La Maldición de Egaña

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Todo empezó cuando a cuatro amigos viajeros se les ocurrió que sería divertido acampar al lado de una mansión abandonada en medio del campo. Cabe preguntarse a qué equivaldría la palabra “divertido” (unida a las palabras “acampar” y “abandonada”) en sus cabezas en aquel momento, pero lo cierto es que estaban ávidos de aventuras e historias y aquel lugar parecía contener las cantidades perfectas de cada ingrediente. Salieron de Rauch a Egaña (Provincia de Buenos Aires), el pueblito más cercano al famoso castillo abandonado, a eso de las 5.30 pm. Era tarde para salir a dedo, pero como estaban a 20 km de distancia y planeaban dormir allá no se preocuparon demasiado. Es cierto que hacer dedo de a cuatro es más difícil, pero ellos estaban con buena racha: para ir de Azul a Rauch habían decidido dividirse en dos “comisiones” para viajar por separado, se pararon en la ruta a unos metros de distancia y, casualmente, frenaron dos autos a la vez y uno llevó a cada pareja. Esta vez también tuvieron éxito: enseguida los levantó el conductor de una Chevrolet —organizador de un ciclo de autocine— y los llevó hasta un cruce. Cuando se bajaron, antes de despedirse, él les contó parte de la historia —que aún se debate entre ser real o ser un mito rural— del Castillo de Egaña (también llamado Mansión de San Francisco), lugar al que se dirigían los cuatro viajeros.

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—Al parecer el día de la inauguración de la mansión mucha gente se reunió ahí a celebrar un banquete. Estaban esperando al dueño para empezar, pero nunca llegó: tuvo un accidente en la ruta, cuando iba camino de Buenos Aires a la mansión, y murió. Cuando los invitados se enteraron se fueron inmediatamente, abandonaron la casa dejando todos los platos servidos. La mansión quedó vacía y con el correr del tiempo fue saqueada: se robaron todo, los muebles, los adornos, la vajilla, el piano, los cuadros… El lugar estuvo cerrado por 30 años, después fue expropiado por el estado y pasó a ser un correccional de menores. Durante aquella época, un interno mató a uno de los directores de la institución. Ahora el lugar está abandonado y en ruinas.

Pausa.

—Así que van para allá… ¿Quieren que le agregue una parte más a la historia?

Se rieron. Así empezaba la versión made in Argentina de algún film teen-hollywoodense como Scream o Sé lo que hicieron el verano pasado. El conductor los dejó en un cruce de tierra y se fue, levantando una nube de polvo a su alrededor.

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Esperaron exactamente 51 minutos (Juan, fan del autostop, tenía cada espera minuciosamente cronometrada) hasta que una pareja los levantó. Antes de eso habían pasado, como mucho, tres autos. Aquella pareja no iba hasta el castillo, pero podía acercarlos unos kilómetros. Cuando estaban por bajar vieron que, a lo lejos, se acercaba otra camioneta: el conductor les dijo que era un amigo suyo y que iba a pedirle que los dejara en la entrada de San Francisco. Así que hicieron transbordo, se acomodaron en la caja y unos minutos después se bajaron en medio de la nada. Quedaron solos en otro pequeñísimo cruce. ¿Y la mansión? Caminaron menos de diez pasos, llegaron a una tranquera abierta y ahí la vieron —silenciosa, imponente, tenebrosa, decadente—, al final del camino de tierra.

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Los cuatro amigos cruzaron la tranquera, entraron al terreno y, felices de haber llegado, comenzaron a caminar alrededor de la casa. En la entrada, un cártel bastante corroído respondía a las preguntas típicas. La mansión San Francisco había sido construida por el arquitecto Eugenio Díaz Vélez, nieto del prócer argentino, entre 1918 y 1930. Tenía —o había tenido, porque estaba en ruinas— tres pisos, 77 habitaciones, 14 baños, 2 cocinas y muchos balcones. Casi todos los materiales y objetos habían sido traídos de Europa, pero la casa no había sido construida siguiendo ningún estilo arquitectónico definido, sino que más bien respondía a los parámetros del eclecticismo.

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Sin embargo, había algo raro en ella (más allá, obviamente, de que estaba abandonada, era tétrica, no tenía ni un vidrio, estaba repleta de graffitis e inundada de caca de paloma). La casa no tenía un frente. Todos sus lados actuaban de frente. No tenía, por así decirlo, una cara y una espalda, sino puras caras. La casa nunca dejaba de mirar, no importaba donde uno estuviese parado. Tenía cientos de ojos (ventanas) que vigilaban silenciosamente todo lo que pasaba a su alrededor.

