9 reflexiones acerca de vivir viajando
(o “¿Cómo puedo financiarme en el camino?”)

**Spoiler: no sé. Y este post tiene el prólogo más largo de la historia.
Poné el agua para el mate o preparate un café. O si querés la respuesta práctica, andá directo al final del texto.**

[box type=”star”]No existen fórmulas ni recetas mágicas para financiar un viaje o para vivir viajando. No hay pasos infalibles ni modelos a replicar. Nadie tiene el éxito ni el fracaso asegurado. Como con todo, financiar y autosustentar un estilo de vida viajero lleva tiempo, dedicación, trabajo y creatividad. No hace falta ser millonario ni sacarse la lotería para vivir en movimiento. Lo que sí hace falta es cambiar algunas concepciones.[/box]

Una de las preguntas que más recibo por mail y que más me cuesta responder es: “¿Me das ideas para financiarme mientras viajo?”. Más allá de los consejos que pueda darles para ahorrar en el camino, muchos de ustedes me preguntan otra cosa: “¿De qué puedo trabajar para mantenerme mientras viajo?”. Porque una cosa es ahorrar y otra es generar ingresos. Y creo que en el fondo la pregunta es: “¿Cómo puedo hacer para vivir viajando?”.

Ya sea para vivir viajando durante quince días, dos años o tres décadas, no hay una respuesta: hay muchas. Y como no tengo la solución adecuada para cada uno, decidí hacer este post con mis reflexiones acerca de este estilo de vida.

Empecemos

Empecemos

*

En muchos lugares del mundo, el sistema nos educa así: tenés que tener un título universitario para conseguir un trabajo, tenés que tener un trabajo fijo para cobrar un sueldo a fin de mes, tenés que tener un sueldo a fin de mes para poder vivir, alimentarte y comprarte cosas, tenés que ahorrar gran parte de ese salario para poder irte de vacaciones cuando el trabajo te lo permita, tenés que trabajar hasta los 65 para tener una jubilación y después podés disfrutar de la vida.

Vivir viajando derriba muchas de estas ideas.

Es lógico, si nos guiamos por ese modelo, sentir que si la plata no alcanza para llegar a fin de mes, menos va a alcanzar para un viaje largo. Por eso, para empezar a pensar en la financiación de un estilo de vida viajero, lo primero que hay que hacer es cambiar el paradigma.

Las reglas del juego son otras.

Las reglas del juego son otras.

1) Vivir viajando no es vivir de vacaciones. 

Esto ya lo repetí muchas veces en el blog, así que para quienes me leen de antes no es algo nuevo. Sé que, visto desde afuera, la imagen mental que muchos tienen del viajero es algo así: playa + jugo de coco + hamaca paraguaya + leve brisa + no stress. Díganme dónde firmo que yo también quiero una vida así. Bah, en realidad no.

Yo empecé con la idea de ser una viajera pura y dura: de dedicarme solo a viajar, a explorar y a conocer otras culturas. Lo hice durante varios meses, pero me di cuenta de que no podía separar mis ganas de viajar de mis ganas de comunicar, a través de textos y fotos, lo que iba encontrando en el camino. Viajar por viajar es muy lindo, pero después de un tiempo uno tiene necesidad de hacer algo con ese viaje, de transformarlo en otra cosa, de aportarle algo valioso a toda esa gente y a todo ese mundo que tan bien nos recibió (o de cambiar ese mundo que tan mal nos recibió). El trabajo, ese querer aportar algo, es parte de la naturaleza humana, y es gracias a eso que el mundo sigue girando. Y cuando te vas de viaje, el gen del trabajo no se apaga, al contrario: se activa. Por eso, creer que vivir viajando es lo mismo que estar de vacaciones permanentes es un error.

En estos siete años conocí mucha gente que vive como yo, en movimiento. Gente de todas partes del mundo y que trabaja en distintos rubros: cocineros, escritores, programadores, médicos, diseñadores, arquitectos, fotógrafos. Algunos se mueven de manera constante, otros son estacionales, algunos trabajan de manera independiente, otros van con contrato. Pero todos comparten esa ansiedad de moverse y de dedicarse a lo que más les gusta. Y todos lograron, cada uno a su ritmo y en su propio tiempo, generar una rutina de viaje-trabajo que les permite seguir viviendo así.

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2) Vivir viajando puede ser más barato que vivir en un lugar fijo.

También hablé de esto en otras ocasiones. Este vez pongo “puede ser” porque depende de la manera de viajar y de vivir de cada uno. Pero hago cuentas y a mí me sigue saliendo más barato estar en movimiento. ¿Por qué? No hay gastos fijos, uno solo paga lo que necesita en el momento (alojamiento, comida, transporte, visas), hay lugares donde el costo de vida es muy barato y otros donde estas necesidades básicas se pueden intercambiar por servicios.

