Fotorrelato:
33 momentos de nuestro viaje por Serbia y Croacia

[box type=”star”]En este fotorrelato, comparto 33 fotos alternativas de nuestro viaje por Serbia y Croacia. Lugares, detalles y momentos que quedaron afuera de los posts de Desafíos y que tenía ganas de mostrarles. [/box]

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-1

1. En caso de rabia, rompa aquí

¿Qué hacer con todos esos objetos y recuerdos que nos quedan de nuestras ex parejas? ¿Tirarlos por la ventana, revolearlos contra la pared, enterrarlos en el placard? En Zagreb, la capital de Croacia, decidieron ponerlos en un museo: el Museo de las Relaciones Rotas. Toda historia de amor, aunque haya terminado mal, sirve de bálsamo para otros, para darnos cuenta de que no somos los únicos que vivimos y sufrimos estas cosas. Y estos lápices para la bronca me parecieron un gran souvenir.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-4

2. Mensajes en botellas

Vi estas botellas después de ir al Museo de las Relaciones Rotas y me pareció que seguían el mismo hilo conductor. “I release and forgive”: “Dejo ir y perdono”. Cuesta pero hay que hacerlo.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-6

3. Así vale la pena

Me gusta mucho visitar cementerios en otras partes del mundo ya que me interesa ver cómo cada cultura trata a sus muertos. En China encontré cementerios con lápidas rojas, en Buenos Aires tenemos uno que parece una ciudad en miniatura, me dijeron que en Guatemala y México son muy coloridos. Los cementerios grises me parecen muy tristes, ¿por qué se le da ese color a la muerte? ¿por qué no ponerle colores al fenómeno más universal que tenemos?¿Por qué recordar a las personas en un solo tono? Si al final todos vamos a terminar ahí, deberíamos hacer ese fin lo más agradable posible. En Zagreb fuimos a visitar el cementerio Mirogoj y, entre tantas tumbas negras, esta me llamó la atención. La bauticé la tumba Van Gogh.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-7

4. De fábricas y conejos

Habíamos ido a ver los monumentos socialistas ubicados a lo largo de la orilla del río, en Zagreb, en una zona alejada del centro, y volvimos caminando por una parte bastante residencial de la ciudad. Nos encontramos con este edificio y enseguida pensé en la fábrica de artistas de Islandia, con todas las paredes repletas de arte. Me gusta mucho conocer los lugares que no salen en los mapas turísticos.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-10

5. Llegamos a Belgrado

Nos subimos al tren nocturno en Zagreb, nos metimos en un compartimento de seis asientos y nos dormimos. A eso de las tres de la mañana, mientras llovía a baldazos, entró el policía de frontera de Croacia a pedirnos los pasaportes. Todo bien. A los diez minutos entró el de Serbia para hacer el mismo trámite. Nunca me voy a olvidar de cómo miró el pasaporte de Lau, leyó su nombre y lo dijo en voz alta: a mí me sonó a “La – Ra”, con una erre muy suave. Puso los sellos correspondientes, nos dijo que esperemos y se llevó nuestros pasaportes a otra parte. Nos pusimos un poco nerviosas. ¿Será porque tengo el sello de Kosovo?, me dijo Lau. ¿Será porque soy húngara?, pregunté yo. ¿Nos harán bajar del tren con esta lluvia? Al rato volvió como si nada, nos sonrió y nos devolvió los pasaportes. Nunca sabremos para qué se los llevó, nosotras decimos que se los fue a mostrar a los amigos. Cuando nos despertamos, a las seis de la mañana, ya estábamos en Belgrado. Habíamos llegado a otro mundo.
fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-13

6. La calle de los paraguas

Cada ciudad tiene sus calles memorables. Hay calles con lámparas, calles con gatos, calles con plantas, calles de bombonerías, calles de tiendas de segunda mano. En Belgrado está la calle de los paraguas. Creo que cuando la vimos no nos dimos cuenta de que era una señal de todo lo que iba a llover.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-14

7. Bombonería

Estábamos en pleno mini desafío, buscando nuestra lista de cosas para fotografiar, cuando vi el frente de este negocio. No leo cirílico, pero mi mente interpretó esas letras como “Bombonería – desde 1936”. Me acerqué para mirar la vidriera, que efectivamente tenía cosas dulces, y esta señora también se puso a espiar y a conversar con la gente de adentro.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-15

8. Tiene un nuevo mensaje

Estábamos en una de nuestras caminatas por Belgrado cuando vimos la puerta de un edificio abierta. No era una puerta que diera a un hall cerrado, sino que se notaba que llevaba a un espacio común compartido, como un jardín central. Entramos. En una de las paredes vimos estos buzones. Me encantaron. Algunos, al parecer, siguen en funcionamiento. Yo los usaría para guardar sorpresas.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-16

8. El del brócoli

Fue difícil encontrar este mural. No me acuerdo quién me dijo o dónde leí que en Savamala, uno de los barrios de Belgrado, había un mural “de un hombre gigante comiendo un brócoli”. Lo buscamos durante un rato mientras caminábamos, hasta que nos cansamos y entramos en un bar a preguntar. Como no sabíamos exactamente qué buscábamos, expliqué que era algo así como un señor muy grande comiendo un árbol. Nadie sabía de qué hablábamos. Seguimos caminando, nos olvidamos del brócoli y de golpe nos dimos vuelta en una esquina para mirar algo y ahí estaba: el hombre-ciudad comiéndose la naturaleza. Era más poderoso de lo que esperaba.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-17

9. Dale, que siga lloviendo, total es gratis

Cuando armé la mochila en Biarritz estuve a punto de llevar el paraguas. Al final lo dejé. No creo que allá llueva como en Francia, ya estamos casi en verano. Error. Nos llovió durante toda la primera semana y tuvimos que andar pidiendo paraguas prestados. Me gusta la lluvia pero no cuando estoy de viaje con tiempo limitado. Lo bueno es que después se forman fotocharcos.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-23

10. Ranking de vidrieras raras

Entiendo que en este negocio venden cosas que cortan, pero no sé cuál será su especialidad, porque hay desde tijeritas para las uñas hasta tijeras-machetes, y esa rosa que no sé bien para qué es. Esta vidriera es en Belgrado, pero tanto las de Serbia como las de Croacia están en mi ránking de vidrieras más retro, raras y originales.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-24

11. ¿Esos son cisnes?

Una mañana nos fuimos a pasear a Zemun, una ciudad histórica que ahora forma parte de Belgrado pero que fue parte del Imperio Austro-Húngaro. Después de comer fuimos a caminar por el Danubio y a lo lejos vimos algo que parecía ser un cisne. Nos acercamos y vimos que no había uno sino decenas, todos en grupo yendo de un lado a otro. Después apareció esta familia, que les dio de comer, así que estuvieron un largo rato muy cerca de la costa.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-27

12. Un Plazma Shake con Jelena

Cuando Jelena me escribió un mail diciéndome que quería invitarme a tomar un café en Belgrado me puse re contenta: nunca me imaginé que tenía una lectora serbia —y que hablaba muy bien español, además—. Le dije que sí y nos encontramos allá, debajo de la estatua del caballo en la Plaza de la República. Yo propuse café, pero ella quiso que probara algo nuevo, así que nos tomamos dos Plazma Shake como el de la foto: un licuado de galletitas con leche, chocolate, crema batida y caramelo. Mientras charlábamos con vista al río, me preguntó: “¿Qué palabra se te viene a la mente cuando piensas en Serbia?”. En aquel momento, no muchas: Kusturica, Balcanes, guerra. Ahora tampoco es que haya formado un diccionario de términos, pero al menos pude ponerle cuerpo al país y recordarlo por otras cosas: el rakija (la bebida alcohólica predilecta), Momo Kapor (uno de sus escritores), Belgrado (que ya no es una ciudad abstracta), Mokra Gora y plazma shake.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-28

13. Dos genios

Hace poco un chico me escribió para contarme que estaba por poner un alojamiento chiquito y para preguntarme qué era lo que para mí hacía la diferencia en un lugar así. Le dije que la limpieza me parece fundamental. Está bien que seamos jóvenes pero eso no quiere decir que todo tenga que estar sucio. El espacio común también me parece importante, tiene que haber aunque sea un living o un lugar cómodo donde poder relajarse y charlar con otros viajeros. Pero creo que la mayor diferencia la hace la buena onda de quienes trabajan ahí. Cuando el staff es simpático, amable y bien predispuesto, el lugar se transforma. Lo sé porque lo experimenté muchas veces, para bien y para mal. Me quedé en hostels muy lindos pero con gente tan antipática que no volvería, y me quedé en lugares muy rústicos donde la calidez de las personas me hizo sentirme como en casa. De este viaje —y creo que Lau estará de acuerdo— me quedo con el mejor recuerdo de los chicos del Hedonist Hostel: fue como tener un hogar en Belgrado.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-77

14. Nos bajamos todos para la foto

El día que nos subimos al tren a vapor repleto de griegos no sabíamos en lo que nos estábamos metiendo. Resulta que formaban parte del club de amigos del ferrocarril de Atenas y habían viajado a Serbia y a Rumania solo para tomar trenes a vapor, así que los conocimos en su punto álgido de excitación. Todos sabemos que cuando un grupo de gente con la misma pasión se junta para irse de viaje, la emoción del evento compartido hace que todo sea un quilombo. Los griegos estaban como locos: iban, venían, hablaban, gritaban, se reían, se sacaban fotos, cambiaban de lugar, sacaban los brazos por la ventana. Ya nos habían avisado desde el principio que el tren haría varias paradas para sacar fotos y que nosotras no podíamos salir en las tomas —lo entendimos, éramos intrusas—, así que cada vez que se bajaban en masa para hacer una foto, nosotras teníamos que ir detrás y asegurarnos de no estar siendo apuntadas por ninguna cámara. Para esta foto, el tren nos dejó en el bosque, hizo marcha atrás y volvió a entrar por el túnel mientras todos disparábamos como locos.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-31

15. La manzana de regalo

Me gustó la imagen del señor con sus verduras en la calle y la balanza colgando del baúl. Me acerqué para preguntarle cuánto costaban las manzanas pero no me entendió —o yo no lo entendí a él, que es lo más probable—, así que agarré una y le señas de how much. Me hizo un gesto de nada, es un regalo, y le sonreí. Después le pregunté si podía sacar una foto, y así quedó. Esta es una de mis preferidas.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-33

16. Yo también quiero andar en unicornio

Después del viajecito en tren por Mokra Gora tuvimos que hacer tiempo hasta la noche, que salía el otro tren. No queríamos alejarnos mucho pero teníamos ganas de conocer los pueblos cercanos, así que nos pusimos a hacer dedo con el lema vamos a donde nos lleven —mientras no sea muy lejos—. Le dije a Lau que había una ciudad que se llamaba Zlatibor y que al parecer era linda. El primer auto que frenó venía con tres amigos serbios, y lo primero que nos dijo el conductor fue: “Solo vamos a Zlatibor, no podemos llevarlas a otra parte”. Perfecto. Zlatibor resultó ser… rara, digamos. Es un lugar de esquí, así que durante el verano no hay mucha actividad. Lo que hay son unicornios, como los que estas nenas estaban montando en una de las plazas.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-34

17. Recepción con música balcánica

El tren volvió a dejarnos en Belgrado, ¿cuántas veces habremos bajado en esa estación?, y nos encontramos con esta banda de mariachis serbios a las seis de la mañana. Cómo me gustan los instrumentos de viento y la percusión, me ponen de buen humor en cualquier momento del día, incluso cuando solo dormí cuatro horas la noche anterior.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-38

18. Mirá ese señor

Fue en el último tren serbio que nos tomamos. Lau y yo estábamos sentadas en nuestros asientos cuando vi pasar a este señor. Me llamó la atención su ropa. “Mirá ese señor, Lau. Vos querías gente para fotografiar…”. Al rato, Lau se acercó a su vagón y charló con una señora que estaba sentada cerca para ver si podía pedirle permiso para fotografiarlo. El señor aceptó encantado. Cuando escuché la música me acerqué. Había sacado un instrumento de su funda y estaba recitando un poema. Todo el tren lo escuchaba en silencio. Recitaba en serbio, así que no entendimos, pero la señora nos dijo que hablaba acerca de la unión entre yugoslavos. Cuando terminó, mucha gente lo aplaudió. Él nos sonrió y nos hizo un high five a cada una.

19. Subase nomás

Eran menos de las seis de la mañana en Zagreb y estábamos esperando el tranvía para ir a tomar el tren hacia la costa de Croacia. Tengo la teoría de que los personajes que esconden las ciudades salen a esa hora, muchos recién se están yendo a dormir, otros quieren dar una vuelta antes de que la gente empiece con sus rutinas cotidianas. Este señor salió así, vestido de policía y con una guirnalda de globos —con dos colores de la bandera de Croacia—, entró al tranvía y se sentó como si nada. Tal vez le habían encargado que lleve los globos de un evento a la fiesta infantil de su hijo. O quizá iba a soltar globos en medio de una plaza. Quién sabe.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-42

20. ¿Y si hacemos dedo?

Al principio no lo pusimos como opción. El viaje por Serbia y Croacia iba a ser en tren. Pero una tarde en la que descubrimos que teníamos que esperar tres horas para tomar el próximo bus o siete horas para el próximo tren a Belgrado, tiré la idea al aire. “Lau, ¿y si hacemos dedo?”. Y claro. Nos paramos al costado de la ruta, ya era casi de noche y no sabíamos si el autostop funcionaría en Serbia. A los pocos minutos estábamos en un auto a Belgrado sin escalas. Siempre es cuestión de probar antes de decir que no se puede.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-43

21. Linda la pileta

Esta foto la sacó Lau en el Haludovo Hotel, uno de los lugares abandonados que exploramos en la costa de Croacia. No sé si es que la silla quedó ahí desde que el hotel cerró, o si algún otro explorador urbano la trasladó hasta el borde de la pileta para, como yo, sentarse e imaginar cómo habrá sido ese resort cuando todavía había huéspedes y la pileta se llenaba con champagne —eso dicen—.

