Nueva York para armar

Puedo resumir mi semana en Nueva York en una sola sensación: dolor de pies. Cuando decidimos viajar a Japón (o trasladar la vida a Japón por un rato) y me puse a buscar pasajes encontré Buenos Aires – Tokio con escala en Nueva York y ni lo dudé: llamé a la aerolínea y pedí que nos extendieran la escala de unas horas a una semana. No nos cobraron extra y fue como ganarnos un viaje a Nueva York. La ciudad no estaba en nuestros planes así que sentí que esa semana era como un regalo y decidí tomármela de vacaciones. El año que pasé en Buenos Aires fue tan intenso (charlas, talleres, presentaciones, reuniones, proyectos, mini viajes, reencuentros, despedidas) que necesitaba desconectarme por unos días y solo dedicarme a caminar.

Iba a ser mi primera vez en NY

Iba a ser mi primera vez en NY

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Empecé a empacar mentalmente quince días antes de irnos. Elegir el equipaje para este viaje no fue fácil ¿mochila o carrito?—, elegir qué llevar adentro tampoco. Viajábamos sin fecha de vuelta, sin saber exactamente a qué países iríamos después de Japón ni a qué clima, con la única certeza de que queríamos viajar a ritmo lento y quedarnos varias semanas o meses en un solo lugar. Al final guardé un poco de ropa, un par de zapatillas, unas ojotas y el botiquín. Con la ropa no tengo tanto problema, llevé poca porque pienso comprar algo allá (el precio de la ropa en Buenos Aires está imposible), lo que más me costó reducir fue lo que llamo mi kit de exploración: cuadernos, lapiceras, cartucheras, journals. Mi obsesión por documentar mi vida en cuadernos se potenció estando en Buenos Aires. Antes llenaba una libreta en tres o cuatro meses, ahora tardo como mucho un mes y medio. Antes solo combinaba los viajes con la fotografía, ahora creo que también se pueden combinar con journals, stickers, acuarelas, lápices y marcadores. Y todo eso ocupa espacio y pesa, pero me lo llevé igual. No quería dejar esa parte de mí en casa. Si Dino tiene su valija de magia, yo también puedo tener la mía.

Parte de mi kit de exploración. Libreta Leuchtturm1917 (similar a las Moleskine pero un poquito más ancha) y cámara nueva (dejé la réflex, me pesaba demasiado).

Parte de mi kit de exploración. Libreta Leuchtturm1917 (similar a las Moleskine pero un poquito más ancha), cartuchera y cámara nueva (dejé la réflex, me pesaba demasiado, y me pasé a las Fujifilm).

Inauguré la que sería mi primera libreta de este viaje un mes antes de irnos. La fui usando en paralelo con otra, y en esta solo escribí cosas referidas a Nueva York y Japón. Empecé con una lista titulada “En Nueva York quiero:” y anoté los datos y lugares que me iban llamando la atención de charlas, investigaciones y lecturas. No sabía ni dónde íbamos a dormir, pero sabía a qué librerías y papelerías iba a ir sí o sí y por qué barrios tenía ganas de caminar. Unas horas antes de ir a Ezeiza terminé de armar la mochila. Al final siempre empaco bajo presión y tomo decisiones apuradas. Guardé, entre cuadernos y medias limpias, dos manzanas que nos habían quedado en la heladera. El avión salía a las 9 de la noche y ese martes me pasé el día entero con sueño. Saber que empezaban mis vacaciones me relajó. El avión tardó una hora en despegar porque el cinturón de seguridad del piloto no funcionaba y alguien se recorrió media bodega de Ezeiza buscando la pieza de reemplazo, que al parecer era muy específica. Al lado mío, un señor miraba la pantalla personal de entretenimiento con una lupa, unos asientos más allá una señora hablaba por teléfono y le decía te amo a alguien. “Si no quieren volar a Nueva York hoy, esta es su última oportunidad de desembarcar”, dijo el piloto por el altoparlante. No me bajo ni de casualidad. Intenté dormir pero no pude. Si bien el miedo a volar ya se me fue bastante, dormir sentada me cuesta cada vez más. Después de mucha turbulencia y de varios capítulos de The Big Bang Theory, llegamos a Nueva York a las 7 de la mañana del miércoles.