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Entraron. Aniko, en particular, con algo de miedo. En ese momento no pudo evitar pensar en todas las historias de casas embrujadas que conocía. Y las que no conocía, se las inventó. Casas abandonadas. Casas que sangran por las paredes. Casas que lloran de noche. Casas habitadas por espíritus. Casas que matan a los curiosos. Casas con entrada pero sin salida. Casas con vida propia. Casas con seres extraños. Casas con historias de muerte. Casas con ruidos inexplicables. Casas que transforman. Casas que embrujan. Casas que trastornan. Casas que necesitan almas humanas para seguir viviendo. Casas que aparecen y desaparecen. Casas malditas… “¡Acampemos acá!”, dijo alguno de los cuatro cuando subieron al primer piso por una escalera desvencijada. “El suelo parece sólido, está reparado del viento…”. ¿Acá? ¿Quieren acampar acá?, pensó Aniko, pero no dijo nada ya que no quería demostrar que dormir en esa casa la ponía bastante nerviosa. En realidad cualquier lugar abandonado la ponía nerviosa —o, más que nerviosa: solemne, respetuosa—, especialmente aquellos en los que la atmósfera era tan pesada que todo lo que alguna vez había habitado ahí parecía seguir existiendo…

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Recorrieron el laberinto de cuartos, cuartitos, salones y ventanas. La casa estaba llena de graffitis y mensajes en las paredes. Tenía botellas rotas y retazos de ropa en el piso, lo que indicaba que ellos no eran los únicos que la habían visitado. El tercer piso pertenecía a las palomas, que habían anidado en agujeros en el techo y aleteaban enojadas cada vez que se acercaban. Los pisos estaban repletos de escombros, las paredes de humedad, las barandas de los balcones de plantas. Los techos tenían terminaciones puntiagudas, había pequeñas torres, columnas, decenas de balcones, galerías. Todos los elementos como para filmar cualquier película de terror medianamente aceptable.

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Salieron de la casa y siguieron recorriendo el predio. Un poco más allá, después de atravesar un sendero de árboles, encontraron un granero y una casita, probablemente de los antiguos caseros. Si la mansión era tenebrosa, la casita directamente era aterradora. Su interior era muy oscuro y, apenas entrando, había un hueco en el piso que daba a un sótano negro… No pudieron avanzar mucho más, Aniko se aferró a la mano de Damián y le pidió que por favor salieran de ahí. Estaba empezando a anochecer y por encima de ellos se veía, casi llena, la luna. A su alrededor: silencio absoluto. Volvieron a encontrarse con Juan y Laura, que estaban cerca de la mansión, y decidieron no quedarse a dormir en el castillo. Aquella casita terminó de asustarlos, era todo demasiado atemorizante. Eran casi las 8 así que tenían que apurarse y buscar un lugar donde pasar la noche, lo más lejos posible de aquella casa.

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Salieron nuevamente a la ruta, esta vez con el plan de acampar en Egaña, el pueblito más cercano, una antigua estación de tren donde viven (según las estadísticas) 44 personas. Alguien les había dicho que estaban a unos 3 km, así que empezaron a caminar en la dirección que creían correcta. Tenían que llegar hasta un “monte” (bosquecito) y ahí doblar a la izquierda. Caminaron por el medio de la ruta de tierra hasta que se hizo de noche: durante todo el trayecto no pasó ni un vehículo. Egaña nunca apareció. Estaban perdidos en medio del campo y no sabían muy bien qué hacer: todo quedaba demasiado lejos como para ir caminando, no podían acampar en medio de la ruta porque si pasaba un vehículo de noche los llevaba puestos, tampoco había lugar para acampar al costado de la ruta ya que el alambrado de los campos empezaba enseguida y había una zanja de por medio, no se podían meter en un campo porque todo era propiedad privada y estaba lleno de animales sueltos, tampoco querían volver a la mansión de noche… No les quedaba otra que seguir caminando hasta encontrar alguna señal de vida.

