Yogyakarta en 10 palabras – parte II

6. Multirreligión

Indonesia, a diferencia de lo que se cree, no es un país musulmán, sino que es un país de mayoría musulmana. El gobierno reconoce seis religiones oficiales: más del 85 por ciento de la población practica el Islam, y el resto es Protestante, Católico, Hinduista, Budista o Confucionista. Y Yogyakarta es uno de los lugares donde mejor se puede ver esta multirreligiosidad.

[singlepic id=2421 w=700 float=center] Musulmanas de visita en Borobudur, templo budista

Cinco veces al día (a las 4 am, a las 12 pm, a las 3 pm, a las 6 pm y a las 7 pm) todas las mezquitas de la ciudad anuncian, a través de un canto por altoparlantes, que es momento de rezar. Sin embargo, la ciudad no frena: muchos musulmanes se visten con su ropa tradicional para rezar (los hombres usan el sarong hasta los pies y el gorrito, las mujeres utilizan un velo blanco que les llega casi hasta la cintura) y caminan hacia la mezquita más cercana o realizan el rezo dentro de alguna musholla o “habitación exclusiva para rezar”; pero muchos otros siguen con su rutina, inmutables. Las mujeres son libres de decidir si utilizan el velo o no, y por lo que veo en la calle, la mitad lo usa y la mitad no. Hay quienes salen de su casa cada noche a las 4 am y caminan hacia la mezquita para ofrecer el primer rezo del día, hay quienes se despiertan por un rato y rezan sobre una pequeña alfombra al lado de la cama y hay quienes siguen durmiendo y jamás se enteran de nada. Eso sí, durante Ramadán, toda la población musulmana realiza el ayuno durante un mes; mientras hay sol, las calles están más vacías que de costumbre y los puestos de comida están cerrados, y una vez que el canto de las 6 anuncia que ya se puede romper el ayuno, todos salen a comer afuera con sus familiares o amigos.

[singlepic id=2433 h=700 float=center] Mi amigo Rheden vestido para rezar

[singlepic id=2429 w=700 float=center] Esta insignia con versos del Corán está colgada en todos los hogares musulmanes

Yogyakarta también es sede de dos de los monumentos religiosos más importantes de Indonesia. Borobudur es el monumento budista más grande del mundo, fue construido en el siglo 6 y tiene más de 500 estatuas de Buda; es Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO. Prambanan, construido en el siglo 9, es el templo hinduista más grande de Indonesia y uno de los más grandes del Sudeste Asiático.

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[singlepic id=2420 w=700 float=center] Prambanan, templo hinduista

7. Juventud

Yogyakarta es una ciudad llena de gente joven. Será porque es un centro universitario importante, será porque al ambiente “de juventud” atrae a más gente joven. ¿Qué habrá nacido primero: el huevo o la gallina, las universidades o la gente joven?

[singlepic id=2411 w=700 float=center] Bobby y Nita

En esta ciudad, todos salen a comer afuera, ya que los puestos de comida abundan y es más barato comprar comida que cocinar. Muchos puestitos se acomodan en las veredas y preparan alfombras para que la gente se siente a comer al costado de la calle, otros ponen sillitas alrededor de un carrito de venta de jugo o mesas alrededor de una cocina donde se preparan fideos y arroz. Y muchísimos lugares están abiertos las 24 horas.

[singlepic id=2430 w=700 float=center] Amigos reunidos en la calle

Hay bares, boliches, cafés, karaokes, heladerías recitales de bandas importantes, shows de música de bandas más chiquitas, ciclos de cine, exposiciones de fotografía, graffitis, arte callejero y cibercafés por todos lados. A veces incluso hay carnavales callejeros itinerantes con ruedas de la fortuna, algodones de azúcar y todo eso. Hay grupos andando en bicicleta por la ciudad, hay músicos itinerantes por la calle, hay fotógrafos a montones, hay rockeros, hay artistas.

Y hay un lugar llamado Alon-Alon, un parque donde todos se reúnen los fines de semana para andar en bicicleta, cruzar caminando entremedio de dos árboles con los ojos vendados (dicen que si lo hacés, se te cumple tu deseo) y tirar unos cositos de colores al cielo (realmente no tengo idea de cómo se llaman, pero son como pequeñas hélices de papel con luces en las puntas que se lanzan hacia arriba cual honda de Bart Simpson).

[singlepic id=2426 w=700 float=center] Preparando a una amiga para que camine con los ojos vendados entre dos árboles

[singlepic id=2410 w=700 float=center] Hasta el Che está presente en Yogya

8. Tradición

Creo que uno de los rasgos más característicos de Yogyakarta es la conservación de sus tradiciones, la mezcla entre lo antiguo y lo moderno. En esta ciudad se puede ver la cultura de Java en todo su esplendor: la mayoría de la gente habla bahasa indonesia (el idioma oficial del país) y basa jawa o “Javanese” (el idioma de la isla de Java); hombres y mujeres se visten con los sarong y camisas hechas con batik; aún se ven muchísimos becak (carritos empujados por bicicletas, como el de la foto) y vendedores de comida que van de un lado a otro empujando sus carritos de madera; hay muchos shows de wayang o títeres de sombras, una de las artes más famosas de Java.

[singlepic id=2432 w=700 float=center] Becak

[singlepic id=2412 w=700 float=center] Batik, la tela tradicional de Java

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Yogyakarta es, además, una de las pocas ciudades de Indonesia que aún tiene un sultán cumpliendo sus funciones de gobernador (el kraton o palacio de la familia real aún se mantiene en pie y puede ser visitado). También se pueden visitar los restos arquitectónicos de la época colonial holandesa (Indonesia fue colonia de Holanda hasta su independencia en 1945) y recordar los pocos años en que Yogyakarta fue la capital del país (entre 1945 y 1949).

[singlepic id=2417 w=700 float=center] “El monumento al arroz”

[singlepic id=2428 w=700 float=center] En el “Palacio de Agua”

[singlepic id=2424 w=700 float=center] La entrada al Kraton o Palacio del Sultán

[singlepic id=2415 h=700 float=center] Extraña combinación entre tradicional y moderno

9. Malioboro

Todas las ciudades tienen un lugar así: calle Florida en Buenos Aires, Khao San Road en Bangkok, “Backpacker Central” en cualquier pueblo de Asia. Son esas zonas dedicadas exclusivamente al turista, donde se reúne todo “lo mejor” que tiene una ciudad y se lo muestra comprimido en unos pocos metros (tan comprimido que pasa a ser abrumador).

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En Jalan Malioboro (“jalan” significa calle) se venden mochilas, vestidos, remeras, sandalias, cubremochilas, fundas, lo que se les ocurra hechas de batik (la tela con los dibujos tradicionales de Java), se venden anteojos imitación, se venden collares y pulseras. En las afueras de Malioboro (que es la calle principal de esta zona turística) está repleto de hostels, de bares, de cafés, de cibercafés, de hoteles. En Malioboro se vende todo tipo de comida en la calle (a precios más caros que en el resto de la ciudad), se vende McDonald’s, Pizza Hut y Dunkin’ Donuts, se cambia dinero, está la oficina de información turística. En Malioboro están estacionados todos los becak listos para ir a dar una vuelta, en Malioboro paran los trenes y colectivos. En Malioboro toda la gente local sabe decir “Hello lady”, “Good afternoon mister”. En Malioboro está lleno de bules (así nos llaman a los occidentales) y se escucha a toda hora la pronunciación Maliouuborrouu.

[singlepic id=2414 w=700 float=center] Puestos de venta de ropa

[singlepic id=2409 w=700 float=center] Uno de los tantos carritos de comida

En Malioboro, en mi opinión, se condensa lo mejor y lo peor de Yogyakarta, pero es uno de esos lugares que uno no puede dejar de conocer.

10. Bule (*persona occidental de piel blanca)

Y no puedo terminar este artículo sin mencionar el furor que hacemos nosotros, los bule que andamos perdidos en medio de tantos millones de indonesios. En esta ciudad hay muchísimos expatriados jóvenes trabajando como profesores de inglés o estudiando bahasa indonesia en universidades y cursos privados; también hay otros que se asentaron acá y pusieron un hostel o un café. Todos los bule tenemos que adaptarnos y, como mínimo, comprarnos una bici o una moto para andar por la ciudad y aprender el idioma.

