¿Qué es lo que tiene el agua que la hace tan especial? Además de eso de que la necesitamos para vivir, de que somos dos tercios agua y de que el mundo, a su vez, es dos tercios agua (interesante que tengamos la misma proporción que el mundo…). Pero el agua tiene algo, un nosequé que hace que nosotros, seres humanos, paguemos fortunas para poder nadar en los mares más transparentes, para ir en los cruceros más caros por el Caribe más cristalino, para tomar sol en la arena más blanca (pareciera ser que la arena sólo combina con el mar si esta es blanca y aquel es celeste, el engamado marrón con marrón no va). Tenemos nuestro propio Atlántico en las costas de Argentina, pero si nos aventuramos a bañarnos ahí pensamos, “Esto no es el verdadero mar, el verdadero mar está en el Caribe, donde puedo verme los pies mientras el agua me llega por la cintura…”.

Yo, personalmente, siempre fui como un pez: me siento mejor en el agua que en la tierra, ya sea nadando, navegando, esquiando o flotando boca arriba en un mar/río/lago/laguna/pileta/charco/bañadera. Muchas veces sueño que la tierra no existe y todo es agua y a pesar de que no viajo en busca de playas, cuando encuentro una que me gusta más que el resto, me dedico a disfrutarla. Y, sin planearlo ni saberlo, un día la encontré: La Playa.

Me sumé (porque sí, por deporte, por inercia) a un tour de tres días por unas tal “Islas Karimunjawa” en Indonesia. El precio era ridículamente barato: 10 dólares por día (con TODO incluido: alojamiento, comida, snorkeling, barco, futuro marido). Sepanlo: la belleza de un lugar NO es directamente proporcional a su precio, más bien diría que en muchos casos es inversamente proporcional a este. A veces creemos que si un lugar es carísimo, entonces debe valer la pena y que si algo es muy barato, hay que desconfiar. No es así. Y mi foto lo demuestra. El mar de Karimunjawa es el más celeste/cristalino/transparente (y “barato”) que vi en mi vida, un mar en el que podés caminar kilómetros sin chocarte con ningún crucero turístico, bote-taxi o Duty Free Shop (diría que sin chocarte con ningún ser humano más que con los que van en el mismo bote). Si hay un Paraíso para mí, es este. Y después de haber pasado unos pocos días de mi vida acá, creo que ya ninguna playa va a sorprenderme.