Familias viajeras (2): Los 6G

Los Giusiano son seis. Viven en Resistencia (en la provincia del Chaco, Argentina), son argentinos e italianos y se definen como “una familia simple”, una familia como cualquier familia… Pero los Giusiano tienen algo que los diferencia: la locura por viajar. Y cuando se van juntos a recorrer algún lugar del mundo, se convierten en los 6G: un equipo de viajeros donde cada integrante aporta su modo de ser y otorga un ingrediente distintivo y fundamental a esta familia viajera.

Alejandra, la mamá, es maestra jardinera y apasionada por el arte; siempre soñó con tener una familia grande y jamás se imaginó que terminaría recorriendo el mundo con todos sus hijos. Eduardo, el papá, es ingeniero y apasionado por las culturas, la historia y los idiomas; siempre soñó con recorrer el mundo y jamás se imaginó que lo haría con una familia tan grande.

Los viajeritos en el aeropuerto de Sydney

Sofía, la hija mayor (15), viajó por primera vez al cumplir un año: el día de su cumpleaños, los (en aquel momento) “3G” tomaron un avión hacia Israel. Ella es sociable y cautivadora y cumple uno de los roles más importantes dentro del equipo: la comunicación. No importa en qué lugar del mundo estén, Sofía siempre es capaz de romper el hielo y establecer una comunicación con la gente local. El nacimiento de Sabrina (quien hoy tiene 13 años) inspiró a la familia a realizar una de sus grandes aventuras: China, país al que partieron tres días después del primer cumpleaños de Sabrina. Ella es la encargada del diario de viaje y quien le da humor y color a las travesías.

Matteo (9) nació en septiembre de 2001 y, debido a la crisis de Argentina, tuvo que esperar más que sus hermanas para su bautismo viajero. Tras varios años sin grandes aventuras, los “5G” lograron viajar a Estados Unidos y recorrer Carolina del Norte en auto. Tomás (6), el más joven de los viajeros, completó el equipo e impulsó nuevamente las grandes aventuras familiares: cuando cumplió un año y dos meses, los 6G se fueron a Egipto, a Grecia y a Roma.

Los 6G también viajaron por India, Nepal, Australia, Singapur, Tailandia, Laos, Camboya y Vietnam. Y próximamente… planean nuevas y grandes aventuras.

Eduardo aceptó responder a mis preguntas y me dejó un gran mensaje: “Con ellos (los chicos) aprendimos a ser viajeros”.

Los 6G en Katmandu

Los 6G en la India

¿Cómo fue que tomaron la decisión de empezar a viajar en familia? ¿A su alrededor los alentaron o los desalentaron a viajar con chicos?

No fue empezar a viajar en familia sino seguir viajando en familia. El Viajar estuvo siempre en mis sueños y tener una familia con muchos niños en el de Alejandra; el desafío fue tratar de concretarlos en equilibrio.

En un principio todo fue desaliento a viajar con niños. Apenas quedamos “embarazados” de Sofía, frases como “ahora sí olvidate de seguir viajando” entre otras, fueron para mí, más que desmoralizantes, inspiradoras, desafiantes y me motivaron a romper el paradigma de lo “imposible” de viajar con niños. Aquí también comienza a plasmarse lo expresado anteriormente, no era mi decisión sino la nuestra, sin compartir la visión con Alejandra todo lo que vendría después no hubiera sido posible.

El primer viaje de “casi 3” lo hicimos con Sofía en la panza de tres meses, pero el punto de partida emblemático fue el 18 de junio de 1996 el mismo día que cumplía un año y que partíamos hacia Israel. Al viaje lo armamos casi en secreto absoluto para aislarnos de las críticas y malas ondas. Anunciamos el viaje 15 días antes de partir…, al de China 5 días antes…, hoy en día ya no es problema, es más, nos preguntan qué viaje estamos organizando y se decepcionan si contestamos que estamos ahorrando y que sólo vamos a una playa a Brasil de vacaciones…

De todos modos siempre mantenemos cierta reserva. Este “secreto” es casi una tradición y parte de la mística de armar un viaje. Es algo casi increíble ver a los niños mantener el hermetismo, preguntando cada tanto… ¿todavía no podemos contar, no?…cuando respondemos sí, ya lo pueden contar es,  porque no hay vuelta atrás…

¿Qué medio de transporte utilizan durante sus viajes? (¿van de una ciudad a otra en auto, avión, colectivo?)

Nos movemos en todo tipo de medio, de acuerdo a posibilidades, situaciones, disponibilidad, costo, siempre privilegiando lo mas autóctono posible. En los resúmenes de los viajes solemos contar casi en tono de broma en qué nos movimos. Transcribo para que se den una idea:

“Indochina & Australia

Nos movimos en 17 aviones (de todo tamaño y tipo), buses de líneas, buses urbanos, buses chicos, taxis grandes, trenes, monorrieles, ferry, balsa, canoas y botes a motor (varios tipos y tamaños), barco de madera, kayak, carro con caballos, un montón de motos carrozadas (tuc tuc), 5 bicicletas, 2 elefantes y seguro me olvido de algo…”.

¿Cuánto tiempo dura cada viaje que realizan?

Lamentablemente sólo duran semanas (entre tres y seis semanas aproximadamente) por razones de tiempo y recursos. Eso sí, son las semanas más movidas que se puedan imaginar,  las más duras y bellas semanas donde toda la rutina y preocupaciones de la vida normal se diluyen y la adrenalina fluye vertiginosamente enfrentando y disfrutando los desafíos tras desafíos que nos propone esta aventura de viajar en familia a lugares tan maravillosamente diferentes.

¿Se alojan en hoteles o casas de familia?

Nos alojamos en todo lo que se nos presente posible, buscando que sea un lugar limpio y seguro donde reponer fuerzas y reacondicionar el equipo (todo un tema esto) para continuar al día siguiente. Hemos estado en hoteles, casas de familia, pensiones, bed & breakfast. Pero desde que somos tantos, generalmente no nos queda otra opción que hoteles e incluso se nos complica conseguir para estar todos juntos en una habitación, por lo que debemos utilizar un esquema de 3 y 3 siempre un mayor a cargo. Sobre esto último tenemos también planteada la logística de equipo (varones y mujeres).

¿Qué les interesa ver o hacer en un viaje? (entrar en contacto con la cultura del lugar, ver la naturaleza, hacer deportes, etc?)

Sin lugar a dudas lo que mas nos interesa en un viaje es entrar en contacto con la cultura del lugar, “vivir” un poquito de su vida aunque sean minutos, horas o días en algunos casos. Es por eso que nos definimos como viajeros, no turistas, para tratar de ser mas claro transcribo una parte de uno de los tips sobre este aspecto.

