El Paseo de la Historieta en bici un viernes santo

El Paseo de la Historieta

El Paseo de la Historieta

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Mapa del Paseo de la Historieta

Belu y yo quedamos en Mafalda a las dos y cuarto. Son las dos y salgo al balcón de casa, en el que apenas puedo pararme de frente porque es tan angosto que casi no me entran los pies, y rescato la bici doblándole el manubrio a ángulos de contorsionista. “Ponete el casco”, me dice L, que no se preocupa por mi seguridad sino que le causa gracia mi casco redondito como de Hormiga Atómica. “No te rías, ya tuve un accidente y me rebotó la cabeza contra la asfalto, si no hubiese tenido casco…”. Bajo desde el 18 con la bici contorsionista. La sostengo en una sola rueda, trabo el manubrio en un hueco entre la puerta y el espejo, cierro las dos puertas del ascensor, me tomo ese minuto para pensar si hará frío y que ojalá haya poco tráfico y salgo por el otro lado tratando de no engancharme con el pedal. Arranco hacia 9 de Julio, voy en un pedaleo fluido hasta que aparece el empedrado, de golpe, en Chile. Los adoquines son la frontera silenciosa de San Telmo, la entrada al barrio más antiguo de Buenos Aires. No entiendo por qué hacen una bicisenda que desemboca directo a esa superficie como de meteorito. El rebote entrecortado me da alergia, literalmente, no sé si será que la sangre me empieza recorrer el cuerpo en otra dirección pero me salen manchas rojas y los brazos me empiezan a picar. Hago las tres cuadras que me faltan para llegar a Defensa caminando. Nunca sé si sacarme el casco cuando camino con la bici.

Entrando a San Telmo

Entrando a San Telmo

Detalles que voy encontrando

Detalles que voy encontrando

Ya veo detalles que me gustan: una esquina con un mural en homenaje a Leonardo Favio, un parche de cerámicas con dibujos de flores en el escalón de entrada de un restaurante. Tengo que salir a pasear más seguido. “Sos la viajera que no sale de su casa”, me dijo José hace un tiempo, cuando vino a trabajar y vio que había que sacarme con forceps de mi trinchera en las alturas. Hasta mi mejor amigo, desde Costa Rica, me dice que salga más. Estuve casi dos años viviendo en casas ajenas, necesito recuperar el tiempo en la mía. Estoy en una etapa muy casera y me siento bien, como si hubiese elegido prisión domiciliaria voluntaria y me dieran permiso para salir algunas veces por semana. Me siento a esperar y aparece Belu caminando con su bici, me dice que se demoró porque se cruzó con un via crucis. Nosotras estamos por empezar el nuestro. Hoy es viernes santo.

Hay cola para sacarse fotos con Mafalda. La dejamos para el final y avanzamos por Chile en dirección a Balcarce. Lo vemos a Isidoro Cañones con tres personas abrazándolo para una selfie. Lo pusieron en una esquina de bastante movida nocturna por su condición de playboy, parece. El Paseo de la Historieta es un recorrido de esculturas y murales que empieza en San Telmo y termina en Puerto Madero, es un homenaje a los personajes de historieta más populares de Argentina y a sus creadores.

Mafalda siempre tiene gente

Mafalda siempre tiene gente

Isidoro Cañones

Isidoro Cañones es un personaje de Dante Quinterno, creado en 1935. Se lo considera el típico playboy porteño, es un personaje canchero y seductor, le gusta vivir el momento y la buena vida.

Seguimos caminando por Balcarce, es otoño pero sopla un viento casi cálido. Le saco una foto a un árbol que me gusta.

—Eso es del Ministerio de Defensa —me dice Belu.
—El otro día me invitaron a una radio ahí pero tuvimos que cancelar porque estaba todo cortado por la visita de Obama —le cuento.
—¿A una radio a qué? —me dice Belu haciéndome montoncito con la mano izquierda.

Me encanta estar con mis amigas de siempre. Empieza la sesión de fotos. Sacame foto con el mural del gato de Landrú, a mí también, te saqué varias, uy en esta salí mal, sacá con mi teléfono así después no te la pido, saltá o hacé algo divertido. Intercambiamos celulares, ponemos cara de foto, no salto ni hago nada divertido. Hay una historieta de Inodoro Pereyra pintada en la pared y de fondo un edificio con las escaleras para incendios del lado de afuera y enseguida pienso en Nueva York, nunca estuve pero esas escaleras encastradas a la torre me parecen algo muy de allá. Pasamos a Larguirucho y Super Hijitus y enfrente vemos un mural con Anteojito y otros dibujos de García Ferré. Me acuerdo de cuando leía las revistas Anteojito y Billiken, cómo las disfrutaba, igual que ahora leyendo la revista Flow, se ve que mucho no cambié. “Quiero ver al de los globos”, le digo a Belu. Se llama Don Fulgencio, “el hombre que no tuvo infancia”, y se ve que la que no tuvo infancia fui yo porque no lo conocía. Es un personaje de Lino Palacio, de 1938, “un vejete bonachón, inocente, que se niega a crecer, ese niño que todos los grandes tenemos”, me entero. Está justo frente al lugar donde fui un par de veces a hacer natación, no me acerco para sentir el olor a cloro porque me va a dar abstinencia de pileta. En esa esquina se nota lo vacía que está Buenos Aires hoy. “Parece casi post-apocalíptica”, le digo a Belu, que me responde con un “Walking dead” que se va con el viento. Hay papelitos y hojas de árbol revoloteando y algunos grupos de turistas que se teletransportan.

El árbol y el Ministerio de Defensa

El árbol y el Ministerio de Defensa

Con el gato de Landrú

Con el mural de Landrú. El gato negro y sonriente es uno de los íconos de las caricaturas de Landrú y aparece casi siempre cerca de su firma.

Larguirucho y Superhijitus

Larguirucho y Superhijitus son personajes de “Las aventuras de Hijitus”, una serie de dibujos animados argentina, creada en 1967 por el dibujante español Manuel García Ferré.

"El de los globos"

“El de los globos”

Matías, de Sendra

Matías es el personaje más conocido de Sendra y el protagonista de la tira “Yo, Matías” que sale desde 1993 en la contratapa de Clarín, un diario argentino.

