Les presento “Usted está aquí”, mi nuevo libro, pensado para leer y completar durante un viaje

“Usted está aquí” es un libro para leer y completar: tiene relatos de mis 10 años de viajes por el mundo, así como preguntas, consignas y sugerencias para que vos lo completes mientras viajás. Es una invitación a reconectar con el papel, a dejar de lado las pantallas y a vivir el viaje con todos los sentidos (y emociones). En este post te cuento cómo surgió, cómo lo fui armando y dónde se consigue.

No recuerdo en qué parte de Buenos Aires estábamos —no sé por qué se me viene  a la cabeza Puerto Madero— ni qué día era —inicios de 2017. Recuerdo que estábamos sentadas al aire libre, recuerdo el cielo azul intenso y el brillo del sol rebotando sobre una hoja de mi cuaderno. Recuerdo a mi amiga Estefi diciéndome: “Quiero que hagas un libro donde en cada doble página haya de un lado un relato tuyo y del otro una consigna para completar. Se lo voy a proponer a la editorial”. Recuerdo que me volví a casa pensando: “No puedo esperar para empezar ese proyecto”.

Los journals (o, dicho correctamente, los guided-journals) son libros que empezaron a hacerse conocidos gracias a “Wreck this journal” de Keri Smith. Son libros interactivos, guiados, en los que el autor propone y el lector completa. En general tienen consignas de escritura, dibujo, fotografía, ceatividad y/o preguntas de autoconocimiento. Por eso, cada ejemplar terminado es único y refleja la personalidad e intereses del lector, quien lo llena a su manera. En un journal no existen respuestas correctas o incorrectas.

Descubrí los guided-journals en el 2014, cuando viajé a Liverpool (para saciar mi Beatlemanía), entré a la tienda de un museo y me encontré con lo que llamé un libro-cuaderno titulado “642 things to write about”. Pesaba como medio kilo y tenía las páginas casi en blanco, y en cada una había 1-4 consignas de textos para escribir. Me lo llevé y lo cargué durante meses en mi supuesta mochila minimalista (“los libros no pesan” era mi mantra). A partir de ese momento me volví fan de los journals y empecé a comprar todos los que se me cruzaron en el camino.

Mis dos compañeros de viaje offline por Moscú (2018): mi journal “Mapa subjetivo de viaje” y un cuaderno en blanco

Unos años después, en el 2017, decidí crear “Mapa subjetivo de viaje”, mi primer journal. Lo hice por necesidad: no había encontrado un diario interactivo para usar durante un viaje, y por eso hice el mío, casi a medida. Unos meses después, cuando la editorial en la que trabajaba Estefi aprobó su idea, nos pusimos a trabajar en el que luego sería “Usted está aquí. Un diario para explorar el mundo”. Formamos equipo: Estefi como editora, Vero Gatti como ilustradora y diseñadora y yo como autora de los textos y las consignas.

Lo que más tiempo me llevó (y una de las cosas que más disfruté) fue encontrarle la estructura interna al libro. Sabíamos esto:

  • Queríamos que el libro hiciese un recorrido escrito por mis 10 años de viajes (es decir, que tuviese relatos en primera persona en casi todas sus páginas)
  • Queríamos que cualquier persona se lo pudiese llevar de viaje y completarlo, sin necesidad de irse de viaje durante meses o años (es decir, que tuviese preguntas y propuestas aplicables a cualquier viaje)

Algunos de mis cuadernos de viajes

Una de las primeras cosas que hice fue releer mis cuadernos de viaje. Eso me ayudó a ponerme en el lugar de mi yo del pasado, a recordar qué pensaba y sentía cuando empecé a soñar con viajar, qué miedos tenía, qué preguntas me daban vueltas por la cabeza. Quería descubrir qué de todo lo que había vivido viajando podía pasarle a cualquiera que se fuese de viaje. Pensé en las etapas que atravesé, pensé en las emociones que sentí, en las preguntas, los descubrimientos, las dudas, las desilusiones, las vueltas, los aprendizajes. Pensé mis viajes en verbos, y terminé con esta lista como guía:

Etapa 1: planear / soñar
Etapa 2: llegar / sorprenderse / descubrir
Etapa 3: adaptarse
Etapa 4: preguntarse / desilusionarse / sentir
Etapa 5: aceptar / apropiarse
Etapa 6: volver / aprender

En un viaje, por más corto o largo que fuese, casi siempre había pasado por esas etapas internas. Así que ordené los futuros relatos del libro en torno a ese eje: el viaje interior.

Finalmente, cada capítulo quedó así:

📍La primera parte es puro wanderlust: el deseo de viajar, las ganas de irse a otro lado, los planes, las decisiones, los miedos, las certezas.