Entonces, una de las primeras cosas a tener en mente es que no necesitás tanta plata para viajar. Es cierto que si querés volar a otro continente, el pasaje de avión es caro, pero nadie te impide cruzar en barco o ir por tierra. Hay muchas maneras de viajar y el avión no es el único medio que existe. Pero esto implica, también, cambiar el chip de la velocidad: cuanto más lento vayas, menos vas a gastar y más intensa va a ser tu relación con el camino. Hay ciertos gastos que son obligatorios: las visas, el seguro médico (en caso de llevar uno), la gasolina (en caso de viajar con vehículo propio), pero pensalos como una inversión inicial del viaje o como un gasto fijo y comparalos con los gastos que tenés ahora: seguro siguen siendo más bajos.

[box type=”tick”]- En mi post “Consejos para viajar barato o sin plata” doy más detalles y en el post “Desde un bus rojo” hablo acerca del slow travel.[/box]

Y este es el trailer de un documental que quiero ver hace tiempo… (pueden verlo acá.)

3) Tu trabajo no es tu empleo (work is not a job). 

workisnotajob

Fuente: workisnotajob.com

Hay gente que no se anima a vivir viajando porque tiene miedo de no conseguir trabajo. Otros tienen miedo de irse por un año y de que al volver nadie quiera contratarlos.

Primero hay que preguntarse qué es el trabajo. Yo estoy de acuerdo con los chicos de workisnotajob: nuestro trabajo no es nuestro empleo de 9 a 5, es nuestra pasión puesta en acción, eso que solo nosotros podemos contribuir al mundo. Pero si pensás en el trabajo como algo que tienen que darte y no como algo que podés generar por tu cuenta, puede que te sea más difícil conseguirlo.

Creo que pueden existir tantos trabajos como personas, ya que todos tenemos algo para ofrecer al mundo. Puede que tu trabajo soñado no exista, o que no encuentres a nadie que quiera contratarte para hacerlo, entonces sabés qué: inventalo, sé el primero en dedicarte a eso. El cliché es cierto: el que no arriesga, no gana. El mundo es de los que se animan a hacer algo distinto.

[box type=”tick”]Para leer más acerca del nuevo paradigma laboral, les recomiendo los libros [eafl id=”21077″ name=”Rework” text=”“Rework: change the way you work forever””] de David Heinemeier Hansson y [eafl id=”21080″ name=”Ignore everybody” text=”“Ignore everybody: and 39 other keys to creativity””] de Hugh Macleod. No sé si estos títulos están en castellano, por eso los comparto en inglés. Y este video también tiene buenas reflexiones acerca de lo que para muchos de nosotros es trabajar.[/box]

4) Podés trabajar desde cualquier lugar del mundo.

Uno de los cambios más grandes que generó internet es que cada vez se necesitan menos las oficinas y los jefes. Son cada vez más las profesiones que pueden practicarse desde cualquier lugar del mundo, a cualquier hora, frente a cualquier paisaje y de manera independiente. Uno puede tener su oficina donde quiera y ser su propio jefe.

Ya no hace falta, entonces, que hagas tu trabajo siempre desde el mismo lugar. Podés mantener tu empleo, si querés, irte de viaje y seguir trabajando en el camino. O podés renunciar a tu trabajo, y crearte uno que te permita hacer de cualquier espacio tu oficina.

Sé que esto (aún) no es aplicable a todas las profesiones, pero siempre existen alternativas. Un buen ejemplo es médicos sin fronteras y otras organizaciones “sin fronteras”. Y si tu profesión todavía no tiene una alternativa viajera, quizá es hora de que la inventes.

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Foto: Marruecos

5) No necesitás plata para todo.

Volvió la era del trueque. Yo creo que nunca se fue, pero ahora es más visible, también gracias a internet. Estamos muy acostumbrados al sistema capitalista-monetario: necesito algo, voy y lo compro. Pongo plata sin dar lugar a la posibilidad del trueque, porque así es más fácil y más rápido. Pero hay muchas cosas que se hacen por intercambio, o que se harían si hubiese un diálogo previo de por medio. 

En el mundo viajero hay muchas opciones de intercambio. Por ejemplo:

– Couchsurfing. Personas y familias de todo el mundo ofrecen alojamiento gratuito a los viajeros en sus casas. ¿Qué ganan? Compañía, conocer a alguien de otra cultura, aprender acerca de otras realidades, viajar sin viajar.

– Warmshowers. La versión de Couchsurfing para ciclistas.

– Housesitting. Mucha gente necesita que le cuiden la casa y/o las mascotas mientras no están, así que te permiten vivir sin costo ahí, siempre y cuando te hagas cargo de la casa, las plantas, los animales y el mantenimiento del lugar.

– HelpX. Intercambio de alojamiento y comida por trabajo. Una persona necesita que lo ayuden a pintar un cuarto de su casa, o que lo ayuden a practicar su español, o que le solucionen un problema técnico en la computadora. Y justo estás en su ciudad y resulta que tenés los conocimientos o las capacidades para hacer lo que él necesita. Lo contactás, coordinan y te quedas con él hasta que el trabajo esté hecho. Él, a cambio, te da comida y cama.

– Woofing. Trabajo en granjas orgánicas a cambio de alojamiento y comida.

– Find a crew. Hay gente que busca tripulación para sus barcos, lo que te permite trabajar a bordo y viajar gratis. Todavía no lo probé pero me parece una opción muy interesante.