Escenas de San Telmo

Escenas de San Telmo. “Calé” fue el seudónimo de Alejandro del Prado, dibujante, guinoista y humorista gráfico. Pintó las costumbres y los rasgos porteños más típicos.

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Una tira de Inodoro Pereyra y el falso edificio neoyorquino (?) de fondo.

Sonría

Carlos Garaycochea es un humorista gráfico, escritor, guionista, maestro y artista plástico argentino. Durante seis años fue presidente de la Asociación de Dibujantes Argentinos.

Con el mural de Tute

Con el mural de Tute (seudónimo del humorista gráfico Juan Matías Loiseau)

El mural de Liniers

El mural de Liniers (dibujante, pintor y artista gráfico argentino). Lo pintó en vivo en el 2012 con musicalización de Kevin Johansen.

Clemente

Clemente es un personaje de historieta creado en 1973 por Caloi (Carlos Loiseau). Es crítico de la realidad y le gusta el fútbol, se alimenta de aceitunas y mate. Durante el Mundial de 1978 tuvo una discusión ficticia con un relator de fútbol que decía que no había que tirar papelitos a la cancha durante los partidos ya que podían lesionar a los jugadores, Clemente sugirió, entonces, tirar carozos de aceituna.

Pedaleamos hacia Puerto Madero y en el medio vemos una sucesión de personajes, estamos en el corazón del via crucis de comics: Clemente, las Chicas Divito, Patoruzú, Patoruzito y Isidorito, Gaturro. A muchos los conozco porque están muy metidos en la cultura popular pero nunca los leí. Clemente es una creación de Caloi, es amante del fútbol y las mujeres, Patoruzú es un cacique tehuelche y el más antiguo de los personajes, creado en 1928, las Chicas Divito son pura curva, la ropa casi les explota, están con sus valijas como a punto de irse o recién llegadas. Entramos a Puerto Madero y es como cambiar de ciudad. Pedaleamos por las calles anchas, entre edificios espejados, cruzamos el dique y Belu me dice: “Ya no hay camalotes, hace unos días pasé y todavía flotaban algunos”. Hace más de un mes la marea trajo camalotes desde Brasil con serpientes y otros bichos y quedaron trabados en las costas de Buenos Aires. En la Reserva Ecológica había carteles de “prohibido acercarse al río: serpientes”. Vamos por Juana Manso y doblamos a la derecha en Marta Lynch. Las calles de Puerto Madero tienen nombre de mujer, Juana Manso y Marta Lynch fueron escritoras argentinas. Bordeamos una plaza con árboles plantados en filas organizadas. Siento que estoy en otro lugar, no sé bien de qué continente, pero me siento un poco de viaje. Diógenes y el Linyera descansan debajo de un árbol y me dan ganas de acompañarlos un rato. Se asoman unos rayos de sol que no duran mucho, el cielo está gris. Al fondo vemos a Inodoro Pereyra y Mendieta compartiendo un mate, me siento en el tercer banquito y veo que en el mate hay agua de lluvia. Se escucha el sonido de los árboles sacudiéndose con el viento, de fondo hay un puesto que se llama el Titán del choripán.

Las Chicas Divito

Las Chicas de Divito, dibujadas por Guillermo Divito, se caracterizaban por su físico sensual. Comenzó a dibujarlas en Patoruzú en 1936 y luego siguió en su propia revista. Las chicas Divito marcaron la moda de la época en Buenos Aires.

Patoruzú

Patoruzú fue creado en 1928 por Dante Quinterno y es uno de los personajes más importantes de la historieta argentina. Nació como personaje secundario pero pronto tuvo su propia historieta y luego su revista, del mismo nombre.

Patoruzito e Isidorito

Patoruzito e Isidorito también son personajes de Dante Quinterno. Apuntaban a un público infantil y representaban la infancia y adolescencia de Patoruzú.

Gaturro

Gaturro es el personaje más conocido de Nik, historietista argentino.

Tía Vicenta, en Puerto Madero

Tía Vicenta, en Puerto Madero, es otro personaje de Landrú, creado en 1957. También fue el nombre de una revista satírica de actualidad publicada en Argentina entre 1957 y 1966, creada por Landrú y su compañero ilustrador Oski.

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Diógenes y el Linyera es una tira cómica dibujada por el historietista uruguayo Tabaré y guionada por Jorge Guinzburg, Carlos Abrevaya y Héctor García Blanco. Se publica en Argentina de manera ininterrumpida desde 1977.

Inodoro Pereyra

Inodoro Pereyra (el renegáu) es una historieta argentina creada en 1972 por el escritor y dibujante Roberto Fontanarrosa y trata sobre la vida de un gaucho solitario de la pampa argentina.

Vamos por la Avenida de los Italianos, una de mis preferidas para andar en bicicleta, en busca de una jirafa que aparece en el mapa. No la encontramos. Mientras tanto charlamos, Belu me cuenta de su prima suiza que estuvo de visita en Buenos Aires y de cómo un taxi la estafó, le dijo que había huelga de taxistas y que por eso los que trabajaban estaban cobrando una tarifa diferencial. La suiza estaba con una peruana y el taxista les cobró 265 pesos en vez de 65, ellas no tenían más de 100 pesos y le dieron eso y 10 soles peruanos haciéndole creer que era el equivalente a 10 dólares. Unos metros más adelante, como a propósito, nos encontramos con el monumento al taxista. Aparece la Jirafa Mordillo, está sentada en el jardín del Museo de la Historieta, que tiene un cartel escrito a mano en la reja: “25/3 cerrado”. Damos la vuelta para cerrar el círculo y volver a Mafalda. Al Loco Chavez, el personaje de Altuna, casi no lo reconocemos porque parece una persona de verdad.

Puerto Madero

Puerto Madero

El monumento al taxista

El monumento al taxista

Encontramos a la Jirafa Mordillo

Encontramos a la Jirafa Mordillo, uno de los personajes más conocidos del dibujante Guillermo Mordillo. Su obra es reconocida internacionalmente, en 1980 Mordillo fue nombrado presidente de la Asociación Internacional de Autores de Cómics y Cartoons en Suiza.

El Eternauta

El Eternauta es una historieta argentina de ciencia ficción creada por el guionista Héctor Germán Oesterheld y el dibujante Francisco Solano López, publicada por primera vez en 1957.