22. Luka el fotógrafo

En una de nuestras casas de Couchsurfing lo conocimos a Luka, el menor de la familia que nos recibió. Al principio no se animaba a hablarnos mucho, pero siempre nos seguía de cerca y nos preguntaba Hungry?Thirsty? y se apuraba a traernos algo aunque le dijéramos que no se preocupara, que estábamos bien. Con las horas se fue soltando y empezó a sacarnos fotos. Primero de lejos, con el zoom, retratos cándidos, momentos espontáneos. Después entró en confianza y nos hizo posar, nos acomodó para la foto, se sacó autofotos con nosotras. Al final, además de hablarnos en croata, nos habló un poquito en inglés. Luka, el niño fotógrafo, nuestro amiguito croata.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-46

23. Cielo circular

Por fin llegamos a la costa croata. Nos quedamos dos días en Split, la segunda ciudad más grande de Croacia, y caminamos por el Palacio de Diocleciano, construido entre los siglos III y IV d.C. por encargo del emperador romano Diocleciano como lugar para su retiro. Hoy el palacio forma parte del centro de la ciudad de Split y es Patrimonio de la Humanidad. Está muy bien conservado y, al recorrerlo, uno se puede imaginar las cosas que sucedían en cada espacio. Cuando entramos a uno de sus anfiteatros nos encontramos con un grupo cantando a capella. Miré hacia arriba y me encontré con el cielo así, recortado con forma de círculo.

24. Arrancó el verano en Split

Yo sabía que la costa croata estaba de moda, pero no me imaginé que veríamos tanta gente. El verano empezó con todo. Zona por la que caminábamos, zona por la que nos cruzábamos con grupos turísticos sacando fotos, posando con los guardias, comiendo, tomando café en las escaleras, comprando pasajes, saliendo de los hoteles. Estos lugares con turismo tan masivo y concentrado me generan una sensación rara y al final me agobian un poco.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-50

25. ¿Vamos a la playa?

En los lugares con playa suele pasar lo mismo: en algunas los turistas son mayoría, y otras son más populares entre la gente local. A veces las turísticas son las más lindas y cristalinas, y las locales son menos de folleto; a veces es al revés: los locales conocen las playas más secretas y van ahí sin que se corra la voz. En el caso de Split, decidimos ir a una de las playas locales, ubicada muy cerca del centro de la ciudad. El agua nos llegaba por las rodillas, había nenes jugando a la pelota, la arena era un poco barrosa, estaba lleno de familias haciendo picnic y casi no había espacio en el agua. Pero con el calor que hacía, nosotras estábamos felices.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-51

26. Cuidado con los erizos

Una de las frases más repetidas de este viaje fue: “No quiero pisar los erizos”. En mi caso: “Lau, ¿hay erizos ahí? No veo sin anteojos…”. Las playas croatas con piedras están repletas de erizos, así que hay que tener cuidado porque debe ser bastante doloroso que te atraviesen un pie. Lau me contó que en las playas de Italia casi no hay porque se los comen. En Croacia siguen intactos, así que antes de entrar al agua miren bien.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-53

27. Hicimos couchsurfing en un barco sobre tierra

Las dos teníamos ganas de navegar por Croacia, de ir de isla en isla en velero, de nadar en esas playas turquesas de las fotos. Una tarde, Lau me dijo: “Conseguí couch en un velero”. Enseguida nos pusimos a saltar de alegría. Yo ya me veía como cuando crucé de Colombia a Panamá, feliz con el vaivén del agua, con esas gotitas de mar que me salpicaban en cada ola. “Ah, pero dice que su velero está en reparación, así que está sobre tierra”, me dijo Lau cuando terminó de leer el mensaje. Igual estuvo buenísimo. Compartimos el espacio del velero con tres francesas, y compartimos el espacio de la Marina con unos treinta barcos llenos de estudiantes de fiesta, así que tuvimos música, gritos y wooo-hooo hasta que salió el sol. Lau tenía tapones de oído. Yo no.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-54

28. Yo a Dubrovnik voy en barco

Dubrovnik fue la última parada de nuestro viaje. Desde ahí salía el avión que nos llevaría de vuelta a Barcelona (luego tomaríamos un tren hasta Francia). Si pudiera elegir un medio de transporte, iría por la vida en barco. Cuando vimos que podíamos llegar a Dubrovnik por tierra o por mar, ambas elegimos ir por agua. Así que nos subimos a un catamarán en Brac, isla cercana a Split, y unas cuatro horas después vimos las primeras imágenes de la costa de Dubrovnik. Hacía mucho calor y era domingo, así que el bus que iba del puerto al centro tardó bastante en pasar. Dejamos las cosas, salimos a caminar por el centro histórico y descubrí algo que me encanta: a pocos pasos del centro, pegada a la muralla, había una playa de piedras casi en medio de la ciudad. El mar era transparente y había gente saltando, así que hice lo mismo que ellos y me bañé con vista a Dubrovnik.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-55

29. Si la ropa está colgada, la ciudad está viva

“Me gusta ver la ropa colgada, ya que eso quiere decir que mi ciudad está viva”, nos dijo Marina, quien fue nuestra guía durante una mañana en Dubrovnik. Pienso lo mismo, me encantan las ciudades con la ropa tendida hacia afuera.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-57

30. El que madruga ve el mercado

Lau me dijo que quería levantarse bien temprano para ver el casco antiguo de Dubrovnik antes de que saliera demasiado el sol y se llenara de turistas. Si Split es una ciudad concurrida, Dubrovnik le gana con ventaja. Hace mucho que no caminaba por un lugar tan repleto de gente. Puse el reloj a las 6 y me levanté, Lau siguió durmiendo y como yo estaba medio desvelada, salí a dar una vuelta. Si van a Dubrovnik en verano, les recomiendo que salgan a dar una vuelta a esa hora. Van a ver otra ciudad: sin ruido, con muy poca gente, con un sol suave. Así pude ver cómo preparaban el mercado de frutas y flores y cómo preparaban a la ciudad, en general, para el resto del día.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-58

31. Me encontré este libro en la calle

Ese mismo día, mientras caminaba por Dubrovnik a las seis de la mañana, vi algo tirado contra una pared. Entró en mi radar enseguida: era un libro, y uno muy grande. Lo levanté y miré a mi alrededor, quizá a alguien se le había caído. Pero no, estaba rodeado de cajas de cartón, revistas y otras cosas que habrán considerado basura. ¿Cómo alguien puede tirar un libro a la basura? ¿Cómo pueden dejar un libro así? Me fijé a ver si había más pero no encontré nada. En la foto parece un libro finito, pero pesa más de un kilo. Me lo llevé, obvio.

fotorrelato-momentos-serbia-croacia-aniko-villalba-59

32. Cómo posan las chinas

Me percaté de que a los asiáticos les gusta mucho la fotografía cuando estuve en Asia. Posan, se sacan fotos en grupo, le sacan fotos a los turistas y suelen tener muy buenas cámaras. Cuando viajan son un show. Una vez viajé con tres chinas por China y se disfrazaron de mujeres de una etnia tradicional y hicieron una sesión de fotos frente a un lago. Lo juro. En Dubrovnik vimos bastantes turistas chinos y japoneses, y nuestra guía nos explicó que los chinos eran bastante difíciles de controlar. En este monasterio vimos por qué. Mientras las mujeres posaban, por turnos, los hombres oficiaban de fotógrafos de moda, les gritaban las indicaciones y les sacaban veinte fotos a la vez.

33. Las escaleras de Dubrovnik

Dubrovnik es una ciudad de escaleras: el centro está abajo y todas las calles suben desde ahí. Lo bueno es que cuanto más arriba vas, menos gente hay y más escenas como estas se ven. El señor sentado en la puerta de su casa, al sol, fumando un cigarrillo. La nena barriendo cada escalón de su cuadra.

en-francia

+1 en Francia

Esta foto es en Saint Jean de Luz, uno de los pueblos del país vasco francés, muy cerca de Biarritz, donde viví por nueve meses. Después del viaje por Serbia y Croacia, le dije a Lau que se viniera unos días a conocer mi casa y la región. El viaje de vuelta desde Dubrovnik fue una odisea: tomamos el avión a las 10 de la mañana, llegamos al mediodía a Barcelona y nos subimos al tren que iba hasta Irún, en la frontera entre el País Vasco español y francés. Llegamos a Irún a las 10 de la noche, y como era verano todavía había luz. El problema era que teníamos que ir de ahí a Biarritz, a 32 kilómetros, y a esa hora ya no pasaban buses ni trenes. No quedaba otra que hacer autostop. Era muy jugado: quedaban pocos minutos de luz y había empezado a lloviznar, además no había un buen lugar donde pararse en la ruta.

Nos pusimos en una salida, muy pero muy mal posicionadas, y a los cinco minutos frenó un señor que ofreció llevarnos a un lugar mejor. Nos dejó en otra ruta y nos quedamos ahí, casi a oscuras y sin gente. Se largó a llover. A los cinco minutos frenó una pareja francesa de unos 60 años. Nos dijeron que iban a Saint Jean de Luz, a 15 kilómetros de ahí. Nos subimos. Estábamos en una situación bastante límite así que cualquier trayecto, por más corto que fuera, nos venía bien. El señor hablaba algo de español y yo me defendí como pude con el francés. A mitad del viaje nos dijeron: “Chicas, las vamos a llevar hasta Biarritz, no podemos dejarlas en el medio de la nada, de noche y con lluvia”, y nos dejaron en la puerta de mi casa. Fue un gesto que me emocionó. A veces no sé cómo agradecer estas cosas, porque ellos no tenían obligación de llevarnos, pero confío en que la vida les devolverá la buena acción. Y sepan que estos gestos son mucho más reales y frecuentes que todas esas noticias horribles que nos muestran los diarios para generarnos miedo de vivir. Cambio y fuera.

[box type=”star”]Este post forma parte de la serie Desafío Serbia Croacia, un viaje en conjunto con Lau de Los Viajes de Nena. [/box]

Desafío Serbia Croacia: final del juego

aniko-laura-croacia

Con Lau en las escaleras de Dubrovnik, Croacia

DSC_2415

Después de nuestro primer Escape Room en Belgrado (no logramos salir a tiempo, pero estuvo buenísimo)

Si bien volvimos hace ya casi un mes —el tiempo pasa demasiado rápido— recién ahora le estamos dando un cierre mental y formal al viaje por Serbia y Croacia. Por si se perdieron de algo, así quedó la lista final de desafíos:

Desafío Serbia Croacia (y acá la intro de Lau)

Desafío #1: buscar tesoros en Zagreb

Desafío #2: encontrar el corazón de Zagreb (Lau)

Desafío #3: dejar que nos lleve el azar

Desafío #4: escapar en Belgrado (Lau)

Desafío #5: encontrar a Kusturica

Desafío #6: no dejar pasar el tren (Lau)

Desafío #7: explorar lugares abandonados

Desafío #8: hacer barcoestop (Lau)

Desafío #9: no comer pizza

Desafío #10: poder gritar a los cuatro vientos “This is Croacia!” (Lau)

Desafíos cumplidos y no cumplidos (y otros más o menos):

Luz del atardecer en Milna, isla de Brac, Croacia

Luz del atardecer en Milna, isla de Brac, Croacia

Estos son los desafíos que nos planteamos antes de hacer el viaje. Algunos los cumplimos y otros no, y en el medio surgieron cosas nuevas.

[wc_fa icon=”check” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] Hacer una búsqueda del tesoro. Soy muy fan de estas cosas (por algo casi muero cuando conocí Geocaching), así que usamos Zagreb como escenario de juego y encontramos de todo.

[wc_fa icon=”check” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] Fotografiar lugares abandonados. ¡Con éxito! Este era uno de los que más quería hacer.

[wc_fa icon=”check” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] Hacer barcoestop. Ponele que sí: nos subimos a un kayak, a un barco a motor y a un jetski gracias al poder de la palabra. Nos faltó hacer un tramo más largo, pero para ser la primera vez nos conformamos (la que lo cuenta mejor es Lau).

Acá estoy, contentísima, en una lanchita (amo navegar)

Acá estoy, feliz, en una lanchita (amo navegar)

[wc_fa icon=”check” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] Hacer un tour gastronómico. Digamos que comimos todo lo que pudimos.

[wc_fa icon=”meh-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] Aprender el alfabeto cirílico. Esteeeemmm… Intenté aprenderlo antes de salir, incluso lo llevé escrito, pero la verdad que no puedo leer todo.

La prueba de mi esfuerzo

La prueba de mi esfuerzo

[wc_fa icon=”times” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] Aprender un baile típico de los Balcanes. Esta te la debo. Soy de madera y creo que si me ponía a bailar, una de dos: me empezaban a dar monedas o me deportaban por tener poco ritmo.

[wc_fa icon=”check” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] Hacer el “fotógrafo programado” en el tren. Este es un juego del libro “Turista lo serás tú” que consiste en ponerse una alarma y sacar una foto a intervalos regulares de tiempo. Lo hicimos y los resultados están en el post de Subotica.

[wc_fa icon=”times” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] Aprender a preparar un plato típico de los Balcanes. ¿Lau? ¿Vos aprendiste? Queda para la próxima, estábamos muy concentradas en comer más que en cocinar…

La parte de comer me la tomé muy enserio. Por si se preguntan, estábamos haciendo picnic adentro de un velero.

La parte de comer me la tomé muy enserio. Por si se preguntan, estábamos haciendo picnic adentro de un velero.

[wc_fa icon=”times” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] Usar todas las formas de desplazamiento posibles. Fuimos en: avión, tren, bus, a pie, kayak, moto de agua, ferry, lancha. Nos faltó la bicicleta y el burro!

desafio-serbia-croacia-48

También nos faltó este carrito (Split, Croacia)

desafio-serbia-croacia-5

y este! (en Belgrado, Serbia)

Los lectores nos propusieron, entre otras cosas:

* Dormir en un castillo. No vimos ningún castillo en este viaje, pero dormimos en una estación de tren que era lo opuesto del castillo y parecía más bien un escape room.

ani-durmiendo-estacion

Por suerte tengo la capacidad de dormir sobre cualquier superficie.

