De Melaka a Singapur, del pueblito colonial a la ciudad supersónica

Menos mal que no le hago caso a las opiniones de la gente y sigo mi instinto, si hubiese creído a quien me aseguró que “en Melaka no hay nada para ver” me hubiese perdido de conocer una de las ciudades más interesantes de Malasia.

Si alguien me dijera que en realidad Melaka es el set de filmación de una película colonial-romántica, lo creo sin dudarlo.

Tiene un aura similar al de Colonia del Sacramento (Uruguay), de casitas bajas y antiguas, colores y luces suaves, ruinas y pedazos de historia desparramados por toda la ciudad.

De día los visitantes caminan por las placitas, iglesias, ruinas y templos; los locales cruzan los puentes en bicicleta y comen en los mercados; las mujeres chinas caminan bajo el sol protegidas bajo sus sombrillas; niños musulmanes salen del colegio y corren a comprar comida a un vendedor callejero mientras esperan el colectivo que los llevará de vuelta a su casa; los conductores de los rickshaws (transporte típico de esta ciudad: carritos-bicicleta decorados con flores) dan vueltas en busca de turistas y hacen sonar música en sus radios.

La religión está muy presente, como en toda Malasia: los católicos se reúnen en las iglesias para escuchar el sermón y cantan canciones, los musulmanes esperan el canto de la mezquita para arrodillarse a rezar mirando hacia La Meca, los taoístas prenden incienso en sus templos y dejan ofrendas de frutas y flores, los hindúes ofrecen comida y veneran a alguno de sus dioses en uno de sus tantos templos.

Mientras tanto, los extranjeros se reúnen en la fuente de la plaza principal y se sacan fotos grupales.

De noche, cuando los autos dejan de circular, las callecitas de tierra se vuelven desiertas, muchas casas cierran sus puertas y apagan todas las luces, las mesas ocupan las veredas, los restaurantes y templos prenden luces y faroles, las flores de los rickshaws se iluminan.

En algún restaurante chino, un hombre canta a karaoke un tema de Bryan Adams; al lado del río, una banda de música portuguesa-malaya ensaya su show y toca para quienes quieran sentarse a escucharlos; cerca del shopping, un festival de música metal atrae a los más jóvenes.

Y de día todo vuelve a empezar, aunque con un detalle que derrite todo tipo de clima poético: el terrible calor que aumenta a medida que me acerco al Ecuador.

No me imaginé que podía existir más humedad que en Kuala Lumpur.

Pero si uno intenta olvidarse de la transpiración y meterse en la Historia, con sólo caminar (porque Melaka es una ciudad para caminar), se pueden descubrir todas las influencias que fueron dando personalidad a este pequeño lugar al sur de Malasia.

Melaka (o Malacca) fue nombrada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y en su territorio se resumen siglos: fue la capital del Sultanato de Melaka y el centro más importante de los malays durante los siglos 15 y 16, luego fue colonizada por los portugueses, los holandeses y los británicos y recibió gran influencia china también.

Y lo más interesante es que esta historia es totalmente palpable: aún quedan fortificaciones portuguesas, cementerios holandeses, construcciones musulmanas, templos chinos.

Y también se ve perfectamente la mezcla de culturas que caracteriza tanto a Malasia: hay mezquitas con arquitectura china, comida portuguesa-malaya, restaurantes hindú-malayos, iglesias católicas (primera vez que veo en Malasia), iglesia metodista-tamil, templos chinos taoístas.

Melaka es mi última ciudad de Malasia, país en el que estuve unas tres semanas y al que volveré algún día.

Me da nostalgia irme y dejar atrás a todos los amigos que conocí, pero tengo que seguir viaje. 

Tan sólo cuatro horas después, llego a Singapur.

WOW.

Por si no sabían, Singapur es una ciudad-estado independiente de Malasia (a pesar de que están separados únicamente por un puente) y uno de los países más pequeños y avanzados de Asia.