Camino a San Telmo veo una sucesión de perchas metálicas tiradas en la calle y pienso de dónde habrán salido: será una pista secreta, se habrán caído de un camión de mudanza, las habrá revoleado alguien por la ventana de un edificio. La bicisenda está cubierta de hojas secas como si fuera un charco naranja, las paso por encima porque quiero escuchar el crujido. Otra vez el empedrado, nos bajamos de las bicis y caminamos esquivando gente. Aprovecho para mirar algunas vidrieras, siempre me intrigó el uso de las comillas en ciertos carteles: su consulta “no” molesta. Volvemos a Mafalda, Belu me pide que le tenga la bici mientras entra a un bar a saludar a su prima que trabaja ahí. Hago la fila con las dos bicis y le pido a una pareja que me suena venezolana que me saque una foto con Mafalda, Susanita y Miguelito. De Mafalda sí que me leí todo. Durante la espera pienso en cómo la realidad se puede documentar de mil maneras, es cuestión de elegir una que me guste o me interese más que el resto. Belu vuelve y me dice que nos invitan a tomar un cortado. Entramos por un café rápido, me tengo que ir a encontrar con otra amiga por Palermo Viejo. Después volvemos juntas, cruzamos la 9 de Julio en un solo semáforo, algo que caminando me resulta imposible. Le cuento el sueño que tuve anoche y dos esquinas más adelante nos despedimos con un abrazo. Vuelvo a casa a dejar la bici y bajo otra vez para tomarme el 39. No llevo un libro para el viaje, voy escribiendo durante todo el trayecto.

Mafalda, Susanita y Miguelito

Mafalda, Susanita y Manolito son personajes de “Mafalda”, la tira cómica creada por Quino y desarrollada entre 1964 y 1973.

Café final

Café final

[box type=”info”] Información útil del Paseo de la Historieta:

* En la página de Turismo de Buenos Aires hay mucha más información. Acá hay un PDF con la historia detallada de cada personaje.

* Todas las esculturas están en espacios públicos así que se pueden visitar todo el año en cualquier horario.

* Suelen ir agregando esculturas nuevas, puede que en el mapa que está al principio de este post no aparezcan todas. En cada escultura hay una placa que indica a cuántos metros y hacia qué dirección están la anterior y la siguiente.[/box]

Mapa de emociones de Buenos Aires

Hace casi dos años, cuando nos conocimos en Madrid, K. me preguntó qué le recomendaba ver en Buenos Aires. Ella estaba por mudarse de manera definitiva a mi ciudad y quería tener una lista de lugares para recorrer. No me acuerdo bien qué palabras usó, pero me dijo que quería conocer rincones que fuesen especiales para mí y no los que aparecen en todas las guías. Unos días antes, yo había encontrado [eafl id=”21143″ name=”Viajes experimentales” text=”el libro de Viajes experimentales de Lonely Planet”] en la biblioteca de unos amigos y me había anotado algunos juegos que me gustaban, entre ellos el Hilo de Ariadna, que propone algo así:

[box]Consigna: deja que Ariadna te guíe por el laberinto de una ciudad nueva.

Instrumentos: Ariadna, una amiga, una amiga de una amiga, o una Ariadna sacada al azar de la guía telefónica. Nota: no es necesario que se llame Ariadna.

Método:
1) encontrá un teléfono
2) llamá a Ariadna
3) pedile una lista de sus diez lugares preferidos (o los que quiera compartir) de la ciudad donde vive. Nota: no tienen que ser lugares de interés turístico sino lugares especiales para ella.
4) marcá estos lugares en el mapa y unilos con una línea. Este es tu hilo de Ariadna.
5) seguilo.[/box]

Durante varios días, en 2014, le preparé el Hilo de Ariadna versión Ciudad de Buenos Aires a K. y al final nunca se lo mandé. Así que acá está, tarde pero seguro. No les recomiendo que lo sigan, no van a encontrar nada extraordinario, solo espacios vacíos. Viajar con un mapa de emociones es como perseguir fantasmas ajenos: uno va a una calle, plaza o intersección a ver algo que existe y a la vez no. Pero tal vez, pienso ahora, su fuerza está ahí, en lo que evoca, en eso que sabemos que fue y que ya no está. Las esquinas y rincones de la ciudad dejan de ser coordenadas anónimas y toman otra consistencia: son el escenario de cosas que pasaron alguna vez, cosas chiquitas, mundanas, insignificantes para el resto de la gente pero importantes en la vida de uno de sus habitantes. Y saber eso, quizá, nos hace sentir menos solos. Y al final las ciudades son eso, hilos de Ariadna que se entretejen y forman telarañas y nos atraviesan a todos.

*
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* Avenida Santa Fe y Paraná, a mitad de cuadra

Era viernes a las seis de la tarde, hora pico, la gente iba y venía por Santa Fe cargando bolsas, hablando por teléfono, mirando vidrieras. Estaba medio perdida así que frené contra una pared y me agaché para sacar la Guía T —una guía de bolsillo con los mapas de Buenos Aires— de la mochila. Siempre fui desorientada, incluso en calles por las que caminé toda la vida. Cuando me levanté, enfrente mío había frenado un chico pelado y vestido de naranja. “¿Te puedo mostrar unos libros que estoy vendiendo?”, me preguntó. Yo acababa de publicar mi primer libro, cómo iba a decir que no. Me dio uno que hablaba de lo que pasa después de la muerte. Me quedé en silencio. “Se acaban de morir dos personas muy importantes para mí y necesito respuestas”, le dije. El chico era hare krishna. Nos quedamos charlando y descubrimos que teníamos amigos en común. No sé qué más me dijo, solo recuerdo una frase porque la anoté: “La infelicidad proviene del apego”. Le compré uno de sus libros por quince pesos. Esa escena, para mí, ocurrió en otro plano: nosotros hablando de la muerte, en paz, mientras alrededor empezaba la vorágine del fin de semana. Fue como levitar un ratito.

