Desafío Islandia (8): Encontrar la fábrica de artistas

Sincronicidad (Synchronicity): según Carl Jung, la sincronicidad es la simultaneidad de dos eventos que no son causa y efecto entre sí pero que están vinculados por el sentido. Son esas coincidencias no casuales (lo que muchas veces llamamos “señales”) en las que el universo intenta decirnos cosas. 

encontrar-la-fabrica-de-artistas-islandia-11

Esta historia empezó antes de que nos diéramos cuenta. Quizá en el aeropuerto de Reyjkavík, cuando un impulso me hizo guardarme una copia de la revista Atlantica (“All about Iceland”). Quizá cuando Lau anotó el nombre del único miembro de Couchsurfing en Seyðisfjörður para tener un contacto por si acaso. Quizá cuando nadie nos levantaba en la ruta hacia los fiordos del este. Quizá cuando volvimos a encontrarnos al italiano y le dijimos de sacarnos una foto con él. Quizá cuando decidimos viajar a Islandia y dejar que el camino nos lleve a donde quisiera. Quizá mucho antes, en Buenos Aires, cuando participé de una movida artística que se dedicaba a embellecer lo efímero. O quizá en el 2005, cuando una empresa de pescado decidió mudar su base de operaciones a otra parte de Islandia. Como sea, esta es una historia de sincronicidad.

encontrar-la-fabrica-de-artistas-islandia-2

Vamos a sincerarnos: viajamos a Islandia sin ningún tipo de plan ni itinerario. Por un lado, porque no tuvimos tiempo de preparar nada (los días previos al viaje fueron caóticos); por otro, porque nos divertía la idea de ser viajadas por un lugar. ¿Y a dónde van a ir en Islandia? A donde nos lleven. Eso hizo, quizá, que el día que aterrizamos en Reykjavík nos pusiéramos a recolectar folletos, revistas y guías a lo loco, tal vez para sentirnos un poco menos culpables de haber llegado tan poco informadas.

Durante alguno de nuestros primeros días en Reykjavík me puse a hojear una de las revistas y me choqué con un artículo que me llamó mucho la atención: el título era “Stuck in Stöðvarfjörður” (“Atrapados en Stöðvarfjörður”) y contaba que en un pueblito de los fiordos del este (“los remotos fiordos del este”, según la periodista), un grupo de artistas locales y extranjeros había recuperado una fábrica de pescado abandonada y la estaba convirtiendo en un centro artístico, creativo y comunitario autosustentable. Yo había llegado a Islandia sin una lista obligatoria de lugares que quería conocer (estaba abierta a lo que surgiera) y de golpe esa fábrica se puso en el puesto número uno. Me encanta ver paisajes, pero estas movidas artísticas autogestionadas le ganan a casi todo. Le mostré el artículo a Lau y me guardé la revista con intención de encontrar esa fábrica, aunque tuve algunas dudas: Tal vez no sea tan fácil acceder a esta comunidad, quizá no quieren recibir a nadie de afuera, es obvio que no voy a poder entrar a la fábrica solo porque la vi en una revista… Ver ese espacio artístico por dentro y conocer a los que estaban a cargo del proyecto se convirtió en mi desafío personal.

recortes-1

Dimos la vuelta a la isla en el sentido de las agujas del reloj (escribo en pasado porque ya nos fuimos de Islandia, pero hagamos de cuenta que seguimos ahí…) pero, como dije antes, sin demasiado plan. Una pareja canadiense que nos levantó en la ruta nos recomendó visitar Seyðisfjörður (se pronuncia “seidisfiordur”) (no saben lo que nos costaba recordar los nombres de cada lugar), un pueblito de los fiordos del este (no el de la fábrica sino otro, aunque suenan parecido), así que fuimos para allá. Buscamos couch, un poco a último minuto, y solamente encontramos a un chico italiano, así que nos anotamos su nombre para tener un contacto por las dudas, pero nunca le avisamos que íbamos para allá.