* Documentar la tumba más antigua de un cementerio. Yo juré que sí, que la habíamos encontrado y que era la de la foto. Después me di cuenta de que no.

Leí mal el mapa del cementerio y pensé que la tumba más antigua era esta. Resulta que no (creo que esta ni es una tumba), estaba cerca, cubierta de hojas.

Leí mal el mapa del cementerio y pensé que la tumba más antigua era esta. Resulta que no (creo que esta ni es una tumba), que la más antigua estaba ahí cerca, cubierta de vegetación.

* Tomarse fotos con la persona más extraña. Hubo muchas personas extrañas, en esta foto salimos con un croata que nos levantó haciendo autostop y que se reía de absolutamente todo lo que le decíamos (Lau y él hablaban en alemán, yo solo asentía). No fue el más extraño pero sí el más cómico.

El conductor risueño

El conductor risueño

* Que una pareja serbia o croata nos cuente su historia de amor. A medias, porque faltó él. En Croacia conocimos a J., una mujer que está casada hace más de dieciséis años pero que hace diez años solo ve a su marido durante diez días cada mes y medio, ya que él trabaja en otras partes de Europa. Nos contó de los viajes que hacen juntos cada vez que él vuelve, de cómo ella se tiene que quedar en casa con los hijos, de cómo se dedica a cuidar el jardín. Nos mostró fotos de la construcción de su casa y nos contó que entre ella y su marido levantaron las paredes y techos del hogar en el que nos estábamos quedando. Si eso no es amor…

jardin-amor-croacia-1

Un detalle de su jardín

* Encontrar el Sistema Solar de Zagreb. Nos faltaron algunos planetas, pero fue una búsqueda divertida. (Cuento de qué se trata en el post de Zagreb).

Uno de los planetas del Sistema Solar de Zagreb

Uno de los planetas del Sistema Solar de Zagreb

* Y un lector me pidió lo siguiente: “Mi desafío sería que logres parar 3 minutos en la calle, en una de esas calles tan hostigadas por los conflictos y nos dejes una reflexión de lo que te genera”. Un lugar donde la historia reciente se ve es en esta esquina de Belgrado, donde está el Ministerio de Defensa que fue bombardeado en 1999 por la OTAN:

belgrado-serbia-aniko-villalba-2

Me da escalofríos y tristeza ver estas cosas. En general solemos ver fotos así en los diarios, y casi siempre corresponden a países que creemos lejanos y que parecen formar parte de otra realidad, y eso hace que naturalicemos estos eventos horribles. Eso pasa allá, en un país que no conozco y que no es el mío, yo no puedo hacer nada. Pero no debería ser así. Más allá de que viajar esté buenísimo, creo que una de las cosas más positivas es que genera una empatía que no se logra de otra forma. A mí, en lo personal, nunca dejará de afectarme lo que pasó y pasará en los lugares en los que estuve: tiemblo cuando hay terremotos o erupciones volcánicas en Indonesia porque allá tengo gente que quiero, los desastres naturales de Filipinas me duelen porque recuerdo a toda esa gente que me recibió tan bien, sufro cuando se cae un avión con malayos porque pasé mucho tiempo en su país y los siento muy cercanos, y así me pasa con todos los lugares que voy conociendo. Uno suma países en la lista y a la vez va sintiendo propios los conflictos, las tristezas y las alegrías de cada uno de esos lugares y esas personas.

Antes, quizá, ver una foto de Belgrado en llamas no me hubiese causado tanto impacto y tristeza como ahora —recién buscaba información de los bombardeos y vi imágenes de los edificios prendidos fuego—, porque caminé por Belgrado, recibí una enorme hospitalidad de parte de la gente, conocí a mi lectora serbia, me encariñé con la gente, le puse una cara a la ciudad y a sus habitantes, y me di cuenta de que sí, los serbios también son parecidos a nosotros, porque todos en todas partes somos parecidos. Y así como el bombardeo fue en Belgrado, podría haber sido en Buenos Aires. Y no es justo que estas cosas pasen, que se crea que los conflictos se resuelven con violencia, que tirando bombas se logra la paz. No creo que los viajes sean la respuesta a todo, pero sí creo que cuanto más conozcamos a los que viven en otras partes del mundo, cuanto más veamos que somos iguales y que lo único que cambia es lo cultural, más empatía sentiremos hacia el otro, hacia ese otro que antes solo veíamos en los diarios y considerábamos muy lejano, y menos prejuicios habrá.

Una gran opción para aprender acerca de la historia de la región es hacer el "Communist Walking Tour" en Belgrado. Más que de comunismo, habla de Yugoslavia. Dura unas cuatro horas, cuesta €10 y es muy interesante. Ya lo recomendaré en la guía práctica, pero para que lo tengan en mente.

Una gran opción para aprender acerca de la historia de la región es hacer el “Communist Walking Tour” en Belgrado. Más que de comunismo, habla de Yugoslavia. Dura unas cuatro horas, cuesta €10 y es muy interesante. Ya lo recomendaré en la guía práctica, pero para que lo tengan en mente.

Él fue nuestro guía, en esta foto vestido de yugoslavo, frente a la tumba de Tito.

Él fue nuestro guía, en esta foto vestido de yugoslavo, frente a la tumba de Tito.

Un mini desafío de yapa:

Antes de viajar, cuando vi la arquitectura de Belgrado en fotos, soñé con convertir la ciudad en un set de fotografía, en usar a Lau de modelo (o a quien se ofreciera) y hacer que tanto ella como las paredes de la capital serbia fuesen las protagonistas de las imágenes. Pero en Belgrado se empeñó en llover, llover y llover. Así que, como el clima ni el humor estaban para fotografía callejera, Lau y yo nos propusimos un mini desafío (creo que también salido de Turista lo serás tú): escribimos seis elementos en papelitos, sacamos tres cada una y durante todo el día nos dedicamos a buscar y fotografiar solo esas cosas. A mí me tocó: “cirílico”, “mapas” y “Tito” (el presidente de la ex Yugoslavia). Háganlo, es un muy buen ejercicio de atención. Acá algunos de mis resultados:

Cirílico:

Mapas:

Tito:

Y algunos pensamientos y conclusiones personales:

* Nos fuimos de viaje por Serbia y Croacia pensando que sería parecido al viaje por Islandia —en ambos usamos el formato de los desafíos— y nos dimos cuenta de que no: cada lugar invita a viajar de manera distinta y propone otras interacciones.

Islandia fue el contacto total con la naturaleza y el delirio permanente, allá no paramos de reírnos, quizá a causa del sol de medianoche, y nos tomamos casi todo para la chacota —esta expresión debe tener más años…—. Además, en Islandia nos sentimos demasiado seguras y eso hizo que nada nos diera miedo: hicimos dedo a las dos de la mañana —con la luz del sol—, golpeamos puertas para pedir frazadas, abrazamos islandeses, revolvimos la basura —que no nos recuerden solo por eso, por favor—, rescatamos patos, adoptamos chinos.

Si bien Croacia y Serbia no tienen esa naturaleza despampanante de Islandia (¿hay algún otro país que la tenga?), están repletos de paisajes rurales y urbanos lindísimos.

Si bien Croacia y Serbia no tienen esa naturaleza despampanante de Islandia (¿hay algún otro país que la tenga?), están repletos de paisajes rurales y urbanos lindísimos.

Serbia y Croacia fue un viaje distinto, no tan propenso al delirio —si bien nos reímos como de costumbre— sino más orientado a lo cultural e histórico, y eso hizo que los desafíos tomaran otra forma. En ambos países nos sentimos muy seguras y muy bien recibidas por la gente —los serbios deben ser las personas más hospitalarias y simpáticas que conocí hasta ahora—, pero los desafíos no fueron tan fáciles: en Islandia las cosas aparecían solas, en Serbia y Croacia tuvimos que buscarlas un poco más. Me gusta que no hayamos repetido los mismos desafíos que en Islandia, aunque, quien sabe, quizá en un viaje futuro también vayamos con la misión de abrazar ¿palestinos? y de dar la vuelta a ¿Australia? a dedo. Y ya iremos en busca de Murakami cuando hagamos el DesafíoHawaii…

En Croacia hicimos autostop con esta vista...

En Croacia hicimos autostop con esta vista…

* El viaje por Serbia y Croacia tuvo fecha de inicio y de fin (del 20 de mayo al 10 de junio) y eso nos obligó a aprovechar mejor el tiempo y a movernos más, pero a la vez nos permitió improvisar menos. Nos hubiese encantado pasar más días viajando en tren, quedarnos más tiempo en las casas de nuestros couch, poder estar un poco más a la deriva, ir a buscar a Kusturica a Bosnia y probar muchas más comidas, pero al tener los días contados no es tan fácil entregarse al azar porque aunque uno no quiera, hay un itinerario por cumplir y un avión que se va. Creo que está bueno viajar de ambas maneras, pero para mi próximo viaje por los Balcanes pienso ir sin fecha de vencimiento y pasar ahí varias semanas o meses. Esto fue un muy buen trailer, pero me quedé con ganas de más.

La lavandera de "la máquina del tiempo de Zagreb"

La lavandera de “la máquina del tiempo de Zagreb”

* Destaco mucho la hospitalidad y buena onda de la gente local. Nunca vi tanta buena voluntad para comunicarse, sobre todo en Serbia donde se habla menos inglés. Todas las personas que conocimos, toda la gente a la que le pedimos indicaciones, todos los que nos levantaron cuando hacíamos dedo tenían una simpatía y amabilidad desbordante. Nos sentimos acompañadas y seguras durante todo el viaje y eso, para mí, hace la diferencia. Cuanto más cálida es la gente, más ganas me dan de volver.

Con una familia de Couch en Croacia :)

Con una familia de Couch en Croacia :)

* Belgrado es una ciudad que me gustó mucho y que me generó ciertas procesiones internas, sobre todo en lo referido al homesickness que vengo sintiendo hace un tiempo. Al caminarla me acordé mucho de Buenos Aires, aunque no se parezcan tanto, y me hice una pregunta que aún intento responder: ¿Cuál es la esencia de Belgrado? ¿Qué la hace ser como es? ¿Los edificios antiguos, la fiesta, las panaderías, la simpatía de la gente, la historia? ¿O la esencia es algo distinto para cada persona que la habita? Y después traspasé eso a otras ciudades, a mí misma y a la vida, en general. Le debo un post a Belgrado, ya lo dije y lo haré pronto, cuando todos los pensamientos que tengo terminen de macerar.

desafio-serbia-croacia-41

Esquinas así, a mí, me recuerdan a Buenos Aires (sacale el cirílico…)

belgrado-serbia-aniko-villalba-1

Belgrado bajo lluvia

* Me gustó mucho el tren como medio de transporte en esta parte de Europa. Creo que en los Balcanes el tren sigue conservando esa atmósfera propensa a los encuentros y conversaciones espontáneas, cosa que en los trenes de, por ejemplo, Francia, no siento tanto. Además, son ideales para hacer trayectos nocturnos porque los asientos se estiran y se convierten en camas. La gente local no suele recomendar viajar en tren porque dice que es un transporte lento, lo cual es cierto, y ahí está su encanto. Los paisajes que se ven por la ventana son lindísimos y además es más barato y más cómodo que ir en bus.

Esta foto me la sacó Lau, se ve que estaba concentradísima porque ni me enteré.

Esta foto me la sacó Lau, se ve que estaba concentradísima porque ni me enteré.

* En cuanto al relato del viaje, me gustó mucho ir contando todo de manera fotográfica a través de Instagram. Todas las noches, cuando el sueño no me ganaba de mano, subía cuatro o cinco fotos de cosas que habíamos hecho o visto durante el día. Me siento cómoda en ese formato y es algo que intentaré hacer cada vez más durante mis viajes. También me di cuenta de que cuando viajo con fechas delimitadas me cuesta mucho sentarme a trabajar en la compu porque siento que estoy perdiendo el poco tiempo que tengo para ver el lugar. En Serbia y Croacia tuvimos un ritmo bastante más acelerado al que estoy acostumbrada, nos movimos mucho e intentamos aprovechar cada minuto, así que me resultó difícil publicar con más frecuencia acá en el blog.

instagram-aniko

Acá con mi segunda cámara: el teléfono. Juro que no me estaba sacando una selfie.

Acá con mi segunda cámara: el teléfono. Juro que no me estaba sacando una selfie.

Sé que me queda mucho por contar, que todo esto que les muestro es solo la punta del iceberg. Serbia y Croacia son países con una historia muy compleja y es difícil para mí escribir al respecto conociéndola tan por encima. Si van a viajar para allá, es bueno saber lo que pasó porque hay muchos elementos de la historia que siguen presentes, sobre todo en lo referido a la ex Yugoslavia, la influencia austro-húngara y turca, Tito, las guerras. Este fue un viaje para procesar de a poco. Puede que incluya un capítulo en mi próximo libro, cuando tenga las ideas más ordenadas, y también iré subiendo más cosas al blog. Pero todo a su ritmo.

¡Gracias por acompañarnos en estos desafíos!

