Desafío Serbia Croacia #9: no comer pizza

La pizza me parece un alimento glorioso. Me encanta en todos sus formatos: la pizza a la piedra, la de molde, amasada en casa, a la parrilla, la de ayer, la recién hecha y la de Güerrín (una pizzería muy famosa de Buenos Aires), que chorrea muzzarella por los costados. Y si no hay otra cosa, también acepto pizza congelada o de cadenas de fast-food, esas que vienen con los bordes todos blandos y rellenos de queso gomoso. La pizza es infalible: sirve de cena o de snack, se puede comer al paso o en reuniones, con la mano o con cubiertos (aunque no lo recomiendo, la pizza se come con la mano).

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Mis preferidas son la de muzzarella y fugazzeta, pero acepto la que venga —excepto la pizza con pedazos de albóndiga o con sardinas, eso ya me parece mucho—. Lo que sí, soy fan de una pizza tan polémica como el mazapán: la hawaiana, pizza con jamón, muzzarella y ananá (y si tiene palmitos y salsa golf mejor). Todavía no conozco el paraíso de la pizza (léase: Italia) pero creo que en Argentina estamos bastante bien.

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¿Por qué no comer pizza en este viaje, entonces? Porque sabíamos que tanto en Serbia como en Croacia la pizza estaría por todos lados y sería la salida fácil y económica al hambre, y no es que quisiémos gastar mucho en comida, sino que estábamos dispuestas a probar otras cosas. Qué curioso: cuando estaba viajando por Asia y quería darme un gusto occidental, pedía pizza. Allá no había mucho queso ni pan así que la pizza era un lujo caro —en comparación con los precios de los platos locales—. Esta vez, el objetivo no sería encontrarla sino evitarla.

Antes de viajar me armé una lista de todos los platos que quería probar. Decía algo así:

[box type=”star”]Serbia:

Plescavika: varios tipos de carne (al menos dos de los siguientes: cerdo, vaca, cordero) hechos hamburguesa, a la parrilla y con acompañamientos. Uno de los platos típicos de Serbia.

Cevapi: otro plato nacional que llegó a los Balcanes durante el período otomano. Es similar al kofte kebab turco, a base de carne picada (de vaca, cordero o cerdo), servido con cebolla, crema, queso cottage, kajmak (producto lácteo hecho de leche de búfalo, vaca, oveja o cabra), ajvar (pasta de pimientos rojos) y sal.

Burek: empanada o pastel elaborado con yufka (masa filo) y relleno con queso, carne picada o verduras.

Gibanica: pastel tradicional hecho con queso blanco y huevos. Se sirve de desayuno con yogur natural, también se come durante eventos tradicionales o celebraciones.

Punjena paprika (tradicional de Serbia y de Croacia): pimientos rellenos con carne, arroz y salsa de tomate.

Corbast pasulj: sopa o guiso de habas, cocinado lento, con cebolla y paprika.

Proja: un tipo de pan de maíz con queso blanco.

Riblja corba o fiš paprikaš (plato típico de Serbia y Croacia, aunque originario de Hungría): sopa picante de pescado de río.

Café turco: leer esta frase ya me emocionó: “In Serbia, for some, drinking coffee is a full-time job”. Para mí también debería serlo.

Croacia:

En esta lista fui más general, porque Croacia tiene todas las comidas que me gustan:

Comida de mar (lo que sea, algunas ideas: pulpo, calamar, camarones, atún, salmón)

Comida mediterránea: aceitunas, quesos, verduras frescas, fruta, platos fríos

Pastas. Muchas.

Helado.

Café.[/box]

Pero antes de que empiecen a salivar tengo que advertirles varias cosas: uno, así como soy barrilete y termino yendo a todos los lugares que no planeaba ir —y no voy a los que sí quería— soy igual con la comida. Me sería imposible hacerme un cronograma gastronómico y probar todo ya que casi siempre terminan decidiendo mi estómago, el azar y los precios. Dos, no me gusta tanto la carne, prefiero todo lo que provenga del mar, así que si tengo opción elijo eso, por eso no suelo comer muchos platos con carne. Tres, en los viajes donde la hospitalidad de la gente está presente, la comida lo elige a uno, más que al revés.

Esta fue nuestra ruta y así nos alimentamos en este #DesafíoSerbiaCroacia:

* Zagreb: café, dulce de leche, ñoquis y empanadas argentinas

Fue casualidad. En general no ando buscando comida argentina en otras partes del mundo ya que prefiero probar lo local y tengo la convicción de que nada se prepara tan bien como en su lugar de origen, pero si la comida argentina me encuentra, tampoco voy a decirle que no. Además, Croacia tiene mucha influencia italiana, al igual que Argentina, así que era lógico que estas cosas pasaran. En Zagreb solo faltaron las milanesas.

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Les voy a dar ideas de precios, por si vienen por estos lados. Un café como este, alrededor de €1,50 (con decoración y todo)

Los croatas son grandes bebedores de café. Yo también. De esa combinación solo podían salir cosas buenas.

En Croacia se consumen cinco kilos de café por persona por año. Allá las cafeterías no son lugares de paso sino puntos de encuentro, lugares de reunión donde se socializa frente a un café que se enfría tras tanta conversación. Esto es herencia del Imperio Austro-Húngaro y del Imperio Otomano, dos culturas muy tomadoras de café que tuvieron mucha influencia en Croacia. Yo feliz, porque una de mis actividades preferidas cuando estoy de viaje es hacer una pausa en un café y, si estoy sola, sentarme a escribir en mi cuaderno. En Europa, en general, una taza de café cuesta alrededor de un euro (depende del lugar).

Un croata me preguntó cuánto tiempo tardaba en tomarme un café:

—No sé, un rato… Me gusta tomarlo despacio.

—Yo puedo estar tres horas con una misma taza. Hace poco fui a tomar café con unos huéspedes de Estados Unidos y se lo tomaron enseguida.

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Si andan con nostalgia, el dulce de leche lo consiguen en el restaurante Mundoaka Street Food, en Zagreb. Como catadora de dulce de leche que soy (lo amo), me di cuenta de que la versión europea es un poco menos dulce y menos espesa que la argentina (allá somos muy exagerados con el azúcar). Este pote fue cortesía de Tom, el dueño del restaurante, y nos lo comimos a cucharadas, así que si pasan por ahí denle saludos de nuestra parte!

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Las empanadas son caseras y fueron cortesía de Dalma, nuestra guía en Zagreb, una croata nacida y criada en Argentina. Nos hizo de pollo y de carne y estaban buenísimas.

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Estos ñoquis estaban tan buenos como parecen. Este plato costó 44 kunas (€5,80) en un restaurante bastante turístico, así que seguro se consigue por menos.

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También pedimos estos ravioles con muzzarella gratinada al horno. No estaban tan buenos como en la foto. El precio fue el mismo que el plato de ñoquis.

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Dimos una vuelta por el mercado. La señora de la foto nos ofreció un pedacito de kukuruzni kruh (pan de maíz) para probar. Los mercados siempre son buenos lugares para comprar productos bien frescos y típicos de la región.

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Y otra de las vendedores nos ofreció unas fetas de fiambre picante.

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Este fue uno de nuestros desayunos en Zagreb, la capital de Croacia, en el Swanky Mint Hostel.

* Belgrado: ¿alguien dijo panaderías?

Belgrado me hizo acordar mucho a Buenos Aires —ya escribiré un post de la capital serbia y de todos los sentimientos de homesickness que me generó—. Ya sabía que en Serbia también hay mucha cultura del café, pero no esperaba encontrar tantas panaderías con tantas cosas ricas.

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Esta es la sección salada de la panadería

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Los pancitos de arriba son dulces, están rellenos de mermelada de durazno (Lau se hizo adicta)

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Si no me equivoco, esto es “beigli”, una torta húngara rellena de semillas de amapola

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Comida al paso: sandwiches por €1,50 o menos. La comida en Serbia es muy barata.

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Pancito relleno de queso fresco.

El pan es una de las bases de la comida serbia: al igual que en Argentina (donde comemos todo con pan), los platos que contienen arroz, pasta y papas también se acompañan con pan. Debe haber una panadería por cuadra, y la verdad que todo lo que probamos fue delicioso y muy barato.