Pero lo malo de ser bule en Indonesia es que por más de que hablemos el idioma, que tengamos amigos locales, que estemos totalmente inmersos en la realidad de este país… jamás dejaremos de ser bule. Podemos cambiar todo pero no podemos ocultar que somos occidentales, que venimos del otro lado del mundo, que tenemos un color de piel distinto. La reacción de cada indonesio hacia el bule es distinta: algunos nos admiran por nuestra “belleza” y “blancura” (?), otros nos ven como millonarios (y tontos) e intentan cobrarnos tres veces más de lo que algo vale, otros nos ven como personas demasiado liberales, otros creen que somos todos sucios, y el problema es que pocos nos ven como seres humanos (al respecto: hay un australiano que vive en Indonesia y que escribió un libro, en indonesio, llamado “Los bule también somos personas”). Debe haber tantos conceptos de bule como indonesios en este país.

Y para que entiendan lo que digo, estas son las reacciones que se generan cuando “uno de nosotros” va de visita a algún monumento turístico:

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Bonus track:

En alguna intersección de Yogya existe “Tugu”, un monumento cual mini obelisco al que todos van a sacarse fotos de noche. Dicen que si lo tocás, significa vas a volver a Yogyakarta. Cuando lo toqué, la primera vez que visité Yogyakarta, no tenía ninguna razón para volver y pensé: “Dudo que esto funcione, pero igual lo voy a hacer”. Y mirenme, estoy otra vez acá, por vez número mil. Creer o reventar.

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Pueden leer la primera parte de Yogyakarta en 10 palabras acá!

Yogyakarta en 10 palabras – parte I

De este año en Asia pasé casi la mitad en Yogyakarta (en Java Central, Indonesia; no confundir con Jakarta, la capital del país), así que me parece justo contarles un poquito más acerca de esta ciudad que se convirtió en mi hogar asiático.

No sé si les pasa, pero cuando algo se transforma en parte de nuestra rutina “normal”, nos cuesta más mirarlo desde afuera y con ojos de “novedad”. Así que voy a hacer de cuenta que vengo de un lugar muy muy lejano (lo cual es cierto) donde todo es totalmente distinto (lo cual, en parte, también es cierto) y les voy a contar acerca de esta ciudad también conocida como “Yogya”.

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1. Ciudad-pueblo

Probablemente esto me pase por ser “de la gran ciudad”, pero Yogyakarta, si bien tiene estatus de ciudad y tiene más de un millón de habitantes, a mí me sigue pareciendo un pueblo grande (algo que me encanta). Acá no hay ni un edificio, muchas calles transversales son de tierra y todos parecen conocer a todos. Las familias dejan la puerta de su casa abierta a toda hora y las rejas de entrada son simbólicas; cada vez que vamos a visitar a algún amigo, nos sacamos los zapatos en la puerta principal y entramos casi sin golpear ni pedir permiso. La gente realiza sus oficios en las veredas o en la entrada de las casas, todos comen en la calle, hombres y mujeres caminan a las 4 de la mañana con su vestimenta tradicional musulmana para ir a rezar a la mezquita. Tal vez por todo esto es que Yogyakarta sea un lugar tan seguro. Todos estacionan sus motos y dejan los cascos sobre el asiento (y cuando vuelven, todo sigue ahí). Hay muchos “hotspot” (wi-fi) de internet al aire libre donde la gente va con sus laptop y se sienta en una mesa al lado de la calle, de noche, a usar internet. Y no pasa nada.

[singlepic id=2406 h=700 float=center] Los chicos andan solos por la calle (y de fondo: Merapi, uno de los volcanes)

[singlepic id=2395 w=700] Familias sentadas en las vías para mirar cómo pasa el tren

2. Verde

Cada vez que me asomo a la ventana veo verde, verde y más verde. Esta ciudad tiene la suerte de estar en el trópico y de desbordar de vegetación. Ni hace falta que el gobierno se dedique a plantar arbolitos: acá lo verde invade sin que nadie lo pida. Las casas están rodeadas de palmeras bajas, los árboles de mango crecen frente a los supermercados, el pasto se escapa por los huequitos del asfalto, las terrazas de arroz se extienden al costado de la ruta. No hay que salir de la ciudad para sentir que uno está en medio de la naturaleza, Yogyakarta está inmersa en verde.

Hay, además, todo tipo de frutas y verduras tropicales, conocidas y desconocidas: markisa (passion fruit), manggis (una fruta llamada mangostán que ya describí en este post junto con la dragon fruit), jambu (guava), papaya, alpokat (palta), salak (una fruta que parece estar recubierta por piel de serpiente) y otras frutas que son la cruza entre una pera y una manzana, entre un melón y una sandía… y el infame durien del cual hablaré en un post exclusivo más adelante. Pero como todo país tropical, hay que aprender a convivir con el calor sofocante y la lluvia de todas las tardes.

[singlepic id=2396 w=700] Una plantación de arroz al costado del camino

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3. Arte callejero

Si hay algo que me encanta de Yogya es la cantidad de arte callejero que hay desparramado por la ciudad. Hay mensajes políticos, mensajes ecologistas, mensajes religiosos, mensajes divertidos; hay arte tradicional indonesia, arte que quiere parecer occidental, arte con estilo hinduista, arte con estilo musulmán, arte con estilo. Cada vez que paso por el mismo lugar me encuentro con algún dibujo o color nuevo. Siempre tuve afición por el arte callejero ya que me parece muy libre y creo que dice mucho acerca de los habitantes de la ciudad. Y cada vez que veo un mural, graffiti, stencil, sticker o dibujito anónimo en la calle, freno para sacarle una foto (pueden ver este post de arte asiático, por ejemplo). Soy fan del arte callejero y juro que en mi otra vida fui artista de paredes.

Yogyakarta no solamente está repleta de colores, también está inundada de música. Muchos indonesios van en la moto con la guitarra colgada en la espalda, otros intentan ganarse la vida como músicos callejeros y tocan frente a cada puesto de comida día y noche, hay quienes tienen su propia banda y hacen mini recitales. Hace unos días, por ejemplo, nos reunimos con algunos couchsurfers de Yogya y terminamos viendo a una banda de jazz en el patio de una universidad, algo de lo que jamás me hubiese enterado de no ser por la gente local. Y en medio del show apareció un hombre que me parece trabaja en un puestito de comida, se sentó en el piano y cantó We are the champions y después agarró la guitarra y rockeó un Crazy Little Thing Called Love al estilo Freddy Mercury indonesio (salvando las distancias).

[singlepic id=2393 w=700] Música sobre ruedas

[singlepic id=2404 w=700] El Mercury indonesio

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4. Parkir sepeda motor (lean y verán)

Esto no es novedad, pero les cuento que en Indonesia la gente no camina. No, si para eso están las motos… Querés ir acá a dos cuadras a comprar algo: moto. Querés salir a respirar aire: moto. Querés ir al baño: moto. El que vende cascos debe ser millonario. Y lo interesante de que haya tanta moto es ver cómo todo se moldea en función de eso: en cada cuadra hay puestitos que venden nafta en botellas de Absolut Vodka, los estacionamientos están divididos en parkir mobil (espacio para autos) y parkir sepeda motor (para las motos), frente a cada puesto de comida hay un indonesio que te cuida la moto por 1000 rupias (10 centavos de dólar), cada tres cuadras hay alguien que se dedica a arreglarlas y más allá está el que te vende los stickers para tunearla. Acá no son tan extremos como en Vietnam donde podés ver familias enteras en una sola moto, pero muchas veces aparecen mamá, papá y el nene adelante a toda velocidad. Lo que me resulta más gracioso es ver a las mujeres que van en la parte de atrás con pollera larga (y por ende) sentadas de costado, con las dos piernas colgando hacia el mismo lado, mandando mensajes por el celular o leyendo un libro como si estuviesen en el sillón de su casa,

Ah, y no sé si hace falta que lo diga, pero la ecuación no caminemos + vamos en moto hasta al baño equivale a = acá no hay veredas. No se conoce el concepto de pasear por la vereda. El poco espacio que hay entre las casas y la calle se usa para sentarse a comer, a trabajar, a vender, a jugar, a cocinar, para lo que se los ocurra, menos para caminar. Y tampoco hay desnivel entre lo que sería esa vereda casi inexistente y la calle propiamente dicha: todo está a la misma altura.

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[singlepic id=2407 w=700] Observen la falta de veredas

[singlepic id=2398 w=700] Siestita

5. Warung

En Yogyakarta parece haber más puestos de comida que casas. Hay de todo tipo: restaurantes de comida Padang (de Sumatra) donde podés elegir la comida a través de la vidriera (los platos están apilados con todo a la vista), carritos al costado de la calle que venden martabak y kebabs, puestitos móviles re chiquitos de venta de licuados (un licuado por 5000 rupias o 50 centavos de dólar), puestitos fijos un poco menos chiquititos de venta de hamburguesas y sushi (todo con un toque indonesio, eso sí), restaurantes medio cerrados/medio al aire libre donde se puede comer los hot plates de carne o pescado… y los famosos warung o carpas al aire libre con mesitas y una cocina adentro donde todos se reúnen a comer nasi goreng (el arroz frito típico de Indonesia) o mie goreng (noodles fritos).

