Exploración #3: la búsqueda del tesoro

Cuando era chica, uno de mis juegos preferidos era la búsqueda del tesoro. Solíamos jugarlo en los cumpleaños, en las colonias de vacaciones y puede que en el colegio, aunque de eso no me acuerdo. El objetivo era ser los primeros en encontrar un tesoro oculto, y para descubrir dónde estaba escondido teníamos que ir siguiendo pistas. Nos dividíamos en equipos y nos daban un papelito con la primera pista a cada grupo: decía, por ejemplo, andá al tercer árbol de la esquina del colegio y mirá bien entre sus ramas, entonces íbamos corriendo al árbol para buscar la pista siguiente. Después de diez o quince pistas llegábamos al tesoro, que a veces era una bolsa de golosinas y a veces eran libros. Los domingos de Pascua de mi infancia también eran búsquedas del tesoro: mi mamá se levantaba temprano y escondía huevos de chocolate en el jardín y yo salía corriendo a buscarlos.

Cuando empecé a viajar y a mirar la realidad con otros ojos me di cuenta de que cualquier espacio público está lleno de tesoros. Es cuestión de prestarles atención. Así encontré un montón de naipes por el mundo —casi una baraja entera—, legos amarillos y piezas de rompecabezas en Barcelona y todo tipo de cosas en las calles de París. Objetos que algunos habían desechado por considerarlos basura, para mí eran hallazgos. Me llevó tiempo, sin embargo, animarle a levantarlos: sentía que la gente me miraba o que muchos me juzgarían por agarrar cosas que estaban tiradas en el piso. Pero un día me animé y desde que empecé no paré.

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Hace unos meses me compré el libro [eafl id=”21149″ name=”The pocket scavenger” text=”‘The pocket scavenger'”] (de Keri Smith) y empecé a recolectar y a pegar todos mis tesoros en un mismo lugar. Keri Smith da una lista de 75 elementos para buscar en la calle, entre ellos un dibujo, algo imaginario, un cupón, algo roto, una postal, un origami y cosas así. Al final del libro da ideas para jugar a la búsqueda del tesoro con amigos: encontrar diez cosas en diez minutos, elegir un objeto y encontrar varios ejemplares, hacer una lista de cosas e intercambiarla con una amiga. Y cuando pensaba en jugar a la búsqueda del tesoro, la primera persona en la que pensaba era Lau. Como no sabíamos cuándo íbamos a estar juntas en un mismo lugar, decidimos jugar a la distancia. Armamos una lista entre las dos y cada cual salió por su ciudad a buscar cosas.

La consigna: encontrar todos los elementos de la lista en espacios públicos. La interpretación de cada cosa era libre: podía ser un barco de verdad, uno de juguete, un dibujo de un barco, la silueta de un barco.

Lugar de mi búsqueda: Biarritz (Francia), con lluvia y en invierno. Aproveché los pocos momentos de sol para salir, y otras veces busqué objetos bajo la garúa. Lau buscó los suyos en Mar del Plata (Argentina), que es una especie de alter-ego de Biarritz, y en verano, así que fueron búsquedas cruzadas.

La lista:

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Después de sacar esta foto agregamos tres elementos más:

– algo que no sepas que es
– un dispenser
– algo que nos hubiese gustado que esté en la lista

Estos son mis resultados, en orden cronológico:

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] graffiti

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Lau: me hubiese divertido más que estés acá para hacer la búsqueda juntas. Pero esto de buscar los mismos elementos a la distancia también me generó intriga: ¿qué habrás encontrado vos por allá?

El graffiti fue fácil, fue el primero que encontré. Ya lo tenía visto: está a una cuadra de casa hace meses, así que empecé con ventaja.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] un boleto

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Esta ciudad es bastante limpia y pensé que eso me iba a jugar en contra en la búsqueda, pero el boleto apareció al toque.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] algo que parezca una cara

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A esta le digo “la casa que ríe”.

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Esta es “la moto bonachona”.

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Y esta, “la papa expresiva”. No sé si te conté, pero tengo una carpeta de fotos que se llama “cosas que parecen caras”. Debo haber encontrado unas treinta, y sigo sumando.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] algo de otro tiempo

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Es un palito de helado, pero para mí es algo de mi infancia. Lo vi y pensé en los recreos, en los helados Torpedo que comía en verano, en que siempre me tocaba el vale otro, en las esculturas con palitos que hacíamos en la clase de arte, en el verano y en los juegos.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] algo que no sepas qué es

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No tengo idea. ¿Un pedazo de auto? Si alguien reconoce este objeto, que por favor me ilumine.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] algo escondido o camuflado

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¿No es espectacular? Las hojas están incrustadas en el asfalto. Digamos que se camuflaron sin proponérselo. Se ve que asfaltaron en otoño y las hojas quedaron ahí, embalsamadas para siempre.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] un barco

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Tanto mar acá y yo poniendo un barco que no flota. Pero me gustó. Acá los frentes de las casas tienen detalles así.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] algo rosa o violeta

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La foto salió muy movida porque llovía mucho. Al principio lo vi y seguí de largo, pero me arrepentí y di la vuelta.