Vista de la calle Santa Fe, aunque a otra altura

Vista de la calle Santa Fe, aunque a otra altura

* Arenales casi llegando a Aráoz

Ahí, medio escondida, hay una pileta de natación. Ya perdí el rastro del nombre, porque en estos 15 años tuvo muchos. Cuando yo iba se llama Palermo Acuarel. Entrando al hall hay un bar, al fondo, y al lado una especie de cúpula rectangular de vidrio que ocupa casi toda la planta baja. A través de ese vidrio se ve, en el piso de abajo, lo que sería el subsuelo, la pileta. En esa pileta aprendí a nadar, pasé colonias de verano jugando al waterpolo y parte de mi adolescencia entrenando para torneos. Tuve muy buenos amigos a los que casi no volví a ver. Una vez le pedí a una amiga que fuese a sacarme fotos —con cámara a rollo, todavía— para tener alguna del chico que me gustaba. No sé dónde quedó ese álbum ni si sobrevivió a mis ataques de limpieza. Cada vez que paso por alguna pileta y siento el calorcito del olor a cloro, me acuerdo de Palermo Acuarel.

No tengo fotos de todos estos lugares, así que algunas son de otros rincones que también me gustan. Esta es de San Telmo, Carlos Calvo casi Paseo Colón.

No tengo fotos de todos estos lugares, así que algunas son de otros rincones que también me gustan. Esta es de San Telmo, Carlos Calvo casi Paseo Colón.

* Paredón rojo sobre la calle Thames, en Palermo Viejo

Pasé tres años de mi vida almorzando contra esa pared. Éramos casi siempre las mismas cuatro chicas y nos reuníamos ahí durante la hora de recreo largo del colegio. Nos sentábamos en la vereda, afuera del edificio, contra esa pared medio bordó y usábamos las heladeritas como mesa. Mi mamá solía mandarme patitas de pollo o milanesas, otras veces comprábamos pizza o sandwiches en el quiosco de la esquina. La frase célebre era: “Me canto los bordes de Ani”, porque yo siempre dejaba el final de la pizza en el plato. Nunca faltaba la manzana apurada de mi amiga Sofi. Ella comía rápido y yo lento, así que siempre nos reíamos de que cuando yo empezaba a abrir el tupper, ella ya estaba pelando la manzana. De todos los años de colegio, ese debe haber sido el lugar más feliz que tuve. Hace poco volví a pasar y la pared me pareció distinta, como desteñida y más chica.

Al final una misma ciudad significa distintas cosas para cada uno. Todos la miramos desde un ángulo distinto.

Al final una misma ciudad significa distintas cosas para cada uno. Todos la miramos desde un ángulo distinto.

* Plaza Roma, sobre la calle Bouchard

No sé si sigue estando en el mismo lugar, pero en esa plaza había un banco y en ese banco me senté el día que salí de la antigua redacción de La Nación, dos semanas antes de irme de viaje por primera vez, en el 2008. Había tenido una reunión en el diario y me habían propuesto escribir un blog de viajes que iba a salir publicado en la web del diario. Dije que sí. Y cuando salí del edificio me tuve que sentar en ese banco de los nervios. Ese blog lo iba a ver mucha gente, y yo nunca había viajado ni escrito blogs. En el cuaderno que llevaba encima, escribí: “Siento que hoy es el antes de un después”.

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* Pampa y Figueroa Alcorta

Sri Ravi Shankar estaba en Buenos Aires y yo también. Habían anunciado que haría una meditación masiva y, si bien no sabía meditar ni era fan de este señor, fui. El punto de encuentro era el espacio abierto de Pampa y Figueroa Alcorta, pero cuando llegamos no había nadie. Un auto frenó al lado nuestro y unos chicos nos preguntaron si sabíamos dónde era la meditación. Habíamos escuchado al pasar que era por ahí cerca, así que les dijimos y les pedimos si podíamos ir con ellos. Nos subimos al auto. Fue la primera vez que hice algo muy parecido al autostop en plena ciudad.

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Así fue la meditación masiva

Así fue la meditación masiva

* Ciudad Cultural Konex, La bomba de tiempo, cualquier lunes

La primera vez que fui, la entrada costaba siete pesos. Hoy está a más de setenta. Me llevó un chico con el que estaba saliendo y a partir de ese día empecé a ir cada vez que pude. La Bomba de Tiempo es una banda de percusión que improvisa sobre el escenario. Imposible que no te hagan bailar y volar. Ahora hace mucho que no voy, pero el patio del Konex es otro lugar repleto de recuerdos.

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* Salguero casi llegando a Figueroa Alcorta

Era mi primer día de trabajo como asistente de comunicación en el Malba (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires) y decidí ir en bicicleta. El último tramo, antes de llegar a Figueroa Alcorta, era en bajada así que fui medio rápido. Un taxi frenó de golpe y antes de darme cuenta me choqué de frente con la puerta del asiento atrás, que justo se había abierto. Muerta de vergüenza, le pedí disculpas a la pasajera. Cuando vi quién era me quise morir. La que iba en el asiento de atrás y a quien casi atravieso con mi bicicleta era mi jefa. Así empezaba nuestra relación (que después de eso fue excelente).

* Parque Las Heras

Debo haber pasado más horas en este parque que en ningún otro lugar de Buenos Aires. Empecé a ir en pañales, al principio gateaba por el pasto, después caminaba y corría. Lo que más me gustaba era la calesita, dar vueltas sobre esos caballos de madera que subían y bajaban, sacar la sortija y ganarme otra vuelta gratis. Más adelante empecé a andar en patines por la pista, me agarraba de una de las barras, que era más alta que yo, y dejaba que mis pies patinen y mi cuerpo se balancee. Más de grande se convirtió en un lugar de encuentro con amigos, un rincón donde tirarse un poco al sol entremedio de tanto edificio. Ahora, cada vez que estoy por el barrio, me siento un ratito en un banco y miro los árboles y los perros.

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Así era cuando iba a jugar a la plaza

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La calesita

* Esquina de Coronel Díaz y Juncal

Fue en el 2001, la noche antes del once de septiembre. Yo volvía del boliche con S. y sus amigos. Ese día nos habíamos puesto de novios. Creo que era como la cuarta vez que nos veíamos. Teníamos 16 años. S. y yo íbamos en el asiento de atrás, abrazados. Antes de bajarme me dio un beso, me miró y me dijo: “Me gustás mucho”. Era la primera vez que un chico me decía algo así. Me bajé enamorada y el auto se fue. Volvimos a vernos cada fin de semana durante casi un año. Al día siguiente mi mamá me despertó con la tele: “Mirá Ani, se están cayendo las Torres Gemelas”.