Y como si toda esta oferta de comida fuera poco, también hay vendedores ambulantes que dan vueltas día y noche por la ciudad ofreciendo snacks. Lo que más me gusta es que tienen un sistema de sonidos para anunciar qué están vendiendo: si escuchás que alguien golpea una lata con un palo, es porque vende noodles, si suena la canción pegajosa “sari roti, roti sari roti” es porque se acerca el vendedor de pan y si estás con ganas de comer arroz afiná el oído que ya se acerca el que toca las campanitas.

[singlepic id=2403 w=700] Las “carpas” de comida están en todas las veredas

[singlepic id=2399 w=700] Así son por dentro

[singlepic id=2400 w=700] Y los minicarritos

Podés leer la segunda parte acá: Yogyakarta en 10 palabras (parte 2)

Hong Kong en 10 palabras – parte II

 

6. OCTOPUS

Los tiempos de coleccionarlas y esconderlas, de tener que ir a los quioscos para rogar que me dieran alguna, de sacarlas de la “caja secreta” de mi mamá, de guardarlas como oro… esos tiempos quedaron atrás.

Me refiero a las monedas en Buenos Aires.

El “no tengo monedas para el bondi” no aplica en Hong Kong.

Acá existe la maravillosa Octopus Card: una pequeña tarjeta magnética que sirve para pagar en todos los colectivos, subtes, barcos, quioscos, 7-Eleven y derivados, e incluso en algunos restaurantes y negocios de Hong Kong.

La única condición es cargarle un mínimo de 50 HKD (unos 7 USD) y está lista para usar.

Journey me prestó la tarjeta de su hermano y cuando la cargué por primera vez le pedí a la chica que me atendió que solamente acreditara 50 HKD de los 100 que le estaba dando, pero se ve que mi chino no es claro (mentira, no hablo chino) y me acreditó los 100 HKD de una.

Pensé: no hay manera de que gaste 100 HKD (14 USD) en tan poco tiempo.

ERROR.

Se ve que sigo acostumbrada a los países súper baratos, esos que me gustan tanto, donde un viaje en transporte público te cuesta unos 20 centavos de dólar (obviamente sin ningún tipo de “comodidad”).

Hong Kong es “caro”, obviamente siempre “en comparación con”.

En comparación con los países que visité antes (Tailandia, Malasia, Indonesia, Filipinas), Hong Kong es caro.

En comparación con Argentina, no estoy totalmente al tanto de los precios actuales, pero Hong Kong no es TAN caro.

En comparación con Europa, Hong Kong sigue siendo barato.

Un viaje en colectivo: de 6 a 14 HKD (un dólar estadounidense equivale a 7 dólares de HK); un viaje en subte (según la distancia): entre 4 y 25 HKD; un almuerzo/cena baratísimo/a: 25-40 HKD (de 3 a 7 USD); un almuerzo/cena normal: 45-100 HKD (de 7 USD para arriba); un café latte en Starbucks: 38 HKD (casi 6 USD); un combo de McDonald’s: desde 35 HKD; una remera: de 25 HKD (baratísima) para arriba.

Algunos dirán qué caro, otros dirán qué barato.

Todo depende desde qué rincón del mundo y situación me lean.

7. CHINA-PHONE

Como estuve considerando la posibilidad de comprarme un celular en Hong Kong, no pude evitar notar que acá todo el mundo se la pasa pegado a la pantallita de sus teléfonos súper tecnológicos.

Es como las mujeres embarazadas que solamente ven embarazadas por la calle, o los enyesados que encuentran colegas por todas las plazas.

Yo solamente veía celulares de todos los tamaños y colores (algunos incluso tuneados con carcasas) por todos lados.

Mi pobre Nokia parece prehistórico al lado de las naves espaciales que vi a la gente usando en los subtes y colectivos.

Todos tienen internet, juegos, camaritas, 3G, 4G, GSM y esas letras que no sé muy bien qué significan.

Dicen que Hong Kong es uno de los lugares más baratos para comprar el iPhone desbloqueado, así que Journey, que la tiene clarísima con el tema de comprar cosas baratas, me llevó a Mong Kok, uno de los mercados más grandes y baratos de HongKong.

Hay un shopping donde solamente se venden celulares, aunque hay que tener cuidado porque hay mucho trucho “made in China”.

El iPhone 4 todavía no salió oficialmente enHongKong, pero ya circula por el mercado negro, aunque el precio es bastante saladito: 7000 HKD (1000 USD).

El iPhone 3Gs liberado cuesta desde 5000 HKD (700 USD), lo cual también me pareció demasiado así que desistí.

Me quedaba otra opción: el China-Phone, una copia “física” del iPhone.

De afuera, es igual, pero creo que cuando lo prendés con suerte podés hacer un par de llamadas antes de que se autodestruya.

Es muy barato.

No gracias, para recuerdos inservibles de China mejor me compro un imán para la heladera.

Nétese la falta de “i” antes de la palabra Phone

8. OCCIDENTE

Hong Kong es una región de Asia bastante “occidentalizada”, es cierto.

Primero porque fue colonia británica hasta hace poco tiempo y uno de sus idiomas oficiales es el inglés.

Segundo porque es una ciudad de negocios sumamente internacional con residentes y visitantes de todas partes del mundo.

Tercero porque a pesar de formar parte de China, tiene su propio gobierno cuasi independiente del poder chino.

Es la ciudad más abierta al capitalismo y a las influencias externas de las que visité hasta ahora.

Un desfile de marcas internacionales: Prada, Gucci, Tiffany’s, Ermenegildo Zegna, Louis Vuitton, Dior.

Un lugar sumamente a la moda donde hombres y mujeres se acoplan a las tendencias de Italia y Francia.

Una isla donde residen grandes empresarios europeos, japoneses, estadounidenses en sus casas más que lujosas.

Una isla donde el metro cuadrado es el más caro del mundo después de Nueva York.

En HongKong, locales y extranjeros se reúnen a tomar un café en Starbucks o en Pacific Cafe, comen en restaurantes de “western food” (comida italiana, francesa, española), acompañan con cerveza o vinos chilenos y franceses, toman su Haagen Dasz de postre.

Todos los locales están “on sale”, las remeras están estampadas con fotos de Los Beatles y con frases ingeniosas/divertidas en inglés.

Las calles están limpias, los baños son un lujo, todo el transporte público tiene aire acondicionado, la comida es excelente incluso en los locales dentro de las estaciones de subte, el wi-fi gratuito está disponible en muchísimos sectores de la ciudad, hay internet gratis en las estaciones de subte (con computadoras y todo).

En fin… la ciudad megahipersónica.

9. ORIENTE

Sin embargo, Hong Kong sigue siendo parte de un país asiático.

Detrás de los altísimos edificios y de los negocios de primeras marcas, todavía se esconden templos budistas y taoístas, mercados locales, pequeños altares en la calle, puestos de comida con el menú solamente en cantonés.

Los fideos y el arroz siguen siendo parte de la dieta diaria.

Las pequeñas islas que rodean a la isla de Hong Kong (que es la mayor de las islas que conforman lo que se conoce como Hong Kong Special Region) no tienen ese desfile de marcas ni esa arquitectura tan modernista, sino que son ciudades más chicas, pueblos de pescadores, lugares con más naturaleza.

En Lanthau Island está erigida la mayor estatua de Buda al aire libre del mundo.

Cerca, en Tao-i, se puede caminar entre casas construidas sobre palitos (sic) a orillas del agua.

En Lamma se pueden elegir pescados y mariscos (aún vivos, metidos en peceras) para comer hasta reventar.

El glamour, por así decirlo, está solamente en una pequeña parte de la región de Hong Kong.

Los hongkoneses siguen siendo asiáticos después de todo (y están orgullosos de serlo).

Sin generalizar, después de este tiempo puedo afirmar que a los asiáticos les encanta sacar fotos y posar para la cámara. Aquel estereotipo que tenemos de los turistas chinos/japoneses en Argentina con sus cámaras de foto último modelo colgadas al cuello tiene algo de cierto.

Un dato curioso: según me dice mucha gente que me cruzo, los occidentales prefieren Nikon y los orientales son fans de Canon. Al parecer es un tema de piel y colores: los occidentales salen mejor fotografiados en la lente Nikon y los orientales aman los retratos de Canon.

No olvidar que estamos en Asia

10. MEZCLA

Nada mejor que la mezcla: eso de Oriente se encuentra con Occidente, de mujer asiática que se casa con hombre occidental y viceversa, de cocina fusión italiana-china, de templos y edificios conviviendo en armonía.

Pero lo interesante descubrí es la mezcla de Oriente con Oriente: lo que acá se conoce como Style.