– Autostop. Lo dijo Juan Villarino: “Todos nacemos con un boleto gratis a cualquier lugar del mundo, y lo tenemos en nuestro pulgar”. Salí a la ruta, estirá el brazo y pedí que te lleven. Siempre alguien frena.

– Gratiferias. Hay muchas gratiferias, reales y virtuales, en un montón de ciudades del mundo. También hay mucha gente dispuesta a intercambiar ropa u objetos que ya no usa.

– Patrocinios. Si tenés un proyecto sólido e interesante, podés conseguir esponsoreo de aerolíneas, hoteles, hostels, trenes, buses o empresas especializadas en tu rubro. Eso sí, lo importante es tener una propuesta que pueda interesarles.

Foto: Argentina

Foto: Argentina

[box type=”tick”] Les recomiendo [eafl id=”21081″ name=”La biblia del viajero” text=”‘La biblia del viajero'”], la mejor guía de Lonely Planet que leí. Está escrita por tres viajeros franceses y algunos de los temas que cubren en profundidad y de manera muy realista (y con mucha experiencia) son: autostop, barcostop, trenestop, avionestop, viaje en carguero, marcha a pie, recolección urbana, camping en entorno urbano, alojamiento organizado a cambio de trabajo e intercambio de casas. Un montón de temas que en otras guías no están mencionados o son desestimados por no ser tradicionales.

Todavía no lo terminé de leer, pero el libro [eafl id=”21082″ name=”The moneyless manifesto” text=”‘The Moneyless Manifesto'”] de Marc Boyle pinta interesante. Hace más de tres años que este inglés vive sin dinero, y relata la experiencia en este libro. En cada capítulo habla de una temática distinta (la vivienda, la alimentación, la salud, la educación, entre otros) y cuenta qué alternativas existen para poder solucionarlas sin dinero de por medio. Se puede leer gratis en su web.[/box]

Foto: Indonesia

Foto: Indonesia

6) Dedicate a lo que más te gusta. Y hacelo en movimiento.

Todos nacemos con un talento. Sí, vos también, aunque estés moviendo la cabeza y diciendo que no. Algunos lo descubren de muy chicos, a otros les cuesta más encontrarlo, otros saben que lo tienen pero no lo siguen por miedo, porque creen que no son lo suficientemente buenos, porque sienten que a nadie le va a interesar lo que tienen para decir o mostrar, porque alguien los desmotivó o porque piensan que siempre habrá alguien mejor. Sí, puede que haya alguien mejor, pero ¿importa? Acá lo importante, me parece, es poder dedicarte a lo que te sale bien y te hace feliz, a eso que sentís que hacés sin trabajar. Creo también en la teoría del felicismo que propone Albert Casals (el viajero de Mon Petit, la peli que les recomendé antes): si hago lo que me hace feliz, también haré feliz a la gente que me rodea. Si hago lo que me inspira, también inspiraré al resto.

En una carta que ahora no tengo acá pero que me encantaría compartir, mi mamá me escribió, entre otros consejos: “No te dediques a una profesión por la plata, dedicate a lo que más te guste hacer y la plata va a llegar sola”, “Sé dueña de tu tiempo, no le regales tus horas de trabajo a otros”, “Hacé lo que te haga feliz”. Yo tenía trece años cuando me dio ese papel, y todavía lo tengo guardado en una cajita en Buenos Aires. Ella me educó para ser libre, y nunca me voy a cansar de agradecerle. *Se emociona*

¿Qué sentido tiene la vida si no somos libres y felices? Todas las muertes cercanas que sufrí este año me enseñaron una cosa: nos vamos demasiado rápido de acá. Mejor que aprovechemos el tiempo de la mejor manera posible. Basta de posponer los planes y la felicidad esperando un momento ideal que nunca va a llegar.

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No hay tarea que desestimemos más que la tarea de ser felices.

[box type=”tick”]- Les recomiendo (les pido) que lean el libro [eafl id=”21083″ name=”El elemento” text=”‘El elemento'”] de Ken Robinson. Habla acerca de ese talento con el que todos venimos al mundo y cuenta casos de personas que hoy son muy reconocidas en lo que hacen y que, alguna vez, también tuvieron dudas y empezaron de cero.

– También les recomiendo los libros [eafl id=”21084″ name=”Show your work” text=”‘Show your work'”] y [eafl id=”21085″ name=”Steal like an artist” text=”‘Steal like an artist'”] de Austin Kleon. Muy interesantes para aquellos que quieran mostrar su trabajo a un público y no sepan cómo hacerlo.[/box]

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7) No tengas miedo.

Una de las personas más especiales que conocí este año fue la madre de una lectora de mi blog. Nos vimos una tarde o dos, pero conectamos mucho. Una de las cosas que me dijo antes de despedirme fue: “El opuesto del amor no es el odio, es el miedo”. Y esa frase me quedó grabada.

El miedo es un gran mecanismo de control. Nos meten miedo desde chicos. Miedo a lo que pasa afuera, miedo a la gente de otros barrios, miedo a la gente de otros países, miedo a las supuestas epidemias, miedo a no tener trabajo, miedo a quedarnos solos, miedo a fracasar, miedo a no ser nadie en la vida. Todo lo que no hacemos, no lo hacemos por miedo. Al menos en mi caso es así. Estoy escribiendo un libro nuevo y todavía me da miedo abrir el archivo y enfrentarme a las páginas en blanco. Me dan miedo muchas cosas, no soy nada valiente. Pero aprendí a no tenerle miedo al miedo, si es que eso tiene algún sentido.