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Y no podía no poner la casa rosa.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] un buzón

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Cuando buscaba el buzón pensaba en los buzones rojos de Argentina. Acá el color oficial es el amarillo y este es uno de los buzones de La Poste, el correo francés.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] algo que tenga que ver con la música

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Es mi gomita de pelo y no sé por qué se le dio por enroscarse formando la clave de sol. Me desperté y estaba así, en mi mesa de luz. No la encontré en un espacio público, pero me pareció muy buena como para dejarla pasar.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] un papel escrito

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No sabés el viento que había este día. Salí de casa no me acuerdo para qué y encontré este papel cerca de la playa. Fue muy difícil lograr que se quedara quieto. Le saqué la foto y salió volando.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] una bicicleta

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Había encontrado otra, una amarilla a la salida de la pileta, pero esta me gustó más. La vi camino al correo pero iba apurada porque el correo estaba por cerrar, así que la dejé pasar. A la vuelta pensé que esté que esté que esté, y sí, la bici me esperaba ahí.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] algo redondo

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Puede que no sea un redondo perfecto, pero de lejos parecía una pelotita.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] un gato

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A mí también me costó verlo, pero está ahí, asomado. Con los gatos fue la Ley de Murphy: cuando no los buscaba los veía todos los días, cuando pasaron a formar parte de mi lista se deben haber enterado porque se escondieron bien.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] una pelota

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Dónde está la pelota, te estarás preguntando. En la foto no se ve, pero estuvo ahí, en ese pasto. Te cuento.

La pelota fue uno de los objetos que me costó mucho encontrar. Acá no se ven nenes jugando a la pelota en la calle, menos en los días de lluvia que hubo cuando salí a hacer la búsqueda.

Una tarde, L. y yo estábamos en casa y escuchamos que alguien golpeaba la puerta principal. Cuando fuimos a abrir vimos que el picaporte se movía: la persona que estaba del otro lado quería entrar, hubiese gente adentro o no. Abrimos y nos encontramos con un nene de unos nueve años. Sus amiguitos estaban cerca porque se escuchaban las risas. Dijo, con timidez: “Monsieur, excuse-moi, je perdu mon ballon dans votre jardin” (Señor, disculpe, perdí mi pelota en su jardín), y nos pidió permiso para pasar al jardín de atrás y recuperarla. La agarró y salió corriendo. Fue todo tan rápido que no tuve tiempo de sacar una foto. Pero la pelota estuvo ahí: cayó del cielo a mi jardín.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] algo con forma de flor

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Varias veces me pregunté dónde iba a encontrar algo con forma de flor. Y mirá.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] algo que vuele

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¿Vale? Esas rayas blancas son típicas del cielo de acá. Las hacen aviones que no sé bien qué función cumplen y casi siempre se ven así, en diagonal.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] algo que haga (son)reír

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Sí, ya sé, no es que ves esta foto y decís JA JA JA QUÉ GRACIOSO POR DIOS, pero hace sonreír, ¿no? Como Biarritz está casi al lado de España, hay muchas casas que ponen sus nombres en castellano. Encontré una que se llama “Chalet Conchita” (y si me sale la argentina boluda de adentro, un poco me río). Pensé que le había sacado una foto pero no la encuentro.

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La casa argentina.

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Y el baño para perros elegantes.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] un dispenser

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Bolsitas para el perro.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] un teléfono público

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Esta fue una de las figuritas difíciles y como verás hice trampa. No encontré teléfonos públicos en Biarritz, no sé si hay o no, pero esto es lo que más se acerca.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] algo con una imagen o dibujo

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Este sticker lo vi en varias paredes. Es una especie de estatua de la libertad musulmana, ¿no?

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] algo muy feo

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Yo no soy nadie para hablar de arquitectura, pero a mí este hotel me parece feo. Lo que se dice feo. Habiendo un estilo arquitectónico tan lindo en Biarritz —y en todo el país vasco—, no entiendo por qué hacen algo que parece una caja de zapatos y te cobran carísimo por dormir ahí. Feo!

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] una textura

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La textura de un tacho de basura. Me encantó.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] algo con etiqueta de “Made in”

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Esta me costó un montón. Intenté encontrar alguna prenda de ropa tirada en el piso para poder sacarle una foto a la etiqueta, pero no apareció nada. Pasé por esta vidriera veinte veces y siempre me paré a mirar, pero me di cuenta del Made in Pays Basque cuando buscaba la bendita etiqueta.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] un globo

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Otra foto con trampa: acá no hay ningún globo. Este fue el ítem imposible. Por un rato te envidié porque seguro que en Mar del Plata estaba lleno de vendedores de globos. Acá ni uno. ¿Por qué puse esta vidriera? Porque cada vez que pasaba por ahí y la veía, mi primera reacción era: ¡un globo! Y después: ah no, son esas lámparas. Así que eso: estos son mis falsos globos.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] 5 hojas de árbol

Este debería haber sido el más fácil. Estamos en invierno y las calles están llenas de hojas secas. Las vi por todas partes y les saqué fotos, pero esta mañana, cuando me senté a escribir este post, me di cuenta de que me había faltado una. A la tarde salí para ir al super y agarré la quinta hoja. Acá va la última foto.

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[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] un objeto sorpresa

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Arturito (?). Visto en la vidriera de un vivero.

[wc_fa icon=”check-square-o” margin_left=”” margin_right=””][/wc_fa] cosas que me hubiesen gustado que estén en la lista

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Una palabra

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Una tipografía

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Fósforos (porque ¿a quién se le ocurriría buscarlos?)

[box type=”star”]* Este post pertenece a la serie Viajes sincronizados, un conjunto de juegos a distancia con Lau, de Los Viajes de Nena. Pueden ver los resultados de la búsqueda del tesoro de Lau en su blog.

* Podés hacer esta búsqueda del tesoro en tu ciudad. Compartí los resultados usando el hashtag #viajessincronizados y enlazanos.

