Fotorrelato: las comidas y costumbres gastronómicas asiáticas que más extraño

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Pienso en Asia y pienso en comida. ¿Te acordás de la vez que volviste a Malasia solo para comer más roti canai? ¿Y del postre de mango por el que te tomaste como tres combis y atravesaste Jakarta? Y el pan de sal de Filipinas, por favor ese pan. Perá, ¿y el pad thai que te prepararon en la estación de tren de Bangkok? Uff, el mejor de mi vida y solo por 20 baht (0.50 usd, en ese momento). ¿Y las comidas comunitarias en China? Ese tofu, por dios. Como viajé sola, estas conversaciones las tengo conmigo misma. No se preocupen que estoy bien. Bah, más o menos, cada vez que veo fotos de la comida asiática considero la posibilidad seria de volver, instalarme y dedicarme a ser tester de sabores.

Cuando me dijeron, antes de viajar, que lo mejor de Asia era la comida sentí que ese no iba a ser un aspecto muy relevante en mi viaje. Antes de Asia yo no comía nada con picante, casi no usaba pimienta y la variedad de comidas que había probado no era demasiado amplia. Siempre me gustó comer, pero no pensé que podía hacerlo con tanto fanatismo y entusiasmo como en el Sudeste Asiático: cada día era una oportunidad para probar un plato distinto. “Acá todo tiene que ver con comida”, me dijeron malayos, filipinos, indonesios, tailandeses, chinos. It’s all about food. Y es cierto: cualquier excusa es buena para reunirse con amigos o familia a comer. La comida se cocina en la calle y hay puestos en todas partes, así que es imposible no tentarse. Pasé casi un año y medio viviendo y viajando por Asia, así que probé más platos de los que recuerdo. Estos son algunos de los que más extraño. Casi no puedo ver estas fotos: se me hace agua la boca.

* Pollo thai con baby corn (Tailandia)

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No sé si el de la foto es la versión original y completa de este plato. El Gai Pad Yod Khao Podchicken thai with baby corn es un plato simple y rápido: en un wok se saltea el pollo y se le agrega cebolla y ajo, después, con el fuego un poco más bajo, se le pone el baby corn (los mini-choclos), hongos, salsa de pescado (o de ostras), azucar y pimienta. Se sirve con arroz.

* Char Kway Teow (Malasia y Singapur)

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Este es uno de mis platos preferidos y uno de los más populares de Malasia, si bien también se prepara en Singapur, Brunei e Indonesia. Char kway teow viene del Hokkien —dialecto hablado por inmigrantes chinos en muchos lugares del Sudeste Asiático— y significa “tiras de pastel de arroz rehogadas”. Los ingredientes: fideos de arroz, salsa de soja, ají, gambas, berberechos, brotes de soja, cebolla china y huevos. Es un plato barato y se consigue en todos lados. Si lo habré comido.

* Laksa (Singapur)

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Ohpordios las sopas. Ohpordios los noodles. Esta foto la saqué en Singapur, pero el origen del plato es malayo y es uno de los más populares de la cocina peranakan —la fusión de cocina malaya y china—. Tiene un montón de variantes, aunque a grandes rasgos hay tres tipos:

1. Curry laksa: sopa de curry con leche de coco, tofu, bastones de pescado, gambas, berberechos y noodles. Se sirve con una cucharada de sambal —pasta de chili— y hojas de coriandro.

2. Asam Laksa: sopa a base de pescado con tamarindo, pescado, vegetales, menta, gengibre, fideos de arroz fino y pasta de gambas.

3. Sarawak Laksa: sopa sin curry con tamarindo, ajo, limón, leche de coco, tiras de pollo, camarones, coriandro y lima. Esta versión proviene de Sarawak, en la isla de Borneo.

* Roti canai (Malasia)

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Debo haber comido dos, a veces tres, por día mientras estaba en Malasia, y no exagero. Podría vivir a base de esto. Se pronuncia roti chanai y se sirve en todos los mamak stalls de Malasia —los mamak son los tamiles musulmanes malayos, descendientes de los indios que emigraron del sur—. Es un tipo de pan indio que se sirve con dhal —una salsa de lentejas— y otros tipos de curry. Se come con la mano y es ideal para el desayuno o como snack nocturno. Yo lo comería todo el día.

* El plato indio del día, servido sobre hojas de planta de banana

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Hablando de comer con la mano, extraño los comedores indios de Malasia —no digo de India porque no estuve por allá aún— donde por pocos ringgits te servían las verduras del día y te dejaban repetir todas las veces que quisieras. A veces las salsas eran tan picantes que se me caían las lágrimas mientras comía y eso me generaba ganas de comer más y más. Les habrá pasado.