encontrar-la-fabrica-de-artistas-islandia-1

Imágenes de Seyðisfjörður

encontrar-la-fabrica-de-artistas-islandia-3

Llegamos a Seyðisfjörður con el desafío de no pagar ni una noche de alojamiento en pie (Laura escribirá al respecto), y al no conseguir dónde quedarnos fuimos en busca del italiano. No sabíamos por dónde empezar a buscarlo, así que optamos por lo que teníamos a mano: estábamos paradas al lado de un restaurante, así que entramos y le preguntamos a la chica de la barra si conocía a un chico italiano de tal nombre. Se quedó callada, hizo como que pensaba y se rió: “Sí chicas, está acá, es el chef”. Sabemos que en los pueblos casi todos se conocen, pero que haya estado en el primer lugar que lo buscamos fue demasiada coincidencia. Esa noche fuimos a tomar una cerveza con él y sus amigos y nunca pensamos que el italiano, sin saberlo, sería el nexo entre nosotras y la fábrica de artistas.

encontrar-la-fabrica-de-artistas-islandia-4

Es verdad que el mundo es un pañuelo…

Al día siguiente nos paramos a la salida del pueblo con la intención de llegar a dedo a Stöðvarfjörður, el pueblito de la fábrica, o de por lo menos recorrer los fiordos del este, acampar en algún lugar y seguir rumbo al sur para volver a Reykjavík en tres días. Si bien tenía muchas ganas de conocer la fábrica no sabía qué tan accesible sería la ruta para llegar al pueblo y como ya nos quedaba poco tiempo en Islandia no queríamos quedarnos clavadas en medio de la nada. Ciertas partes de la isla, como el este, tienen muy pocos turistas y rutas casi desiertas, así que salir de (o llegar a) algunos pueblos a dedo no es fácil. Ese día dejamos que el azar decidiera por nosotras.

encontrar-la-fabrica-de-artistas-islandia-7

Teníamos chances de quedar “varadas” en lugares así…

encontrar-la-fabrica-de-artistas-islandia-6

Con rutas desiertas y casi nada de gente.

Todos los autos que pasaban nos ignoraban. ¿Tendremos algo?, le pregunté a Lau. Era raro que nadie nos hiciera ni un gesto de reconocimiento.  Si todo iba a ser a ese ritmo, no íbamos a llegar nunca. Casi una hora después (lo cual, en términos autoestopísticos islandeses, es mucho) frenó una camioneta. Mientras se acercaba le hicimos un mini bailecito de felicidad y cuando estacionó nos dimos cuenta de que el conductor era el italiano. Conclusión: si están haciendo dedo y no frena ningún auto, paciencia: siempre los levanta el que los tenía que levantar (y puede que tarde un poco más en pasar a buscarlos).

Avanzamos por la ruta muy contentas, charlando hasta por los codos con el italiano, y cuando llegamos a Egilsstaðir le dijimos que no podía irse sin que nos sacáramos una foto juntos. Pero esa vez, en lugar de hacer una autofoto (o selfie) como hicimos con casi toda la gente que nos levantó a dedo, quisimos hacer una foto de verdad, así que Lau se acercó al único auto que estaba estacionado cerca y le preguntó al chico que manejaba si podía sacarnos una foto. Dijo que sí, se bajó del auto, nos sacó la foto y nos preguntó a dónde íbamos. Era irlandés.

italiano

La foto en cuestión

—Queremos llegar a Stöðvarfjörður.

Le mostramos el lugar en el mapa, pensando que no iba a conocerlo (es un pueblo de 200 habitantes, y la mayoría de la gente a la que le hablamos del lugar no sabía dónde quedaba).

—¿Ah sí? Yo vivo ahí… Soy músico y estoy trabajando en un proyecto con otros artistas, estamos armando un estudio de grabación.