[box type=”star”]Este post forma parte de la serie Desafío Serbia Croacia, un viaje en conjunto con Lau de Los Viajes de Nena. Nos fuimos tres semanas a Serbia y Croacia con diez desafíos por cumplir y los relatamos en nuestros blogs, yo los impares y ella los pares. Pueden leer el post de cierre en el blog de Lau. Esta semana publicaré un relato fotográfico (me quedó mucho por mostrar) y dentro de un tiempito la guía práctica. Agradecemos el apoyo de Eurail, Visit Zagreb, Experience Dubrovnik y Turismo de Serbia en este viaje de desafíos.[/box]

Desafío Serbia Croacia #9: no comer pizza

La pizza me parece un alimento glorioso. Me encanta en todos sus formatos: la pizza a la piedra, la de molde, amasada en casa, a la parrilla, la de ayer, la recién hecha y la de Güerrín (una pizzería muy famosa de Buenos Aires), que chorrea muzzarella por los costados. Y si no hay otra cosa, también acepto pizza congelada o de cadenas de fast-food, esas que vienen con los bordes todos blandos y rellenos de queso gomoso. La pizza es infalible: sirve de cena o de snack, se puede comer al paso o en reuniones, con la mano o con cubiertos (aunque no lo recomiendo, la pizza se come con la mano).

gastronomia-serbia-croacia-46

Mis preferidas son la de muzzarella y fugazzeta, pero acepto la que venga —excepto la pizza con pedazos de albóndiga o con sardinas, eso ya me parece mucho—. Lo que sí, soy fan de una pizza tan polémica como el mazapán: la hawaiana, pizza con jamón, muzzarella y ananá (y si tiene palmitos y salsa golf mejor). Todavía no conozco el paraíso de la pizza (léase: Italia) pero creo que en Argentina estamos bastante bien.

gastronomia-serbia-croacia-43

¿Por qué no comer pizza en este viaje, entonces? Porque sabíamos que tanto en Serbia como en Croacia la pizza estaría por todos lados y sería la salida fácil y económica al hambre, y no es que quisiémos gastar mucho en comida, sino que estábamos dispuestas a probar otras cosas. Qué curioso: cuando estaba viajando por Asia y quería darme un gusto occidental, pedía pizza. Allá no había mucho queso ni pan así que la pizza era un lujo caro —en comparación con los precios de los platos locales—. Esta vez, el objetivo no sería encontrarla sino evitarla.

Antes de viajar me armé una lista de todos los platos que quería probar. Decía algo así:

[box type=”star”]Serbia:

Plescavika: varios tipos de carne (al menos dos de los siguientes: cerdo, vaca, cordero) hechos hamburguesa, a la parrilla y con acompañamientos. Uno de los platos típicos de Serbia.

Cevapi: otro plato nacional que llegó a los Balcanes durante el período otomano. Es similar al kofte kebab turco, a base de carne picada (de vaca, cordero o cerdo), servido con cebolla, crema, queso cottage, kajmak (producto lácteo hecho de leche de búfalo, vaca, oveja o cabra), ajvar (pasta de pimientos rojos) y sal.

Burek: empanada o pastel elaborado con yufka (masa filo) y relleno con queso, carne picada o verduras.

Gibanica: pastel tradicional hecho con queso blanco y huevos. Se sirve de desayuno con yogur natural, también se come durante eventos tradicionales o celebraciones.

Punjena paprika (tradicional de Serbia y de Croacia): pimientos rellenos con carne, arroz y salsa de tomate.

Corbast pasulj: sopa o guiso de habas, cocinado lento, con cebolla y paprika.

Proja: un tipo de pan de maíz con queso blanco.

Riblja corba o fiš paprikaš (plato típico de Serbia y Croacia, aunque originario de Hungría): sopa picante de pescado de río.

Café turco: leer esta frase ya me emocionó: “In Serbia, for some, drinking coffee is a full-time job”. Para mí también debería serlo.

Croacia:

En esta lista fui más general, porque Croacia tiene todas las comidas que me gustan:

Comida de mar (lo que sea, algunas ideas: pulpo, calamar, camarones, atún, salmón)

Comida mediterránea: aceitunas, quesos, verduras frescas, fruta, platos fríos

Pastas. Muchas.

Helado.

Café.[/box]

Pero antes de que empiecen a salivar tengo que advertirles varias cosas: uno, así como soy barrilete y termino yendo a todos los lugares que no planeaba ir —y no voy a los que sí quería— soy igual con la comida. Me sería imposible hacerme un cronograma gastronómico y probar todo ya que casi siempre terminan decidiendo mi estómago, el azar y los precios. Dos, no me gusta tanto la carne, prefiero todo lo que provenga del mar, así que si tengo opción elijo eso, por eso no suelo comer muchos platos con carne. Tres, en los viajes donde la hospitalidad de la gente está presente, la comida lo elige a uno, más que al revés.

Esta fue nuestra ruta y así nos alimentamos en este #DesafíoSerbiaCroacia:

* Zagreb: café, dulce de leche, ñoquis y empanadas argentinas

Fue casualidad. En general no ando buscando comida argentina en otras partes del mundo ya que prefiero probar lo local y tengo la convicción de que nada se prepara tan bien como en su lugar de origen, pero si la comida argentina me encuentra, tampoco voy a decirle que no. Además, Croacia tiene mucha influencia italiana, al igual que Argentina, así que era lógico que estas cosas pasaran. En Zagreb solo faltaron las milanesas.

gastronomia-serbia-croacia-7

Les voy a dar ideas de precios, por si vienen por estos lados. Un café como este, alrededor de €1,50 (con decoración y todo)

Los croatas son grandes bebedores de café. Yo también. De esa combinación solo podían salir cosas buenas.

En Croacia se consumen cinco kilos de café por persona por año. Allá las cafeterías no son lugares de paso sino puntos de encuentro, lugares de reunión donde se socializa frente a un café que se enfría tras tanta conversación. Esto es herencia del Imperio Austro-Húngaro y del Imperio Otomano, dos culturas muy tomadoras de café que tuvieron mucha influencia en Croacia. Yo feliz, porque una de mis actividades preferidas cuando estoy de viaje es hacer una pausa en un café y, si estoy sola, sentarme a escribir en mi cuaderno. En Europa, en general, una taza de café cuesta alrededor de un euro (depende del lugar).

Un croata me preguntó cuánto tiempo tardaba en tomarme un café:

—No sé, un rato… Me gusta tomarlo despacio.

—Yo puedo estar tres horas con una misma taza. Hace poco fui a tomar café con unos huéspedes de Estados Unidos y se lo tomaron enseguida.

gastronomia-serbia-croacia-8

Si andan con nostalgia, el dulce de leche lo consiguen en el restaurante Mundoaka Street Food, en Zagreb. Como catadora de dulce de leche que soy (lo amo), me di cuenta de que la versión europea es un poco menos dulce y menos espesa que la argentina (allá somos muy exagerados con el azúcar). Este pote fue cortesía de Tom, el dueño del restaurante, y nos lo comimos a cucharadas, así que si pasan por ahí denle saludos de nuestra parte!

gastronomia-serbia-croacia-42

Las empanadas son caseras y fueron cortesía de Dalma, nuestra guía en Zagreb, una croata nacida y criada en Argentina. Nos hizo de pollo y de carne y estaban buenísimas.

gastronomia-serbia-croacia-11

Estos ñoquis estaban tan buenos como parecen. Este plato costó 44 kunas (€5,80) en un restaurante bastante turístico, así que seguro se consigue por menos.

gastronomia-serbia-croacia-12

También pedimos estos ravioles con muzzarella gratinada al horno. No estaban tan buenos como en la foto. El precio fue el mismo que el plato de ñoquis.

gastronomia-serbia-croacia-6

gastronomia-serbia-croacia-5

Dimos una vuelta por el mercado. La señora de la foto nos ofreció un pedacito de kukuruzni kruh (pan de maíz) para probar. Los mercados siempre son buenos lugares para comprar productos bien frescos y típicos de la región.

gastronomia-serbia-croacia-4

Y otra de las vendedores nos ofreció unas fetas de fiambre picante.

gastronomia-serbia-croacia-3

Este fue uno de nuestros desayunos en Zagreb, la capital de Croacia, en el Swanky Mint Hostel.

* Belgrado: ¿alguien dijo panaderías?

Belgrado me hizo acordar mucho a Buenos Aires —ya escribiré un post de la capital serbia y de todos los sentimientos de homesickness que me generó—. Ya sabía que en Serbia también hay mucha cultura del café, pero no esperaba encontrar tantas panaderías con tantas cosas ricas.

gastronomia-serbia-croacia-18

Esta es la sección salada de la panadería

gastronomia-serbia-croacia-25

Los pancitos de arriba son dulces, están rellenos de mermelada de durazno (Lau se hizo adicta)

gastronomia-serbia-croacia-28

gastronomia-serbia-croacia-27

Si no me equivoco, esto es “beigli”, una torta húngara rellena de semillas de amapola

gastronomia-serbia-croacia-17

Comida al paso: sandwiches por €1,50 o menos. La comida en Serbia es muy barata.

gastronomia-serbia-croacia-21

Pancito relleno de queso fresco.

El pan es una de las bases de la comida serbia: al igual que en Argentina (donde comemos todo con pan), los platos que contienen arroz, pasta y papas también se acompañan con pan. Debe haber una panadería por cuadra, y la verdad que todo lo que probamos fue delicioso y muy barato.

gastronomia-serbia-croacia-19

Un tipo de burek

Un tipo de burek

La comida serbia tiene raíces comunes con la gastronomía griega y turca, también tiene influencias Austro-Húngaras —sobre todo en los postres— y mantiene elementos de la antigua Yugoslavia. Uno de los platos más conocidos —y presente en toda la ex Yugoslavia— proviene del antiguo Imperio otomano: el burek o börek. Es una empanada o pastel hecha con masa filo y rellena con queso blanco, carne picada o verduras. Hay de varias formas, tamaños y presentaciones: en Serbia, por ejemplo, suele hornearse en una cacerola redonda y quedar con esa forma, mientras que en Bosnia la masa se enrolla. Hay bureks alargados, rectangulares, triangulares. cuadrados. Algunas panaderías modernas lo ofrecen relleno de papa, manzana o setas.

gastronomia-serbia-croacia-14

kavana-belgrade-serbia-1

Las kavanas (coffee houses, cafeterías) están por todo Belgrado. En realidad, esta costumbre está presente en toda la antigua Yugoslavia. Como dije, me encanta el café y me encanta el ritual del café, sola o acompañada. Pasamos varias horas en kavanas de Belgrado, descansando y escribiendo, y vimos cómo las mesas se iban llenando de grupos de amigos y conversaciones. Lo más común es tomar café turcopropio de Turquía y declarado Patrimonio de la Humanidad. Se prepara con café arábigo y tiene una consistencia mucho más espesa, casi como harina.

gastronomia-serbia-croacia-15

Me quedó un corazón en la borra del café (este no es café turco, era un café con leche)

Esta fue una de las pocas veces que comí carne durante el viaje. Estábamos apuradas —creo que íbamos a algún walking tour— y teníamos hambre, así que buscamos algo rápido. Pedimos estas hamburguesas y nos gustaron tanto que volvimos al día siguiente por más.

gastronomia-serbia-croacia-20

Precio: menos de 3 euros

Cuando me enteré de que en Belgrado había un bar de hummus me emocioné. En Budapest me la pasé comiendo falafel y nunca volví a encontrar uno tan rico, hasta Belgrado. Me encanta la comida de Medio Oriente, amo el hummus (pasta de garbanzos), el falafel (albóndigas de garbanzo), el pan pita y todo lo que se pueda combinar con esos ingredientes. En Belgrado comimos este pita relleno por solo 200 dinares (menos de 2 euros).

gastronomia-serbia-croacia-26

Los chicos del Hedonist Hostel Belgrado nos regalaron dos de estas Krem Banana, la versión serbia de la Bananita Dolca.

gastronomia-serbia-croacia-13

Y antes de irme de Belgrado recibí una sorpresa: ¡tengo una lectora serbia! Jelena me mandó un mail y me invitó a tomar algo con ella. Yo propuse café, pero ella sugirió algo más original y muy local: un Plazma Shake. Las Plazma son unas galletitas similares a las Okebon de leche, y para este trago/postre se las licúa junto con leche, helado, chips de chocolate, siropo de caramelo o chocolate y crema batida.

gastronomia-serbia-croacia-23

* Subotica: nunca me voy a cansar de estas ensaladas

Otra cosa que amo son las ensaladas, ideales para los días de calor.

No sé cómo descubrimos la Šopska salata (quizá fue el azar del día S) pero pasó a liderar el ranking de platos que más veces comimos en este viaje. La shopska es originaria de Bulgaria (también se llama Ensalada Búlgara), pero se sirve en todos los Balcanes y Europa Central. Se prepara con tomate, pepino, cebolla, pimientos y queso blanco (llamado sirene). Se acompaña con sal y un poco de aceite de oliva o de girasol.

La shopska se inventó en 1960 como parte de una acción de promoción turística. Durante la época del socialismo en Bulgaria, varios chefs de Balkanturist —el operador turístico más antiguo de Bulgaria, al principio al mando del estado— crearon ensaladas asociadas a diferentes regiones: la Macedonian, Dobrujan y Thracian Salad, entre otras, pero solo la Shopska Salada —originaria de la región de Shopluk— sobrevivió. De Bulgaria se extendió a otros países y hoy es el plato más reconocido del país.

gastronomia-serbia-croacia-34

La shopska salad. En Serbia la comimos por menos de €2, en Croacia costaba de €2,50 para arriba.

La ensalada griega es otro clásico de esta región. Tiene tomate, pepino, pimiento, cebolla roja, aceitunas negras, sal, pimienta negra, orégano, aceite de oliva y queso feta. Muy refrescante.

gastronomia-serbia-croacia-31

Esta ensalada costó 230 dinares (menos de €2)

Podría vivir a base de entradas: la sopa es otra de mis comidas preferidas. En este caso, sopa crema de champignones, aunque un poco líquida para mi gusto (la sopa crema me gusta más espesa).

gastronomia-serbia-croacia-30

Precio: 180 dinares (€1,50)

Habíamos ido a Subotica —la ciudad más húngara de Serbia— con idea de probar platos húngaros, pero terminamos comiendo ensaladas.

* Mokra Gora: larga vida a los buffets baratos

Los buffets son un buen invento para quienes comen mucho. Si bien soy de buen comer, en general no me rinde ir a estos tenedores libres porque: a) como tanto que después no me puedo mover y me siento mal, b) gasto de más y al tercer plato ya me llené.

gastronomia-serbia-croacia-33

El día que visitamos Drvengrad —el pueblo construido por Kusturica— se nos hizo tarde y cuando quisimos ir a cenar nos dimos cuenta de que estábamos en un pueblo donde todo cerraba temprano. Un poco resignadas, dimos una vuelta por los restaurantes de Drvengrad creyendo que todo iba a ser muy caro, pero tuvimos una sorpresa: buffet por 600 dinares (€4). Así que entramos a llenar los platos: ensalada, guiso, carne, pescado, pasta de pimiento, aceitunas, queso fresco. Esa noche dormimos como bebés.

gastronomia-serbia-croacia-32

* Zlatibor: debería haber puestos callejeros de panqueques en todo el mundo

Hay comidas que se venden solas. Si voy caminando por la calle y siento olor a panqueques con dulce de leche, yo freno. En varios países de Europa encontré puestos de crepes y de palacsinta (panqueques húngaros) en la calle, y la verdad que me parece un gran invento vender esto en las veredas, sobre todo los domingos (los domingos son días de panqueques).

gastronomia-serbia-croacia-37

Este panqueque doble con Nutella nos costo 260 dinares (€2,10)

zlatibor-serbia-panqueques-1

Gentilmente preparados por esta señora que tenía una máquina fantabulosa para estirar la masa sin esfuerzo y hacer el panqueque. Otra que la trenmetrocicleta (o no sé cómo es que se llama eso, pero para mí tiene nombre de máquina para hacer panqueques).