* Bah, cualquier plato indio me viene bien

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Como este que comí en Singapur. Por algo es una de mis gastronomías preferidas.

* La comida Padang y la comida vegana (Indonesia)

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Me costó adaptarme a la comida indonesia: al principio me parecía demasiado picante y no tan variada como la malaya. De a poco fui encontrando mi huequito gastronómico. Si están en Indonesia les recomiendo que prueben la comida Padang: es la que aparece puesta sobre una pirámide de platos en la vidriera del restaurante. Suelen ser buffets, podés servirte lo que quieras y hay varios rangos de picante. Si van a Yogyakarta y quieren probar algo distinto a lo habitual —o son vegetarianos— pregunten por los puestos de comida vegana.

* El tofu en todas sus formas

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Me encariñé con el tofu, y allá lo cocinan tan bien. El tofu es algo así como un queso a base de leche de soja. Tiene una textura firme, aunque más blanda que el queso, es color crema y suele aparecer en el plato en cubos. Es originario de China aunque también se usa mucho en Japón y Corea, tiene muy pocas calorías, bastante proteína y hierro y casi nada de grasa: es una comida muy sana y un buen sustituto de la carne. En ningún lugar del mundo lo probé cocinado tan rico como en los restaurantes chinos.

* Las mezclas agridulces

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En Argentina suelen mirarme raro por comer pizza con ananá. No me importa: también como arroz con mango, arroz con ananá, arroz con pollo y pepino y todo lo que tenga sabores opuestos. Una de las mejores cosas de las gastronomías asiáticas es esa mezcla de gustos. Este es un plato indonesio muy sencillo: arroz, pollo, cebolla y pepino.

* El Pad Thai o su versión laosiana: el Pad Lao

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El plato de cabecera de la cocina tailandesa y uno de los más ricos que probé. Fideos de arroz salteados con huevo, salsa de pescado, salsa de tamarindo, pimiento rojo y brotes de soja, gambas, pollo o tofu, con un toque final de maní picado, cilantro y una rodaja de lima. Basta, se me hace agua la boca. La foto la saqué en Laos así que es una versión quizá alaosiada (?) del pad thai.

* Los noodles en todas sus formas

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No puedo no amar los noodles: son perfectos. ¿Qué son los noodles? Para simplificar digamos que es una pasta fina que puede estar hecha a base de arroz, harina o huevo y que se puede hervir, freír o cocinar en sopas y acompañar con todo lo que se les ocurra. Su origen es chino —dicen que existen hace más de 4000 años— pero todos los países asiáticos los usan entre sus ingredientes y lo adaptan a su paladar. A mí me gustan todos: en sopas, en ramen, con huevo, salteados, con pollo, picantes, al wok, con salsa de soja, instantáneos. Y lo que más me gusta: comerlos con palitos.

* Hablando de China, otras dos cosas que extraño: el arroz y las comidas comunitarias

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En este post cuento con mucho más detalle cómo es comer en China, pero si hay dos cosas que destaco y que extraño son el arroz y los platos compartidos. El arroz en Argentina no es muy popular: debe ser porque el arroz asiático casi no llega. En Asia hay decenas de variedades de arroz y las comidas no son comidas si no hay arroz en la mesa. Además, la gente se sienta a comer en grupo, por eso lo normal es pedir varios platos, ponerlos en el centro y probar de todo un poco. Con las chinas de la foto, tan amigas como nos ven, no fui capaz de cruzar ni una palabra, pero viajamos tres días juntas, comimos y paseamos como si fuésemos íntimas. La historia, junto con la de mi mes de viaje por China, está en este capítulo de mi libro.

* El ritual del té

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En China aprendí a tomar té sin azúcar y nunca más di marcha atrás. Ahí el té acompaña a todas las comidas y prepararlo es un ritual que tiene sus pasos e instrumentos. Una de las costumbres que más me gusta de las rondas de té es el golpecito que se da sobre la mesa con los dedos índice y medio para expresar agradecimiento a quien está sirviendo las tazas. Se cree que la costumbre se originó durante la Dinastía Qing, cuando el emperador Qian Long viajaba de incógnito por el imperio y los sirvientes tenían prohibido revelar su identidad. Una vez, en un restaurante, el emperador se sirvió una taza de té y llenó también la taza de su sirviente, este quiso arrodillarse y agradecerle pero al no poder hacerlo puso los dedos sobre la mesa y los dobló en señal de respeto, como si se estuviese arrodillando. Ese gesto se convirtió en un golpecito de agradecimiento.

