En 4×4 por el Salar de Uyuni (Bolivia, 2008)

 

Vista de Guatemala desde el avión (2009)

Aterrizando en Vancouver, Canadá (2008)

en el sur argentino (2005)

Tenés una certeza: querés viajar.

No querés irte solamente 15 días ni tampoco querés ser el clásico turista que viaja en la nube all-inclusive (paquete que incluye todo menos el contacto con la realidad del lugar). No querés ver 15 países en 10 días ni tener que estar subiendo y bajando del avión. Querés ir lento, a tu ritmo, sin planes tan estrictos. Querés hacer “un viaje largo”, “distinto”.

Pero hay un problema: no sabés cómo organizarte para algo así. Te hablan de vacunas, de visas, de rutas, de aerolíneas, de mapas, de seguros médicos, de salud, de higiene, de peligros, de transportes, de presupuestos, de tantas cosas que “hay que tener en cuenta antes de hacer un viaje” que te sentís abrumado/a. Vos solamente querés irte, pero el miedo y las preocupaciones te frenan. Te parece algo muy grande que no sabés cómo encarar.

Por eso, he aquí este post, mi humilde guía para los PVA: Potenciales Viajeros Asustados, o Próximamente Viajeros Alegres :) 

 Hubo dos razones que me llevaron a escribir este texto:

Una, la cantidad de emails que recibo de futuros viajeros que quieren empezar pero “no saben cómo hacer” o “no se animan” y me piden consejos y empujones para arrancar.

Dos, la pregunta que me hizo Carla, madre viajera integrante de los Rodando Ando, el fin de semana pasado cuando nos conocimos: “¿Es difícil viajar?”.

Vamos por partes.

Por la ruta en Ushuaia (2004)

I. Ya diste el paso más difícil

Si sabés con certeza que querés viajar, que querés dedicar parte de tu tiempo, de tu energía, de tu dinero y de tu vida a eso, ya diste el paso más grande. Lao-Tsé decía: “Un viaje de mil millas empieza con un solo paso”. En algún momento hay que arrancar, y si estás seguro/a de que querés hacerlo, ya avanzaste unos metros en tu futura travesía.

II. Ahora preparate para las frases célebres

Hasta acá todo bien. El problema es “el golpe de realidad” (o irrealidad) que muchos te harán sufrir cuando les comuniques tus planes. “¿Viajar? ¿Y de qué vas a vivir?”, “¿Qué vas a hacer con el laburo?”, “¿Qué va a pasar con tu depto/auto/casa/pertenencias?”, “¿Te vas solo/a a esa parte del mundo y ni siquiera hablás el idioma?”, “¿Vas a dejar todo para dar la vuelta al mundo en moto/motorhome/bici/dedo/mula?”. Y el clásico: “¡¿pero vos te volviste loco/a?!”

Después de recibir todas estas preguntas muchísimas veces, aprendí algo: el que se quiere ir de viaje sos vos (o “eres tú”, para mis amigos hispanohablantes no argentinos), y si el resto del mundo piensa esas cosas e intenta desmotivarte, es problema de ellos.

III. Se viene lo importante para todo viajero: derribar preconceptos

a) “Los viajeros son millonarios y vagos”

Creo que uno de los debates que más suscitan los viajeros “a largo plazo” (los que hacen viajes largos) es el tema del “presupuesto”.

Mucha gente cree que los viajeros SOMOS MILLONARIOS que no tenemos nada que hacer en esta vida y decidimos gastar nuestra fortuna rascándonos por el mundo. También están los que piensan que somos mantenidos por nuestros padres o que nos sacamos la lotería. Es decir: creen que somos vagos con plata y que no sabemos lo que es trabajar.

No voy a entrar en detalle, pero mi concepto de “trabajar” es hacer lo que a uno le da placer y encontrar la manera de que le sea útil a la sociedad y/o a quienes nos rodean. Y como a mí me da placer viajar, escribir y sacar fotos, eso es lo que hago.

