“Esta es mi primera vez con una chica”, me confiesa Laura mientras nos disponemos a hacerlo en el medio de la ruta. También es mi primera vez y la verdad que estoy un poco nerviosa, no tengo experiencia en esto y siento que la voy desilusionar. Ella lo viene practicando hace más de dos años con su novio Juan (y me contó hasta el más mínimo detalle): lo hicieron en todos lados, a veces por pocos minutos, a veces por varias horas (¡a veces incluso en grupo o intercambiando pareja!). Yo, en cambio, solamente lo hice una vez, con mi novio, y alguna que otra vez con un amigo o desconocido. En mi cabeza resuenan las sabias palabras de un amigo: “La primera vez no es la mejor pero nunca se olvida”. Nunca imaginé que mi primera experiencia sería en Portugal. Siempre pensé que lo haría en algún destino exótico de Asia, pero la verdad es que allá no tuve el coraje para intentarlo: tenía demasiadas preguntas, muchos miedos, temía que las diferencias culturales e idiomáticas dificultaran la situación. Pero con Laura es distinto: ella me da seguridad. Sabe lo que hace y sé que me hará sentir cómoda a todo momento. Además todas las personas a las que se lo comenté me aseguraron: “Con otra mujer es mucho más fácil que con un hombre”. Y al parecer en Europa se practica mucho, así que decidí animarme.

Después de caminar un rato llegamos a lo que nos parece el lugar indicado. Es de día pero no hay nadie a la vista. Nos quedamos en silencio, intuyo que ella está tan nerviosa como yo. ¿Y si nos va mal? ¿Y si no traje la ropa adecuada? ¿Y si a último momento me da miedo y digo que no? Pero ya no hay tiempo para echarse atrás: llegó la hora de la verdad. Nos miramos y sonreímos con complicidad. Hacemos un pacto: si esto no resulta, nadie se va a enterar. Estamos en otro país, muy lejos de nuestro novios y amigos, acá nadie nos conoce y si nos juzgan, ni nos enteraremos. Así que tomamos coraje y lo hacemos: extendemos el pulgar hacia el horizonte y le hacemos señas a los automóviles que pasan para que alguno frene y nos lleve hasta Nazaré, nuestra próxima parada dentro de Portugal. Presiento que nuestra primera experiencia de pedir boleia (hacer autostop) juntas va a ser memorable.

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Si bien viajar por Europa es fácil y cómodo, el transporte es caro (en España y Portugal, según mis cuentas, viajar en autobús o en tren puede costar entre 4 y 10 euros la hora de viaje, tal vez más). Además de ahorrar, hacer autostop permite mezclarse aún más con la gente local y obtener todo tipo de historias y anécdotas que de otra forma tal vez no ocurrirían. Después de varios años de viajar haciendo Couchsurfing, siento que esto es lo que me faltaba: ya lo dije en alguna ocasión, pero creo que el autostop está bien arriba en la escala evolutiva viajera (para mí “viajar mejor” no consiste en quedarse en hoteles de más estrellas o comer en lugares más caros, sino en viajar sumergiéndose cada vez en la cultura local) y admiro a la gente que viaja así, con tanta libertad y con tanta confianza en el otro. Si bien soy una persona que cree y confía en la bondad del ser humano, nunca me había animado a hacer dedo sola, pero con otra persona (sea hombre o mujer) me siento más segura.

nazare-portugal-6 Este lugar es nuestro objetivo: Nazaré

nazare-portugal-5 Un pueblito de pescadores

El primero que nos levanta es un portugués llamado Mario, quien ofrece llevarnos hasta un lugar “más estratégico” para pedir boleia. Léase, al medio de la autopista. No conozco la terminología que compete a las autopistas y sus derivados, así que lo único que puedo decirles es que quedamos paradas en una bifurcación en plena autopista (y, para hacer dedo, las autopistas son bastante incómodas porque los autos van muy rápido y no tienen mucho espacio donde frenar). A pocos metros, debajo de un puente, hay un patrullero. Los dos policías nos ven y se nos acercan. Chau, acá nos arrestan, nos multan y nos deportan de una. Lo bueno es que como somos extranjeras podemos usar la carta de “ay, señor policía, disculpe, es que no soy de aquí”, acompañada de nuestra mejor cara de inocencia. Nos dicen que está prohibido caminar por esta zona de la autopista, apuntan hacia un cartel y nos indican que nos pongamos debajo. El cartel (un dibujo que prohibe la circulación de bicicletas, bicicletas y carretas) está a muy pocos metros de donde estábamos paradas antes (no veo la diferencia entre un lugar y otro), pero les hacemos caso y nos ponemos ahí donde nos dicen. Estamos en una curva, muy mal posicionadas, y empiezo a ponerme ligeramente de mal humor. ¿Quién va a frenar en un lugar tan incómodo?

  nazare-portugal-11 El lugar donde estábamos paradas no tenía nada que ver con esta foto

Respuesta: Batista. Apenas nos ve clava los frenos y con su mejor pose banana nos invita a subir a su auto. Parece simpático e inofensivo, pero igualmente Laura se asegura de tener el gas pimienta a mano, por si acaso. Ella lo lleva siempre encima, aunque lo tiene hace cuatro años y jamás tuvo que usarlo. Es cierto que al ser mujeres corremos más riesgos, pero tampoco hay que desconfiar de todos los hombres porque sino una ni podría salir de su casa. Bati (así lo apodamos) nos cuenta que es director comercial de una empresa, es divorciado y tiene una hija. Como vive entre Oporto y Figueira da Foz, se la pasa encima del auto. En vez de ir por autopista agarra una ruta nacional para que podamos ver el interior de algunos pueblitos, aunque sea desde el auto (cosas que pasan si viajás a dedo…). Nos dice que puede dejarnos en Leiria, pero que antes quiere hacer una parada para almorzar, así que frenamos en Figueira da Foz.

