Dejé atrás Ko Phangan, el paraíso de los israelíes y los ravers, y llegué a mini Europa. Esta vez, la estadística poblacional de Ko Phi Phi sería la siguiente: de cada 100 personas, 40 son tailandeses, 35 son europeos/australianos, 20 son asiáticos, 5 son latinoamericanos. El pueblo de la isla es mínimo y obviamente jamás logré orientarme del todo bien. Llegué sin hostel y encontré uno por 250 baht la cama (casi 8 dólares), el más barato de la isla. Dejé mis cosas, me fui a dar una vuelta y cuando quise volver al hostel tardé unos 40 minutos en encontrar la calle. Ríanse de mí, este es el mapa del pueblo:

En mi defensa, quisiera aclarar que ninguna calle tiene nombre, todas son iguales y tienen los mismos restaurantes y locales de ropa, mi hostel no figura en ningún mapa y nadie es capaz de dar una buena indicación. Cada vez que preguntaba cómo llegar a Anita’s Guesthouse me miraban y me decían “Oh yes, Oasis Bungalows, come with me”. Una tarde estaba caminando por el pueblo y una chica de China me preguntó si sabía de algún alojamiento barato. Sí, si estás dispuesta a caminar hasta que encuentre mi hostel, te llevo… Y en ese largo trayecto en el que intenté disimular mi falta de orientación nos hicimos amigas. ¿Tenés Facebook? No, en China está prohibido. ¿Usás You Tube? Tampoco, pero tenemos una web que es una copia exacta. ¿Comiste rata alguna vez? ¡No! (con cara de asco). ¿China es caro o barato? China is so cheap! ¿Cómo te llamás? Journey. Y así estuvimos, derribando mitos y descubriendo nuestras respectivas culturas durante nuestros días en la isla.

Como nunca logré orientarme visualmente, desarrollé una capacidad auditiva interesante. Podría decir que el camino del hostel a TonSai Bay (una de las dos playas) estaba puntuado por voces. Ticket, ticket, where you go miss?, me decía el de la agencia de viajes de la esquina cada vez que pasaba por la puerta; Hello beautiful lady, would you like to try some delicious indian food (pronunciado más o menos así: Jalooou biutiful lei-di, wud iu laik to trai some delishios indian fuud), me preguntaba un indio cada vez que doblaba la esquina y me chocaba con su restaurante; Thai masaaaash… come in…, me ofrecían las mujeres en la puerta de sus “peluquerías” de masajes, y eso me indicaba que tenía que doblar a la izquierda; Hey, want a thai tattoo?, intentaban convencerme los tailandeses, tatuados y llenos de aros, tengo que seguir derecho; Snorkeling tour lady, me estoy acercando al muelle; Kha – kha (yes yes), escuchaba a las tailandesas almorzando en el mercado local, ya falta poco; Care to dive while you’re here, mate?, repetían incansablemente los australianos a cargo de un dive shop, ya casi estoy en la playa; Boat-boat, Long Beach, where to?, ah… llegué.

Y de noche, alguien daba vuelta el casette y los sonidos cambiaban, guiando a la gente hacia la otra orilla. Pi Pi!, decían los tailandeses que andaban en bici y no tenían bocina para pedir permiso y pasar entre la gente; Hey ladies, if you come to our bar, free buckets at 10.30, intentaban reclutar los británicos para un bar; Free drinks with this flyer, 2 for 1 all night guys, Ladies night and fire show at Carlito’s, ofrecían acá y allá; I can give you real thai massage, seducían los tailandeses; I gotta feeling, that tonight’s gonna be a good night… I’m coming out of my cage and I’ve been doing just fine… My humps my humps my humps… I’m on tonight because my hips don’t lie…, música, estoy cerca de la playa nocturna. Y a lo lejos, el aro de fuego. Llegué a LohDaLum Bay, acá está la acción.

Como notarán, en Ko Phi Phi (o “PP”) el idioma oficial es el inglés. Nada de español, ¿qué es eso? Mucho sawatdee, mucho khob-kun-Ka (hola y gracias en thai) y demasiado English. Es el precio de ser un destino turístico tan popular, quiérase o no, la autenticidad se pierde y todo pasa a ser para el turista. Así que decidí incursionar en el maravilloso mundo de Couchsurfing. Para quienes no conocen esta organización, paso a explicar: Couchsurfing es una comunidad online conformada por casi 2 millones de personas provenientes de 237 países y territorios. ¿De qué se trata? Quien quiera participar tiene que registrarse, abrir una cuenta y escribir su perfil: es importante hablar de uno mismo, contar de dónde viene, qué hace, dónde vive, por dónde viajó, a dónde quiere viajar, cuáles son sus objetivos de vida y estar dispuesto a ofrecer su “couch” (sofá) a los viajeros o su tiempo para llevarlos a conocer su pueblo o ciudad. Se trata de un intercambio de hospitalidad, de un encuentro de culturas y de personas y no de “una noche de hotel gratis” como muchos puedan pensar.Todas las personas que se alojen en la casa de otro couchsurfer o que se encuentren para tomar un café deben dejar una referencia acerca del otro, para que toda la comunidad pueda tener la seguridad de que la persona es de confianza y de que la experiencia fue positiva. Me parece que la característica más valiosa de esta comunidad es que permite conocer los lugares a través de los ojos de un local: no es lo mismo dormir en un hotel, comer en un restaurante turístico y hacer un tour que hospedarse en una casa de familia, comer en los mercados o bares locales y salir a caminar con un nativo.

Yo estaba registrada hacia tiempo en esta comunidad pero nunca la había explorado demasiado. Después de pasar varios días como una turista en Tailandia decidí que quería empezar a conocer los lugares desde adentro, así que me dediqué a completar mi perfil y a contactar gente en Malasia (mi próximo destino). Descubrí que hay personas que fueron hospedadas más de cien veces en decenas de países, hay otros que recibieron a más de 500 viajeros en sus casas, hay algunos que fueron nombrados “embajadores” de su ciudad y en general todas las referencias que leí son extremadamente positivas. Argentina está número 19 en la lista de países más activos en CS (los top 3 son Estados Unidos, Alemania y Francia) y las ciudades más populares para realizar este intercambio son Londres, París y Berlín. Así que Couchsurfing, bienvenido a mi viaje. Mi primera experiencia, en el próximo capítulo.