Por eso, no tengas miedo de hacer algo nuevo, de salir, de probar. Si no te va bien, por lo menos lo intentaste.

[box type=”tick”]En este post hablo de otro miedo importante: El miedo a viajar (y por qué no hay que dejar que nos frene).[/box]

No tengas miedo de hacer realidad tus ideas.

No tengas miedo de hacer realidad tus ideas.

8) Usá la creatividad para todo.

Así como todos tenemos un talento, todos somos creativos. Sí, vos también, aunque estés negando otra vez con la cabeza. Crear es parte de la naturaleza humana. Ser creativo no es pintar un lindo cuadro o escribir un texto divertido: la creatividad generó todo lo que tenés a tu alrededor. Esa silla, la mesa, la computadora, la lámpara, el cepillo de dientes. Todo se le ocurrió alguna vez a alguien. Así que usá esa capacidad creativa para vivir. Y si querés dedicarte a viajar, usala para pensar qué podrías ir haciendo en el camino.

Me resulta difícil dar respuestas personalizadas cuando me piden ideas para financiar sus viajes. Es verdad que hay muchas cosas típicas que se pueden hacer (y las menciono al final), pero puede que esas no sean cosas que te gusten ni que quieras hacer. O puede que sean cosas que querés hacer por un tiempo, para empezar, pero no para siempre. Quizá lo que estás buscando, en realidad, es esa profesión ideal para combinar con tus viajes. Y esa es una búsqueda muy personal.

Mi recomendación es que no intentes replicar lo que hizo otro solo porque ves que tuvo éxito. Que a otra persona le haya ido bien no quiere decir que a todos nos vaya a ir igual. Por detrás tiene que haber una pasión muy específica, muchas horas de trabajo y perseverancia. Cada cual tiene que buscar su camino, aunque sea más difícil y requiera más trabajo.

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Tomá el ejemplo de otros como inspiración, y a la hora de pensar en tu propia financiación, preguntate: ¿En qué soy bueno? ¿Qué me gustaría hacer mientras viajo? ¿En qué quiero invertir mi tiempo?

Y cuando salgas a la ruta vas a darte cuenta de que esto de vivir viajando es como un pack en el que todo se mezcla: el trabajo, la pasión, el movimiento, la vida. Y al final todo termina siendo una misma cosa.

Algunos ejemplos de gente que pensó distinto:

Seguro que viste este video. Fue recontra viralizado. A Matt se le ocurrió hacer un bailecito en cada lugar del mundo que visitó, así que se grabó, los compiló, hizo un video y lo subió a youtube. Fue un éxito. Aparecieron marcas que se interesaron en él y lo mandaron a hacer una segunda vuelta al mundo, esta vez patrocinado, para que volviera a hacer su bailecito.

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Este empezó como un chiste. Zack Brown propuso un proyecto en Kickstarter, una plataforma de financiación colectiva: “Necesito 10 dólares para hacer una ensalada de papas”. Terminó juntando más de 55.000 dólares. Mirá las recompensas que ofrecía.

9) Podés educarte mientras viajás.

Muchos de ustedes me escriben preguntándome si les recomiendo estudiar una carrera universitaria antes de empezar a viajar o no. Y me ponen en un aprieto. No sé, depende de qué quieran estudiar: hay profesiones que necesitan muchos años de estudios y un título para poder practicarlas, hay profesiones que no precisan estudios universitarios pero sí estudios terciarios o cursos, hay profesiones que se aprenden al hacerlas. Entonces depende de cada uno y de sus objetivos personales.

Pero que elijan viajar y no estudiar de manera formal no quiere decir que no puedan educarse en el camino. La educación es fundamental y deberíamos aprender toda la vida, no solo durante la etapa de escolarización. Sin embargo, es muy difícil cambiar un sistema educativo que está tan arraigado en la sociedad y que está quedando tan obsoleto. De a poco están surgiendo nuevas voces y propuestas mucho más adaptadas a las necesidades y realidades del mundo actual (Hola, Ken Robinson, soy tu fan), y hoy, gracias a internet, podemos aprender muchas cosas por nuestra cuenta. Yo, por ejemplo, aprendí a programar ebooks a través de un curso online en video, también estoy cursando una carrera de escritura de viajes en inglés a distancia, la fotografía la aprendo de manera autodidacta con libros, tutoriales y práctica, lo poco que sé de programación también lo aprendo por internet y a la fuerza, estoy aprendiendo francés con una aplicación y trato de mejorar mi escritura leyendo todo lo que se me cruza en el camino.

Entonces, entendé que irte de viaje no equivale a posponer los estudios ni a dejar de estudiar. Puede que elijas estudiar antes, durante o después, eso ya es decisión tuya. Y el viaje nos permite hacer el curso de ingreso a una de las instituciones más importantes del planeta: la universidad de la vida.