Cuando nos pregunta qué queremos almorzar, Laura responde, indignada con las costumbres gastronómicas portuguesas: “¡Cualquier cosa menos peixe! ¡Durante estos días en Portugal comí más pescado que en toda mi vida!”. Yo, en cambio, estoy feliz: amo el pescado y podría vivir sólo a base de mariscos. Entramos a un restaurante muy concurrido (regla importante a la hora de elegir un lugar donde comer —especialmente en ciudades donde hay mucha oferta gastronómica—: fijarse que haya mucha gente local adentro) y miramos las opciones. El menú del mediodía cuesta 8 euros e incluye entrada, plato principal y postre. No queremos gastar así que pensamos en compartir uno. Pero cuando Bati nos dice “Por favor, no se preocupen, yo las invito” nos pedimos, descaradamente, dos platos de salmón rosado a la parrilla. Sin exagerar: el mejor salmón que comí en mi vida (y la que les conté que no quería comer peixe se lo devoró más rápido que yo).

nazare-portugal-18  Y mientras el auto avanza y el camino se acorta, sabemos que falta menos para llegar a esta playa…

Seguimos camino a Leiria y Lau, que va adelante, charla en portuñol con Batista. Él nos dice que tiene un amigo en Évora (otra ciudad de Portugal que queremos visitar) que puede recibirnos y, antes de bajarnos, nos da su teléfono para que lo llamemos si necesitamos ayuda. Bati corazón. Estamos más cerca de Nazaré, pero todavía nos falta un buen tramo. Acá en Europa las distancias son mucho más cortas que en Sudamérica, pero la diferencia (por lo menos con Argentina) es que el territorio está mucho más lleno de pueblos y de gente, entonces los tramos se hacen más entrecortados. Volvemos a posicionarnos al costado de la ruta, hacemos dedo y al rato nos levanta una mujer (la doble de Janice, personaje célebre de Friends —la ex novia de Chandler—) y su hijo veinteañero. El auto es medio destartalado pero el corazón es grande. No hablamos demasiado y, después de unos kilómetros, nos bajamos.

Se está haciendo de tarde, pero seguimos firmes en nuestro objetivo: nos recomendaron visitar Nazaré, un pueblito de pescadores, así que ahí iremos. Nuevamente frena una mujer con su hijo, un nene de 4 años llamado Miguel, con quien intento tener una charla en castellano (sin éxito). Voy sentada al lado de él y, a lo largo del camino, me muestra sus juguetes y se ríe. La mamá le dice algo así como: “Viste Miguel, esta son las dos meninas de las que me hablaste”. Se ve que nos vieron en la ruta y dieron la vuelta para levantarnos. La mujer nos lleva hasta Alcobaça y se lamenta de no poder llevarnos un poco más allá, pero Miguel tiene una cita con el dentista y no pueden llegar tarde.

  nazare-portugal-12 Na-za-ré! Na-za-ré! Vamos que ya llegamos!

Se está por hacer de noche y ya faltan muy pocos kilómetros. No tenemos dónde quedarnos en Nazaré así que confiamos en nuestra suerte y en que la próxima persona que nos levante nos invitará a quedarnos en su casa (incluso improvisamos un cantito que repetimos por lo bajo a modo de hechizo cada vez que pasa un auto: “¡A-su-casa, a-su-casa!”). Finalmente nos levanta Francisco, un portugués que vive en Nazaré y que habla algo de español. Cuando llegamos al pueblo nos pregunta si tenemos dónde quedarnos y, cuando le decimos que no, nos ofrece alojarnos en su casa con su familia. Bingo. Esa noche nos lleva a pasear en su camioneta por las dos partes altas de Nazaré: Sitio y Pederneira, dos lugares que funcionan como “pueblitos dentro del pueblo”. Y al día siguiente, por fin, caminamos por la parte principal de Nazaré, la que está abajo, sobre la playa. Si bien es un lugar muy turístico (especialmente en verano), Nazaré sigue siendo uno de los pueblos más tradicionales de la costa de Portugal. En esta villa de pescadores aún se puede ver a las mujeres portuguesas vestidas con sus ropas típicas, vendiendo pescado o preparando aperitivos en la calle.

nazare-portugal-13 Y ahora sí, con ustedes, Nazaré (vista desde Sitio)

nazare-portugal-14 Caminamos las callecitas de Sitio

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nazare-portugal-31 Y luego las de Nazaré, donde nos encontramos con estas mujeres

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Ese mismo día partimos rumbo a Lisboa. Nuestra estadía en Nazaré, lamentablemente, es cortita. Pero nuestro objetivo (hacer autostop de Aveiro a Nazaré) se cumplió.

Y para cerrar este post voy a citar a dos personajes célebres. En su canción “Eso que llevas ahí”, Fito Paez afirma que “lo importante no es llegar, lo importante es el camino”. Y estoy de acuerdo. Lo mejor del viaje es el camino, todo eso que pasa entre un lugar y otro. Y Bati, aquel simpático portugués que nos llevó en su auto hasta Leiria, nos dedicó, unos días después, el siguiente sms: “Em Portugal, as meninas bonitas tem sempre sorte, as feias andam a pé!”. Amén Bati, amén. Mi primera vez con Laura fue todo un éxito.

(Lee la versión de Laura: “Mi primera vez con Aniko”)

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Algunas imágenes de Nazaré

nazare-portugal-16 El perro le robó un zapato al dueño

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