El cambio es rotundo: siento que entré al país de los Supersónicos.

El edificio de inmigración parece un aeropuerto europeo, todo el equipaje pasa por rayos equis, la policía me dice que no puedo estar parada al lado de la oficina de inmigración, tengo que seguir caminando, tampoco se puede escupir ni sacar fotos o filmar. Las calles son limpias, bien iluminadas, es viernes a la noche y todos están afuera. La mayoría de los habitantes que conforman Singapur son chinos, aunque sigue existiendo la minoría de malays e hindúes al igual que en Malasia.

Tengo que tomar el MRT (subte) hasta la casa de Kuni, el japonés que me alojará en esta ciudad.

Kuni es couchsurfer, viajó a más de cien países y esta es su manera de retribuir a todas las personas que lo recibieron cuando viajaba. Ya alojó a más de 450 personas en su departamento, a veces hasta cuatro o cinco por noche (!). Tomar el subte es toda una hazaña, por lo organizado, digo.

Finalmente llego, después de hacer varias combinaciones y de pelearme con la máquina que emite los “subtepass”.

Esta es la Asia avanzada que todos imaginamos.

Más detalles, próximamente.

[box type=star] Algunos enlaces útiles (y descuentos) para que planees tus viajes:

[wc_fa icon=”hotel” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Alojamiento: te dejo [eafl id=”21127″ name=”Airbnb” text=”25 euros de regalo”] para tu primera reserva en Airbnb.

[wc_fa icon=”ticket” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Vuelos: buscá pasajes aéreos al mejor precio con [eafl id=”22601″ name=”Vuelos Skyscanner” text=”Skyscanner”]

[wc_fa icon=”book” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] ¿Querés leer algo inspirador antes de viajar? ¿O llevarte un libro o guía a tu viaje? ¡Pedilo por [eafl id=”21091″ name=”Book Depository (general)” text=”Book Depository”]! (el envío es gratis a cualquier lugar del mundo) O leé alguno de mis libros ;)

[wc_fa icon=”pencil” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] ¿Pensando en abrir un blog de viajes? Si buscás un hosting, te recomiendo [eafl id=”22613″ name=”Siteground” text=”Siteground”]. Y si querés aprender sobre escritura de viajes, sumate a alguno de mis talleres de escritura y creatividad [/box]

Kuala Lumpur en diez palabras – parte I

1. TRÁFICO (a.k.a. traffic jam)

He aquí mi primer grato encuentro con Kuala Lumpur.

Son las 12.30, estoy viajando tranquilamente en el colectivo desde la apacible isla de Penang hacia la ciudad capital del país.

A qué hora llegaremos, le pregunto al conductor.

A las 5 pm, me asegura.

Qué bien, qué puntualidad, pienso.

De repente, son las 6.30 pm y el colectivo avanza a dos por hora bajo la lluvia y cada vez que le pregunto al pasajero de adelante cuánto falta, mira su reloj, hace algunos cálculos mentales y promete: 15 minutos.

Creo que tardé más tiempo en llegar desde la entrada de KL a la terminal, que desde Penang hasta KL.

Así es: bienvenidos a Kuala Lumpur, ciudad donde, tarde o temprano, todos seremos víctimas del tráfico. Los malayos mismos lo dicen: hay dos maneras de calcular el tiempo de viaje en KL, “con traffic jam” y “sin traffic jam”. Y estos atascamientos de autos, colectivos, motos y taxis son tan comunes y están tan aceptados como algo normal dentro de la rutina diaria, que nadie se molesta en tocar bocina ni quejarse en voz alta y todos salen de sus casas por lo menos 40 minutos o una hora antes de lo previsto para llegar a tiempo.

Es así, si vas a salir con ruedas, bancate el embotellamiento.

Juro que un colectivo que me tomé estuvo parado en un ¿semáforo? durante 15 minutos y nadie dijo nada, todos siguieron mirando televisión tranquilamente (hay tv en el transporte público).

