Cuando me despierto de la siesta es de noche. Veo el techo cerca de mi nariz, como si mi cama estuviese levitando, y por unos segundos no me acuerdo dónde estoy. Vuelvo a ser consciente del movimiento y de los sonidos y me doy cuenta de que las dos señoras rusas no pararon de hablar desde que me dormí, fueron la voz en off de mi siesta. Me gusta escucharlas sin entender. El ruso me suena, de ratos, parecido al portugués en su manera suave de pronunciar las cosas. A veces capto alguna de las palabras que dicen, como Estambul, Anna Frank, baguette, frenchis y algo que suena como hokus pokus. El resto del tiempo es como escuchar una canción que no conozco pero que por algún motivo me reconforta. Read More