Pido perdón por no haber escrito nada hasta ahora. Es que estos días estuve muy ocupada comiendo pizza y empanadas, yendo a cumpleaños, mirando partidos de fútbol, visitando iglesias, desayunando, almorzando y cenando con amigos, haciendo picnics en la playa, charlando en castellano y en inglés, escuchando música y yendo de karaoke. Volví a Latinoamérica de incógnito. No digan nada.

Filipinas me sorprende y refuerza lo que voy descubriendo en este viaje: cada país asiático es totalmente distinto al anterior. Voy a luchar por derribar ese prejuicio de que todos-los-asiáticos-son-chinos. Yo sé que la distancia homogeneiza las culturas y nos hace pensar que en este (enorme) rincón del mundo que está tan alejado de nuestra realidad, todas las personas nacieron con el mismo código de barras y la misma forma de ojos. Incluso acá en Asia pasa lo mismo: cuando me ven, lo primero que piensan es que soy “americana” (cómo odio este término, sí, soy americana, SUDamericana) o europea, ya que para ellos, nosotros también somos todos lo mismo. Y ahí es cuando empiezo a explicarles que sí, hay gente blanca en Argentina, no, Argentina no queda en Europa, sí, hablamos español y algunos saben inglés, sí, hay mucha gente rubia porque tenemos gran descendencia europea, sí, es cierto que nos gusta el fútbol y el asado entre otras cosas, sí, en Argentina también somos personas normales como ustedes…

Así que olvídense de esa idea de asiáticos igual chinos. Y si no me creen, vengan a Filipinas… Los filipinos (o pinoys), con su mezcla española-estadounidense-asiática, son los asiáticos más latinos que conocí hasta ahora. Obviamente que con características propias. Una de las que más llamativas y que refleja esta mezcla cultural es el tagalog, uno de los principales dialectos hablados en este archipiélago. Escuchado desde afuera, suena algo así: bla bla bla visita bla bla bla bla a las cuatro bla bla bla bla despedida bla bla bla longaniza bla bla bla Father bla bla bla a las 10 bla bla bla hangover. Una mezcla interesante.Todos los filipinos hablan inglés y muy pocos hablan un alguito de español, especialmente la gente mayor que aprendió en la universidad en su momento (Filipinas fue colonia española por 300 años). Los que hablan y muy bien son Judy y Edwin, o mejor dicho Father Judy y Father Edwin, dos sacerdotes filipinos que vivieron en Argentina por dos años y en Chile por doce respectivamente. Los dos curas más copados que conozco.

Father Judy

Father Edwin at videoke

En 2008, cuando Judy estaba misionando en Argentina, conoció a un chico llamado Nico que estaba ayudando gente en Chaco y se hicieron buenos amigos. En 2008, cuando volví a Argentina de mi primer viaje por Latinoamérica, un chico llamado Nico me escribió un mail diciendo que había leído mi blog y nos hicimos buenos amigos (aprovecho para pasar el chivo: nicolasmango.com, filántropo y gran fotógrafo). Un año y medio después, le comenté a mi amigo Nico que me iba a Filipinas e inmediatamente me puso en contacto con su amigo Judy, quien ya había regresado a su país. Y así funcionan las relaciones humanas en esta época de globalización: Judy y yo nos conocimos en el aeropuerto de Manila gracias a nuestros amigo en común y nos hicimos buenos amigos en las Filipinas. Hace una semana estoy viviendo en la parroquia Santa Teresa en Dagupán City con él y otros sacerdotes y me tratan como la invitada de lujo. Incluso antes de que llegara al país, mi agenda de cenas/cumpleaños/programas/city tours/etc por Filipinas ya estaba completa y estos días me la paso yendo de lugar en lugar con personas nueva cada día. Si hay gente hospitalaria, son los filipinos.

