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La anticrónica de una argentina en Sant Jordi

Anticrónica (según yo): relato cronológico medio desprolijo*, con poca certeza de horarios y nombres exactos, con más atención puesta en los hechos periféricos del evento que en los centrales y que, por eso, desinforma más de lo que informa. Pero no saben qué simpática que es la anticrónica. (*desprolijo es lo opuesto de prolijo, una palabra que usamos mucho en Argentina y que casi no se usa en España, según mis encuestas. Usamos prolijo en su segunda acepción: cuidadoso o esmerado. Desprolijo sería lo opuesto —o también lo que le dicen los padres a sus hijos adolescentes cuando van, según ellos, desarreglados y con el pelo muy largo: “Estás muy desprolijo”—.)

Sant Jordi: el 23 de abril se conmemora la muerte de San Jorge (Sant Jordi, en catalán), patrono de, entre otros lugares, Catalunya. Barcelona se convierte en una feria callejera repleta de puestos de venta de flores y libros (la tradición dice que las chicas le regalan libros a los chicos, y los chicos le regalan flores a las chicas). Además coincide con el Día Internacional del Libro (para más información: Wikipedia).

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23 de abril de 2014, Barcelona

5.35 am – El día empieza tempranito gracias a uno de mis compañeros de habitación del hostel que llegó borracho hace un rato, hizo todo el ruido que pudo y ahora está roncando como un león maltratado desde la cama de al lado. Intento callarlo haciendo shh shh pero no hay manera. Lo puteo un poco en voz baja, pero nada, no me entiende. Pensaba despertarme a eso de las 6.30, pero este chico me sacó las ganas de dormir. Me quedo en la cama mirando videos de Saturday Night Live y Whose line is it anyway? con los auriculares para tapar los ruidos nasales. Es una nueva costumbre que adopté: mirar videos divertidos para despertarme. Bienvenido nuevo día.

6.25 am – Me baño y me preparo para salir. Hoy es Sant Jordi y tengo que encontrarme con Pablo e Itziar, los chicos de la Editorial Viajera, a las 7 am para armar nuestro puesto temprano. Nos dijeron que los espacios bien ubicados se cotizan y que si bien hay que ir con autorización, puede pasar que te ocupen el lugar. Este va a ser mi primer Sant Jordi y estoy ansiosa. ¿Venderé algún libro? Con vender diez ya soy feliz.

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7.01 am – Llego caminando a Passeig de Gracia 5. Lo bueno de Barcelona es que todo queda cerca y casi no me hace falta tomarme el metro. Me encuentro con Pablo e Itziar y empezamos a armar el puestito. No hay casi nadie en la cuadra, solamente un puesto de venta de flores como a diez metros de nosotros. La mañana está tranquila.

7.30 am – Teórica y práctica del armado y colocación del gazebo, palabra que me suena a pájaro rapaz. Logramos poner todos los palos en su lugar, pero hay uno que siempre se sale y que varias veces casi me pega en la cara. Sostenemos la carpa con bidones de agua que hacen contrapeso. Armamos las mesas, las envolvemos con la bandera catalana y ponemos los libros encima.

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7.55 am – Abro una caja y veo mi libro (edición printed in Spain) por primera vez, me lo trajeron los chicos de Madrid. Quedó muy bien. Y si hubiese quedado mal ya era tarde. Hace unos días soñé que mandaba a imprimir mi libro y que venía con frases que yo no había escrito (#pesadillasdeescritores).

8.10 am – Todo listo. Tenemos la mesa puesta, los libros en exposición, el gazebo firme y dos globos terráqueos inflables colgados a cada costado. Lectores, vengan a nosotros.

8.30 am – La gente pasa frente a nuestro puesto y sigue de largo. Me desmotivo: seguro que no vendemos nada. Seguro que no frena nadie. Siento que estoy despierta hace años y todavía no son ni las 9.

08.42 am – Primera persona que se acerca a nuestra parada. Emoción. Lo miramos con sonrisas ansiosas. Nos saluda, señala el globo terráqueo y pregunta si está a la venta. No. Se va.

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Pablo comiéndose el mundo

09.01 am – Nuestros amigos catalanes nos recomendaron no agobiar a la gente, entonces no sabemos cómo encarar a los que se acercan a mirar. Por las dudas no hablamos, solo sonreímos. Me siento medio robot.

09.05 am – Primera interacción de más de diez segundos: una italiana que no habla castellano. “Compraría sus libros pero no los voy a poder leer”, se lamenta. Se va.

