Este es Emir Kusturica, "el más latinoamericano de los directores europeos"

Este es Emir Kusturica, “el más latinoamericano de los directores europeos”

Y este es el Šargan Eight, un tren histórico a vapor

Y este es el Šargan Eight, un tren histórico a vapor

Ya sé que pretender encontrar a Kusturica (el director de cine serbio) solo porque estábamos en Serbia era una idea ridícula. Es como cuando fuimos a Islandia y pensamos en encontrar a Björk. Incluso le mandamos un tweet invitándola a comer un pancho (hot dog) con nosotras en Reykjavik, pedido al que, por supuesto, ella jamás respondió. Nos debe haber agregado a su lista de freak stalkers – block now. Nosotras preferimos creer que nunca vio nuestro mensaje. Y si seguimos con este razonamiento delirante, podríamos ir a Colombia a buscar a Shakira, o a Hawaii a interceptar a Murakami alguna mañana que salga a correr por la playa. En fin, nosotras solo queríamos saludar al director de cine, aprovechando que estábamos por la zona.

Fotograma de "Underground", una de sus películas más conocidas

Fotograma de “Underground”, una de sus películas más conocidas

Conocí las películas de Kusturica hace unos seis años, cuando un amigo me pasó Underground (1995) y Black Cat, White Cat (1998) y me hizo escuchar su música. La región de los Balcanes siempre me fascinó, así que no fue difícil que esos ritmos acelerados se me pegaran. En esa época me convertí en habitué de las Fiestas Bubamara, encuentros que se hacían —creo que aún se hacen— no sé cuántas veces al mes en distintos boliches de Buenos Aires y en los que solo se pasaba música balcánica. Si fuese una chica que sueña con una gran boda, en mi fiesta solo habría música de ese estilo.

No soy una gran conocedora de la obra de Kusturica, pero creo que a ningún artista se lo puede aislar de su contexto: es decir, para entender el trabajo de una persona hay que saber quién es, dónde y en qué época nació, en qué cree, qué busca, qué temas le interesan. Emir Kusturica nació en 1954 en Sarajevo, la capital de Bosnia y Herzegovina, país que en aquel momento formaba parte de la República Federativa Socialista de Yugoslavia junto con Eslovenia, Croacia, Serbia, Macedonia y Montenegro. Si bien nació bosnio y musulmán, Kusturica se declaró serbio y se convirtió al cristianismo ortodoxo en 2005. Él se define como yugoslavo y sus films suelen tener un punto de vista pro-yugoslavo que muchas veces generan polémica.

Filmando "Maradona by Kusturica"

Filmando “Maradona by Kusturica”

Dirigió su primera película con 27 años, en 1981 (Do you remember Dolly Bell?), y ganó el León de Plata en el Festival de Cine de Venecia. Con su segundo film (When father was away on business, 1985) ganó la Palma de Oro en Cannes y cinco premios Yugoslav. En 1995 ganó otra Palma de Oro por su comedia negra Underground, película épica que muestra la historia de Yugoslavia desde principios de la Segunda Guerra Mundial hasta el inicio de las Guerras Yugoslavas (1991). Underground tuvo mucho éxito internacional, pero también generó controversia. Después de recibir críticas agresivas de varios intelectuales franceses, Kusturica anunció, con 41 años, que se retiraba del cine. No mucho después, sin embargo, cambió de idea y volvió con la película Black Cat, White Cat, una obra de ficción que había nacido como un documental de música gitana y terminó siendo una comedia romántica. Kusturica, además de director, es músico (forma parte de la banda Emir Kusturica & the No Smoking Orchestra), escritor (publicó su autobiografía) y constructor. Esto último fue lo que más me llamó la atención.

Drvengrad

Drvengrad

En el sudoeste de Serbia, a doscientos kilómetros de Belgrado, está Drvengrad (también conocida como Küstendorf y Mećavnik), una aldea tradicional construida por Kusturica para su film Life is a miracle (2004). Supe de su existencia antes de viajar y la agregué enseguida a nuestro itinerario. Después me enteré de que Kusturica vive ahí y de que no era difícil encontrárselo: dos personas en dos situaciones distintas me contaron que lo habían visto mientras visitaban la aldea. Quizá encontrar a Kusturica no era una idea tan loca. Decidimos ir a Mokra Gora, la región montañosa donde está Drvengrad, con varios desafíos: conocer la aldea, encontrar a Kusturica, subirnos al Šargan Eight —un tren a vapor que va por las montañas— y experimentar la hospitalidad de las zonas rurales serbias.