* Además de viajar juntas y jugar a la distancia, Lau y yo también escribimos libros, y como nuestros libros nacieron casi a la vez, decimos que son primos hermanos. Como les gusta mucho estar juntos, decidimos venderlos en combo para que no tengan que separarse: podés conseguir un ejemplar de “Caminos invisibles” (el libro de Lau y Juan) + un ejemplar de “Días de viaje” (mi primer libro) + un set de 7 señaladores en mi Tienda. [/box]

Exploración #2: recuerdos de un viaje a Mocronte

[box type=”star”]En qué consiste este juego:

1. Lau eligió cuarenta fotos de su archivo (todas sacadas por ella en distintos lugares del mundo, en viajes en los que yo no estuve).

2. Yo elegí cuarenta fotos de mi archivo (todas sacadas por mí en distintos lugares del mundo, en viajes en los que Lau no estuvo).

3. Lau me mandó sus fotos y yo le mandé las mías. Ninguna de las dos especificó dónde habían sido sacadas, ni cuándo ni en qué contexto.

4. Con las fotos de la otra, y sin más información que las imágenes en sí, escribimos los recuerdos de un viaje juntas que nunca hicimos. Las fotos de Lau aparecen en este post y son las que, en teoría, saqué yo durante nuestro viaje a Mocronte. Mis fotos aparecen en el post de Lau y son las que sacó ella, en teoría, durante nuestro viaje a Iri-rí.

5. Lo que sigue es mi relato de un viaje que nunca hicimos a un lugar que no existe. [/box] 

Viaje a Mocronte

Texto: Aniko Villalba / Fotos: Laura Lazzarino

Buenos Aires, 20 de julio de 2030

Querida Lau,

Hace unos días se me dio por revisar unas cajas que tenía en el placard —viste que cada vez que vuelvo de un viaje me agarra el ataque de limpieza— y encontré las fotos de cuando fuimos a festejar tus treinta a Mocronte. ¿Te acordás? Ninguna de las dos conocía y era un lugar al que queríamos ir juntas hacía tiempo, sobre todo después de que tantos viajeros nos contaran historias de ahí. Creo que los primeros en mencionarlo fueron Pablo e Itziar, ¿no? “¿Sois argentinas y no habéis ido a Mocronte? Alucino”, nos dijeron el día que los conocimos. Y el nombre nos quedó resonando. Cuando el chino de Islandia mencionó Moclonte fue demasiado: no podía ser que alguien hubiese viajado desde la antípoda para conocer ese lugar que a nosotras nos quedaba tan cerca. Teníamos que ir. El tema era que nunca coincidíamos en Argentina como para organizar la escapada.

Cuando recibí el mail de Tony lo tomé como una señal y me di cuenta de que Mocronte era el lugar perfecto para festejar tus treinta. Adelanté mi vuelta de Francia y te dije que te reservaras los últimos días de febrero porque iba a darte una sorpresa. Creo que no te la esperabas. Caí en San Nicolás, te hice armar la mochila y a la mañana siguiente te llevé a la ruta con los ojos vendados. Por suerte te sumaste al juego e hicimos dedo así, vos todo el trayecto sin ver. No quería que sospecharas nada.

Creo que ya es momento de que veas la ruta por la que fuimos, así que acá va la foto.

Creo que ya es momento de que veas la ruta por la que fuimos, así que acá va la foto.

Ahí estás vos, toda vestida para ir a festejar tus treinta a la ruta.

Ahí estás vos, toda vestida para ir a festejar tus treinta a la ruta.

Ahora que pasó tiempo, te voy a confesar varias cosas: la primera es que nos subimos a algunos autos que iban para el otro lado, solo para estirar el tiempo de viaje y que vos perdieras la noción de las distancias. En realidad, el viaje desde San Nicolás nos hubiese llevado una hora y media, máximo dos, pero tardamos cuatro por esto que te digo. También te vendé los ojos porque no quería que vieras que llevaba la piñata armada en la mochila.

(Uno de los camiones que nos llevó cargaba bolsas de café. Te acordás que te hice el juego de que adivinaras qué era y me dijiste que era maní)

Uno de los camiones que nos llevó cargaba bolsas de café. Para pasar el tiempo y distraerte te dije que adivinaras, solo por el tacto, qué era eso. Me dijiste que era maní.

Ese día tuvimos mucha suerte, creo que estar abierto a lo que venga hace que pasen cosas inesperadas. Cuando llegamos a Mocronte nos dimos cuenta de que habíamos caído justo cuando empezaba uno de los festivales más importantes del pueblo: el Día de todas las cabras. Como Mocronte no aparece en ninguna guía de viajes ni tampoco hay información en internet, los únicos datos fiables los tienen los viajeros que ya pasaron por ahí. Me acordaba de que alguien nos había hablado de ese festival: “Es de lo más bizarro que van a encontrar, tienen que verlo”. Pero nunca retuve la fecha exacta: algunos decían junio, otros decían septiembre. Además, sentía que la gente me hablaba de distintos Mocrontes: el festival era diferente según quien lo relatara y nunca nadie especificaba bien dónde quedaba el pueblo, así que para mí era un lugar que se iba moviendo en el mapa y aparecía en todas las provincias, tipo Springfield. Pero ese día lo encontramos.

Despidiendo a Oscar

Primeras imágenes del Día de todas las cabras: la despedida de Oscar

Cuando vimos el primer desfile, me acordé: el Día de todas las cabras no tenía fecha fija, sino que se empezaba a celebrar cuando moría el loco del pueblo. Era una manera de homenajear a este personaje que en otras localidades casi siempre es ignorado, rechazado o tratado como un paria. En Mocronte el loco es rey, y el día de todas las cabras —que en realidad dura tres días— es una oda a la locura. Aquel día había muerto Oscar, un loco simpático que había pasado los últimos cuarenta años de su vida escondiéndose detrás de los árboles y asustando a las parejitas que iban a besarse a los parques. Todos los querían mucho, según nos contaron estas señoras.