09.10 am – Llega un grupo de personas con un megáfono y se para frente al banco Santander. Empiezan a manifestar: “… policías: se equivocaron de lugar, los ladrones no están en las Ramblas, ¡están aquí dentro!”, dicen con ímpetu. Hacen mucho ruido, se ríen, reparten periódicos y se van para otra parte.

09.30 am – Se acerca un grupo de estudiantes a hacernos una encuesta para un trabajo práctico del colegio. Todavía no se ve mucha gente por la calle, todos están yendo a trabajar.

10.18 am – Una pareja viene a retirar el libro que compró su hija a través de la preventa. “Ay Octavio*, sácame una foto con ella, que es encantadora”, le dice la mujer al marido mientras me abraza para la foto. (*Los nombres son ficticios porque no los recuerdo.)

11 am – Se acerca un personaje, un loco lindo de Barcelona. Tiene flores en la barba y calzas de leopardo. Dice que es escritor, poeta y, si mal no recuerdo, escultor. Le saco fotos. Nos dedica un piropo a las tres chicas que estamos en el puesto y se despide con un “sean felices”. Quiero que sea mi agente publicitario.

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11.15 am – Necesito una dosis de cafeína para mantenerme en pie así que voy en busca de un shot de café y un croissant. Camino dos cuadras y aprovecho para mirar un poco los puestos. Qué lindo ambiente que hay hoy, la gente está en la calle comprando flores y libros, esto debe ser único en el mundo. Aprovecho para ir al baño en el bar que será mi proveedor de inodoro del día.

11.25 am – Cuando vuelvo al puesto, Itziar me dice que me perdí dos momentos destacados, como era obvio. La gente espera a que uno se vaya al baño para tocar el timbre o llamar por teléfono. Al parecer pasó un grupo de franceses que estaba intentando intercambiar un marcapáginas de cuero por otro objeto: Itziar les dijo que solo teníamos señaladores de papel, pero no quisieron. “Se los cambio por el globo”, dijo uno. El globo está teniendo más éxito que los libros. También frenaron unas chicas que preguntaron por los libros, una de ellas miró el mío y lo dejó. “Es que a mí no me gusta leer, no soy de aquí” (?).

11.40 am – Una pareja me compra un libro, se los firmo con dedicatoria y me dicen que tienen que ir a sacar plata y ya vuelven. Me quedo con el libro firmado. ¿Volverán?

11.50 am – Vuelven.

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12 pm – Se acerca una señora: “Hola, ¿aquí venden Lonely Planets?”.

12.02 pm – Se acerca una pareja: “¿Aquí organizan viajes?”.

12.05 pm – Se acerca una chica: “Disculpe, ¿dónde queda la Rambla de Catalunya?”.

12.10 pm – Un chico me cuenta que acaba de conocer mi blog (hace pocas horas) y que se está por ir en bici a Marruecos. Charlamos de viajes.

12.25 pm – Una señora pasa, mira la portada de mi libro, frunce el ceño y sigue de largo. ¿Qué estará pensando? “Ay, esta juventud de hoy”.

12.45 pm – Pasa un señor con seis flores en la mano. La tradición dice que en Sant Jordi los hombres les regalan flores a las mujeres y las mujeres les regalan libros a los hombres. Este señor tiene muchas amigas.

1.05 pm – Lo bueno de estar del otro lado de la mesa es que uno puede hacer avistaje de personas sin disimulo. Y hay de todo. Ya se nota que las calles están más pobladas. No quiero dejar el puesto por si viene algún lector. Ya vendí más de 10 libros, no lo puedo creer.

1.37 pm – Empezamos a aplicar tácticas de venta un poco más fuertes. Hablamos con la gente, hacemos preguntas. A mí me cuesta, lo comercial no es lo mío.

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2.45 pm – Pasan varios lectores y amigos a saludarme, me traen regalitos y comida, me cuentan historias. Hay una mexicana que está viajando por dos años, una catalana que quiere viajar pero tiene miedo de que la secuestren, una italiana que lloró cuando llegó a Nueva York y estaba sola, una catalana que se va mañana a Bangkok sin fecha de vuelta, un cordobés que me regaló una foto de Pin y Pon, una pareja argentina que vive viajando y trabajando en restaurantes, una chilena que es cuentacuentos. Empiezo a perder la noción del tiempo.