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Un tipo de burek

Un tipo de burek

La comida serbia tiene raíces comunes con la gastronomía griega y turca, también tiene influencias Austro-Húngaras —sobre todo en los postres— y mantiene elementos de la antigua Yugoslavia. Uno de los platos más conocidos —y presente en toda la ex Yugoslavia— proviene del antiguo Imperio otomano: el burek o börek. Es una empanada o pastel hecha con masa filo y rellena con queso blanco, carne picada o verduras. Hay de varias formas, tamaños y presentaciones: en Serbia, por ejemplo, suele hornearse en una cacerola redonda y quedar con esa forma, mientras que en Bosnia la masa se enrolla. Hay bureks alargados, rectangulares, triangulares. cuadrados. Algunas panaderías modernas lo ofrecen relleno de papa, manzana o setas.

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Las kavanas (coffee houses, cafeterías) están por todo Belgrado. En realidad, esta costumbre está presente en toda la antigua Yugoslavia. Como dije, me encanta el café y me encanta el ritual del café, sola o acompañada. Pasamos varias horas en kavanas de Belgrado, descansando y escribiendo, y vimos cómo las mesas se iban llenando de grupos de amigos y conversaciones. Lo más común es tomar café turcopropio de Turquía y declarado Patrimonio de la Humanidad. Se prepara con café arábigo y tiene una consistencia mucho más espesa, casi como harina.

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Me quedó un corazón en la borra del café (este no es café turco, era un café con leche)

Esta fue una de las pocas veces que comí carne durante el viaje. Estábamos apuradas —creo que íbamos a algún walking tour— y teníamos hambre, así que buscamos algo rápido. Pedimos estas hamburguesas y nos gustaron tanto que volvimos al día siguiente por más.

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Precio: menos de 3 euros

Cuando me enteré de que en Belgrado había un bar de hummus me emocioné. En Budapest me la pasé comiendo falafel y nunca volví a encontrar uno tan rico, hasta Belgrado. Me encanta la comida de Medio Oriente, amo el hummus (pasta de garbanzos), el falafel (albóndigas de garbanzo), el pan pita y todo lo que se pueda combinar con esos ingredientes. En Belgrado comimos este pita relleno por solo 200 dinares (menos de 2 euros).

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Los chicos del Hedonist Hostel Belgrado nos regalaron dos de estas Krem Banana, la versión serbia de la Bananita Dolca.

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Y antes de irme de Belgrado recibí una sorpresa: ¡tengo una lectora serbia! Jelena me mandó un mail y me invitó a tomar algo con ella. Yo propuse café, pero ella sugirió algo más original y muy local: un Plazma Shake. Las Plazma son unas galletitas similares a las Okebon de leche, y para este trago/postre se las licúa junto con leche, helado, chips de chocolate, siropo de caramelo o chocolate y crema batida.

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* Subotica: nunca me voy a cansar de estas ensaladas

Otra cosa que amo son las ensaladas, ideales para los días de calor.

No sé cómo descubrimos la Šopska salata (quizá fue el azar del día S) pero pasó a liderar el ranking de platos que más veces comimos en este viaje. La shopska es originaria de Bulgaria (también se llama Ensalada Búlgara), pero se sirve en todos los Balcanes y Europa Central. Se prepara con tomate, pepino, cebolla, pimientos y queso blanco (llamado sirene). Se acompaña con sal y un poco de aceite de oliva o de girasol.

La shopska se inventó en 1960 como parte de una acción de promoción turística. Durante la época del socialismo en Bulgaria, varios chefs de Balkanturist —el operador turístico más antiguo de Bulgaria, al principio al mando del estado— crearon ensaladas asociadas a diferentes regiones: la Macedonian, Dobrujan y Thracian Salad, entre otras, pero solo la Shopska Salada —originaria de la región de Shopluk— sobrevivió. De Bulgaria se extendió a otros países y hoy es el plato más reconocido del país.

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La shopska salad. En Serbia la comimos por menos de €2, en Croacia costaba de €2,50 para arriba.

La ensalada griega es otro clásico de esta región. Tiene tomate, pepino, pimiento, cebolla roja, aceitunas negras, sal, pimienta negra, orégano, aceite de oliva y queso feta. Muy refrescante.

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Esta ensalada costó 230 dinares (menos de €2)

Podría vivir a base de entradas: la sopa es otra de mis comidas preferidas. En este caso, sopa crema de champignones, aunque un poco líquida para mi gusto (la sopa crema me gusta más espesa).

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Precio: 180 dinares (€1,50)

Habíamos ido a Subotica —la ciudad más húngara de Serbia— con idea de probar platos húngaros, pero terminamos comiendo ensaladas.

* Mokra Gora: larga vida a los buffets baratos

Los buffets son un buen invento para quienes comen mucho. Si bien soy de buen comer, en general no me rinde ir a estos tenedores libres porque: a) como tanto que después no me puedo mover y me siento mal, b) gasto de más y al tercer plato ya me llené.

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El día que visitamos Drvengrad —el pueblo construido por Kusturica— se nos hizo tarde y cuando quisimos ir a cenar nos dimos cuenta de que estábamos en un pueblo donde todo cerraba temprano. Un poco resignadas, dimos una vuelta por los restaurantes de Drvengrad creyendo que todo iba a ser muy caro, pero tuvimos una sorpresa: buffet por 600 dinares (€4). Así que entramos a llenar los platos: ensalada, guiso, carne, pescado, pasta de pimiento, aceitunas, queso fresco. Esa noche dormimos como bebés.

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* Zlatibor: debería haber puestos callejeros de panqueques en todo el mundo

Hay comidas que se venden solas. Si voy caminando por la calle y siento olor a panqueques con dulce de leche, yo freno. En varios países de Europa encontré puestos de crepes y de palacsinta (panqueques húngaros) en la calle, y la verdad que me parece un gran invento vender esto en las veredas, sobre todo los domingos (los domingos son días de panqueques).

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Este panqueque doble con Nutella nos costo 260 dinares (€2,10)

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Gentilmente preparados por esta señora que tenía una máquina fantabulosa para estirar la masa sin esfuerzo y hacer el panqueque. Otra que la trenmetrocicleta (o no sé cómo es que se llama eso, pero para mí tiene nombre de máquina para hacer panqueques).

Caímos en Zlatibor haciendo autostop desde Mokra Gora. No sé si es porque era domingo, pero nos pareció una ciudad rara. Zlatibor está a 1000 metros de altura y es un resort de invierno. En primavera, que es cuando fuimos, había nenas montando unos unicornios con ruedas —lo juro, va en un próximo post de fotos—, souvenirs que no sabemos quién compra —pelucas violetas y guantes (?) para partes del cuerpo que no ven el sol—, castillos inflables y puestos de pochoclos. Todo muy de feria.

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Le pregunté a este señor si podía sacarle una foto y quise comprarle una manzana, pero cuando se la iba a pagar me dijo que no y me la regaló.

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Otra cosa que vimos por todas partes durante este viaje: los puestos callejeros de frutas. Acá es época de cerezas y están buenísimas.

* En el tren: pedimos algo para comer y nos trajeron esto

Fue en el último tren que tomamos en Serbia. Llegamos con el tiempo justo y no desayunamos pensando que en el tren habría un vagón comedor, pero no. Tampoco nos daba el tiempo para bajarnos y comprar comida porque el tren ya se iba. A mitad de camino, Lau habló con el señor que pasaba vendiendo café y lo convenció de contrabandear comida para nosotras. Le dimos los últimos dinares que nos quedaban y le pedimos algo que nos comprara algo para poder hacernos sandwiches. Recibimos un pedazo de pan, tres yogures y una bandeja de salame. La intención es lo que vale, así que igual lo comimos contentas, pero nos quedamos con un poco de hambre.

* Kastav: la comida de mamá

Creo que todos estamos de acuerdo en que no hay mejor comida que la que prepara una madre —que no tiene por qué ser la propia, con que sea madre alcanza—. Podés ir al mejor restaurante de la zona, pero la comida hecha en casa tiene otro sabor. Sin miedo de caer en cursilerías —aunque voy a caer— me animo a decir que la comida materna es tan rica porque está hecha con amor.