Elena, Sonia y Matilde.

Elena, Sonia y Matilde.

—Pobre Oscar, era raro pero buen tipo. Nunca se casó, cuando le preguntaban si tenía novia él decía que sí, que estaba casado y que su mujer había salido a hacer las compras y volvía en un rato, pero todos sabían que estaba solo, pobre —nos dijo Elena.

—Trataba de buscar compañía, pero en vez de hacerse amigos asustaba a la gente. Los nenes le tenían bastante miedo. Pero nosotras fuimos al colegio con él y aprendimos a quererlo a Oscarcito —dijo Sonia.

—Me acuerdo, ¡ay chicas, se acuerdan!, de la vez que fui por primera vez al parque con mi Rubén, estábamos por darnos el primer beso cuando de atrás de un árbol saltó un tipo con un disfraz de caballo. Qué susto que nos dimos, no te puedo explicar. Cómo lo vamos a extrañar al desgraciado ese —dijo Matilde.

—Miren, los alumnos de la escuelita número tres le hicieron esa escultura de caballo en su honor. La tenían preparada hacía tiempo, es que ya nos imaginábamos que él iba a ser el próximo en irse. No andaba muy bien de salud.

El caballo que le hicieron los chicos.

El caballo que le hicieron los chicos.

Este señor decía ser amigo íntimo del difunto. Se había dejado la barba larga para estar acorde al festival de las cabras.

Este señor decía ser amigo íntimo del difunto. Se había dejado la barba larga para estar acorde al festival de las cabras.

Máscaras listas

Máscaras listas

En el pueblo todos hablaban de Oscar. Si bien la gente estaba triste por su muerte, lo recordaban con alegría, contaban anécdotas de sus andanzas, repetían los chistes que hacía siempre. Había grupos de chicos que saltaban de atrás de los árboles y asustaban a todos. Otros aparecieron con máscaras gigantes, listos para los desfiles del día. Estábamos tan metidas en la historia de Oscar que me había olvidado de tu festejo sorpresa de cumpleaños. Necesitaba una excusa para dejarte en algún lado mientras yo preparaba todo, así que improvisé y decidí regalarte una hora en un centro de belleza.

El centro de belleza de Mocronte

El centro de belleza de Mocronte

Mientras a vos te hacían la colita —solo vos sabrás en qué consistió el servicio—, aproveché para ir a la casa de Tony, dejar las mochilas ahí y preparar el festejo. Te acordás de Tony, ¿no? Lo conocimos en el viaje a Islandia, era el chef del hotel donde nos regalaron las sobras de langosta. Era de Surinam y estaba ahí porque se había enamorado de Dora, una islandesa que se había ido de mochilera por Sudamérica y se había cruzado con él en Paramaribo, donde vivía. Nos contó su historia en el restaurante, ¿te acordás? Había dejado todo, se instalaron con Dora en Seyðisfjörður, tuvieron dos hijas y unos años después decidieron volver a Sudamérica y establecerse en Mocronte. Como te decía al principio, la idea de ir a Mocronte para tu cumple fue gracias a él: unas semanas antes me había mandado un mail contándome que estaba viviendo en Argentina con su mujer. “No sé si escuchaste hablar de este lugar”, me dijo, “se llama Mocronte”. De todos los lugares del mundo, justo ahí. Me pidió que lo fuéramos a visitar, dijo que Dora quería vernos y que sus hijas nos querían conocer, y sentí que todo cuadraba.

Tony me prestó su auto. Me acuerdo de tu cara cuando te pasé a buscar.

Tony me prestó su auto. Me acuerdo de tu cara cuando te pasé a buscar.

Ahí estás con Tony, era medio tímido para las fotos. Los del fondo eran sus amigos, ¿no? Ya no me acuerdo de los nombres de todos. ¿Qué fue del collar que te regaló Dora? Vivían en un vagón de tren acondicionado de casa, ¿te acordás? Estaba buenísimo.

Ahí estás con Tony, era medio tímido para las fotos. Los del fondo eran sus amigos, ¿no? Ya no me acuerdo de los nombres de todos, pero sé que el de anteojos era Spito.. ¿Qué fue del collar que te regaló Dora? Vivían en un vagón de tren acondicionado de casa, ¿te acordás? Estaba buenísimo.

Spito, el amigo de Tony, te había tallado una silla —un trono, diría yo— para tu cumple. Estaba enamorado de vos.

Spito, el amigo de Tony, te había tallado una silla —un trono, diría yo— para tu cumple.

Esa noche comimos un montón, seguro que de eso te acordás. Fue bestial. Empezamos con unos pancitos enrollados, una de las especialidades de Mocronte: las mujeres los freían en carritos en todas las esquinas, el sonido del aceite era uno de los típicos de allá. Eso se acompañaba con una bebida a base de leche de cabra a la que, en ocasiones especiales, le ponían alcohol. Siguieron las berenjenas rellenas de huevo, los morrones asados al curry y los espárragos ahumados. No me acuerdo con detalle qué pasó entre las entradas y los postres, pero sé que comimos un montón de pescado de los Cien Ríos. De torta de cumpleaños te preparé la que nos había enseñado a hacer Vidir en Akureyri: oreo + crema batida + manteca de maní, y le puse dulce de leche y rocklets para hacerla más autóctona. Se terminó enseguida. Te cantamos el feliz cumple, obvio.

Los pancitos.

Los pancitos.