* Alguna esquina de la calle Piedras, en San Telmo

Íbamos caminando con dafne, la noche estaba lindísima, estábamos dando vueltas desde las tres o cuatro de la tarde. Para no olvidarnos nunca de ese día, me agarré de un farol y le dije a daf: “Vos acordate, siempre, que esta esquina te la regalé yo”. Me olvidé qué esquina era.

Ventanas de La Boca

Ventanas de La Boca

* La plazoleta del Obelisco

Este es uno de esos lugares porteños que va mutando según el día. El Obelisco no importa, importa lo que pasa debajo: festejos por partidos de fútbol, reuniones del club de fans de Justin Beiber, gente sacándose autofotos, gente a la que le roban la cámara, manifestaciones políticas, miles de bicicletas que se juntan ahí para la Masa Crítica, gente durmiendo. Yo una vez, desde ahí, vi dos arco iris juntos.

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El Obelisco con dos arco iris

* Humberto Primo 471

Acá participé por primera vez en un taller de narrativa y ficción.
Acá conocí a Pedro Mairal.
Acá sentí nervios al tener que leer mis textos frente a trece desconocidos.
Acá comí medialunas durante ocho viernes.
Acá conocí escritores que admiro.
Acá conocí al editor de mi próximo libro.
Acá nos hicieron salir a dar una vuelta por San Telmo con los ojos vendados.
Acá escuché sonidos a los que mis ojos nunca le habían prestado atención.
Acá festejé un cumpleaños.
Acá me peleé con un novio.
Acá estuvo el bar Orsai.

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* Avenida San Juan, pasando 9 de Julio

Un domingo salí a andar en bici por San Telmo y Barracas. Estaba pedaleando por Avenida San Juan, sola. Por la calle no venía nadie. Pasé al lado de un grupo de trabajadores que estaban arreglando algo en la vereda. Uno me gritó: “¡Dale, reina, que vas primera!”. Me aplaudieron.

* La Reserva Ecológica

Cuando descubrí que tenía la Reserva Ecológica tan cerca no pude creer que hubiera un lugar así en la ciudad, con caminos de tierra, árboles, río. Ir en bici a mitad de semana es como irse de viaje. Casi todos los caminos desembocan en el río. Hay un punto desde donde se ven los edificios de Puerto Madero, a lo lejos, tapados por la vegetación. Parece una escena post apocalíptica. En alguna parte de la Reserva, no sé precisar bien dónde, hay o había una cancha de cemento. Durante una época fui con paletas de playa a jugar. Ahora voy cuando quiero desenchufarme.

Buenos Aires después del apocalipsis

Buenos Aires después del apocalipsis

La Reserva Ecológica

La Reserva Ecológica

* El Paseo de la Historieta

Cuando iba a la facultad pasaba cerca, en los colectivos que iban por Paseo Colón, y cada vez que veía esas calles empedradas y llenas de árboles me daban ganas de bajarme. Después me olvidaba y a la mañana siguiente volvía a ver esos árboles y pensaba lo mismo. Durante el último año de carrera empecé a trabajar ahí cerca y me fui encontrando con las esculturas durante el horario de almuerzo, de casualidad. Cuando vinieron mis amigas de Perú me pidieron de ir a ver a Mafalda, así que fuimos hasta una de las esquinas del Paseo de la Historieta, a muy pocas cuadras de donde yo pasaba en colectivo todas las mañanas, y les saqué fotos. Nunca hice el paseo completo. Hoy, cuando terminé de escribir este post, L. me preguntó si la conocía a Mafalda. Obvio, fue mi respuesta, mientras sacaba el libro de [eafl id=”21144″ name=”Toda Mafalda” text=”Toda Mafalda”] de la biblioteca. Y me dijo: “Quiero ir a ver esto, vení, mirá”. Y me mostró fotos en Google de Mafalda sentada en un banco en la esquina de Defensa y Chile.

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* Los escalones del parque Lezama

El parque Lezama tiene muchas subidas y bajadas, también tiene mesas de ajedrez y una iglesia ortodoxa rusa enfrente. Entre todo eso hay una zona de escalones en anfiteatro donde la gente va a sentarse. Ahí pasé la tarde de mi cumpleaños número veintiocho. Me senté al sol y leí un libro de Kapuscinski. Esa mañana había llevado el manuscrito final de mi primer libro a imprenta.

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* Las paredes de Honduras, en Palermo Viejo

Todas las calles que cruzan o van paralelas a Honduras tienen arte callejero. Siempre quise pintar paredes y tuve una época en la que se me dio por hacer stencils. Fabriqué cuatro: el Submarino Amarillo, la cara de John Lennon de Imagine, Woodstock —el amiguito de Snoopy— con una flor, y la banana dibujada por Andy Warhol. Y salí de noche, con aerosoles de tres colores, guantes de látex y bicicleta, a llenar las paredes de Honduras de stencils. No sé si quedará alguno visible, fue hace muchos años. Una amiga, incluso, me pidió que le hiciera uno enfrente de su casa en Las Cañitas. Le hice un Woodstock con aerosol rosa. La última vez que pasé ya no estaba.

Uno de mis stencils

Uno de mis stencils

Woodstock

Woodstock

Y más arte por Palermo Viejo

Y más arte por Palermo Viejo

* Una esquina de Microcentro, en la puerta de un banco

Durante mucho tiempo, no sé si seguirán, había una banda de ska que tocaba todas las tardes en la puerta de un banco en Microcentro, a esos de las seis de la tarde. Nunca me aprendí las coordenadas exactas porque me encantaba encontrármelos de casualidad, escuchar la música a lo lejos y buscarlos usando los oídos. Se reunía bastante gente alrededor, algunos bailaban. A mí me gustaba escucharlos por el contraste que generaba su música colorida con el gris del centro.