Ejemplo: sacarse una foto haciendo una V con dos dedos al lado de los ojos es muy “japanese style”, usar el pelo planchado y una toalla en el cuello también es “japanese style”, ciertos platos de comida son “korean style”, algunos programas de televisión son “taiwanese style”.

Me encanta ir descubriendo estos detalles, aunque necesito la ayuda de mis “traductoras” para darme cuenta de qué país proviene cada tendencia.

Los asiáticos toman algo de cada país vecino y lo adaptan a su ciudad, aunque siempre remarcando de dónde proviene: “This is korean/taiwanese/japanese/chinese/etc style”, me explican mis amigos.

Una vez, en la casa de un amigo chino, me puse las ojotas con medias y le dije:

– Esto es Uruguay-style.

Y él me respondió:

– ¡No, eso es Japanese style!.

Saquen sus propias conclusiones.

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Hong Kong en 10 palabras – parte I

1. COOL

Por favor.

Qué ciudad tan cool, tan chic, tan in, tan top, tan todas esas palabras que usamos en inglés por falta de un sinónimo en castellano que suene tan cool como la palabra cool, o tan chic como la palabra chic

Lo comprobé desde la ventana del avión: si Singapur es la ciudad supersónica, Hong Kong es la ciudad megahipersónica.

Nunca vi algo así en mi vida.

Nunca vi tantos edificios juntos, tantas luces de colores, tantos carteles amontonados, tanta ciudad en medio de las montañas.

Me siento la nena del campo que llega por primera vez a la gran ciudad, pero es que realmente nunca vi una cosa así en mi vida.

Me faltará primer mundo, tal vez.

Pero lo que más me llama la atención es que no sólo Hong Kong es cool, glamorosa, pretenciosa: sus habitantes no pueden encajar mejor en este escenario.

Por favor, qué gente tan fashion, tan a la moda, tan bien vestida, tan… cool.

Los empresarios lucen sus trajes de primeras marcas, la gente joven se expresa a través de los mensajes de sus remeras, las zapatillas vienen de todos los colores y combinaciones posibles, los anteojos de sol y sombreros se usan de día y de noche, los anteojos de marco grueso y colores fuertes son la regla, tacos altos caminan de acá para allá, los hombres usan el rosa descaradamente (y lo saben llevar), los cortes de pelo son modernos, las calles son pasarelas.

¿Cómo pasó esto? ¿Qué nació primero? ¿El huevo cool o la gallina cool? ¿Cómo es que un pedazo de tierra entre las montañas y el mar se convirtió en un lugar tan sofisticado con personas tan a la moda?

Otra vez la misma pregunta: ¿cuál es el elemento que hace que una ciudad sea lo que es? ¿La geografía? ¿El clima? Ya encontraré la respuesta…

2. SHOPPING

– In Hong Kong you can shop anywhere, me dice mi amiga Journey mientras caminamos por entremedio de los negocios de ropa y comida de una de las tantas estaciones de subte de Hong Kong.

La conocí de casualidad en Ko Phi Phi (Tailandia) apenas empezaba mi viaje, recorrimos parte de Malasia juntas y ahora nos volvimos a encontrar para viajar por Hong Kong y Macau.

Journey no solamente es mi primera amiga china, sino mi “traductora” oficial: más allá de ayudarme cuando me pierdo entre los caracteres chinos y no tengo idea de qué me están diciendo, Journey se encarga de enseñarme más acerca de la cultura oriental y de las tradiciones chinas.

En este caso, me señala una costumbre muy “moderna” de esta isla: todo el mundo está de shopping a cualquier hora del día y en cualquier lugar de la ciudad.

Si hay algo que no falta son negocios, podría decir que Hong Kong en realidad es un gran shopping con algunos autos que circulan entremedio y gente que vive en las afueras de los negocios.

Te bajás del subte y encontrás locales de comida natural, cafés, panaderías a montones (al estilo Delicity y mejor aún), invasión de 7-Eleven y Starbucks, salís a la calle y te chocás obligatoriamente con alguno de los —me atrevo a decir— cientos de malls de Hong Kong, ubicados estratégicamente para que la gente TENGA que atravesarlos sí o sí para poder cruzar la calle.

Y aunque hagas todo lo posible para no entrar a ningún shopping (aunque la oferta más tentadora sea la del aire acondicionado gratis), los negocios te perseguirán en cada cuadra: Rolex, Gucci, Versacce, Prada, Polo, Guess, Tiffany’s y tantas marcas que vi solamente en las películas están acá, listas para venderte la felicidad a buen precio.

Hay un sólo deporte nacional en Hong Kong: salir de compras.

3. IMAGEN

Tardé en darme cuenta, pero después de sacarme la quinta autofoto de mi reflejo en plena calle caí: Hong Kong está plagada de espejos.

En los baños los hay de todo tipo: de cuerpo entero, con buena luz para maquillarse, en las puertas.

En la calle me choqué con muchísimas superficies “reflejantes” y no resistí la tentación de capturar mi imagen.

Mi conclusión: Hong Kong no es solamente una ciudad que pretende verse bien, sino que además le interesa mirarse a sí misma desde todos los ángulos posibles. Es una ciudad narcisista. Se contempla a sí misma desde las alturas (no hay mejor ejemplo de esto que la vista panorámica que ofrece “The Peak”, la cima de una de las montañas).

Además, ¿dónde se ha visto una ciudad donde los propios edificios hagan un show de luces perfectamente sincronizado todas las noches?

Hong Kong… Lugar donde incluso los hombres frenan frente a algún espejo y se arreglan el pelo sin ningún tipo de pudor.

4. EDIFICIOS

Lo descubrí de tanto sacar fotos.

Generalmente sólo saco fotos apaisadas, no me gustan las fotos verticales. Pero acá NECESITO sacar fotos verticales para acaparar todo el paisaje. Como no alcanza la superficie de tierra, todo se construye hacia arriba.

Hong Kong tiene más de 7650 edificios rascacielos y, agrego, uno pegado al lado del otro.

Literalmente, están pegados, no hay espacio entre uno y otro, el vecino puede controlar todos tus movimientos.

Visto desde arriba, pareciera que todos los edificios salen de la misma base.

Al parecer, 36 de los 100 edificios más altos del mundo están en HK y hay más gente viviendo y/o trabajando del piso 14 para arriba, lo que hace que esta sea la ciudad más vertical del mundo.

Repito: nunca vi un lugar así en mi vida.

5. LOST

Imposible no perderse.

Por más que tengas el mapa perfectamente detallado en mano y sigas todas las indicaciones de los carteles en las esquinas, es imposible no perderse aunque sea una vez.

Es que acá hay que dejar de lado la lógica y pensar con mente de shopping: no, para ir de A hacia B la linea más corta no es recta, sino que hay que seguir el camino de la escalera mecánica, atravesar los negocios, subir otra escalera, bajar por ascensor, preguntar un par de veces y finalmente llegar a destino con tres bolsas llenas de regalos.

Para cruzar de una vereda a la otra la manera correcta no es atravesar la calle: muchas veces las sendas peatonales no existen y los carteles prohiben al peatón cruzar.

Tenés que subir la escalera, caminar por el puente, doblar a la derecha, atravesar un banco, bajar la escalera y voilá, ya estás del otro lado.

Por más que todo esté perfectamente bien señalizado, te vas a perder.

Las remeras lo dicen: I’m lost in Hong Kong.

Pero al fin de cuentas las grandes ciudades son las más solitarias.

Hay más gente, sí, pero eso no quiere decir que haya más amigos o más compañía. En las grandes ciudades como Hong Kong, cada cual está en la suya, yendo apurado de acá para allá y usando los tiempos muertos para mandar mensajitos de texto en su celular último modelo.

¿Querés saber cómo sigue? Lee la segunda parte acá…

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Filipinas en 10 palabras – parte II

Si todavía no leíste la primera parte, hacelo acá y volvé: (Un poquito de) Filipinas en 10 palabras – parte I

6. GUERRA

Las guerras nunca se olvidan.

Lo digo yo que nunca viví una y sin embargo las tengo presentes ya sea por mis ancestros que las pasaron o por conocidos que me las contaron.

Y menos se olvidan si fueron vividas en territorio propio.

En el norte de Filipinas todavía quedan tanques de la Segunda Guerra Mundial, aún se puede caminar por la costa que fue escenario de batallas entre las tropas estadounidenses y japonesas, las cientos de cruces blancas en los cementerios no van a desaparecer nunca, los monumentos en honor a los caídos tampoco se olvidarán.

Jamás viví una guerra, pero hay ciudades donde las batallas seguirán peléandose de manera invisible ad infinitum

7. PACMAN

– Tenga cuidado con ese perro que es muy bravo, me dice uno de los curas señalando a un labrador que, acto seguido, se acuesta en el piso mansamente.