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La región montañosa de Mokra Gora

La región montañosa de Mokra Gora

Tomamos el tren de las nueve de la mañana de Belgrado a Uzice e hicimos dedo a Mokra Gora. Nos levantó un chico rumano que iba a Bosnia y nos ofreció de seguir camino con él, pero nosotras teníamos un destino final. Escuchamos Led Zeppelin, comimos los sandwiches que le había preparado la mamá y nos despedimos a pocos metros de Drvengrad, a donde subimos caminando. Kusturica hizo algo parecido a lo que yo sueño, aunque a mucha mayor escala: construyó un pueblo —a mí me bastaría con construir una casa que oficie de centro cultural viajero— y nombró las calles, las plazas y todas las instalaciones en honor a artistas que admira. La librería Ivo Andrić (escritor yugoslavo ganador del Premio Nobel de Literatura), el cine Stanley Kubric, la plaza Diego Armando Maradona, las calles Nikola Tesla, Ernesto Che Guevara, Federico Fellini e Ingmar Bergman, entre otras. Además de vivir ahí, Kusturica organiza seminarios de cine y arte y el Festival Küstedorf de Cine y Música, y la aldea en sí funciona como hotel.

La entrada a la aldea

La entrada a la aldea

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Nos sentamos a tomar un café turco en una terraza con vista a las montañas y nos acercamos a uno de los mozos para charlar. Con la risa que se nos escapaba, le hicimos una pregunta que sonaba aún más ridícula en voz alta, pero teníamos que intentarlo:

—¿Está Kusturica?

Se rió. Supongo que no éramos las primeras.

—No, chicas, está filmando en Bosnia.

En ese momento pensamos en el rumano que nos había levantado a dedo y que había seguido hasta Bosnia. De haber sabido… Nos pusimos serias y nos imaginamos la situación: suponiendo que llegábamos a la ciudad de Bosnia donde estaba filmando, ¿qué hacíamos? No daba caerle en el set al pobre tipo mientras estaba trabajando. Ese día ya era muy tarde para salir, además era fin de semana, ¿trabajaría los domingos? ¿Y si nos veían entrar al set y llamaban a la policía? Nos fuimos a dormir y decidimos consultarlo con la almohada. Como esa iba a ser la primera noche en la que podríamos dormir más de ocho horas, no pusimos el despertador.

Detalle de una lámpara en el restaurante donde preguntamos por Kusturica

Detalle de una lámpara en el restaurante donde preguntamos por Kusturica

A las diez y media de la mañana me desperté. Miré los horarios del Šargan Eight, el tren a vapor que pasa cerca de Drvengrad, y vi que el próximo salía en una hora. Si queríamos hacer el tren más la búsqueda de Kusturica tendríamos que apurarnos, aunque sabíamos que estábamos medio jugadas con el tiempo. Entre que nos desperezamos, juntamos nuestras cosas y bajamos a la ruta se hicieron las once y algo, y todavía estábamos a unos dos kilómetros. Caminando no llegábamos, así que hicimos dedo y en menos de dos minutos nos levantó un serbio y nos dejó al pie de la estación (viajamos bastante a dedo, ya contaré en otro post). Subimos corriendo, llegamos a la boletería y le pedimos dos tickets a la señora, que nos miró con poca simpatía y nos dijo: “No”, cerró la ventanilla y dio vuelta la cara.

Cuando llegamos a la estación nos encontramos con esta escena: locomotora lista para partir

Cuando llegamos a la estación nos encontramos con esta escena: locomotora lista para partir

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El Šargan Eight es un tren histórico, de trocha angosta (760 mm) y locomotora a vapor, que va de la aldea de Mokra Gora hasta la estación Šargan Vitasi. Se llama Šargan Eight porque, visto de arriba, sus vías forman un ocho; fue un desafío construirlo porque ambas estaciones tienen una diferencia de altura de 300 metros.  Los primeros nueve kilómetros de vías fueron tendidos por la monarquía Austro-Húngara en 1916, pero el proyecto se terminó recién después de la Segunda Guerra Mundial. Entre tres y cinco mil personas participaron en la construcción de 15 000 metros de vías, 22 túneles y más de 20 puentes y viaductos y, en 1925, el primer tren con locomotora a vapor hizo su ascenso por la montaña Šargan y estableció una conexión directa entre Belgrado, Sarajevo y Dubrovnik.

Acá pueden ver el recorrido del tren

Acá pueden ver el recorrido del tren

“Poco después del establecimiento del tren en 1925, intereses económicos y productos de Serbia, Bosnia y regiones costeras abrieron la perspectiva de desarrollo y de una mejor vida para el recién formado estado de Serbios, Croatas y Eslovenos. El tren y sus vías se convirtieron en miembros de la familia. Le daba seguridad a las aldeas más pobres y ayudaba a que la gente no tuviera que irse de sus casas. (…) Con el tiempo, el tren se convirtió en “la madre que ganaba el pan”. (…) Todo estaba ligado al tren. Muchos habían nacido en el tren, otros se enamoraban en el tren y recibían propuestas de matrimonio ahí. Todos tenían un secreto que solo el tren conocía. (…) El tren era un miembro invisible de cada familia y se contaba en él como en un pariente exitoso para recibir ayuda en caso de necesitarla”.

