Del budismo silencioso de Laos a la Navidad frenética de Kuala Lumpur (en tan solo 50 horas)

Debo haber roto el récord de mayor cantidad de horas del día pasadas sobre algún tipo de transporte: de tres días, es decir de 72 horas, estuve 50 (sí, CINCUENTA) horas en movimiento.  

Algo que no recomiendo por más divertido que parezca ya que puede traer consecuencias de lo más ridículas y encuentros con personajes bizarros.

¿Por qué me sometí a esto?

En pocos días tomo mi vuelo a Indonesia desde Kuala Lumpur, así que de alguna manera tenía que teletransportarme desde Laos hasta Malasia, y como por aire es bastante caro decidí hacer todo el trayecto por tierra.

Y no me arrepiento.

La última ciudad que visité de Laos fue Pakse, lugar que no me gustó demasiado y que solamente recordaré por mi feliz reencuentro con Kate y Nicky, dos británicos con quienes hice La ruta de la muerte de Vietnam a Laos, y por mi reencuentro con la tan deliciosa comida hindú (me estoy poniendo en forma para mi futuro viaje…).

Nota al margen, esto de que la comida asiática sea tan rica me genera pensamientos como el siguiente:

— No me importa viajar ochenta horas con tal de volver a probar los platos malayos, la comida hindú, la comida de Chinatown en Kuala Lumpur, el cheese nan, el mango-lo…

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Últimas fotos de Pakse (Laos)

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Laos es uno de los países que más me gustó hasta ahora, como habrán notado por los posts anteriores, aunque Pakse fue la excepción.

Es una ciudad-pueblo muy turística ya que se usa como punto de salida hacia varios “atractivos turísticos” del sur del país y por ende (tristemente) el trato hacia el viajero es muy distinto al de los lugares no turísticos.

Otra vez el acoso de los taxistas, otra vez eso de subirte el precio porque te ven extranjero y piensan que sos millonario, otra vez el maltrato y la escasez de sonrisas.

Por suerte visité lugares como Muang Ngoi y Savannakhet que me quedan como lo mejor de mi paso por Laos, donde la gente local me saludó y me recibió con muchísima alegría gratuita.

***

Empecé mi odisea terrestre de Laos a Malasia el martes pasado después de almorzar.

Inauguré con un tuk-tuk a la terminal “VIP” (lo de VIP sigue siendo un misterio, pareciera que cuanto más “VIP” son los pasajeros, peor es el trato) de Pakse donde me acerqué al mostrador correspondiente para comprar el pasaje a Ubon (ciudad de Tailandia a unas tres horas) con cruce de frontera incluido.

— No more tickets for Ubon, me dijo un laosiano con abuso de autoridad.

Le dije que no me importaba, que viajaba parada pero que necesitaba irme ese día.

Me vendió el pasaje por el mismo precio pero para viajar parada y oh sorpresa, cuando me subí al colectivo era mentira que se habían agotado. Sospecho que este hombre quería guardar espacios para quienes compraban el pasaje por medio de las agencias de viaje (un 20 por ciento más caros).

Llegué a las terminal de Ubón, en Tailandia, a las 6 y media de la tarde y enseguida se me abalanzaron para ofrecerme pasajes a todos los rincones de Tailandia. Para ir a Bangkok querían cobrarme “440 baht” (USD 14), “560 baht” (18 USD), lo que se les ocurriera al verme la cara.

Me negué, como siempre, a pagar más de lo que corresponde por un viaje de 10 horas.

Uno de los vendedores me dijo en voz baja:

— You want cheap ticket? Ok, come, you pay directly to the driver.

Y así como quien no quiere la cosa le di los 10 dólares por lo bajo, me dio un papelito con una firma que ofició de ticket, le hizo una seña al conductor y subí de incógnito. Mientras esperaba hasta las 7.30 pm para que saliera mi bus comí uno de los mejores Pad Thai de mi vida preparado por un ladyboy tailandés (como se le dice a los travestis acá) en un puestito de la estación.

Precio: 20 baht (70 centavos de dólar).

Llegué a Bangkok a las 5 de la mañana, después de haber dormido bastante poco. Me tomé el transporte público a la estación de tren y tardé casi dos horas en llegar, ya que debo haber cruzado la ciudad entera en hora pico, pero para mí fue como hacer un city tour barato.

Me había olvidado del calor que hace en Bangkok (que al parecer no es solamente en abril sino todo el año).

Bajé del colectivo y oh la transpiración una vez más, como en los viejos tiempos.