El definirnos como viajeros esta relacionado al espíritu y la forma de encarar un viaje, es tratar introducirnos aunque sea por un momento en la vida de ese lugar en el mundo. Es compartir sus costumbres, su contexto, es apreciar y valorar las diferencias, es ser uno más sin dejar de ser uno mismo, es aprender de ellos y enseñar de nosotros. En toda la amplitud que fuere posible desde la simple comida a la religión.

 

Los sentimientos fuertes y verdaderos no se miden por tiempo, hay personas y vivencias que quedan grabados en nuestra mente y corazón por más que haya sido solo un momento… La sonrisa de un niño al recibir su plato de comida en Camboya, el abrazo de despedida fuera de todo protocolo a Subash nuestro ángel guardián en la India, el obligado regateo para todo, las numerosas bendiciones de santones y monjes, la comida familiar en casa de Pototo en Cuba, la alegría de la maestra en la escuela Nubia, el rezo junto a Luckeer en el templo Sikh…”

 

 

 

En un comedor de Camboya

En Egipto

 

 

 

¿Hubo algún país donde les resultó más difícil viajar en familia? ¿Y el país más “family-friendly”?

Se me complica un poco responder esta pregunta de manera pragmática es decir, el definir que este u otro país es más o menos complicado para viajar con niños, cada uno tiene sus aspectos fuertes y débiles. Sí, podríamos decir que en los países con menos infraestructura  o con costumbres muy diferentes a las nuestras, se complica un poco más con los niños a la hora de la comida, en los temas de higiene, etc.  Por dar un ejemplo, en Australia podíamos comer directamente de las góndolas de un supermercado, en la India no encontramos ningún supermercado y toda la comida era extremadamente picante. Ahora, no dudaríamos ni un segundo ante la posibilidad de volver a la India o de seguir explorando países de este tipo.

¿Tuvieron algún problema de seguridad?

Problemas hemos tenido muchos y de diferentes tipos pero gracias a Dios de seguridad casi nada, el único atacado fui yo y en un país del primer mundo. De todas maneras es un tema que tratamos de trabajarlo bajo un esquema de prevención de conflictos y la defensa personal forma parte de nuestro entrenamiento previo.

¿Cómo reacciona la gente local en distintos países al verlos viajando con chicos?

Los niños son el gran diferencial en nuestros viajes, son ellos los que logran en tiempo récord generar vínculos y contacto con la gente y cultura local de manera casi natural. Son ellos los que en sí, nos convierten en viajeros.

La expresiones de la gente al vernos avanzar con los niños (¡ y 4!) es algo que disfrutamos mucho con Alejandra. Principalmente se da en países donde ver una familia occidental con muchos chicos no es algo corriente.

Algunos casos que me vienen ahora a la memoria en este momento:

– En China a veces no podíamos caminar porque el propio turismo interno del país traía a Beijing por ejemplo, gente del interior que jamás había visto niños occidentales, menos bebes, rubias y hermanas (Ley de un solo hijo), todos quería tocarlas, alzarlas, sacarles una foto.

– En la aldea Nubia al sur de Egipto donde una familia nos invito a pasar a su casa nos convidaron agua y compartimos un rato juntos.

– La carita agradecida de los niños del orfanato en Phnom Penh en Camboya cuando les servían la comida.

– La alegría de la familia del profesor de yoga en New Delhi  que nos invitó a tomar el te a su casa.

Encuentros en Egipto

Curiosos en China

Aprendiendo en Egipto

¿Creen que los chicos adquirieron ciertas capacidades o actitudes ante el mundo gracias a los viajes que realizaron?

Estoy seguro de ello, es algo que se va cultivando en ellos por más que sean chicos y que aflora en algún momento. Lo comprobé una noche que volví tarde de una cena de trabajo y mientras tomaba un vaso de agua comencé a leer un escrito de Sofía en ese momento de 13 años que estaba junto a su mochila de la escuela. El  título es “Diferentes ¿cual es el problema…?” no pude contener las lagrimas…  No dejen de leerlo (está incluido al final del post).

Para ampliar un poco más este respuesta transcribo algo mas de los tips de nuestra página:

“Viajar con los niños a lugares tan remotos también suscitó en su momento, una serie de opiniones, juicios, etc. Razón por la cual siempre hemos armado nuestros viajes en el más estricto secreto para evitar tener que dar explicaciones inútiles.

Dentro de la numerosas críticas recibidas al respecto, podemos mencionar algunos “clásicos” como ser: “¿por qué no esperas que sean todos grandes y los llevás en una edad que puedan apreciar más…?”;  “no se van a acordar nada…”;  “pobres chicos a dónde los llevan…”

Sobre esto podemos decir…

Si no hubiéramos aprendido a viajar, primero solos, después con uno, luego con dos y así hasta tener los cuatro… no hubiéramos hecho posiblemente nada…

¿Cuándo es el momento correcto?  Sólo Dios sabe que nos depara la vida, el momento si se puede, es hoy…

No “llevamos a los niños”, hacemos un viaje en familia... Les puedo asegurar que, lo que no recuerdan, les queda grabado en su interior y forma parte de su formación, que aflora en el futuro.

Los lugares remotos y exóticos tienen naturalmente esa maravillosa diversidad natural que brinda a los niños un  espectáculo sin fin a toda hora.

¿Los niños disfrutan el viaje? Miren sus caras en las fotos y no se necesita agregar más palabras.”

Remando en Vietnam

En Vietnam

En Vietnam

En Laos

¿Creen que al viajar con niños cambia la manera de viajar?  En cuanto a la mirada de los lugares, ¿ellos les hacen descubrir cosas nuevas?

Sin ellos hubiéramos sido solo un par de viajeros más, con ellos fuimos algo diferente en todos las aventuras. Son una atracción natural, generan una conexión especial con la gente local, lo que nos permitió en muchas oportunidades disfrutar de ese contacto humano tan especial que no necesita de idiomas y a veces ni de palabras.

Realmente nos abrieron las puertas hacia un estilo de viaje diferente, profundo, inolvidable. Al punto que hoy nos cuesta pensar en viajar sin ellos y cuando lo hemos hecho sentimos que no estamos completos, que nos falta algo.

Con ellos aprendimos a ser viajeros.

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Todas las fotos de este post pertenecen a la Familia Giusiano.

Pueden seguir sus aventuras en www.familiaviajera.com.ar y conectarse con ellos en Facebook: Familia Viajera Giusiano.