2. PROHIBIDO

Malasia es un país musulmán y como tal tiene varias restricciones… algunas bastante cómicas.

Enamorados, cuidado: nada de besarse ni demostrar cariño en público. Masca-chicles, ojo: está prohibido subir a las Torres Petronas comiendo chicle. Comunidad gay, lo lamento: nada de salir del clóset. Bebedores de cerveza, preparen sus bolsillos: el alcohol cuesta el triple por la cantidad de impuestos. Nada de portarse mal, que la Policía Moral está mirando y las multas serán jugosas.

3. ROMPERÉCORDS (o Malaysia Boleh!)

Aunque ostentan el mástil más alto del mundo, el shopping más grande de Asia y dos torres que en su momento fueron las más altas, para los malayos nada de eso es noticia.

En este país hay todo tipo de récords, probablemente más de uno nuevo cada día: la mayor cantidad de ancianos en un circo, la rana más pequeña del mundo, la mayor cantidad de cabezas lavadas con shampú en un solo día en un shopping (exactamente 1068), la subida de escalones más alta realizada de espaldas (2058 peldaños), el padrino (best man) más frecuente en los casamientos (apareció en 1069 festejos), el primer abogado ciego del mundo…

Más de 1300 hazañas documentadas en el popular Malaysian Book of Records: hechos insólitos, cómicos y bizarros que demuestran que Malaysia Boleh! (Malasia Puede).

¿Y de dónde surgió este afán de romper récords? Del antiguo primer ministro Mahatir Mohamad, quien decidió incentivar a los malayos para que se superaran día a día y convirtieran su país en una nación asiática avanzada.

Ah, y él también ostenta un récord: fue el Primer Ministro que más tiempo estuvo en el poder en Malasia (22 años).

4. LAH

Come on, lah! We’re gonna be late, lah! Hurry up, lah!

Una de las palabras más escuchadas de boca de los malayos, sin importar si son hindúes, chinos o musulmanes, es el simpático “lah” que todos repiten para enfatizar su discurso.Y, por si se lo estaban preguntando, acá todos hablan inglés, uno de los idiomas oficiales del país junto con el bahasa malayo (hay malayos que solamente hablan estos dos idiomas y no los dialectos que corresponden a su raza).

Afortunadamente para nosotros, viajeros que desconocemos el lenguaje del lugar al que vamos, acá todos entienden el inglés a la fuerza, y si no pueden hablarlo con propiedad, lo mezclan con bahasa y forman el Manglish.

Y si entrenamos el oído, terminaremos escuchando frases como bladibarsket (bloody bastard), mamak stall (restaurante hindú) y Got question? (alguna pregunta?). Ni intenten descifrar un cartel en bahasa, es completamente imposible y las palabras, aunque son simples de leer, no se parecen a ningún término que nos suene relativamente conocido: terkenal es alguien famoso, mat salleh es un extranjero, jalan es una calle y Terima kasih es gracias. Queridos lectores: Selamat sejahtera. Nama saya Aniko, Apa khabar? Saya tidak faham bahasa, selamat malam!

5. MALAYSIAN STYLE

En ciudades asiáticas caóticas como Bangkok o Kuala Lumpur, en las que es casi imposible cruzar la calle sin ser atropellado, no queda otra que aprender la técnica de los locales para realizar semejante hazaña.

Cuando llegué a Bangkok y me enfrenté a la vereda por primera vez, casi decido visitar solamente los lugares que se encontraran en el radio de la manzana de mi hostel, lo que fuera con tal de no cruzar.

Como peatona en la capital tailandesa, esta fue mi primera impresión: bien, estoy parada frente al semáforo como corresponde, esperando que cambie la luz para cruzar, como corresponde. De repente la luz cambia, uno de los cinco semáforos que funciona para alguna de las cinco esquinas que confluyen acá acaba de ponerse en rojo, lo que quiere decir que algún auto tiene que frenar obligatoriamente y dejarme el paso.