El tren a Hat Yai, ciudad al sur de Tailandia (a 941 kilómetros de Bangkok) salía a la 1 del mediodía, así que salí a caminar un rato para hacer tiempo.

Me gusta pasear por una ciudad bien temprano y ver cómo se despierta, qué rutinas siguen sus habitantes. No me fui muy lejos, pero me crucé con muchísimos puestitos de comida en la calle (me atrevo a decir que si en Vietnam lo que más se ve en las veredas son las motos, en Tailandia lo que abunda son los puestos de comida al paso), gente desayunando en los mercados, hombres empujando carros con frutas, mujeres comprando la carne del día, gente leyendo el diario, personas preparando jugos de fruta y los tuk-tuk, como siempre, con su amistoso e irritante:

— Hey lady, tuk-tuk! Where you go?

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El tren salió a las 13.30 del miércoles, día dos de mi periplo.

¿Cómo puedo resumir esas 19 horas de viaje por las vías?

Miré el paisaje – escuché música – leí un libro – escuché más música – fui la persona más feliz del mundo cuando los asientos se convirtieron en camas (verdaderas camas horizontales con sábanas y almohadas) – dormí dormí dormí durante 12 horas sin importar si me pasaba de estación – miré el paisaje otra vez y por fin me bajé en Hat Yai a las 8 de la mañana.

De la estación de tren, tuk-tuk a la terminal de colectivos, pasaje a Kuala Lumpur sin escalas y otra vez a la ruta.

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Llegué, POR FIN, a Kuala Lumpur a las 7 de la tarde del día tres.

Me bajé del colectivo, no vi un mini escalón y caí de frente al piso, pero alcochonada por las mochilas, así que no fue nada. Hace mucho que no tenía algún tipo de torpeza como esa así que era hora. Me tomé el Rapid KL (el lujoso transporte público con aire acondicionado y televisión por 2 ringgits o 66 centavos de dólar) hasta Chinatown, pero me hice la viva y pensando que sabía perfectamente dónde estaba me bajé como tres paradas antes, en Little India (me equivoqué de comunidad).

Así que tuve que tomarme el subte hasta la estación correspondiente.

A esa altura mi agotamiento era indescriptible pero el día no había terminado.

Subiendo por la escalera mecánica escucho que alguien me dice:

— Hello! Where are you from? Lo que me faltaba, chamuyos en el subte. Miro y veo a un malayo estereotipo perfecto de hombre de negocios: pelo con gel, camisa adentro del pantalón, cinturón, zapatos náuticos.

—Argentina.

—Oh! Under Mexico.

Sí, bastante under Mexico, pero lo perdono porque la verdad es que antes de viajar a Asia no sé si podría haber ubicado Malasia en el mapa.

—No, no, South America.

—Oh… And you are studying in Malaysia?

Sí, por eso ando caminando con dos mochilas y aspecto de estudiante.

—No, I’m traveling around Asia for one year or more.

—What??? One year!

—Yeah…

—And which is your favorite country in Asia?

—I like all the countries… I really like Laos.

—LAOS??? (no lo puede creer) But what do you have in Laos? It’s so small!

—The people, the culture, the history…

—And how long did you stay there?

—About three weeks.

—Three weeks???!! (al pibe le sorprendía todo lo que le decía)

—Yes…

Caminó conmigo por la calle para “ayudarme a buscar el hostel”, pero tenía menos idea que yo de dónde estaba parado. Me preguntó cuántos años tenía y le respondí en indonesio (que es casi igual al malayo): dua puluh lima (veinticinco).

Se quedó mudo y me miró.

Why do you speak with an Indonesian accent???jaja! Nunca jamás pensé que alguien iba a decirme que hablo indonesio (o malayo) con acento indonesio. Finalmente lo fleté:

I can walk alone thank you! Y me dijo algo así como Don’t be scared of me.

No, no estoy scared, me da muchísima fiaca socializar en este momento de mi existencia en Kuala Lumpur, cuando no puedo poner en orden dos ideas por el sueño que tengo.

Después de una noche me recuperé y al día siguiente salí a caminar.

***

Kuala Lumpur sigue tan llena de vida y calurosa como la recordaba. Otra ciudad que amo.

Pero lo que más me sorprendió es el frenesí, la locura, el acelere con el que se prepara para festejar Navidad (en un país donde el 60 por ciento es musulmán, el resto es hindú, budista, confucionista y hay una pequeña comunidad católica).

Las calles están decoradas con luces blancas, los shoppings desbordan de árboles de navidad, gorros de Papá Noel, grupos de chicos cantando Villancicos, ofertas navideñas y gente comprando a lo loco.

Me siento dentro de Mi Pobre Angelito (Home Alone) o alguna película yanqui.