Los camarones

Los camarones

Después apareció la mamá de Tony con las babosas fritas y ninguna se animó. Bah, creo que le dimos un mordisco y desistimos. A mí el sabor no me molestaba, lo que me daba impresión era la consistencia. La mamá de Tony se quedó medio mal porque no quisimos comerlas, entonces… cómo te lo digo… metí algunas en la piñata y las hice pasar por gomitas. Te las comiste pensando que eran yumis. Ojos que no ven, estómago que no siente.

Esa noche hubo baile: Dora nos enseñó algunos de los pasos típicos de Islandia, Tony y sus amigos hicieron bailes de Surinam y los vecinos nos enseñaron los hits de Mocronte. Hasta se armó una batucada ahí mismo.

La piñata

La piñata

Yumis

Yumis

No sé por qué saqué esta foto, quizá porque en aquella época en el pueblo casi no existía internet

No sé por qué saqué esta foto, quizá porque era una rareza ver un módem: en aquella época en el pueblo casi no existía internet. Los mismos mocrontinos habían decidido no estar conectados, decían que preferían la vida analógica.

Al día siguiente nos mudamos a la zona antigua de Mocronte. Te cuento todo esto porque pasó tanto tiempo que ya ni sé si te acordás, a mí estas fotos me traen un montón de recuerdos. ¡Quince años de aquel viaje!  Tenemos que ir de nuevo, no puede ser que estemos tan cerca y nunca pasemos a saludar. Bueno, te decía, al día siguiente, que si no recuerdo mal era domingo, nos mudamos. Mocronte será un pueblito pero tiene de todo. La zona donde vivían Tony y Dora se llamaba el barrio de los budas, y la zona antigua era el distrito de los pitufos. Conseguí alojamiento a cambio de publicidad en el blog y nos dieron una de las casas más lindas. Era como un iglú de verano.

El barrio de los pitufos

El distrito de los pitufos

Nos quedamos en esta calle.

Nos quedamos en esta calle.

Y este fue el momento cuando abríamos la puerta de la casa.

Y este fue el momento cuando abríamos la puerta de la casa.

Ese domingo fue el día de los desfiles principales y tuvimos una ubicación re buena: las carretas y comparsas salían del barrio de las sirenas y llegaban a la plaza central de los pitufos. Los primeros que aparecieron fueron los carros tirados por caballitos de mar gigantes. Un dato que no sé si recordás, me lo contó una de las señoras: en Mocronte nunca hubo dos días de las cabras que fuesen iguales, cada festival era único porque estaba dedicado a una persona distinta. Oscar era famoso por tener una pecera enorme en su casa, llena de caballitos de mar y cangrejos. Nadie sabía de dónde los sacaba, pero volvía todas las tardes al pueblo con una bolsita de plástico en la mano y tres caballitos nuevos adentro. Una de las señoras me contó que en esa pecera hasta había axolotls. Andá a saber.

Después de los caballitos, pasó la comparsa de las lechuzas rengas. Esa fue tu preferida. Iban todas saltando en una pata al ritmo de un tema de los Cadillacs, también en honor a la que había sido la mascota y compañía de Oscar durante años. Pobre la lechuza Juanita, al parecer el día que su dueño murió ella salió volando y desapareció. El chancho Roco también estaba muy angustiado y tuvieron que agarrarlo entre dos para que no se tirara en medio del desfile. El cierre estuvo a cargo de la agrupación El sulky de las cabras, ellos eran los únicos que estaban presentes todos los años. Las cabras eran muy queridas en el pueblo y una mascota común entre los chicos mocrontinos. A mucha gente no le parecía bien que las pusieran a desfilar así, y al parecer unos años después cambiaron el orden y pusieron a los nenes a tirar de los sulkys y a las cabras sentadas arriba, lo cual generó más indignación entre los visitantes. Era una lógica rara la de Mocronte, creo que no muchos entendían lo que pasaba en ese pueblo. Nosotras tampoco, pero nos dejamos llevar.

Los caballitos de mar

Los caballitos de mar

El chancho Roco, pobrecito, estaba desconsolado.

El chancho Roco, pobrecito, estaba desconsolado.

La lechuza renga

La lechuza renga

Y El sulky de las cabras

La agrupación El sulky de las cabras

Terminamos el día en el casino. Le jugamos al treinta pero salió el doce, me parece. Igual nos divertimos y apostamos un poco más. Ganamos unas monedas en el tragamonedas y cuando hicimos el baile de la gallina victoriosa, los de la puerta se nos sumaron al festejo. Querían chamuyarnos a toda costa.

hola mi amor

Mejor ni te cuento en qué estado terminaste ese día

Mejor ni te cuento en qué estado terminaste ese día

El tercer día fue más tranqui. Nos despertamos medio tarde, costó recuperarse del día anterior, y como ya no teníamos auto nos fuimos a pasear en las bicis que nos prestó el dueño de la casa. Qué lástima que no coincidimos con la masa crítica de Mocronte, me dijeron que las bicis más raras del país están ahí. Salimos a pasear por el pueblo y no sé si te acordás, pero cuando entramos al templo nos hicieron ponernos unos ponchos. El de Mocronte es uno de los pocos templos caodaístas que hay en América Latina, ahí casi todos practican esa religión: un sincretismo entre el cristianismo, el islamismo, el hinduismo, el budismo, el taoísmo y el confucianismo.

Las bicis

Las bicis

Vos con el poncho. Como nos gustaron, nos los dejamos puestos todo el día. Nadie decía nada, lo bueno de Mocronte es que podés ponerte cualquier cosa y a nadie le importa, al contrario, te lo festejan.