[box type=”tick”]- En el post ¿A qué tengo que dedicarme para poder viajar? hablo un poco más acerca de estos temas.
– La web Unschoolery.com, de Leo Babauta, me parece muy interesante para quienes quieran saber más acerca del unschooling y del homeschooling o la educación en casa.
– Y la charla TED que les dejo abajo es de un chico que a los 13 años decidió dejar el colegio para hackear su educación.[/box]

https://www.youtube.com/watch?v=oL-FlUxthZc

Pablo Neruda

Pablo Neruda

Y una lechuza que te mira.

Y una lechuza que te mira.

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Y si después de toda esta perorata (o el prólogo más largo de la historia al que me refería al principio) decís muy lindo todo pero dame consejos concretos para viajar y poder mantenerme en el camino, acá van algunas ideas:

[wc_box color=”secondary” text_align=”left”]

1. Ahorrá. Si te hace sentir seguro, ahorrá todo lo que puedas, ahorrá durante meses o años (como hice yo antes de irme por primera vez: ahorré toda mi vida para eso) y salí con un colchón de plata por si acaso.

2. Aplicá a una Working Holiday Visa (visa de trabajo). Así, además de vivir en un país, vas a poder trabajar en el lugar.

3. Trabajá freelance. En Berlín dan visas especiales para los trabajadores independientes (más info en este post).

4. Trabajá por internet. Generá contenido, vendé fotos en bancos de imágenes, producí videos, sé community manager, tené tu empresa o emprendimiento online, tené un canal de youtube, escribí y vendé ebooks acerca de un tema en el que seas experto, trabajá haciendo traducciones.

5. Trabajá a cambio de alojamiento y comida. Ofrecete en los hostels y restaurantes. Cuidá casas mientras sus dueños no están. Mirá qué está pidiendo la gente en webs como HelpX.

6. Buscá trabajos diarios o temporarios. Ofrecete de extra en una película. Modelá. Da clases de idiomas. Trabajá en librerías (Shakespeare and Co., una librería de París, ofrece trabajos temporarios a estudiantes, por ejemplo). Ofrecete de pintor. Buscá trabajo en los festivales de música. Sé guía de turismo de un lugar que conozcas bien. Organizá free-walking tours.

7. Buscá patrocinadores que puedan estar interesados en tu trabajo o en tu viaje. Para eso, mi consejo, es que más allá de una idea tengas una propuesta sólida que ya esté funcionando y que les presentes algo que ya existe.

8. Vendé algún producto. Y acá las opciones son muchas: fotopostales, dibujos, cuadernos artesanales (a eso sí me gustaría dedicarme), libros artesanales, ropa, comida, bebidas.

9. Ofrecé un servicio. Charlas acerca de un tema en el que seas experto, cursos presenciales, cursos online, etc.

10. Hacé shows. Podés hacer shows callejeros a la gorra u ofrecerlos a cambio de alojamiento o comida. ¿Shows de qué? De lo que se te ocurra. Música, magia, burbujas, beatbox, danza, teatro, malabares con fuego, acrobacias. Siempre hay público para el arte.

11. Y hablá con la gente. Contá lo que estás haciendo, deciles que estás buscando trabajo, comentales que hacés shows de tal cosa, proponeles un intercambio, pediles ayuda. Nunca sabés a quién le podés caer en el momento justo y qué trabajo o trueque te pueden ofrecer.[/wc_box]

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Mis conclusiones personales:

Vivir viajando es un estilo de vida holístico, hay que verlo como un todo, como algo integral. Como dije antes, todo termina siendo parte de lo mismo: la pasión, el talento, el trabajo, la financiación, el movimiento, la vida.

Y ser capaz de autosustentarte no quiere decir ganar fortunas, sino generar los ingresos necesarios para poder seguir manteniendo tu estilo de vida actual. Lo más gratificante, más allá de la cantidad de plata que ganes, es lograr crear una rueda que pueda seguir girando sola. Y cuando sos capaz de autosustentarte te das cuenta de que la cantidad de plata es relativa: ya no pensás en términos de mucho o poco, pensás en lo necesario para poder seguir viviendo así. 

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Ah, y no escuches a los que te dicen que no se puede. Todo se puede.

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Foto: Proyecto Calco

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Mis cuatro años de viajera:
cómo empecé, cómo trabajo y cómo me financio

[singlepic id=3665 w=800 float=center] En Punta Negra (Lima, Perú), terminando mi viaje por América latina y con el pelo largo (2008)

No llevaba la cuenta, pero un amigo de Barcelona me hizo caer hace unos días cuando me dijo, con cara de asombro: “¡No puedo creer que llevas cuatro años viajando por el mundo!”.

Si empiezo a contar desde el 28 de enero de 2008, día en que tomé el bus sin pasaje de vuelta de Buenos Aires a La Quiaca (la frontera de Argentina con Bolivia), pocas semanas después de haber rendido el último final de mi carrera, entonces sí, llevo cuatro años conociendo el mundo. ¡Cuatro años: casi como una segunda carrera universitaria! Si, en cambio, cuento estrictamente los meses que pasé fuera de Argentina, el total me da unos 29 meses, o 2 años y 5 meses viajando por ahí (aunque no fueron de corrido: primero nueve meses en América latina, después dos semanas en Guatemala, una semana en Uruguay, 16 meses en Asia, un mes en Perú, dos en España…). El resto del tiempo, es decir ese año y 7 meses dispersados en pequeños regresos, lo pasé en Buenos Aires.

