Filipinas en 10 palabras – parte II

Si todavía no leíste la primera parte, hacelo acá y volvé: (Un poquito de) Filipinas en 10 palabras – parte I

6. GUERRA

Las guerras nunca se olvidan.

Lo digo yo que nunca viví una y sin embargo las tengo presentes ya sea por mis ancestros que las pasaron o por conocidos que me las contaron.

Y menos se olvidan si fueron vividas en territorio propio.

En el norte de Filipinas todavía quedan tanques de la Segunda Guerra Mundial, aún se puede caminar por la costa que fue escenario de batallas entre las tropas estadounidenses y japonesas, las cientos de cruces blancas en los cementerios no van a desaparecer nunca, los monumentos en honor a los caídos tampoco se olvidarán.

Jamás viví una guerra, pero hay ciudades donde las batallas seguirán peléandose de manera invisible ad infinitum

7. PACMAN

– Tenga cuidado con ese perro que es muy bravo, me dice uno de los curas señalando a un labrador que, acto seguido, se acuesta en el piso mansamente.

– Si se descuida, la va a morder… Se llama Pacman. Y el perro se duerme.

Pacman —además del simpático muñequito comefantasmas que todos conocemos— es el sobrenombre de Manny Pacquiao, uno de los héroes nacionales de Filipinas: campeón mundial de boxeo en siete categorías y —recientemente— diputado. Y acá lo adoran.

Nada de Maradona, nada de Messi, Pacman is The Man.

Acá los deportes nacionales son el básquet (por ese tema de que no hay suficiente territorio llano como para tener canchas de fútbol) y el boxeo (gracias a la existencia de Manny Pacquiao).

Manny Pacquiao (Imagen by bigstickcombat.wordpress.com)

8. ALASCUATRO

– It’s alascuatro, me dice un filipino mientras mira el reloj.

– Interesante…

Como siempre, el tema del idioma es muy interesante.

Los carteles en la calle están en inglés. Los diarios están en inglés. Los noticieros están en inglés. Pero la gente habla una mezcla de inglés, español, tagalog (filipino) y alguno de los cientos de dialectos del país.

No sé cuál es la regla: las misas, por ejemplo, a veces son dadas en filipino, a veces en inglés, a veces en “filinglés” (a excepción de una misa de domingo de Judy que fue dada por partes en español en honor a mí!).

Hay palabras del filipino que fueron tomadas literalmente del español, como las horas (alauna, alasdos, alastres…), el pandesal (el pan más rico que probé), el puto (un postre, no sean malpensados…), la mesa, las visitas.

Cómo quisiera hablar todos los idiomas del mundo para poder entenderme con todos. Es mucho pedir ¿no?

9. ARROZARROZARROZ

– ¿Pero ustedes no comen arroz con cada comida?

– Estem… sí, sí, tal vez una vez por semana, como “ocasión especial”…

Pienso: ¿cuántas veces por día/semana/mes comía arroz en Buenos Aires? ¿Una cada quince días? ¿Solamente cuando estaba mal de la panza? ¿Cuando iba a algún restaurante étnico?

Acá si el plato no tiene arroz, no se considera desayuno, almuerzo ni cena.

Sin arroz en el plato, algo está pasando. Sobra un espacio entre la carne y las verduras.

¿De dónde viene esa costumbre de comer arroz? ¿Será porque acá las tierras son aptas para su cultivo? ¿Será una causa geográfica y climática?

La comida define a una cultura y si hay algo que define culinariamente al Sudeste Asiático es el arroz.

Porque acá hay de todo tipo, variedades que para mí “son todas iguales” pero para ellos son “completamente distintas”.

Acá el arroz es fundamental en la dieta. A mí me da igual, pero lo cierto es que ya me acostumbré a tenerlo en cada comida.

En Asia, sin arroz no hay paraíso.

10. LATINOAMÉRICA

Las similitudes nunca dejarán de asombrarme.

Incluso se les nota en la cara: los filipinos están más cerca de ser portugueses, peruanos, ecuatorianos, que de ser chinos.

Si sacás a un filipino de contexto, perfectamente podría pasar por un latino.

Lo interesante, creo yo, es la mezcla: porque el pinoy bien podría ser latinoamericano por fuera, pero su cultura sigue siendo asiática.

Andan en musculosa y short por la calle, algunos van descalzos (no por falta de zapatos sino porque así son, bien machos ellos), los hombres escupen en el suelo, las mujeres usan vestidos floreados, el tráfico es un caos, la religión inunda la vida diaria, la música es una pasión, la corrupción política existe y es visible.

Pero la gente se comporta con esa timidez asiática (nada de nadar en bikini), ese conservadurismo en la muestra de afecto (nada de besarse en público), ese intento de cuidar el cuerpo y la salud (“Say NO to drugs and yes to God”) que los diferencia de otras culturas.

Ya les digo, nada mejor que las mezclas…

Por las calles de Vigan

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Filipinas en 10 palabras – Parte I

Iba a titular este post “Filipinas en diez palabras”, pero no sería del todo correcto ya que solamente visité uno de los tres grandes grupos de islas que conforman este país.

Así que acá van mis observaciones cien por ciento subjetivas acerca de Luzón, pocas horas antes de tomar el vuelo hacia Hong Kong.