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En Kastav, un pueblo croata muy cerca de la costa, decidimos hacer Couchsurfing. La que nos recibió en su casa fue G., madre de dos chicos. El perfil estaba a nombre de uno de sus hijos, de 16 años, pero la verdadera couchsurfer era ella, la mamá. “Me encanta viajar y sueño hacerlo así como ustedes, pero ahora con mis hijos no puedo, por eso quiero recibir gente en casa, porque es un poco como viajar. Le pedí a mi hijo que se abriera el perfil porque yo no hablo bien inglés y, además, ¿quién va a querer quedarse con una mujer de 40?”. ¡Nosotras! Estar unos días con ella fue como estar en casa.

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Pasamos largas horas sentadas en la mesa de su jardín, rodeadas de flores, comiendo y charlando. Nos contó que la casa en la que vive la construyó con su marido, e incluso nos mostró el álbum de fotos en el que se veía cómo el terreno pasó de ser un bosque a ser un hogar.

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Todos los días nos cocinó algo distinto y, si bien le pedimos que por favor no trabajara para nosotras y le dijimos que podíamos cocinar, ella insistió: “Ustedes son mis huéspedes y a mí me hace feliz prepararles comida”. La hospitalidad es bidireccional: también hace feliz a quien la da.

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Fue difícil irse de su casa. Más allá de la comida, fue lindo tener los cuidados de una madre por unos días.

* Autostop y chipirones

Durante este viaje nos movimos mucho en tren pero también hicimos bastante autostop, sobre todo para tramos más cortos. Hubo un día que fue bastante agotador: esperamos horas bajo el sol a que nos levantaran, todos los conductores del día se pusieron de acuerdo en decirnos que lo que estábamos haciendo era muy peligroso y que que cada tantos años había noticias de chicas asesinadas en la ruta, después nos levantó un camionero que me puso muy incómoda porque me miraba las piernas así que le pedimos que nos dejara antes, tuvimos que esperar el tren como cinco horas en una estación vacía de madrugada, y así.

Y como soy de las que usan la comida de consuelo, esa noche sentí que me debía algo rico y me pedí un plato de algo que me enloquece: chipirones (calamares) a la plancha.

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Precio de este plato: 47 kunas (€6). Mucho más barato y abundante que en Francia, que es mi parámetro en este momento (en Biarritz y todo el País Vasco se sirven mucho los chipirones, pero un plato cuesta arriba de €10)

* Split: un tour gastronómico fallido que terminó mejor de lo que esperábamos

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Cuando llegamos a Split hacía 38 grados a la sombra. Lo bueno es que estábamos al lado del mar, lo malo es que la costa mediterránea de Croacia es muy turística y bastante cara. Una de las primeras cosas que hicimos fue tomarnos un batido de frutas. Después, mientras buscábamos alojamiento, hicimos una pausa para tomar un café y usar el wifi.

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El café era orgánico y delicioso, y como a las chicas del local les caímos bien nos regalaron dos vasitos con helado artesanal.

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Conseguimos un USE-it map de Split (me encantan porque están hechos por gente local, con recomendaciones y lugares por fuera del circuito turístico tradicional) e hice una lista de los lugares por los que quería pasar. Entre ellos anoté una cantina que al parecer preparaba la mejor ensalada de pulpo y un local de degustación de aceitunas. Así que la primera noche salimos en busca de ambos en plan tour gastronómico. El lugar del pulpo estaba cerrado y el de aceitunas en realidad no era de aceitunas sino de aceites de oliva (en mi emoción solo leí olive y no leí la parte de oil, y enseguida le dije a Lau ¡hayunlugardeaceitunastenemosqueir!).

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Yo me esperaba algo así pero con cincuenta tipos de aceitunas.

Me desilusioné un poco y me agarró una pereza que suele aparecer cuando como afuera muy seguido: me cuesta elegir dónde sentarme a comer porque un lugar me parece caro, el otro no me tienta, acá no hay lugar, allá está muy vacío, este no tiene el plato que quiero, este no me gusta y un largo etcétera. Cuando estoy cansada, sobre todo, me pongo quisquillosa.

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Este plato costó 50 kunas (€6.60).

Pero al final el falso tour gastronómico terminó bien. Encontramos un lugar que parecía bastante local —Split es muy turístico— y comimos estos riquísimos pimientos rellenos con puré de papas y una ensalada de pulpo. Viva el puré de papas, cómo me gusta.

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Ensalada de pulpo: 60 kunas (casi €8). Compartimos ambos platos.

Gracias al mapa también encontramos un lugar de comida vegana así que al día siguiente almorzamos ahí.

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* Milna: los sandwiches de jamón y queso también son gastronomía viajera

Creo que no hay comida más viajera que los sandwiches preparados en la vereda o en el pasto. A veces suelen ser la opción más barata y la verdad es que siempre te salvan, pero después de vivir cinco días a base de sandwich me termino cansando. En este viaje no apelamos tanto al sandwich salvador porque la comida en general era barata, pero hubo un día que nos la pasamos de picnic.

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Fue en la isla de Brac, en Croacia, donde hicimos Couchsurfing en un velero estacionado sobre tierra. Nos dijeron que a media hora de caminata había una playa de agua turquesa así que ni lo dudamos: salió picnic a orillas del mar. Fue un picnic medio caro, eso sí, porque el único mercado que había cerca era el de la Marina y la verdad que se emocionaron un poco con el monopolio (más tarde, cuando fuimos a otro super, nos dimos cuenta de que habíamos pagado casi el doble por todo). Compramos lo mínimo indispensable: pan, jamón, queso y un pepino. Armamos sandwichitos, nadamos en el mar turquesa y dormimos una siesta épica sobre las rocas.

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A la noche encontramos el otro super, agregamos un par de cosas más e hicimos el picnic de cena: pan, jamón, queso, tomate, mozzarella, pickles, tomate, pepino, choclo, queso untable, banana, yogur. Entre las dos compras, gastamos unos €12 entre las dos. Caro, comparado con los precios anteriores. Pero hay que tener en cuenta que estábamos en una isla, donde las cosas siempre son un poco más caras, y que cuanto más te acercás a Split y Dubrovnik, más se empieza a encarecer todo.

* Dubrovnik: listo, me terminé el atún, apagame la música

Dubrovnik fue nuestra última parada, así que decidimos pasar tres noches ahí para relajarnos un poco y poder conocer la ciudad, las playas y los alrededores con más tranquilidad. Nunca nos imaginamos la horda de turistas que nos encontraríamos dentro de la ciudad amurallada. Ya sé, es uno de los lugares más lindos de Croacia, es el escenario de Game of Thrones, tiene buena comida y playas turquesas, pero ohdiosmío, cuánta gente. Hace mucho que no estaba en una ciudad tan visitada.

Una foto-adelanto de Dubrovnik (se viene un post fotográfico del viaje, pero no ahora porque este ya está demasiado repleto)

Una foto-adelanto de Dubrovnik (se viene un post fotográfico del viaje, pero no ahora porque este ya está demasiado repleto)

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En una de las tantas panaderías compramos burek relleno de papa.

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Una mañana salí a caminar temprano (antes de las 7 am) y pude ver los preparativos del mercado de frutas, verduras y flores.

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La comida mediterránea estaba por todas partes. Y la pizza también.

El último día tuvimos una invitación muy especial: ExperienceDubrovnik, la oficina de turismo de la ciudad, nos dio la bienvenida con una visita guiada por el centro histórico y un almuerzo de cortesía. Dejamos que nuestra anfitriona eligiera los platos, así que probamos varias cosas típicas de la región.

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Este jamón que estaba espectacular.

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Una tabla con varios tipos de quesos. Delicioso. Ya dije que me encanta el queso.

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Carpaccio de pulpo

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Ensalada capresse

Esta ensalada que me encantó: manzana verde, nueces,

Esta ensalada que me encantó: manzana verde, nueces, lechuga y pasas de frutos rojos.

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Y filet de atún con semillas de sésamo.

Listo, era lo que me faltaba para dar por terminado el tour gastronómico. Me fui con la panza llena.

* Para todo lo demás, existe el rakija

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“El rakija sirve para todo: si te duele la cabeza, si estás mal de la panza, incluso si tenés fiebre te ponés un pañuelo con rakija en la frente…”, nos dijo un croata.