– Fragmentos de carteles puestos en la estación del Šargan Eight

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Durante sus 49 años de funcionamiento, pasaron hasta 38 trenes por día por la estación de Mokra Gora y más de 500 personas trabajaron de ferroviarios. Luego, en nombre del progreso, como pasó en muchos lugares del mundo, la locomotora a vapor fue obligada a jubilarse. En febrero de 1974, Yugoslavia no encontró razones para seguir manteniendo un tren que “no daba ganancias” y lo cerró. “Cuánto esfuerzo humano, problemas y vidas fueron necesarias, sin mencionar el dinero, para construir esta linea, y otras en otros lugares, y luego, otra vez por manos humanas, todo fue destruido y tirado a la basura porque inventamos algo mejor…”, leí en otro de los carteles. Tras el cierre, las mujeres se vistieron de luto por la pérdida, las aldeas de la región empezaron a vaciarse y las más de 200 estaciones quedaron abandonadas. La vegetación creció y escondió la entrada de los túneles. Todo quedó en silencio.

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En 1999, después de la insistencia e iniciativas de la gente de Mokra Gora y de grupos de amantes de los trenes, el director general de la compañía ferroviaria Beograd aceptó reconstruir el tramo Mokra Gora – Vitasi y reactivar el tren para fines turísticos. Con el apoyo del Ministerio de Turismo de Serbia, de Serbian Railways y de Emir Kusturica, entre otros, el Šargan Eight volvió a funcionar en el 2003.

Entonces, estar ahí, al pie de un tren con tanta historia, y no poder subirnos porque la mujer nos había dicho que no y había dado vuelta la cara sin más explicaciones fue algo que no quisimos aceptar. El desafío Kusturica se había convertido en el Desafío Subirnos al Tren a Vapor. La locomotora estaba ahí, tirando humo y lista para arrancar, y si bien los dos vagones tenían gente, no se los veía repletos, así que no entendíamos muy bien qué pasaba. El siguiente tren saldría en varias horas y, si queríamos ir hasta Bosnia a buscar a Kusturica, no podíamos quedarnos a esperarlo (esto es lo malo de viajar con los días contados).

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Nos acercamos a uno de los guardias del tren y le preguntamos si podíamos subir. Nos dijo que no, que el tren estaba full. Le preguntamos si podíamos ir paradas, dijo que no y miró para otro lado. No había chances. Nos acercamos al otro guardia del tren y le dijimos la verdad: que estábamos escribiendo acerca del viaje por Serbia y que esa era nuestra única oportunidad de subirnos al tren histórico, que por favor nos dejara. Nos miró y dijo: “Talk to the chief” (Hablen con el jefe), y señaló al otro guardia. Nos desilusionamos. No había chances. Nos acercamos al guardia número uno y le preguntamos si él era el chief, a lo que dijo que no, que el chief era aquel de allá, y señaló a otro serbio. Nos acercamos al serbio número tres y le dijimos lo mismo, que éramos escritoras y queríamos subirnos a ese tren. Se dio una conversación así:

—Chicas, ¿pero ustedes saben que este es un tren especial?

Nosotras, pensando que se refería al Šargan Eight en general, como tren histórico, le dijimos:

Of course! Por eso queremos subirnos. Vinimos hasta acá solo para viajar en este tren.

Mientras tanto, la locomotora seguía echando vapor y se la veía con ganas de arrancar.

—Este tren fue reservado por un grupo de griegos, este es un viaje privado, no pueden subir acá a menos que el chief de los griegos les dé permiso, pero tendrían que preguntarle a él…

Nos envalentonamos.

—¿Dónde está el chief de los griegos? Queremos hablar con él.

Se bajó un griego petiso y risueño para ver qué pasaba. Era el jefe del grupo. El otro le dijo algo en voz baja y el griego se nos acercó. Lo primero que nos preguntó fue de dónde éramos.

—Oh Argentina! I love Argentina! I went to Buenos Aires! Please, please, come with us, you are our guests.

El tren por dentro

El tren por dentro

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No hizo falta explicarle nada, él nos invitó. Y así, gracias a que el griego estaba de buen humor y le cayó bien nuestra nacionalidad, nos subimos al tren con ellos. Fuimos recibidas por la mirada de odio de veinte griegas que no entendían que hacían esas dos en su tren privado. Al principio nos sentimos un poco intimidadas, así que nos quedamos paradas al lado de una ventana, tratando de no molestar. A los dos minutos el tren arrancó y la atención se desvió al paisaje. Nosotras íbamos muy cerca de la locomotora, así que tuvimos buena vista y nos llenamos varias veces de carbón (me quedó carbón hasta en el pasaporte).

