Este post forma parte de la serie “Asia de la A a la Z”, un abecedario personal de mis experiencias en Asia.

O de Occidente

El Sudeste Asiático está globalizado. Mejor dicho: la cultura occidental también llega a esta parte del mundo, por más lejana que pueda parecer.

¿Por dónde empiezo la lista?

  • En Indonesia encontré todas las grandes cadenas de comida rápida: McDonald’s, Wendy’s, Dunkin’ Donuts, Pizza Hut, KFC. Y seguro me olvido de alguna.
  • En Hong Kong caminé entre las grandes marcas premium: Dolce & Gabanna, Dior, Versace, Gucci, Rolex, y tantas otras de las que ni me sé los nombres.
  • En un pueblito en las montañas en Malasia encontré un Starbucks en la calle principal.
  • Hojee las revistas Cosmopolitan y National Geographic en sus versiones locales en varios países.
  • También encontré Avatar traducido al chino en Singapur.
  • Comí manzanas Dole importadas de Chile en Filipinas.
  • Me invitaron a un helado Haagen Dazs en Macau.
  • Vi carteles de publicidad de Coca-Cola y Pepsi escritos en Thai.
  • Me cansé de escuchar los hits de Justin Beiber (¡no me lo banco! ¿Llegó a Argentina?).
  • Vi cines pasando películas de Hollywood.
  • Y en Vietnam encontré las mejores imitaciones de todas las marcas (a precios muuuy bajos): camperas North Face, guías Lonely Planet fotocopiadas, bolsitos Kipling, carteras Lesportsac/Gucci/LV, traducciones de Coelho al inglés.

Igualmente esto no quiere decir que el Sudeste Asiático sea una sucursal de “lo mejor” o “lo peor” (según el punto de vista) de Occidente, sino que hay ciertos elementos de la cultura occidental mainstream que acá también existen y son consumidos diariamente. Pero por suerte también hay películas y música de Bollywood, artistas locales, libros de escritores asiáticos, comida y ropa típica y costumbres y maneras de ser asiáticas que siguen manteniendo la identidad del continente.

Esta foto la saqué en Yangshuo, pueblito súper turístico de China, donde podías encontrar McDonald’s y terrazas de arroz a pocos metros de distancia. China, sin embargo, me pareció (junto con Laos) uno de los países menos “occidentalizados” o con menos influencia occidental de los que conocí hasta ahora.