* El pandesal (Filipinas)

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Todavía me acuerdo del día que probé el pandesal en Filipinas. No me lo esperaba, ya me había acostumbrado a pasar meses enteros sin comer pan —algo que en Argentina hacía todos los días— y había perdido un poco la fe: Asia tiene una gastronomía deliciosa, pero el pan casi no aparece. Filipinas, al haber sido colonia española y estadounidense —y un país que parece salido de otra región del mundo— tiene una gastronomía más parecida a la nuestra: pan, pastas, pizza, flan. Y pan. El pandesal (“pan de sal”) está hecho con harina, huevos, levadura, azúcar y sal, es blandito, es más dulce que salado y es una de las mejores cosas que me pasó después de meses sin pan.

* Parece pan pero no es pan: el onde-onde (Indonesia)

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Vamos pasando a lo dulce. Así de chiquita como la ven, esta bolita de onde-onde es un bocadito de felicidad. Es un dulce frito de origen chino que se hace a base de harina de arroz glutinoso —el arroz pegajoso—, se llena con pasta dulce de beans —nunca sé cómo traducir beans: ¿garbanzos? ¿habichuelas?— rojas o negras y se cubre con semillas de sésamo. Es crujiente por fuera y un poco gomoso por dentro. Lo amo. Se consigue en China, Japón, Indonesia, Malasia, Filipinas y Vietnam.

* Las galletitas de almendra de Macau

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Bueno, ahora sí estoy en mi salsa. Soy muy dulcera y todo lo que tenga almendras me puede —hola mazapán, hola macarons—. Las almond cookies o almond cakes son uno de los emblemas de Macau, una región china que fue colonia portuguesa. Casi todos los negocios del centro, cerca de las ruinas de la Catedral de St Paul, las venden como souvenirs. Les voy a confesar algo: pasé tardes enteras entrando a cada uno de esos negocios solo para probar las muestras gratis. No me pude controlar. Es una adicción. Soy adicta a las almendras.

* Y las egg-tarts (también en Macau)

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Macau, como les dije, fue colonia portuguesa hasta 1999 y una de las huellas más interesantes que quedó fue la gastronomía. La cocina macanese es una fusión de comida china y portuguesa, con sabores del Sudeste Asiático y América Latina, que solo existe en Macau. Y estas egg tarts que ven en la foto son la adaptación local de los pastéis de nata: un dulce de huevo típico de Portugal. Otra perdición. 

* Este postre taiwanés (probado en Kuala Lumpur, Malasia)

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Si me preguntan qué es esto les digo no sé. Una mezcla de hielo picado, azúcar y cosas dulces y blanditas. Se llama Bao Bing y tiene red azuki beans, mung beans, taro balls endulzado con azúcar o leche condensada. Seguro que así les queda mucho más claro. No importa, no hay que entender a la comida, solo disfrutarla.

* El mango lo (Kuala Lumpur)

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No sé si lo notaron, pero uno de mis países preferidos para comer es Malasia. Este postre lo comí varias veces en Kuala Lumpur: hielo picado, mango fresco y unas bolitas de gelatina. Sin son fanáticos del mango como yo es uno de los postres más deliciosos y refrescantes. Y barato, toda la comida callejera en Malasia es barata.

* El sumun: coconut milk sticky rice con mango (Laos)

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Este postre tiene todo lo que me gusta: sticky rice —el arroz pegajoso—, leche de coco, mango fresco y maní. Los laosianos comen arroz glutinoso como parte de su dieta principal: lo llaman khao niao, lo cocinan al vapor en canastos de bambú y lo usan para platos salados y dulces.

* Las frutas

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El Sudeste Asiático es un paraíso de frutas tropicales. Ahí probé algunas que ni sabía que existían y que pasaron a ser mis preferidas como estas dos: la fruta del dragón y el mangosteem. La fruta del dragón promete desde afuera: es rosa, parece una flor, es intrigante. Adentro es blanca —también hay una variedad violeta— y tiene un montón de semillitas negras. Tiene la contextura como de una pera mezclada con manzana. El mangosteem, en cambio, no dice mucho: tiene una cáscara dura y no es muy llamativo, pero no me da miedo decir que es la fruta más rica que probé en Asia. Le dicen la reina de las frutas por su sabor y su frescura. Por favor, si andan por allá, coman por mí.

En este post intenté describirle ambas frutas a una amiga que nunca las había probado: A qué se parece.

* Y otras cositas de colores

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Como estos helados.

O como este dulce de Singapur que siempre recordaré como “la goma de borrar color arco iris”:

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Me parece que voy a tener que volver para escribir la segunda parte de este post.