ERROR.

Algunos autos frenarán, sí, pero de la nada aparecerán (de una dirección desconocida) veinte autos a toda velocidad con prioridad para doblar (esto de tener los lados invertidos para el manejo me sigue confundiendo).

Confieso que hubo veces que llegué a estar parada diez minutos en el mismo lugar, intentando frenar el tráfico con la mirada. Pero logré cruzar: cada vez que aparecía un local dispuesto a cruzar (con suma tranquilidad, porque para ellos la hazaña no es tan grande), disimuladamente me ponía al lado y caminaba hacia la vereda de enfrente a la par. Y en Malasia aprendí a cruzar Malaysian Style: mi amiga Belinda, ciudadana de KL, me explicó que en esta ciudad nadie respeta las sendas peatonales, cada cual cruza dónde, cuándo y cómo quiere.

Eso sí, hay una regla: una vez que empezaste a cruzar la calle, jamás te arrepientas ni vuelvas hacia atrás.

¿Querés saber cuáles son las cinco palabras que siguen? Lee la parte II acá!

[box type=star] Algunos enlaces útiles (y descuentos) para que planees tus viajes:

[wc_fa icon=”hotel” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Alojamiento: te dejo [eafl id=”21127″ name=”Airbnb” text=”25 euros de regalo”] para tu primera reserva en Airbnb.

[wc_fa icon=”ticket” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Vuelos: buscá pasajes aéreos al mejor precio con [eafl id=”22601″ name=”Vuelos Skyscanner” text=”Skyscanner”]

[wc_fa icon=”book” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] ¿Querés leer algo inspirador antes de viajar? ¿O llevarte un libro o guía a tu viaje? ¡Pedilo por [eafl id=”21091″ name=”Book Depository (general)” text=”Book Depository”]! (el envío es gratis a cualquier lugar del mundo) O leé alguno de mis libros ;)

[wc_fa icon=”pencil” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] ¿Pensando en abrir un blog de viajes? Si buscás un hosting, te recomiendo [eafl id=”22613″ name=”Siteground” text=”Siteground”]. Y si querés aprender sobre escritura de viajes, sumate a alguno de mis talleres de escritura y creatividad [/box]

Y de repente, empieza el viaje (o mi primera experiencia fallida de Couchsurfing)

Dicen (digo) que cuando uno entra en el clima del viaje, todo empieza a pasar (mucho) más rápido. Yo entré en clima de golpe, sin aviso, sin saber que estaba ingresando en ese estado eufórico de quieroseguirviajandomásmásymás y de quieroconocermásgentemáslocalesmáslugares y de, tal vez, noquierovolverhastahaberrecorridoelmundoentero.

Viajar es un camino de ida, definitivamente.

Mis días en Tailandia fueron tranquilos, por momentos solitarios.

Me dediqué a escribir, a caminar, a nadar, a comer, a mirar. Tengo que confesar que me costó empezar: fue difícil pasar de los 20 grados de abril de Buenos Aires a los 40 grados de abril de Bangkok, fue difícil acordarme de pedir en cada comida not spicy please, fue difícil (y algo cansador) pasar de hablar castellano cotidianamente a comunicarme y pensar constantemente en inglés.

Fue difícil, también, tener que convertir mentalmente los precios a dólares y de ahí a pesos para calcular mis gastos, fue difícil no tener un cuaderno para escribir a mano (hasta que decidí comprarme el primero que encontré porque extrañaba demasiado el hábito), fue difícil cargar la mochila llena de ropa sucia todos los días. Pero siento que todo cambió.

Desde que entré a Malasia, mi viaje empezó a acelerarse, a tomar forma y color. Todo se volvió mucho más interesante.

