Este post forma parte de la serie Amigate con Buenos Aires, un intento de reconciliarme con mi ciudad después de dieciséis meses sin verla. Podés leer la serie completa acá.

Situación: Mi mamá me da un piloncito de calcomanías que me dejó mi amigo de Proyecto Calco en portería y me pregunta “¿Para qué son?”, y yo le respondo: “Para desparramar mensajes positivos por el espacio público y alegrarle el día a las personas”, “¡Ahhh…!” (sonríe). Fin de situación.

Como les conté en el primer post del proyecto, Amigate con Buenos Aires surgió gracias a una de las calcos de Proyecto Calco que dice, justamente, “Amigate” y que me impulsó a reconciliarme fotográficamente con mi ciudad. Pero hace poco me di cuenta de que la calco que más me estaba haciendo efecto era otra, la que dice “Sorprendete”. Y para ella va dedicada este post.

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Cuando leí por primera vez El mundo de Sofía de Jostein Gaarder (hace por lo menos 10 años) hubo una frase que me quedó grabada para siempre. Decía algo así: “El filósofo debe ser como un niño y nunca perder la capacidad de asombro frente al mundo”. Esa idea de asombrarse frente a “lo normal” me pareció clave para poder ver el mundo de otra forma y jamás dar las cosas por sentado.

A veces, cuando me enfrasco en una rutina y la repito durante varios días y/o meses, me doy cuenta de que naturalizo todo lo que está a mi alrededor y el lugar por el que camino me parece ordinario, cotidiano, normal. Me pasa cuando estoy demasiado tiempo en Buenos Aires y me pasa después de varios meses de estar viajando. Como el viajar se vuelve, quiera o no, una rutina, hay días en que veo las cosas con ojos de “ah, otro Buda, ah, otro templo, ah sí, otro río, ah mirá, más monjes”. Y en esos momentos me peleo contra mí misma y me digo: Mirá donde estás, mirá todo lo que estás viendo, no seas tarada, ¡sorprendete! Que el mundo no es un lugar normal.

Por Liniers (genio)

Desde que volví a Buenos Aires pasé por muchos estados: tristeza (lo que llamo la Depresión Post-Viaje, un tema sobre el que me explayaré más adelante en algún post bajonero), melancolía, sentimiento de no pertenecer, sentimiento de sí pertener, euforia, redescubrimiento, reconciliación y, hace unos días, sorpresa constante.

Tuve a dos chicas de Estados Unidos viviendo en casa durante unos días (Couchsurfing) y me contagiaron su mirada outsider. Ahora, cada vez que salgo a caminar, encuentro algún detalle, edificio, monumento, situación, evento, tribu urbana o persona que me sorprende.

Acá van algunas:

* Una situación: el viernes pasado salí de mi casa a la noche y me encontré con un set de filmación a pocos metros de mi edificio. Había muchas luces, cámaras, cables y personas muy cool sentadas en sillitas de director y maquillandose. Hollywood in Buenos Aires.

* Un barrio: Puerto Madero. Hace un tiempo empecé a andar en bici por esa zona. Antes me iba directamente a la Reserva Ecológica, pero hace unas semanas decidí recorrer Puerto Madero en sí y casi me caigo de la bicicleta con tantas distracciones, tanto museo y tanto edificio. Estoy anonada frente al crecimiento de Puerto Madero. ¿Ustedes vieron lo que son esas torres? ¿Ustedes vieron los parques que hay en el medio? ¿Ustedes vieron los museos? Singapur in Buenos Aires.

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A ver si descubren el detalle de esta foto…

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* Una tribu urbana: los otaku (o “gente que posee interés en el animé y el manga” o “fanáticos de la cultura japonesa”). Ya describí mi encuentro fortuito con ellos en el Jardín Japonés el fin de semana pasado.

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* Un día: el sábado. Salí a sacar fotos con Gabriel Greco, blogger de viaje amigo y autor del blog Destinos Actuales junto con Eddy Lara Brito. Nos encontramos en San Telmo y caminamos durante varias horas sin plan ni rumbo. Y los dos llegamos a la misma conclusión: fuimos con los ojos tan abiertos que descubrimos cosas que nunca habíamos visto a pesar de haber pasado varias veces por ahí. Encontramos rincones, arquitectura, personajes, graffitis, stencils, mercados… Y hasta nos chocamos, inesperadamente, con la Marcha del Orgullo Gay.

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Y la Luna.

* Un lugar: Parque Lezama. Nunca había ido un fin de semana y la verdad que me sorprendió la cantidad de gente y actividades que había: bandas estilo Onda Vaga tocando en el pasto, grupos de percusión que me recordaron a un domingo en Montevideo (Uruguay), amigas tomando mate, familias caminando, abuelos y nietos jugando al fútbol, parejas en los bancos. Y de fondo, la Iglesia Ortodoxa Rusa, con esos colores tan estridentes y llamativos.

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* Una persona: esta mujer. Amé su look. Creo que era Dominicana, quise sacarle fotos pero el marido nos miraba mucho, así que disimuladamente apunté mi cámara sin mirar y salió esto (con la bizarrísima cabeza del nene cortada a la mitad y el viajandoporahi.com que le quedó puesto de anteojo).

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Y estas personas también me cayeron bien:

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La fauna urbana de Buenos Aires es interminable, muy simpática y extremadamente fotogénica.

* La sorpresa más sorpresiva: encontrarme con el sticker de Proyecto Calco “Sorprendete” (el mismo que me inspiró a escribir este post) pegado en un escalón a la salida de la estación Juramento del Subte D. No podría haber pedido un final mejor.

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La Rueda de la Moraleja dice: No es necesario viajar para sorprenderse, todo depende de vos y de tu mirada. Así que abrí los ojos, ponete el switch en Modo Sorpresa y salí a caminar por tu ciudad. Mirala como si fueses turista, como si vinieses de un lugar donde todo es distinto, donde la lógica es otra, donde todo se hace al revés. Dejate llevar por tu instinto, encontrá rincones que nunca viste, observá a la gente, buscá detalles, dejá que los detalles te encuentren. Sorprendete.