Y de repente, después del villancico número 20 (que no sé si fue Jingle Bell Rock o Joy to the world) me acordé que dentro de muy poco va a ser Navidad y es la primera vez que no voy a pasarlo con mi familia.

No sólo eso: voy a pasar las fiestas en el otro lado del mundo.

Y me puse un poco melancólica.

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I ♥ Savannakhet

Voy con la ventana abierta, mirando hacia fuera y pensando que no hay momento que me guste más que éste.

Estoy viajando en colectivo de Tha Khaek a Savannaketh: es un bus local, de esos con asientos descosidos, con laosianos que me miran curiosos, y que se hacen los distraídos cuando les devuelvo la mirada, con bocinazos a las vacas que se cruzan en la ruta y sin aire acondicionado.

Por suerte.

Cómo odio el aire acondicionado.

Prefiero ir con la ventana abierta, sentir qué clima hace afuera, respirar el mismo aire que la gente local.

Como ya conté, amo viajar por tierra, me encanta ver lo que hay entremedio de dos lugares, me gusta sentir que cruzo el país, aunque sea a toda velocidad.

El bus frena.

— Savannaketh! dice el co-conductor.

— ¿Tan rápido? Me pregunto.

Soy la única extranjera que se baja (somos tres).

Es pleno mediodía y por más invierno que sea, en Laos sigue haciendo calor.

Los conductores de tuk-tuk ni se me acercan, sino que me hacen señas para que yo vaya hacia ellos (lo del relajo laosiano es muy cierto).

— Where you go? Al centro de la ciudad.

— 20.000 kip.

— No, too much.

— 20.000 kip.

No, no quiero pagar tres dólares si acabo de pagar lo mismo para viajar tres horas. Qué bronca. Cómo odio mi moneda, todo hay que multiplicarlo por cuatro.

En momentos como éste desearía haber nacido en Inglaterra, donde tienen la libra y a Los Beatles.

El conductor ni se molesta en hacerme descuento. Empiezo a caminar sola, pregunto dónde está el río Mekong, como para orientarme, y me voy, un poco de mal humor.

Me niego, me niego, me niego, me niego.

Hace mucho calor y no tengo idea a dónde voy ni a cuántas cuadras estoy del centro.

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Mientras camino pienso en eso que siento cada vez que llego a una ciudad nueva.

Mi primera impresión es que no tengo idea dónde estoy ni cuál es la lógica del lugar. Por más que tenga un mapa, todavía no sé cómo se piensa en esta ciudad, cómo se actúa, cuáles son las reglas implícitas. Seguramente los locales, que me ven medio perdida y con dos mochilas deben pensar que es muy fácil orientarse: para un lado está el río, para el otro está el centro, acá a la vuelta hay un restaurante muy bueno, mi casa queda a dos cuadras, el colegio está por allá.

La desencajada en el paisaje rutinario soy yo, que salí quién sabe de dónde, con este aspecto de no pertenecer.

Para mí en cambio todo es nuevo, todo es desconocido.

Me da cierto vértigo pensar que esta ciudad ya tiene una rutina que desconozco, que ya existe y funciona desde mucho antes de que yo llegara, y que seguirá funcionando de la misma manera cuando yo me vaya, sin que mi visita siquiera la inmute.

Lo que más impresión me da es cuando las miradas se chocan: yo, persona ajena, extraña, outsider, miro a una persona local, pieza indispensable del lugar, y por un momento nuestros mundos se fusionan. Estamos los dos acá y ahora, en el mismo lugar, realizando la misma acción, uniendo dos lugares completamente remotos uno de otro.

¿Le cambiará en algo mi mirada? ¿O seguirá inmutable como su ciudad?

Camino un kilómetro.

¿Dónde están los tuk-tuks cuando uno los necesita? Nadie sabe indicarme qué calle seguir. Le muestro mi mapa (incompleto, ya que solamente se ve el centro de la ciudad) a un hombre, le señalo una dirección y sentencio:

— Guesthouse… tuk-tuk… y con mímica le explico que quiero ir en transporte hasta ahí. Me responde:

— ¡Guesthouse tuk-tuk! y señala hacia alguna dirección.

Al parecer hay una guesthouse llamada Tuk-tuk.

No lo creo…  Salgo del restaurante y sigo caminando hacia el lado del río. Es sábado, pero en Laos pareciera que todos los días es domingo.

Pienso quién me manda a caminar a esta hora con el sol así, quién me manda a nacer en un país donde la moneda no vale, quién me manda a viajar acá, quién me manda.