Vos con el poncho. Como nos gustaron, nos los dejamos puestos todo el día. Nadie decía nada, lo bueno de Mocronte es que podés ponerte cualquier cosa y a nadie le importa, al contrario, te lo festejan.

Detalle del interior del templo.

Detalle del interior del templo.

Ahí mismo en el templo nos hablaron de la Íspide de los Cien Ríos, un lugar sagrado para los caodaístas, no muy lejos de donde estábamos. Nos dibujaron un mapa y nos fuimos de trekking. Había sol y el día estaba lindo para caminar. La Íspide de los Cien Ríos era de postal, me acuerdo que nos quedamos con la boca abierta. Lo que no estuvo tan bueno fue que muy cerca habían puesto un balneario y, por tensiones religiosas, habían tenido que poner control militar.

La Íspide de los Cien Ríos

La Íspide de los Cien Ríos

Balneario con control militar

Balneario con control militar

A la mañana siguiente, antes de irnos, te di tu último regalo: el curso acelerado de mecanografía. Estabas feliz.

Acá hiciste el curso

Acá hiciste el curso

Mientras tanto me fui a caminar y encontré cosas como estas:

Un bichito verde a punto de saltar al vacío.

Un bichito verde a punto de saltar al vacío.

Tres pelotitas con pelos. Dicen que esa es la señal de la droga en Mocronte, ellos no hacen lo de las zapatillas.

Tres pelotitas con pelos. Dicen que esa es la señal de la droga en Mocronte, ellos no hacen lo de las zapatillas.

La comisaría

La comisaría

Pasé por la rotonda. Cada vez que veo esta foto me acuerdo de nuestra llegada al pueblo, ahí fue donde nos dejó el camión.

Pasé por la rotonda. Cada vez que veo esta foto me acuerdo de nuestra llegada al pueblo, ahí fue donde nos dejó el camión.

Cuando nos fuimos ya se habían terminado las celebraciones por el Día de todas las cabras y las calles estaban tranquilas. Creo que si alguien hubiese llegado en ese momento por primera vez, no se hubiese imaginado todas las cosas que pasaban en Mocronte. No entiendo por qué no sale en las guías, con todo lo que hay para ver. Bah, aunque quizá mejor así: que la gente lo encuentre de casualidad, sin haberlo buscado.

Bueno Lau, espero que te hayan gustado las fotos. A mí me encantó rememorar este viaje. Nos vemos pronto. Tenemos que ir planeando el viaje a Critón.

Un beso,

Ani

Y si no fuera por esta foto, diría que Mocronte es un lugar que nos inventamos

Y si no fuera por esta foto, diría que Mocronte es un lugar que nos inventamos

PD 1: te comparto un fragmento del poema “Bailes típicos de Mocronte” de BruReale, el poeta más conocido del pueblo. Me lo mandó él hace unos días, otra de esas casualidades.

“Lo que sí sé afiscar
son los bailes típicos de Mocronte.
OH, MOCRONTE.
La de las grandes playas, junto al monte.
viejo dicho, aunque námido a raudal.
Lo que nadie quiere sumonir
-ni resumonir, mucho menos-
Es la densa pero convexa
íspide de los Cien Ríos.
Porque eso es de motoqueros, y de nadie más.”

(Lo podés leer completo acá)

PD 2: en la caja también encontré la carta que te escribió Spito. Decime si querés que te la mande o si la guardo acá.

poema

[box type=”star”]- Este post pertenece a la serie Viajes sincronizados, un juego en conjunto con Los viajes de Nena. Como Laura y yo no siempre podemos viajar juntas, nos la ingeniamos para hacer viajes (reales e imaginarios) a la distancia.

– Pueden leer el relato de Lau en su blog: “Viaje a Irirí”. Lo que nos pasó allá es de no creer.

– Este juego no lo sacamos de ningún libro, salió de nuestros delirios. Y Mocronte es una palabra inventada por Pedro Mairal y formó parte de uno de los ejercicios de escritura que hice en su taller de narrativa. Siempre me quedé con ganas de escribir un viaje a Mocronte.

– Pueden hacer sus propios viajes sincronizados y compartirlos con el hashtag #viajessincronizados[/box]

Exploración #1: viaje sincronizado

Después de aquel viaje a Islandia, Lau y yo nos quedamos con ganas de hacer otros viajes de ese estilo juntas. A qué me refiero con de ese estilo: con juegos, pruebas, complicidad, azar y risas. El viaje a Islandia fue de desafíos: nos pusimos metas como subirnos a un barco de pescadores, no pagar ni una noche de alojamiento, dar la vuelta a la isla solo a dedo, no perder el avión, abrazar islandeses. Y logramos casi todas. Creo que para las dos, marcó un antes y un después. Después de eso, cada vez que chateábamos, ella en un país y yo en otro, decíamos cosas como qué ganas de volver a Islandia tenemos que hacer otro viaje así juntas. Mirando el calendario, nos dimos cuenta de que iban a pasar muchos meses hasta que volviéramos a coincidir en un mismo lugar. Así que nos dijimos, ¿y si viajamos juntas, pero separadas? Es decir, ¿si hacemos las mismas cosas en distintos lugares? Así surgió la idea de esta serie que hoy inauguramos, llamada “Viajes sincronizados”: seguiremos las mismas consignas en lugares distintos y subiremos los resultados a nuestros blogs.