Caímos en Zlatibor haciendo autostop desde Mokra Gora. No sé si es porque era domingo, pero nos pareció una ciudad rara. Zlatibor está a 1000 metros de altura y es un resort de invierno. En primavera, que es cuando fuimos, había nenas montando unos unicornios con ruedas —lo juro, va en un próximo post de fotos—, souvenirs que no sabemos quién compra —pelucas violetas y guantes (?) para partes del cuerpo que no ven el sol—, castillos inflables y puestos de pochoclos. Todo muy de feria.

gastronomia-serbia-croacia-39

gastronomia-serbia-croacia-35

Le pregunté a este señor si podía sacarle una foto y quise comprarle una manzana, pero cuando se la iba a pagar me dijo que no y me la regaló.

gastronomia-serbia-croacia-60

Otra cosa que vimos por todas partes durante este viaje: los puestos callejeros de frutas. Acá es época de cerezas y están buenísimas.

* En el tren: pedimos algo para comer y nos trajeron esto

Fue en el último tren que tomamos en Serbia. Llegamos con el tiempo justo y no desayunamos pensando que en el tren habría un vagón comedor, pero no. Tampoco nos daba el tiempo para bajarnos y comprar comida porque el tren ya se iba. A mitad de camino, Lau habló con el señor que pasaba vendiendo café y lo convenció de contrabandear comida para nosotras. Le dimos los últimos dinares que nos quedaban y le pedimos algo que nos comprara algo para poder hacernos sandwiches. Recibimos un pedazo de pan, tres yogures y una bandeja de salame. La intención es lo que vale, así que igual lo comimos contentas, pero nos quedamos con un poco de hambre.

* Kastav: la comida de mamá

Creo que todos estamos de acuerdo en que no hay mejor comida que la que prepara una madre —que no tiene por qué ser la propia, con que sea madre alcanza—. Podés ir al mejor restaurante de la zona, pero la comida hecha en casa tiene otro sabor. Sin miedo de caer en cursilerías —aunque voy a caer— me animo a decir que la comida materna es tan rica porque está hecha con amor.

gastronomia-serbia-croacia-44

En Kastav, un pueblo croata muy cerca de la costa, decidimos hacer Couchsurfing. La que nos recibió en su casa fue G., madre de dos chicos. El perfil estaba a nombre de uno de sus hijos, de 16 años, pero la verdadera couchsurfer era ella, la mamá. “Me encanta viajar y sueño hacerlo así como ustedes, pero ahora con mis hijos no puedo, por eso quiero recibir gente en casa, porque es un poco como viajar. Le pedí a mi hijo que se abriera el perfil porque yo no hablo bien inglés y, además, ¿quién va a querer quedarse con una mujer de 40?”. ¡Nosotras! Estar unos días con ella fue como estar en casa.

gastronomia-serbia-croacia-45

Pasamos largas horas sentadas en la mesa de su jardín, rodeadas de flores, comiendo y charlando. Nos contó que la casa en la que vive la construyó con su marido, e incluso nos mostró el álbum de fotos en el que se veía cómo el terreno pasó de ser un bosque a ser un hogar.

gastronomia-serbia-croacia-50

Todos los días nos cocinó algo distinto y, si bien le pedimos que por favor no trabajara para nosotras y le dijimos que podíamos cocinar, ella insistió: “Ustedes son mis huéspedes y a mí me hace feliz prepararles comida”. La hospitalidad es bidireccional: también hace feliz a quien la da.

gastronomia-serbia-croacia-49

gastronomia-serbia-croacia-51

Fue difícil irse de su casa. Más allá de la comida, fue lindo tener los cuidados de una madre por unos días.

* Autostop y chipirones

Durante este viaje nos movimos mucho en tren pero también hicimos bastante autostop, sobre todo para tramos más cortos. Hubo un día que fue bastante agotador: esperamos horas bajo el sol a que nos levantaran, todos los conductores del día se pusieron de acuerdo en decirnos que lo que estábamos haciendo era muy peligroso y que que cada tantos años había noticias de chicas asesinadas en la ruta, después nos levantó un camionero que me puso muy incómoda porque me miraba las piernas así que le pedimos que nos dejara antes, tuvimos que esperar el tren como cinco horas en una estación vacía de madrugada, y así.

Y como soy de las que usan la comida de consuelo, esa noche sentí que me debía algo rico y me pedí un plato de algo que me enloquece: chipirones (calamares) a la plancha.

gastronomia-serbia-croacia-52

Precio de este plato: 47 kunas (€6). Mucho más barato y abundante que en Francia, que es mi parámetro en este momento (en Biarritz y todo el País Vasco se sirven mucho los chipirones, pero un plato cuesta arriba de €10)

* Split: un tour gastronómico fallido que terminó mejor de lo que esperábamos

gastronomia-serbia-croacia-53

Cuando llegamos a Split hacía 38 grados a la sombra. Lo bueno es que estábamos al lado del mar, lo malo es que la costa mediterránea de Croacia es muy turística y bastante cara. Una de las primeras cosas que hicimos fue tomarnos un batido de frutas. Después, mientras buscábamos alojamiento, hicimos una pausa para tomar un café y usar el wifi.

gastronomia-serbia-croacia-55

El café era orgánico y delicioso, y como a las chicas del local les caímos bien nos regalaron dos vasitos con helado artesanal.

gastronomia-serbia-croacia-54

Conseguimos un USE-it map de Split (me encantan porque están hechos por gente local, con recomendaciones y lugares por fuera del circuito turístico tradicional) e hice una lista de los lugares por los que quería pasar. Entre ellos anoté una cantina que al parecer preparaba la mejor ensalada de pulpo y un local de degustación de aceitunas. Así que la primera noche salimos en busca de ambos en plan tour gastronómico. El lugar del pulpo estaba cerrado y el de aceitunas en realidad no era de aceitunas sino de aceites de oliva (en mi emoción solo leí olive y no leí la parte de oil, y enseguida le dije a Lau ¡hayunlugardeaceitunastenemosqueir!).

gastronomia-serbia-croacia-59

Yo me esperaba algo así pero con cincuenta tipos de aceitunas.

Me desilusioné un poco y me agarró una pereza que suele aparecer cuando como afuera muy seguido: me cuesta elegir dónde sentarme a comer porque un lugar me parece caro, el otro no me tienta, acá no hay lugar, allá está muy vacío, este no tiene el plato que quiero, este no me gusta y un largo etcétera. Cuando estoy cansada, sobre todo, me pongo quisquillosa.

gastronomia-serbia-croacia-61

Este plato costó 50 kunas (€6.60).

Pero al final el falso tour gastronómico terminó bien. Encontramos un lugar que parecía bastante local —Split es muy turístico— y comimos estos riquísimos pimientos rellenos con puré de papas y una ensalada de pulpo. Viva el puré de papas, cómo me gusta.

gastronomia-serbia-croacia-62

Ensalada de pulpo: 60 kunas (casi €8). Compartimos ambos platos.

Gracias al mapa también encontramos un lugar de comida vegana así que al día siguiente almorzamos ahí.

gastronomia-serbia-croacia-57

* Milna: los sandwiches de jamón y queso también son gastronomía viajera

Creo que no hay comida más viajera que los sandwiches preparados en la vereda o en el pasto. A veces suelen ser la opción más barata y la verdad es que siempre te salvan, pero después de vivir cinco días a base de sandwich me termino cansando. En este viaje no apelamos tanto al sandwich salvador porque la comida en general era barata, pero hubo un día que nos la pasamos de picnic.

gastronomia-serbia-croacia-63

Fue en la isla de Brac, en Croacia, donde hicimos Couchsurfing en un velero estacionado sobre tierra. Nos dijeron que a media hora de caminata había una playa de agua turquesa así que ni lo dudamos: salió picnic a orillas del mar. Fue un picnic medio caro, eso sí, porque el único mercado que había cerca era el de la Marina y la verdad que se emocionaron un poco con el monopolio (más tarde, cuando fuimos a otro super, nos dimos cuenta de que habíamos pagado casi el doble por todo). Compramos lo mínimo indispensable: pan, jamón, queso y un pepino. Armamos sandwichitos, nadamos en el mar turquesa y dormimos una siesta épica sobre las rocas.

gastronomia-serbia-croacia-64

A la noche encontramos el otro super, agregamos un par de cosas más e hicimos el picnic de cena: pan, jamón, queso, tomate, mozzarella, pickles, tomate, pepino, choclo, queso untable, banana, yogur. Entre las dos compras, gastamos unos €12 entre las dos. Caro, comparado con los precios anteriores. Pero hay que tener en cuenta que estábamos en una isla, donde las cosas siempre son un poco más caras, y que cuanto más te acercás a Split y Dubrovnik, más se empieza a encarecer todo.

* Dubrovnik: listo, me terminé el atún, apagame la música

Dubrovnik fue nuestra última parada, así que decidimos pasar tres noches ahí para relajarnos un poco y poder conocer la ciudad, las playas y los alrededores con más tranquilidad. Nunca nos imaginamos la horda de turistas que nos encontraríamos dentro de la ciudad amurallada. Ya sé, es uno de los lugares más lindos de Croacia, es el escenario de Game of Thrones, tiene buena comida y playas turquesas, pero ohdiosmío, cuánta gente. Hace mucho que no estaba en una ciudad tan visitada.

Una foto-adelanto de Dubrovnik (se viene un post fotográfico del viaje, pero no ahora porque este ya está demasiado repleto)

Una foto-adelanto de Dubrovnik (se viene un post fotográfico del viaje, pero no ahora porque este ya está demasiado repleto)

gastronomia-serbia-croacia-66

En una de las tantas panaderías compramos burek relleno de papa.

gastronomia-serbia-croacia-67

Una mañana salí a caminar temprano (antes de las 7 am) y pude ver los preparativos del mercado de frutas, verduras y flores.

gastronomia-serbia-croacia-69

La comida mediterránea estaba por todas partes. Y la pizza también.

El último día tuvimos una invitación muy especial: ExperienceDubrovnik, la oficina de turismo de la ciudad, nos dio la bienvenida con una visita guiada por el centro histórico y un almuerzo de cortesía. Dejamos que nuestra anfitriona eligiera los platos, así que probamos varias cosas típicas de la región.

gastronomia-serbia-croacia-70

Este jamón que estaba espectacular.

gastronomia-serbia-croacia-71

Una tabla con varios tipos de quesos. Delicioso. Ya dije que me encanta el queso.

gastronomia-serbia-croacia-72

Carpaccio de pulpo

gastronomia-serbia-croacia-73

Ensalada capresse

Esta ensalada que me encantó: manzana verde, nueces,

Esta ensalada que me encantó: manzana verde, nueces, lechuga y pasas de frutos rojos.

gastronomia-serbia-croacia-74

Y filet de atún con semillas de sésamo.

Listo, era lo que me faltaba para dar por terminado el tour gastronómico. Me fui con la panza llena.

* Para todo lo demás, existe el rakija

gastronomia-serbia-croacia-24

“El rakija sirve para todo: si te duele la cabeza, si estás mal de la panza, incluso si tenés fiebre te ponés un pañuelo con rakija en la frente…”, nos dijo un croata.

El rakia es un brandy de frutas que suele tener 40 por ciento de graduación alcohólica, pero que hecho en casa tiene de 50 a 90 por ciento. Es la bebida nacional de Albania, Bosnia y Herzegovina, Bulgaria, Croacia, Macedonia, Montenegro y Serbia, aunque cada país tiene sus variantes y costumbres para tomarlo. En general se produce a base de ciruela, damasco o uvas. En Croacia es la bebida espirituosa más popular, y cada región tiene su variedad: con mrtina, con nueces, con miel. Serbia es la nación que más rakia produce y consume en el mundo.

Se toma en vasos pequeños y también se puede servir caliente, con miel o azúcar y especias, sobre todo en invierno. Es la bebida más popular de la región y les aseguro que no se van a ir sin probarlo. El problema es que es muy rico… Al principio me recordó al palinka, el brandy húngaro, no tanto por su sabor sino por eso de que cura todo. Una vez estaba en Budapest, en lo de mi familia, y les dije que me dolía la panza. Me dieron un vaso de palinka y se me pasó. El rakia tiene el mismo efecto.

* Posdata: sí, comí pizza y no me arrepiento

gastronomia-serbia-croacia-2

Eso. Comí pizza. Varias veces. Enteras y en porciones. Con jamón, con ananá, hasta con pedazos de maíz. Y lo volvería a hacer.