Y de repente, sin advertencia, la veo, boca arriba: un diez de corazones. Mi primera reacción es mirar la carta como las miraba antes de empezar a juntarlas: ¡Ah! Ahí hay otra, algún día las levantaré del piso.

Pero enseguida me acuerdo: ¡Ya las estoy coleccionando! La agarro, feliz, feliz de no haberme tomado el tuk-tuk de 20.000 kip, feliz de haber caminado por esta calle, feliz de ser una loca que se pone feliz cuando encuentra un naipe abandonado en Asia. Ya tengo seis.

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A los cinco minutos pasa un tuk-tuk que me lleva por 10.000 kip. Bien, mitad de precio no está mal. Y creo que fue como el último vaso de agua en el desierto: lo hubiese tomado por el precio que sea.

Veo, por fin, Savannakhet.

Me enamoro.

Me enamoro perdidamente de esta ciudad colonial descascarada y venida abajo.

Me enamoro de los chicos jugando en la calle sin preocupaciones, de los hello y sabaidee de los bebés (incentivados por los padres que los sostienen en brazos y les mueven el bracito para que me saluden), de los monjes que me charlan en inglés y me preguntan si me gusta Laos, de la gente sentada frente al río mirando cómo baja el sol sobre Tailandia.

Me enamoro de esta ciudad tan poco turística y tan tan linda.

Siento como si hubiese descubierto un secreto, un lugar fuera del mapa. ¿Cómo es posible que no esté desbordada de turistas? ¿Cómo es posible que sea tan auténtica? Siento que es un lugar armado solo para mí y para mi cámara.

Alquilo una bici y salgo a dar vueltas.

Acá se ve la cultura callejera de Asia en todo su esplendor.

La gente siempre está afuera, la vereda es su espacio público, y lo que debería ser el espacio privado (las casas) también está abierto a las miradas. Las mujeres cocinan afuera, la gente come en mesitas de plástico en las esquinas, un grupo de nenas juega al supermercado (o algo así) casi en la calle, los nenes usan una cuadra como cancha de fútbol, tres nenas se suben a una bicicleta y se divierten haciendo volar un cometa, los puestitos de comida preparan sus alfombras a orillas del río.

Acá no existen las puertas principales: las casas y negocios directamente no tienen la pared de frente, sino que cierran este hueco de noche con persianas (las mismas de los ascensores antiguos en Buenos Aires).

Acá no existe ese miedo de que te roben, de que te desvalijen la casa, de que entren a tu espacio privado, de que vean tus secretos.

En esta ciudad parece no haber secretos.

Cuando alquilé la bicicleta no me pidieron absolutamente nada, ni plata ni mi pasaporte ni mi nombre, solamente me preguntaron en qué guesthouse estaba y con eso fue suficiente.

¿Existe el amor entre una persona y una ciudad? Yo creo que sí.

Pasa cuando uno menos lo espera, en el lugar menos pensando, en el momento menos predecible.

Y también creo que pasa con esos lugares de los que la gente se pregunta “¡¿pero qué le ve?!”.

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[box]Datos útiles para visitar Savannakhet:

Transporte: bus desde Tha Khaek 25.000 kip (3 horas, 3 dólares). Tuk-tuk desde la terminal hasta el centro de 10.000 a 20.000 kip (entre USD 1.20 y 3). Alquiler de bicicleta, 15-20.000 kip por día (USD 2-3).

Comida: licuados por 5000 kip, fried noodles con pollo por 15.000 kip (2 USD), desayuno completo por 18.000 kip (USD 2.50), cerveza 10.000 kip, agua de litro y medio 5000 kip.

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El encanto laosiano

Laos me gusta.

Voy de pueblo en pueblo, de ciudad y ciudad, y aunque no esté acá hace mucho, cada día me gusta un poquito más.

Será porque es un país de pocos habitantes y la tranquilidad se respira.

Será porque el acoso hacia el turista no se siente tanto (digamos que casi nada).

Será por sus pueblitos silenciosos, por las calles vacías, por las construcciones coloniales venidas abajo, por la ausencia de las bocinas, por las pocas motos.

Será por la importancia del río Mekong, por los monjes caminando en grupo por la calle o andando en bicicleta, por las mujeres que me saludan sonriendo y no intentan venderme nada, por los chicos y su alegría cuando ven a un falang caminando por un lugar poco turístico.

Será.

Laos, a pesar de ser uno de los países más “olvidados” por los viajeros que visitan esta región del mundo (muchas veces queda fuera de los itinerarios por ser subestimado como destino) es también un país con un creciente circuito turístico.