Una esquina cualquiera de Microcentro

Una esquina cualquiera de Microcentro

* Un escalón al lado de Güerrin, sobre la calle Corrientes

Descubrí las pizzerías del centro hace unos cuatro años, cuando unos amigos me invitaron a hacer la ruta de la pizza, un recorrido autogestionado que consiste en comer una porción de muzzarella en la barra de cada una de estas pizzerías (El Cuartito, Güerrin, Las Cuartetas, etc). Es la versión porteña de irse de tapas, aunque en un perímetro reducido y con mucha cerveza y muzzarella. Después de las masas críticas también solía ir a Güerrin: haber pedaleado seis horas merecía ese premio. Una vez fuimos varios, nos compramos una grande de muzzarella, nos sentamos afuera, en la vereda, y comimos la pizza ahí mientras la gente salía de los teatros. Era sábado a la noche. Comer en la calle mientras la gente hace su vida siempre me hace sentir de viaje. Creo que ese fue el día que vi cómo sacaban de baldes bolas enormes de muzzarella para hacer las pizzas.

* Pasaje Lanín, Barracas

Cuando internaron a T. en el Moyano, un hospital psiquiátrico para mujeres en Barracas, frené varias veces en este pasaje antes o después de ir a verla. Me daba paz. Es una calle con casas decoradas con mosaicos, y si te parás en el medio no escuchás ningún ruido de la ciudad.

Casas del Pasaje Lanín

Casas del Pasaje Lanín

* El 152

Estábamos volviendo de Martínez en el 152. Para pasar el tiempo, le leí textos en voz alta a mi pareja de aquel entonces. Uno de estos textos era Osito, una historia que había escrito para el taller de Pedro acerca de uno de los objetos que tengo hace más tiempo en mi vida: mi osito de peluche. Se lo leí medio bajito porque me daba vergüenza que alguien escuchara. Cuando terminé vi que el chico que estaba parado al lado nuestro nos miraba y sonreía. Creo que escuchó todo. Me miró y dijo: “¿Aniko Villalba?”. Era lector de mi blog. Me puse roja.

* Las bicisendas de Carlos Calvo y Billinghurst

Me encanta andar por estas bicisendas. La de Carlos Calvo casi siempre está vacía. Pasa por zonas de casas bajas y antiguas, almacenes y veredas arboladas. Va por una Buenos Aires donde el caos no se ve, donde el ritmo es otro. La de Billinghurst pasa, entre otros lugares, por un almacén de paredes verdes, en una esquina de Almagro. Frené muchas veces a mirarlo. Después me fui por dos años, y hace unos días volví a hacer el trayecto y no lo encontré.

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* Avenida 9 de Julio de madrugada y con lluvia

Eran las siete de la mañana. Había ido a una fiesta de casamiento y estaba caminando por la 9 de Julio con un amigo. Yo tenía un vestido negro con lunares blancos, corte princesa. Él estaba de traje. Llovía. La ciudad estaba gris. Nosotros caminábamos charlando debajo de mi paraguas rojo. Siempre quise que alguien sacara una foto de esa escena tan urbana. Parecía una publicidad de algún perfume.

9 de Julio de día

9 de Julio de día

* La casa de mis abuelos en Saavedra

Los recuerdos son difusos. Pasé muchos domingos ahí hasta que mis abuelos murieron, a mediados de los noventa. Me acuerdo de las cajitas con collares y anillos que tenía mi abuela, de la heladera antigua, de los pinceles de mi abuelo, de sus manos que temblaban, de las mantas tejidas y las cortinas y del olor a óleos y a tiempo. Hace poco, una lectora me escribió para contarme que había descubierto que vivía, justamente, en el departamento que había sido de mis abuelos.

* El río Paraná, en el Tigre

Pasé gran parte de los fines de semana de mi infancia en el Tigre. Yo lo daba por sentado hasta que me fui de viaje y entendí que tener un delta así tan cerca de la ciudad es un privilegio. Crecí remando en canoas, nadando sin ver el fondo, yendo al Paraná a pasar la tarde. Si pudiera hacer una X en el mapa argentino sería ahí, en la primera sección del río Paraná, cerca de la costa, en una canoa atada de un muelle ajeno, con la luz de la luna iluminando el agua y el río meciéndome. La gran mayoría de mis sueños tienen de escenario el Tigre.

Este arroyo sale al Paraná. Si lo habré nadado...

Este arroyo sale al Paraná. Si lo habré nadado…

Estas fotos me las mandó mi mamá un día de mucha niebla en el Tigre.

Estas fotos me las mandó mi mamá un día de mucha niebla en el Tigre.

En general los colores son estos

En general los colores son estos

* Todas las librerías de la ciudad

Buenos Aires es una gran librería. Si salgo a caminar, seguro que descubro una nueva. Y siempre entro, porque es inevitable, porque no puedo no entrar a esos paraísos que me generan ansiedad, angustia y felicidad todo a la vez. Hace poco volví al Ateneo de Callao y Santa Fe, ubicada dentro de un antiguo teatro y considerada una de las librerías más lindas del mundo. Me pareció que mudaron la sección de viajes. Antes estaba en un estante alto, ahora al ras del piso y medio escondida. Me acuerdo porque la última vez fui con una amiga peruana que me dijo: algún día tus libros estarán en esta sección.

Librería El Ateneo Grand Splendid (acá sí les recomiendo que vayan!)

Librería El Ateneo Grand Splendid (acá sí les recomiendo que vayan!)

* Una parrilla en Nueva Pompeya

Fuimos con mi papá a una imprenta por Avellaneda, después lo acompañé a buscar algo que había dejado arreglando y terminamos en Nueva Pompeya, los dos con hambre. Vamos a una parrilla, me dijo, vi una que me gustó. Dimos un montón de vueltas hasta que la encontramos. Entramos. Yo era la única mujer y me miraron. Estaban pasando cumbia, olía a carne. Comimos en platos de madera, yo un pollo con limón que no me pude terminar de lo grande, él una porción de asado. Y charlamos mucho. Le pregunté cosas de su infancia, de cómo se conocieron mis abuelos, por qué vinieron a Argentina. A los pocos días, él tuvo que volver por la zona y me llamó por teléfono: “Adiviná dónde estoy”. De fondo sonaba algo que parecía Gilda.