[box border=”full” icon=”https://www.anikovillalba.com.ar/imagenes/post-star-ch.gif”]Este post pertenece a la serie Familias Viajeras. Si formás parte de (o conocés a) una familia viajera (o, por qué no, a una “futura familia viajera”), dejame un comentario con tu contacto. ¡Me encantaría compartir tu historia![/box]

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Y comparto con ustedes el texto de Sofía Giusiano, de 15 años:

[box border=”full”]Diferente… ¿cual es el problema?

Toda mi vida, me enseñaron y aprendí, a respetar y a entender a personas diferentes a mí. Me gusta hacerlo. Con personas de una raza distinta, otra cultura o de otro habla. Tengan problemas, o una edad o capacidad superior o inferior a la mía. Sean pobres o vivan bien. Claro que no conozco a ricos ni famosos, solo personas viviendo bien y, en la mayoría de los casos, felices.

Una amistad no tiene fronteras. Los idiomas no pueden separar nada y mucho menos a dos personas, al igual que otro color de piel o el que uno crea en Dios y el otro en miles de Dioses. Es hermoso compartir con gente distinta, reír y jugar con ellas sin importar nada más. El poder escuchar lo que tengan para decir.

La experiencia de la que rescato esta enseñanza es un viaje que hice hace no mucho tiempo y el que pongo como ejemplo para esto que te enseño sobre la amistad. Junto con mi familia conocí la India. De ahí podría contarte miles de historias, darte el nombre de cientos de dioses o mostrarte fotos de los templos y palacios más maravillosos. Pero voy a reparar en la gente. Las personas que conocí en su mayoría son pobres, no tienen un hogar, muchas ni siquiera familia. Pero aunque éramos los seis blancos, rubios y además una familia con muchos hijos (suelen no tener más de uno o dos y nosotros somos cuatro), nos sonreían, se acercaban a conversar con nosotros y nos daban sus bendiciones. Compartían su cultura con nosotros y nosotros la nuestra con ellos.

Nuestro guía y chofer, shubastan, es una persona infinitamente humilde. Nunca nos dejó solos, nos cuidó, nos aconsejó y nunca le importó ¿adivinas qué? Sí, justamente, que fuéramos distintos a él y a su gente. Se encariñó con mis hermanitos: el más chico que le enseñó a cantar la canción de “Indiana Jones” y el más grande que le hacía preguntas todo el tiempo. Apenas habla inglés, así que costaba entendernos. Pero, como ya dije, las lenguas no son un gran obstáculo. Nos mostró cosas de la India que no estaban en horarios o en la agenda de viaje. Conocimos a las personas de la india, las humildes y trabajadoras, diferentes a nosotros en todos los aspectos, que no dudaron en ofrecernos su hospitalidad y de compartir con nosotros.

Algo que quiero que tengas en cuenta con respecto a las diferencias, es que las apariencias engañan. Para eso también tengo un ejemplo. En la India, en una estación de trenes en Agra, un chico de unos diez años que sufría poliomelitis se acercó a nosotros. Lo primero que uno piensa es que quiere pedirte dinero o algo más. Le dimos algo (siempre para comer. Nunca dábamos dinero) y Rayu (así se llamaba) lo empezó a repartir entre otros chicos que pedían. No quiso nada para él, sólo quería saber de donde veníamos, cómo era acá, si nos gustaba la India… sólo conversar y conocernos. Se me parte el alma el acordarme de ese chico, generoso y amable, que se movía por el piso a causa de su enfermedad, sufría, quién sabe si todavía viva. Este es uno de los casos en los que uno no puede entender por qué personas tan buenas, que le vendrían a este mundo como anillo al dedo, sufren tanto, y no se las tiene en cuenta. Lo que trato de decir es que hay personas buenas y malas en el mundo. El medio para reconocerlas es mirando por dentro, no por fuera.

Esto es muy importante a tener en cuenta en todo momento y toda persona. No importan las apariencias, ni los rumores. Sino saber mirar más allá de lo que se ve a simple vista, saber abrir la ventana aunque haya tormenta y poder encontrar buenas personas, un nuevo amanecer, almas puras y corazones de oro, que suelen estar escondidos detrás de muchas máscaras. Todas ellas diferentes.[/box]

Familias viajeras (1): Los Rodando Ando

Como les comenté en el post anterior, hoy inauguro la serie Familias Viajeras con un objetivo: demostrar que se puede combinar viajes con vida familiar y que los sueños no se cumplen solamente de joven, sino que pueden concretarse a lo largo de toda la vida.

Hoy, con ustedes, la familia Rodando Ando, de Argentina

La familia con el motorhome que los llevará a dar la vuelta al mundo en 80 meses

Todo empezó un domingo de 1999. Carla y Silvio habían cumplido 10 años de casados y estaban compartiendo un mate en su casa. Silvio le dijo a Carla: “Sabés que desde chico tuve el sueño de dar una vuelta al mundo, pero nunca me lo propuse, luego cuando estaba terminando la escuela secundaria con mi mejor amigo planeábamos irnos a Europa y recorrerla en tren, pero todo quedo en sueños…”, y le preguntó, con miedo de que ella respondiera que era una locura: “¿dejarías todo para ir a dar una vuelta al mundo con los chicos?”. Y cuando Carla respondió: “Sí, sería un sueño hacerlo”, empezaron a planificar juntos.

Contactaron a otros viajeros por internet, escucharon y aprendieron de sus experiencias y comenzaron a diseñar su propio viaje, la ruta, los lugares que visitarían… Cuando llegó el momento de buscar el vehículo adecuado decidieron que deberían diseñarlo y construirlo ellos mismos para que se ajustara a sus necesidades. Finalmente encontraron un motorhome ideal, lo adquirieron en el 2009, lo refaccionaron y lo acondicionaron a su gusto. Bautizaron a su nueva casa “Libertad”, y con ella planean recorrer más de 110 países, a lo largo de más de 300.000 km en 80 meses.

libertad1800

Pero el sueño no termina ahí. Los Rodando Ando también tienen una misión: que su viaje sea, además, una manera de generar conciencia sobre el cambio climático global. El motorhome está acondicionado para utilizar biocombustible, también llevará celdas solares, un generador eólico, un tanque solar para tener agua caliente y una cocina solar portátil. La familia plantará árboles en cada destino que visiten; también generarán material fotográfico y documental para alertar sobre los problemas ecológicos, darán charlas y conferencias, escribirán un libro y, tal vez, realizarán una película.

Los Rodando Ando son Ornella (14 años), Lara (16), Fabricio (17), Patricio (20), Carla (43) y Silvio (50), y aceptaron con muy buena onda responder entre todos a mis preguntas, así que las comparto con ustedes para que puedan conocerlos y, tal vez, darles una mano en este viaje.