– Si se descuida, la va a morder… Se llama Pacman. Y el perro se duerme.

Pacman —además del simpático muñequito comefantasmas que todos conocemos— es el sobrenombre de Manny Pacquiao, uno de los héroes nacionales de Filipinas: campeón mundial de boxeo en siete categorías y —recientemente— diputado. Y acá lo adoran.

Nada de Maradona, nada de Messi, Pacman is The Man.

Acá los deportes nacionales son el básquet (por ese tema de que no hay suficiente territorio llano como para tener canchas de fútbol) y el boxeo (gracias a la existencia de Manny Pacquiao).

Manny Pacquiao (Imagen by bigstickcombat.wordpress.com)

8. ALASCUATRO

– It’s alascuatro, me dice un filipino mientras mira el reloj.

– Interesante…

Como siempre, el tema del idioma es muy interesante.

Los carteles en la calle están en inglés. Los diarios están en inglés. Los noticieros están en inglés. Pero la gente habla una mezcla de inglés, español, tagalog (filipino) y alguno de los cientos de dialectos del país.

No sé cuál es la regla: las misas, por ejemplo, a veces son dadas en filipino, a veces en inglés, a veces en “filinglés” (a excepción de una misa de domingo de Judy que fue dada por partes en español en honor a mí!).

Hay palabras del filipino que fueron tomadas literalmente del español, como las horas (alauna, alasdos, alastres…), el pandesal (el pan más rico que probé), el puto (un postre, no sean malpensados…), la mesa, las visitas.

Cómo quisiera hablar todos los idiomas del mundo para poder entenderme con todos. Es mucho pedir ¿no?

9. ARROZARROZARROZ

– ¿Pero ustedes no comen arroz con cada comida?

– Estem… sí, sí, tal vez una vez por semana, como “ocasión especial”…

Pienso: ¿cuántas veces por día/semana/mes comía arroz en Buenos Aires? ¿Una cada quince días? ¿Solamente cuando estaba mal de la panza? ¿Cuando iba a algún restaurante étnico?

Acá si el plato no tiene arroz, no se considera desayuno, almuerzo ni cena.

Sin arroz en el plato, algo está pasando. Sobra un espacio entre la carne y las verduras.

¿De dónde viene esa costumbre de comer arroz? ¿Será porque acá las tierras son aptas para su cultivo? ¿Será una causa geográfica y climática?

La comida define a una cultura y si hay algo que define culinariamente al Sudeste Asiático es el arroz.

Porque acá hay de todo tipo, variedades que para mí “son todas iguales” pero para ellos son “completamente distintas”.

Acá el arroz es fundamental en la dieta. A mí me da igual, pero lo cierto es que ya me acostumbré a tenerlo en cada comida.

En Asia, sin arroz no hay paraíso.

10. LATINOAMÉRICA

Las similitudes nunca dejarán de asombrarme.

Incluso se les nota en la cara: los filipinos están más cerca de ser portugueses, peruanos, ecuatorianos, que de ser chinos.

Si sacás a un filipino de contexto, perfectamente podría pasar por un latino.

Lo interesante, creo yo, es la mezcla: porque el pinoy bien podría ser latinoamericano por fuera, pero su cultura sigue siendo asiática.

Andan en musculosa y short por la calle, algunos van descalzos (no por falta de zapatos sino porque así son, bien machos ellos), los hombres escupen en el suelo, las mujeres usan vestidos floreados, el tráfico es un caos, la religión inunda la vida diaria, la música es una pasión, la corrupción política existe y es visible.

Pero la gente se comporta con esa timidez asiática (nada de nadar en bikini), ese conservadurismo en la muestra de afecto (nada de besarse en público), ese intento de cuidar el cuerpo y la salud (“Say NO to drugs and yes to God”) que los diferencia de otras culturas.

Ya les digo, nada mejor que las mezclas…

Por las calles de Vigan

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Filipinas en 10 palabras – Parte I

Iba a titular este post “Filipinas en diez palabras”, pero no sería del todo correcto ya que solamente visité uno de los tres grandes grupos de islas que conforman este país.

Así que acá van mis observaciones cien por ciento subjetivas acerca de Luzón, pocas horas antes de tomar el vuelo hacia Hong Kong.

1. IGLESIAS

Era como una competencia conmigo misma. Cada vez que iba sentada en el asiento de un auto, las veía pasar rápidamente, las miraba alejarse y las archivaba en mi cabeza.

– ¡Ahí hay una!

– ¡Otra!

– ¡Dos más!

– ¿Cuántas voy?

– Mejor empiezo de nuevo…

Iglesias-iglesias-iglesias.

En Latinoamérica no me sorprendían, nuestro continente es La Tierra de las Iglesias, pero en Asia es distinto. En Asia hay templos y mezquitas, en Asia hay Budas, ofrendas de flores en la vereda y voces leyendo el Corán cinco veces al día. Es muy raro ver una iglesia así porque sí. Tal vez aparece una cada tanto, en algún pueblo que fue colonia española o portuguesa, en alguna enciclopedia, en algún programa de televisión.

Pero ya lo descubrí: todas las iglesias que no vi en Tailandia, Malasia, Singapur e Indonesia están exiliadas en las Filipinas.

Y lo bueno es que lograron captar mi atención una vez más…

¿Vieron que cuando algo se vuelve repetitivo nos aburre?

Y si después ese algo “desaparece misteriosamente” lo empezamos a buscar…

La Catedral de Manila

2. FATHER

Siguiendo con la temática, como conté anteriormente, viví en una parroquia durante casi dos semanas, algo que no podría haber sido más adecuado para mi estadía en Filipinas.

– ¿Hostels? ¿Qué es eso?

Hace tiempo que dejé de hacer check-ins.

Y me encanta, porque viviendo con los locales he descubierto más que aquellas veces que viajé como turista.

Estando en St. Therese, la parroquia donde trabajaba el Padre Judy en Dagupan, pude presenciar bastantes costumbres locales.

Descubrí que los curas filipinos no usan sotana fuera de la misa, se visten como quieren —con musculosa y short de baño incluido—, toman cerveza y se van de karaoke. Y son extremadamente divertidos, por favor, cómo me hicieron reír con sus jodas hacia Argentina (“the best country in the world”) y sus intentos de “casarme” con todo filipino que se me cruzara.

También descubrí que los filipinos son personas muy religiosas (no solamente los domingos), que la Iglesia Católica es muy respetada como institución y que algunas misas convocan a tanta gente que más que misas parecen recitales de rock evangélico (por el amontonamiento, digo).

Amén.

Misa de viernes

3. JEEPNEYS

“Capricornio”, “The Savior”, “Manuel Antonio”, “Guns N Roses”, son algunas de las leyendas que llevan estos particulares colectivos en el frente.

Y a los costados, todo tipo de dibujos: retratos de las Spice Girls, animé japonés, Jesús y la Virgen María desde todos los ángulos, arco iris psicodélicos.

Adentro hay lugar para unas 12-15 personas. Las monedas pasan de mano en mano hasta que llegan al chofer (quien, en este caso, también oficia de cobrador).

Cuando el pasajero considera que ha llegado a destino, golpea el techo y anuncia al conductor que va a bajar.

¿De dónde salieron estos simpáticos transportes? Son restos de la Segunda Guerra Mundial… Jeeps estadounidenses que quedaron en tierras filipinas, abandonados tras el conflicto.

Y los filipinos los adaptaron a su modo de ser y lo convirtieron en uno de los íconos del país.

4. NOT SPICY

Dos palabras que eliminé de mi vocabulario durante estos veinte días.

Qué felicidad, no tengo que pegarme un cartel en la frente que diga “Hola soy extraterrestre no me gusta el picante, NO ME JUZGUEN” cada vez que voy en busca de alimento.

La comida en Filipinas es sospechosamente parecida a la nuestra…

Mucho pan (y muy rico, de ese blandito y esponjoso, no el pan seco o duro de ayer), mucha pasta, mucha carne, mucha verdura hervida, mucha pizza…

Aunque tengo una objeción: si tiene carne NO es pizza. A mi no me des una porción de masa con salchichas, cabecitas de pescado, trozos de cerdo, salsa de lomo y un poco de queso, a mi dame una grande muzza y ya.

(Si tiene cebolla mejor. Pero pizza mejor que la argentina todavía no probé… ¡Tienen que ir y probar!)

Igualmente acepto que la comida filipina es deliciosa, especialmente el pescado y los mariscos.

Y el FLAN, no puedo creer que me reencontré con el flan.

(ex) Langostinos

5. VIDEOKE

Un clásico.