[box type=”star”]Este post forma parte de la serie Desafío Serbia Croacia, un viaje en conjunto con Lau de Los Viajes de Nena. Nos fuimos tres semanas a Serbia y Croacia con diez desafíos por cumplir, y los relatamos en nuestros blogs, yo los impares y ella los pares. Pueden leer el Desafío #10: Poder gritar a los cuatro vientos “This is Croacia” en el blog de Lau. Con estos posts terminamos la serie, aunque aún quedan cosas por compartir. Estamos preparando una guía práctica por si quieren hacer un viaje por la región, así como fotoposts y mini-desafíos. Agradecemos el apoyo de Eurail en este viaje de desafíos.[/box]

Desafío Serbia Croacia #7: explorar lugares abandonados

Take nothing but photographs, leave nothing but footprints
(Toma solo fotografías, deja solo huellas)
Uno de los lemas de los exploradores urbanos

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-2

Un bus abandonado en el desierto de Atacama

No sé cuándo fue que empecé a sentir cosquillas en la panza al escuchar las palabras “lugar abandonado”. Fue mucho antes de ir al castillo de Egaña, una mansión abandonada en el campo de Buenos Aires, de eso estoy segura porque sino no hubiese viajado para allá con tanta emoción. Fue antes de explorar la fábrica abandonada —ahora recuperada y en refacción— de Islandia, antes de encontrar una carta manuscrita de fines del siglo 19 en un pueblo fantasma de Bolivia, antes de formar parte de una movida que llenaba de arte espacios a punto de ser demolidos. Siempre me interesó ver los lugares al natural, sin cirugías plásticas ni maquillaje, por eso me gustan tanto las paredes descascaradas por el tiempo o por la sal (como en Essaouira o Savannakhet), por eso prefiero las ciudades que muestran el paso del tiempo con elegancia, como Budapest o incluso Buenos Aires, y que no lo tapan bajo fachadas pulcras y modernas.

Egaña, una mansión abandonada en el campo bonaerense

Egaña, una mansión abandonada en el campo bonaerense

En este viaje —y por este viaje me refiero al que empezó en octubre de 2013, la última vez que salí de Buenos Aires— me descubrí muy urbana. Me gusta la naturaleza, me encanta el mar, disfruto estar al aire libre —aunque después de unos días no sé qué hacer—, pero me llama mucho la atención lo urbano, y no me refiero solo a las ciudades, sino a lo construido por el hombre, lo creado por nosotros, desde un libro u objeto de decoración hasta una fábrica o un castillo. Lo abandonado, entonces, me llama doblemente la atención porque cuenta dos historias: la de su hábitat y la de su abandono. Entrar a un lugar abandonado es como viajar en el tiempo y llegar a un limbo donde las horas dejaron de avanzar y la realidad se congeló. Los lugares abandonados gritan sus historias en silencio.

En este viaje también descubrí que muchas actividades que me gustan son practicadas por grupos de gente en todo el mundo —algunos hasta organizados a través de redes sociales—: el Geocaching es la versión moderna y mundial de la búsqueda del tesoro, el dumpster diving le da una etiqueta a todas esas veces que encontré cosas desechadas en la calle y me las llevé a casa para darles un nuevo uso, el journaling es la actividad de crear o completar journals (mi nueva adicción), el snailmail es el arte de mandarse cartas y cosas por correo postal, el bookcrossing implica dejar libros libres por ahí para que otros los encuentren, el postcrossing es el intercambio de postales con gente de todo el mundo, el housesitting es el cuidado de casas, y así hay muchas actividades más. Y a mí estas cosas me encantan. La última que descubrí, mientras buscaba una lista de lugares abandonados en Serbia y Croacia, fue la exploración urbana.

La exploración urbana —también llamada urbex o UE— comenzó a ganar popularidad en los años noventa: es la exploración de estructuras hechas por el hombre, en general abandonadas o en ruinas. Como cualquier actividad, tiene muchos matices: algunos solo entran a lugares abandonados, mientras otros se dedican a explorar los túneles que pasan por debajo de una ciudad, se meten en las alcantarillas, trepan edificios vacíos o saltan por los techos (existe, se llama ruffing). Lo mío no es tan extremo, a mí me interesa ver y fotografiar los lugares que quedaron inhabitados por distintas circunstancias —en general guerras, emigraciones masivas o desastres naturales— y a los que se puede acceder de manera fácil y segura: fábricas, parques de diversiones, barcos, hospitales, instalaciones militares, hoteles, silos, centros comerciales, pueblos, mansiones. Por ahora no tengo planes de ponerme a saltar por los techos.

Cementerio de trenes en Uyuni

Cementerio de trenes en Uyuni

Si bien hay exploradores urbanos con intereses y objetivos muy distintos, entre la comunidad existen códigos comunes: el más importante es no vandalizar el lugar explorado, no hacer graffitis y no tirar basura. “Llevarse solo fotografías y dejar solo pisadas”. El objetivo no es destruir ni desarmar, sino observar —o sacar fotos— y dejar todo tal cual para el próximo explorador. Como la actividad roza el borde de lo legal, los exploradores urbanos más puristas solo permiten el tresspassing (la intrusión) pero no están a favor de romper puertas ni ventanas para entrar a un lugar. Si hay posibilidad, nunca está de más pedir permiso, aunque muchos de estos lugares no pertenecen a nadie o no tienen un responsable a la vista. La exploración urbana es una actividad que tiene riesgos, claro: los lugares abandonados no tienen mantenimiento, pueden estar en muy mal estado y tener derrumbes, puede haber presencia de gases tóxicos y puede haber gente non grata, por eso recomiendan no ir solo, llevar agua, linterna, buen calzado y, si es necesario, máscaras de gas y kit de primeros auxilios. Pero, a pesar de los riesgos y leyes, hay algo muy atractivo en estos espacios vacíos de gente y repletos de belleza en decadencia.

Investigando acerca de Serbia y Croacia, antes de viajar, llegué a un artículo que me hizo saltar de emoción: Exploring Ruin Porn in Yugoslavia – Dim The Lights, Shut the Door, del blog Yomadic. Ruin porn es un término que me parece genial y que se usa para referirse a un movimiento dentro de la fotografía que consiste en tomar como sujeto artístico la decadencia de lugares abandonados, como ciudades, edificios e infraestructuras. Lo mismo que la exploración urbana pero con un interés puramente fotográfico. Los países de la ex Yugoslavia, por su historia y sus guerras, están repletos de espacios y monumentos abandonados, muchos construidos durante el socialismo y abandonados cuando el país se desmembró. Enseguida supe que explorar estos lugares tenía que ser uno de los desafíos centrales de este viaje, así que acá les dejo algunos de los resultados de nuestras —ejem— intrusiones.

* La sinagoga de Subotica (Serbia)

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-12

Empezamos con algo no del todo abandonado, pero si vacío y fuera de uso: la sinagoga de Subotica (Serbia), en restauración hace varios años. Cuando la vimos desde afuera nos impactó: fue construida por el Reino de Hungría —que formaba parte del Imperio Austro-Húngaro— en 1902 y es el único templo judío de Art Nouveau húngaro que queda en el mundo. En aquella época, la comunidad judía superaba las 3000 personas, pero después de la Segunda Guerra Mundial quedó muy reducida e incapaz de mantener un edificio de ese tamaño. La sinagoga, que había sido construida con capacidad para mil personas, quedó en desuso. Durante algunos años, el edificio fue sede del Teatro Nacional de Subotica, pero después quedó vacío. Durante los últimos años se hicieron varios proyectos de reparación, pero la sinagoga de Subotica es un edificio en riesgo y necesita un programa de restauración urgente.

Quisimos entrar pero vimos que todas las puertas estaban cerradas. Se nos ocurrió rodear el edificio y nos encontramos con dos obreros que estaban descansando a un costado. No hablaban inglés, pero les preguntamos si podíamos pasar, les mostramos las cámaras de fotos y nos dejaron entrar sin problema. Todavía no sé si esta sinagoga es más imponente por fuera o por dentro.

La Sinagoga por fuera

La Sinagoga por fuera

Y por dentro...

Y por dentro…

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-8

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-10

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-11

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-13

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-14

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-15

* El Hotel Haludovo en Malinska (isla de Krk, Croacia)

A fines de los años 60, Bob Guccione, multimillonario estadounidense y creador de la revista erótica Penthouse, decidió invertir 45 millones de dólares en una bahía de Krk, una isla de la actual Croacia, porque había tenido una visión que permitiría “contrarrestar los efectos de la Guerra Fría”: su plan era crear un resort de lujo en la costa de Yugoslavia para atraer turistas extranjeros y reconciliar a los bloques enemigos a través de actividades compartidas en el casino y spa del hotel. La paz a través del hedonismo. El timing era bueno: Yugoslavia ya no pedía visa a los turistas extranjeros, el aeropuerto de Rijeka (a 15 minutos) estaba en funcionamiento y no había regulaciones con respecto a los casinos.

El Haludovo Palace Hotel and Penthouse Adriatic Club Casino abrió en 1972. Su arquitectura era modernista y extravagante, quizá la más exagerada dentro de las construcciones socialistas de la región. Tenía playa privada, piscinas, bares, canchas de tenis, bowling, sauna, centro médico, esculturas, alfombras de terciopelo, salones de belleza y una cocina donde se preparaban 100 kilos de langosta por día. Había rumores, incluso, de que una de las piletas se llenaba con champagne. Guccone quería atraer estadounidenses a su resort para que trabajaran con los ciudadanos de un país socialista y así lograr el entendimiento y la paz. En el Haludovo se alojaron políticos y figuras desde Saddam Hussein hasta Tito.

El Haludovo en sus buenas épocas

El Haludovo en sus buenas épocas

En 1973, un año después de haber abierto, el Haludovo quedó en bancarrota. Y si bien siguió funcionando durante veinte años más, fue cayendo en picada. En 1991, cuando empezaron las guerras yugoslavas, el hotel quedó vacío de turistas y se convirtió en el refugio de muchas familias que escapaban de la guerra. Dicen que cuando la guerra terminó, obligaron a los refugiados a dejar el hotel y muchos se llevaron todas las cosas de valor que pudieron cargar, incluyendo bañaderas. El hotel se privatizó, tuvo malos manejos y quedó oficialmente abandonado a fines del 2002. Hoy, la estructura del hotel sigue en pie, pero el interior está destruido.

Con ustedes, el Haludovo Hotel.

Con ustedes, el Haludovo Hotel.

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-21

Este era el lobby, suponemos

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-17

Está en ruinas, así como lo ven, con pedazos de duchas y mucho vidrio

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-18

Ascensores descompuestos

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-19

Máquina que no sé para qué funcionaba, parece la caja registradora

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-22

Con lindísima vista al mar

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-24

y estructuras así, cuadradas.

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-25

Las escaleras todavía se pueden transitar

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-26

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-29

Acá hubo guerra de almohadas

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-30

La pileta exterior (¿la que llenaban con champagne, quizá?)

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-31

Había partes que daban miedito

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-32

El Haludovo está siendo devorado por la vegetación

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-33

Sperman claramente NO es un explorador urbano (no sigue las reglas de conducta)

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-34

Lau, explorando.

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-36

Silla con vista al vacío.

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-37

Medio futurista era.

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-39

Acá preparaban los 100 kilos de langosta

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-40

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-41

el túnel…

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-35

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-43

Para llegar hicimos dedo desde Kastav, un pueblo cerca de Rijeka, hasta Malinska, en la isla de Krk, unida al continente por un puente. El hotel es fácil de encontrar porque sigue estando señalizado, y como todos los vidrios desaparecieron y no quedan puertas, se puede entrar sin problemas. Adentro hay escombros, vidrios rotos, ascensores caídos, objetos tirados por el piso, menúes y el mar de fondo. Nos encontramos con dos gatos y con dos personas, pero el resto era silencio. Pocas veces quedé tan impactada frente a un lugar en ruinas.

* La bahía de hoteles abandonados (Kupari, Croacia)

Se dice que la bahía de Kupari, sobre el mar Adriático y a pocos kilómetros de Dubrovnik, tiene las mejores playas de Croacia. En los años sesenta, cuando el país formaba parte de la Federación Socialista de Yugoslavia, Kupari se convirtió en un resort militar de lujo que sirvió de lugar de vacaciones para las elites militares y sus familias. Estaba conformado por cinco hoteles: el Goričine, el Goričine II, el Pelegrin, el Grand Hotel y el Kupari. Tito también tenía su casa de vacaciones ahí y además había un camping con capacidad para 4500 huéspedes más. En 1980, el resort se abrió a turistas extranjeros y Kupari se convirtió en uno de los destinos más populares de la costa europea.

messynessychic

El complejo de hoteles de la bahía de Kupari en los años 80 (Fuente: messynessychic.com)

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-53

El mar en Kupari

Pero en 1991, cuando empezó la guerra por la independencia croata, los hoteles se convirtieron en blancos de los disparos. El resort quedó destruído y abandonado. Hoy, al igual que el Haludovo, las estructuras siguen en pie, pero los interiores están hechos escombros.

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-44

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-49

No nos animamos a subir por esa escalera…

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-48

Esta construcción es más antigua, estaba antes de que hicieran el resort

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-46

Está todo mucho más destruido…

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-47

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-45

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-58

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-52

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-50

exploracion-urbana-lugares-abandonados-serbia-croacia-55

La bahía de Kupari sigue siendo una playa popular entre las familias croatas, así que nos fuimos a pasar la tarde ahí y a nadar en un mar turquesa con hoteles fantasmas de fondo. Esto de explorar lugares abandonados se hace vicio, así que ya estoy mirando el mapa para ver si tengo algún otro cerca. O quizá empiece a planear otros viajes teniendo en cuenta estos lugares —vacíos y llenos— que tanto me atraen.

[box type=”info”]Un poco más acerca de la exploración urbana: enlaces interesantes y fuentes de este artículo

* Urbanexplorers.net es una red social de exploradores urbanos. La gente comparte sus hallazgos y hay listas de lugares abandonados en todo el mundo.

* “What are urban explorers?”, un artículo interesante acerca de qué es ser explorador urbano (en inglés).

* Forbidden places: listas de lugares prohibidos y explorables.

* An introduction to urban exploration, un artículo de Digital Photography School, la exploración urbana desde un punto de vista fotográfico.

Abandoned Penthouse Casino – The Haludovo Palace Hotel – Bikini, Optional, otro post de Yomadic.com con muy buenas fotos.

* Deserted places, blog para los amantes de pueblos fantasmas, edificios abandonados y exploraciones urbanas.

* Messy Nessy Chic, web con un montón de artículos y muy buenas fotos de lugares abandonados por el mundo.

* Balkanist.net, revista online con contenido muy interesante acerca de los Balcanes (el enlace los lleva a un artículo muy completo acerca del Haludovo Hotel).

* [eafl id=”21146″ name=”Access all areas” text=”Access all areas: A user’s guide to the art of urban exploration”], un libro-guía para quienes recién empiezan.