Uno de mis cuadernos en el Salar de Uyuni, Bolivia, en el 2007

b) “Los viajeros son privilegiados”

Quiero que sepan algo que va a ser fundamental para que finalmente se animen a arrancar: vivir viajando es más barato que vivir fijo en un lugar, ya que, como dije en muchas ocasiones, al viajar uno gasta lo que consume/come/necesita en el momento y nada más. Pensá cuánto gastás mensualmente en el auto, en el alquiler, en el supermercado, en el celular, en el curso, en entretenimiento, en salidas… hacé una suma, y te aseguro que lo que gastes cuando viajás va a ser mucho menos.

Obviamente, el dinero es necesario (como lo es para muchísimas cosas en esta vida, no solamente para viajar), pero no tiene por qué ser la preocupación mayor. Conocí a tantos viajeros que empezaron a tener las mejores experiencias cuando se quedaron sin plata: en ese momento, cuando se dieron cuenta de que no tenían más fondos para seguir, se pusieron a crear. Utilizaron sus talentos, capacidades e imaginación para generar algo que les permitiera seguir viajando, descubrieron que tenían dones para oficios que jamás habían imaginado, y/o se dieron cuenta de que trabajar de voluntario por el mundo (por ejemplo) les daba mucha más felicidad que lo que hacían anteriormente en su país. A veces, para un viajero, no hay mejor oportunidad que quedarse sin dinero.

Hay mucha gente que dice “no es posible vivir así, sólo los privilegiados pueden viajar tanto”, y luego se compran un auto nuevo o una propiedad. Lo cierto, entonces, es que ellos ya decidieron cuál es el estilo de vida que quieren tener y le dieron prioridad por encima de los viajes. Pero si quisieran viajar, podrían hacerlo perfectamente (visto desde el lado económico que tanto critican).

Un viajero que iba por Sudamérica con su guitarra

c) “Las vacaciones eternas”

El otro preconcepto que también está muy arraigado es que “viajar es estar de vacaciones constantes”. Quien piense así, nunca hizo un viaje de más de 15 días/un mes. Si uno se va a un destino con un paquete cerrado que incluye absolutamente todo (por un precio desorbitante) es casi lógico que piense que “viajar es caro” y que “viajar equivale a estar de vacaciones y sin hacer nada”.

Pero el que alguna vez viajó con la mochila (o la valija, o el equipaje que sea) y se tuvo que encargar personalmente de delinear la ruta, ir al aeropuerto de la manera más económica (y no la más rápida), caminar bajo el sol en busca de un hostel bueno-bonito-barato, tomar el transporte público para ahorrar, buscar la comida más rica (y económica) del pueblo, hacer dedo y esperar durante horas en la ruta, armar y desarmar la carpa, y a la misma vez, entremedio de todo esto, sacar fotos, conocer gente, salir a recorrer, meterse de lleno en la cultura, entender los códigos de una ciudad desconocida, comunicarse con gente que no habla el mismo idioma, escribir/dibujar/hacer música/hacer artesanías/lo que sea para poder seguir camino… sabe que “viajar” ni se parece a “estar de vacaciones”.

IV. “Conócete a tí mismo”

Ningún viajero es igual a otro. Cuando viajamos, además de equipaje, cargamos también con nuestra personalidad, nuestra forma de ser, nuestra manera de ver el mundo, nuestros miedos, nuestras capacidades. Y eso hace que cada cual viaje “a su manera”. Algunos se llevan al mundo por delante, otros van más de espectadores, hay quienes hablan con todas las personas que se les crucen por delante y quienes, por timidez o cautela, se mantienen en silencio. Todos pueden recorrer el mismo camino, pero cada cual lo mira (y lo vive) desde un ángulo distinto.

A veces me llegan mails preguntándome “cómo viajar”, “qué llevar”, “cómo hacer” y yo casi siempre respondo: “eso depende de vos”. Al planear un viaje, es necesario hacerse varias preguntas: ¿qué quiero ver: paisajes, comidas, ciudades, pueblos, mares, lagos? ¿naturaleza o vida urbana? ¿dónde me siento más cómodo durmiendo: hotel, hostel, guesthouse, cuartel de bomberos, iglesias, templos, en el piso, en una cama, en bolsa de dormir? ¿Cuánto tiempo quiero viajar? Y planear a partir de eso.

