que no puedo parar de marcar: “El deseo de conocer nunca es bastante”, “La escritura es un viaje fuera del tiempo y del espacio”, Viajando, uno se topa sobre todo con los vivos”, “Me gustaba mucho leer el viaje en los rostros de los demás”, “Las únicas fronteras que no cambiarán nunca son las del cuerpo humano”. Un libro y un escritor que me hacen sentirme muy acompañada en mis viajes en colectivo y en mis viajes por el mundo.

Creo que, después de viajar, leer es una de las cosas más lindas del mundo.

 

Este post forma parte de la serie (bastante desordenada por cierto) “Escribir un libro”

Escribir un libro (1): mundo de papel

Escribir un libro (2): etapas y miedos

Escribir un libro (3): qué leo mientras escribo

Escribir un libro (4): el insomnio, el falso jet lag y oh los trolls

Escribir un libro (5): dejarlo ir