Además de las parrillas, de Buenos Aires me gustan los mercados y las verdulerías (esta foto es del mercado de San Telmo)

Además de las parrillas, de Buenos Aires me gustan los mercados y las verdulerías (esta foto es del mercado de San Telmo)

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* El 39 que tomó otra ruta

Hace unos días me subí al 39 para ir al Ateneo y había una calle cortada, así que el conductor agarró otro camino. Fue raro ver esos edificios desde la ventana del 39. Estoy tan acostumbrada a su recorrido que con solo ver un pedacito de calle ya sé dónde estoy. Pero ese día todo era nuevo y mientras miraba por la ventana pensé que, en este momento, viajar ya no es lo que le da sentido a mi vida. Y también anoté: “Estando de viaje escribo blogs, en Buenos Aires escribo libros”.

Ya ni sé si esto lo vi o no desde el 39 alguna vez.

Ya ni sé si esto lo vi o no desde el 39 alguna vez.

El 39 no pasa por acá, pero aprovecho para poner esta foto porque es una de mis esquinas preferidas en San Telmo.

El 39 no pasa por acá, pero aprovecho para poner esta foto porque es una de mis esquinas preferidas en San Telmo.

* El balcón de mi casa, piso 18

Era viernes a la noche. Eme, una chica estadounidense que se estaba alojando en casa, se asomó a mi balcón y miró las luces de Buenos Aires. Vivo en el piso dieciocho del único edificio de la zona. De noche se ven luces rojas que se prenden y se apagan y una luz blanca que parece un faro. Eme se agarró de la baranda y dijo: “¡Esta ciudad está loca!”. Sí. Y eso explica tantas cosas.

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Ya que hablamos de Buenos Aires, de Pedro Mairal y de escenas post apocalípticas, les recomiendo muchísimo su libro "El año del desierto".

Y ya que hablamos de Buenos Aires, de Pedro Mairal y de escenas post apocalípticas, les recomiendo muchísimo su libro “El año del desierto”. Mientras lo lean van a sentir que Buenos Aires se transforma frente a sus ojos.

[box type=”star”]Este post pertenece a la serie “Guías de viajes para humanos”. En una época intenté amigarme con mi ciudad y lo escribí acá: Amigate con Buenos Aires, también en formato de serie. También le hice un mapa subjetivo a Biarritz, la ciudad francesa en la que viví casi 10 meses, el segundo lugar en el que pasé más tiempo después de Buenos Aires. Si tienen un hilo de Ariadna de su ciudad, mándenmelo, aunque sea de manera anónima, así contradigo mi propio consejo y lo sigo si me voy de viaje a ese lugar. Y para ver fotos en tiempo real de mis días en Buenos Aires, pueden seguirme en Instagram.[/box]

Viajando por ahí y Proyecto Calco: “Sorprendete”

[box type=”star”]Este post forma parte de la serie Amigate con Buenos Aires, un intento de reconciliarme con mi ciudad después de dieciséis meses sin verla. Podés leer la serie completa acá.[/box]

Situación: Mi mamá me da un piloncito de calcomanías que me dejó mi amigo de Proyecto Calco en portería y me pregunta “¿Para qué son?”, y yo le respondo: “Para desparramar mensajes positivos por el espacio público y alegrarle el día a las personas”, “¡Ahhh…!” (sonríe). Fin de situación.

Como les conté en el primer post del proyecto, Amigate con Buenos Aires surgió gracias a una de las calcos de Proyecto Calco que dice, justamente, “Amigate” y que me impulsó a reconciliarme fotográficamente con mi ciudad. Pero hace poco me di cuenta de que la calco que más me estaba haciendo efecto era otra, la que dice “Sorprendete”. Y para ella va dedicada este post.

 ***

Cuando leí por primera vez El mundo de Sofía de Jostein Gaarder (hace por lo menos 10 años) hubo una frase que me quedó grabada para siempre. Decía algo así: “El filósofo debe ser como un niño y nunca perder la capacidad de asombro frente al mundo”. Esa idea de asombrarse frente a “lo normal” me pareció clave para poder ver el mundo de otra forma y jamás dar las cosas por sentado.

A veces, cuando me enfrasco en una rutina y la repito durante varios días y/o meses, me doy cuenta de que naturalizo todo lo que está a mi alrededor y el lugar por el que camino me parece ordinario, cotidiano, normal. Me pasa cuando estoy demasiado tiempo en Buenos Aires y me pasa después de varios meses de estar viajando. Como el viajar se vuelve, quiera o no, una rutina, hay días en que veo las cosas con ojos de “ah, otro Buda, ah, otro templo, ah sí, otro río, ah mirá, más monjes”. Y en esos momentos me peleo contra mí misma y me digo: Mirá donde estás, mirá todo lo que estás viendo, no seas tarada, ¡sorprendete! Que el mundo no es un lugar normal.

Por Liniers (genio)

Desde que volví a Buenos Aires pasé por muchos estados: tristeza (lo que llamo la Depresión Post-Viaje, un tema sobre el que me explayaré más adelante en algún post bajonero), melancolía, sentimiento de no pertenecer, sentimiento de sí pertener, euforia, redescubrimiento, reconciliación y, hace unos días, sorpresa constante.

Tuve a dos chicas de Estados Unidos viviendo en casa durante unos días (Couchsurfing) y me contagiaron su mirada outsider. Ahora, cada vez que salgo a caminar, encuentro algún detalle, edificio, monumento, situación, evento, tribu urbana o persona que me sorprende.

Acá van algunas:

* Una situación: el viernes pasado salí de mi casa a la noche y me encontré con un set de filmación a pocos metros de mi edificio. Había muchas luces, cámaras, cables y personas muy cool sentadas en sillitas de director y maquillandose. Hollywood in Buenos Aires.

* Un barrio: Puerto Madero. Hace un tiempo empecé a andar en bici por esa zona. Antes me iba directamente a la Reserva Ecológica, pero hace unas semanas decidí recorrer Puerto Madero en sí y casi me caigo de la bicicleta con tantas distracciones, tanto museo y tanto edificio. Estoy anonada frente al crecimiento de Puerto Madero. ¿Ustedes vieron lo que son esas torres? ¿Ustedes vieron los parques que hay en el medio? ¿Ustedes vieron los museos? Singapur in Buenos Aires.

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A ver si descubren el detalle de esta foto…

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* Una tribu urbana: los otaku (o “gente que posee interés en el animé y el manga” o “fanáticos de la cultura japonesa”). Ya describí mi encuentro fortuito con ellos en el Jardín Japonés el fin de semana pasado.