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De repente vieron, a lo lejos, una luz que se movía. Era un auto que avanzaba por otra ruta, unos metros más adelante, y que entraba a una estancia. Aceleraron el paso y vieron que la estancia tenía luz, así que se animaron a entrar. Abrieron la tranquera y caminaron hasta la altura de la casa. Aplaudieron. Silencio. Gritaron “holaaaa” y “buenas nocheeees” varias veces como para llamar la atención de los dueños. Silencio. Cuando estaban por irse apareció un hombre rodeado de perros. Los animales se pusieron a ladrar a lo loco. El hombre parecía asustado: “¡¿Quién anda ahí?! ¿Qué pasa?”. Los cuatro mochileros le explicaron que estaban perdidos y que lo único que necesitaban era un espacio para acampar lejos de la ruta. Tenían carpa, agua y comida, solamente necesitaban dormir sobre un cuadradito de pasto al resguardo de la ruta y de los animales. El hombre no los quiso recibir. Apareció su mujer y les dijo que “ahí nomás” (a una hora de caminata) tenían San Francisco (la mansión) y que podían ir a acampar ahí.

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Salieron de la estancia con resignación y bronca y se sentaron al costado de la ruta a preparar unos sandwiches. Eran casi las 10 de la noche y hacía mucho frío. Si bien era verano, la tarde anterior había bajado mucho la temperatura y ninguno de ellos tenía la ropa adecuada. Ya les daba todo igual. Estaban considerando dormir a pocos metros de la entrada de la estancia, en un huequito de pasto, pero tampoco querían que quedara como una provocación hacia los dueños. Ellos, al fin y al cabo, no los habían querido recibir, entonces tampoco les hubiese gustado, suponían, que acamparan tan cerca de la propiedad. Lo único que les faltaba era que alguien los echara a escopetazos.

Poco antes de las 10, cuando ya no parecían quedar opciones viables, pasó una camioneta. Le hicieron señas de que frenara y le contaron lo que había pasado. El conductor les dijo que primero tenía que hacer unos mandados, pero que en media hora podía pasar a buscarlos y llevarlos a Rauch para que durmieran en el camping. Después, desapareció en la noche. ¿Volvería? Los cuatro amigos se sentaron en ronda bajo las estrellas, comieron los sandwiches y se taparon con las bolsas de dormir. Media hora después, dicho y hecho, el conductor pasó a buscarlos y los dejó en Rauch. La noche terminaba bien, pero algo había cambiado…

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Al día siguiente, los cuatro viajeros tenían planeado ir a visitar un pueblito, así que salieron a la ruta 30 para hacer dedo de Rauch a Azul. Enseguida los levantó una camioneta, pero unos minutos después, cuando ya estaban camino a la intersección con la ruta 60, al vehículo se le quedó el motor. El conductor intentó arrancar pero no hubo caso.

—Van a tener que caminar, muchachos. Pero no se preocupen que la rotonda está acá nomás—, les aseguró.

El “acá nomás” fueron 5 km y una hora de caminata al rayo del sol con las mochilas encima. Cuando llegaron se sentaron a la sombra de un árbol y estuvieron una hora y media haciendo dedo sin que nadie los levantara. Pasaban pocos autos y muchas bicis, pero nadie frenaba. Frustrados, decidieron hacer dedo para el otro lado (de donde venían) y el primero (literalmente) que pasó frenó y los levantó.

Volvieron a Rauch, ese punto de partida al que parecía ser tan fácil volver pero tan difícil abandonar, y decidieron encarar hacia Las Flores. Juan y Laura consiguieron un camión en la estación de servicio, pero Damián y Aniko estuvieron aproximadamente dos horas y media haciendo dedo. Nadie frenó. Sentían que la gente, incluso, los miraba mal. Muchos les hicieron burla. Uno les dedicó un gesto obsceno. Un camionero les dijo que los llevaría después de descansar, se fue a dormir la siesta y jamás se levantó (aún sigue ahí, durmiendo). Se insolaron. Ella se puso de mal humor. ¡¿Qué pasa?! ¡¿Qué tenemos?! Es obvio que estamos yeteados. ¡Se nos pegó un espíritu de la casa esa! ¡Es la maldición de Egaña! ¡¿Qué tenemos que nadie frena?!, se preguntaba ella con rabia. Terminaron viajando en colectivo.

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Al día siguiente la mala racha de autostop siguió. Pudieron hacer un trayecto corto en camión, pero en San Miguel del Monte ya nadie los quiso llevar, así que tuvieron que tomar otro colectivo para poder volver a Buenos Aires.

