“Escribir un libro” es una serie de posts que surge por necesidad personal. Al igual que cuando me fui de viaje por primera vez —sin tener ni idea de “cómo viajar”— hace unos meses empecé a escribir un libro sin tener ni idea de cómo se escribe un libro (y mucho menos de cómo se autopublica). A medida que me fui metiendo más en este proyecto —tan lindo como solitario como agotador— empecé a escribir menos en este blog (no porque no viajara, sino porque al estar tan enfocada en un libro sentía que ya no me quedaban palabras disponibles para poner acá). Pero después pensé: si relaté tantos viajes por el mundo, ¿por qué no relatar uno por el mundo literario o por mi mundo interior? 

No sé qué saldrá de esta serie, lo único que quiero es dejar por escrito el proceso por el que estoy pasando mientras escribo mi primer libro, cual diario íntimo de una chica que está practicando para ser escritora. Esto es algo que me servirá para ordenar sentimientos e ideas y que tal vez le servirá a otros en el futuro. O no. Nunca se sabe. Pero estoy tan metida en este proyecto que no puedo no contarlo acá. Quiero compartir textos que estoy leyendo, quiero hacer un poco de catarsis y sentirme menos sola, quiero pedirles ayuda y consejos y algo de compañía virtual. Será la parte más blogdevida de Viajando por ahí.

A los interesados en viajes, no teman: la semana que viene me voy a los Esteros del Iberá (Argentina) y haré crónicas viajeras (de las de siempre) desde allá. Además, después de la publicación de este libro vendrá un nuevo viaje largo (y cuando digo largo quiero decir laaaargo) y habrá blog para rato. Y después, espero, vendrán nuevos libros. Y nuevos viajes. Y así sucesivamente.

Así que empecemos este viajecito por el mundo de papel y que sea lo que tenga que ser. 

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Por qué un libro

Siento amor por los libros desde el día que aprendí a leer. Los colecciono en mi biblioteca, dejo que ellos me encuentren, los extraño cuando me voy de viaje y los vuelvo a disfrutar cada vez que me reencuentro con ellos. Para mí, los libros son más que un conjunto de hojas escritas: son mundos fabricados con palabras, son objetos que nos transportan a otras realidades, a otros tiempos, a otras reglas, a otras mentes. Creo que tengo más libros que ropa y me desespera saber que aún me quedan tantos por leer, que no me va a dar la vida para leerlos todos. Pero a la vez agradezco tenerlos en mi vida hace tanto tiempo, porque ser lectora me permitió empezar a viajar mucho antes de salir de mi casa por primera vez.

Cuando descubrí que lo que más me gustaba hacer en esta vida —además de viajar— era escribir, supe que quería ser escritora de libros. Nunca soñé con escribir blogs ni revistas: siempre quise poner mis palabras en libros. La relación del lector con un libro es otra: es más íntima, más profunda, más dedicada. Leer un libro es un ritual, es algo que se hace despacio, que se disfruta, es hasta un acto físico. El libro, para mí, tienen una magia que otros soportes no tienen, es un objeto con el que podemos tener un vínculo emocional. Yo a mis libros los quiero.

El día que empecé a viajar supe que uno de mis grandes objetivos era escribir un libro con todo lo que fuese viviendo en el camino. Sin embargo, nunca le puse una fecha. Sabía que iba a escribir un libro pero no sabía cuándo y tampoco lo quería forzar. Lo empecé a pensar y a escribir en mi cabeza y dejé que fuera tomando forma y creciendo solo. Y un día, cinco años después de haber salido, sentí que el momento había llegado. No sentí ganas sino necesidad de escribirlo. Me di cuenta de que necesitaba poner muchas cosas por escrito, necesitaba convertir todas esas experiencias, vivencias y sensaciones en algo tangible, en un objeto que pudiese tocar y dar a otros, en un mundo contenido entre dos tapas y construido a través de cientos de páginas. Así que acepté el desafío —no me quedó otra— y empecé a escribir un libro. Pero, al igual que la primera vez que me fui de viaje sola, me metí de lleno en algo que no tenía ni idea cómo hacer. ¿Cómo se escribe un libro? ¿Cuántas horas lleva? ¿Cómo es el proceso? ¿Qué cuento y qué no? ¿Cuántas páginas tiene que tener? ¿Qué cantidad de capítulos? No sabía. Pero lo empecé igual.

Hoy mi libro está casi todo escrito. Faltan muchas relecturas, pero la esencia está ahí. Serán 350 páginas repletas de viajes y de sueños.

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Y para no defraudar al público viajero:

Lectores en la medina de Fez (Marruecos)

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