—Qué bien… ¿Puede ser que en ese pueblo hay una fábrica de pescado abandonada que está siendo convertida en un centro artístico? Porque lo vimos en una revista y tenemos muchas ganas de ir a conocerla…

—Sí, justamente ahí estoy trabajando yo. Miren, si nos esperan un rato, mi novia y yo podemos llevarlas…

Nah.

sign

Foto: thecoolhunter.net

No podía ser. Ni que nos hubiésemos puesto de acuerdo. Si no hubiera sido por la antiselfie, si no hubiera sido por el italiano, si no hubiera sido por todo lo que pasó antes…

Sin embargo, un rato después, la propuesta de ir con ellos se pinchó. Tenían que hacer bastantes trámites y al parecer tenían otros planes, así que quedamos en lo siguiente: nosotras haríamos dedo para intentar llegar, y si ellos nos veían en la ruta cuando volvieran al pueblo nos levantarían. Por dentro volví a dudar: ¿y si esto es una señal de que no tenemos que ir? Ya eran como las seis de la tarde y empezaba a hacer frío. Nos esperaba una ruta muy vacía y no teníamos ganas de acampar a la intemperie (habíamos pasado demasiado frío las noches anteriores). Si llegábamos al pueblo de la fábrica tampoco teníamos dónde dormir. Nos quedaba poco tiempo en Islandia y contábamos los días como las monedas para el colectivo: “No nos alcanzan”. La decisión quedaba en mí, era yo la que quería ir a la fábrica. Lau, por suerte, me bancaba.

—Vamos, intentémoslo, no quiero quedarme con la duda o la bronca por no haber ido.

here

Ubicación de la fábrica (donde dice “Here”). Nosotras estábamos más o menos de donde sale la flecha azul. Foto: inhere.is

encontrar-la-fabrica-de-artistas-islandia-8

encontrar-la-fabrica-de-artistas-islandia-9

Hicimos dedo y pasamos por este paisaje

Costó bastante llegar y pasaron muchas cosas en el medio (contaré más al respecto en el próximo post —“Dar la vuelta a la isla a dedo”— ya que son historias de autostop). Casi quedamos varadas en una intersección por la que habrán pasado cinco autos en una hora hasta que finalmente nos levantó una chica alemana e hicimos los últimos 26 kilómetros hasta el pueblo. La fábrica se veía desde la ruta (el pueblo tiene muy pocas calles), así que le pedimos a la alemana que nos deje ahí mismo. Además de murales, la ex fábrica de pescado tenía pintado su nuevo nombre artístico: “Here” (“Aquí”). En ese momento me acordé mucho de Algún Lado, una movida iniciada, en parte, por Vero Gatti, mi amiga e ilustradora personal, en Buenos Aires en el 2009. Consistía en intervenir lugares que estaban a punto de ser demolidos: se hacía una convocatoria de artistas y quien quisiera podía ir a pintar murales y stencils, colgar fotos, hacer música y poner globos. La idea era llenar esos espacios de arte antes de que desaparecieran. Yo participé con un mural bastante humilde del Submarino Amarillo.

encontrar-la-fabrica-de-artistas-islandia-18

Primeras imágenes de la fábrica de artistas de Stöðvarfjörður

encontrar-la-fabrica-de-artistas-islandia-10

encontrar-la-fabrica-de-artistas-islandia-12

encontrar-la-fabrica-de-artistas-islandia-13

encontrar-la-fabrica-de-artistas-islandia-14

encontrar-la-fabrica-de-artistas-islandia-36

Este edificio no forma parte de la fábrica, pero también fue intervenido por artistas.

Nos acercamos, golpeamos las puertas de la fábrica y nada, no hubo respuesta. Era domingo y no sé veían más que dos o tres de los doscientos habitantes. Preguntamos por Rósa, una de las artistas, y nos indicaron dónde quedaba su casa, así que fuimos a golpearle la puerta (en Islandia esto de golpear puertas de desconocidos es normal). No estaba. Nos fuimos medio resignadas al camping. ¿Y si no volvíamos a ver al irlandés? ¿Y si la fábrica estaba cerrada al día siguiente? ¿Y si habíamos llegado tan lejos para verla de afuera? En ese momento la sincronicidad volvió a hacer lo suyo: nos cruzamos con el irlandés (Vinny) y su novia (Una) que acababan de llegar. Nos habían cocinado una pizza y ofrecieron llevarnos a conocer la fábrica la mañana siguiente. Aquel fue el día de golpear puertas: para no morirnos de frío en la carpa decidimos ir a pedir frazadas, así que golpeamos tres puertas más (de las casas más cercanas) y nos fuimos a dormir con seis frazadas encima (y fueron seis porque paramos de pedir, sino creo que hubiésemos conseguido veinte, fácil).