Esta es la ruta que planean hacer durante los 80 meses de viaje

¿Qué los motivó o los inspiró a (finalmente) concretar este sueño? ¿Qué los frenaba antes y qué los empuja ahora?

Lo que nos frenaba antes son las excusas que vamos buscando durante nuestra vida para no concretar nuestros sueños, nos vamos atando a “cosas” materiales que no nos permiten volar, con las cosas nos sentimos “más” seguros, eso nos van inculcando y vamos aprendiendo durante nuestra vida, una casa, un auto, un buen trabajo, etc etc, en nuestro caso el concretar el sueño fue despojarnos de esas ataduras que nos dan las cosas.

Pasó un largo tiempo desde que nos planteamos el viaje de nuestras vidas (12 años), tuvimos un proceso de “maduración” y de entender que no nos llevamos de esta vida todas esas cosas que nos dan “seguridad”, venimos a la vida sin nada y de igual modo nos vamos de ella. Ahora nos dimos cuenta que el “motor” de nuestro sueño somos nosotros mismos, y de nosotros depende concretarlo, y lo increíblemente poderoso que es, cuando te das cuenta que empieza a encaminarse el sueño, y ahí te preguntas ¿Por qué no lo hicimos antes?

¿Qué les dicen sus amigos, familiares y allegados? ¿Cuáles son las reacciones comunes frente al viaje que están por emprender?

Las opiniones son diversas, desde ¿Qué van a hacer quéeee…?!!!, está quien no te cree o que piensa que volveremos rápido, quien dice qué bueno, que fantástico, me encantaría pero no me animo, muchos nos dicen si les hacemos un lugar para acompañarnos – y se han ofrecido de distintos oficios y profesiones: electricista, fotógrafo, mecánico, ingeniero agrónomo, ama de casa, etc, estamos pensando en alquilar un cuarto : ) … -. Y realmente, los que nos quieren de verdad se alegran porque hace años que venimos contando nuestro sueño y ven que ahora se hace realidad, entristeciéndonos mutuamente porque nos alejaremos por un largo tiempo.

¿Cómo surgió la idea de viajar y plantar árboles por el mundo?

La idea de viajar comenzó cuando Silvio (Papá) era muy pequeño. Desde siempre soñó con dar la vuelta al mundo. Hace aproximadamente 12 años, Silvio le comentó a Carla (Mamá) sobre su sueño, ofreciéndole la oportunidad de realizarlo, y ella aceptó sin dudarlo. Obviamente no dejaron atrás la opinión de sus 4 hijos (Patricio, Fabricio, Lara y Ornella) que, a pesar de que en ese entonces eran muy pequeños, hicieron propio el sueño de sus padres.

Además de concretar nuestro sueño se nos ocurrió que podríamos encontrarle un fin al viaje: contribuir a solucionar dos problemas que están muy relacionados entre sí, el cambio climático y la desforestación del planeta, por un lado documentando con fotografías y videos para alertar sobre los cambios, y por el otro lado promoviendo una solución concreta, plantar árboles de especies locales (haciéndolo nosotros mismos) y difundir la idea para que se haga una práctica repetitiva, así en colegios, ONGS, Municipios y Gobierno se pueden poner a trabajar juntos, y que esta práctica se vuelva habitual. Y parece que en conjunción con nuestro sueño, el PNUMA (Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente) declaró al 2011 Año Internacional de los Bosques. Es decir concretando nuestro sueño también contribuiremos (con nuestro pequeño granito de arena) a dejar un mundo mejor.

Los RodandoAndo hijos :)

¿Cómo planean hacer con la educación de los chicos?

La “Educación Formal” la estamos haciendo a través de la UEDE (Unidad de Educación a Distancia en el Exterior) que pertenece a la Fuerza Aérea Argentina. Tienen un programa para los alumnos que se encuentran en el exterior y les permite estar en contacto con profesores, estudiar a través de libros, Foros, Email, DVD e internet y, por supuesto, poder chatear con estudiantes de todo el mundo.

La no formal será la más enriquecedora, aprendiendo de las distintas culturas, aprenderán “en vivo”, Historia, Geografía, e Idiomas. Será una experiencia cultural invalorable. Los chicos llevarán un plan de estudios a seguir para completar sus estudios “tradicionales” y además tendrán que realizar un trabajo investigación y realizar un informe sobre cada lugar que visitemos, investigación que nos permitirá adquirir conocimientos más profundos que los que uno aprende cuando lo hace como un turista tradicional, nosotros lo haremos como viajeros.

¿Cómo planean a financiar el viaje?

De la misma manera que financiamos nuestra vida en la actualidad, por un lado iniciamos con un poco de capital, gran parte se la consumió nuestro vehículo, luego tenemos varias ideas:

A. Con sponsors a cambio de publicidad en el vehículo y en nuestra página web.
B. Con una grilla en el vehículo y en la web, para quienes nos quieren ayudar individualmente comprándonos un pequeño espacio para publicar su foto (que viajará con nosotros por todo el planeta) con la bandera de su país y su nombre (la misma foto en la web puede contener un enlace a su web, blog, etc), así nos ayudarán a cumplirlo y nos acompañaran en nuestro viaje.
C. Produciremos DVD con fotografías y videos de las distintas etapas del viaje que iremos vendiendo.
D. Al final del viaje escribiremos un libro (o varios) que terminarán de pagar nuestras deuda.
E. Nos gustaría filmar una película de nuestro viaje ( Pero ese es otro sueño…!!!)

¿Por qué decidieron hacer la vuelta al mundo “en 80 meses” (y no más o menos)? ¿Creen que el viaje puede extenderse y convertirlos en “viajeros de por vida”?

Emulando a Julio Verne, por la vuelta al mundo en 80 días… pero en 80 meses, pues más o menos se ajustaba a lo que estimábamos en recorrer: alrededor de 300.000 km a 125 km x día de promedio, un viaje muy tranquilo. Hasta ahora todos los viajeros que conocimos (y son muchos, algunos personalmente, otros por internet) “nunca cumplieron” con lo que estimaban en tiempo (siempre fue más), o el recorrido a hacer, o los kilómetros a recorrer, porque fundamentalmente esa es la diferencia entre un turista que tiene que cumplir con un itinerario, fecha, lugar, el viajero no se encuentra limitado a esos parámetros. Seguramente se extenderá por más tiempo, no sé si de por vida, pero Dios dirá.

Dentro del motorhome

¿Qué sienten ahora, a poco tiempo de emprender el viaje?