¿Cómo fue qué pasó? Creo que los planetas se alinearon para que mi llegada a Penang, isla ubicada en la costa oeste de Malasia, no pudiese ser peor. Primero, otra vez eso de subirse a un barco, bajarse, subirse a un taxi, bajarse, subirse a una minivan, bajarse, esperar, subirse a otra minivan y tomar la ruta. Trece largas horas de esto, con mucho aire acondicionado (tanto que el conductor, en vez de apagarlo o bajarlo, decidió abrigarse con una campera), cero farangs y mucha lluvia, mi primera lluvia desde que llegué a Asia.

Mi plan era llegar a Penang a eso de las 8 de la noche, llamar a Chin Chin, mi anfitriona de Couchsurfing que me iba a alojar, e ir para su casa. Pero mi plan incluía bajarme de la combi en la terminal, tomarme el ferry para cruzar de Butterworth a la isla (remarco lo de ISLA) de Penang, bajarme en la estación de Georgetown (el centro histórico de Penang) y de ahí tomarme el transporte público a lo de mi anfitriona.

Tenía todo calculado.

Entonces cuando el conductor de la minivan frenó frente a un local de comida china, en medio de la inundación provocada por la lluvia, me abrió la puerta y me dijo en tailandés que me bajara, empecé a sospechar que algo no andaba bien. ¿Será que me quedé dormida y cruzamos en el ferry arriba de la camioneta? ¿Tengo que hacer noche acá, quién sabe dónde, y seguir mañana hacia Penang? ¿Quizás el pasaje que compré en Tailandia ya no sirve acá? ¿O acaso estamos en Malasia o nos desviamos y caímos en China?

¿Dónde estoy?

El conductor no supo responderme, todo lo que me decía era “This is your stop, you get down here“. Claro, en medio de la lluvia, de noche, rodeada de gente que tal vez ni habla inglés, sin saber dónde estoy. No señor, no me bajo nada.

Pero los ángeles existen… O al menos creo que what goes around comes around (lo que va, vuelve)

Volviendo a la escena, ahí estoy, en medio de alguna ciudad (todavía en la minivan porque me negué a bajarme), sin manera de poder comunicarme con Chin Chin y sin un peso malayo encima (estaba en Malasia, eso sí, porque me sellaron el pasaporte, pero hasta ahí sabía).

En la misma camioneta que yo viajaba una familia de Indonesia: un chico, sus padres, sus abuelos. Habían venido a Malasia para recibir atención médica, iban a pasar la noche en Penang y al día siguiente volarían de regreso hacia Jakarta. Vieron la situación y me ayudaron: el papá me prestó su celular para que llamara a mi host (anfitriona en el lenguaje Couchsurfing), pero como no pude comunicarme me dijeron que me bajara con ellos en la parada de su hotel para no quedarme sola de noche en la ciudad (estaba en Penang, sí, me lo confirmaron, pero en qué parte, cerca o lejos de lo de Chin Chin, nadie sabía).

Intenté comunicarme otra vez con Chin Chin (que, by the way, es china-malaya), pero me atendía un contestador que me decía muy amablemente que el celular al que estaba llamando le faltaba un número.

El último colectivo público hacia su casa salía a las 22.30 y ya eran las 22. Un taxi hasta su casa me costaría unos 45 ringgits (13 dólares), pero tenía miedo de llegar y que no estuviera ahí, o que Couchsurfing (CS) fuese en realidad una organización internacional de venta de órganos y yo una inocente víctima.

Nos bajamos de la combi y Van Kenny, el chico indonesio, me acompañó al shopping al lado de su hotel para cambiar plata: todas las casas de cambio estaban cerradas.

Fuimos al cajero: no me aceptaba la tarjeta.

Volví a llamar a Chin Chin: me faltaba un número para poder comunicarme.

Quería ir a un hostel: no tenía idea de dónde estaba parada ni adónde podía ir.

Quería tomarme un colectivo: ¿monedas? menos que en Buenos Aires.

Quería tomarme un taxi: me dijeron que por las dudas no me tomara un taxi sola de noche.

Listo, ¿podré dormir en la puerta de su cuarto? ¿o encima de la alfombra del baño?