[singlepic id=3670 w=800 float=center] En Buenos Aires con mi ventana y mi playmobil

Este blog, sin embargo, no tiene tantos años. Lo empecé en abril de 2010 (van a ser dos años), en medio de mi regreso de Guatemala y mi partida a Asia. Muchos de ustedes lo empezaron a leer, probablemente, porque estaban planeando un viaje al Sudeste Asiático y San Google los hizo caer acá. Otros, porque sueñan con viajar y necesitan un empujoncito para animarse, alguien que les asegure que todo va a estar bien (les aseguro que sí) :). Otros, porque disfrutan leyendo relatos y mirando fotos de viaje (un viajar sin viajar). Cada cual sabrá por qué me lee.

Muchos de ustedes, además, me escriben mails preguntándome cosas. Algunos me piden rutas de viaje y lugares imperdibles, otros me piden consejos sobre vacunas y visas, muchos me dicen que se mueren de miedo y no se animan a irse solos (oficio de psicóloga, a veces), pero hay tres preguntas que cada vez se repiten más en los mails que recibo: “¿Cómo empezaste?”, “¿Trabajás en tus viajes?” y “¿Cómo te financiás?”. Y como estoy de cumpleaños viajero y con ganas de escribir, las responderé acá y, cuando me pregunten, les enviaré este post.

[singlepic id=3668 w=800 float=center] En Sevilla, festejando mis cuatro años viajeros (2012). Así no me ven siempre tan seria.
Foto: Andi de TrancaRola por eL muNdo

***

¿Cómo empezaste a viajar?

Lo de viajar por el mundo no es algo que se me ocurrió de un día para el otro. No es que terminé la universidad y dije: “Hmmm, me parece que en vez de trabajar me voy a tomar unos cuantos años sabáticos y vivir la vida loca”. Lo de viajar —y conocer y conectar y entrar en contacto con otras culturas y transmitirlo a través de la palabra y la imagen— es algo que soñé toda mi vida. Seguramente piensen: “Todos soñamos eso”. Puede ser, pero yo lo soñé con tanta fuerza que sabía que no iba a poder hacer otra cosa.

Cuando terminé el colegio secundario no sabía qué estudiar: me inclinaba por Filosofía y Letras o por Diseño Gráfico, pero nada me convencía. Hice un curso de orientación vocacional y cuando me preguntaron qué haría si tuviese muchísimo dinero, en vez de responder solidariamente que lo donaría para buenas causas, dije que lo usaría para viajar por el mundo. Listo, me dijeron, andá a estudiar Comunicación Social. Y eso hice. Durante el último año de la carrera hice una pasantía como redactora en un grupo de revistas y si bien la experiencia me gustó y me enseñó mucho, al estar sentada todos los días en la misma oficina frente a una pantalla me di cuenta de que no iba a poder soportar toda una vida así. Yo quería ver con mis propios ojos lo que iba a escribir más tarde. Quería salir a la calle a hacer el trabajo de investigación y contar todo a partir de mi experiencia. El sueño de viajar —que se había apaciguado un poquito durante los años de carrera— volvió y con mucha más fuerza.

Yo solamente quería volar…

Ese mismo año —2007, cuarto y último de mi carrera— decreté que apenas terminara de rendir los finales me iba a ir de mochilera por América latina por tiempo indefinido. ¿Por qué de mochilera? Porque me gustaba eso de viajar con pocas cosas, a un ritmo lento y sin tours de por medio. ¿Por qué América latina? Porque es el continente donde nací y un lugar que me llamaba a gritos. Y si nadie quería acompañarme, me iría sola. Una de las personas que más me motivó a viajar fue una nena boliviana que conocí en el tren de Uyuni al norte argentino, en mi primer (y breve) viaje a Bolivia en el 2007 (la historia la cuento en mi libro).

Las reacciones iniciales de los que me conocían fueron varias, pero todas apuntaban a lo mismo: “estás loca”, “cuando vuelvas no vas a conseguir trabajo en ningún lado”, “lo que estás por hacer es muy peligroso” y “no se puede vivir así”. Tenía 22 años y 3000 dólares ahorrados (los ahorros de toda mi vida). Agarré la mochila, me compré el pasaje a La Quiaca y, un 28 de enero, partí con Vicky, una amiga que me acompañó durante el primer mes y medio de un trayecto que duró nueve meses. Ese 28 de enero concreté lo que había soñado durante 22 años de vida. No lo pensé demasiado: fui, compré el pasaje y unos días después tomé el bus. Sabía que si yo no tomaba la iniciativa, nadie jamás iba a decirme “Bueno, ahora que terminaste la universidad quiero que viajes. Tomá, yo te lo pago y además te voy a publicar todo lo que escribas”. Imposible. Sabía, también que mientras estuviera por América latina podría volver a casa cuando quisiera —era cuestión de subirme a varios buses y llegaría—, nadie me iba a obligar a seguir viajando. Al contrario. Así que me fui.