📍La segunda parte tiene que ver con las primeras impresiones, la llegada a un lugar desconocido, los sentidos que se activan, el estado de asombro y sorpresa constante.

📍La tercera parte es la adaptación a rutinas ajenas: comer, dormir, transportarse en una cultura distinta, y todas las reflexiones e historias que esas actividades tan cotidianas pueden generar.

📍La cuarta parte es el lado B, las desilusiones, las preguntas, las dudas existenciales, lo que no sale como esperábamos.

📍La quinta parte es cuando aceptamos, cuando nos apropiamos del viaje, nos olvidamos de lo que “deberíamos estar haciendo” y lo vivimos a nuestra manera, siguiendo nuestros deseos personales.

📍Y la sexta parte es el regreso a casa y todos los aprendizajes con los que volvemos.

Este es el mini escritorio en Biarritz en el que escribí este libro

Escribí los textos y pensé las consignas todavía en Biarritz, a lo largo del invierno (dos de mis libros salieron de inviernos vascos), y Vero fue diseñando e ilustrando cada capítulo a medida que se los entregaba (todo desde su interpretación personal, la parte visual fue creada desde cero por ella). El proceso completo (hasta que tuvimos el libro impreso en las manos) duró dos años. Cuando el libro por fin estuvo listo para entrar a imprenta, la editorial argentina que iba a publicarlo entró en crisis y el proyecto se canceló. El plan original era que el libro estuviese disponible en todas las librerías, quioscos de revistas y (tal vez) aeropuertos de Argentina. Con la rescisión del contrato, eso cambió. Finalmente, Vero y yo decidimos publicarlo de manera independiente, al igual que el resto de mis libros.

¿Por qué lo titulamos “Usted está aquí”?

El objetivo de este libro es invitarte a estar presente, a vivir el aquí y ahora de un viaje.

Cuando no viajábamos con tecnología era más fácil (no quedaba otra), pero ahora la hiperconectividad, las transmisiones en vivo y la foto para Instagram pueden hacernos perder el foco de lo importante. Por eso, este libro te invita a desconectarte de la pantalla, a reconectar con los sentidos y a registrar el viaje (y lo que sentís) en papel, solo para vos.

¿Qué diferencias (y similitudes) tiene con “Mapa subjetivo de viaje”?

  • El eje es distinto: “Mapa subjetivo de viaje – Un diario para documentar lo cotidiano y lo extraordinario de tus viajes” es un journal creativo pensado para completar antes, durante y después de un viaje. El diario te invita a olvidarte de “los imperdibles” y de “lo que hay que hacer” y a viajar a tu ritmo, en torno a tus intereses y gustos personales. “Usted está aquí. Un diario para explorar el mundo” hace un recorrido por las distintas etapas y momentos internos de un viaje: los planes, los miedos, el asombro, la adaptación, las desilusiones, las preguntas, los aprendizajes, y te invita a ponerte en contacto con todo lo que te pasa por dentro mientras viajás. Si “Mapa subjetivo de viaje” invita a mirar hacia afuera, “Usted está aquí” invita a mirar hacia adentro.
  • Cantidad de consignas: “Mapa subjetivo de viaje” tiene más de más de 70 consignas creativas para completar con textos, imágenes o collages, y el objetivo es que cada uno lo llene de sus historias personales, emociones y momentos vividos. “Usted está aquí” tiene más de 50 consignas para completar, la mayoría de ellas para escribir.
  • El contenido es distinto: “Mapa subjetivo de viaje” no tiene relatos, yo casi no aparezco como autora (excepto en el Manifiesto inicial). “Usted está aquí”, en cambio, tiene relatos escritos en primera persona por mí a lo largo de casi todas sus páginas.
  • Las ilustraciones son distintas: “Mapa subjetivo de viaje” está ilustrado por María Luque, y “Usted está aquí” por Vero Gatti.
  • El objetivo es el mismo: ambos diarios nacieron como un homenaje a los viajes offline, slow y de autoconocimiento. Mi objetivo es que cada persona llene las consignas como quiera, cree un ejemplar único de cada diario y, a la vez, se conozca mejor, reconecte con el papel y explore el mundo (o su ciudad) desde su óptica personal.