Aunque en muchos casos, el verdadero conocimiento de uno mismo empieza en la ruta…

La gente que conocemos también nos ayuda a conocernos a nosotros… (Bolivia, 2007)

V. Hacer la tarea

Antes de un viaje, siempre habrá aspectos prácticos que tienen que ser resueltos. Y de esto no safa casi nadie (digo casi porque siempre hay uno que otro que se va de viaje sin saber absolutamente NADA del destino e improvisa todo en el momento).

Los vuelos. Hay varios sitios web donde comparar precios de pasajes y buscar los más económicos. Ya expliqué una vez “Cómo comprar un pasaje bueno, bonito y barato por internet”. Optifly, por ejemplo, permite ver qué aerolíneas vuelan entre dos ciudades, y Momondo o Expedia permiten comparar los precios de la mayoría de las aerolíneas.

Las visas. El sitio visahq tiene toda la información referida a visados: lo único que hay que hacer es ingresar el nombre del país al que se quiere viajar y nuestro país de procedencia, y el sitio nos dirá si necesitamos visa para entrar o no. En caso de necesitar visa, lo mejor es asesorarse en la embajada correspondiente en nuestro país.

El clima. Es muy útil averiguar de antemano qué clima hará en las ciudades que visitaremos, aunque si estamos viajando por tiempo indefinido, lo más probable es que vayamos de un lado a otro un poco ciegamente (o que no nos quede otra que agarrar la época de lluvias en un país y la de sequías en otro). Páginas como weather.com sirven para conocer el pronóstico en tiempo real, y otras como thebesttimetovisit.com dicen qué destino del mundo es ideal para visitar según el mes o la época del año.

El transporte. Hay países donde es más fácil y barato volar de una ciudad a otra (gracias a las queridísimas aerolíneas de bajo costo que abundan en gran parte de Asia y Europa, por ejemplo); en otros, lo más conveniente es tomar buses o, incluso, hacer dedo. Hay países que están hechos para viajar en tren (como por ejemplo Vietnam o China) y otros donde la mejor opción es alquilar un coche entre varios y recorrer las rutas con total libertad de horarios. El sitio seat61.com tiene los horarios, fotos y descripciones de todos (subrayo lo de todos) los trenes del mundo. Para alquilar coches en cualquier lugar del mundo, pueden consultar el sitio alquilerdecoches.com.

La salud. En mi opinión, es muy importante tener un seguro médico de viaje (habla la que tuvo dengue, amebas, gastroenteritis, cortaduras, accidentes y otras infecciones viajeras… aunque esas fueron épocas pasadas, esta vez en Asia no me pasó —casi— nada, aunque siempre estuve cubierta). En cuanto a las vacunas, la única que es obligatoria por la Organización Mundial de la Salud es la de fiebre amarilla (en algunos aeropuertos pueden pedirles el certificado), el resto son optativas. La mayoría de los hospitales tienen un sector de Medicina del Viajero donde los pueden asesorar al respecto.

Los documentos. Es fundamental tener el pasaporte original y fotocopias (y por las dudas, siempre dejar una copia escaneada en nuestro email). En la mayoría de los países es requisito para ingresar que el pasaporte tenga, por lo menos, seis meses más de validez y hojas en blanco para poner visas y/o sellos.

El dinero. En mi opinión, lo más cómodo es llevar una parte en efectivo (para tener a mano por cualquier emergencia) y otra en una tarjeta de débito, y no todo en efectivo o todo en tarjeta. En las grandes ciudades siempre podrán encontrar cajeros automáticos que les permitirán realizar extracciones a cambio de una comisión.

El alojamiento. En www.hostelworld.com y www.hostelbookers.com pueden encontrar (y reservar online) hostels de todo el mundo, con reseñas y recomendaciones de quienes ya se alojaron ahí. Otra opción, para aquellos que no quieran quedarse en hoteles o guesthouses, es alquilar los apartamentos de Wimdu y alojarse en la casa de una persona local. También existen webs de intercambio de hospitalidad como Couchsurfing u Hospitality Club en las que las familias locales ofrecen un sillón o un espacio para dormir a los viajeros (pueden leer más acerca de Couchsurfing en este post).