Lo que sentimos es una mezcla: un poco de miedo, algo de nervios, muchísima ansiedad. Pero lo que prima es la felicidad que nos da el poder comenzar el viaje. Que nos deparará el siguiente día, donde dormiremos la siguiente noche…

Sentimos que todo está fluyendo muy naturalmente. Leímos algunos libros y vimos algunas películas durante todo este tiempo (El secreto, El poder, Confianza Total, etc), que nos ayudaron a que nuestro sueño se haga realidad, pero la película “El Secreto” fue muy motivadora para nosotros la vimos hace unos años atrás y a todos se la recomendamos… antes de ayer vinieron a hacernos una nota para una revista (una productora, fotógrafo y periodista),  y le contamos al periodista sobre la película, del “Secreto” (pues nuestro vehículo tiene una historia particular muy relacionada con el tema), del poder de visualizar tus sueños, mientras el fotógrafo escuchaba y hacía sus tomas con el vehículo en exteriores, cuando subimos para hacernos las fotos en el interior, se puso a revisar las fotos que había hecho y nos extraño que de pronto se acerca a la productora y le habla al oído susurrándole algo… luego sale al exterior a sacar unas fotos con los chicos y en ese momento nos confiesa: “…él no sabe como decirles, mientras revisaba las fotos visualizó la placa del vehículo (en Argentina son tres letras seguidas de tres números), y la placa tiene las letras SOD…¿saben que quiere decir esto en Hebreo?: Secreto”. Esa noche nos costó dormir…

¿Qué mensaje quieren transmitirle al mundo a través de este viaje? ¿Y qué le dirían a todas esas familias que sueñan con viajar como ustedes pero no se animan?

Que los sueños son posibles, que hay que intentarlo, que todo tiene su dificultad, que hay que ver qué relegar, que es lo realmente importante para cada uno, y deshacernos de lo que no necesitamos, que no es importante pero nos consume nuestro tiempo para poderle dedicar a nuestro sueño. Si le ponemos toda nuestra fuerza y nuestra alma, el sueño se hará realidad. Y si no lo intentan, cómo sabrán si era posible, si aman realmente ese sueño, este será realidad, solo hay que saber eso, todo lo que hacemos en la vida es por amor, y es eso lo que nos llena el alma, amen su sueño!!!

Piensen qué sueños tienen guardados en su interior e incluso no se lo han confesado a nadie, la primera premisa es tener valor para contar el sueño (siempre encontrarán a muchos que dirán: baja a la realidad, eso no es posible…no le lleven el apunte, todo es posible), luego hay que empezar a trabajar en él y ya estarán comenzando a cumplirlo. Anímense!!!

[quote style=”boxed”]”Dentro de veinte años, te sentirás mas frustrado por las cosas que no hiciste que por aquellas que si has hecho. Así que suelta las amarras. Aléjate de la seguridad del puerto. Atrapa los vientos alisios en tus velas. Explora. Sueña. Descubre.” Mark Twain[/quote]

¡Gracias por compartir su historia, les deseo un excelente viaje!

Pueden visitar su web para seguirlos de cerca: rodandoando.com
y hacerse amigos en Facebook: www.facebook.com/rodando.ando

[box border=”full” icon=”https://www.anikovillalba.com.ar/imagenes/post-star-ch.gif”]Este post pertenece a la serie Familias Viajeras. Si formás parte de (o conocés a) una familia viajera (o, por qué no, a una “futura familia viajera”), dejame un comentario con tu contacto. ¡Me encantaría compartir tu historia![/box]

Familias viajeras

Una de las frases que más me dijeron desde que anuncié, a mediados del 2007, que quería dedicarme a viajar fue (entre otras como “estás loca”, “no te hagas la hippie”, “buscate un trabajo de verdad” y “no se puede vivir de eso”): “hacelo ahora que sos joven y podés” (frase muchas veces seguida de: “porque una vez que te casás y tenés hijos… olvidate”). Esa frase siempre me generó bronca y una sensación de “no entendimiento” (no de mi parte, sino de parte de los que me aseguraban semejante “verdad”).

Y siempre me quedé pensando en eso de “ahora que podés”. Entonces… ¿los sueños solo pueden cumplirse “de joven”? ¿Cuando uno crece debe olvidarse de todo eso que soñaba para su vida y resignarse a una rutina que parece estar pre-escrita y marcada de antemano? Entonces ¿qué? ¿cuando uno forma una familia con la persona que eligió, hay que dejar los sueños de ambos de lado y seguir el camino socialmente aceptado? ¿Y si justo los dos resultan ser viajeros? ¿Y si ambos comparten los mismos sueños y buscan llevar adelante un mismo estilo de vida? ¿O será que, siguiendo el razonamiento de “ahora que podés”, todos los viajeros estamos condenados a quedarnos solos de por vida?

En el 2008, días antes de emprender mi primer viaje por América latina, me pasó algo que me inspiró muchísimo y me dio a entender que no era la única que tenía un sueño grande: conocí la historia de los Zapp.

La familia Zapp: de Argentina a Alaska en un auto de 1928

Herman y Cande Zapp, una pareja argentina, decidieron cumplir su sueño y viajaron desde Argentina hasta Alaska en un auto Graham Paige de 1928. Tardaron más de cuatro años, escribieron un libro en el camino (“Atrapa tu sueño”, recomendado para todos los viajeros, potenciales viajeros y soñadores) y tuvieron dos hijos en pleno viaje. Cuando salieron de Argentina tenían planeado viajar pocos meses; hoy, más de 10 años después de haber salido, siguen en la ruta: están en Asia y ya son seis. Los Zapp ahora son Herman, Cande, Pampa (nacido en Estados Unidos), Tehue (nacido en Argentina), Paloma (nacida en Canadá) y Wallaby (nacido en Australia). Y el Graham, claro.

Hace pocas semanas, los Zapp y yo intercambiamos mails y estuvimos muy cerca de conocernos en Malasia, pero al final no se dio porque cuando ellos llegaron yo ya estaba volando de vuelta a Indonesia. Una pena. Me hubiese encantado conocerlos en persona y hacerles todas las preguntas que tengo en la cabeza desde que leí su libro. La familia Zapp, en mi opinión, representa lo que yo y muchísimos más soñamos. Ellos se animaron, lo lograron y le demostraron al mundo que es posible tener una familia y aún así cumplir sueños como, en este caso, el de viajar por el mundo. Ya dije una vez: “Cuando sea grande quiero ser viajera”, y ahora agrego: “y cuando tenga familia quiero ser como los Zapp”.