Son diarios que se complementan. :)

[box type=star] Ficha técnica:

Título: Usted está aquí – Un diario para explorar el mundo
Escrito por: Aniko Villalba
Ilustrado y diseñado por: Vero Gatti
Editado por: Estefanía Romano
Género: libro de relatos ilustrado, con consignas para completar por el lector
Temáticas: viajes, creatividad, slow travel, mindfulness
Páginas: 168
Interior: dos colores (amarillo y negro), papel de 120 gr.
Tamaño: 20 x 14 cm
ISBN: 9789878609829
País: Argentina, 2019, publicación independiente

En todas sus páginas hay:
📍relatos de los 10 años de viajes de Aniko Villalba
📍ilustraciones de Vero Gatti
📍consignas y ejercicios creativos para que el lector complete durante su viaje

Por ser una edición independiente y autogestionada por las autoras, el libro NO se consigue en librerías, solamente a través de estos puntos de venta:

Pedilo ahora desde acá. Y, si querés compartir alguna de sus páginas o seguir su recorrido en redes, podés usar el hashtag #UstedEstaAquiDiario

Usted está aquí

Wherever you are, you are here
(John Lennon)

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A medida que avanzamos hacia el norte de Chile me empieza a pasar algo raro: me olvido de en qué parte del mundo estoy. Durante varios días mi cabeza mezcla muchas cosas: por un lado, voy leyendo “El interior” de Martín Caparrós (el relato de su viaje por el interior de Argentina) y cada vez que miro por la ventana pienso, por un segundo, que estoy en alguna ruta pampeana; por otro, me adelanto mentalmente a nuestro próximo destino: Bolivia; de a ratos me siento en Perú (ciertos lugares de Chile me recuerdan mucho a los pueblos costeros de Perú, país en el que pasaremos Navidad con mis amigas); y de repente me acuerdo: estamos en Chile. Para sumarle a esto, todos los días sueño con estar en Asia (una paradoja: cuando llegué a Tailandia, primer país asiático que visité, deseé poder teletransportarme a América Latina. Ahora quiero que sea al revés). Es la ansiedad, tan típica de mí, y ese no poder frenar los pensamientos de deseo de estar siempre en un lugar distinto al que estoy. Un viajero no piensa en el último viaje sino en el próximo, dicen. Y a veces me pasa que no pienso ni siquiera en el que estoy, sino en el que me gustaría estar.

Los chilenos que conocimos durante este viaje nos hablaron mucho acerca del valle de Elqui —un lugar, al parecer, bastante místico y energético— así que nos vamos para allá desde Coquimbo, ciudad de la en la que estamos haciendo Couchsurfing. Cuando llegamos a Pisco Elqui, uno de los pueblos del valle, mis tiempos (el mental, el real) se alinean. Aunque de esto me daría cuenta después. Los primeros días estoy bastante triste: no tengo ganas de hacer nada, no quiero estar en ningún lugar. Ni en Chile, ni en Argentina, ni en Asia, ni en el planeta Tierra. Si un ovni me ofreciera llevarme bien lejos le diría que sí. Todos tenemos heridas que sanar y yo estoy con las mías.

[singlepic id=7757 w=625 float=center]  Pisco Elqui

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[singlepic id=7766 w=625 float=center]  Oscuridad

Como no tenemos carpa nos quedamos en un hostal, el primero desde que empezamos a viajar. La primera noche nos sentamos a charlar con Santiago, el dueño, y con el resto de los viajeros. Santiago nos cuenta historias extraordinarias de sus viajes (viajó, y mucho), pero hay una que me queda grabada: una vez, las circunstancias hicieron que se quedara viviendo y trabajando de cocinero en Rurrenabaque (la selva de Bolivia), en una posada que recibía grupos de gente con problemas psiquiátricos. Una agencia organizaba viajes de un mes por Bolivia y Perú para grupos de 10 o 12 personas que habían sufrido situaciones de mucho estrés. Iban con médicos y viajaban en un ambiente muy controlado: los sometían a situaciones “extremas” (como caminar por la selva durante horas o enfrentarse con animales salvajes) para hacerlos reaccionar y devolverles un poco de vida. El objetivo era que se despejaran mentalmente, que se recuperaran gracias al viaje. Y mientras Santiago habla, pienso en voz alta: “Claro: viajoterapia”. Nunca había hecho esa unión de palabras, pero me resulta demasiado obvia y no sé cómo no me di cuenta antes: los viajes también curan. Son terapia para el alma.

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Pasamos dos días en Pisco Elqui sin hacer nada. Por “nada” me refiero a que no salimos a andar a caballo por las montañas ni vamos a conocer otros pueblos. A mí, por lo menos, no me sale otra cosa que hacer nada. A la vez me siento un poco culpable, como si estuviese perdiendo el tiempo: “Estoy acá, quién sabe cuándo volveré, y no estoy haciendo nada de lo que debería estar haciendo”.

Unos días después entiendo por qué. 

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La tarde que nos estamos por volver a Coquimbo me siento a comer un poco de pan en el jardín y aparece un personaje peculiar: un señor con unas rastas muy rubias, una barba muy larga y un aspecto muy hippie. Me habla como si ya hubiésemos charlado antes:

—Oh man, that San Pedro I took two days ago is still making me sick. I haven’t been able to eat for 48 hours.