El rakia es un brandy de frutas que suele tener 40 por ciento de graduación alcohólica, pero que hecho en casa tiene de 50 a 90 por ciento. Es la bebida nacional de Albania, Bosnia y Herzegovina, Bulgaria, Croacia, Macedonia, Montenegro y Serbia, aunque cada país tiene sus variantes y costumbres para tomarlo. En general se produce a base de ciruela, damasco o uvas. En Croacia es la bebida espirituosa más popular, y cada región tiene su variedad: con mrtina, con nueces, con miel. Serbia es la nación que más rakia produce y consume en el mundo.

Se toma en vasos pequeños y también se puede servir caliente, con miel o azúcar y especias, sobre todo en invierno. Es la bebida más popular de la región y les aseguro que no se van a ir sin probarlo. El problema es que es muy rico… Al principio me recordó al palinka, el brandy húngaro, no tanto por su sabor sino por eso de que cura todo. Una vez estaba en Budapest, en lo de mi familia, y les dije que me dolía la panza. Me dieron un vaso de palinka y se me pasó. El rakia tiene el mismo efecto.

* Posdata: sí, comí pizza y no me arrepiento

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Eso. Comí pizza. Varias veces. Enteras y en porciones. Con jamón, con ananá, hasta con pedazos de maíz. Y lo volvería a hacer.

[box type=”star”]Este post forma parte de la serie Desafío Serbia Croacia, un viaje en conjunto con Lau de Los Viajes de Nena. Nos fuimos tres semanas a Serbia y Croacia con diez desafíos por cumplir, y los relatamos en nuestros blogs, yo los impares y ella los pares. Pueden leer el Desafío #10: Poder gritar a los cuatro vientos “This is Croacia” en el blog de Lau. Con estos posts terminamos la serie, aunque aún quedan cosas por compartir. Estamos preparando una guía práctica por si quieren hacer un viaje por la región, así como fotoposts y mini-desafíos. Agradecemos el apoyo de Eurail en este viaje de desafíos.[/box]

Fotorrelato: las comidas y costumbres gastronómicas asiáticas que más extraño

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Pienso en Asia y pienso en comida. ¿Te acordás de la vez que volviste a Malasia solo para comer más roti canai? ¿Y del postre de mango por el que te tomaste como tres combis y atravesaste Jakarta? Y el pan de sal de Filipinas, por favor ese pan. Perá, ¿y el pad thai que te prepararon en la estación de tren de Bangkok? Uff, el mejor de mi vida y solo por 20 baht (0.50 usd, en ese momento). ¿Y las comidas comunitarias en China? Ese tofu, por dios. Como viajé sola, estas conversaciones las tengo conmigo misma. No se preocupen que estoy bien. Bah, más o menos, cada vez que veo fotos de la comida asiática considero la posibilidad seria de volver, instalarme y dedicarme a ser tester de sabores.

Cuando me dijeron, antes de viajar, que lo mejor de Asia era la comida sentí que ese no iba a ser un aspecto muy relevante en mi viaje. Antes de Asia yo no comía nada con picante, casi no usaba pimienta y la variedad de comidas que había probado no era demasiado amplia. Siempre me gustó comer, pero no pensé que podía hacerlo con tanto fanatismo y entusiasmo como en el Sudeste Asiático: cada día era una oportunidad para probar un plato distinto. “Acá todo tiene que ver con comida”, me dijeron malayos, filipinos, indonesios, tailandeses, chinos. It’s all about food. Y es cierto: cualquier excusa es buena para reunirse con amigos o familia a comer. La comida se cocina en la calle y hay puestos en todas partes, así que es imposible no tentarse. Pasé casi un año y medio viviendo y viajando por Asia, así que probé más platos de los que recuerdo. Estos son algunos de los que más extraño. Casi no puedo ver estas fotos: se me hace agua la boca.

* Pollo thai con baby corn (Tailandia)

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No sé si el de la foto es la versión original y completa de este plato. El Gai Pad Yod Khao Podchicken thai with baby corn es un plato simple y rápido: en un wok se saltea el pollo y se le agrega cebolla y ajo, después, con el fuego un poco más bajo, se le pone el baby corn (los mini-choclos), hongos, salsa de pescado (o de ostras), azucar y pimienta. Se sirve con arroz.

* Char Kway Teow (Malasia y Singapur)

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Este es uno de mis platos preferidos y uno de los más populares de Malasia, si bien también se prepara en Singapur, Brunei e Indonesia. Char kway teow viene del Hokkien —dialecto hablado por inmigrantes chinos en muchos lugares del Sudeste Asiático— y significa “tiras de pastel de arroz rehogadas”. Los ingredientes: fideos de arroz, salsa de soja, ají, gambas, berberechos, brotes de soja, cebolla china y huevos. Es un plato barato y se consigue en todos lados. Si lo habré comido.

* Laksa (Singapur)

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Ohpordios las sopas. Ohpordios los noodles. Esta foto la saqué en Singapur, pero el origen del plato es malayo y es uno de los más populares de la cocina peranakan —la fusión de cocina malaya y china—. Tiene un montón de variantes, aunque a grandes rasgos hay tres tipos:

1. Curry laksa: sopa de curry con leche de coco, tofu, bastones de pescado, gambas, berberechos y noodles. Se sirve con una cucharada de sambal —pasta de chili— y hojas de coriandro.

2. Asam Laksa: sopa a base de pescado con tamarindo, pescado, vegetales, menta, gengibre, fideos de arroz fino y pasta de gambas.

3. Sarawak Laksa: sopa sin curry con tamarindo, ajo, limón, leche de coco, tiras de pollo, camarones, coriandro y lima. Esta versión proviene de Sarawak, en la isla de Borneo.

* Roti canai (Malasia)

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Debo haber comido dos, a veces tres, por día mientras estaba en Malasia, y no exagero. Podría vivir a base de esto. Se pronuncia roti chanai y se sirve en todos los mamak stalls de Malasia —los mamak son los tamiles musulmanes malayos, descendientes de los indios que emigraron del sur—. Es un tipo de pan indio que se sirve con dhal —una salsa de lentejas— y otros tipos de curry. Se come con la mano y es ideal para el desayuno o como snack nocturno. Yo lo comería todo el día.

* El plato indio del día, servido sobre hojas de planta de banana

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Hablando de comer con la mano, extraño los comedores indios de Malasia —no digo de India porque no estuve por allá aún— donde por pocos ringgits te servían las verduras del día y te dejaban repetir todas las veces que quisieras. A veces las salsas eran tan picantes que se me caían las lágrimas mientras comía y eso me generaba ganas de comer más y más. Les habrá pasado.

* Bah, cualquier plato indio me viene bien

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Como este que comí en Singapur. Por algo es una de mis gastronomías preferidas.

* La comida Padang y la comida vegana (Indonesia)

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Me costó adaptarme a la comida indonesia: al principio me parecía demasiado picante y no tan variada como la malaya. De a poco fui encontrando mi huequito gastronómico. Si están en Indonesia les recomiendo que prueben la comida Padang: es la que aparece puesta sobre una pirámide de platos en la vidriera del restaurante. Suelen ser buffets, podés servirte lo que quieras y hay varios rangos de picante. Si van a Yogyakarta y quieren probar algo distinto a lo habitual —o son vegetarianos— pregunten por los puestos de comida vegana.

* El tofu en todas sus formas

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Me encariñé con el tofu, y allá lo cocinan tan bien. El tofu es algo así como un queso a base de leche de soja. Tiene una textura firme, aunque más blanda que el queso, es color crema y suele aparecer en el plato en cubos. Es originario de China aunque también se usa mucho en Japón y Corea, tiene muy pocas calorías, bastante proteína y hierro y casi nada de grasa: es una comida muy sana y un buen sustituto de la carne. En ningún lugar del mundo lo probé cocinado tan rico como en los restaurantes chinos.

* Las mezclas agridulces

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En Argentina suelen mirarme raro por comer pizza con ananá. No me importa: también como arroz con mango, arroz con ananá, arroz con pollo y pepino y todo lo que tenga sabores opuestos. Una de las mejores cosas de las gastronomías asiáticas es esa mezcla de gustos. Este es un plato indonesio muy sencillo: arroz, pollo, cebolla y pepino.