Muchos dirán que soy idealista, utópica, irrealista. Ya me lo dijeron y, les soy sincera, cada vez me importa menos. ¿Tengo que dejar de lado mis sueños porque al resto del mundo le parezcan inconcretables? ¿Tengo que entregarme a un estilo de mi vida que no me gusta porque para muchos es “el único” o “el correcto”? Si mi objetivo de vida es ser viajera, entonces haré todo lo posible para invertir mi plata, mi tiempo, mi energía y todas mis capacidades en eso. Y también haré todo lo posible por compartir mi experiencia con el resto del mundo.

Justamente en estos días, cuando me escribía con los Zapp y pensaba en estas cosas, “me crucé” (cibernéticamente) con varias familias viajeras que ya hicieron varios viajes o están a punto de salir. Y, además de inspirarme, me generaron muchas preguntas que me dieron ganas de compartir en el blog. Así que en los próximos post les voy a presentar a algunas familias viajeras, a familias que me inspiran y que, ojalá, también los inspirarán a ustedes.

Mientras tanto, pueden conocer a los Zapp, la familia que me inspiró a crear este post, acá: www.argentinaalaska.com

Los mini-Zapp :)

Y si conocen alguna familia viajera (o forman parte de una) mandenme el contacto, así los invito a participar en el blog. En el próximo post inauguro la serie con los RodandoAndo. Les doy un mini adelanto: van a hacer la vuelta al mundo en 80 meses en un motorhome. Ya los conocerán.

Historias minimalistas de Malasia (V): dentista

[box type=”star”]Este post pertenece a la serie Historias minimalistas de Malasia: un intento de viajar liviana, solo con mochila de mano, y de fijarme en los detalles, en las historias chiquitas. Después de cinco visitas a ese país, me pareció bueno cambiar de perspectiva.[/box]

Afuera hacía tanto calor que decidí volver al hostel sin culpa. No me gusta caminar a la una del mediodía bajo el sol asiático ecuatorial, la luz tampoco es buena para sacar fotos, así que me pareció el mejor momento para descansar sin remordimiento.

Me acosté en una de las diez camas del dormitorio compartido del hostel donde estaba alojándome en Melaka (4 dólares la cama, por si se lo estaban preguntando) y me puse a trabajar con la computadora como si el mundo exterior no existiera (tengo ese problema, cuando me pongo a escribir, todo a mi alrededor desaparece). Estaba sumergida en mi mundo cuando alguien rompió la burbuja con el clásico “Where are you from?” (“¿De dónde sos?”), la pregunta que, al viajar, es necesaria, inevitable y perfecta para iniciar cualquier tipo de conversación entre dos desconocidos que claramente son extranjeros.

Era una mochilera suiza que estaba viajando con su novio por Asia por primera vez. Le dije que era argentina y vi que miró la computadora y me miró a mí con cara de “¿qué hacés frente a la computadora en este lugar del mundo y a esta hora del día?”, pero no dijo nada y yo tampoco me justifiqué. Y arrancó el interrogatorio (simpático, obvio) de siempre, al que cada día me cuesta más responder (por un tema de tiempo, ya que todos los días me preguntan lo mismo y a veces me da pereza extenderme y explicar bien “qué es lo que hago en esta vida y en esta parte del mundo”): ¿Hace mucho que estás viajando? ¿A qué te dedicás “en Argentina”? (pareciera que todavía es difícil concebir que alguien pueda viajar y trabajar a la vez) ¿Viajás sola? ¿Y cuándo volvés a Argentina? ¿Y qué vas a hacer cuando vuelvas? ¡Ah! Sos escritora de viajes, ¡qué buen trabajo! Sí, es un buen trabajo pero no tan glamoroso como parece de afuera… pero, ¿para qué entrar en detalles?

Estas preguntas son tan fáciles que podría responderlas con monosílabos, pero en el fondo son armas de doble filo. La persona que pregunta se irá feliz con su colección de respuestas y con la versión simplificada que se lleva de la persona a la que acaba de conocer, pero la persona que “es preguntada” (en este caso, yo) puede sentirse un poco confundida durante el resto del día. Ese “¿y qué hacés de tu vida?”, una pregunta disfrazada de simpleza, es mucho más compleja de lo que parece, y si te la hacen en uno de esos días en los que te planteas el significado de la vida y tu objetivo en este mundo, chau. Cuestionamiento interno, dudas y miedos por una semana, mínimo.

Melaka, con iglesia de fondo

… templos…

La mezquita a pocos metros de mi hostel

La mezquita a pocos metros de mi hostel

Cuando el sol empezó a bajar salí a caminar por ahí. Los fines de semana Melaka se llena de gente: es una ciudad colonial que queda a menos de dos horas de Kuala Lumpur, es abarcable a pie y en menos de dos días, tiene un mercado nocturno interesante, la comida es riquísima y barata y los conductores de rickshaw esperan en cada esquina en sus bicicletas cubiertas de flores para llevarte a pasear entre iglesias y ríos. Un pueblito de esos que llaman “pintorescos”.

A la espera de pasajeros

Me alejé un poco de las calles principales (ni siquiera cambié de barrio, sino que caminé por callecitas paralelas) y no encontré a ningún turista. Encontré, en cambio, una ciudad vacía y adormecida, con detalles que le otorgaban personalidad. Me hice amiga de un gato callejero que se me colgó de las zapatillas suplicando que jugara con él, me crucé con un chino que iba en bicicleta y me preguntó de dónde era (cuando le respondí argentina me dijo, muy seguro de sí mismo, “No, you are American, you have American accent”), espié a un hombre que se quedó dormido frente a su negocio y a una mujer india que estaba cocinando en la entrada de su casa. Encontré altares silenciosos en las columnas y en las esquinas, observé rituales religiosos en los templos y mezquitas y presencié rituales gastronómicos en el mercado (como el simpático chino que apretaba los noodles con una mano). Caminé, anónima una vez más, entre gente a la que jamás volvería a ver.

Esta señora estaba asomada a la ventana de su casa, charlando con la gente que pasaba por ahí

El que se durmió

Lavando los platos en la puerta (a esto le llamo cultura callejera)

Fogata en la entrada

¿Qué esperará?

Un altar chino

Helados de colores!

Esa noche, mientras leía El Gran Bazar del Ferrocarril, de Paul Theroux, me encontré con el siguiente fragmento:

[quote style=”boxed”]“Rashid, el conductor del coche-cama, me ayudó a encontrar mi compartimento y tras dudar unos segundos, me pidió que revisara su diente. Le estaba causando mucho dolor, dijo. La solicitud no era impertinente. Yo le había dicho que era dentista. Me estaba cansando de la inquisición asiática: ¿De dónde vienes? ¿Qué haces? ¿Casado o soltero? ¿Hijos?”[/quote]

Y sentí, como muchas veces nos pasa a los lectores, que Theroux había escrito esas palabras para que yo las leyera casi 40 años después, sentada sobre la cama en un hostel de Malasia, tras cuestionarme el tema de mi/nuestra identidad y mi/nuestra misión en este mundo.