1. IGLESIAS

Era como una competencia conmigo misma. Cada vez que iba sentada en el asiento de un auto, las veía pasar rápidamente, las miraba alejarse y las archivaba en mi cabeza.

– ¡Ahí hay una!

– ¡Otra!

– ¡Dos más!

– ¿Cuántas voy?

– Mejor empiezo de nuevo…

Iglesias-iglesias-iglesias.

En Latinoamérica no me sorprendían, nuestro continente es La Tierra de las Iglesias, pero en Asia es distinto. En Asia hay templos y mezquitas, en Asia hay Budas, ofrendas de flores en la vereda y voces leyendo el Corán cinco veces al día. Es muy raro ver una iglesia así porque sí. Tal vez aparece una cada tanto, en algún pueblo que fue colonia española o portuguesa, en alguna enciclopedia, en algún programa de televisión.

Pero ya lo descubrí: todas las iglesias que no vi en Tailandia, Malasia, Singapur e Indonesia están exiliadas en las Filipinas.

Y lo bueno es que lograron captar mi atención una vez más…

¿Vieron que cuando algo se vuelve repetitivo nos aburre?

Y si después ese algo “desaparece misteriosamente” lo empezamos a buscar…

La Catedral de Manila

2. FATHER

Siguiendo con la temática, como conté anteriormente, viví en una parroquia durante casi dos semanas, algo que no podría haber sido más adecuado para mi estadía en Filipinas.

– ¿Hostels? ¿Qué es eso?

Hace tiempo que dejé de hacer check-ins.

Y me encanta, porque viviendo con los locales he descubierto más que aquellas veces que viajé como turista.

Estando en St. Therese, la parroquia donde trabajaba el Padre Judy en Dagupan, pude presenciar bastantes costumbres locales.

Descubrí que los curas filipinos no usan sotana fuera de la misa, se visten como quieren —con musculosa y short de baño incluido—, toman cerveza y se van de karaoke. Y son extremadamente divertidos, por favor, cómo me hicieron reír con sus jodas hacia Argentina (“the best country in the world”) y sus intentos de “casarme” con todo filipino que se me cruzara.

También descubrí que los filipinos son personas muy religiosas (no solamente los domingos), que la Iglesia Católica es muy respetada como institución y que algunas misas convocan a tanta gente que más que misas parecen recitales de rock evangélico (por el amontonamiento, digo).

Amén.

Misa de viernes

3. JEEPNEYS

“Capricornio”, “The Savior”, “Manuel Antonio”, “Guns N Roses”, son algunas de las leyendas que llevan estos particulares colectivos en el frente.

Y a los costados, todo tipo de dibujos: retratos de las Spice Girls, animé japonés, Jesús y la Virgen María desde todos los ángulos, arco iris psicodélicos.

Adentro hay lugar para unas 12-15 personas. Las monedas pasan de mano en mano hasta que llegan al chofer (quien, en este caso, también oficia de cobrador).

Cuando el pasajero considera que ha llegado a destino, golpea el techo y anuncia al conductor que va a bajar.

¿De dónde salieron estos simpáticos transportes? Son restos de la Segunda Guerra Mundial… Jeeps estadounidenses que quedaron en tierras filipinas, abandonados tras el conflicto.

Y los filipinos los adaptaron a su modo de ser y lo convirtieron en uno de los íconos del país.

4. NOT SPICY

Dos palabras que eliminé de mi vocabulario durante estos veinte días.

Qué felicidad, no tengo que pegarme un cartel en la frente que diga “Hola soy extraterrestre no me gusta el picante, NO ME JUZGUEN” cada vez que voy en busca de alimento.

La comida en Filipinas es sospechosamente parecida a la nuestra…

Mucho pan (y muy rico, de ese blandito y esponjoso, no el pan seco o duro de ayer), mucha pasta, mucha carne, mucha verdura hervida, mucha pizza…

Aunque tengo una objeción: si tiene carne NO es pizza. A mi no me des una porción de masa con salchichas, cabecitas de pescado, trozos de cerdo, salsa de lomo y un poco de queso, a mi dame una grande muzza y ya.

(Si tiene cebolla mejor. Pero pizza mejor que la argentina todavía no probé… ¡Tienen que ir y probar!)

Igualmente acepto que la comida filipina es deliciosa, especialmente el pescado y los mariscos.

Y el FLAN, no puedo creer que me reencontré con el flan.

(ex) Langostinos

5. VIDEOKE

Un clásico.

Está en todos los cumpleaños, en los bautismos, en los casamientos, en los “after-office”, en las reuniones con amigos, en las cenas familiares.

Casi todos los hoteles ofrecen pileta de natación, internet y videoke entre sus ammenities.

Los restaurantes tienen sectores privados con mesas y pantallas para cada grupo. A

lgunas familias incluso se compra el set: micrófono, cancionero con extensísimas listas de temas, reproductor de karaoke para conectar a la tele.

Y obvio que ellos son la envidia del barrio, los que más invitados reciben.

Y cómo cantan.

Por algo yo me negué a cantar.

Los filipinos tienen un don para el canto (¿o será que lo practican desde muy chicos? ¡No escuché a ninguno que desentonara!).

Los curas me dedicaron “Don’t cry for me Argentina” (antes de la derrota en el Mundial, sino ya hubiese sido una burla).

Father Judy cantando Don’t cry for me…

¿Querés saber cómo sigue el relato? Lee la segunda parte del post acá…

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