Está en todos los cumpleaños, en los bautismos, en los casamientos, en los “after-office”, en las reuniones con amigos, en las cenas familiares.

Casi todos los hoteles ofrecen pileta de natación, internet y videoke entre sus ammenities.

Los restaurantes tienen sectores privados con mesas y pantallas para cada grupo. A

lgunas familias incluso se compra el set: micrófono, cancionero con extensísimas listas de temas, reproductor de karaoke para conectar a la tele.

Y obvio que ellos son la envidia del barrio, los que más invitados reciben.

Y cómo cantan.

Por algo yo me negué a cantar.

Los filipinos tienen un don para el canto (¿o será que lo practican desde muy chicos? ¡No escuché a ninguno que desentonara!).

Los curas me dedicaron “Don’t cry for me Argentina” (antes de la derrota en el Mundial, sino ya hubiese sido una burla).

Father Judy cantando Don’t cry for me…

¿Querés saber cómo sigue el relato? Lee la segunda parte del post acá…

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Kuala Lumpur en diez palabras – parte II

6. AIR-CON

Siento que soy la única que sufre realmente los cambios drásticos de temperatura que hay en esta ciudad.

Apenas salgo a la calle, el calor húmedo y sofocante me pega en la cara y en ese momento pienso dos veces si de verdad quiero salir de mi hostel a caminar o no.

Estoy en Asia, no puedo no salir a conocer.

Así que pongo un pie en la vereda y ya perdí como tres litros de transpiración.

Hola malayos, ¿me explican cómo hacen para no sufrir este calor de perros? ¿Por qué están siempre tan impecables y me hacen quedar tan desastrosa en comparación? Al rato, después de unos minutos de caminata, entro a un lugar cualquiera, tal vez un shopping, tal vez un 7-Eleven, tal vez un restaurante y bum: frío polar. Y los peores son los colectivos de corta y larga distancia: tengo que vestirme como para ir a la montaña. ¿Soy la única que se está congelando en este lugar? ¿Cómo hace, señor, para no sentir frío estando en camisa y short, cuando la temperatura no supera los 10 grados? ¿Por qué nadie pide amablemente que apaguen el aire acondicionado?

¿Por qué te crees que salimos con campera a todos lados? me dice una amiga malaya.

Jamás pediremos que bajen el aire, simplemente aceptamos el estado de las cosas y sabemos que cuando vamos a tomar un colectivo de larga distancia, tenemos que llevar guantes y bufanda, me explica otro local.

Yo creo que en el fondo hay cierto deseo de hacer de cuenta que en algunos metros cuadrados de Kuala Lumpur, el invierno existe.

7. MAPA

Una estadounidense me lo advirtió en Penang: el mapa de Kuala Lumpur es extremadamente engañoso, uno cree que puede unir dos puntos de la ciudad mediante una caminata siguiendo una simple línea recta, pero no señor, en medio de esa línea aparecerán calles que no figuran en el mapa ni de casualidad y que harán que uno se desvíe y termine en cualquier otro lugar.

Y si decidimos tomarnos u taxi o colectivo, peor aún: estaremos por lo menos media hora atascados en el tráfico.

Así que esta es una de las grandes decisiones que hay que tomar al enfrentarse a esta ciudad: si camino voy a llegar a destino más rápido pero probablemente me pierda varias veces, y si tomo un transporte, llegaré seguro, pero mucho después de lo previsto.

Por suerte tengo la ayuda de mis amigos locales que siempre saben cómo llegar: ellos jamás usan el mapa, les parece muy confuso, así que simplemente buscan algún edificio con la mirada, lo toman como referencia, y caminan hacia esa dirección.

8. MASJID (mezquitas)

Cuando viajé por América latina, los dos elementos que aparecían en todas las ciudades eran los museos y las iglesias.

Visité tantos que llegó un momento en el que solamente dediqué mi tiempo a aquellos que fueran distintos o especiales porque, seamos sinceros, en algún punto se vuelve un poco tedioso o aburrido mirar siempre las mismas construcciones.

Acá, en cambio, para mí todo es nuevo, y cada vez que veo un templo chino o hindú o alguna mezquita, entro sin pensarlo. Para la gente local, los templos son lo más aburrido del mundo, para mí, son fascinantes. Esos colores, ese mármol, ese estilo, esos detalles…

Entré por primera vez a una mezquita en Penang y realmente me sorprendió: son lugares que transmiten mucha paz, además de ser arquitectónicamente impresionantes. En todas las mezquitas hay un guardarropas con túnicas para que las mujeres extranjeras o no musulmanas se tapen y sólo muestren las manos, los pies y la cara. Al entrar, siempre hay algún voluntario dispuesto a recibir a los visitantes y explicarles acerca de su religión.

Me parece muy interesante poder aprender de primera mano acerca de esta religión de la que se habla tanto.

Un dato que aprendí en Malasia: acá, todos los malays (no los chinos-malayos ni los hindú-malayos, sino los que acá se denominan malays a diferencia de los malaysians que son todos los habitantes del país) son musulmanes por ley. Las mujeres eligen si quieren cubrirse o no, hay algunas que no lo hacen, y tienen prohibido taparse toda la cara, solamente se cubren el pelo. Las mujeres que se ven en la ciudad vestidas totalmente de negro y que solamente dejan ver los ojos y las manos son de otros países como Arabia Saudita.

9. EXPATS

Incluso tienen una revista propia, acá los expats (extranjeros que decidieron instalarse en Malasia) son una gran comunidad.

En Penang, por ejemplo, conocí a un grupo de profesores de China y Gran Bretaña que viven en la isla y enseñan materias en inglés, ya que en los colegios de Malasia hay ciertas materias que deben ser dictadas obligatoriamente en inglés, como Math o Science.

¿Por qué eligen venir acá? Tipi, una chica china de 25 años, me lo resumió de manera muy simple: Acá gano más de lo que ganaría en China haciendo el mismo trabajo. Juan, un neoyorquino hijo de portorriqueños, me contó que está viviendo hace cuatro meses en KL porque quiere triunfar como DJ de salsa, pero todavía no tuvo mucho éxito. Chris, un alemán, está en KL porque la empresa en la que trabaja (Google, no sé si la ubican) lo transfirió a la central de Malasia.

Algunos se sienten atraídos por la cultura, la comida y la gente de Malasia, otros vienen por un tema de sueldo o experiencia, pero lo cierto es que es muy fácil sentirse cómodo en este país: el lenguaje no es una barrera, la gente es muy cálida y curiosa y la comida es excelente y muy barata.

10. DIFERENCIAS

Me costó entrar en clima en KL. Los primeros días me sentí un poco perdida en la gran ciudad y pensé en volver lo antes posible a Penang.

Pero no, tengo que seguir avanzando.

Y ahora, claro, no quiero dejar KL.

Es una ciudad de grandes contrastes: edificios altísimos e imponentes, baches en las calles, gran cantidad de opciones de transporte público, embotellamientos y veredas casi inexistentes, comida de primer nivel, cuervos y ratas en las calles.

Pero lo mejor, como siempre, es la gente. Es lo que hace que un país, pueblo o ciudad sea lo que es.

¿Te molesta que acá todos te miren fijo? me pregunta una amiga local.

Para nada, le respondo.

Es que para nosotros sos muy exótica, y además sos la primera argentina que conozco, al igual que muchos.

Es curioso: para nosotros los asiáticos son raros, distintos, desconocidos, y para ellos nosotros, “White western people”, somos raros, distintos, desconocidos.

Y apenas nos ponemos a charlar nos damos cuenta de que somos mucho más parecidos de lo que pensábamos.

¿Querés saber cuáles son las primeras cinco palabras? Lee este post

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Kuala Lumpur en diez palabras – parte I

1. TRÁFICO (a.k.a. traffic jam)

He aquí mi primer grato encuentro con Kuala Lumpur.

Son las 12.30, estoy viajando tranquilamente en el colectivo desde la apacible isla de Penang hacia la ciudad capital del país.

A qué hora llegaremos, le pregunto al conductor.

A las 5 pm, me asegura.

Qué bien, qué puntualidad, pienso.

De repente, son las 6.30 pm y el colectivo avanza a dos por hora bajo la lluvia y cada vez que le pregunto al pasajero de adelante cuánto falta, mira su reloj, hace algunos cálculos mentales y promete: 15 minutos.

Creo que tardé más tiempo en llegar desde la entrada de KL a la terminal, que desde Penang hasta KL.

Así es: bienvenidos a Kuala Lumpur, ciudad donde, tarde o temprano, todos seremos víctimas del tráfico. Los malayos mismos lo dicen: hay dos maneras de calcular el tiempo de viaje en KL, “con traffic jam” y “sin traffic jam”. Y estos atascamientos de autos, colectivos, motos y taxis son tan comunes y están tan aceptados como algo normal dentro de la rutina diaria, que nadie se molesta en tocar bocina ni quejarse en voz alta y todos salen de sus casas por lo menos 40 minutos o una hora antes de lo previsto para llegar a tiempo.