encontrar-la-fabrica-de-artistas-islandia-15

Fue más fuerte que nosotras: antes de ponerlas en la carpa hicimos un patchwork de frazadas.

encontrar-la-fabrica-de-artistas-islandia-16

Felices porque íbamos a dormir calentitas.

La mañana siguiente todo fluyó. Fuimos para la fábrica y Vinny nos hizo un recorrido y nos contó la historia del lugar. En el 2005, la empresa de pescado del pueblo decidió mudarse al norte del país y la fábrica cerró: treinta y dos de las doscientas personas de la comunidad perdieron su trabajo. Al poco tiempo cerró la oficina de correo, el banco y el supermercado, y mucha gente joven empezó a irse del pueblo porque no veía futuro. En el 2010, Rósa y Zdenek (una pareja islandesa-checa) y otras trece personas lograron convencer al gobierno de que no demoliera la fábrica (lo cual iba a costar una fortuna) y compraron el edificio de 2800 metros cuadrados por menos de mil euros. Crearon HERE Creative Center con el objetivo de ser una plataforma creativa, ofrecer un espacio alternativo y autosustentable y reactivar la comunidad.

encontrar-la-fabrica-de-artistas-islandia-17

Arroyito en medio del pueblo

encontrar-la-fabrica-de-artistas-islandia-22

La fábrica por dentro

encontrar-la-fabrica-de-artistas-islandia-19

Taller de fabricación de juguetes de madera

encontrar-la-fabrica-de-artistas-islandia-20

Sala de estar

encontrar-la-fabrica-de-artistas-islandia-21

Casi todos los objetos son recuperados de la basura o fabricados por ellos

encontrar-la-fabrica-de-artistas-islandia-23

Hay mucho trabajo en madera

encontrar-la-fabrica-de-artistas-islandia-24

encontrar-la-fabrica-de-artistas-islandia-25

encontrar-la-fabrica-de-artistas-islandia-26

encontrar-la-fabrica-de-artistas-islandia-27

Instalación con lamparitas

encontrar-la-fabrica-de-artistas-islandia-28

Lugar de reunión

encontrar-la-fabrica-de-artistas-islandia-30

Este era el frigorífico. Tiene la mejor acústica de la fábrica.

encontrar-la-fabrica-de-artistas-islandia-31

Acá va a ser la residencia para los artistas

encontrar-la-fabrica-de-artistas-islandia-32

Estas son casi las únicas ventanas de la fábrica, por ahora.

encontrar-la-fabrica-de-artistas-islandia-33

Otro taller

encontrar-la-fabrica-de-artistas-islandia-34

Un trabajo terminado (saqué la foto porque estoy casi segura de que ese mantelito es húngaro… Mi mamá tiene varios casi iguales).

Mientras caminábamos por el interior, Vinny nos explicó qué función había cumplido cada área cuando aquello era una fábrica de procesamiento de pescado y qué función cumplía ahora. Después de mucho trabajo, habían logrado construir un estudio de radio, una galería, talleres de trabajo, varias sala de estar y estaban planeando hacer una sala de conciertos, un estudio de grabación, un café, un museo, un mercado, un centro de exhibiciones y un teatro. Mucho se construyó con materiales recolectados de los escombros de la fábrica y, si bien hay mucho por hacer, un espacio que podría haber quedado abandonado se está llenando de arte y proyectos gracias al esfuerzo y la pasión de un grupo de personas. Tengo la sensación de que cada vez voy a encontrarme con más lugares así alrededor del mundo. Ojalá que aparezcan en manadas, como honguitos después de la lluvia.

