2.

Desde que llegué a Indonesia, recibo el «movie-star treatment». La gente (especialmente chicos y chicas de colegio) me ven a lo lejos, me señalan, se emocionan, se alborotan, vienen corriendo y me piden una foto. Algunos intentan ser discretos y sacarme fotos «sin que me dé cuenta» (a ver: es imposible NO ver un celular apuntándome a menos de diez centímetros de la cara), otros no se animan a hablarme y mandan a algún «grande» a que me pida la foto, muchos vienen directamente hacia mí, me hablan rapidísimo en bahasa, me abrazan, posan, me dan la mano y se van. Me resulta muy cómico. Cada vez que estoy con algún amigo local y pasa esto, le digo: Por favor deciles que soy una persona NORMAL, soy igual que ellos. A lo que siempre me responden: No, para ellos sos igual a los actores que ven en la tele. Para muchos, sos la primera persona rubia que ven en su vida.

Estas son algunas de las situaciones más cómicas que viví estos días.

(i) Estoy en Borobudur, el templo budista más grande de Indonesia. Se me acerca un hombre y me pregunta de dónde soy. «Ohh! ArGUEntina! ARGUENTINA!!!! Maradona!!!», se acercan sus cinco amigos y cual barrabravas empiezan a gritar «ehhh Maradona Maradona, she’s a friend of Maradona!!!», me abrazan de a diez y me sacan fotos de todos los ángulos posibles. Como si en la foto, en vez de aparecer yo, estuviese sentado Maradona.

(ii) Estoy en Prambanan, templo hindú de Yogyakarta. Se me acerca un grupo de chicos pseudo boy-scouts asiáticos musulmanes. Me empieza a hablar uno, el «profesor», y me comenta, como si estuviese hablando con una celebridad, que sus alumnos están aprendiendo inglés y que sería un honor para ellos practicar conmigo. Así que de a uno me van haciendo preguntas, el profesor chequea que todos me pregunten algo (where are you from, how long have you been in Indonesia, where will you go after, bla bla bla), y el último, de unos 20 años, me dice: «Do you have Facebook?». Después todos se sacan fotos conmigo y el profesor me pide mi mail. Al día siguiente estoy caminando por la ciudad y escucho «Aniko! Aniko!»: el muchacho del Facebook. Más tarde me conecto y recibo un mail… del profesor. Oh my God

(iii) Esta es la mejor: situación actriz-de-incógnito-en-isla-desierta. Estoy en un pueblito súper local, uno de esos lugares que no aparece en las guías turísticas, disfrutando del mar con mis dos nuevas amigas indonesias. En Indonesia, las mujeres nadan en el mar con remera y pantalón, nada de bikini, así que después de preguntarles mil veces si no les molesta que nade en bikini (a lo que me dicen que para nada, ya que están acostumbradas a que las extranjeras se vistan —o desvistan— así), me relajo y nos quedamos «chapoteando» en la costa cual morsas encalladas en un isla abandonada. De repente siento risas, grititos y veo que, no sé de dónde, cinco chicos/as vienen corriendo hacia mí con sus cámaras de fotos, listos para disparar. Entran al mar, se paran al lado mío y me ruegan «Miss Miss please, photo with you». Oh Dios. Salgo del mar y les digo que esperen, que me voy a vestir (tampoco exageremos, doy fotos pero no en bikini), pero mientras corro en busca de mi vestido ya es demasiado tarde, están sacando fotos a lo loco. No quiero ni saber dónde aparecerán esas fotos. Mi imaginación me dice que existe una gran red social llamada BULEBUK (bule significa extranjero en bahasa indonesio) donde aparecemos todos los foreigners con cara de «soy normal, ¿para qué quieren fotos conmigo? Aunque no voy a mentir, estoy disfrutando un poco este momento».

ÚLTIMO MOMENTO: Esta acaba de pasar. Me conecto a Facebook y tengo una solicitud de amistad de alguien que, por lo que veo en la foto, se parece mucho a mí. Abro el perfil y me encuentro con lo siguiente: estoy en la foto de perfil de un indonesio. Ya está. Voy a empezar a cobrar derecho de imagen.