Este post forma parte de la serie Amigate con Buenos Aires, un intento de reconciliarme con mi ciudad después de dieciséis meses sin verla. Podés leer la serie completa acá.

Como les conté en el post anterior, decidí empezar un mini proyecto fotográfico llamado “Amigate con Buenos Aires” para documentar mi reconciliación con Buenos Aires. Todo surgió por una calcomanía que pegué en mi espejo y una sensación de que la ciudad volvió a cautivarme como en sus mejores épocas. Quiero aclararles algo para aquellos que no me conocen: No odio Buenos Aires. Tampoco la amo. O tal vez sí. Es una relación amor-odio, y ojalá dure toda mi vida, porque mientras sienta eso seguiré viajando y seguiré volviendo.

Cuando me planteé esta serie de posts pensé en dedicar uno a cada barrio, pero ahora, mientras miro las fotos que saqué en estos días, me doy cuenta de lo difícil que es abarcar un barrio completo en una sola caminata. Además, tampoco creo que me dé el tiempo para visitarlos todos. Y ya veo que si en el post de San Telmo hablo de Carlos Calvo van a aparecer los defensores de Humberto Primo, y si en Palermo voy a el Parque Las Heras y no al Planetario, se pudre todo, y si encima voy a Villa Crespo y no a Almagro, chau, me echan de la ciudad a patadas. Así que decidí darle una óptica distinta, más personal, porque al fin y al cabo no estoy haciendo un relevamiento barrial sino que estoy paseando por la ciudad y disfrutando de caminar sin rumbo.

Lo que me interesa es buscar momentos, encontrar detalles, compartir pedacitos de la ciudad con alguien y apropiarme de otros sola. Sé que esta ciudad tiene un significado distinto para cada uno de sus habitantes, así que lo quiero hacer es encontrar el mío y mostrárselos a través de imágenes. Quiero descubrir qué veo y qué no veo de Buenos Aires. Lo bueno de este proyecto, además, es que lo seguiré completando cada vez que vuelva de un viaje.

Los primeros días que estuve acá me dediqué a sacar fotos con el celular. En realidad, no salí específicamente a sacar fotos, sino que salí a caminar con un fin determinado (ir a equis lugar) y me colgué sacando fotos con el celular. Las fotos que se vienen ahora son de uno de los “circuitos” que más repetí, y cada una de estas imágenes surgió por algo que me llamó la atención. Todas son sacadas con celular (un Nokia por si se lo preguntan) y no forman parte del proyecto en sí, sino que las saqué antes por diversión.

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Esta casa siempre me gustó, está casi escondida entre los edificios del fondo y en venta hace varios años. Ojalá que el que la compre la mantenga así, con el arte en las paredes y esas flores que le salen del techo. Pero que no la derrumben para hacer un edificio, prométanme.

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Stencils y superpanchos en un quiosco del barrio.

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Esta es una de mis esquinas preferidas de San Telmo.

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Y estos son detalles que descubro cada vez que camino por esa cuadra.

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Como verán, uno de los grandes temas de mis fotos es el arte callejero. Creo que si tuviese el talento suficiente, me dedicaría a pintar paredes de colores y embellecer todas las ciudades del mundo.

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Uno de esos cafecitos icónicos de Buenos Aires.

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¿Alguien quiere mate?

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“Creer es crear”

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Y mis preferidas:

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En alguna de esas caminatas me subí a un colectivo y me encontré con esta combinación de colores.

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Casi no saco esta foto. Iba caminando, leí el cartel de pasada y la inercia me hizo seguir caminando. Unos pasos más adelante frené, volví y saqué la foto. Había un señor empujando un carrito con cajas y cuando vio lo que hizo, me imitó: frenó, volvió hacia atrás y leyó el cartel, probablemente con curiosidad de saber qué fue lo que me había llamado tanto la atención.