* El Pad Thai o su versión laosiana: el Pad Lao

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El plato de cabecera de la cocina tailandesa y uno de los más ricos que probé. Fideos de arroz salteados con huevo, salsa de pescado, salsa de tamarindo, pimiento rojo y brotes de soja, gambas, pollo o tofu, con un toque final de maní picado, cilantro y una rodaja de lima. Basta, se me hace agua la boca. La foto la saqué en Laos así que es una versión quizá alaosiada (?) del pad thai.

* Los noodles en todas sus formas

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No puedo no amar los noodles: son perfectos. ¿Qué son los noodles? Para simplificar digamos que es una pasta fina que puede estar hecha a base de arroz, harina o huevo y que se puede hervir, freír o cocinar en sopas y acompañar con todo lo que se les ocurra. Su origen es chino —dicen que existen hace más de 4000 años— pero todos los países asiáticos los usan entre sus ingredientes y lo adaptan a su paladar. A mí me gustan todos: en sopas, en ramen, con huevo, salteados, con pollo, picantes, al wok, con salsa de soja, instantáneos. Y lo que más me gusta: comerlos con palitos.

* Hablando de China, otras dos cosas que extraño: el arroz y las comidas comunitarias

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En este post cuento con mucho más detalle cómo es comer en China, pero si hay dos cosas que destaco y que extraño son el arroz y los platos compartidos. El arroz en Argentina no es muy popular: debe ser porque el arroz asiático casi no llega. En Asia hay decenas de variedades de arroz y las comidas no son comidas si no hay arroz en la mesa. Además, la gente se sienta a comer en grupo, por eso lo normal es pedir varios platos, ponerlos en el centro y probar de todo un poco. Con las chinas de la foto, tan amigas como nos ven, no fui capaz de cruzar ni una palabra, pero viajamos tres días juntas, comimos y paseamos como si fuésemos íntimas. La historia, junto con la de mi mes de viaje por China, está en este capítulo de mi libro.

* El ritual del té

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En China aprendí a tomar té sin azúcar y nunca más di marcha atrás. Ahí el té acompaña a todas las comidas y prepararlo es un ritual que tiene sus pasos e instrumentos. Una de las costumbres que más me gusta de las rondas de té es el golpecito que se da sobre la mesa con los dedos índice y medio para expresar agradecimiento a quien está sirviendo las tazas. Se cree que la costumbre se originó durante la Dinastía Qing, cuando el emperador Qian Long viajaba de incógnito por el imperio y los sirvientes tenían prohibido revelar su identidad. Una vez, en un restaurante, el emperador se sirvió una taza de té y llenó también la taza de su sirviente, este quiso arrodillarse y agradecerle pero al no poder hacerlo puso los dedos sobre la mesa y los dobló en señal de respeto, como si se estuviese arrodillando. Ese gesto se convirtió en un golpecito de agradecimiento.

* El pandesal (Filipinas)

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Todavía me acuerdo del día que probé el pandesal en Filipinas. No me lo esperaba, ya me había acostumbrado a pasar meses enteros sin comer pan —algo que en Argentina hacía todos los días— y había perdido un poco la fe: Asia tiene una gastronomía deliciosa, pero el pan casi no aparece. Filipinas, al haber sido colonia española y estadounidense —y un país que parece salido de otra región del mundo— tiene una gastronomía más parecida a la nuestra: pan, pastas, pizza, flan. Y pan. El pandesal (“pan de sal”) está hecho con harina, huevos, levadura, azúcar y sal, es blandito, es más dulce que salado y es una de las mejores cosas que me pasó después de meses sin pan.

* Parece pan pero no es pan: el onde-onde (Indonesia)

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Vamos pasando a lo dulce. Así de chiquita como la ven, esta bolita de onde-onde es un bocadito de felicidad. Es un dulce frito de origen chino que se hace a base de harina de arroz glutinoso —el arroz pegajoso—, se llena con pasta dulce de beans —nunca sé cómo traducir beans: ¿garbanzos? ¿habichuelas?— rojas o negras y se cubre con semillas de sésamo. Es crujiente por fuera y un poco gomoso por dentro. Lo amo. Se consigue en China, Japón, Indonesia, Malasia, Filipinas y Vietnam.

* Las galletitas de almendra de Macau

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Bueno, ahora sí estoy en mi salsa. Soy muy dulcera y todo lo que tenga almendras me puede —hola mazapán, hola macarons—. Las almond cookies o almond cakes son uno de los emblemas de Macau, una región china que fue colonia portuguesa. Casi todos los negocios del centro, cerca de las ruinas de la Catedral de St Paul, las venden como souvenirs. Les voy a confesar algo: pasé tardes enteras entrando a cada uno de esos negocios solo para probar las muestras gratis. No me pude controlar. Es una adicción. Soy adicta a las almendras.

* Y las egg-tarts (también en Macau)

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Macau, como les dije, fue colonia portuguesa hasta 1999 y una de las huellas más interesantes que quedó fue la gastronomía. La cocina macanese es una fusión de comida china y portuguesa, con sabores del Sudeste Asiático y América Latina, que solo existe en Macau. Y estas egg tarts que ven en la foto son la adaptación local de los pastéis de nata: un dulce de huevo típico de Portugal. Otra perdición. 

* Este postre taiwanés (probado en Kuala Lumpur, Malasia)

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Si me preguntan qué es esto les digo no sé. Una mezcla de hielo picado, azúcar y cosas dulces y blanditas. Se llama Bao Bing y tiene red azuki beans, mung beans, taro balls endulzado con azúcar o leche condensada. Seguro que así les queda mucho más claro. No importa, no hay que entender a la comida, solo disfrutarla.

* El mango lo (Kuala Lumpur)

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No sé si lo notaron, pero uno de mis países preferidos para comer es Malasia. Este postre lo comí varias veces en Kuala Lumpur: hielo picado, mango fresco y unas bolitas de gelatina. Sin son fanáticos del mango como yo es uno de los postres más deliciosos y refrescantes. Y barato, toda la comida callejera en Malasia es barata.

* El sumun: coconut milk sticky rice con mango (Laos)

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Este postre tiene todo lo que me gusta: sticky rice —el arroz pegajoso—, leche de coco, mango fresco y maní. Los laosianos comen arroz glutinoso como parte de su dieta principal: lo llaman khao niao, lo cocinan al vapor en canastos de bambú y lo usan para platos salados y dulces.

* Las frutas

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El Sudeste Asiático es un paraíso de frutas tropicales. Ahí probé algunas que ni sabía que existían y que pasaron a ser mis preferidas como estas dos: la fruta del dragón y el mangosteem. La fruta del dragón promete desde afuera: es rosa, parece una flor, es intrigante. Adentro es blanca —también hay una variedad violeta— y tiene un montón de semillitas negras. Tiene la contextura como de una pera mezclada con manzana. El mangosteem, en cambio, no dice mucho: tiene una cáscara dura y no es muy llamativo, pero no me da miedo decir que es la fruta más rica que probé en Asia. Le dicen la reina de las frutas por su sabor y su frescura. Por favor, si andan por allá, coman por mí.

En este post intenté describirle ambas frutas a una amiga que nunca las había probado: A qué se parece.

* Y otras cositas de colores

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Como estos helados.

O como este dulce de Singapur que siempre recordaré como “la goma de borrar color arco iris”:

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Me parece que voy a tener que volver para escribir la segunda parte de este post.

[box type=”star”]Si este fotorrelato te gustó, podés ver más acá. O si querés saber un poco más de cada gastronomía, te invito a pasar por algunos capítulos de “Comiendo por ahí”: Tailandia, Malasia, China, Indonesia. ¿Qué comidas asiáticas te gustan? Contame en los comentarios![/box]

Comiendo por ahí | Capítulo 3: China

Algunas aclaraciones antes de empezar esta aventura culinaria (?) por China:

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1. No probé perro, ni rata, ni cerebro de mono, ni patita de gallo, ni estómago de gato ni nada de todo eso que inmediatamente asociaron con China.

2. Cada provincia y región de China tiene una gastronomía (totalmente) distinta, así que las comidas que voy a mencionar acá deben ser una milésima parte de lo que entra dentro del término “comida china”. Además, en cada lugar probé algunas cosas, no todo, y muchas veces repetí el mismo plato, lo que achica aún más el ámbito de investigación de este post.