Los festivales. También es interesante saber qué se festeja en cada país en la época en la que viajamos, y para eso está la página www.festivalpig.com. Y en earthcalendar.net pueden ver los feriados de todo el mundo.

Fui a Ushuaia en febrero del 2005 y, a pesar de que era verano, hacía bastante frío. ¡Abriguense!

En Costa Rica, en cambio, siempre hizo calor…

Y en Cartagena (Colombia), me derretí…

¿Dónde puedo buscar más información?

  • Hay foros como el de Lonely Planet o el de mochileros.org donde los mismos viajeros escriben experiencias e información útil que puede servirle a otros viajeros. Allí pueden dejar preguntas para ser respondidas por otros miembros del foro.
  • Hay webs como viajeros.com o Caminos Secretos donde los viajeros comparten sus diarios de viaje.
  • Hay sitios como minube.com (de España) y explorarlo.com (de Argentina) donde los usuarios dejan breves reseñas y fotos sobre los rincones y atractivos (ciudades, playas, museos, restaurantes, festivales, etc) que visitaron en un viaje o en sus propias ciudades. Y otros como tripadvisor donde los usuarios dejan reseñas de hoteles, restaurantes y alquileres.

VI. A empacar…

mochilas desparramadas en Costa Rica (2008)

A muchos les agarra el estrés a la hora de empacar. Estos son mis consejos:

  • Empaca liviano: no hay peor que tener que cargar una mochila demasiado pesada, y no hay nada más liberador que llevar pocas pertenencias.
  • Empaca según el clima del lugar: si vas a clima tropical, no hace falta que lleves abrigo; si vas a un lugar frío, lo mejor es llevarse varias capas de ropa para vestirse tipo “cebolla”.
  • No lleves todo lo que crees que vas a necesitar, a veces es mejor comprarlo directamente en el país donde sea indispensable (por ejemplo, en Bolivia me compré un sweater adecuado para el clima del Altiplano, mucho más abrigado que cualquier sweater que haya podido llevarme de Argentina. Y lo pagué a precio local, baratísimo).
  • Empaca uno de cada cosa, pensando según la función y no solamente según la estética: un jogging, un short, un jean, un buzo, un traje de baño… Y si cuando llegás a destino sentís que te falta algo, pensá que en otros países la gente también se viste, así que ropa vas a conseguir seguro.
  • Llevá un pequeño botiquín para emergencias y un mini costurero por si se te rompe la mochila o se te descose la ropa.
  • Si te gusta leer, llevá un libro e intercambialo por otro cuando lo termines (muchos hostels y librerías realizan intercambios de libros).
  • Si no tenés que trabajar con una computadora, te recomiendo que ni lleves: hay cibercafés en todos lados y te ahorrás el peso y la preocupación de cargar con una laptop.
  • Llevá un candado para el cierre de la mochila (también es útil para los hostels donde hay lockers).
  • Tratá de no cargar papeles innecesarios, digitalizá todo y mandátelo por mail.
  • Cuando hayas terminado de empacar, carga la mochila un rato sobre los hombros: si ya te parece pesada, sacá cosas. Dicen por ahí que una vez que terminaste de empacar, saques todo y dejes la mitad en casa.

O hacé como yo, decretá que querés ser un viajero/a minimalista y no lleves más que una mochila de mano con todo. (Escuché casos “extremos” de viajeros que viajan solamente con lo puesto, ¡ni siquiera llevan mochila!).

Vale llevar amuletos :)

VII. …¡y a volar!

Y de repente, una mañana te vas a despertar y ya no vas a tener más días para tachar en el calendario. Un día, va a llegar El Día.

Y cuando llegue, respirá profundo y olvidate de todo lo que te dijeron del mundo: salí a conocerlo con tus propios ojos.

Y para responder a la pregunta de Carla: No, no es difícil viajar. Una vez que empezás, no vas a querer parar nunca.