[box type=”star”]Si este fotorrelato te gustó, podés ver más acá. O si querés saber un poco más de cada gastronomía, te invito a pasar por algunos capítulos de “Comiendo por ahí”: Tailandia, Malasia, China, Indonesia. ¿Qué comidas asiáticas te gustan? Contame en los comentarios![/box]

¡¿Dónde están mis ojotas?!
Mi experiencia en Ko Phanghan, la isla de la Full Moon Party

Tailandia es un país preparado para el turismo, definitivamente. Me lo dice la gente que me cruzo y me doy cuenta a pesar de llevar (“sólo” o “ya”) una semana acá. ¿Cómo hacés para comunicarte? Es la pregunta que más recibo desde tierras argentinas. No es nada difícil, les cuento, pensé que iba a ser peor. Hasta me siento decepcionada de lo fácil que es (en los lugares turísticos, claro).

En general, todos los carteles están en thai y en inglés, los menúes de los restaurantes también tienen el subtítulo en inglés (y en algunos casos la foto del plato), la mayoría de la gente sabe decir (o por lo menos entiende) “hello”, “thank you”, “how much?”. No esperan que uno les hable en su idioma, sino que directamente saludan con un sawatdee (saludo tradicional thai) y hablan en inglés (un inglés que a veces cuesta entender, pero inglés al fin).

Pero cuando uno se sale un poquito de la ruta turística, las cosas cambian.

La experiencia de ir a Chinatown en Bangkok fue divertida, ahí sí que nadie hablaba inglés… y yo que necesitaba saber cómo llegar a la estación de subte más cercana. ¿Qué hice? Me aprendí el nombre de la estación (Hua Lamphong) y me fui acercando a distintas personas que parecían ser policías, oficiales, cuidadores o algo por el estilo. Los miré con cara de perdida y les dije “Hua Lamphong?”, a lo que me indicaron con señas cómo llegar. Lo gracioso es que cada persona me iba indicando de a dos cuadras, me marcaban con el brazo que caminara derecho y que doblara a la izquierda, por ejemplo, y cuando hacía ese trayecto y no veía ni rastros de la estación de subte, le preguntaba a otra persona que nuevamente me daba una indicación de dos cuadras y así, cuatro personas después, llegué.

Pero mis aventuras en Bangkok quedaron atrás. Si bien la ciudad me fascinó, no soporté eso de transpirar más que haciendo una hora de spinning adentro de una olla a presión. Detalle interesante: hablando con una alemana, me dijo que Bangkok le gustó pero que le pareció una ciudad muy ruidosa, contaminada y sucia. ¿Bangkok? ¿La misma Bangkok que conocí yo? ¿O será que nosotros estamos tan acostumbrados al caos que cualquier ciudad medianamente ordenada nos parece de avanzada? ¿O será que ellos están tan acostumbrados al orden que cualquier ciudad medianamente ruidosa les parece incivilizada? Qué dilema… Yo creo que hay que buscar un punto medio entre ambas.

Y Bangkok es una ciudad que vale la pena conocer, se los aseguro. Probablemente tendré que volver cuando quiera volar a Myanmar, ya que a ese país sólo se puede entrar en avión (bah, por tierra también, pero es complicado). Capítulo aparte.

Como dije, me vine a la playa. Todavía no a LA Playa de Leo Di Caprio, esa será mi próxima parada… (Sí, ese lugar es REAL).

Ahora estoy en Ko Phanghan, una de las tres islas de la provincia de Suratthani, unos 600 kilómetros al sur de Bangkok.

Llegué en colectivo y ferry, unas 12 horas de viaje, de noche y sin dormir. Hay formas más cómodas de llegar, obvio: el avión, para los que pueden gastar un poco más y tienen menos tiempo, y el tren, que es más cómodo y tiene camas en lugar de butacas. Hubiese venido en tren, pero los pasajes estaban agotados hacia varios días (me avivé tarde). En estas islas hay opciones para todos: los que prefieren vacaciones en resorts cinco estrellas, van directo a Ko Samui; los que quieren sacar el certificado de buceo bien barato, eligen Ko Tao; y los que quieren gastar poco pero ir a una playa de agua turquesa y arena que parece talco, derechito a Ko Phanghan.

Ah, y hay otra razón para elegir esta isla: las famosísimas Full Moon Parties.

Tengo que confesar que por más famosísimas que sean, yo no sabía demasiado sobre estas parties hasta que llegué acá.