Si bien llegaron sanos y salvos, los mochileros sienten que algo en su suerte cambió. Ahora necesitan otro viaje para saber si esta mala racha autostopística es algo pasajero o si realmente están maldecidos. Así que si un día alguno de ustedes va manejando por alguna ruta y ve a dos parejas de viajeros haciendo dedo, sean tan amables de disminuir la velocidad y observarlos. No les pido que los levanten, lo único que quiero saber es si detrás de ellos hay un fantasma que asusta a los conductores con gestos tenebrosos. Si es así, sepan entender. Ellos no tienen nada que ver. Es todo culpa de la casa…

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Comentarios acerca de La Maldición de Egaña

  1. Adalberto Macondo 02/02/2013 at 13:37 #

    Me encanto el relato. Totalmente hechizante de principio a fin. La casa es bastante tenebrosa, aunque toda una curiosidad que pienso vale la pena visitar, siempre te deja la oportunidad de contar la historia en la que estuviste en una casa “embrujada”. Espero que la maldición pase y puedan seguir haciendo autostop sin problemas para poder disfrutar de más historias.
    Saludos.

  2. DANIEL ALBERTO PEREZ 02/02/2013 at 13:43 #

    Aniko : Excelente relato !!!, con mucho suspenso !!!, seguramente podría ser parte de un libro de cuentos.
    Te felicito !!!

  3. Clara 02/02/2013 at 13:54 #

    Genial post Aniko! Me encantó!

  4. Damián 02/02/2013 at 13:59 #

    Genia! te amo!

  5. Lau Favot 02/02/2013 at 16:24 #

    Me encanto! Una buena incursion en el genero suspenso jejej :)
    No sabia la historia de esta casa, que hermosa habra sido en su epoca de esplendor.. me encantan este tipo de construcciones con historias!
    Si vuelven a Cordoba, no dejen de visitar el hotel Viena (en Miramar, Cba) y el Eden (en La Falda). Hay mucha historias y se pueden visitar de noche!

  6. Lucy 02/02/2013 at 18:36 #

    Me encantó :D
    Genial el relato y las fotos también!

  7. Andrea 02/02/2013 at 18:52 #

    Hola Aniko estuvo chevere el relato jajajaja Mas aya de que la mansion este abandonada y tenebrosa sentiste algo si se podria decir “paranormal” o que se yo que te observan o el ambiente pesado ???

  8. Ceci 02/02/2013 at 19:29 #

    Genia!!!! Me encantó el post…(en realidad me encantan todooooos!!!)….
    Gracias por regalarme estos momentos!! Nos vemos el viernes en Rosario!!! =)

  9. MC 02/02/2013 at 21:38 #

    Soy del interior de la provincia de Buenos Aires (no de esa zona) y es un mito que la gente de campo es solidaria. Puede ayudar a un conocido, pero es muy desconfiada con los desconocidos. Lamento que te haya pasado eso. Saludos

  10. iara 03/02/2013 at 00:45 #

    Aniko! Todo el relato me hizo acordar mucho a American horror story (la primer temporada), la viste? La recomiendo ampliamente!
    Desde otra perspectiva, esta muy bueno que estes viajando por el interior del pais, ayuda a ver que existen otros destinos interesantes aparte de los ya conocidos. Espero sigas mostrandonos lugares copados para conocer!

    • Claudio Sacomano 03/02/2013 at 08:48 #

      Como siempre, muy bueno el relato, aunque este tuvo el plus del suspenso y la tensión de un cuento de terror, que finalmente, es lo que escribiste.

      Además, como siempre, me haces conocer nuevos lugares y, sobre todo, me movés a buscar y ahondar a partir de tu relato.

      Para los que quieran conocer la “historia oficial” del lugar y ver más fotos: http://www.conocelaprovincia.com.ar/buenos_aires/castillo_egana.htm

      Besos Aniko, me quedo esperando tu próximo post.

    • Claudio Sacomano 03/02/2013 at 08:49 #

      Como siempre, muy bueno el relato, aunque este tuvo el plus del suspenso y la tensión de un cuento de terror, que finalmente, es lo que escribiste.

      Además, como siempre, me haces conocer nuevos lugares y, sobre todo, me movés a buscar y ahondar a partir de tu relato.

