Entre el 11 y el 17 de agosto fui al festival Sziget en Budapest, uno de los eventos musicales y artísticos más grandes de Europa. En estos posts (que ya no son en tiempo real sino en tiempo irreal) hablo acerca de algún artista o detalle que me haya gustado (o no). Y casi siempre termino filosofando acerca de la vida en general, no sé por qué.

 

Ya sé: estoy haciendo trampa. Me hice la loca y dije que iba a escribir un post por día de festival (es decir siete posts en siete días) y al cuarto día abandoné la misión y me fugué de internet. La verdad es que no me dio el cuerpo ni la cabeza para seguir el ritmo de Sziget y a la vez ir a las clases de húngaro todas las mañanas (seré nerd pero vine a Budapest a estudiar húngaro y no quería descuidar eso). Los textos anteriores los escribí con pocas horas de sueño encima y me da miedo releerlos porque no sé si tienen mucho sentido. Así que voy de nuevo. Toma 2, ¡acción!

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El día 4 no llevé la cámara, así que las pocas fotos que saqué fueron con el teléfono (el resto son de los fotógrafos oficiales de Sziget)

Siempre me gustó leer las biografías de mis artistas preferidos. Me interesa saber cómo se criaron, dónde crecieron, qué les pasó de chicos, qué querían ser, cómo llegaron a donde están, qué experiencias tuvieron, en qué creyeron fallar. Vivimos en un mundo de resultados y en general conocemos a los artistas cuando ya están arriba, cuando ya son John Lennon o Gabriel García Márquez o Stanley Kubrick o Soda Stereo y nos olvidamos de que todos transitaron un camino que los llevó hasta ahí, todos empezaron con una idea, un talento, un sueño, una vocación, un impulso y fueron paso a paso. Hace un tiempo leí un post en el blog Zen Habits y ahora no puedo encontrarlo para citarlo pero decía, en otras palabras, que si salimos a correr y vemos a otro que está corriendo más rápido o mejor que nosotros no tenemos que sentir bronca ni envidia ya que no tenemos ni idea de qué proceso transitó esa persona para correr así (quizá está entrenando para una maratón, quizá acaba de terminar su rehabilitación y está feliz de volver a correr, quizá está corriendo rápido para no pensar en cosas que le hacen mal). Todos estamos en proceso de algo.

El cuarto día de Sziget fue uno de mis preferidos pero también el más agotador. No fui con tantas expectativas como los días anteriores: el lunes fui por Blink 182, el martes por Ska-p, el miércoles por Placebo. El jueves fui más bien a ver qué onda. Y tuve tanta suerte que vi en vivo a un dúo que ahora me gusta mucho: Macklemore & Ryan Lewis. Confieso que unos días antes los googlé para ver si conocía algún tema y cuando me encontré con Thrift Shop (lo pongo acá abajo) dije ¡ah, son ellos! y fui contenta (sin saber lo que me esperaba).

Macklemore (Ben Haggerty, nacido en 1983) es un rapero estadounidense que produce su música de manera independiente desde el 2000. Ryan Lewis (nacido en 1988) es un productor, músico, fotógrafo y DJ estadounidense que también produce sus propios álbumes y que trabaja con Macklemore desde el 2006. En el 2012 grabaron, produjeron y distribuyeron el álbum The Heist de manera independiente, sin ningún tipo de promoción mainstream, y llegaron al primer puesto en iTunes horas después de haberlo publicado. Sus videos tienen millones de vistas y miles de personas van a sus recitales, y todo sin sello discográfico de por medio (otra prueba más de que el contacto entre artistas y fans cada vez es más directo).

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Hay algo del hip-hop (la cultura de la que forma parte el rap) que me gusta mucho: supongo que es la importancia que tienen las palabras, las letras, en las canciones. Si bien es un género que no tengo explorado a fondo para nada, siempre me atrajo. En el show de Macklemore y Ryan Lewis había 85.000 personas (fue el día con más gente del festival) y si bien no me gustan (ni me motivan) las masas de gente así toda junta tengo que reconocer que fue una noche cargada de energía. Macklemore no solo cantó sino que se conectó mucho con la audiencia. Una de las frases que dijo y que más me gustó fue: “We need differences, we are products of something bigger, if we were all the same there would be no creativity” (“Necesitamos diferencias, somos productos de algo más grande que nosotros mismos, si todos fuésemos iguales no habría creatividad”). Ahí empecé a ver por dónde venía la mano.