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Pasamos por varios túneles

Pasamos por varios túneles

Y vimos, literalmente, la luz al final del túnel

Y vimos, literalmente, la luz al final del túnel

Los griegos iban felices, hablaban todos a la vez y sacaban fotos. Pocas veces vi un grupo tan hiperquinético. Recién cuando estábamos a mitad de camino nos enteramos de que ese no era el Šargan Eight turístico, sino un Šargan Eight edición especial con locomotora a vapor que solo se usaba en ocasiones especiales para gente que lo reservaba con anticipación. Los cincuenta griegos con los que viajábamos eran de un club de amigos de los trenes de Atenas y habían viajado a Serbia y Bulgaria solo para hacer viajes en trenes a vapor antiguos. Si hubiésemos sabido no sé si nos hubiésemos animado a hacer trenestop con tanto descaro. Pero las cosas se dieron así y ya estábamos arriba.

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Pasamos por varias estaciones abandonadas

Pasamos por varias estaciones abandonadas

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Este es el Sargan Eight "normal" (lo vimos después cuando volvimos a la estación inicial)

Este es el Sargan Eight “normal” (lo vimos después cuando volvimos a la estación inicial)

El recorrido duró varias horas, más de lo que dura el viaje turístico, ya que los griegos no solo habían alquilado el tren sino que habían acordado hacer varias paradas en las montañas para sacar fotos y filmar. Me gusta ver grupos de gente unida por una misma pasión. Estuvimos charlando la mayor parte del viaje con un inglés que vivía en Atenas y con un griego que hablaba cinco idiomas —quizá más—, pasamos por túneles, nos sacamos fotos con el guardia número uno (que aflojó y resultó tener muy buena onda, aunque no hablaba inglés), disfrutamos el paseo por las montañas y hasta vimos Drvengrad de lejos. Se nos hizo tarde así que desistimos de la idea ridícula de ir a stalkear a Kusturica al set de filmación, pero quedamos más que contentas con los resultados del día. A veces uno se va de viaje con cierto objetivo y, al final, en el camino aparecen otras cosas. Y suelen ser oportunidades que no hay que dejar pasar. Además, suponiendo que llegábamos a Bosnia y entrábamos victoriosas al set, ¿qué hacíamos? Habíamos estado paradas frente a un tren con mucha historia, y verlo a Kusturica iba a ser como estar paradas frente a un hombre con mucha historia. No tengo idea de qué le hubiésemos dicho. Quizá algo como… hola, ¿te hacen falta extras?

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Info útil para Mokra Gora, Drvengrad y el Šargan Eight:

– Cómo llegar: se puede ir en tren o bus desde Belgrado a Uzice (en tren son cuatro horas, en bus son menos pero es un poco más caro). De Uzice hay que tomar un bus a Mokra Gora. Nosotras fuimos a dedo (nos levantaron en menos de cinco minutos). Pueden ver los horarios de trenes acá y los horarios de buses acá.

Alojamiento: se puede dormir en Drvengrad aunque no es barato (unos €75 para dos personas). Nosotras dormimos en unas cabañas afuera de Drvengrad por €10 entre las dos. Limpias, con baño privado y wifi.

– Drvengrad (o Mecavnik o Kustendorf) es el pueblo construido por Kusturica. Está a menos de dos kilómetros de Mokra Gora. Hay que pagar 2 euros de entrada. Adentro hay un hotel, un spa, sala de cine, librería, peluquería, farmacia y restaurantes. Hay un buffet donde se come muy bien por 600 dinares (4 euros). Web: mecavnik.info

– El Sargan Eight sale todos los días y cuesta 600 dinares (4 euros). Pueden consultar los horarios acá.

– Y unas cositas más acerca de Kusturica: desde fines de 2013 está filmando un documental sobre la vida de Pepe Mujica, ex presidente uruguayo, a quien considera “el último héroe de la política”. Además dirigió el videoclip de “Raining in Paradize”, de Manu Chao, y en el 2005 recibió el Premio Europeo de Arquitectura Phillipe Rotthier por su proyecto de ciudadela étnica, Drvengrad. El premio se da cada tres años por la Fondation pour l’architecture de Bruselas y es una de las más distinciones europeas más prestigiosas en el campo de la arquitectura.

Este post forma parte de la serie Desafío Serbia Croacia, un viaje en conjunto con Lau de Los Viajes de Nena. Nos fuimos tres semanas a Serbia y Croacia con diez desafíos por cumplir, y los estamos relatando en nuestros blogs, yo los impares y ella los pares. Quedan solo dos más cada una, en mi caso: “explorar lugares abandonados” y “hacer un tour gastronómico”. Pueden leer el Desafío #4: no dejar pasar el tren en el blog de Lau. Agradecemos el apoyo de Eurail en este viaje de desafíos.