Estas ideas no surgieron de la nada. Nos inspiraron varios libros, entre ellos: [eafl id=”21109″ name=”Cómo ser un explorador del mundo” text=”Cómo ser un explorador del mundo”] (de Keri Smith), [eafl id=”21143″ name=”Viajes experimentales” text=”Lonely Planet’s Guide to Experimental Travel”] (de Rachael Antony y Joël Henry), [eafl id=”21149″ name=”The pocket scavenger” text=”‘The pocket scavenger'”] (también de Keri Smith), [eafl id=”21152″ name=”Turista lo serás tú” text=”Turista lo serás tú”] (de Pablo Strubell e Itziar Marcotegui). Libros muy distintos con algo en común: invitan a mirar la realidad con más detenimiento, a jugar con lo que nos rodea, a ser exploradores de nuestro propio jardín. Son libros que permiten convertir cualquier viaje en un juego, o cualquier caminata cotidiana en un viaje.

Para esta primera exploración, elegimos el juego que le da el título a esta serie. Acá van los resultados.

[hr]

Exploración #1: viaje sincronizado

Materiales necesarios para un viaje sincronizado

Materiales necesarios para un viaje sincronizado

Objetivo: hacer un camino sincronizado con tus amigos.

Elementos necesarios: dos o más participantes, un cuaderno y una cámara.

Método: los participantes deben recorrer una locación elegida por ellos usando una lista de diez pasos o instrucciones comunes. Deben tomar notas y fotografías en cada etapa de la exploración. Si las indicaciones no coinciden con el lugar, improvisar.

Lugar elegido: Biarritz, Francia

Lo esencial: un amigo en otra parte del mundo.

Lo esencial: un amigo en otra parte del mundo.

Pasos o instrucciones comunes a seguir:

1) Este es tu punto de partida

Punto de partida: el número 14.

Mi punto de partida: el número 14.

Salgo. Eso ya es un gran primer paso. Hace varios días que no dejo la cueva, tengo todas las excusas: hoy hace frío, hoy llueve, el invierno es para quedarse adentro, mirá si voy a salir con estas nubes, tengo tendinitis y no puedo caminar mucho. Pero hoy hay sol, que es lo que estuve esperando para hacer esta exploración, así que ya no tengo excusas. Bah, las tengo, pero no me sirven.

Salgo del número 14, miro a mi alrededor y decido empezar en linea recta. Me encanta el sol que hay hoy, parece primavera.

*

2) Caminá en cualquier dirección por 50 o 100 pasos, después girá 180 grados

Todas las fotos de este post están sacadas con un celular. Esta es la calle por la que empiezo a caminar.

Todas las fotos de este post están sacadas con un celular. Esta es la calle por la que empiezo a caminar.

La versión en inglés de estas instrucciones dice walk for 50 to 100 paces. No sé qué es paces, supongo que es pasos, pero quizá es una de esas palabras super específicas para medir la distancia que significa cuarenta y cinco centímetros o tres pasos de pajarito. Decreto que significa pasos normales.

Voy por la calle perpendicular a mi casa. Es una vía privada, acá hay muchas de esas. No sé si eso quiere decir que no se puede caminar, que no pueden estacionar los autos o que no puede pasar nadie que no sea de ahí. Yo la camino igual y nadie me dice nada. Además no hay gente a la vista. Voy contando los pasos: veinte veintiuno veintidós veintitrAH MIRÁ. Ya empiezo a encontrar cosas: una puerta de madera que me gusta por lo distinta que es al resto, un ramo de flores casi secas enganchadas en otra puerta de entrada. Veo cosas azules.

La puerta interesante

La puerta interesante

Flores en la puerta

Flores en la puerta

Cosas azules o celestes

Cosas azules o celestes

No giro 180 grados. Es mi primera trampa: si giro 180 grados voy a volver por el mismo camino y no quiero, así que giro solo noventa grados y voy rumbo al mar.

*

3) Seguí caminando en esa dirección hasta que veas algo azul

Algo azul #1: auto combinando con la casa

Algo azul #1: auto combinando con la casa (esta foto, en realidad, la encontré unas calles después, pero la pongo acá porque me gusta)

Algo azul #2: una calle

Algo azul #2: una calle

Algo azul #3: señalización

Algo azul #3: señalización

Algo azul #4: el mar

Algo azul #4: el mar

Hay muchas más cosas azules de las que pensaba. Están las de siempre, como el cielo, y las que están ahí y uno nunca ve, como los carteles. Todos los nombres de las calles de Biarritz están puestos en carteles azules. Algunos, incluso, explican quién fue el señor en cuestión.

Hay un montón de autos azules estacionados frente a casas con puertas y ventanas pintadas de azul. Acá todo combina.

Voy hasta el mar y lo miro desde arriba. Para ir a la orilla de esta playa hay que bajar muchas escaleras, me duele la rodilla y no sé si quiero, así que me quedo arriba y escucho el sonido de las olas. Hoy está bravo. Hay marea alta, no veo ningún surfer.

*

4) Doblá a la izquierda y caminá 50-70 pasos

Camino paralelo al mar y a los 70+10 pasos quedo parada frente a una máquina para pagar el parking. Estoy estacionada frente al mar. Vi esta máquina muchas veces pero nunca la miré. Tampoco me di cuenta de que esta playa de estacionamiento tiene vista al mar. Bah, ya lo sabía, pero nunca lo pensé.

viaje-sincronizado-12

Esta es una de esas fotos que nunca se me hubiese ocurrido sacar si no fuese por este juego.

*

5) Caminá en cualquier dirección hasta que veas algo que sea o parezca al número 7 u 11

Si voy a lo fácil, hay un montón de sietes y onces: este lugar está lleno de patentes. Así que busco alternativas. En realidad cualquier cosa que sean dos lineas rectas juntas puede ser un once. El siete es un poco más difícil.

Un 11.

Un 11.

Un 7. Con trampa.

Un 7. Con trampa.

