Advierto: Esta es una declaración de amor a la bicicleta y a todo lo que surja de ella

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Me di cuenta de que una de las cosas que más extraño cuando no estoy en Buenos Aires es mi bici. Por más que alrededor del mundo pueda alquilar o pedir otra prestada, mi bici es mi bici. Y cada vez que vuelvo a Buenos Aires y me reencuentro con ella, me acuerdo de por qué me gusta tanto pedalear por esta ciudad. Porque Buenos Aires es Buenos Aires, por más caótica y loca que sea y por más llena de baches y bocinas que esté. Yo, por lo menos, nunca escuché tanta cantidad de piropos “adaptados a la ocasión” (o a la bici-ocasión) como acá. Desde el baboso “chau preciosa” o “ay mamita, llevame en tu bici” —dicho en cada esquina con ese tono de lujuria que se están imaginando— hasta frases simpáticas como “¡Sos guapa eh! Andás fuerte”, que me dedicó un señor (también ciclista) allá por Avenida Independencia y 9 de Julio mientras esperábamos a que cambiara el semáforo. El premio mayor, les cuento, se lo ganó un grupo de hombres que me vio pedaleando sola por alguna avenida vacía de Barracas y me gritó: “¡Dale reina, dale que vas primera!”. ¿Cómo no sonreír frente a estas cosas? A mí me alegran el día.

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Cada vez que me subo a una bicicleta —en la ciudad o país que sea— y salgo a pasear me siento feliz en el acto. Es imposible no sentirse feliz cuando vas pedaleando, el vientito te da en la cara, la mente se te despeja y vas a tu propio ritmo sabiendo que, además de estar poniéndote en forma, estás contribuyendo a que haya menos tráfico de autos y menos contaminación ambiental a tu alrededor. Creo que si Buenos Aires (y ni hablar del mundo entero) tuviera más bicis y menos autos, la calidad de vida de la ciudad sería mucho más alta. Imagínense… No habría caos vehicular, el ruido disminuiría al igual que la contaminación, todos estaríamos en forma y de mejor humor, el ritmo de la ciudad sería otro y estoy segura de que la buena onda aumentaría bastante (tanta gente liberando endorfinas a la vez no puede generar más que felicidad).

bici-aniko-villalba-26 Autofoto (?)

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Soy una bici-evangelizadora (o bici-lover) (o bici-amiga) (o cualquier palabra con el prefijo bici-algo). Sueño con una ciudad con “auto-sendas” en vez de bicisendas. Sueño con una ciudad donde el transporte principal sean las bicis, los rollers, los skates y todas las variantes de transportes ecológicos con ruedas que se les ocurran. Sueño con una Buenos Aires inundada de bicis. Sueño con una Buenos Aires donde las bicis sean mayoría. El domingo pasado me pasó algo que me hizo amar mi bici aún más y que me convirtió en esta bici-fan que soy hoy. ¿Qué me pasó el domingo pasado? Me uní por primera vez a la Masa Crítica de Buenos Aires y me volví devota de este movimiento.

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Los que me leen y son bici-friendly sabrán de qué les hablo. Para el resto de ustedes, paso a contarles en qué consiste este fenómeno que se conoce como Masa Crítica y que ocurre hace varios años en Buenos Aires y en más de 300 ciudades alrededor del mundo. Masa Crítica es un movimiento de bicicletas: una vez por mes cientos (o incluso miles) de ciclistas se reúnen en un punto pre-acordado de la ciudad y salen juntos, “en masa”, por las calles durante varias horas. Masa Crítica nació en 1992 en San Francisco y no es una organización sino un evento para festejar el uso de la bicicleta y para afirmar los derechos del ciclista en las calles. Es gratis y cualquiera puede sumarse; el recorrido se va decidiendo de manera espontánea en el momento y uno de los objetivos es que la masa de bicicletas no se separe, es decir que no sea atravesada por ningún auto, bondi o moto.

