Voy rumbo a Ko Phi Phi, destino mundialmente conocido por dos características bastante disímiles: fue uno de los lugares más golpeados por el tsunami del 2004 y fue también una de las locaciones donde se filmó La Playa (la película de Danny Boyle… donde actúa Leo Di Caprio).

Tengo que cruzar de una costa a la otra del país: estoy en la isla de Ko Phanghan (el mapa está dos posts atrás), en el golfo de Tailandia, y voy hacia una isla que está en el Mar de Andamán, un sector del Océano Índico. Parece un trayecto bastante simple: barco – colectivo hasta la otra costa – barco. Pero no, el viaje me lleva casi 12 horas en las que me subo a una combi, a un catamarán, a un colectivo, a un taxi, a otro taxi, a un “big bus”, a otro taxi y a un barco. Es lo que acá venden en todas las agencias de viaje como “joint ticket” (pasaje conjunto, o combo de pasajes). Y no queda otra que comprarlo, porque viajar por cuenta propia es más caro, más difícil y probablemente llevaría el triple de tiempo (aunque no lo crean).

Estas movilizaciones son bastante caras. Por ejemplo, el combo anterior cuesta unos 1000 baht, algo así como 30 dólares. Pero no puedo negar que son giras cómicas y hasta misteriosas. Lo cierto es que no importa en qué agencia de viajes se compre el pasaje, finalmente todos terminan viajando en los mismos transportes. El procedimiento es así: comprás un “joint ticket” para el cual te dan un recibo que dice que pagaste el monto total del viaje al destino final que hayas elegido, el pasaje correspondiente al primer medio de transporte y un sticker con una palabra en thai para que te pegues en la remera. Es decir que uno se pregunta constantemente si se quedará a mitad de camino o si, en la próxima parada, alguien va a reconocer el recibo y darle el pasaje para el tramo siguiente. Es un enigma. Igual que el sticker que uno lleva encima, que bien puede decir “paseame soy turista”, “aguante Rambo” o “busco marido”.

El sticker misterioso y yo

Yo tuve una situación así: después de tomar el primer barco desde Ko Phanghan hasta tierra firme y el colectivo siguiente hasta el pueblo de Suratthani, quedé “varada”. Todos los turistas hicieron cambio de colectivo menos yo, porque mi recibo correspondía a otra agencia de viajes y nadie me lo reconocía. Me dijeron que llamara por teléfono al número que figuraba en el papel y pidiera que fueran a buscarme. Primero: no tenía idea de dónde estaba parada. Segundo: tenía menos idea de cómo explicar eso en tailandés. Así que le pedí a una mujer que llamara y a los 20 minutos llegó el taxi a buscarme. Pero no era un taxi cualquiera, no, era una especie de camioneta tuneada (como esta), con la parte de atrás abierta, con capacidad para ocho pasajeros. Así que nos fuimos, el taxista, mi sticker y yo hasta la parada del próximo medio de transporte. Llegamos a un restaurante, el taxista frenó y me dijo que me bajara ahí. Al fondo, una mujer sentada a un escritorio manejaba la sucursal de la agencia de viajes que me correspondía. Me dio los pasajes restantes, otro sticker para mi remera y me mandó con el taxista al “big bus” que me llevaría a Krabi, pueblo donde después podría hacer la conexión con el barco a Ko Phi Phi.

Mi odisea podría haber sido aburrida, pero no elegí mejor día para viajar que Songkran: el año nuevo tailandés. ¿Y en qué consisten los festejos de año nuevo acá? Son tres días feriados en los que los tailandeses preparan sus mangueras, cargan sus pistolas de agua y sus baldes y empapan de agua y pintura a quien se les cruce. Me parece una manera genial de aplacar los 40 grados de calor de abril. Así que mientras iba en el taxi tuneado recibí muchos “Hey farang! Sawatdee pee mai!” (Hey gringa, feliz año nuevo!”) seguidos de pistolazos, pintadas en la cara y sonrisas. El ambiente que se vive es muy alegre y divertido, a los tailandeses le encanta saludar a los extranjeros en inglés y sacarnos fotos (lo cual me resulta gracioso, pero lo mismo deben pensar ellos cuando nosotros los fotografíamos… ¿para qué querrán una foto mía?).

Hasta 1888, Songkran marcaba el principio del nuevo año en Tailandia y en varios países del Sudeste Asiático, y era un momento de mucha espiritualidad en el que se visitaba a los ancianos, amigos, familiares y vecinos. A mediados del siglo pasado dejó de tener un significado astrológico y se convirtió en un festejo tradicional del país… y en tres días de vacaciones símil carnaval. Actualmente, el año comienza cada primero de enero y Songkram se festeja entre el 13 y 15 de abril. El festejo comenzó en el norte del país y se cree que es una adaptación del festival Holi de la India. Songkran es un momento de limpieza y renovación; durante estos días, muchas personas van a un wat (templo budista) a rezar y a llevar ofrendas a los monjes, otros limpian las imágenes de Buda con agua y fragancias y algunos llevan arena al monasterio de su barrio en representación de la suciedad que acarrearon en sus pies durante el resto del año. Hay quienes hacen promesas para el año entrante y quiene aprovechan para limpiar sus hogares a fondo.Y todos se suman en el ritual de tirarse agua: es una manera de “limpiar la suciedad” de las personas. Comenzó como una manera de mostrar respeto hacia el otro: tras limpiar las imágenes de Buda se utilizaba esa agua “bendecida” para darle buena fortuna a los mayores y a la familia. Pero hoy en día pasó a ser una gran guerra amistosa de pistolas de agua y baldes en la que no se salva nadie. Yo tampoco, obvio.