      Para los que quieran conocer la “historia oficial” del lugar y ver más fotos: http://www.conocelaprovincia.com.ar/buenos_aires/castillo_egana.htm
      Además tiene una página de Facebook: https://www.facebook.com/groups/264906174878/photos/

      Besos Aniko, me quedo esperando tu próximo post.

    • Aniko Villalba 03/02/2013 at 11:16 #

      jaja no la vi! tendré que investigar!

  11. gabriela crostan 03/02/2013 at 11:23 #

    Me encanto la experiencia que han vivido. Los felicito por el espiritu que tienen. No conocia la existencia de esa casa. Espero poder visitarla con mi familia que son amantes de las historias fantasticas!!! A no aflojar.Un abrazo desde Mar del Plata.

  12. Ana FB 03/02/2013 at 23:53 #

    Todavía siento escalofríos. No había visto nunca un lugar tan perfecto como escenario para una peli de terror tipo “El orfanato”. Pero además tienes el ojo fotográfico perfecto para captar los rincones que más ‘hablan’. Puedes ser escritora, guionista, fotógrafa, cineasta, cualquier cosa que te propongas!
    Y no! imposible que haya nunca detrás tuyo un fantasma que asuste! ¡Si eres maravillosa!

  13. Beatriz Oca 04/02/2013 at 03:05 #

    Si hay algo que reconozco, es que tengo límites estrechísimos para el miedo. JAMÁS encararía una aventura así, y hasta leer a solas en medio de la madruagada me genera escalofríos porque SIENTO que estoy ahí…! Las fotos son alucinantes, ángulos majestuosos, perspectivas inesperadas, ventanas desvencijadas pero “vivas” (se entiende, no?). No te quepa dudas de que fueron invasores del lugar y de sus habitantes. Es……muy delicado el tema. Cuidense!

  14. VALENTIN HOTELS 04/02/2013 at 08:34 #

    Nos has tenido intrigados durante todo el post! Enhorabuena nos ha encantado :)

  15. Iñigo 04/02/2013 at 14:10 #

    Hola Aniko!
    Espero que la MALDICION que os cayó y no pare nadie para llevaros a destino no sea real, porque si no, se nos habrán acabado a nosotros tus relatos, que son una BENDICION!!!
    Cuando he empezado a leer y ver las fotos he pensado qué miedo ha de dar ese sítio por la noche si ya por el día acojona! Luego he recordado que hace años dormí en una casa algo más pequeña aunque igual de destruida. Te digo el truco? Mucho alcohol y mucho cansancio…
    Bss!!!

  16. nahuel 04/02/2013 at 16:05 #

    ¿En verdad les daba mucho miedo pasar la noche en la casona?

  17. Diana Antonioli 04/02/2013 at 21:01 #

    Buenisimo el relato Aniko & Cia! No paraba de leer y se me hizo un agujerito en la panza como si estuviera viviendolo yo. Exitos en tu muestra de Rosario. Cuando hagas algo en Bs.As. alli me tendras. Cariños
    Diana

  18. Nancy 06/02/2013 at 11:35 #

    Aniko:
    hace unos meses vengo siguiendo tu blog, lo descubri mientras planeaba un viaje.
    al llegar de nuevo a rosario, me encontre con que tus notas salian publicadas en las dos revistas de los diarios que compran siempre en casa y me dio mucha felicidad.
    Lo realmente sorprendente para mi es que abri la casilla de email, y un mensaje de couchsurfing me cuenta que el viernes vas a estar aca! No veo la hora de tenerte en frente, porque veo en vos mi futuro, veo la vida que quiero tener, unos años mas adelante (recien tengo 20) y te veo feliz! y eso es lo que quiero, en el futuro quiero ser una Aniko!
    Nos vemos muy prontito, no faltara oportunidad de interrogarte con mi curiosidad viajera
    besos!

  19. Nadia 06/02/2013 at 13:50 #

    Me mato la declaracion de amor corta y sencilla del comentario de Damian !! jajaja q lindo!!!
    Que miedo Aniko !!! excelente historia !!!! me encantoo !!!!!

  20. susana 06/02/2013 at 18:53 #

    me encanto tu manera de redactar tu historia, supiste hacernos sentir la tensión de la situación que estabas pasando.
    te felicito por vivir tu sueño
    saludos desde Guadalupe, Nuevo León, México

  21. Upsidedown 08/02/2013 at 18:58 #

    La casa es tenebrosa y hechizante.
    Las fotos son magníficas y el post inquietante.
    Me he quedado enganchada de principio a fin.