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En la fila de aduana se nos acercó un policía con un beagle. El perro olió nuestra mochila de mano y, en vez de pasar al siguiente en la fila, se quedó ahí parado.

—¿Tienen comida?

—Solo unos alfajores.

—¿Nada fresco?

Me quedé pensando, me costaba procesar con tan pocas horas de sueño encima.

—Ah, sí, una manzana.

—¿La declararon?

—No…

—Deberían haberla declarado.

Y con esa sentencia nos sacó de la fila y nos mandó a un sector aparte donde decía “control agrícola”, como si le hubiésemos dicho que estábamos cargando tres kilos de manzanas rellenas de cocaína. “¿Por qué no declararon esta manzana? No pueden entrar con comida fresca al país, saben que tendrían que pagar una multa de 300 dólares, ¿no?”, nos dijo el encargado de ese sector. Cómo revalorizar una manzana en tan solo un vuelo de avión. El viaje de la manzana. La manzana más cara de la historia. Nos hicieron pasar todo nuestro equipaje por un escáner y nos confiscaron la manzana. “Tienen suerte de que el perro la encontró”. Prohibido entrar con manzanas a la Gran Manzana. Salimos del aeropuerto y le dije a L: “Hay olor a Estados Unidos”. Hacía como nueve años que no venía y nunca estuve en el país en otra época que no sea verano, así que para mí este calor húmedo y este olor a orden son sinónimos de estar acá.

El puente de Brooklyn visto desde DUMBO.

El puente de Manhattan visto desde DUMBO.

Primeras imágenes de NY.

Primeras imágenes de NY.

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No sé si tenía imágenes previas de Nueva York en la cabeza. Lo que había visto en películas y series, quizá, pero suele pasarme que las ciudades tan retratadas por las pantallas me parecen solamente sets que no existen en la vida real. Fuimos hasta Brooklyn, donde nos quedaríamos toda la semana, en metro. Nuestra primera vista de la ciudad fue al salir de las escaleras de la estación: casas de ladrillo, calles ordenadas, parques y un montón de gente negra. Nueva York es una de las ciudades más multi étnicas del mundo y se nota en cualquier esquina. No pude con mi ansiedad: dejamos las cosas en la casa (nos quedamos en un Airbnb) y volvimos a tomar el metro, esta vez en dirección a Manhattan. La falta de sueño me mareaba y, mientras caminaba por calles que para mí solo existían en Sex and the City, el piso se me movía como si estuviese en un barco. Ese primer día pude sacar algunas pocas conclusiones:

el metro de Nueva York es un poco confuso,
la gente me parece muy amable,
todo viene en cantidad y variedad,
las calles de Manhattan son cortitas,
algunos rincones me hacen pensar en Londres,
se habla mucho español,
tengo miedo de que me pise un auto de tanto mirar para arriba,
los taxis efectivamente son amarillos,
ahí está el Empire State.

La placa en honor a John Lennon en el Central Park

La placa en honor a John Lennon en el Central Park

Detalles

Detalles

Mural

Mural

La ciudad vista desde el Highline

La ciudad vista desde el Highline

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A primera vista, Nueva York me pareció una ciudad reconocible y familiar. Sentí que era ella en todas partes, que no había un lugar en particular que fuese más Nueva York que otro. Su identidad es fuerte y homogénea en todos los barrios, aunque cada uno sea muy distinto. Los cinco días siguientes estuvieron como cosidos uno con otro: no hice otra cosa que caminar de un casillero del calendario al siguiente. Me cuesta diferenciar qué pasó el jueves, del viernes, del lunes. La frase que más me repitieron cuando dije que nos íbamos una semana a Nueva York fue: “Una semana no les va a alcanzar”. Es verdad, pero volví a comprobar que cuando uno viaja el tiempo se expande y en los días caben muchas más cosas. Es como si cada hora se extendiera hacia los costados y ocupara el triple de espacio. Una semana no alcanzó para ver “todo” (¿qué es todo? ¿los imperdibles que te marcan las guías de viaje? ¿Lo que en teoría hay que ver en un viaje a Nueva York? ¿Alcanza una vida para ver todo?) pero sí para ver lo que cada uno había ido a buscar.