Desafío principal (y mini desafíos intermedios): completo.

recortes-2

Pasamos de esto

encontrar-la-fabrica-de-artistas-islandia-35

a esto.

[box border=”full”]Este post pertenece a la serie “Desafío Islandia”, un viaje/juego en conjunto con el blog Los viajes de Nena. Pueden seguirnos por Twitter con el hashtag #desafioislandia, a través de Instagram y Facebook. El Desafío Islandia 7: Abrazar a cinco islandeses ya está en el blog de Lau. Ella publica los desafíos impares y yo los pares. [/box]

Desafío Islandia (4): Subirnos a un barco de pescadores

reykjavik-islandia-viajandoporahi-25

Reykjavík

Atención: puede que este post no tenga nada que ver con el título. Puede que sea una excusa para hablar de otras cosas. Puede que no incluya mar. Puede que no haya necesidad de estar diciendo esto.

reykjavik-islandia-viajandoporahi-27

Objetivo: ser pescadora por un día

Si pudiera elegir lo que fui (o lo que seré) en otras vidas, digo sin dudarlo: pescadora, capitana, sirena o cualquier tipo de ser vivo que habite en el mar. Nunca viví en un lugar con mar, pero me siento mucho más de agua que de tierra. Hay gente que se marea en los barcos, yo me mareo cuando me bajo. Cuando era chica, una de las cosas que más me deprimía era pensar que nunca iba a vivir frente al mar porque “no me había tocado”, como si uno tuviese que quedarse en el lugar que nació por obligación. Buenos Aires es la ciudad con menos mar del mundo, y me ponía triste pensar que estaba condenada a quedarme en el asfalto porque no había tenido suerte en la lotería de “nacer con mar” versus “nacer sin mar”. Cuando empecé a viajar me di cuenta de que ese sueño de “dejar todo y poner un bar en la playa” no es algo tan irreal ni imposible: uno puede elegir dónde vivir (en mi caso sería “dejar de viajar y hacerme una casita en la playa” o “seguir viajando y estacionar una casa rodante en la playa”). Cuando termine de recorrer el mundo por tierra (bah, lo de terminar es imposible), dedicaré la segunda o tercera parte de mi vida a recorrerlo por agua. 

reykjavik-islandia-viajandoporahi-11

El puerto de Reykjavík (la foto la saqué casi a las 12 de la noche. La luz es natural).

Una de las primeras cosas que le dije a Lau cuando nos pusimos a pensar en los desafíos de Islandia fue: “Quiero subirme a un barco de pescadores, quiero irme a navegar con ellos unas horas y ver cómo trabajan. Y si me gusta me quedo (?)”. Es un sueño que tengo hace bastante. Una de las vidas que más me intriga es la de los pescadores y, si pudiera, cambiaría de lugar con ellos por un rato para ver qué se siente trabajar en el mar. Cuando llegamos a Reykjavík quedé tan encantada con la ciudad que me olvidé de todo lo referido a los barcos, pescadores y demases. 

reykjavik-islandia-viajandoporahi-5

Algunas imágenes de nuestra caminata por la capital islandesa

reykjavik-islandia-viajandoporahi-1

Colores

reykjavik-islandia-viajandoporahi-2

Detalles

No puedo no hablar acerca de Reykjavík. Antes de venir para acá, esa ciudad no era más que la capital impronunciable de un país que quedaba muy lejos. Me costaba decirla y mucho más escribirla, y no tenía ni idea de lo que podía esperarnos en un lugar, para mí, tan remoto (Reykjavík es la capital más al norte del mundo). Otra gran incógnita (mucho más que los paisajes, que uno puede ver por adelantado haciendo una búsqueda en Google u hojeando libros de fotografía) eran los islandeses: ¿cómo serían los habitantes de esa isla de hielo? ¿Cuáles serían sus características? ¿Vivir en una isla tan cerca del Ártico, con tantos meses de oscuridad y de luz y con una naturaleza tan salvaje los moldearía de una manera muy distinta al resto de los mortales?

