Está bien: “estrictamente hablando”, esta foto no fue sacada en Asia. Estrictamente hablando (o escribiendo) esta foto fue sacada desde el escritorio de mi casa en Buenos Aires pocos meses antes de viajar hacia el Sudeste Asiático. Pero, estrictamente hablando otra vez, en aquel momento mis ojos veían Buenos Aires, pero mi mente ya imaginaba Asia.

Cada vez que veo esta foto me veo a mí misma mirando por esa ventana, sentada frente a la computadora con una taza de café, descalza y en silencio, deseando estar en cualquier lugar de Asia (o del mundo) que no fuera Buenos Aires. Esta foto me hace acordar al momento en que decidí que quería (que debía, por alguna razón desconocida) irme a Asia, porque lo decidí mientras miraba por la ventana. Todos los mails de confirmación del pasaje, la información que leí en internet, los blogs de viaje que investigué, las consultas que hice por chat, los primeros posteos que subí a mi blog, todo eso paso frente a esa ventana. Todas las dudas, miedos, certezas y preguntas que tuve o me hice antes de viajar ocurrieron mientras miraba por esa ventana. Todos los pensamientos meláncolicos de voy a extrañar esta vista los días de lluvia, los pensamientos eufóricos de quiero desaparecer en ese cielo dentro de un avión ya mismo, los pensamientos incrédulos de me voy a Asia enloquecí del todo, los pensamientos curiosos de qué vistas veré por las ventanas asiáticas, todos aparecieron en mi cabeza mientras miraba por esta ventana.

Y lo más interesante es cómo cambia el significado de una foto según el contexto desde que se la mira. Cuando la saqué, esa vista me hacía viajar mentalmente lejos de Buenos Aires. Pero vista desde acá, me hace volver a mi escritorio, a mi computadora, a mi lámpara, a esos edificios y a ese cielo nublado, aunque sea por un rato. “Viajando en una foto” describe a esta imagen perfectamente.