Al parecer tomó San Pedro y hace dos días que se siente muy mal del estómago y no puede comer. Lo único que hace es dormir. Le respondo en inglés y en algún momento de la conversación me dice: “Your accent sounds different today” (“Tu acento suena distinto hoy”). No sé a qué se refiere, así que le respondo, como intentando explicarle por qué mi acento es raro: “I’m Argentinian” (“Soy argentina”). Y ahí se da cuenta de que me confundió con otra huésped del hostal, pero lo bueno es que la situación es una buena excusa para empezar a charlar. Damián se suma a la conversación y, sin darnos cuenta ni haberlo planeado, hablamos durante horas.

Se presenta como Bunny Man, es de Estados Unidos, tiene 54 años y empezó a viajar a los 38 (“empecé tarde”). Tiene un hijo y una hija y da la vuelta al mundo (solo) dos veces por año. ¿Cómo? Trabaja en la Marina de Estados Unidos (como civil) y cada año se embarca en Japón en una misión secreta (“no puedo contarles de qué se trata, pero estamos en busca de un submarino”). Tiene varios meses al año de vacaciones y los usa para viajar. Camina sin zapatos y es una de esas personas llena de enseñanzas y puro amor. Está viviendo en el hostal hace tres semanas: “Cuando estuve en Egipto pasé varias semanas yendo de un oasis a otro, está vez pensé ¿por qué no quedarme solamente en un oasis durante varias semanas?”. Y eso hace: él simplemente está acá.

[singlepic id=7760 h=625 float=center] El Hostal San Pedro, donde pasamos varios días haciendo viajoterapia sin darnos cuenta

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Hablamos acerca de los viajes, del miedo que tienen muchas personas a salir de su ciudad, de sus experiencias en Asia y África, del poder del amor, de la necesidad de generar un cambio de conciencia mundial, de todas esas cosas que vistas de lejos suenan hippies y new age pero que, en mi opinión, son las que salvarán al mundo. Nos enganchamos tanto en la conversación que decidimos posponer nuestra vuelta y quedarnos una noche más en Pisco Elqui para seguir charlando con él. Se generó una conexión tan linda que por primera vez en varios días siento que quiero estar ahí y en ningún otro lugar. Esa noche, Bunny Man recupera el apetito (ofrecimos cocinarle algo) y empieza a sentirse mejor. Nos dice, varias veces: “Wow, you two are healing me, I feel hungry again. Thank you! Make sure to write it down” (“Ustedes dos me están curando. Volví a tener hambre. ¡Gracias! Asegurate de escribirlo”). Yo le digo: “We are healing each other, so thank you too” (“Nos estamos curando mutuamente, así que gracias también”).

Al día siguiente, cuando nos despedimos, le pregunto:

—Después de 16 años de viajar, ¿crees que las despedidas se hacen más fáciles?
—No, siempre son difíciles.
—Por eso prefiero decir “nos vemos pronto” en vez de chau.
—Entonces nos vemos pronto.

Mientras volvemos a Coquimbo pienso que, en definitiva, no hicimos nada en el valle de Elqui, y esa fue la clave de la viajoterapia. Hay lugares donde lo que importa es estar. No “ver” ni “hacer”, sino estar. Situarse en ese tiempo y en ese espacio y vivir el presente. Ser consciente de que uno está ahí, en un momento irrepetible, y entregarse por completo. Ser capaz de decirse a uno mismo: you are here (me gusta más la versión en inglés de esta frase, porque “are” puede significar tanto “estar” como “ser”), estoy acá, soy acá. Y no querer estar en ningún otro lugar.

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[box border=”full”] Más información de Pisco Elqui: 

– Buses desde La Serena a Pisco Elqui: 4000 pesos chilenos. El bus de vuelta cuesta 3000.

– El valle de Elqui es ideal para mirar las estrellas. Se hacen tours astronómicos, yo me quedé con muchas ganas pero no pude porque estaba nublado. Cuestan entre 12.000 y 15.000 pesos chilenos por persona. Sino, simplemente siéntense a mirar el cielo de noche.

– En Pisco Elqui hay varias tienditas donde comprar comida y cocinarse. Los precios son los mismos que en el resto de Chile (nos habían dicho que era mucho más caro, pero nos pareció igual).

– Lo lindo del valle es recorrer sus pueblos. Lo lindo de Pisco Elqui es estar ahí y relajarse mentalmente.

– Muchas gracias Santiago, dueño del Eco Hostal San Pedro, por la amabilidad y las historias. Lugar muy recomendado para quedarse. Es de los hostales más económicos de Pisco Elqui y está muy bien cuidado. Tienen más info en su web. [/box]

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