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* Un día: el sábado. Salí a sacar fotos con Gabriel Greco, blogger de viaje amigo y autor del blog Destinos Actuales junto con Eddy Lara Brito. Nos encontramos en San Telmo y caminamos durante varias horas sin plan ni rumbo. Y los dos llegamos a la misma conclusión: fuimos con los ojos tan abiertos que descubrimos cosas que nunca habíamos visto a pesar de haber pasado varias veces por ahí. Encontramos rincones, arquitectura, personajes, graffitis, stencils, mercados… Y hasta nos chocamos, inesperadamente, con la Marcha del Orgullo Gay.

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Y la Luna.

* Un lugar: Parque Lezama. Nunca había ido un fin de semana y la verdad que me sorprendió la cantidad de gente y actividades que había: bandas estilo Onda Vaga tocando en el pasto, grupos de percusión que me recordaron a un domingo en Montevideo (Uruguay), amigas tomando mate, familias caminando, abuelos y nietos jugando al fútbol, parejas en los bancos. Y de fondo, la Iglesia Ortodoxa Rusa, con esos colores tan estridentes y llamativos.

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* Una persona: esta mujer. Amé su look. Creo que era Dominicana, quise sacarle fotos pero el marido nos miraba mucho, así que disimuladamente apunté mi cámara sin mirar y salió esto (con la bizarrísima cabeza del nene cortada a la mitad y el viajandoporahi.com que le quedó puesto de anteojo).

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Y estas personas también me cayeron bien:

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La fauna urbana de Buenos Aires es interminable, muy simpática y extremadamente fotogénica.

* La sorpresa más sorpresiva: encontrarme con el sticker de Proyecto Calco “Sorprendete” (el mismo que me inspiró a escribir este post) pegado en un escalón a la salida de la estación Juramento del Subte D. No podría haber pedido un final mejor.

***

La Rueda de la Moraleja dice: No es necesario viajar para sorprenderse, todo depende de vos y de tu mirada. Así que abrí los ojos, ponete el switch en Modo Sorpresa y salí a caminar por tu ciudad. Mirala como si fueses turista, como si vinieses de un lugar donde todo es distinto, donde la lógica es otra, donde todo se hace al revés. Dejate llevar por tu instinto, encontrá rincones que nunca viste, observá a la gente, buscá detalles, dejá que los detalles te encuentren. Sorprendete.

Arte, mate y plantas carnívoras

[box type=”star”]Este post forma parte de la serie Amigate con Buenos Aires, un intento de reconciliarme con mi ciudad después de dieciséis meses sin verla. Podés leer la serie completa acá.[/box]

Como les conté en el post anterior, decidí empezar un mini proyecto fotográfico llamado “Amigate con Buenos Aires” para documentar mi reconciliación con Buenos Aires. Todo surgió por una calcomanía que pegué en mi espejo y una sensación de que la ciudad volvió a cautivarme como en sus mejores épocas. Quiero aclararles algo para aquellos que no me conocen: No odio Buenos Aires. Tampoco la amo. O tal vez sí. Es una relación amor-odio, y ojalá dure toda mi vida, porque mientras sienta eso seguiré viajando y seguiré volviendo.

Cuando me planteé esta serie de posts pensé en dedicar uno a cada barrio, pero ahora, mientras miro las fotos que saqué en estos días, me doy cuenta de lo difícil que es abarcar un barrio completo en una sola caminata. Además, tampoco creo que me dé el tiempo para visitarlos todos. Y ya veo que si en el post de San Telmo hablo de Carlos Calvo van a aparecer los defensores de Humberto Primo, y si en Palermo voy a el Parque Las Heras y no al Planetario, se pudre todo, y si encima voy a Villa Crespo y no a Almagro, chau, me echan de la ciudad a patadas. Así que decidí darle una óptica distinta, más personal, porque al fin y al cabo no estoy haciendo un relevamiento barrial sino que estoy paseando por la ciudad y disfrutando de caminar sin rumbo.

Lo que me interesa es buscar momentos, encontrar detalles, compartir pedacitos de la ciudad con alguien y apropiarme de otros sola. Sé que esta ciudad tiene un significado distinto para cada uno de sus habitantes, así que lo quiero hacer es encontrar el mío y mostrárselos a través de imágenes. Quiero descubrir qué veo y qué no veo de Buenos Aires. Lo bueno de este proyecto, además, es que lo seguiré completando cada vez que vuelva de un viaje.

Los primeros días que estuve acá me dediqué a sacar fotos con el celular. En realidad, no salí específicamente a sacar fotos, sino que salí a caminar con un fin determinado (ir a equis lugar) y me colgué sacando fotos con el celular. Las fotos que se vienen ahora son de uno de los “circuitos” que más repetí, y cada una de estas imágenes surgió por algo que me llamó la atención. Todas son sacadas con celular (un Nokia por si se lo preguntan) y no forman parte del proyecto en sí, sino que las saqué antes por diversión.

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Esta casa siempre me gustó, está casi escondida entre los edificios del fondo y en venta hace varios años. Ojalá que el que la compre la mantenga así, con el arte en las paredes y esas flores que le salen del techo. Pero que no la derrumben para hacer un edificio, prométanme.

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Stencils y superpanchos en un quiosco del barrio.

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Esta es una de mis esquinas preferidas de San Telmo.

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Y estos son detalles que descubro cada vez que camino por esa cuadra.

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Como verán, uno de los grandes temas de mis fotos es el arte callejero. Creo que si tuviese el talento suficiente, me dedicaría a pintar paredes de colores y embellecer todas las ciudades del mundo.

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Uno de esos cafecitos icónicos de Buenos Aires.

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¿Alguien quiere mate?

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“Creer es crear”

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Y mis preferidas:

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En alguna de esas caminatas me subí a un colectivo y me encontré con esta combinación de colores.

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Casi no saco esta foto. Iba caminando, leí el cartel de pasada y la inercia me hizo seguir caminando. Unos pasos más adelante frené, volví y saqué la foto. Había un señor empujando un carrito con cajas y cuando vio lo que hizo, me imitó: frenó, volvió hacia atrás y leyó el cartel, probablemente con curiosidad de saber qué fue lo que me había llamado tanto la atención.

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