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En mi mapa de emociones de Nueva York hay:
un hombre tocando el saxo en el Central Park,
una nena sacándose selfies con la estatua de Alicia en el País de las Maravillas,
una ardilla que nos miró desde uno de los jardines comunitarios del East Village,
una pareja china haciendo sus fotos de casamiento con el puente de Manhattan de fondo,
la placa de Imagine llena de gente,
insomnio en Brooklyn y gritos callejeros que entraban por la ventana,
L y yo cantándonos canciones de Rodrigo en el metro,
un carrito con los mejores tacos mexicanos,
los sellos de la tienda de Moleskine que estampé en mi cuaderno,
un brunch vegano en el East Village,
las galletitas de la fortuna triple X de Chinatown,
una deuda kármica de 10 dólares,
una caminata de domingo por el Highline,
Nueva York vista como desde un cuarto piso,
cuadros de Monet y Van Gogh en el MET,
peluches de Super Mario y museo de consolas en el Nintendo Store (soy fan),
el vértigo del teleférico a Roosevelt Island,
ver la estatua de la libertad desde un barco y pensar qué chiquita que es,
el calor y las esperas en las estaciones de metro,
las horas que pasé en librerías y papelerías de Manhattan.

Más de esto en escribir.me

Más de esto en escribir.me

Mi recorrido por Nueva York estuvo marcado por la ubicación de las papelerías y librerías en el mapa. Antes viajaba de museo a iglesia a ruinas a templo porque pensaba que eso era lo que tenía que ver en un viaje y que sino estaba perdiendo el tiempo, ahora viajo de papelería a librería a papelería porque es lo que quiero ver. Así que ese fue mi eje, el hilo invisible. Me la pasé yendo de una a otra y en el medio vi Manhattan. También aproveché para hacerme los anteojos porque hace unas semanas me cambió la graduación y cuando salí de la óptica con los vidrios nuevos me sentí como la primera vez que me puse lentes de contacto y me di cuenta de que antes no veía nada: PARÁ, las cosas tienen borde (!). Me había estado perdiendo 0,50 del mundo. Tuve que caminar despacio porque de golpe recibí una sobredosis de información visual (sumada a la que ya tiene la ciudad) y fue como ver Nueva York en HD. Ahora sí.

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La estatua de Alicia

La estatua de Alicia

Central Park

Central Park

La estatua de la libertad vista desde el ferry a Staten Island

La estatua de la libertad vista desde el ferry a Staten Island

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Jardines comunitarios del East Village

Jardines comunitarios del East Village

Durante esos días de caminatas meditativas, mi mente se fue por todos los rincones:

antes pensaba que NY era un secreto al que yo no tenía acceso,

me faltaba la contraseña para entrar,

*Haga click aquí si olvidó su contraseña*

ahora ya sé de qué hablan todos /

¿pero qué es viajar, en realidad?

quizá aceptar que no soy local y hacer lo mejor posible por conocer un lugar como si lo fuera, porque nunca me sentí menos local que acá, en el sentido de que sé que me estoy perdiendo un montón de cosas que ni sé que existen /

“No debo tener la sensación continua de que me estoy perdiendo de algo”, dice Hebe Uhart, como un mandamiento viajero moderno, “aunque a la vuelta la vecina me diga: lo que te perdiste, cómo no pudiste ir a tal lugar. No me perdí de nada. Vi y encontré lo que me sirve para escribir mi crónica” /

siento que los neoyorquinos disfrutan del espacio público, lo aprovechan, si bien no hacen todo en la calle como en Asia, lo usan como parte de su vida cotidiana, están en las veredas y en los parques,

la ciudad como patio de juegos compartido /

además de catadora de mares, me gustaría ser tester de ciudades /

¿qué empacar para un viaje así? Lo que se te dé la gana /

de a poco empiezo a entender el mapa,

tal vez en eso consista conocer una ciudad: empezar a entender algo /

como ciudad creo que la que más me impresionó hasta ahora fue Hong Kong, que es lo que pasa cuando los chinos construyen ciudades capitalistas /