4.02 pm – De repente estoy firmando libros a lo loco, se ve que esto de las ventas es por tandas. Además de firmar mi libro (después de mucho tiempo de no hacerlo), firmo el otro libro en el que participé como coautora (“Viajeras”). Qué emoción, ya tengo dos hijos (uno propio y otro con maternidad compartida). Además estoy en Barcelona, que es el padre de mi hijo (acá empezó a gestarse hace más de un año).

4.15 pm – En el puesto somos varios: además de Pablo e Itziar, durante todo el día pasan a saludar (y a firmar) otros viajeros y escritores que colaboraron en los dos títulos de la editorial. Tenemos cerveza fría. Nos vamos descontracturando. Hay muy buena onda.

5.40 pm – Me suena el celular. Es una lectora que compró el libro en preventa y quiere saber si estoy en el puesto.
—¿Dónde estás?
—En Passeig de Gracia número 5.
—¿Es un local?
—No, estoy en la calle. (pronunciado: cashe)
—Ah, en La Caixa, vale.
—No no, en la calle. (pronunciado: caie)

6.05 pm – Una chica asiática se queda una media hora leyendo todos los libros. No sé si los lee, más bien los inspecciona con seriedad, les saca fotocopias con los ojos. Termina, los deja ahí y se va.

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6.35 pm – La gente salió del trabajo así que el centro de Barcelona es una marea humana. Me dicen que casi no se puede caminar. Me encantaría ir a dar una vuelta pero no quiero perderme nada. Solo me alejo para ir al baño. La gente se pone de acuerdo para llegar a verme cuando no estoy, así que cada vez que vuelvo del baño tengo a tres o cuatro esperándome.

6.55 pm – Se acerca una chica y me dice:
—Este era el único libro que quería para Sant Jordi. Te leo y la vida me parece más sencilla.
—Ay, gracias.
—A tí, por alegrarme la vida.
Por estas cosas es que vale la pena escribir.

7.15 pm – Un chico frena de golpe: “Oye, ¿dónde compraron este globo? ¿Está a la venta?”. Volvé más tarde y vemos, pibe.

7.35 pm – Una señora catalana con un sombrero mexicano se para frente al puesto y hojea el libro Viajeras. Se ríe, lo devuelve y mientras se va nos dice: “Yo ya viajo bastante…” y tira una frase que jamás sabremos si fue “sin leer” o “See you later!”. Se va con estilo.

8.00 pm – Me llevo el mundo por delante. Es que el globo está colgado a la altura de la cabeza y cada vez que me doy vuelta me lo choco.

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8.30 pm – Estamos desenfrenados. Llegó la tanda de los que dejaron las compras para último momento y compran libros como pan caliente. Ahora entiendo eso que dicen los libreros de que en Barcelona hay 13 meses de trabajo: los 12 del calendario y Sant Jordi. Esto es un éxito.

9.45 pm – Ya va siendo hora de desmontar el puesto. No quiero que se termine este día. Quiero fundar días de San Jordi por el mundo. O dedicarme a ir de feria en feria.

10.05 pm – Desarmamos la gacela (¿gacela?), tiramos cajas vacías, guardamos todo y nos vamos a cenar con otros viajeros/escritores. Ya llevo 17 horas en pie, pero Sant Jordi fue un antes y un después, me inyectó una dosis de motivación que me faltaba. Quiero seguir escribiendo, tengo muchas ideas para libros nuevos, a esto era que quería dedicarme.

11.55 pm – Salimos del restaurante, el grupo se dispersa, todos se quieren ir a dormir. Yo estoy tan pasada de sueño que por más que vuelva al hostel no voy a poder dormirme. En el camino vuelvo a cruzarme con Pablo e Itziar que justo se encontraron con unos amigos de Madrid. Están buscando un bar a donde ir. Vamos chicos, yo los llevo, les digo. Y nos vamos de bar en bar hasta las tres de la mañana. Lo que me río con estos nuevos amigos desconocidos no tiene nombre. Este día superó todas mis expectativas. ¿Alguien quiere comprar un globo terráqueo?

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Les recomiendo el libro “Sin noticias de Gurb”, de Eduardo Mendoza. Es el diario íntimo de un extraterrestre que busca a su amigo Gurb (que se perdió y tomó la apariencia de Marta Sánchez) en Barcelona. Es delirante. Lo mejor es ver cómo el extraterrestre va cambiando: al principio está sorprendido de cómo se comporta el ser humano en Barcelona, después pasa a ser uno más. Una crónica excelente y con muchísimo humor.

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