Van Kenny sacó 50 ringgit y me los dio.

– Mañana me vuelvo a Indonesia, esta plata ya no me sirve, quedatela.

– No, te la cambio por dólares.

– No, por favor.

-Bueno, cuando esté en Jakarta los invito a todos a cenar.

Mientras decidía mentalmente qué iba a hacer de mi vida aquella noche, me invitaron a cenar con ellos al mercado local. Los indonesios y yo: esa loca que andaba con cara de perdida por algún lugar de Asia. Comimos algo muy rico, que jamás sabré qué era. Les conté que era de Argentina, que escribía un blog. Todos en ronda empezaron a decirme sus nombres, “para que nos menciones en tu blog“. Llamaron por teléfono a una amiga indonesia que vivía en Penang para que me llevara en su auto a buscar alojamiento barato. Así que me despedí y nos fuimos, la indonesia y yo: esa argentina que no tenía dónde quedarse una noche de lluvia en una isla de Malasia y confió en una familia de Indonesia.

Finalmente encontré un lugar decente y barato manejado por un hindú. Chinos, hindúes, indonesios…

Estoy en Malasia, ¿no? Por ahora no vi ningún malayo… Creo.

Desensillé en el cuarto, me conecté a internet y todo se solucionó.

Encontré el número que le faltaba al celular de Chin Chin, la llamé para avisarle que iría a su casa el día siguiente y dormí con todo el agotamiento del mundo. A la mañana siguiente vino a buscarme Julio, un chico mexicano que también se estaba quedando en lo de Chin Chin, junto con Rizuan, un malayo musulmán, que nos llevó a recorrer toda la isla en su auto, nos presentó a sus amigos chinos y malayos, nos invitó a una reunión de musulmanes en su barrio, nos infiltró en el mercado local, nos hizo probar todas las comidas típicas en un solo almuerzo, nos sugirió que nos contactáramos con otro couchsurfer malayo-chino, quien a su vez nos presento a un hindú-malayo que baila salsa cubana…

¿No les digo que cuando un viaje se pone bueno, todo empieza a pasar mucho más rápido?

Con Van Kenny, mi nuevo amigo indonesio, cenando en el mercado de Penang

Con Julio, mi amigo mexicano, comiendo durién en el mercado local

Julio y yo en un almuerzo musulmán

Rizuan y su amigo en el mercado

Linggish, el indio que baila salsa, tomando un té con nosotros

 

Cenando con couchsurfers

[box type=star] Algunos enlaces útiles (y descuentos) para que planees tus viajes:

[wc_fa icon=”hotel” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Alojamiento: te dejo [eafl id=”21127″ name=”Airbnb” text=”25 euros de regalo”] para tu primera reserva en Airbnb.

[wc_fa icon=”ticket” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Vuelos: buscá pasajes aéreos al mejor precio con [eafl id=”22601″ name=”Vuelos Skyscanner” text=”Skyscanner”]

[wc_fa icon=”book” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] ¿Querés leer algo inspirador antes de viajar? ¿O llevarte un libro o guía a tu viaje? ¡Pedilo por [eafl id=”21091″ name=”Book Depository (general)” text=”Book Depository”]! (el envío es gratis a cualquier lugar del mundo) O leé alguno de mis libros ;)

[wc_fa icon=”pencil” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] ¿Pensando en abrir un blog de viajes? Si buscás un hosting, te recomiendo [eafl id=”22613″ name=”Siteground” text=”Siteground”]. Y si querés aprender sobre escritura de viajes, sumate a alguno de mis talleres de escritura y creatividad [/box]

Ko Phi Phi: hacer turismo vs. viajar como un local

Dejé atrás Ko Phangan, el paraíso de los israelíes y los ravers, y llegué a mini Europa.