NY de a ratos me parece híperconsumista, todo está preparado para que compres compres compres,

y a veces caigo en eso,

pero después camino por barrios como el East Village donde lo lindo es pasear y no entiendo cómo no hay tanta gente acá como en Times Square /

esto de tener tanto tiempo libre hace que a veces me aburra,

aunque al rato encuentro algo y se me pasa.

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En el teleférico

En el teleférico

Este es un negocio que me gustó mucho. Se llama "Story" y es casi un museo. Cada temporada eligen un tema y ambientan todo el negocio con eso. El tema de esta vez era "los 90".

Este es un negocio que me gustó mucho. Se llama “Story” y es casi un museo. Cada temporada eligen un tema y ambientan todo el negocio con eso. El tema de esta vez era “los 90”.

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Buena manera de pasar un domingo!

Buena manera de pasar un domingo en el Highline

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Además de ver librerías y papelerías, tenía el objetivo de cambiar la cámara (dejé la réflex, después de mucho pensarlo) y de conseguir algo más difícil que alojamiento barato: un pantalón que me gustara. Al final encontré uno en Uniqlo (una marca japonesa, viva Japón) y cuando lo fui a pagar me ofrecieron el servicio gratuito de tailor (modista) por si necesitaba hacerle alguna costura. Dije que no y al día siguiente volví y dije que sí porque me quedaba un poco largo. Menos de 12 horas después estaba listo, custom-made solo para mí. Como ese pantalón, Nueva York me pareció una ciudad que cualquiera puede hacer a su medida y adaptar a sus gustos: hay algo para todos, como si tuviera la capacidad de mutar y de mostrarse distinta —sin dejar de ser ella— a cada persona que la mira. Tailor-made New York. Si vas en busca de espectáculos, compras, bares en terrazas, los encontrás. Si vas en busca de edificios icónicos, sets de películas, recorridos temáticos, parques, los encontrás. Si vas en busca de librerías y papelerías, las encontrás. Y también podés ir sin buscar nada y seguro que la ciudad te va a dar algo que ni sabías que estabas buscando.

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En el metro

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Los fans de Super Mario no se pierdan el Nintendo Store

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Música en el metro

Manhattan a lo lejos

Manhattan a lo lejos

El día antes de volar a Japón soñé con Tokio. Veía la ciudad por primera vez desde un colectivo que iba por una autopista y quedaba deslumbrada por los edificios. Las luces de las casas eran verdes y se notaba que los departamentos eran muy angostos. En el asiento de al lado tenía sentada a una china que me hacía acordar a una de mis amigas chinas. Me mostraba un cupcake con dulce de leche, me decía que le había costado 15 dólares y me daba para probar, yo le daba un mordisco y ella extendía la mano y me decía “4 dollars”. Llegábamos al hostel y para ir al dormitorio compartido teníamos que bajar unas escaleras amarillas por unas puertas horizontales, abiertas sobre la vereda —como las de NY—. Por falta de espacio, los hostels estaban construidos en sótanos y las camas cuchetas tenían como cinco pisos. Supongo que algo así me imagino de Tokio y les confieso que me asusta un poco.

El miércoles siguiente, después de seis días de caminata y con dolor de pies de souvenir, nos subimos a un avión japonés y nos trasladamos al futuro cercano.