Y pensé, Theroux estuvo bien. De ahora en más voy a decir que soy dentista y me estoy tomando un año sabático en Asia.

¿Alguien necesita que le revise la muela?

Un experimento minimalista: a Malasia con mochila de mano

[box type=”star”]Este post pertenece a la serie Historias minimalistas de Malasia: un intento de viajar liviana, solo con mochila de mano, y de fijarme en los detalles, en las historias chiquitas. Después de cinco visitas a ese país, me pareció bueno cambiar de perspectiva.[/box]

Hace poco me enganché con un blog minimalista: se llama miss minimalist y está escrito por una mujer que decidió, junto a su marido, vivir una vida minimalista con la menor cantidad de objetos posible. Su filosofía es que la excesiva cantidad de “cosas” que la sociedad nos obliga a adquirir se terminan apropiando de nosotros: cuantas más cosas tenés, mayores serán tus preocupaciones (desde esa presión por “comprar el último modelo” hasta la “necesidad” de asegurar tu casa contra robos y desvelarte pensando que un día alguien puede entrar y llevarse todo).

Esta pareja decidió mudarse de Estados Unidos a Inglaterra y aprovechó la oportunidad para deshacerse de todos los objetos “innecesarios” que había acumulado tras varios años de convivencia. Llevaron a cabo una limpieza, vendieron y donaron casi todas sus pertenencias y su mudaron a Inglaterra solamente con dos bolsos de mano.

Es un blog muy inspirador para quienes quieren vivir con menos ataduras hacia lo material, con más espacio “en blanco” y más orden mental. Uno de los posts que más me gustó (y me motivó) fue el de “viajes minimalistas”: cuando viajan, ya sea por dos semanas o tres meses, no llevan más que una mochila de mano con lo indispensable.

No hay nada peor (para mí) que viajar con mucho equipaje. Ustedes dirán: todo depende del tipo de viaje que se haga. Puede ser, cada cual sabe qué necesidades tiene cuando viaja, pero para mí, que me gusta ir de un lado a otro, viajar varios meses y recorrer más de un país en un mismo viaje, no hay nada más agotador (y desmotivador) que llevar kilos de más.

Y en este último tiempo comprobé que más de 8 kilos ya es demasiado.

Si bien desde el principio intenté empacar “liviano” (abajo de los 10 kilos), con los meses el peso de mi mochila fue aumentando: regalo por acá, regalo por allá, este souvenir para no se quién, este recuerdo de tal lugar, todos estos libros que no pude evitar comprar (siempre termino con la mochila llena de libros, es de lo que más me cuesta desprenderme), guías de viaje, cuadernitos “tan lindos” que me enamoraron, remeras y zapatillas de más. Al principio lo cargué, sin pensarlo demasiado, pero con el paso de los meses me di cuenta de que el exceso de equipaje me estaba sacando las ganas de moverme de un lado a otro (cada vez que estaba por cambiar de ciudad pensaba “uff… otra vez a empacar, otra vez a caminar con la maldita mochila”). Al viajar con mochila, todo se carga en la espalda, no hay carritos, no hay servicios de valet (?), no hay taxis privados que te lleven todo al hotel (¿qué hotel?), no hay nadie que te ayude a cargar todo el peso que llevás encima.

Hace unos días tuve que dejar Indonesia porque se me vencía la visa, así que me vine a Malasia con el objetivo de concretar un experimento minimalista que venía pensando hace tiempo: viajar (ultra) liviana. Doné mucha ropa, dejé libros en Indonesia y me traje solamente la mochila de mano para un viaje de casi dos semanas. Ustedes dirán, dos semanas no es nada. Bueno, ahora piensen en esas familias/parejas que se van “una quincena” de vacaciones y se llevan dos valijas repletas per cápita. Ahí está: mochila de mano vs. valijas, mochila de mano vs. mochila grande. Ganó la mochila de mano.

Esto fue lo que me traje para mis dos semanas en Malasia

Empaqué lo necesario e indispensable: algo de ropa (da lo mismo traer tres remeras que traer cinco, en algún momento habrá que lavarlas), un mini botiquín (acá en Malasia se consigue de todo), un cuaderno y una birome, mp3, zapatillas, un par de ojotas, documentos y plata. Tengo dos pesos de los cuales no puedo desprenderme: la cámara y la computadora. Y entre ambas deben pesar alrededor de 4 kilos (incluyendo cargadores, lentes y accesorios). Si no fuese por eso, viajaría recontra liviana.

Me bajé del avión con mi mochila de mano y un bolsito donde llevo la cámara y salí del aeropuerto feliz, ya que ni siquiera tuve que ir a la cinta a esperar el equipaje. Caminé tranquila, casi sin sentir el peso de todas mis pertenencias en la espalda. La vez anterior que vine a Kuala Lumpur mi mochila estaba pesadísima y me acuerdo de cómo sufrí y maldije al calor tropical (mochila pesada + humedad NO es una buena combinación). Y me prometí a mi misma: cuando vaya a la India (o al destino que sea) quiero viajar así, con lo mínimo indispensable y solamente con mochila de mano, aunque sean varios meses de viaje.

Creo que el viajar liviano es parte de un aprendizaje y siento que de a poco logro desprenderme de más y más cosas que no necesito (y que tal vez a otros sí les son útiles).

Así que desde hoy me propongo ser una viajera minimalista.

***

Ustedes, ¿cuánto equipaje llevan cuando se van de viaje? (¡seguro que los hombres llevan mucho menos! los envidio)

¿Qué cosas no pueden dejar en casa? ¿Qué son las cosas de las que prescinden en un viaje?

Ojalá pudiese viajar sin cámara y computadora… me sacaría varios kilos de encima. Pero no puedo, para mi viajar también implica fotografiar y escribir… ¡necesito mis herramientas!

El día que conocí a Steve McCurry

Quiero compartir algo que me pasó hace ya más de un año, en Buenos Aires, unas semanas antes de emprender mi loco viaje por Asia.

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Como dije en algún otro post, cuando uno viaja da lo mismo que sea lunes, jueves o domingo, ya que los días dejan de tener una etiqueta y pasan a ser “El Día Que”: “el día que nadé en lava volcánica”, “el día que me tiré en parapente” o “el día que conocí a John Lennon” (tres días que nunca pasaron en mi vida, aclaro).