Esta vez, la estadística poblacional de Ko Phi Phi sería la siguiente: de cada 100 personas, 40 son tailandeses, 35 son europeos/australianos, 20 son asiáticos, 5 son latinoamericanos. El pueblo de la isla es mínimo y obviamente jamás logré orientarme del todo bien. Llegué sin hostel y encontré uno por 250 baht la cama (casi 8 dólares), el más barato de la isla.

Dejé mis cosas, me fui a dar una vuelta y cuando quise volver al hostel tardé unos 40 minutos en encontrar la calle. Ríanse de mí, este es el mapa del pueblo:

En mi defensa, quisiera aclarar que ninguna calle tiene nombre, todas son iguales y tienen los mismos restaurantes y locales de ropa, mi hostel no figura en ningún mapa y nadie es capaz de dar una buena indicación.

Cada vez que preguntaba cómo llegar a Anita’s Guesthouse me miraban y me decían “Oh yes, Oasis Bungalows, come with me“.

Una tarde estaba caminando por el pueblo y una chica de China me preguntó si sabía de algún alojamiento barato. Sí, si estás dispuesta a caminar hasta que encuentre mi hostel, te llevo… Y en ese largo trayecto en el que intenté disimular mi falta de orientación nos hicimos amigas. ¿Tenés Facebook? No, en China está prohibido. ¿Usás You Tube? Tampoco, pero tenemos una web que es una copia exacta. ¿Comiste rata alguna vez? ¡No! (con cara de asco). ¿China es caro o barato? China is so cheap! ¿Cómo te llamás? Journey. Y así estuvimos, derribando mitos y descubriendo nuestras respectivas culturas durante nuestros días en la isla.

Como nunca logré orientarme visualmente, desarrollé una capacidad auditiva interesante. Podría decir que el camino del hostel a TonSai Bay (una de las dos playas) estaba puntuado por voces. Ticket, ticket, where you go miss?, me decía el de la agencia de viajes de la esquina cada vez que pasaba por la puerta; Hello beautiful lady, would you like to try some delicious indian food (pronunciado más o menos así: Jalooou biutiful lei-di, wud iu laik to trai some delishios indian fuud), me preguntaba un hindú cada vez que doblaba la esquina y me chocaba con su restaurante; Thai masaaaash… come in…, me ofrecían las mujeres en la puerta de sus “peluquerías” de masajes, y eso me indicaba que tenía que doblar a la izquierda; Hey, want a thai tattoo?, intentaban convencerme los tailandeses, tatuados y llenos de aros, tengo que seguir derecho; Snorkeling tour lady, me estoy acercando al muelle; Kha – kha (yes yes), escuchaba a las tailandesas almorzando en el mercado local, ya falta poco; Care to dive while you’re here, mate?, repetían incansablemente los australianos a cargo de un dive shop, ya casi estoy en la playa; Boat-boat, Long Beach, where to?, ah… llegué.

Y de noche, alguien daba vuelta el casette y los sonidos cambiaban, guiando a la gente hacia la otra orilla. Pi Pi!, decían los tailandeses que andaban en bici y no tenían bocina para pedir permiso y pasar entre la gente; Hey ladies, if you come to our bar, free buckets at 10.30, intentaban reclutar los británicos para un bar; Free drinks with this flyer, 2 for 1 all night guys, Ladies night and fire show at Carlito’s, ofrecían acá y allá; I can give you real thai massage, seducían los tailandeses; I gotta feeling, that tonight’s gonna be a good night… I’m coming out of my cage and I’ve been doing just fine… My humps my humps my humps… I’m on tonight because my hips don’t lie…, música, estoy cerca de la playa nocturna. Y a lo lejos, el aro de fuego. Llegué a LohDaLum Bay, acá está la acción.

Como notarán, en Ko Phi Phi (o “PP”) el idioma oficial es el inglés. Nada de español, ¿qué es eso? Mucho sawatdee, mucho khob-kun-Ka (hola y gracias en thai) y demasiado English. Es el precio de ser un destino turístico tan popular, quiérase o no, la autenticidad se pierde y todo pasa a ser para el turista. Así que decidí incursionar en el maravilloso mundo de Couchsurfing.