[box type=”info” border=”full”]Si querés info útil de Nueva York, te recomiendo leer mi post de Datos y consejos para viajar a Nueva York. Y si sos fan de las librerías y papelerías como yo, tal vez este post te interese: “La ruta de las papelerías en Nueva York”.[/box]

Datos y consejos para viajar a Nueva York

[box type=”star” border=”full”]Este post está basado en mi viaje de una semana por Nueva York, en septiembre de 2016. Esta no es un guía exhaustiva (para eso hay otras), sino una recopilación de información y consejos que tal vez te sirvan para armar tu viaje.[/box]

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Nueva York está dividida en cinco boroughs , cada uno considerado una ciudad en sí mismo: Manhattan, Brooklyn, Queens, The Bronx y Staten Island. Las atracciones más conocidas están en la isla de Manhattan, así que seguramente querrás pasar la mayor parte del tiempo ahí. Brooklyn también se está convirtiendo en un destino en sí mismo.

Nosotros no teníamos planeado viajar a Nueva York, la opción surgió cuando buscamos pasajes de Buenos Aires a Tokio y encontramos uno a muy buen precio (850 usd) con escala de unas horas en Nueva York. Llamé a la aerolínea para ver si nos podían extender esa escala a una semana, nos dijeron que sí y no nos cobraron extra, así que fue casi de yapa. El buscador de vuelos que usé (y el que uso casi siempre) fue Momondo.

Nosotros decidimos quedarnos una semana, pero si se van solamente a Nueva York, les recomiendo que aprovechen y se queden un poco más.

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Esquina de Manhattan

Gastos diarios:

* Alojamiento

Dormir en Nueva York es caro, sobre todo en Manhattan. Me habían dicho que íbamos a gastar como mínimo 100 dólares la noche y casi me da un infarto. No desesperar, hay otras opciones además de hoteles y hostels.

– Airbnb. Una de las opciones más económicas es quedarse en Brooklyn usando Airbnb, un sistema que te permite alquilar una habitación o departamento de manera temporaria en casas de gente local. Es algo así como el punto medio entre Couchsurfing y un hotel: te permite alojarte con la gente del lugar pero tenés más comodidades (toalla, wifi, shampú, uso de la cocina, llave propia), privacidad, más independencia (manejás tus tiempos) y podés quedarte el tiempo que vos quieras (siempre y cuando haya disponibilidad). Nosotros terminamos optando por eso y pagamos 32 dólares por noche cada uno por una habitación privada con acceso a toda la casa. Me sigue pareciendo caro en comparación a lo que suelo gastar por alojamiento pero fue lo mejor que encontramos. Hay muchas opciones pero todo se llena enseguida, así que no lo dejes para último momento (nosotros reservamos con un mes de anticipación). Si te registrás a través de este enlace tendrás un descuento en tu primera reserva.

– Couchsurfing. Siempre podés contar con Couchsurfing, aunque no sé qué tan fácil será conseguir un sofá en Nueva York. En mi experiencia, las grandes ciudades (como Londres y Hong Kong, por ejemplo) son las más difíciles para hacer Couch, pero vale la pena intentarlo.

– Hostels y hoteles. Nueva York tiene cientos de hoteles y hostels donde quedarte. Según me dijeron, los más baratos empiezan en 100 usd la noche. Si tienen alguno para recomendar, pueden hacerlo en los comentarios.

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* Transporte

– Metro y buses. Nosotros nos movimos a todas partes en metro. Si vas a estar una semana y te estás quedando afuera de Manhattan, te recomiendo que saques el pase ilimitado de metro de 7 días (o de más días, si te quedás más tiempo). Cuesta 30 dólares (más la tarjeta que cuesta un dólar) y se amortiza rápido, ya que sin el pase cada viaje cuesta 2,75 usd. Yo me armaba todos los recorridos con Google Maps o con la app New York Subway – MTA map and route planner. También podés usar el mapa impreso del metro pero hay tantas líneas que puede ser confuso.

Atención:

  • los fines de semana algunas líneas cambian su recorrido
  • hay trenes expresos que no paran en todas las estaciones
  • es muy probable que hagas mal alguna combinación o que te subas al tren que va para el otro lado
  • a veces las esperas son largas (hay líneas que tienen frecuencias de 10 minutos)
  • en algunas estaciones hay wifi y no suele haber señal de 3G, así que te recomiendo que te armes el recorrido de antemano y le saques una captura de pantalla con el teléfono

– Uber Pool. Uber tiene un sistema llamado “Uber Pool” que te permite compartir tu viaje con otros pasajeros y pagar menos que si fueras en un Uber normal. Nosotros hicimos eso para ir al aeropuerto y gastamos unos dólares más de lo que hubiésemos gastado yendo en metro y en AirTrain (el metro que va al JFK). Valió la pena porque llegamos en la mitad de tiempo y pagamos casi lo mismo.