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Foto: szigetfestival.com / Szemerey Bence

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Foto: szigetfestival.com / Szemerey Bence

Creo que si bien existen las biografías y las autobiografías y las memorias, los artistas escriben su historia a través de sus obras. Las letras de Macklemore y Ryan Lewis hablan acerca de temas que nos tocan a todos, están cargados de franqueza y apuntan a los conflictos más básicos y humanos de cualquier persona. La canción Ten thousand hours (Diez mil horas) hace referencia a un concepto del autor Malcolm Gladwell: “Una de las claves para tener éxito es practicar una tarea durante 10.000 horas”. Y Macklemore dice, por ejemplo: “I stand here in front of you today all because of an idea / I could be who I wanted if I could see my potential” (“Hoy estoy acá parado frente a ustedes todo gracias a una idea / Podía ser quien quería si podía ver mi potencial”); “The greats weren’t great because at birth they could paint / The greats were great cause they paint a lot” (“Los grandes no fueron grandes porque pudieron pintar desde que nacieron / Los grandes fueron grandes porque pintaron mucho”); “A life lived for art is never a life wasted” (“Una vida vivida para el arte nunca es una vida desperdiciada”); “I make my living off of words / And I do what I love for work” (“Me gano la vida con mis palabras / Y trabajo de lo que amo”); “Generation of kids choosing love over a desk” (“Generaciones de chicos eligiendo el amor antes que un escritorio”).

En Victory Lap habla, justamente, acerca del camino que transitó para llegar a donde está: “I remember the days with nothing but a bus pass” (“Me acuerdo de los días en que no tenía más que un pase de bus”); y acerca de ser un artista independiente: “But I got creative control and my soul is mine / I wouldn’t trade it, maybe I’m crazy” (“Pero tengo control creativo y mi alma me pertenece / No lo cambiaría, quizá estoy loco”), “Now a days make good music, the people are your label” (“Hoy en día hacé buena música, la gente es tu discográfica”). Y, por sobre todo: “Music is the only medium that I could find myself through” (“La música es el único medio por el que me puedo encontrar”). Cada cual se expresa como mejor le sale, unos usan la música, otros usan las letras, otros los colores, otros el baile, pero todos hablan de lo mismo, de todo eso que tienen adentro.

Las letras de M&RL me hacen pensar mucho en las historias y conceptos del libro El Elemento de Ken Robinson (del cual hablaré en otro post, porque me parece un libro fundamental y que todos tienen que leer): ambos hablan acerca de hacer lo que uno ama, ambos redefinen el concepto de trabajo y de educación. Ahora, quizá uno se pregunta por qué tanta gente fue a ver a esta banda. ¿Es una moda? ¿Es el género cool del momento? No sé, no creo, me parece que la diferencia la marca la autenticidad de lo que hacen. Una de las canciones más reconocidas del dúo se llama Same love (Mismo amor) y se convirtió en el himno a favor de la legalización del matrimonio igualitario: “Whatever god you believe in / We come from the same one / Strip away the fear, underneath, it’s all the same love” (“Sea cual sea el dios en el que creas / Todos venimos del mismo / Sacate el miedo, en el fondo, es todo el mismo amor”). Es la primera vez que un grupo de hip-hop habla acerca de la necesidad de respetar estos derechos.

El jueves fuimos una marea de 85.000 personas cantando acerca de temas que nos importan, acerca de temas que definen a esta época y a esta generación. Y cada vez me convenzo más de cómo está cambiando todo, cómo se está redefiniendo la realidad, cómo los conceptos de trabajar/amar/educar/vivir/(y viajar, por qué no) van tomando nuevos significados y dejan de estar encasillados en un solo modelo. Todavía hay muchos que dicen (y condenan): “Eso no es música”, “eso no es trabajo”, “eso no es amor”, “eso no es educación”. No quieren mirar hacia adelante ni dejar atrás estructuras que cada vez se vuelven más obsoletas y se alejan más de la naturaleza humana. Pero por suerte hay miles de personas cantando, escribiendo, pintando, bailando, pensando y haciendo lo posible para generar otra manera de mirar.