Para quienes no conocen esta organización, paso a explicar.

Couchsurfing es una comunidad online conformada por casi 2 millones de personas provenientes de 237 países y territorios. ¿De qué se trata? Quien quiera participar tiene que registrarse, abrir una cuenta y escribir su perfil: es importante hablar de uno mismo, contar de dónde viene, qué hace, dónde vive, por dónde viajó, a dónde quiere viajar, cuáles son sus objetivos de vida y estar dispuesto a ofrecer su “couch” (sofá) a los viajeros o su tiempo para llevarlos a conocer su pueblo o ciudad.

Se trata de un intercambio de hospitalidad, de un encuentro de culturas y de personas y no de “una noche de hotel gratis” como muchos puedan pensar.Todas las personas que se alojen en la casa de otro couchsurfer o que se encuentren para tomar un café deben dejar una referencia acerca del otro, para que toda la comunidad pueda tener la seguridad de que la persona es de confianza y de que la experiencia fue positiva.

Me parece que la característica más valiosa de esta comunidad es que permite conocer los lugares a través de los ojos de un local: no es lo mismo dormir en un hotel, comer en un restaurante turístico y hacer un tour que hospedarse en una casa de familia, comer en los mercados o bares locales y salir a caminar con un nativo.

Yo estaba registrada hacia tiempo en esta comunidad pero nunca la había explorado demasiado. Después de pasar varios días como una turista en Tailandia decidí que quería empezar a conocer los lugares desde adentro, así que me dediqué a completar mi perfil y a contactar gente en Malasia (mi próximo destino).

Descubrí que hay personas que fueron hospedadas más de cien veces en decenas de países, hay otros que recibieron a más de 500 viajeros en sus casas, hay algunos que fueron nombrados “embajadores” de su ciudad y en general todas las referencias que leí son extremadamente positivas.

Argentina está número 19 en la lista de países más activos en CS (los top 3 son Estados Unidos, Alemania y Francia) y las ciudades más populares para realizar este intercambio son Londres, París y Berlín.

Así que Couchsurfing, bienvenido a mi viaje. Mi primera experiencia, en el próximo capítulo.

Actualización: después de muchos viajes me decidí a escribir una Guía de Couchsurfing con toda la info recopilada.

[box type=star] Algunos enlaces útiles (y descuentos) para que planees tus viajes:

[wc_fa icon=”hotel” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Alojamiento: te dejo [eafl id=”21127″ name=”Airbnb” text=”25 euros de regalo”] para tu primera reserva en Airbnb.

[wc_fa icon=”ticket” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Vuelos: buscá pasajes aéreos al mejor precio con [eafl id=”22601″ name=”Vuelos Skyscanner” text=”Skyscanner”]

[wc_fa icon=”book” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] ¿Querés leer algo inspirador antes de viajar? ¿O llevarte un libro o guía a tu viaje? ¡Pedilo por [eafl id=”21091″ name=”Book Depository (general)” text=”Book Depository”]! (el envío es gratis a cualquier lugar del mundo) O leé alguno de mis libros ;)

[wc_fa icon=”pencil” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] ¿Pensando en abrir un blog de viajes? Si buscás un hosting, te recomiendo [eafl id=”22613″ name=”Siteground” text=”Siteground”]. Y si querés aprender sobre escritura de viajes, sumate a alguno de mis talleres de escritura y creatividad [/box]

Privacy Settings
We use cookies to enhance your experience while using our website. If you are using our Services via a browser you can restrict, block or remove cookies through your web browser settings. We also use content and scripts from third parties that may use tracking technologies. You can selectively provide your consent below to allow such third party embeds. For complete information about the cookies we use, data we collect and how we process them, please check our Privacy Policy
Youtube
Consent to display content from Youtube
Vimeo
Consent to display content from Vimeo
Google Maps
Consent to display content from Google