– Caminar. En Manhattan todo queda cerca y vale la pena caminar, sobre todo si el clima es bueno. Llevate unas zapatillas cómodas y agua (podés tomar de la canilla e ir rellenando una botella). Nosotros viajamos a fines del verano y todavía hacía mucho calor (30 grados) así que teníamos que mantenernos hidratados. Supongo que el panorama cambia mucho en invierno, cuando anochece muy temprano y hace mucho frío.

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* Comida

Se puede comer por menos de 10 dólares en lugares como Pret a manger y similares (locales de comida rápida y sana) o en los carritos callejeros. Si te quedás en un lugar con cocina, podés comprar comida en el super y prepararte algo. Los supermercados también tienen bastante oferta de comida preparada. Calculá que si almorzás y cenás afuera, vas a gastar como mínimo 20/25 dólares diarios en comida (comiendo en locales de comida rápida). Para abaratar costos podés comprar en el supermercado y desayunar y cenar en tu casa. También podés ahorrar si te guardás una botella y la llenás de agua de la canilla (se puede tomar) o si pedís tap water en los lugares donde vayas a comer.

Siempre te salva

Siempre te salva

 

Entretenimiento:

Nueva York es famosa por sus musicales y obras de teatro para todos los gustos y edades. En la avenida Broadway y las manzanas que la rodean hay más de 40 teatros en los que se presentan obras, musicales y óperas a lo largo de todo el año. Ahí podés ver desde “El Rey León”, de Disney, hasta un clásico que se presenta hace décadas y no pasa de moda: “El Fantasma de la Ópera”.

Muchas figuras del cine y del mundo del espectáculo actuaron en Broadway —incluso antes que en Hollywood—: Glenn Close, Groucho Marx, Audrey Hepburn, Orson Wells, Woody Allen, David Copperfield, Antonio Banderas y Barbara Streissand, entre otros. Junto con la Quinta Avenida, Broadway es la calle más famosa de la ciudad, por lo que te recomiendo reservarte tiempo para hacer una visita y ver el espectáculo que más te guste. Para evitar las filas o quedarte sin lugar, podés comprar las entradas por adelantado desde tu casa para el día que quieras. Te recomiendo hacerlo a través de Hellotickets, que tiene la información en español, los precios en pesos y la posibilidad de pago en cuotas. Podés encontrar toda la info acá.

En Nueva York sobran las cosas para hacer, y lo más probable es que no te alcance el tiempo para ver y hacer todo lo que quisieras (es una buena excusa para volver).

 

Tips varios:

– Internet: wifi y/o tarjeta SIM. Hay wifi disponible en varios puntos de la ciudad, como algunas estaciones de subte, negocios de ropa y lugares donde comer. Es posible arreglarse solo con wifis ocasionales, pero si preferís tener internet en el teléfono, T-Mobile vende una tarjeta SIM para turistas que dura tres semanas y cuesta 30 dólares. Te dan un número, minutos gratuitos y 2GB de datos. Si te quedás menos días, compará cuánto te costaría el roaming y fijate si te conviene (Movistar Argentina cobra 7 dólares por día de roaming ilimitado, por ejemplo).

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Visa. Los argentinos necesitamos Visa para entrar a Estados Unidos (otros países pueden chequear si la necesitán en esta web). La mía se vencía un mes después de este viaje pero no me hicieron ningún problema para entrar ya que, según leí en la web del gobierno de EEUU, podés entrar con la visa vigente hasta el último día (incluso se te puede vencer estando en el país). Si tenés pasaporte europeo y no tenés visa de EEUU vigente en otro pasaporte, podés aplicar a la Visa ESTA. El trámite se hace por internet, cuesta 15 dólares y si te la aprueban la tenés en tu mail en pocos días. Hacela directamente a través del enlace oficial, ya que hay agencias que te cobran 80 dólares por hacer el mismo trámite. En Migraciones de EEUU te harán pasar por una fila prioritaria.