Es así, si vas a salir con ruedas, bancate el embotellamiento.

Juro que un colectivo que me tomé estuvo parado en un ¿semáforo? durante 15 minutos y nadie dijo nada, todos siguieron mirando televisión tranquilamente (hay tv en el transporte público).

2. PROHIBIDO

Malasia es un país musulmán y como tal tiene varias restricciones… algunas bastante cómicas.

Enamorados, cuidado: nada de besarse ni demostrar cariño en público. Masca-chicles, ojo: está prohibido subir a las Torres Petronas comiendo chicle. Comunidad gay, lo lamento: nada de salir del clóset. Bebedores de cerveza, preparen sus bolsillos: el alcohol cuesta el triple por la cantidad de impuestos. Nada de portarse mal, que la Policía Moral está mirando y las multas serán jugosas.

3. ROMPERÉCORDS (o Malaysia Boleh!)

Aunque ostentan el mástil más alto del mundo, el shopping más grande de Asia y dos torres que en su momento fueron las más altas, para los malayos nada de eso es noticia.

En este país hay todo tipo de récords, probablemente más de uno nuevo cada día: la mayor cantidad de ancianos en un circo, la rana más pequeña del mundo, la mayor cantidad de cabezas lavadas con shampú en un solo día en un shopping (exactamente 1068), la subida de escalones más alta realizada de espaldas (2058 peldaños), el padrino (best man) más frecuente en los casamientos (apareció en 1069 festejos), el primer abogado ciego del mundo…

Más de 1300 hazañas documentadas en el popular Malaysian Book of Records: hechos insólitos, cómicos y bizarros que demuestran que Malaysia Boleh! (Malasia Puede).

¿Y de dónde surgió este afán de romper récords? Del antiguo primer ministro Mahatir Mohamad, quien decidió incentivar a los malayos para que se superaran día a día y convirtieran su país en una nación asiática avanzada.

Ah, y él también ostenta un récord: fue el Primer Ministro que más tiempo estuvo en el poder en Malasia (22 años).

4. LAH

Come on, lah! We’re gonna be late, lah! Hurry up, lah!

Una de las palabras más escuchadas de boca de los malayos, sin importar si son hindúes, chinos o musulmanes, es el simpático “lah” que todos repiten para enfatizar su discurso.Y, por si se lo estaban preguntando, acá todos hablan inglés, uno de los idiomas oficiales del país junto con el bahasa malayo (hay malayos que solamente hablan estos dos idiomas y no los dialectos que corresponden a su raza).

Afortunadamente para nosotros, viajeros que desconocemos el lenguaje del lugar al que vamos, acá todos entienden el inglés a la fuerza, y si no pueden hablarlo con propiedad, lo mezclan con bahasa y forman el Manglish.

Y si entrenamos el oído, terminaremos escuchando frases como bladibarsket (bloody bastard), mamak stall (restaurante hindú) y Got question? (alguna pregunta?). Ni intenten descifrar un cartel en bahasa, es completamente imposible y las palabras, aunque son simples de leer, no se parecen a ningún término que nos suene relativamente conocido: terkenal es alguien famoso, mat salleh es un extranjero, jalan es una calle y Terima kasih es gracias. Queridos lectores: Selamat sejahtera. Nama saya Aniko, Apa khabar? Saya tidak faham bahasa, selamat malam!

5. MALAYSIAN STYLE

En ciudades asiáticas caóticas como Bangkok o Kuala Lumpur, en las que es casi imposible cruzar la calle sin ser atropellado, no queda otra que aprender la técnica de los locales para realizar semejante hazaña.

Cuando llegué a Bangkok y me enfrenté a la vereda por primera vez, casi decido visitar solamente los lugares que se encontraran en el radio de la manzana de mi hostel, lo que fuera con tal de no cruzar.

Como peatona en la capital tailandesa, esta fue mi primera impresión: bien, estoy parada frente al semáforo como corresponde, esperando que cambie la luz para cruzar, como corresponde. De repente la luz cambia, uno de los cinco semáforos que funciona para alguna de las cinco esquinas que confluyen acá acaba de ponerse en rojo, lo que quiere decir que algún auto tiene que frenar obligatoriamente y dejarme el paso.

ERROR.

Algunos autos frenarán, sí, pero de la nada aparecerán (de una dirección desconocida) veinte autos a toda velocidad con prioridad para doblar (esto de tener los lados invertidos para el manejo me sigue confundiendo).

Confieso que hubo veces que llegué a estar parada diez minutos en el mismo lugar, intentando frenar el tráfico con la mirada. Pero logré cruzar: cada vez que aparecía un local dispuesto a cruzar (con suma tranquilidad, porque para ellos la hazaña no es tan grande), disimuladamente me ponía al lado y caminaba hacia la vereda de enfrente a la par. Y en Malasia aprendí a cruzar Malaysian Style: mi amiga Belinda, ciudadana de KL, me explicó que en esta ciudad nadie respeta las sendas peatonales, cada cual cruza dónde, cuándo y cómo quiere.

Eso sí, hay una regla: una vez que empezaste a cruzar la calle, jamás te arrepientas ni vuelvas hacia atrás.

¿Querés saber cuáles son las cinco palabras que siguen? Lee la parte II acá!

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Bangkok en diez palabras – parte II

[box type=”star”]Podés leer la primera parte de este post acá: Bangkok en diez palabras – parte I [/box]

6. SPICY

Me lo dijeron antes de viajar: siempre pedí la comida not spicy, porque le ponen un picante que nos mata, y aunque les digas no spicy, siempre algo picante va a estar. Por ahora tuve suerte, me animé a la comida tailandesa y es… deliciosa! Me encanta la mezcla agridulce que tiene. Por ejemplo hoy almorcé un arroz con pollo, camarón y ananá (más una salsa misteriosa que jamás descifraré). Lo bueno es que los menúes casi siempre vienen con fotos o con una breve descripción de cada plato en inglés, así por lo menos uno tiene una idea más o menos remota de lo que le van a servir.

Es imposible no comer en Bangkok, la comida te persigue, los vendedores ambulantes están en todas las veredas, repito: en todas. La cosa se volvió tan sofisticada que incluso ponen mesitas en la calle para que los comensales descansen y se coman un plato de arroz. Debe haber unos diez restaurantes por cuadra e igual cantidad de carritos. Desde la madrugada, hombres y mujeres fríen pollos, cortan frutas en pedacitos, sirven té y café y preparan comidas al paso en la calle.


7. WAT

Pero los carritos no son la única decoración callejera. Hay un elemento que probablemente nos llame más la atención a nosotros (por nosotros me refiero a los occidentales): cada pocas cuadras hay desde enormes templos (wats) hasta pequeños altares abajo de un árbol. Los tailandeses se toman unos minutos de su rutina para frenar, agradecer y realizar alguna ofrenda. Casi el 95 por ciento de la población es budista practicante y es muy común cruzarse con monjes en cualquier parte de la ciudad. Ellos tienen ciertos lugares reservados en los trenes, subtes y barcos y, según tengo entendido, una mujer no debe sentarse al lado de un monje. En Bangkok hay todavía mucha evidencia del antiguo reino de Siam, especialmente templos, palacios y Budas. Actualmente el país es una monarquía constitucional: el rey Bhumibol Adulyadej está en el trono desde 1946.

8. PIES

Para los tailandeses, la cabeza de las personas es sagrada y los pies son lo más bajo y sucio, por lo tanto es de mala educación tocarle la cabeza a alguien o señalar algo con los pies. Además, cada vez que se entra a un templo o a una casa es necesario descalzarse: en los templos hay carteles que piden a los turistas que se saquen los zapatos y estantes ubicados especialmente para dejar el calzado. Otra cosa que llama la atención con respecto a los pies es la cantidad de lugares que ofrecen masajes y reflexología, hay por lo menos una o dos de estos “salones de belleza” por cuadra.