Si van a hacer exploraciones urbanas, siempre piensen en los riesgos y vayan con cuidado. No los incentivo a saltar techos (me quedé mal con eso) ni a trepar edificios, pero sí a mirar los lugares abandonados con otros ojos y encontrar la belleza en lo inhabitado y decadente.

Si conocen otros lugares abandonados para explorar, por favor cuenten en los comentarios. En internet hay un montón de información al respecto, pero quisiera conocer las experiencias personales de ustedes o saber cuáles son los lugares abandonados que tienen en la lista. Yo, por ejemplo, quiero ir a Epecuén, en la provincia de Buenos Aires.

[/box]

Fotito bis: el Belvedere, en Dubrovnik, es un hotel abandonado donde se filmó un capítulo de Game of Thrones.

Fotito bis: el Belvedere, en Dubrovnik, es un hotel abandonado donde se filmó un capítulo de Game of Thrones.

[box type=”star”]Este post forma parte de la serie Desafío Serbia Croacia, un viaje en conjunto con Lau de Los Viajes de Nena. Nos fuimos tres semanas a Serbia y Croacia con diez desafíos por cumplir, y los estamos relatando en nuestros blogs, yo los impares y ella los pares. Pueden leer el Desafío #8: hacer barcoestop en el blog de Lau. Agradecemos el apoyo de Eurail en este viaje de desafíos.[/box]

Desafío Serbia Croacia #5: encontrar a Kusturica
(o subirnos al Šargan Eight)

Este es Emir Kusturica, "el más latinoamericano de los directores europeos"

Este es Emir Kusturica, “el más latinoamericano de los directores europeos”

Y este es el Šargan Eight, un tren histórico a vapor

Y este es el Šargan Eight, un tren histórico a vapor

Ya sé que pretender encontrar a Kusturica (el director de cine serbio) solo porque estábamos en Serbia era una idea ridícula. Es como cuando fuimos a Islandia y pensamos en encontrar a Björk. Incluso le mandamos un tweet invitándola a comer un pancho (hot dog) con nosotras en Reykjavik, pedido al que, por supuesto, ella jamás respondió. Nos debe haber agregado a su lista de freak stalkers – block now. Nosotras preferimos creer que nunca vio nuestro mensaje. Y si seguimos con este razonamiento delirante, podríamos ir a Colombia a buscar a Shakira, o a Hawaii a interceptar a Murakami alguna mañana que salga a correr por la playa. En fin, nosotras solo queríamos saludar al director de cine, aprovechando que estábamos por la zona.

Fotograma de "Underground", una de sus películas más conocidas

Fotograma de “Underground”, una de sus películas más conocidas

Conocí las películas de Kusturica hace unos seis años, cuando un amigo me pasó Underground (1995) y Black Cat, White Cat (1998) y me hizo escuchar su música. La región de los Balcanes siempre me fascinó, así que no fue difícil que esos ritmos acelerados se me pegaran. En esa época me convertí en habitué de las Fiestas Bubamara, encuentros que se hacían —creo que aún se hacen— no sé cuántas veces al mes en distintos boliches de Buenos Aires y en los que solo se pasaba música balcánica. Si fuese una chica que sueña con una gran boda, en mi fiesta solo habría música de ese estilo.

No soy una gran conocedora de la obra de Kusturica, pero creo que a ningún artista se lo puede aislar de su contexto: es decir, para entender el trabajo de una persona hay que saber quién es, dónde y en qué época nació, en qué cree, qué busca, qué temas le interesan. Emir Kusturica nació en 1954 en Sarajevo, la capital de Bosnia y Herzegovina, país que en aquel momento formaba parte de la República Federativa Socialista de Yugoslavia junto con Eslovenia, Croacia, Serbia, Macedonia y Montenegro. Si bien nació bosnio y musulmán, Kusturica se declaró serbio y se convirtió al cristianismo ortodoxo en 2005. Él se define como yugoslavo y sus films suelen tener un punto de vista pro-yugoslavo que muchas veces generan polémica.

Filmando "Maradona by Kusturica"

Filmando “Maradona by Kusturica”

Dirigió su primera película con 27 años, en 1981 (Do you remember Dolly Bell?), y ganó el León de Plata en el Festival de Cine de Venecia. Con su segundo film (When father was away on business, 1985) ganó la Palma de Oro en Cannes y cinco premios Yugoslav. En 1995 ganó otra Palma de Oro por su comedia negra Underground, película épica que muestra la historia de Yugoslavia desde principios de la Segunda Guerra Mundial hasta el inicio de las Guerras Yugoslavas (1991). Underground tuvo mucho éxito internacional, pero también generó controversia. Después de recibir críticas agresivas de varios intelectuales franceses, Kusturica anunció, con 41 años, que se retiraba del cine. No mucho después, sin embargo, cambió de idea y volvió con la película Black Cat, White Cat, una obra de ficción que había nacido como un documental de música gitana y terminó siendo una comedia romántica. Kusturica, además de director, es músico (forma parte de la banda Emir Kusturica & the No Smoking Orchestra), escritor (publicó su autobiografía) y constructor. Esto último fue lo que más me llamó la atención.

Drvengrad

Drvengrad

En el sudoeste de Serbia, a doscientos kilómetros de Belgrado, está Drvengrad (también conocida como Küstendorf y Mećavnik), una aldea tradicional construida por Kusturica para su film Life is a miracle (2004). Supe de su existencia antes de viajar y la agregué enseguida a nuestro itinerario. Después me enteré de que Kusturica vive ahí y de que no era difícil encontrárselo: dos personas en dos situaciones distintas me contaron que lo habían visto mientras visitaban la aldea. Quizá encontrar a Kusturica no era una idea tan loca. Decidimos ir a Mokra Gora, la región montañosa donde está Drvengrad, con varios desafíos: conocer la aldea, encontrar a Kusturica, subirnos al Šargan Eight —un tren a vapor que va por las montañas— y experimentar la hospitalidad de las zonas rurales serbias.

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-2

La región montañosa de Mokra Gora

La región montañosa de Mokra Gora

Tomamos el tren de las nueve de la mañana de Belgrado a Uzice e hicimos dedo a Mokra Gora. Nos levantó un chico rumano que iba a Bosnia y nos ofreció de seguir camino con él, pero nosotras teníamos un destino final. Escuchamos Led Zeppelin, comimos los sandwiches que le había preparado la mamá y nos despedimos a pocos metros de Drvengrad, a donde subimos caminando. Kusturica hizo algo parecido a lo que yo sueño, aunque a mucha mayor escala: construyó un pueblo —a mí me bastaría con construir una casa que oficie de centro cultural viajero— y nombró las calles, las plazas y todas las instalaciones en honor a artistas que admira. La librería Ivo Andrić (escritor yugoslavo ganador del Premio Nobel de Literatura), el cine Stanley Kubric, la plaza Diego Armando Maradona, las calles Nikola Tesla, Ernesto Che Guevara, Federico Fellini e Ingmar Bergman, entre otras. Además de vivir ahí, Kusturica organiza seminarios de cine y arte y el Festival Küstedorf de Cine y Música, y la aldea en sí funciona como hotel.

La entrada a la aldea

La entrada a la aldea

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-5

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-10

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-11

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-17

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-16

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-18

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-14

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-9

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-8

Nos sentamos a tomar un café turco en una terraza con vista a las montañas y nos acercamos a uno de los mozos para charlar. Con la risa que se nos escapaba, le hicimos una pregunta que sonaba aún más ridícula en voz alta, pero teníamos que intentarlo:

—¿Está Kusturica?

Se rió. Supongo que no éramos las primeras.

—No, chicas, está filmando en Bosnia.

En ese momento pensamos en el rumano que nos había levantado a dedo y que había seguido hasta Bosnia. De haber sabido… Nos pusimos serias y nos imaginamos la situación: suponiendo que llegábamos a la ciudad de Bosnia donde estaba filmando, ¿qué hacíamos? No daba caerle en el set al pobre tipo mientras estaba trabajando. Ese día ya era muy tarde para salir, además era fin de semana, ¿trabajaría los domingos? ¿Y si nos veían entrar al set y llamaban a la policía? Nos fuimos a dormir y decidimos consultarlo con la almohada. Como esa iba a ser la primera noche en la que podríamos dormir más de ocho horas, no pusimos el despertador.

Detalle de una lámpara en el restaurante donde preguntamos por Kusturica

Detalle de una lámpara en el restaurante donde preguntamos por Kusturica

A las diez y media de la mañana me desperté. Miré los horarios del Šargan Eight, el tren a vapor que pasa cerca de Drvengrad, y vi que el próximo salía en una hora. Si queríamos hacer el tren más la búsqueda de Kusturica tendríamos que apurarnos, aunque sabíamos que estábamos medio jugadas con el tiempo. Entre que nos desperezamos, juntamos nuestras cosas y bajamos a la ruta se hicieron las once y algo, y todavía estábamos a unos dos kilómetros. Caminando no llegábamos, así que hicimos dedo y en menos de dos minutos nos levantó un serbio y nos dejó al pie de la estación (viajamos bastante a dedo, ya contaré en otro post). Subimos corriendo, llegamos a la boletería y le pedimos dos tickets a la señora, que nos miró con poca simpatía y nos dijo: “No”, cerró la ventanilla y dio vuelta la cara.

Cuando llegamos a la estación nos encontramos con esta escena: locomotora lista para partir

Cuando llegamos a la estación nos encontramos con esta escena: locomotora lista para partir

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-19

El Šargan Eight es un tren histórico, de trocha angosta (760 mm) y locomotora a vapor, que va de la aldea de Mokra Gora hasta la estación Šargan Vitasi. Se llama Šargan Eight porque, visto de arriba, sus vías forman un ocho; fue un desafío construirlo porque ambas estaciones tienen una diferencia de altura de 300 metros.  Los primeros nueve kilómetros de vías fueron tendidos por la monarquía Austro-Húngara en 1916, pero el proyecto se terminó recién después de la Segunda Guerra Mundial. Entre tres y cinco mil personas participaron en la construcción de 15 000 metros de vías, 22 túneles y más de 20 puentes y viaductos y, en 1925, el primer tren con locomotora a vapor hizo su ascenso por la montaña Šargan y estableció una conexión directa entre Belgrado, Sarajevo y Dubrovnik.

Acá pueden ver el recorrido del tren

Acá pueden ver el recorrido del tren

“Poco después del establecimiento del tren en 1925, intereses económicos y productos de Serbia, Bosnia y regiones costeras abrieron la perspectiva de desarrollo y de una mejor vida para el recién formado estado de Serbios, Croatas y Eslovenos. El tren y sus vías se convirtieron en miembros de la familia. Le daba seguridad a las aldeas más pobres y ayudaba a que la gente no tuviera que irse de sus casas. (…) Con el tiempo, el tren se convirtió en “la madre que ganaba el pan”. (…) Todo estaba ligado al tren. Muchos habían nacido en el tren, otros se enamoraban en el tren y recibían propuestas de matrimonio ahí. Todos tenían un secreto que solo el tren conocía. (…) El tren era un miembro invisible de cada familia y se contaba en él como en un pariente exitoso para recibir ayuda en caso de necesitarla”.

– Fragmentos de carteles puestos en la estación del Šargan Eight

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-31

Durante sus 49 años de funcionamiento, pasaron hasta 38 trenes por día por la estación de Mokra Gora y más de 500 personas trabajaron de ferroviarios. Luego, en nombre del progreso, como pasó en muchos lugares del mundo, la locomotora a vapor fue obligada a jubilarse. En febrero de 1974, Yugoslavia no encontró razones para seguir manteniendo un tren que “no daba ganancias” y lo cerró. “Cuánto esfuerzo humano, problemas y vidas fueron necesarias, sin mencionar el dinero, para construir esta linea, y otras en otros lugares, y luego, otra vez por manos humanas, todo fue destruido y tirado a la basura porque inventamos algo mejor…”, leí en otro de los carteles. Tras el cierre, las mujeres se vistieron de luto por la pérdida, las aldeas de la región empezaron a vaciarse y las más de 200 estaciones quedaron abandonadas. La vegetación creció y escondió la entrada de los túneles. Todo quedó en silencio.

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-23

En 1999, después de la insistencia e iniciativas de la gente de Mokra Gora y de grupos de amantes de los trenes, el director general de la compañía ferroviaria Beograd aceptó reconstruir el tramo Mokra Gora – Vitasi y reactivar el tren para fines turísticos. Con el apoyo del Ministerio de Turismo de Serbia, de Serbian Railways y de Emir Kusturica, entre otros, el Šargan Eight volvió a funcionar en el 2003.

Entonces, estar ahí, al pie de un tren con tanta historia, y no poder subirnos porque la mujer nos había dicho que no y había dado vuelta la cara sin más explicaciones fue algo que no quisimos aceptar. El desafío Kusturica se había convertido en el Desafío Subirnos al Tren a Vapor. La locomotora estaba ahí, tirando humo y lista para arrancar, y si bien los dos vagones tenían gente, no se los veía repletos, así que no entendíamos muy bien qué pasaba. El siguiente tren saldría en varias horas y, si queríamos ir hasta Bosnia a buscar a Kusturica, no podíamos quedarnos a esperarlo (esto es lo malo de viajar con los días contados).

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-29

Nos acercamos a uno de los guardias del tren y le preguntamos si podíamos subir. Nos dijo que no, que el tren estaba full. Le preguntamos si podíamos ir paradas, dijo que no y miró para otro lado. No había chances. Nos acercamos al otro guardia del tren y le dijimos la verdad: que estábamos escribiendo acerca del viaje por Serbia y que esa era nuestra única oportunidad de subirnos al tren histórico, que por favor nos dejara. Nos miró y dijo: “Talk to the chief” (Hablen con el jefe), y señaló al otro guardia. Nos desilusionamos. No había chances. Nos acercamos al guardia número uno y le preguntamos si él era el chief, a lo que dijo que no, que el chief era aquel de allá, y señaló a otro serbio. Nos acercamos al serbio número tres y le dijimos lo mismo, que éramos escritoras y queríamos subirnos a ese tren. Se dio una conversación así:

—Chicas, ¿pero ustedes saben que este es un tren especial?