Una de las cosas que más me interesa ver cuando viajo es hasta qué punto la geografía afecta a los habitantes del lugar: sé que la geografía no es un factor único ni determinante (uno no es “de tal manera” por ser de una isla ni “de tal otra” por ser de la montaña), pero que ser de un paisaje y no de otro te hace desarrollar ciertas características: seguro. Y mientras estábamos en el avión rumbo al norte del mundo tuve un pensamiento; me dije: Imaginate si los países cambiaran de lugar: si Argentina (con su misma forma y tamaño) quedara en Islandia, e Islandia (con su forma de isla y su tamaño actual) quedara en Argentina, los habitantes de ambos países seríamos otros. Tal vez América Latina haría chistes acerca del ego de los islandeses, y muchos se preguntarían si los argentinos vivimos en iglús”.

reykjavik-islandia-viajandoporahi-3

Más Reykjavík

reykjavik-islandia-viajandoporahi-6

reykjavik-islandia-viajandoporahi-7

reykjavik-islandia-viajandoporahi-8

reykjavik-islandia-viajandoporahi-36

reykjavik-islandia-viajandoporahi-9

Reykjavík, junto con Vientiane (la capital de Laos), me parece una de las capitales más tranquilas y relajadas del mundo (por lo menos del mundo que conozco hasta ahora). Las postales que se venden en sus tiendas opinan lo mismo: una tiene el dibujo de un autobús casi vacío en medio de una calle desierta y en el epígrafe dice Rush hour in Reykjavík (“hora pico en Reykjavík”). Acá el concepto de hora pico debe ser inexistente, este es un pueblo disfrazado. Pero tiene su movida: hay mucho arte callejero, muchos cafecitos donde sentarse a leer o socializar y mucha fiesta. Y un punto en común con Buenos Aires: en Reykjavík se sale después de las 12 de la noche, mínimo. ¿Por qué? Porque tomar alcohol en los bares es tan caro que la gente se reúne en las casas, hace previas y sale de pubbing después de eso.

reykjavik-islandia-viajandoporahi-10

reykjavik-islandia-viajandoporahi-28

reykjavik-islandia-viajandoporahi-4

Las paredes de Reykjavík andan diciendo…

reykjavik-islandia-viajandoporahi-32

Hay ciertas ciudades (cada vez que me refiero a Reykjavík como ciudad siento que debería ponerle comillas de cada lado) que despiertan mi lado sedentario. Es que tengo dos sueños encontrados, quizá opuestos, o por lo menos no simultáneos: uno es viajar toda la vida, conocer todo el mundo que pueda, no dejar de moverme, y el otro es tener mi casita de madera frente al mar y que esa casita sea estática y que tenga una habitación con las paredes repletas de libros, un sillón bien cómodo donde sentarme a leer y un escritorio bien cómodo donde pasarme la vida escribiendo y no hacer otra cosa que eso. Reykjavík toca ese lado mío y hasta me provoca un poco de angustia: Quiero quedarme acá, ¿cómo hago para no querer quedarme acá?

reykjavik-islandia-viajandoporahi-24

reykjavik-islandia-viajandoporahi-34

reykjavik-islandia-viajandoporahi-26

reykjavik-islandia-viajandoporahi-29

De día

reykjavik-islandia-viajandoporahi-21

De medianoche

Por lo poco que la conozco, me parece que es una ciudad ideal para escritores. Dicen que cuanto más duro es el clima, más literatura (y trabajos creativos) producen sus habitantes. Me pasó lo mismo en Laponia sueca: me veo pasando una temporada acá, escribiendo un libro, haciendo un taller literario intensivo o un retiro de escritoterapia (si es que existe, y si no lo inventamos). De a ratos pienso que vendría durante el invierno, cuando casi no hay luz ni distracciones, aunque esto de tener luz natural durante lo que debería ser la noche también tiene su encanto. El sol de medianoche (que en esta época todavía no es el sol de medianoche propiamente dicho) le da un aura irreal a los lugares. Que el cielo sea claro cuando debería estar oscuro (¿debería según quién?) y que eso permita hacer cosas en cualquier momento del día sin importar el horario me hace pensar que acá (en Reykjavík, en Islandia) todo es posible. 