  22. Nacho 09/02/2013 at 12:54 #

    soy melisa y soy gorda

  23. Marcelo 10/02/2013 at 02:16 #

    Me gusta leer los comentarios de la gente…. a veces dice más que el mismo post…
    No sé de qué ha ido lo que escribiste…. debe de ser bueno, mañana lo leo.
    ci vediamo domani.

  24. Marcelo 10/02/2013 at 02:17 #

    Me gusta leer los comentarios de la gente…. a veces dice más que el mismo post…
    No sé de qué ha ido lo que escribiste…. debe de ser bueno, mañana lo leo.
    ci vediamo domani.
    Ps Me encantó lo de …..soy melisa y soy gorda…!

  25. jeronimo 10/02/2013 at 15:46 #

    hola aniko, soy jeronimo, los felicito la verdad que la historia es super atrapante y divertida a la ves, espero que la “maldicion” se les valla y continúen con sus viajes. suerte!

  26. O Toba 12/02/2013 at 16:46 #

    OPs, no había leído éste. Como no fui a ésa casa!!! ja ja ja ja, podrían haber hablado con mucha gente que estaba ahí pero que no vieron :-) Maldecidos? no, aunque tal vez algún comentario molestó a alguien. Ojo con ésas cosas de entrar así nomás Aniko a ésas casas, como en tu post del almacén de sueños y bien decis hay como ir de una dimensión a otra en pequeños espacios y tiempos y tipo de realidades, nadie sale lastimado físicamente pero…. ja ja. Me la perdí de ir con Uds.
    Che, me sorprendió que no los dejen dormir en la estancia tras cruzar la tranquera, deberían haberle dicho al señor que conocían a Herman Zapp :-) ja ja.

  27. Graciela 12/02/2013 at 23:36 #

    Qué buen lugar!!!! lo que debe haber sido la casa en su esplendor…una pena realmente que la hayan dejado caer tanto. Si la toman un grupo de arquitectos y la reciclan sería maravillosa para turismo de fin de semana…me encanto!!!

  28. celeste 14/02/2013 at 17:52 #

    jaja!! me encantó el relato.. buenísimo!!
    puede ser que las malas vibras de la casa se les haya pegado…. pero todo se soluciona con un buena baño que elimina las malas energías…

    Saludos..

    :D

  29. Fer 20/02/2013 at 11:12 #

    Aniko!

    Muy bueno el post!

    Me acordé de Proyecto Pulpería, un Fb que recorre rincones y postas de Bs As y en muchos casos llegan a estancias, castillos y casas que viven en otro tiempo.

    http://www.facebook.com/elproyectopulperia

    Saludos,
    Volvé a Rosario!

  30. Gerardo 28/02/2013 at 22:42 #

    ¡Muy buenas las fotos! Casualmente estrené blog con este esotérico castillo…

  31. Aylen 29/07/2013 at 00:58 #

    Hola! Hace unas horas acabo de ir a la mansión dicho en el cartel “El castillo de San Francisco” que es también llamado “El Castillo de Egaña”, yo soy de Tandil, pasamos la tarde con mi familia nos sacamos fotos, hicimos grabaciones cortas, nada sobrenatural! Llevamos pelota de voley, de futbol y una paleta que es utilizada por mi papa para jugar “pelota paleta”, un deporte no muy popular como son otros, y fue la casualidad que nos lo olvidamos en el tercer piso en el balcón dicha paleta, en realidad la culpa fue mía de habérmela olvidado pero de las casualidades en ningún momento me acorde de haberla dejado justo apoyada ahí, por lo que mañana por la mañana iremos solos con papa en búsqueda de la paleta para que podamos volverla a tener sin que nos la roben. Esperemos que esto no provoque mala suerte, ni problemas luego… las cosas pasan por algo!

  32. beatriz 21/08/2013 at 14:16 #

    Por gente como vos que inventa eso de los fantasmas y dice que sucede en realidad, es que el lugar fue abandonado tantos años y nadie se quiere hacer cargo. Como parte de la historia del castillo te pido que cambies eso de “cualquier similitud con la realidad NO es pura coincidencia” y pongas que solo es un cuento NO REAL… gracias

  33. Maca 26/08/2013 at 14:15 #

    Muuuy bueno!!!!

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