Fue tan simple como eso: despertarme un día y decir “chau, me voy”. Y hacerlo.

[singlepic id=3680 w=800 float=center] Con Vicky en Yavi, pueblo cerca de La Quiaca, recién empezando nuestro viaje. Foto: una roca.

[singlepic id=3671 h=800 float=center] Tiempo después, en el 2009, viajaría a Guatemala…

[singlepic id=3672 w=800 float=center] … y terminaría internada con dengue.

[singlepic id=3674 h=800 float=center] Antes de Asia, una breve visita a Uruguay, uno de mis países preferidos.

[singlepic id=3679 w=800 float=center] Y después de Asia, Perú por tercera vez (2011)

¿Trabajás en tus viajes?

Además de soñar con viajar por viajar, también soñaba con hacer de ello un trabajo, un modo de vida que me permitiera sustentarme para seguir viajando. Ahí apareció la escritura como opción viable.

Lo de escribir es algo que me nació de muy chica: primero escribía cuentitos para el colegio, después el clásico diario íntimo adolescente, más adelante cuadernos con reflexiones e historias, después textos de distintos géneros para la facultad —ahí descubrí cuánto me gusta la escritura creativa—, más adelante trabajos periodísticos y, por fin, empecé con los relatos de viaje en primera persona. Ando siempre con un anotador y soy de las que, a falta de papel, escribe hasta en las servilletas o, a veces, en mi propio brazo. La escritura es lo único constante en mi vida —y creo, también, mi único talento—, algo que hago todos los días y bajo todos los estados de ánimo. Me parecía una buena opción, entonces, lo de unir los viajes (mi sueño) con la palabra escrita (mi pasión). Sabía que no sería nada fácil, pero si soñamos hay que soñar a lo grande: si existen y existieron escritores de viajes que lograron vivir de eso, es porque se puede. No es que estaba soñando con ser escritora de viajes intergalácticos: estaba soñando con viajar por nuestro mundo, ese que ya muchos recorrieron (y documentaron) antes que yo.

[singlepic id=3673 w=800 float=center] Mi primer cuaderno viajero en Bolivia (2007)

[singlepic id=3660 w=800 float=center] Después vendría mi amada computadora. Foto: Journey

Una semana antes de irme a La Quiaca (en el 2008) me contacté con un periódico argentino y les comenté mi plan. Les dije que si necesitaban una cronista en algún lugar de América latina, yo estaba disponible. Lo hice de caradura, sabiendo que el “no” ya lo tenía. Sin embargo, caí en el momento justo: estaban buscando gente joven que pudiera escribir blogs en su sitio web, así que me citaron en el diario y me dijeron algo así como “Empezás la semana que viene”. Durante los nueve meses de viaje, entonces, escribí mi primer blog de viajes. Tenía miedo y fue un desafío enorme, pero lo hice. Ese blog fue bastante leído y me abrió varias puertas: a mi regreso a Buenos Aires empecé a escribir en algunas revistas argentinas y recibí un mail que jamás imaginé que podría recibir. El dueño de una agencia de viajes me dijo que le habían gustado mucho mis relatos y que quería colaborar con mis viajes para ayudarme a seguir en ese camino que había elegido. Así apareció mi primer sponsor y gracias a él pude viajar a Asia y, ahora, a España. Si nunca me hubiese puesto en contacto con el diario, nunca hubiese escrito ese primer blog y nunca hubiese recibido ese mail. Y si nunca hubiese decidido empezar a viajar por mi cuenta, estos cuatro años, tal como se los estoy contando, no hubiesen existido.

[singlepic id=3677 w=800 float=center] Algunas fotos backstage. Esta es en Salineras, Perú, en el 2011. Foto: Mirla Hedberg

Instantáneas de la vida (a veces) poco glamorosa del blogger de viajes.
Con Andi en Barcelona, 2012. Foto: Galis

Unas semanas antes de irme a Asia creé este blog con el objetivo de seguir relatando mis historias y proporcionar información a otros viajeros. Nadie me paga por este blog, sin embargo para mí es un trabajo y uno de los que más me gusta hacer, ya que tengo total libertad de escribir lo que quiera, con el tono que quiera, con las fotos que quiera, con el estilo que más me plazca. Gracias a los contenidos y a mi constancia de publicación, el blog empezó a crecer.

Ustedes ven un post y parece algo muy fácil de hacer: “Te sentás en la compu, escribís un rato, le ponés un par de fotos, lo subís a internet y ya está”. Sí, pero detrás de eso hay todo un trabajo de producción invisible que solamente conocemos los blogueros de viaje: para publicar un post de viajes primero hay que viajar, con todo lo que eso implica —moverse de una ciudad a otra, caminar por el lugar, buscar donde dormir, observar todo a todo momento, absorber la atmósfera del lugar, sacar fotos, tomar apuntes, relacionarse con la gente local— luego hay que encontrar el tiempo y el espacio adecuado para sentarse a escribir —cuando otros viajeros están tomando una cerveza o paseando, yo estoy dándole al teclado como una compuboba—, plasmar todo en palabras, seleccionar y editar las fotos, optimizarlas para la web, subirlas —y, si la conexión es lenta, ser muy paciente—, ordenarlas dentro del post, realizar las tareas de SEO (optimización para buscadores), difundir el texto por redes sociales, buscar formas de llegar a nuevos lectores, hacer networking con otros bloggers de viaje, leer otros blogs, aprender algo de wordpress y programación usando tutoriales de internet y, entre medio, seguir viajando y disfrutar de todo el proceso.