reykjavik-islandia-viajandoporahi-22

reykjavik-islandia-viajandoporahi-23

Una noche salimos a tomar algo (lo de “tomar algo” es relativo porque la cerveza es carísima: un vaso cuesta por lo menos 800K o 5 euros) con Joanna, nuestra couch, y después de eso fuimos a caminar por la ciudad. Eran las 12 de la noche y había luz, así que ¿por qué no? Paseamos por el Old harbour (puerto antiguo) y vimos, a lo lejos, lo que parecían ser barcos pesqueros abandonados en un terreno baldío. Nos acercamos, nos paramos abajo y miramos hacia arriba: la hélice era más alta que cualquiera de nosotras tres y los barcos, vistos desde abajo, parecían los edificios que Reykjavík no tiene. Uno de los barcos tenía una escalera. Joanna nos dijo: ¿subimos? Y yo, sin pensarlo: sí. Si hubiese estado oscuro no me hubiese animado, pero la luz de medianoche da inmunidad (además tengo una teoría, y escribiré más al respecto, de que el sol de medianoche “pega” y pone a la gente en un estado raro).

reykjavik-islandia-viajandoporahi-13

Y acá se viene toda una secuencia de fotos del cementerio de barcos. Este, en la foto, parece más chiquito de lo que es.

reykjavik-islandia-viajandoporahi-14

La hélice gigantesca

reykjavik-islandia-viajandoporahi-16

Ahí se ve la escalera por la que subí

La escalera tenía más de 50 escalones y no formaba parte del barco, sino que estaba apoyada contra él, y se movía un poquito. Joanna y yo empezamos a subir, pero a los pocos escalones le dio vértigo y desistió, así que seguí sola. Subí como poseída. No podía no subir a ese barco, tenía algo que me atraía. Desde chica me encanta subirme a distintos tipos de barcos y ver cómo son por dentro, cómo funcionan, qué máquinarias tienen, qué se ve desde arriba. Llegué hasta la cubierta y vi el mar y la ciudad, y me dieron muchísimas ganas de navegar durante semanas o meses. No cumplí mi desafío personal, pero fue una de las experiencias más surrealistas que tuve: subirme a un barco pesquero gigante que está estacionado en la tierra e iluminado por la luz natural de medianoche en una capital que parece un pueblo en un país que está bien al norte de todo y del que no sabía casi nada. Subirme a un barco que debería estar en el agua pero no, y apoyarme contra la baranda y mirar a lo lejos como si estuviera en altamar y sentir una atracción aún más fuerte por los puertos y no saber bien por qué.

reykjavik-islandia-viajandoporahi-20

reykjavik-islandia-viajandoporahi-17

La vista desde arriba

reykjavik-islandia-viajandoporahi-19

Todavía nos quedan algunos días más acá, así que no descarto la posibilidad de lograr convertirme en pescadora islandesa por un rato.

[box border=”full”]Este post pertenece a la serie “Desafío Islandia”, un viaje/juego en conjunto con el blog Los viajes de Nena. Pueden seguirnos por Twitter con el hashtag #desafioislandia, a través de Instagram y Facebook. El Desafío Islandia 3: Desconectar en Reykjavík ya está en el blog de Lau. Ella publicará los desafíos impares y yo los pares. [/box]

Privacy Settings
We use cookies to enhance your experience while using our website. If you are using our Services via a browser you can restrict, block or remove cookies through your web browser settings. We also use content and scripts from third parties that may use tracking technologies. You can selectively provide your consent below to allow such third party embeds. For complete information about the cookies we use, data we collect and how we process them, please check our Privacy Policy
Youtube
Consent to display content from Youtube
Vimeo
Consent to display content from Vimeo
Google Maps
Consent to display content from Google