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– El idioma. Si bien siempre es útil saber inglés, mucha gente habla español en Nueva York.

– Compras. Nueva York es la ciudad del shopping así que probablemente encuentres lo que quieras comprar. Una buena marca de ropa barata es H&M. Uniqlo no es tan barata pero es de muy buena calidad. Para electrónica: B&H. Y si buscás una óptica rápida y de buen precio (nunca se sabe), te recomiendo las que están en Chinatown (pagué 70 dólares por cambiar los vidrios de mis anteojos, mientras que en una óptica sobre la calle Broadway quisieron cobrarme 200).

Monet en el MET

Monet en el MET

– TAX: recordá que los precios que veas escritos en NY no tienen incluido el tax (un impuesto de casi el 9%), así que siempre terminás gastando un poco más.

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Como creo que cada viaje es personal y cada cual va a buscar algo distinto, no tengo una lista de lugares que me parezcan imprescindibles para que conozcas en Nueva York. Mi consejo es que investigues lo que te interesa ver y te armes tu propio mapa en base a eso.

Cosas que hice y lugares que me gustaron:

– Paseé por el Central Park, vi la placa de Imagine, la estatua de Alicia en el País de las Maravillas y algunos lagos.

– Caminé el Highline (un parque elevado, construido sobre unas antiguas vías de tren) de punta a punta y me encantó ver Nueva York desde esa altura.

– Fui al Chelsea Market un domingo. Es caro pero lindo para mirar lo que hay. El edificio era una antigua fábrica de galletitas.

– Fui a ver el puente de Brooklyn y Manhattan desde DUMBO, en Brooklyn.

– Crucé el puente de Brooklyn caminando (en dirección a Manhattan). Tardé una media hora. Me dijeron que lo mejor es cruzarlo al atardecer.

– Tomé el ferry a Staten Island para ver la Estatua de la Libertad desde el agua. El viaje dura 25 minutos y es gratis. Mucha gente me recomendó NO hacer el tour a la Estatua porque lleva todo el día y no vale la pena.

– Subí al teleférico que va a Roosevelt Island para tener una vista de East Manhattan desde el aire. No es gratis pero lo podés pagar con la tarjeta del metro.

– Caminé por el East Village, una de las zonas que más me gustó, y entré a algunos de sus jardines comunitarios, creados y mantenidos por la gente del barrio.

– Entré a los negocios de Chinatown y me sentí en Asia por un ratito.

– Fui al MET, vi los cuadros impresionistas y subí a la terraza para tener una buena vista del Central Park. La entrada es a voluntad.

– Pasé por Times Square, vi los carteles luminosos y no volví más. Me pareció demasiado abarrotado de cosas y de gente.

– Caminé por el Soho y compré algo de ropa en esa zona.

– Me senté a leer en varias librerías (como Strands Bookstore, Barnes & Nobles, Posman Books y McNally Jackson) e hice mi ruta de las papelerías (te la cuento en escribir.me)

Caminé mucho por Manhattan, desde el sur de la isla hasta la altura del MET. Es fácil ubicarse porque las calles y las avenidas tienen números correlativos.

– Miré y fotografié el Empire State Building (y me quedé con ganas de subir a ver la vista de la ciudad).

TIP: Si te interesa sacar entradas para subir al Empire State sin tener que hacer filas (o incluso ver el amanecer desde arriba), podés hacerlo a través de Musement. También podés contratar tours en ferry a la Estatua de la Libertad o hacer un crucero nocturno por la ciudad.

Dentro del Chelsea Market

Dentro del Chelsea Market

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Central Park

Central Park

Más info:

Hay muchísima información de Nueva York disponible en internet. Pueden empezar por:

Cualquier consulta o recomendación en los comentarios. ¡Buen viaje!


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