“I have seldom heard a train go by and not wished I was on it.”
Paul Theroux

Foto: Renfe-SNCF

Cuando el tren sale de la estación Barcelona Sants todavía es de noche. No me hace falta mirar el reloj: sé que son las 7:20 AM en punto. Los trenes europeos —al igual que los japoneses— arrancan en el minuto exacto. Me acomodo en el asiento y miro por la ventana como quien llega al cine temprano: con ganas de que empiece la película. Por el altoparlante nos dan la bienvenida y nos desean buen viaje en español. En unos kilómetros la misma voz pasará al francés con una facilidad que envidio. Estos trenes internacionales son como las radios de frontera en los que los idiomas vecinos se encuentran, se superponen y se separan. Mientras el tren aumenta la velocidad, Barcelona queda atrás, se va haciendo chiquita y se convierte en un punto en el mapa, en la estación inicial de este “viaje en metro” de un país a otro.

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