3. Sí, se come arroz con casi todo, pero no como plato principal sino como acompañamiento, así como nosotros mezclamos todo con pan, grisines, tostaditas o galletitas.

4. Si piensan viajar a China vayan practicando su destreza con los palitos. Todo se come con palitos y/o con cuchara.

5. Más que un post sobre platos de comida, quiero hablar sobre el comer en China como un ritual social.

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***

Cuando llegué a China pensé que ya sabía todo acerca de la comida china. Buenos Aires está lleno de deliveries chinos que te mandan esas tapers descartables gigantescos de chaw fan que parecen no vaciarse nunca y sobreviven dentro de la heladera por semanas. En (casi) todos los países del Sudeste Asiático que visité la comida china forma parte muy importante de la dieta, especialmente en lugares como Malasia y Singapur donde hay comunidades chinas muy grandes. Así que pensé que había probado todo.

Estaba equivocada.

Cuando llegué a Chengdú, primera ciudad que visité en China, capital de la provincia de Sichuan, sufrí el SCC: Shock Cultural Culinario.

* El desayuno misterioso:

En Chengdú viví cuatro días en la casa de una familia china. La primera mañana me encontré con un desayuno que no sabía cómo comer: un pan cocinado al vapor relleno de cerdo y ají, un huevo duro sin pelar y un bol lleno de leche. Cuando me senté a la mesa no sabía qué hacer. ¿Meto el huevo en la leche? ¿Eso es leche, no? ¿será de vaca o de cabra? ¿Me como el huevo así como viene? ¿Para pelarlo lo golpeo sobre la mesa o eso será mala educación?  Pará, ¿pero es un huevo duro, no? ¿o estará crudo?  Mirá si lo golpeo sobre la mesa y resulta que no está cocido… ¿La leche la tomo fría? ¿Le pongo café? ¿Me animo a pedir azúcar? ¿Como el pan con palitos o con la mano? Imagínense: primer día en la casa de una familia china súper tradicional, no quería hacer nada fuera de lugar. Además pensé: estoy en China, en la antípoda de mi país, seguro que acá se hace todo al revés que en Argentina. Así que metí el huevo en una servilleta y lo golpeé contra el piso, abrí el pan, le saqué el relleno, mezclé todo en la leche, hice un bollo con la mano, lo puse en el plato y me lo comí. MENTIRA. Le pregunté a Susie, mi anfitriona, cómo comer todo eso y fue exactamente como pensaba: mezclé la leche con café, me comí el pan con la mano, pelé el huevo duro, me lo comí. Fácil.

[singlepic id=2366 w=800] Lo que me encontré fue algo así aunque con el huevo duro en vez de frito

* El balde de noodles y las porciones XL:

Ese mismo día fui al supermercado para comprarme unos noodles (fideos) instantáneos y vi algo que me sonó raro. En Indonesia (o en cualquier otro país asiático) el contenedor de noodles deshidratados es un “vasito” de tamaño normal al que se le agrega algo así como 300 cc de agua caliente, en China el “vasito” tiene el tamaño de un balde de juguete y requiere algo así como medio litro de agua caliente. Y todo el packaging está escrito en chino, obvio. Así que hice ta-te-ti me compré el verde (adiviné bien, el único no picante en una provincia famosa por su gastronomía picante) y obviamente no lo pude terminar.

Esa misma noche, Susie (mi couch china) me llevó a comer a un restaurante. La pregunta fue: ¿pido un plato small o large? Como éramos dos le dije que pidiera algo small nomás, cualquier cosa si nos quedábamos con hambre podíamos pedir más. Cuando llegó el plato la miré con cara de que se habían equivocado y nos habían traído el extra-large. El plato ni siquiera era un plato sino casi una cacerola y tenía el diámetro de un disco de vinilo. Señoras y señores, eso es un plato tamaño small en China. Todas las porciones son ENORMES (al igual que todo en Chengdu). Más tarde me explicaron: en China la comida es una actividad grupal y todas las porciones están pensadas para compartir con varios comensales/amigos.

[singlepic id=2354 w=800] Uno de los platos que nos sirvieron (tofu).
Si bien en la foto no se percibe del todo el tamaño, les aseguro que era grande.

[singlepic id=2345 w=800] Las porciones están pensadas para compartir.
Y lo gracioso es que si vas a un restaurante SOLO, igual te sirven una montaña de comida.

* Dumplings y pan relleno al paso:

Caminando por Chengdú descubrí algunos de los desayunos típicos de la zona. Temprano a la mañana es muy común ver contenedores redondos como los de la foto, apilados uno encima del otro, con entre cinco y diez panes rellenos cocinados al vapor o dumplings (algo así como capelettis al vapor rellenos de carne de cerdo o pescado) adentro. Estos panes y dumplings se compran calentitos, recién hechos, y se comen en el momento. Una bolsita cuesta menos de un dólar y un pan relleno solo (un poco más grande que los pancitos) cuesta alrededor de 1 yuan (un dólar equivale a 7 yuans). Hay otra versión de dumplings que son los fritos y se preparan sobre una sartén-wok enorme.

[singlepic id=2353 w=800] Esta foto la saque una mañana en Dali (provincia de Yunnan)

[singlepic id=2362 w=800] Los pancitos rellenos calentitos

[singlepic id=2335 w=800] Este lugar lo encontré dentro del mercado de Kaili (provincia de Guangxi). Lo que se ve en la sartén son los dumplings fritos.

[singlepic id=2352 w=800] En Dali también probé este pan recién cocinado, sin relleno, solo pan.

* Sopa de arroz y sopa de noodles

En Kangding, allá donde conocí a las mujeres chinas de la minoría Yi, desayuné por primera vez la sopa de arroz junto con Eva y su mamá. Ya había probado el famoso porridge de arroz (parecido al arroz con leche), pero nunca como el de China. Este, lamento decirlo, me pareció un poco aguado y sin gusto, así que le puse azúcar y quedó mejor. Y por más habilidad que tuviera con los palitos, tuve que pedir una cuchara porque me resultó muy difícil y lento tomarme esta sopa agarrando granito por granito de arroz. Cometí el “error” de decirle a Eva que tenía “mucha” hambre: en China “mucha” significa MUCHA. Así que no solamente me pidió el bol de arroz y cuatro panes rellenos, sino que agregó también una enorme sopa de noodles que tampoco pude terminarme. Todo a las 8 de la mañana, aunque ya me acostumbré a comer este tipo de comida a esa hora.

[singlepic id=2355 w=800] La sopa de arroz…

[singlepic id=2340 w=800] y la sopa de noodles: un clásico de la mañana

* La importancia del arroz

En el lago Lugu, cuando viajé con las tres chicas chinas que no hablaban inglés, aprendí acerca de la importancia del arroz en las comidas. En los almuerzos/cenas, en general, no hay un plato principal sino que hay varios platos con distintos tipos de comida (tres o cuatro vegetales, dos o tres tipos de carne, una sopa). Cada comensal tiene su bol personal donde se sirve el arroz, y los 5-8 platos de comida se ponen en el medio y se comparten entre todos, no existe eso de “esto es mío, eso es tuyo”. El bol de arroz se sostiene sobre la palma de la mano izquierda y la comida se va sacando de los platos con los palitos; cada uno solamente “toca” la comida que va a comer, ya que con los palitos es más fácil agarrar cada pedacito de comida con precisión, sin tocar el resto. La comida levantada se pone dentro del bol de arroz y se come desde ahí con los palitos. La cuenta se divide en partes iguales entre todos, aunque en la cultura china es muy común que todos “se peleen” por pagar y uno termine pagando todo (a ellos les da “prestigio” ser quien paga).

