** Spoiler: sí. **

Me di cuenta, leyendo los mails que me escriben, de que hay dos preguntas que se repiten bastante así que decidí dedicarle un post a cada una de las respuestas. Estas preguntas son: “¿qué llevás en tu mochila?” y “¿me recomendás viajar con seguro médico?”. En este post paso a responder la segunda pregunta con fragmentos de historias basadas en hechos reales (protagonizados por mí).

Huaraz, Perú

Historia #1: mi primer romance con el suero

2008. Segundo viaje a Bolivia (principio de mi viaje por América latina).

Llegamos a La Paz después del tour de cinco días por Uyuni. Me agarra una descompostura tan fuerte que la única ruta que logro recorrer durante dos días es la que me lleva de la cama al baño (round trip). Tengo seguro médico pero el primer día no quiero llamarlo. “Esto se me va a ir solo”. No se va. Dejo el orgullo de lado, llamo al seguro, viene el médico a buscarme y me interna por deshidratación, palpitaciones y fiebre muy alta.

Diagnóstico: gastroenteritis y giardias (un tipo de parásito).

Resultado: dos días en el hospital, suero y pérdida de cuatro kilos. Ahí se fue una de mis siete vidas.

Mujer en La Paz, Bolivia

Historia #2: el bichito misterioso

2009. Guatemala.

Estoy en el Lago de Atitlán y siento que un bicho me pica en el brazo. Lo mato, parece ser una hormiguita inocente. Me olvido del incidente. Al rato, se me empieza a hinchar el brazo. Intento olvidarme del incidente para no parecer paranoica: “Se me va a ir solo”, mi frase de cabecera. Al día siguiente me duele: se me formó una bola de 5 cm de largo en el brazo. Voy a la farmacia del pueblo y le pregunto a la farmacéutica si puede haber sido venenoso. Ella me responde que si hubiese sido un bicho venenoso “ya me hubiese dado algo hace rato” y acto seguido hace como si estuviera sufriendo un ataque epiléptico. Me quedo más tranquila, me tomo un antiinflamatorio y me voy a dormir. Al día siguiente (día 3) amanezco con el brazo hinchado y enrojecido y la piel afiebrada. Temo que tengan que amputarme el brazo así que decido dejar mi orgullo de lado y llamar al seguro médico. Inmediatamente me derivan a un hospital evangélico en el cual me aplican una linda inyección de antihistamínico para curar la reacción alérgica. Al día siguiente, no más picadura. Brazo a salvo.

El bello Lago de Atitlán

Historia #3: dengue que te quiero dengue

2009. Mismo viaje a Guatemala. Sola.

Pocos días después del incidente del bichito. Empiezo a sentirme rara: malestar estomacal, falta de fuerza, dolor de cabeza, cansancio constante. Mi diagnóstico: “Comí demasiados huevos y me dio un ataque al hígado. Se me va a ir solo”. Sigo viajando por Guatemala como si nada durante unos días, pero en algún momento dejo de comer (pierdo el hambre por completo). Una noche me despierto de golpe en el hostel, salgo corriendo al baño, me desplomo contra el piso, no puedo estar parada, tengo náuseas y mucho frío. Me largo a llorar.

Al día siguiente hago “la ruta de atrás” (está en mi Top 3 de rutas que más sufrí) que va de Cobán a Santa Elena (cerca de las ruinas de Tikal), hay un derrumbe en la montaña así que hay que cruzar varios kilómetros a pie por el barro que llega hasta las rodillas. Supero eso, llego al hostel, me derrumbo en la cama, me largo a llorar. “Algo anda mal”. Decido dejar el orgullo y esa creencia de inmortalidad de lado y llamo al seguro médico. Me derivan al centro médico más cercano y voy para allá en un tuk-tuk.

La doctora que me ve me obliga a internarme de inmediato: deshidratación, fiebre muy alta, debilidad general. Al día siguiente, tras historia de amor con el suero (nos volvemos inseparables) y análisis de sangre, la verdad: “Tenés dengue y amebas” (un tipo de parásito capaz de ulcerar el estómago). ¿Me voy a morir? “No, si era el dengue hemorrágico ya te hubieses muerto”. Vamos todavía. Internación de cinco días: me hago amiga de las enfermeras y las doctoras, me cuentan todo tipo de historias, me cuidan, se me va el dengue y regreso a Buenos Aires una semana antes de lo previsto. En Guatemala dejé dos de mis seis vidas restantes y un agradecimiento infinito a las personas que me cuidaron en aquel centro médico.

La historia completa está en mi libro.

Suero, te amo

Conclusiones:

1. Siempre pienso que todo se me va a ir solo. Si bien muchas veces tuve razón, en estos tres casos necesité ayuda. Un resfrío se puede ir solo, pero con las reacciones alérgicas y el dengue ya es más complicado (a menos que tengan la capacidad de auto-curación).

2. Tampoco hay que asustarse. Piensen que pasé muchísimos meses viajando por América latina y Asia y solamente me pasó esto. El resto del tiempo estuve sana y salva (con excepción de alguna que otra diarrea y resfrío).

3. A la pregunta “¿me recomendás viajar con seguro médico?” yo les diría que en términos generales sí. La decisión final depende de ustedes.

Hay países y continentes donde es obligatorio viajar con seguro médico: para entrar al Espacio Schengen, en Europa, te lo piden, así que no queda otra opción. Hay países donde no es obligatorio pero la medicina es carísima (por ejemplo Estados Unidos) y es mejor estar cubierto de antemano que fundirse pagando los costos de una atención médica. Hay países donde la medicina es muy barata y una consulta ocasional no va a significar grandes costos, pero en esos lugares también suele haber más probabilidades de agarrarse “algún bicho”. En ese caso puede ser tentador ir sin cobertura —total las consultas y medicamentos son baratos— pero hay que pensar en todas las opciones —por ejemplo una internación por algún parásito, como me pasó con las giardias y amebas, o por una enfermedad tropical— y decidir si ir cubierto de antemano o no. Para viajes largos, recomiendo tener seguro.

No siempre estará nuestro abuelo para cuidarnos

Entonces, antes de viajar, les recomiendo lo siguiente:

1. Vayan al Centro de Medicina del Viajero de su obra social o a una clínica especializada. El doctor los va a asesorar según el destino del mundo al que viajen y les va decir qué recaudos tomar y qué tener en cuenta.

2. Dense las vacunas necesarias: según tengo entendido, la única “obligatoria” por la OMS es la de Fiebre Amarilla (en algunos aeropuertos les pueden pedir el certificado internacional de vacunación, a mí me lo pidieron en Bangkok), el resto depende del destino. En mi álbum de figuritas de vacunas tengo las siguientes: Hepatitis A y B, Fiebre Tifoidea, Fiebre Amarilla, Cólera, Antitetánica, Polio, Meningitis.

3. Armen un botiquín con lo necesario (detallaré su contenido en el post de “Qué llevo en mi mochila”).

4. Y si se deciden por el sí, contraten un seguro de asistencia al viajero. A mi me cubre assist-med desde el 2010 y estoy conforme, pero investiguen: existen planes a medida de todos.

Conclusión de las conclusiones:

La Ley de Murphy es real: así como el teléfono suena justo en el momento en que nos sentamos en el trono y el bondi llega en el instante en el que los fumadores se prenden el pucho, viajar con seguro médico te da la seguridad de que no va a pasarte nada (porque si viajás sin asistencia, seguro que se te rompe la muela, te pican los bichos más misteriosos y te agarra algún tipo de diarrea incurable).