Este blog es fruto de todo ese trabajo y es lo que hago mientras viajo, entre otras cosas.

[singlepic id=3678 w=800 float=center] En un mercado de Perú (2011). Foto: Mirla

[singlepic id=3663 w=800 float=center] Más backstage fotográfico en Barceloneta (2012). Foto: Andi

[singlepic id=3661 w=800 float=center] En Penang, Malasia, trabajando hasta mientras comía (2010). Foto: Journey Zhao.

[singlepic id=3658 w=800 float=center] Cansancio en Hong Kong (2010). Foto: Journey Zhao (ella sí que sabe capturar momentos).

[singlepic id=3664 h=800 float=center] Esta pose fotográfica se llama: “Ya sé que en Photoshop existe la función de rotar las fotos, pero hoy tengo ganas de rotar yo”. Foto: Andi

¿Cómo financiás tus viajes?

Esta es la pregunta más polémica y, seguramente, la que más curiosidad les da. Cada vez que me escriben preguntándome esto, enseguida acotan: “porque viajar es muy caro”. Hasta llegaron a decirme que “mi vida es muy linda pero que seguramente hay un truco por detrás”, que es imposible vivir así y que soy millonaria o mantenida.

Para esta pregunta tengo varias respuestas.

Primero, algo que ya comenté en el post Guía para potenciales viajeros: viajar no es tan caro como ustedes creen. Todo depende de qué entiendan por “viajar”: viajar 15 días de vacaciones con todo incluido e intentar condensar 25 países en dos semanas hace que viajar sea carísimo y, además, agotador. Pero cuanto más lento se viaja, más barato resulta. Mis gastos son muy pocos y básicos: alojamiento (cada vez menos, ya que siempre me quedo en casas de amigos, familiares, conocidos o desconocidos), comida (en Asia se come por un dólar, en España es más caro pero siempre existen los supermercados), transporte (los vuelos a/desde Argentina los tengo cubiertos por mi sponsor, el resto lo hago por tierra y siempre de la manera más económica posible), internet (casi siempre encuentro wi-fi gratis o a cambio de un café), visas (imposible safar, pero hasta ahora no pagué más de 50 dólares por una visa).

[singlepic id=3669 w=800 float=center] Y confieso que tengo debilidad por los dulces y no puedo evitar comprarme caramelos y chocolates por el mundo…

[singlepic id=3667 w=800 float=center] Sacándole fotos a un graffiti en El Raval (Barcelona): “Al fin y al cabo el único sentido de la vida es sentir”. Foto: Andi. 

Segundo, gracias a este blog (que para mí es una de las vidrieras laborales y tarjetas de presentación más importantes y efectivas que tengo) me surgieron varios trabajos virtuales que me convirtieron en lo que actualmente se conoce como nómada digital: una persona que puede vivir en y trabajar desde cualquier lugar del mundo, con horarios flexibles y libres, a través de internet. Este blog tal vez sea todo lo que ustedes conocen de mí, pero también escribo artículos de viaje en revistas, genero contenido para sitios web, estoy a cargo de otros blogs, vendo fotos en bancos de imágenes, participo en proyectos audiovisuales y de radio. Tengo “changuitas virtuales” (varios laburitos) que me permiten seguir viajando y que hacen, además, que tenga que viajar lento sí o sí. Por eso mis viajes son tan largos, porque además de viajar, estoy viviendo y trabajando.

[singlepic id=3657 w=800 float=center] Dale que te dale con el teclado.

Y tercero, en cuanto a la financiación de un viaje, lo que yo hago no es “el único camino”. Yo elegí dedicarme a lo digital (y conocí a varios que hacen lo mismo), pero también conocí a muchísimos otros viajeros que van trabajando en cada país que visitan y así logran ahorrar y seguir camino. Algunos enseñan idiomas, otros venden cosas que producen, otros dan clases de algún deporte, hay quienes trabajan en granjas orgánicas/hostels/bares a cambio de alojamiento y comida, están los que hacen shows o espectáculos, las bandas viajeras, los artistas nómades, los fotógrafos… Todos descubrieron sus talentos y capacidades y los utilizan para sobrevivir y viajar. Y si quieren dedicarse a esto, de eso se trata: de conocerse, de descubrir sus habilidades y de confiar en sí mismos.

Les aseguro que no hay ningún truco por detrás. El único truco para vivir como siempre soñaron es apostar por ustedes mismos.

[box type=”star”]ACTUALIZACIÓN 2016: Cuando escribí este post todavía no había publicado mis libros: “Días de viaje” (2013), “Viajeras” (2014) y “El síndrome de París” (2016). Hoy en día, cuando me preguntan cómo me financio, respondo: “Con la venta de mis libros, entre otras cosas”. Si les interesa conseguirlos, pasen por acá.[/box]

 

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