Nosotras, pensando que se refería al Šargan Eight en general, como tren histórico, le dijimos:

Of course! Por eso queremos subirnos. Vinimos hasta acá solo para viajar en este tren.

Mientras tanto, la locomotora seguía echando vapor y se la veía con ganas de arrancar.

—Este tren fue reservado por un grupo de griegos, este es un viaje privado, no pueden subir acá a menos que el chief de los griegos les dé permiso, pero tendrían que preguntarle a él…

Nos envalentonamos.

—¿Dónde está el chief de los griegos? Queremos hablar con él.

Se bajó un griego petiso y risueño para ver qué pasaba. Era el jefe del grupo. El otro le dijo algo en voz baja y el griego se nos acercó. Lo primero que nos preguntó fue de dónde éramos.

—Oh Argentina! I love Argentina! I went to Buenos Aires! Please, please, come with us, you are our guests.

El tren por dentro

El tren por dentro

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-36

No hizo falta explicarle nada, él nos invitó. Y así, gracias a que el griego estaba de buen humor y le cayó bien nuestra nacionalidad, nos subimos al tren con ellos. Fuimos recibidas por la mirada de odio de veinte griegas que no entendían que hacían esas dos en su tren privado. Al principio nos sentimos un poco intimidadas, así que nos quedamos paradas al lado de una ventana, tratando de no molestar. A los dos minutos el tren arrancó y la atención se desvió al paisaje. Nosotras íbamos muy cerca de la locomotora, así que tuvimos buena vista y nos llenamos varias veces de carbón (me quedó carbón hasta en el pasaporte).

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-25

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-26

Pasamos por varios túneles

Pasamos por varios túneles

Y vimos, literalmente, la luz al final del túnel

Y vimos, literalmente, la luz al final del túnel

Los griegos iban felices, hablaban todos a la vez y sacaban fotos. Pocas veces vi un grupo tan hiperquinético. Recién cuando estábamos a mitad de camino nos enteramos de que ese no era el Šargan Eight turístico, sino un Šargan Eight edición especial con locomotora a vapor que solo se usaba en ocasiones especiales para gente que lo reservaba con anticipación. Los cincuenta griegos con los que viajábamos eran de un club de amigos de los trenes de Atenas y habían viajado a Serbia y Bulgaria solo para hacer viajes en trenes a vapor antiguos. Si hubiésemos sabido no sé si nos hubiésemos animado a hacer trenestop con tanto descaro. Pero las cosas se dieron así y ya estábamos arriba.

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-27

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-22

Pasamos por varias estaciones abandonadas

Pasamos por varias estaciones abandonadas

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-38

Este es el Sargan Eight "normal" (lo vimos después cuando volvimos a la estación inicial)

Este es el Sargan Eight “normal” (lo vimos después cuando volvimos a la estación inicial)

El recorrido duró varias horas, más de lo que dura el viaje turístico, ya que los griegos no solo habían alquilado el tren sino que habían acordado hacer varias paradas en las montañas para sacar fotos y filmar. Me gusta ver grupos de gente unida por una misma pasión. Estuvimos charlando la mayor parte del viaje con un inglés que vivía en Atenas y con un griego que hablaba cinco idiomas —quizá más—, pasamos por túneles, nos sacamos fotos con el guardia número uno (que aflojó y resultó tener muy buena onda, aunque no hablaba inglés), disfrutamos el paseo por las montañas y hasta vimos Drvengrad de lejos. Se nos hizo tarde así que desistimos de la idea ridícula de ir a stalkear a Kusturica al set de filmación, pero quedamos más que contentas con los resultados del día. A veces uno se va de viaje con cierto objetivo y, al final, en el camino aparecen otras cosas. Y suelen ser oportunidades que no hay que dejar pasar. Además, suponiendo que llegábamos a Bosnia y entrábamos victoriosas al set, ¿qué hacíamos? Habíamos estado paradas frente a un tren con mucha historia, y verlo a Kusturica iba a ser como estar paradas frente a un hombre con mucha historia. No tengo idea de qué le hubiésemos dicho. Quizá algo como… hola, ¿te hacen falta extras?

mokra-gora-sargan-eight-drvengrad-serbia-40

[box type=”info”]Info útil para Mokra Gora, Drvengrad y el Šargan Eight:

– Cómo llegar: se puede ir en tren o bus desde Belgrado a Uzice (en tren son cuatro horas, en bus son menos pero es un poco más caro). De Uzice hay que tomar un bus a Mokra Gora. Nosotras fuimos a dedo (nos levantaron en menos de cinco minutos). Pueden ver los horarios de trenes acá y los horarios de buses acá.

Alojamiento: se puede dormir en Drvengrad aunque no es barato (unos €75 para dos personas). Nosotras dormimos en unas cabañas afuera de Drvengrad por €10 entre las dos. Limpias, con baño privado y wifi.

– Drvengrad (o Mecavnik o Kustendorf) es el pueblo construido por Kusturica. Está a menos de dos kilómetros de Mokra Gora. Hay que pagar 2 euros de entrada. Adentro hay un hotel, un spa, sala de cine, librería, peluquería, farmacia y restaurantes. Hay un buffet donde se come muy bien por 600 dinares (4 euros). Web: mecavnik.info

– El Sargan Eight sale todos los días y cuesta 600 dinares (4 euros).

– Y unas cositas más acerca de Kusturica: desde fines de 2013 está filmando un documental sobre la vida de Pepe Mujica, ex presidente uruguayo, a quien considera “el último héroe de la política”. Además dirigió el videoclip de “Raining in Paradize”, de Manu Chao, y en el 2005 recibió el Premio Europeo de Arquitectura Phillipe Rotthier por su proyecto de ciudadela étnica, Drvengrad. El premio se da cada tres años por la Fondation pour l’architecture de Bruselas y es una de las más distinciones europeas más prestigiosas en el campo de la arquitectura.[/box]

[box type=”star”]Este post forma parte de la serie Desafío Serbia Croacia, un viaje en conjunto con Lau de Los Viajes de Nena. Nos fuimos tres semanas a Serbia y Croacia con diez desafíos por cumplir, y los estamos relatando en nuestros blogs, yo los impares y ella los pares. Quedan solo dos más cada una, en mi caso: “explorar lugares abandonados” y “hacer un tour gastronómico”. Pueden leer el Desafío #4: no dejar pasar el tren en el blog de Lau. Agradecemos el apoyo de Eurail en este viaje de desafíos.[/box]

Desafío Serbia Croacia #3: dejar que nos lleve el azar

[box type=”star”]Quizá pretender que el azar nos lleve es como pedirle a alguien que sea espontáneo o poner un cartel de prohibido prohibir. Este post es una reflexión acerca de cómo el concepto de azar cambia según el lugar del mundo, cómo cada región invita a ser viajada de manera distinta y cómo a veces hay que darle un empujón a las casualidades. Ah, y de cómo la letra S decidió todo lo que hicimos en un día en Serbia.[/box]

Read More

Desafío Serbia Croacia

Lo digo de una: este viernes, Laura y yo nos vamos a Zagreb para empezar un viaje de 20 días por Croacia y Serbia.

Los que siguieron la saga Desafío Islandia saben que nos gusta viajar haciendo juegos y que desde que terminamos ese viaje nos quedamos con ganas de más.

Así que se viene el segundo capítulo de algo que será una serie con, esperamos, varias temporadas: los Desafíos Viajeros.

La fórmula mágica es algo así: 2 blogueras + 1 viaje + 10 desafíos + 20 días para cumplirlos.

¿Cómo presentar un viaje que todavía no empezó y en el que no sabemos qué pasará? Si bien vamos con un itinerario más o menos armado —llegamos a Zagreb, vamos para Belgrado, hacemos algo del norte de Serbia, volvemos a entrar a Croacia y bajamos por la costa hasta Dubrovnik— y una lista de desafíos posibles, uno de los objetivos es dejarnos llevar y permitir que algunos desafíos nos encuentren.

En nuestra lista hay desafíos como estos:

* convertir Belgrado en un set de fotografía
* aprender el alfabeto cirílico
* hacer una búsqueda del tesoro (con 20 objetos o situaciones para encontrar y fotografiar) en Zagreb
* hacer barcoestop por las islas de Croacia
* tener un día experimental (dejar que los dados decidan nuestro recorrido y decir a todo que sí)
* aprender a preparar un plato típico de los Balcanes
* usar todas las formas de desplazamiento posibles
* fotografiar lugares abandonados

Son, en realidad, excusas para interactuar con los lugares y con la gente, objetivos que queremos cumplir para viajar de otra manera y mostrar nuestro recorrido desde otra perspectiva.

 

Siento que este viaje está muy alineado con mi manera actual de ver las cosas: hace un tiempo empecé a sentir que la vida es una colección de desafíos.

O de consignas.

O de experimentos.

Da igual.

Vivir me parece eso: ir cumpliendo consignas invisibles, tomarse todo como un gran experimento.

Tal vez es porque estoy escribiendo mucho así, con consignas, porque estoy rodeada de libros que me proponen hacer listas o me dan temas para escribir o me sugieren exploraciones para prestarle atención al mundo —no por nada sentí la necesidad de abrir un segundo blog que no tuviera que ver con viajes—.

A la vez creo que cada desafío encierra otros desafíos.

Por ejemplo, en mi caso, siento que este viaje me pone tres desafíos grandes (vamos a decirles Macro Desafíos):

* Volver a volar en avión. Hace más de un año que no me subo a un avión y no sé cómo me voy a sentir, si las últimas veces la pasé mal. Mi gran desafío, en realidad, es perderle el miedo a volar.

* Encontrar cosas relacionadas con la escritura. No me llevo ni un libro y voy con un solo cuaderno (bueno, dos, uno muy chiquito y otro más grande), y no creo que mi lado escriviviente se vaya a aplacar en este viaje, al contrario, temo que se la pase buscando papelerías y librerías por los Balcanes. Otro desafío dentro de este Macro Desafío (¿qué sería eso? ¿un mini-macro desafío?) es seguir posteando en escribir.me mientras estoy de viaje.

* Volver a viajar. Este es el desafío más grande. Estoy viviendo en Francia hace nueve meses, pero eso no quiere decir que esté viajando. Estoy estática, haciendo las mismas cosas que haría en Buenos Aires (mi lugar de no-viaje), trabajando en mis libros y teniendo una rutina llena de quietud —que en este momento me encanta—. En este tiempo hice algunos viajes cortos, pero nada más, así que me siento medio oxidada. Hace bastante que no relato viajes en tiempo real, así que veremos cómo me sale eso.

Y tengo un Desafío Macro bis que me da un poco de vergüenza pero se los digo igual: separarme de L. por 20 días. Me da risa hasta escribirlo, pero es verdad. Y ya sé que 20 días no es nada, pero desde que nos conocimos, hace casi un año, estamos todo el tiempo juntos y yo no puedo más del amor.

Estos franceses…

Bueno, basta. Volvamos al viaje.

La gallinita, mascota oficial del viaje, está empollando en nuestros próximos destinos.

La gallinita, mascota oficial del viaje, está empollando en nuestros próximos destinos.

Puede que se estén preguntando por qué elegimos Serbia y Croacia.

Elegir el destino del viaje fue otro desafío (van a ver la palabra “desafío” bastante de ahora en más).

No exagero: Lau y yo tuvimos una sesión de cuatro horas de Skype para decidir a qué parte de Europa irnos y nos costó mucho llegar a una decisión final.

El diálogo tenía momentos así:

—Bueno, ya está, tenemos cuatro opciones: Bulgaria, Polonia, Croacia y Francia.

Y al rato:

—¿Cuáles eran las opciones? ¿Y Alemania no te copa?

—No, pará, tenemos que ir a Turquía.

—Yo muero por los países nórdicos.

—¿Y si vamos a Hungría?

—Bueno, decidido: República Checa.

—Pará, imaginate hacer un viaje de desafíos por España, sería re divertido.

—Sí, tenés razón, vamos.

—Che, ¿y cuáles eran las cuatro opciones anteriores?

—¡Mirá lo que son estos lugares de Croacia!

—Yo tengo muchas ganas de ir a Belgrado.

Y así.

Era de no creer.

Ponés a dos indecisas juntas y sale eso.

Ni sabemos quién sugirió qué, pero al final las dos nos copamos con Croacia y Serbia, así que cerramos el debate ahí.

Uno de mis grandes destinos pendientes en Europa son los Balcanes, así que esa era la región que más me tentaba. De Croacia me hablaron mucho, más que nada por sus playas, sus pueblitos mediterráneos y su gente. Y Serbia es un país que siempre me llamó la atención.

Así que allá vamos: a jugar, a divertirnos, a ver qué nos depara el camino y a contarles todo a través de nuestros blogs.

desafios-viajeros-flyer

[box type=”info”]* Pueden seguir el viaje en redes sociales con el hashtag #DesafíoSerbiaCroacia. Yo estaré publicando en mis cuentas de twitter (@anikovillalba), facebook (perfil personal y página de Viajando por ahí) e instagram (@anikovillalba). Lau en su blog y en sus redes. Como la vez anterior, cada una escribirá acerca de cinco desafíos. Pueden leer la versión de Lau de este post en su blog.

* Queremos que uno de los desafíos sea pensado por ustedes, así que mándennos sus sugerencias por acá, por mail, por redes, por donde prefieran y en unos días diremos cuál elegimos.

* Nos vamos de viaje con el libro Turista lo serás tú, del que esperamos sacar varios juegos divertidos para hacer por allá.

* En este viaje contamos con el apoyo y la buena onda de Eurail. [/box]

Privacy Settings
We use cookies to enhance your experience while using our website. If you are using our Services via a browser you can restrict, block or remove cookies through your web browser settings. We also use content and scripts from third parties that may use tracking technologies. You can selectively provide your consent below to allow such third party embeds. For complete information about the cookies we use, data we collect and how we process them, please check our Privacy Policy
Youtube
Consent to display content from Youtube
Vimeo
Consent to display content from Vimeo
Google Maps
Consent to display content from Google