[singlepic id=2333 w=800] Esta fue una comida en Lijiang, con mi amiga Tippi y la familia de su novio

[singlepic id=2337 w=800] Más comidas en Lijiang

Una vez cometí el error de pedirme un plato “para mí sola”. El colectivo había frenado al costado de la ruta y nos bajamos para almorzar. Yo seguía “viajando” (si puede llamarse así) con las tres chinas que no hablaban inglés, aunque ese era nuestro último viaje en bus juntas. Estaba muerta de hambre y como sabía exactamente qué quería comer, me pedí dos platos “de acompañamiento” para mí sola: tomate con huevo revuelto y papa cortada en tiritas con morrón. Estaba por atacar cuando una de las chinas me frenó y me hizo señas con desesperación: ¡te falta el arroz! Negué con la cabeza, no quería arroz, y me puse a comer. Error tras error. Primero, comí SIN arroz, algo rarísimo para la cultura china (tal vez para nosotros sería como comerse los rellenos del sandwich sin el pan) y segundo, me comí YO SOLA dos platos que en teoría deberían compartirse. Cuando me di cuenta ya era tarde. Pero qué rico que estaba.

[singlepic id=2363 w=800] El plato infame que devoré sola

[singlepic id=2361 h=800] Una de las tres chinas sirviendo arroz en otra de nuestras comidas

* Señalar la comida

Los primeros días en China no sólo me costó viajar sino que también me costó comer. No porque no me gustara la comida, para nada, sino porque no sabía cómo pedirla. Todos los menúes estaban en chino, la mayoría no traía fotos y en general nadie hablaba inglés. Así que sobreviví a base de dumplings y noodles instantáneos hasta que me explicaron cómo hacer. Cuando los chinos llegan a un restaurante o puestito de comida dispuestos a almorzar o cenar, siempre hay alguien del grupo que se mete sin ningún tipo de permiso ni pudor en la cocina, analiza todos los ingredientes y le dice a la cocinera exactamente lo que quiere. Así que empecé a practicar el arte de señalar la comida. Cada vez que fui a comer sola y el menú no tenía fotos, me acerqué a la cocina, miré lo que había y marqué con el dedo: quiero eso (el tomate con el huevo), eso (las papas) y eso (arroz). Y listo.

[singlepic id=2336 w=800] Este lugar fue mi paraíso. Ni recuerdo el nombre del pueblito, pero había una cuadra cerca de la estación donde todos los restaurantes tenían este “buffet” en el que uno juntaba todo lo que quería comer en un plato y el cocinero lo preparaba en el momento. Qué delicia fue esa cena, y creo que no pagué más de un dólar con cincuenta. Me acuerdo incluso que cuando terminé de poner en mi plato todo lo que quería comer, una de las mujeres me miró, me sacó el plato y triplicó las cantidades de cada cosa. No fuera a ser que me quedaba con hambre.

[singlepic id=2364 w=800] Este puestito estaba en el lago Lugu, famoso por sus papas y pescados. Ahí fue fácil, directamente nos sentamos, comimos lo que quisimos y pagamos al final.

* Comiendo por ahí con amigos

Tengo que reconocer que las mejores comidas las probé con mis amigos locales. Por varios motivos: uno, porque ellos conocen bien la comida de su región y saben exactamente dónde se come bien y barato; dos, porque al ser más cantidad de personas, habrá más variedad de comidas.

En Lijiang comí como nunca. Me quedé en lo de una amiga de Tippi (mi amiga china) que nos hospedó gratis; todos los días, la cocinera del lugar nos preparaba desayuno, almuerzo y cena. Carne saltada con verduras, papa picante, brócoli con una salsita, sopa de vegetales, pollo, brotes de soja, tofu, chauchas, tomate con huevo revuelto (un clásico allá)… Me acuerdo y me da hambre.

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[singlepic id=2339 w=800] Crocante para acompañar

* Y por último, el té

En China, el té no puede faltar. Se toma antes y después de cada comida, se toma a media mañana y a media tarde en las casas de té, en casas de amigos y en la calle. La primera vez que probé el verdadero té chino fue en Hong Kong y mi primera reacción fue: ¡pero a esto le falta azúcar! Así es, el té chino jamás se toma con azúcar y después de acostumbrar el paladar uno se da cuenta de que agregarle azúcar sería un crimen. Hay que disfrutarlo como viene. Y el ritual que acompaña a la preparación del té es uno de los más interesantes de ver. Mi amiga Tippi tiene un set de té conocido como “kungfu tea” y antes de servir el té en pocillos tiene que seguir varios pasos obligatorios como lavar la mesita de té con agua hirviendo, lavar el té, tirar agua para acá, tirar agua para allá, prepararlo, colarlo y servirlo.

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BIS: Algunos unos tips para comer en China

– Nunca jamás claven los palitos en posición vertical dentro del bol de arroz ya que eso simboliza la muerte y significa que se le está deseando la muerte a alguien que está en la mesa.
– Si no quieren que les sirvan más arroz, dejen un poco en el fondo del bol. Sino, cada vez que el bol está vacío, alguien inmediatamente se los llenará de arroz.
– Una buena opción para comer comida sana y menos grasosa en China son los restaurantes musulmanes (y este tip me lo dio una china misma): como siguen las reglas halal, uno puede estar seguro de que la cocina es súper limpia y de que no hay cerdo en la comida (para quienes no les guste ese tipo de carne).
– Para los argentinos, “carne” es sinónimo de vaca, para los chinos, “carne” es sinónimo de cerdo. Todo lo que venga relleno de “carne” viene con cerdo.
– Al comer la sopa es de mala educación NO hacer ruido: hay que “sorber” la sopa con exageración para demostrarle al anfitrión que su comida es deliciosa.
– No es de mala educación eruptar.
– Si los invitan a comer a una casa de familia local, lo más educado es probar todas las comidas que preparó la anfitriona, aunque no sean de su agrado. Si no les gusta lo esconden debajo de la montaña de arroz en el fondo del bol. Pero prueben.

Ayudenme a completar el post: si tienen más tips o comidas chinas que les hayan gustado, ¡compartan!

Ah, y por último, para no defraudarlos:

[singlepic id=2356 w=800] Bichitos comestibles. Pero confieso que no los probé.

Comiendo por ahí | Capítulo 2: Malasia

No se puede hablar de Malasia sin hablar de comida.

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Malasia es un país al que siempre vuelvo. No lo hago a propósito. Es que desde Kuala Lumpur salen los vuelos más baratos de AirAsia hacia/desde Indonesia (y hacia/desde cualquier destino del Sudeste Asiático). Ya pasé tres veces por acá y jamás deja de sorprenderme.

Algo que me encanta y que siempre destaco cuando me preguntan acerca de este país es la mezcla de culturas que conforma la demografía del lugar. La sociedad de Malasia está constituida, a grandes rasgos, por una mayoría malay (65%) de religión musulmana (por ley deben ser musulmanes), una gran minoría china (23%) (que emigraron de China hace unos siglos) y  una minoría india (7%). También hay Sijs, expatriados, westerners, inmigrantes asiáticos, de todo un poco. Y la mezcla se ve en la calle, en los templos, en los mercados, en las celebraciones… Y especialmente en la comida.

[singlepic id=1894 w=800] Comida china

[singlepic id=1898 w=800] Comida malay

[singlepic id=1909 w=800] Comida india

¿Ya mencioné lo que siento cada vez que aterrizo en Malasia no?

Me vuelvo loca, siento que la comida me persigue y no sé por dónde empezar: pretzels de queso parmesano, helado de maracuyá, roti canai por 1 ringgit, frutas tropicales, hot-pot, dim sum (comida china)… En fin, me descontrolo. No sólo hay una enorme oferta y variedad de comidas, sino que en Malasia todo tiene que ver con la comida.

Cada vez que me reúno con algún amigo/a local, ¿qué hacemos? Nos vamos a comer malaysian-style: mucho y repetidas veces. Cuando estoy sola, lo mismo: salgo a la calle y hay tantos puestos de comida que es imposible resistir la tentación de comprarme “un snack” (así le digo para no sentirme tan descontrolada) y otro, y otro, y otro. Entro a un shopping y veo un local de postres taiwaneses que es un furor entre la gente de KL y digo “y daaaale, vamos a ver de qué se trata esto”.  A la noche vuelvo caminando, paso de casualidad frente a un puesto de comida india y pienso “un roti canai no le hace mal a nadie”. Y si de noche me agarra algún antojo, seguramente habrá un 7-Eleven, un mamak stall (comida india-musulmana) o un carrito callejero a menos de dos cuadras de distancia y abierto las 24 hs. Lo peor (o mejor) de todo: si al final del día hago cuentas, seguramente no gasté más de 10 dólares en comida (a veces mucho menos).