La cosa es así: esta fiesta existe desde 1988 y se celebra cada luna llena. La primera vez que se hizo fue para 20 o 30 personas que descubrieron que la luna llena, al parecer, se veía mejor acá que en cualquier otro lugar del mundo. Hoy en día, la isla recibe entre 20.000 y 30.000 personas por fiesta (!). Muchos llegan del continente o de las otras islas y se quedan en Ko Phanghan solamente para la fiesta y vuelven completamente borrachos en el ferry a sus respectivos paraderos. La fiesta se hace en Sunrise Beach, una de las playas de Haad Rin, uno de los pequeños pueblitos de esta isla.

Mi itinerario no coincide con la luna llena (faltan como tres semanas), así que cuento según lo que escuché, vi o leí por ahí.

Al parecer antes de que empiece la fiesta todos se pintan el cuerpo con pintura fluorescente, compran los famosos buckets (baldes) de alcohol y se van para la playa. Hay varios DJs que pasan distinto tipo de música, más que nada electrónica. Me la imagino como una gran Creamfields at paradise. Hay fiesta de la espuma, malabaristas y, al día siguiente, un gran mercado negro de ojotas y venta de remeras que dicen “Has anybody seen my shoes?”.

Un descontrol.

Obviamente los precios de los hostels y hoteles se duplican o triplican. Para los nostálgicos, se realizan también la Half Moon Party y la Black Moon Party. Lo más gracioso es que el pueblo de Haad Rin (mínimo) está lleno de puestos de tatuajes, osea: empedate, tatuate y al día siguiente olvidate de arrepentirte. La Full Moon Party queda en tu piel para siempre (y en tu ropa también, la pintura fluorescente no sale con nada). The Ko Phanghan Experience, me dice un israelí que la vivió, y me cuenta que nunca probó un Red Bull tan fuerte como el de acá (tan pero tan fuerte que en Israel prohibieron su importación).

Ahora que estamos en la época “entre-fiestas”, la isla está tranquila.

Más allá de las motitos que van y vienen por los caminos de tierra, se puede caminar, comer y dormir con serenidad.

Es impresionante la gran cantidad de israelíes que hay acá, no sé nada de estadística, pero me atrevo a decir que uno de cada cuatro es israelí (los tres restantes son alemanes, tailandeses y algún europeo random). Perdón, son muy buena onda, pero no puedo evitar recordar a Zohan cada vez que los escucho hablar en inglés. Por ahora latinoamericanos, cero.  No escuché ni una palabra de español desde que llegué, todo hellowhereareyoufrom. Tengo ganas de hablarles a todos en porteño y que nadie entienda nada.

Qué descubrí en Ko Phanghan:

  • Que la comida más rica, más barata y mejor preparada es la de los carritos callejeros. La cocinan en el momento, adelante tuyo y la cocinera es una tailandesa de verdad, no un europeo que se vino a vivir acá y puso un restaurante
  • Que la comida tailandesa es demasiado rica…
  • Que la gente duerme hasta muy tarde (mucha joda). Un día me caí de la cama a las 8 am, fui a la playa y juro que no había NADIE más que yo y una chica que corría de punta a punta con una lata de Redbull en la mano. Lo de la lata es mentira. Corría haciendo su ejercicio matutino supongo
  • Que no hay vendedores ambulantes en la playa (al menos no en ésta) como por ejemplo en Brasil (los que te venden las hamacas paraguayas), en Perú (los heladeros) o en Ecuador (los artesanos). Acá, nada. Eso me gusta de los vendedores tailandeses: que no acosan. Si entrás a su negocio, te dejan mirar tranquila sin decirte cada cinco minutos que tienen buenas ofertas para vos, que eso te queda divino, que si llevás dos te regala uno, etcétera…
  • Que eso de que esta es la playa de los hippies es una gran mentira. Creo que si vi cuatro personas que catalogan como hippies, es demasiado. Está lleno de europeos que vienen por la fiesta, a mi no me engañan
  • Que, por ahora, nuestro Caribe no tiene nada que envidiarle a las playas de Tailandia, aunque no sé si tendré que retractarme cuando llegue a las Ko Phi Phi Islands
  • Que todo el mundo viene en grupo, y yo sola… ¿Nadie tiene ganas de unas vacaciones en Tailandia? :)

Actualización con algunos precios (¡2010!): El hotelito en el que me quedo (cuarto privado con baño, ventilaitor, acceso a swimming pool) cuesta ¡8 dólares la noche! Es genial. Con respecto a mi gasto en comida, depende, si comés en los carritos de la calle pagás 1 dólar por un plato abundante. Sino, en los restaurantes, de 2.50 para arriba. ¡Super económico y muy rico!

 

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