En Buenos Aires hay dos Masas Críticas: la diurna, que se realiza el primer domingo de cada mes a partir de las 4 pm, y la nocturna, que se realiza la noche de luna llena a partir de las 9 pm (para ambas, el punto de encuentro es el Obelisco). Y el domingo pasado, por primera vez en la historia, la masa diurna y la masa nocturna coincidieron en la misma fecha y se combinaron para formar la Masa Infinita: 3000 (tres mil) bicis se reunieron para pedalear durante ocho horas por la ciudad, desde las 5 de la tarde hasta poco más de la 1.30 de la mañana. Hacía mucho, MUCHO, que no me sentía tan feliz y tan “en mi lugar” haciendo algo “masivo” (cuac). Encontré un movimiento al cual no dudo ni un segundo en adherir y promover.

bici-aniko-villalba-3 Algunas imágenes de la última Masa Crítica Buenos Aires

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bici-aniko-villalba-8 Reunidos, esperando para salir

bici-aniko-villalba-11 Cascos simpáticos

bici-aniko-villalba-12 El enmascarado

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bici-aniko-villalba-18 Reencuentro de TrancaroLa poR el muNdo y Viajando por ahí en pleno centro porteño!!!

bici-aniko-villalba-21 Wally también estuvo

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bici-aniko-villalba-7 La masa diurna…

bici-aniko-villalba-2 … y la nocturna.

La mayoría de ustedes probablemente circule en auto o colectivo, pero los que van en bici saben que ser ciclista en Buenos Aires puede ser bastante estresante: hay que ir esquivando baches (incluso dentro de las bicisendas), estar atentos a las puertas que se abren, a los que doblan, a los que encierran, a los que por poco nos atropellan… y casi siempre vamos solos (a menos que salgamos de paseo con amigos un fin de semana). Entonces poder sentir, aunque sea una vez al mes, que somos mayoría, que formamos un enorme cardumen y que nos cuidamos entre todos, es algo inexplicable. En la Masa Crítica se respira complicidad, se respira buena onda, se respira alegría. Cada cual va con su pareja (léase bici) y la presenta en sociedad: hay playeras, mountain, freestyle, tuneadas, oniriciclos (bicis “de dos pisos”), triciclos. También hay rollers y skates, hay góndolas (skate + palo de escoba –> algo extremadamente ingenioso), hay ciclistas que musicalizan y uno que otro loco (ídolo) que va corriendo entre la multitud. Hay cantos como “¡bicis sí, autos no!”, gritos como “vamos maaaasaaaa” y “te quiero masaaaaa” y carteles pegados en las bicis con mensajes como “¡Al infinito y Masa ya!”, “Un auto menos”, “Una bici más”.

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bici-aniko-villalba-24 Era difícil sacar fotos en pleno movimiento, pero hice lo que pude.

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Lo que más me sorprendió fue ver las distintas reacciones de la gente. Los colectivos, en general, nos tocaban bocina y puteaban a lo loco. Como dije antes, una de las reglas es que la masa no se separe, entonces tres o cuatro ciclistas se dedican a hacer “tapón” y frenar el tráfico hasta que todas las bicis hayan pasado, lo cual implica que el resto del tráfico tenga que esperar unos minutos de más para poder seguir. Muchos insultaron y nos hicieron gestos de que nos apuráramos. Es domingo, son las 5 de la tarde, ¿qué apuro hay? ¿Qué ganan con tocar bocina de esa forma? ¿Qué ganan con enojarse así frente a algo que no es más que una manifestación de buena onda? Déjennos ser mayoría por una vez al mes, que los 30 días restantes volveremos a ser minoría. Muchos otros nos alentaron desde los balcones con gritos y aplausos y nos felicitaron desde las ventanillas de sus autos. Otros quedaron shockeados, con la boca abierta, al ver pasar tantas bicis una tras otra sin parar. A mí, personalmente, Masa Crítica me hizo imaginar y soñar: no puedo parar de pensar en qué tanto mejor sería esta ciudad si todos cambiáramos el auto por la bici. ¿Llegará el día?

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Como Viajando por ahí es un blog que además de viajar, busca ser feliz, el mensaje final de este post es simple:

+ bici
– estres

Disfruten de las cosas simples de la vida y no se estresen la próxima vez que vean pasar a una masa interminable de locos lindos en bicicleta. Al contrario: ojalá que los motivemos a unirse a este movimiento feliz.

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+ info y calendario de MC en masacriticabsas y en la página de Facebook

Web recomendada para amantes de las bicis: la vida en bici (hay un mapa de Buenos Aires adaptado para ciclistas, ¡excelente!)