Pero lo que no dije es que cuando uno está inmerso en la rutina, esos días también existen y son los que nos hacen salir de la vida cotidiana: son esos “momentos” en los que nos damos cuenta de que estar vivo en este tiempo y en este lugar es lo mejor que nos podría haber pasado.

Bueno, resulta que un día cualquiera mi editora me encargó entrevistar a Steve McCurry porque estaba segura de que aquel fotógrafo estadounidense y yo “nos íbamos a llevar bien”. Tal vez debería escribir STEVE McCURRY así con mayúsculas, porque este hombre no es solamente un fotógrafo, es una eminencia de la imagen, uno de los mejores retratistas del mundo, en mi humilde opinión.

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¿Se acuerdan de la mirada de la Chica Afgana, no? Fue la tapa más famosa de la National Geographic y una de las imágenes más reconocidas del mundo, un ícono del siglo XX.

Bueno, esa la sacó Steve.

Steve (me tomo el atrevimiento de llamarlo Steve) estuvo en Buenos Aires para inaugurar la muestra que hizo en el Centro Cultural Borges y, el día anterior, dio una conferencia de prensa para varios medios argentinos. Ahí fui yo.

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Imagínense mis nervios.

Cuando la conferencia de prensa (“ordenada”) terminó, empezó el caos. Más de 30 periodistas se le abalanzaron para entrevistarlo en privado y sacarle mil y una fotos.

— Estiv, Estiv!! Plis, a picture with the chica afgana.

— Estiv! Only two questions, two more questions!

— Estiv, look here, una foto con tu cámara, plis.

Yo decidí ser paciente y no acosarlo cual mujer desesperada. Pensé: en algún momento el resto de los periodistas se va a ir y ahí aprovecharé para hacerle la entrevista con tranquilidad.

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Entre varios se lo llevaron afuera de Galerías Pacífico —tras el pedido de “una foto al aire libre, Estiv”— y le sacaron todo tipo de fotos: mirando hacia el vacío, con la cámara acá, con la cámara allá, de frente, de espaldas, con la mano levantada, con el pie apoyado. Y él, tan tranquilo, se dejó fotografiar. Qué ironía. Qué habría pensado el fotógrafo al ser fotografiado… Seguramente por dentro se reía de todos.

Cuando terminaron de sacarle fotos, el hombre quedó solo. Solo. Por primera vez en cuatro horas lo dejaron solo. Era mi oportunidad. Caminé hacia adentro del Shopping (el Centro Cultural Borges está ubicado dentro del Shopping Galerías Pacífico) con él y mientras subíamos por la escalera le charlé de ser humano a ser humano (o de loca a genio al que trata como ser humano).

—Hi Steve. ¿Todavía tenés energía como para una entrevista más? [todo en inglés]

—Of course!

—¿Es tu primera vez en Argentina?

—Sí.

—¿Y cuál es tu próximo destino?

—El sábado me voy a la India.

Y ahí, en pocos microsegundos, pensé… será muy ridículo si… qué hago… le digo o no le digo le digo o no le digo le digo no le… ya fue, le digo.

—¡Qué bueno! Yo me voy de viaje a Asia dentro de un mes y probablemente me quede un año por allá.

Por primera vez durante nuestra conversación me miró a la cara y me sonrió. Le encantó lo que dije. [Nota: cuando este hombre empezó su carrera como fotógrafo freelance, a los veintipico de años, se fue a la India con el plan de estar “un tiempito” allá y se terminó quedando meses y meses, y la mayor parte de su carrera como fotógrafo la hizo en Asia].

—Really???

—Sí, yo escribo e intento sacar fotos [no puedo dármela de fotógrafa con un tipo tan groso] y quiero vivir de esto.

—Wow, impressive.

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Llegamos nuevamente a la sala del Borges —vacía— y me pidió que lo esperara mientras iba al baño. Me quedé ahí parada, nerviosísima, pensando lo peor: ¿Y si se le ocurre escaparse por la ventana del baño para no tener que seguir lidiando con la prensa? Recemos para que el baño no tenga salida al exterior. Volvió a los cinco minutos y me invitó a sentarnos dentro de la sala de exposición, entre medio de todas sus fotos.

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Saqué el grabador y empecé con las preguntas.

—Empezaste estudiando cine… ¿qué te hizo elegir la fotografía como profesión?

—Bueno…

Me dió una breve explicación que ni siquiera llegó a terminar y se interrumpió a sí mismo: BUT TELL ME ABOUT YOUR TRIP. ¿Cuándo te vas? ¿Por dónde vas a estar? ¿Vas sola? ¿Viajas por placer? ¿Cuál es tu plan?

No podía creerlo. Steve McCurry me entrevistó a mí.

Le conté un poco sobre mi vida: que en el 2008 viajé a Latinoamérica por nueve meses, que la escritura, que las fotos, que mi atracción por Asia, que mi pasión por viajar.

Me pidió mi contacto.

Y en ese momento ni lo pensé y saqué una caja llena de fotos de mi bolsito.

El día anterior había impreso unas 50 fotos que había sacado en mi viaje por América latina y las había convertido en “tarjetas personales” (les escribí a mano mis datos de contacto en el dorso, bien rústica la cosa). Las llevé a la conferencia de prensa “PARA VER QUÉ ONDA”, pero confieso que si él no me pedía mi contacto jamás iba a animarme a mostrarle estas fotos así de la nada. Así que cuando me pidió mi contacto saqué el fajo de fotos y le dije que eligiera una (arriesgándome a que el tipo ni le diera importancia al asunto y agarrara la primera para quedar bien). Pero no sólo eligió una sino que miró todas, tranquilamente, e hizo una preselección de cinco que le habían gustado hasta que eligió su preferida.

No sé qué habrá sido de esa foto, si todavía la tiene, si la perdió entremedio de tantas otras que le deben haber dado, si se acuerda de mí, si no se acuerda.

No me importa.

Aquel día sentí que estaba yendo por el camino correcto, que tenía que seguir con esto de viajar, escribir y sacar fotos por más loco e irrealizable que le pareciera al resto del mundo. Porque hubo muchas personas que empezaron así, cumpliendo un sueño (o sueñito) que al resto del mundo le parecía loco e irrealizable y terminaron haciendo grandes cosas. Y si tuve la suerte de que la vida (o mi editora) me hiciera conocer a una persona como él, fue por algo. Estas cosas no pasan porque sí.

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***

Esta es la entrevista que salió publicada un tiempo después en la revista Clase Ejecutiva de El Cronista Comercial.

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