9. TUK-TUK

“Tuk tuk lady? Where you go?”, probablemente es una de las primeras frases que aprenden los conductores de tuk tuks cuando sacan el registro. Si bien los vendedores ambulantes tailandeses no acosan a los turistas (es más, creo que ni les llaman la atención), los conductores de estos peculiares taxis se acercan a cualquier extranjero que vean. Puede parecer divertido subirse a estos autitos mezcla de moto con carroza, pero si hay algo que los tailandeses les dicen a los turistas es no se suban a los tuk tuks. Es verdad que cobran menos que un taxi normal, pero generalmente lo que hacen es pasearte, decirte que el lugar que querés visitar está cerrado y llevarte al negocio de ropa o joyas que maneja la cuñada para que compres souvenirs. Uno de los scams (engaños) más comunes es que te ofrezcan un tour por distintos puntos de la ciudad a un precio muy barato y te terminen llevando a donde se les cante (probablemente a lugares donde les den una comisión por llevar turistas). Otro engaño bastante común según leí es la venta de piedras preciosas: alguien se te acerca y te ofrece piedras preciosas a un valor muy bajo y te asegura que las vas a poder vender en tu país a un precio altísimo, en ese momento interfiere alguien que dice ser del gobierno, te muestra su identificación (trucha) y te sella un papel donde promete devolverte la plata en caso de inconvenientes. Obviamente todo está armado. Más allá de esto, es muy raro que quieran robarte o lastimarte.

10. CALOR

¿Ya dije que hace 40 grados a la sombra, no? Esta palabra se ganó dos apariciones en mi top ten de Bangkok porque el calor es tan pero tan insoportable que no dan ganas de salir de los lugares que tienen aire acondicionado. Lo que no entiendo es cómo hacen las tailandesas para estar impecables: ni una gota de transpiración, ni un pelo fuera de lugar. Que alguien me indique dónde compro lo que sea que usen para estar así. ¿Será cierto eso de que se bañan tres veces por día?

Decidí huir de la ciudad e ir hacia la playa, ya que esta es la mejor época para ir al mar. Además en unos días empiezan las vacaciones acá en Tailandia y los festejos de año nuevo, así que va a haber una gran movilización de gente.

Me voy a las islas de Ko Pha Ngan y tal vez Ko Samui, al sur del país, en breve escribo desde allá.

¿Querés saber cuáles son las primeras cinco palabras? Lee este post!

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Bangkok en diez palabras – parte I

1. CALOR

¿Soy yo, o hace (demasiado) calor? Para los que crean que no hay nada peor que quedarse en Buenos Aires en enero y caminar por Microcentro a la una del mediodía, les cuento que para mí estar ahí sería un alivio. Ustedes no saben la humedad, EL CALOR, que hace en esta ciudad. Claro, me olvido de que estoy en medio de los trópicos, a la misma altura que ciudad de Guatemala. (Casi) Todos los hostels, negocios, restaurantes, farmacias, transportes tienen el aire acondicionado puesto en cero grados, entonces cuesta salir a la calle y enfrentarse al sol que te da en la nuca estés donde estés. Juro que nunca pasé tanto calor como acá, o sí, pero la diferencia es que acá no hay playa como para internarse en el mar y olvidarse de todo. Esto es una ciudad con miles de lugares y barrios para conocer, una ciudad para caminar de un lado a otro, una ciudad para descubrir… y todo a pie, porque meterse en el tráfico sería directamente un suicidio.

2. CÁOS

El mapa turístico de Bangkok debería venir con un manual: Aprenda a cruzar la calle en quince pasos sencillos. Primero, mire hacia ambos lados, segundo, mire hacia arriba, hacia abajo y hacia aquella calle sin salida, tercero, vuelva a mirar hacia los costados, cuarto, busque algún semáforo, cinco, siga buscando ese semáforo que ya va a aparecer, seis, deje que pase esa moto que viene quién sabe de dónde, deje que doble ese colectivo y que cruce el tuk-tuk, siete, siga esperando con paciencia que el tráfico en algún momento va a disminuir… quince, tome aire y corra lo más rápido que pueda hacia la vereda de enfrente. Consejo de Violeta en los comentarios (¡una genia!): “Yo aprendí el truco para cruzar la calle, siempre esperaba que lo hiciese un thai y lo seguía”. ¿Qué tal?

3. ORDEN

La calle en Bangkok es caótica, es cierto, pero a la vez todo es eficiente, el transporte funciona y las veredas están limpias. En estos pocos días que llevo acá, ya usé el subte, el skytrain (el tren que va por arriba) y el barco para ir de un lugar a otro, y estoy fascinada con lo bien que funciona todo. Mi primer encuentro con el skytrain fue complicado. Me acerqué a la ventanilla donde decía Tickets y pedí uno hasta la estación Saphan Taksin (me cuesta mucho memorizarme estos nombres), el chico que me atendió pronunció un número inentendible, yo le ofrecí todo los baht (pesos tailandeses) que tenía, me sacó un billete de 20, me lo cambió por dos monedas de 10 y me señaló una máquina. Al parecer su función solamente era darme cambio en monedas, ya que el pasaje se saca a través de la maquinita. Por suerte las instrucciones están en thai y en inglés. Hay que marcar el destino y poner las monedas, tan simple como eso. Para el subte, en cambio, hay que acercarse a la ventanilla y cambiar los baht por una especie de moneda de plástico que servirá para abrir el molinete y pasar a la estación. Tanto el subte como el skytrain tienen aire acondicionado y están impecables, viajé en hora pico y nada de amontonamiento.

El barco es genial. Bangkok tiene un río en el lado este de la ciudad y en su orilla hay varios lugares muy interesantes para conocer, así que hay un sistema de transporte fluvial también muy desarrollado. Mi primer encuentro con los barcos también fue complicado ya que no tenía ni la más mínima idea cuál debía tomarme para llegar a donde quería. Le pregunté a un guardia y tuvimos una conversación así:

Yo: – Boat to Khao san?
Él: – Yes, yes, Olan Fla
Yo: – What?
Él: – Olan, olan fla
Yo: …
Él: – You know olan, the color, olan?
Yo: – Ahh, orange! sí!
Él: – Olan Fla
A lo que deducí que tenía que tomarme el de la bandera naranja. A partir de ahí me la pasé viajando todo el día en barco. Ya soy experta (?).

  

4. FARANG (ฝรั่ง)

Y estamos nosotros, los farang (extranjeros de origen europeo) que andan por toda la ciudad con mapas y cara de no entender nada. Los tailandeses serán exóticos para nosotros, pero les aseguro que ellos deben matarse de risa cada vez que intentamos comunicarnos mediante señas y palabras mal pronunciadas en thai. El alfabeto tailandés es muy difícil de aprender para nosotros ya que tiene 28 consonantes, 15 símbolos que forman unas 28 vocales y cinco tonos o maneras distintas de pronunciar, es decir que una palabra puede escribirse de cierta manera, pero si no se pronuncia en el tono adecuado pasa a significar lo opuesto, lo cual puede generar malentendidos y frases ridículas. Así que todos los que venimos de países occidentales estamos en la misma: comunicación por señas o en un inglés básico pero eficiente.

Hoy iba caminando por alguna calle (no recuerdo el nombre) cuando un tailandés me frenó y me dijo: “These girls are students and they need your help”. Yo pensé: si me quieren robar, no tengo demasiado para que se lleven… o tal vez quieren darme algún mensaje importante para que mande a los medios de mi país (?). Así que me acerqué a las chicas. Enseguida me hicieron señas de que me sentara en una escalera, una se sentó al lado mío, otra sacó una filmadora y la tercera se paró a un costado con carteles en thai y en inglés. Me entrevistaron para un trabajo de inglés de la facultad: dije mi nombre, hace cuánto estaba en Tailandia, de dónde venía, cómo llegué al país, a dónde iba después, dónde me estaba quedando, cuánto tiempo, qué recomendaba para ver en mi país. Fue una charla muy simpática, cuando terminamos, las tres chicas me saludaron haciendo una reverencia. Así que mi video aparecerá en alguna clase de inglés de alguna universidad de Bangkok. Fue una caminata productiva. Más tarde vi a un nene que lloraba histéricamente, la mamá me miró, le dijo algo, el nene me miró y lloró más fuerte. Tal vez la madre lo amenazó con que si no le hacía caso, la farang lo iba a raptar. Quién sabe cuáles serán los mitos urbanos para asustar a los chicos acá.

5. BAHT

La moneda oficial es el baht, un dólar equivale a unos 32 baht. Un cuarto compartido en un hostel está alrededor de 300 baht, el pasaje en skytrain y subte entre 15 y 25 baht, una botella de medio litro de agua entre 7 y 10 baht, un almuerzo entre 50 y 200 baht. Lo que me llama la atención (para bien) es que incluso los puestos callejeros tienen escritos los precios de todos los productos que venden, osea que no hay manera de que quieran cobrarte más “por la cara” (acá es imposible no tener cara de extranjero, por lo que estaríamos todos fritos). Y otra cosa que me llama más la atención (y muy bien) es que los vendedores callejeros usan guantes y barbijo para preparar la comida, ojo, no todos, pero vi varios, y en general nunca tocan la comida con las manos. ¿Qué tal?

¿Querés saber cuáles son las cinco palabras que faltan? Seguí leyendo…

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