[singlepic id=1932 w=800] Tippi, mi amiga china, y yo comiendo por ahí…

[singlepic id=1927 w=800] Char Kway Teow: plato muy popular en Malasia, Indonesia, Brunei y Singapore. Son noodles chatos con brotes de soja, salsa de soja, camarones, berberechos y algunas verduras chinas. Delicioso.

[singlepic id=1930 w=800] El postre taiwanés tan popular: hielo picado y otras cosas que no sé bien qué son (pero lo promocionan como calabaza, batata y legumbres dulces). Es más rico de lo que suena.

[singlepic id=1931 w=800] Hay un restaurante en KL donde se come sobre inodoros y las mesas son bañaderas cubiertas con vidrio.

[singlepic id=1928 w=800] La comida me persigue…

Algunas ideas que vienen al caso:

1. En las ciudades como Kuala Lumpur, Melaka, Penang, los puestos de comida forman parte del paisaje: en cada cuadra hay carritos de comida, patios de comida cerrados/al aire libre, mercados grandes y chiquitos, restaurantes, kopitiam (coffee shops), mesitas en la vereda. Se dan una idea ¿no? En Malasia la comida no sólo te persigue sino que te alcanza. Y por lo que veo, la mayoría de la gente local come siempre afuera en vez de cocinar en su casa. ¿Por qué? Es más fácil, más rápido y mucho más barato.

[singlepic id=1899 w=800] Pescado al paso

[singlepic id=1922 w=800] En cada esquina de Penang…

[singlepic id=1904 w=800] A la mañana: Nasi Kandar (arroz con lo que quieras del buffet)

[singlepic id=1907 w=800] Frente al mar

[singlepic id=1908 w=800] Frente a la parada del colectivo

[singlepic id=1891 w=800] Patio de comidas al aire libre

[singlepic id=1934 w=800] En la vereda

2. En Malasia, el comer es un acto cultural. Cada comunidad tiene sus reglas, sus ingredientes, sus sabores. La comida china se come con palitos y, en general, en una comida grupal se piden varios platos para compartir entre todos los comensales. La comida malay se come con la mano derecha (solamente la derecha) y la comida india se sirve, en muchos casos, sobre hojas de planta de banana (y también se come solamente con la mano derecha). Aunque si uno quiere comer con tenedor y cuchara (acá el cuchillo casi no existe) nadie lo prohibe. Cada cual elige la forma que más lo haga disfrutar. Porque es así: la comida en Malasia se disfruta.

[singlepic id=1897 w=800] Comida china: todo se comparte

[singlepic id=1892 w=800] El hot-pot o steambot chino: la comida se elige de un buffet y se cocina en la mesa

[singlepic id=1924 w=800] Restaurante de hot pot (precio por persona: 7 dólares por all you can eat)

[singlepic id=1925 w=800] El buffet del hot-pot

[singlepic id=1893 w=800] Cocinando sate, una de las comidas malay más populares: brochette de pollo asado con arroz y salsa de maní con ají

3. Los festivales religiosos y las celebraciones culturales también incluyen la comida como parte del programa. Durante el Año Nuevo Chino, por ejemplo, se hacen los chinese open house (literalmente “casa abierta”) para celebrar: el anfitrión prepara muchísima comida e invita a sus familiares, amigos y conocidos a comer a su casa. Los invitados llevan algún regalo como agradecimiento (generalmente comida y mandarinas). Uno de los rituales de los chinese open house de Malasia consiste en pararse alrededor de un plato con distintos tipos de ingredientes (preparado especialmente para el año nuevo chino) y mezclar, entre todos, la comida con los palitos mientras se desea feliz año nuevo.

[singlepic id=1915 w=800] Este es el plato que se mezcla entre todos con los palitos.

[singlepic id=1913 w=800] Un chinese open house en una casa de KL

4. Penang es conocida como la Capital gastronómica de Malasia o el Paraíso de la comida. Y lo es. Debe haber más oferta de comida de la que se pueda comer. ¿Cómo surgieron los carritos de comida, parte del paisaje callejero de Penang? Hace 300 años, cuando los primeros inmigrantes chinos e indios llegaron a la isla se dieron cuenta de que una de las maneras más fáciles y eficientes para sobrevivir en el nuevo territorio era cocinar y vender comida de manera ambulante. Pasaron a ser parte inseparable de la rutina de los habitantes, la gente local podía sabe qué hora del día era al ver qué vendedor ambulante pasaba por la puerta de su casa. Con el paso del tiempo los carritos/motos/bicis echaron raíces y quedaron plantados en un solo lugar.

[singlepic id=1920 w=800] Comida bicivoladora

[singlepic id=1935 w=800] Motodelivery

[singlepic id=1906 w=800] El mítico carrito

[singlepic id=1905 w=800] Ice Kacang: postre refrescante y muy popular en Penang

[singlepic id=1937 w=800] Vendedor callejero de Penang

5. Y por último algo que tiene que ver conmigo. En este viaje aprendí varias cosas: primero, a comer con palitos chinos (en Argentina no podía usarlos ni aunque me los atara a los dedos); segundo, a comer con la mano (no es tan fácil como parece, hay que usar solamente la derecha para agarrar y cortar la comida y hay que llevarse el arroz a la boca sin que se caiga para todos lados); tercero, cuando salgo a comer con amigos locales, dejo la elección de la comida en sus manos (es decir que confío y me atengo a lo que venga); y cuarto, algo de lo cual me siento orgullosa, mi nivel de tolerancia al picante subió. Antes no podía comer ni pimienta, ahora disfruto el curry indio. Aunque el chili todavía me cuesta, lo admito.

[singlepic id=1929 w=800] Uno de mis postres preferidos: mango-lo (hielo picado con pedacitos de mango natural y una especie de jarabe de mango).

[singlepic id=1919 w=800] Dim sum, uno de los desayunos más populares entre la comunidad china: es masa rellena de carne, pescado o vegetales, hervida al vapor

[singlepic id=1917 w=600] Delicia china

[singlepic id=1910 w=800] Chicken rice, plato muy popular en Penang

[singlepic id=1912 w=800] Banana leaf set: comida india servida sobre hojas de la planta de banana

[singlepic id=1903 w=800] El famoso roti canai: “panqueque” con curry. Se come de desayuno o a la noche.

[singlepic id=1916 w=800] Nasi kandar: arroz con carne y verdura (a elección)

[singlepic id=1926 w=800] Nada de chili por favor…

Comiendo por ahí | Capítulo 1: Tailandia

Tengo hambre, pensé en Tailandia.

Cuándo no.

Mis viajes son también experiencias gastronómicas y culinarias, algunas con mejores resultados que otras.

Tailandia fue mi primer contacto REAL con la cocina asiática (nada de restaurantes en Palermo Hollywood, esta vez lo pruebo de primera mano).

Siempre “not spicy”, obvio, y no puedo quejarme, la comida en Tailandia es DE-LI-CIO-SA.

Esta fue una de mis primeras comidas en Bangkok: arroz (obvio) con pollo, verduras y una salsa agridulce.

Miro esta foto y me dan ganas de comerme la pantalla (?). Pollo con verduras y ese mini choclo que no sé cómo se llama.
Esto lo comí en Ko Phanghan, sentada mirando el mar desde una terraza.

Bangkok otra vez. Este plato se llamaba algo así como “arroz agridulce”
(no recuerdo los nombres de los platos, mucho menos en tailandés): arroz, cebolla, pepino y … ¡ananá!

Qué ricooo, cómo extraño esta comida. En Ko Phi Phi: camarones con verduras. ¿El precio? Ridículamente barato para ser comida de mar (creo que este plato costaba unos 3-4 dólares y en un restaurante “turístico”).

Banana Rotee al paso: panqueques en Ko Phanghan (sur de Tailandia)

Un clásico: noodles fritos con verduras, pollo y maní

¿Tenés hambre? Salí a dar una vuelta por Bangkok, seguro encontrás algo.

El barrio chino nunca falla.

ALGO vas a encontrar.

Y lamento decirlo, pero si querés ir a lo seguro, hay un lugar que siempre estará esperándote…

En el próximo capítulo: Malasia

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