Y así como yo soy curiosa con respecto a ellos, los filipinos no paran de hacerme preguntas. El top five podría ser el siguiente:

1. ¿Cuántos años tenés? Parecés tan joven, no te doy más de 18. Ahí es cuando explico que estoy por llegar al cuarto de siglo…

2. ¿Y estás de vacaciones por cuánto tiempo? No estoy de vacaciones, soy una travel writer…

3. Ah! Periodista! No, no soy periodista, soy escritora, escribo desde mi propia experiencia y punto de vista, lo mío es totalmente subjetivo.

4. ¿Y cuándo volvés a tu país? No lo sé, en principio el año que viene, pero quién sabe, tal vez me quede acá para siempre…

5. Debés ser millonaria… No, para nada, tengo un sponsor que cubrió la parte más cara del viaje (los pasajes) y la verdad que en este momento, con lo poco que gasto en alojamiento y comida, me es más barato vivir viajando que en mi propio país.

Ah, y el bonus track: Are you married?

Esta semana me la pasé explorando el norte de Luzón (uno de los tres grandes conjuntos de islas en los que se divide las Filipinas) con Judy y sus amigos. Y el pensamiento recurrente que tuve cada vez que me senté en el asiento delantero de la camioneta y miré por la ventana fue: estoy en algún lugar de Nicaragua o del norte de Colombia. Los caminos de tierra que hacen de rutas están enmarcados por palmeras y casas bajas, las calles están habitadas por los jeepneys (esos colectivos tan divertidos y coloridos que me recuerdan un poco a los de Panamá) y por los mototaxis, las ciudades son muestrarios de Iglesias y están empapeladas de mensajes religiosos, la comida es muy similar a la de Argentina (asado, empanadas, longaniza, pan, pasta, pizza, lechón, ¡FLAN!), los filipinos se visten con musculosa (nada de taparse de pies a cabeza como en los países musulmanes), a veces andan descalzos (y según leí se creen bastante machos… ¿les recuerda a alguien?). Y si hay algo para destacar de esta cultura, es que aman la música y en especial el karaoke (acá llamado “videoke”): es muy común que las familias tengan un set de videoke en casa (tele, reproductor de música, micrófono, cancionero con miles y miles de hits para elegir, programa que muestra la letra de la canción elegida y otorga puntaje al cantante de turno) y que cada cumpleaños, cena o bautismo finalice con una sesión de karaoke. Grandes éxitos: My heart will go on, What a wonderful world, Top of the world, Don’t cry for me Argentina, Bésame mucho, She bangs, La bamba… Nosotros hacemos sobremesa después de comer, ellos cantan canciones.

Hoy visitamos Vigan, una ciudad colonial que bien podría formar parte de Cartagena de Indias, o de Colonia del Sacramento, o de La Antigua Guatemala, o de… cómo me gustan las ciudades antiguas, esas paredes descascaradas son tan fotogénicas. Y me pongo a pensar: ¿qué es lo que moldea a una cultura? ¿qué es lo que hace que un grupo de gente que vive en determinada región del mundo sea como es? ¿su historia? ¿su geografía? ¿sus recursos naturales? ¿Por qué en un rincón del mundo las personas prefieren cantar que hablar? ¿Por qué deciden jugar a la pelota con sus manos en vez de con sus pies? ¿Por qué en un país formado por cientos de islas paradisíacas y mar transparente, la gente todavía no se anima a mostrar su cuerpo cuando nada y usa short y remera para meterse al mar? ¿Por qué en un país como Argentina donde hay poca (buena) playa las mujeres compiten por ver quién usa menos ropa y quién desfila el mejor cuerpo?

Viajar me genera tantas preguntas… Lamentablemente no podré responder muchas en sólo tres semanas (el tiempo de la visa de Filipinas), pero aunque sea voy a poder sentir, por 20 días, que estoy en mi continente otra vez…

Vigan

Vigan

Videoke

Bolinao beach

Mujer en Vigan

En la ruta

El famoso jepney

Basquet, el deporte nacional

Con la juventud

En San Fabián

Filipinos…

VPA