*

6) Doblá en la primera izquierda y seguí caminando hasta que encuentres un lugar donde sentarte

Las instrucciones piden y la realidad otorga: acá debe haber unos quince bancos de plaza para sentarse. Las normas sociales indican que usemos bancos o sillas, pero a mí me encanta sentarme en cualquier lado: barandas, escalones, veredas, desniveles, canteros. Me gusta mucho, por ejemplo, comer sentada en la calle. Me parece algo muy de estar de viaje.

Hay mesas

Hay mesas

Y bancos con sol.

Y bancos con sol.

Me siento en un banco, ya que están, y me pongo a tomar apuntes. Estoy tan concentrada que no me doy cuenta de que se me acercó un señor y me está mirando. Con voz carrasposa y muy fuerte me pregunta, en francés, qué estoy escribiendo. Me asusto y a la vez me bloqueo. Le respondo, en castellano: “¡Ay, qué susto!”. Y después me sale, en automático, un “je ne parle pas français”, aunque algo hablo, o por lo menos entiendo. Me sigue hablando en francés, me pregunta en qué idioma escribo.

—En español.

—¡Pero hablás francés!

—No, no.

Y se va riéndose. Yo también me río sola.

Escucho un clac clac clac que me suena conocido. A pocos metros, detrás de esos árboles, están jugando a las bochas. Diría que es uno de los deportes o entretenimientos típicos de los días con sol en Biarritz. Me acerco.

*

7) Elegí cualquier dirección y caminá 25 o 50 pasos

Partido de bochas.

Partido de bochas.

Los cincuenta pasos me dejan justo frente a la cancha de bochas. Es una cancha improvisada, aunque siempre juegan acá, lo sé porque cada vez que salgo a caminar los veo reunidos: los señores jugando, las señoras sentadas al sol, charlando. Me acuerdo de la vez que jugamos a las bochas en Campodónico, detrás de una pulpería en medio del campo bonaerense. Fue un viaje en el tiempo.

Tengo un poco de hambre, van a ser las dos y no almorcé. Decido adaptar los pasos siguientes para que el camino me lleve en dirección a casa.

Me cruzo con una mamá canguro: su bebé me mira. Tiene un gorrito de Papá Noel.

*

8) Seguí caminando hasta que veas un forma, color o textura rara. Girá 180 grados.

¿Qué será raro? Acá todo es raro. En cada lugar del mundo, todo es raro. Camino y encuentro cosas como estas:

Flores secas tiradas al lado de un tacho de basura.

Flores secas tiradas al lado de un tacho de basura.

Una sonrisa.

Una sonrisa.

Hello Kitty adentro de un auto

Hello Kitty adentro de un auto

Los colores de esta casa.

Los colores de esta casa.

Esta planta

Esta planta

Esos árboles que parecen brazos

Esos árboles que parecen brazos

Esta no me acuerdo por qué la saqué, pero me gusta.

Esta no me acuerdo por qué la saqué, pero me gusta.

La textura de esta pared.

La textura de esta pared.

Más de cerca.

Más de cerca.

Puede que no sean raras, pero a mí me llamaron la atención.

*

9) Seguí caminando en cualquier dirección hasta que veas un arco o una característica arquitectónica inusual

Puerta con arco.

Puerta con arco.

¿Esta puerta vale como arco, no? Tengo hambre.

Me meto por una calle que nunca caminé y me encuentro con una pared que no tiene que ver con nada. Esas piedras me hacen pensar en Cusco.

Esta es la pared que parece salida de otro lugar.

Esta es la pared que parece salida de otro lugar.

Esa chimenea también me llama la atención.

Esa chimenea también me llama la atención.

Y estas dos viviendas, una al lado de la otra, que no tienen nada que ver.

Y estas dos viviendas, una al lado de la otra, que no tienen nada que ver.

*

10) Volvé a casa, pero en el camino seguí buscando algo que te llame la atención

Vuelvo caminando un poco más rápido, pero sigo atenta.

Hay una casa blanca con ventanas verdes, y asomado a una de ellas hay un hombre vestido de rojo, hablando por teléfono. Está para la foto. La realidad nos ofrece imágenes así todo el tiempo, lo único que tenemos que hacer es prestarles atención.

Veo un auto rojo combinando con casa roja.

Veo un auto rojo combinando con casa roja.

Este muñequito en un auto

Este muñequito en un auto

Me gustaron los colores (hay mucho rojo por acá)

Me gustaron los colores (hay mucho rojo por acá)

Una escultura

Una escultura

Y la casa rosa.

Y la casa rosa.

Al principio de este experimento estaba escéptica, pensaba que conocía el barrio y que no iba a encontrar nada fuera de lo normal, pero encontré cosas que nunca hubiese mirado con detenimiento de no ser por estas instrucciones.

*

viaje-sincronizado-1-4

[box type=”star”] * Este post pertenece a la serie Viajes sincronizados, en conjunto con el blog “Los viajes de nena”. Podés leer los resultados de la exploración de Lau en su blog.

* El libro que usamos para esta exploración es [eafl id=”21143″ name=”Viajes experimentales” text=”The Lonely Planet Guide to Experimental Travel”]No es muy fácil de conseguir, yo lo compré usado por Amazon y muy barato, pero la última vez que me fijé los estaban vendiendo como ejemplares de colección y bastante caros. Tampoco se consigue en ebook.

* Si quieren sumarse a este experimento, pueden hacer un viaje sincronizado por su barrio o por una ciudad nueva siguiendo las instrucciones de este post. Pueden compartir el experimento usando el hashtag de la serie, #viajessincronizados, y linkear los resultados de nuestro experimento. [/box]

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