Hoy me fui de tapas. Me encanta cómo suena: “de tapas”. Había escuchado la expresión mil veces pero nunca tuve muy en claro en qué consistía. ¿Significaría que la comida se sirve en platitos con forma de tapas (redonditos)? ¿Era algo así como irse de copas? El misterio se resolvió al mediodía cuando me encontré con Paco Nadal, periodista de viajes y bloguero del diario El País, para comer (ojo que acá “comer” solamente significa “almorzar” y no “cenar”) y me dijo: “Hagamos algo bien típico, vámonos de tapeo”.

madrid-espana-aniko-villalba-61 Gente haciendo fila para entrar a uno de los bares más antiguos.

Los españoles podrán explicarlo mucho mejor que yo, pero irse de tapas consiste en ir de un bar a otro y “picar” aperitivos en cada uno, acompañados de una caña (vaso de cerveza), una copa de vino u otra bebida. Al parecer hay varias “reglas” implícitas para disfrutar de este ritual gastronómico y social: las tapas se comen de pie o en la barra (y no sentados a la mesa), la primera tapa la trae el mozo junto con las bebidas y es “sorpresa” y, según leí, no hay que mirar el menú antes de pedir la primera cerveza porque sino el mozo va a creer que querés comer y no te va a traer la tapa que acompaña la bebida. (Por favor coméntenme todo lo que quieran acerca de este ritual ya que me interesa muchísimo).

madrid-espana-aniko-villalba-63 Las zanahorias las trajo el mozo, la otra tapa era pan con tomate y bacalao.

Lo que más me gusta de esto de “irse de tapas” es lo que implica, más allá de comer tal o cual cosa: moverse de un lado a otro, probar en lugares distintos, no quedarse quieto. Y después del almuerzo de hoy, me di cuenta de que lo que hice durante estos días en Madrid fue irme de tapas, pero no a comer, sino a conocer: estuve “picando” de lugar en lugar, de barrio en barrio, de plaza en plaza, mirando y conociendo de todo un poco, sin quedarme en un lugar fijo. Y preparé, para ustedes, este post de tapeos.

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Qué es arte

Podría haberme quedado horas mirándolo. Horas es poco. Éramos como cincuenta personas amontonadas, pero yo sentía que estábamos solos, él y yo. Durante largos minutos estuve parada frente a El Jardín de las Delicias (de El Bosco) en el Museo del Prado y no me cansé de descubrirle detalles. Tanto lo miré que me metí adentro, caminé entre la gente, los animales, las flores y los colores del jardín. Nunca pensé que ese cuadro iba a impactarme tanto “en vivo” (ya lo conocía pero ni siquiera sabía que era tan grande, es un tríptico de 2 metros x casi 4). Qué hombre adelantado, qué imaginación. Eso es arte.

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Unos días antes, Roberto, un español lector de mi blog, me invitó a conocer La Tabacalera, una antigua fábrica de tabaco que fue convertida en un centro social autogestionado e intervenido por artistas. Me encantó, tal vez porque me recordó a las movidas culturales de Buenos Aires y me transportó a mi ciudad, tal vez porque también me transportó a lugares que aún no conozco (Berlín Berlín Berlín en mi cabeza…) tal vez porque me gustan mucho los lugares así. Había bandas, murales, graffitis, baños pintados, grupos de skate, una cafetería, catacumbas, cuevas, pasadizos, puertas. Eso, para mí, también es arte.

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Lo cual me hace preguntarme: ¿qué define al arte? ¿quién dice qué es arte y qué no? ¿solamente lo que está en museos es arte? ¿o el arte también está en la calle? Para mí, como imaginarán, el arte está tanto adentro como afuera de los museos. Y mi humilde opinión es que el valor del arte está en el sentimiento o reacción que genera en el espectador, más que en la técnica en sí.

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Vendiendo lo invendible

madrid-espana-aniko-villalba-60 Se venden gomitas del Pulpo Paul…

madrid-espana-aniko-villalba-88 …muchas golosinas…

madrid-espana-aniko-villalba-10 …adornos navideños de todo tipo…

madrid-espana-aniko-villalba-93 …pesebres vanguardistas…

madrid-espana-aniko-villalba-89 …y tours en pseudo autitos chocadores que van vociferando el recorrido en italiano.

Ahora entiendo de dónde sacamos los argentinos esa cualidad de vender hasta lo invendible (o por lo menos de intentarlo): de la Puerta del Sol de Madrid. El tomate loco que venden en la calle Florida, un poroto: acá te venden un Bob Esponja de papel que se para solo y, cuando le ponés música fuerte, baila. Olvídense de las bandas de ska que improvisan en la puerta de los bancos en pleno Microcentro a las 6 de la tarde: acá lo que se pone son los señores que hacen canciones con el sonido de 20 copas de cristal al unísono. Y si es Navidad, preparense: probablemente terminen comprándose dos o tres pesebres y algún que otro arbolito. Me encanta esa creatividad para vender lo que sea, y ahora me doy cuenta de que parte de eso viene de acá.

Pero no sólo eso. Me parece muy raro estar en una ciudad española de verdad, ya que hasta ahora lo que conocía eran las ciudades coloniales que dejó España por América, pero nunca había visto “la original”. Mientras caminaba por el centro pensaba con risa: ¡de acá sacaron los cusqueños eso de que las calles cambien de nombre cada dos o tres cuadras!

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Aparecen las minorías

Me gusta conocer a las minorías que habitan en cada ciudad, y acá me las encontré casi de casualidad. Estaba caminando por el centro, me desvié, llegué a Embajadores, subí por alguna callecita y encontré peluquerías indias, supermercados chinos, restaurantes turcos y muchos africanos (¿de qué país son? ¡todavía no distingo!). Cada cual hablaba su idioma y ponía carteles en su lenguaje. Casi no había turistas por la zona. Voy a seguir investigando.

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Naipe

¡Volvieron! Viajé a Europa sin pensar en ellas, pero aparecieron sin que las buscara. Hoy, caminando por la zona de La Latina, encontré una carta (naipe) (o, si ven la foto, como cinco cartas en una).

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Los que me leen hace tiempo saben acerca de mi afición de recolectar cartas que encuentro en las distintas ciudades del mundo. Una ciudad o pueblo que me regala una carta es un lugar con ciertas características: tiene (algo de) cultura callejera, tiene personas que incluyen lo lúdico entre sus pasatiempos y no es impecablemente pulcra y limpia (sino a la carta ni le daría tiempo a sobrevivir en la vereda). Y juro que en todas las ciudades donde encontré cartas tuve experiencias memorables o, por lo menos, una gran conexión con el lugar. Tengo el mazo de cartas asiáticas en casa, todavía está incompleto, ¿tal vez lo complete en este viaje?

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Otras fotos del tapeo viajero

madrid-espana-aniko-villalba-62 Che… ¡tenemos local propio!

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