Luang Prabang (la ciudad colonial), Vang Vieng (donde se realiza el famoso tubing), Vientiane (la capital) y Si Pha Don (o “4000 islas”, en el sur sobre el Mekong) son las principales paradas dentro de este circuito.

Y como en todo circuito, hay un sistema de precios “turísticos” que, en este caso, a todos los que viajamos intentando gastar lo menos posible nos llama bastante la atención.

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Laos es uno de los países más pobres de la región y sin embargo es caro. Lo de caro entre comillas, claro. Caro para los turistas, no para los locales.

Los precios ya vienen prefijados (e inflados) y no hay mucha posibilidad de regatear como en Vietnam o Indonesia donde bajar los precios se convierte en un deporte.

Acá, si no querés pagarle tres dólares al tuk-tuk para que te lleve a la estación que queda a diez cuadras, andate caminando.

Olvidate de que te hagan descuento, ni que se molesten en perseguirte. El precio es éste y si no te gusta lo lamento.

Después de pasar tres noches en Vientiane, que, al margen, es la capital más tranquila que pisé en mi vida, decidí avanzar hacia el sur del país y elegí un pueblo de 70.000 habitantes llamado Tha Khaek como mi próximo destino.

A seis horas, con muy pocos turistas, con muy poco para hacer.

Perfecto.

Vientiane me gustó con sus cafecitos franceses, su mercado nocturno, sus puestitos de comida y sus veredas anchas y sumamente transitables. Pero me dieron ganas de ir a lugares menos concurridos.

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Cuando averigüé en los guesthouses y agencias de viaje cuánto costaba el pasaje en bus a Tha Khaek, me quedé helada: 130.000 kip (16 dólares). Es decir, más de 2.50 dólares la hora de viaje.

En todos los países del Sudeste Asiático (y de América latina) parece haber un acuerdo silencioso de cobrar un dólar por hora de viaje en bus. Es lo esperable, lo lógico, es el parámetro en el cual me baso para saber si me están cobrando lo que realmente vale.

Cuando me dijeron 16 dólares, pensé: Estoy segura que una persona local jamás pagaría 16 dólares por un viaje de seis horas.

El problema es que a veces la pereza me gana y si me ofrecen un bus con “servicio de pickup” hasta la estación por dos dólares más, lo compro.

Pero pagar 10 dólares de más solamente por ser turista, no.

Así que volví a hacer lo que hice durante todo mi viaje por Latinoamérica (gracias a esa gran puerta que se abre al hablar el mismo idioma): viajé como una persona local.

Fui una laosiana más.

O casi.

Me negué a pagarle tres dólares al tuk-tuk por un viaje que en cualquier otro país de acá costaría medio dólar y caminé unas 12 cuadras hasta la estación de transporte público. Me tomé el colectivo que iba a la terminal sur por 2000 kip (25 centavos de dólar contra los 50.000 kip o 6 dólares que te cobra un tuk tuk) y llegué justo a tiempo para tomarme el colectivo que iba hacia el sur y frenaba en Tha Khaek. El precio: 50.000 kip (6 dólares por un viaje que contratado desde mi guesthouse me hubiese costado 16).

Además, un lujo, un Flechabus cualquiera, con dos pisos, aire acondicionado y mucho espacio para las piernas (muchísimo mejor que los buses “VIP” que ofrecen a los turistas).

***

Siento cierta adrenalina cuando viajo en un transporte donde nadie habla inglés, cuando no sé dónde tengo que bajarme ni a qué hora llegaré. Me hace estar mucho más atenta y despierta. Y hasta ahora, miles de colectivos después, jamás me pasé de estación.

Será que tengo un radar que me dice es acá, bajate ya.

Durante el viaje se me acercó un laosiano de unos 70 años y me dijo varias veces “Fren? Fren?”. Pensé que quería ser mi amigo y me reí, pero al parecer me estaba preguntando si era “French”. Le dije “No, Argentinian” y me respondió “Biutiful, biutiful”.

Y cada vez que me miraba me lo repetía. Ja.

Seis horas después, salí caminando de la estación de buses de Tha Khaek sin que ningún conductor de tuk-tuk (ese transporte tan típico del Sudeste Asiático) me persiguiera, sin que ninguno siquiera se dignara a mirarme (y, hola, no es fácil pasar desapercibida cargando dos mochilas y el pelo rubio).

Algo que en Vietnam o Camboya jamás hubiese pasado.

***

Tenía el nombre del guesthouse al que quería ir, pero ningún mapa ni dirección.

Entré a un restaurante vacío, donde una mujer miraba televisión acostada en un sillón y tras un sabaidee (hola) le pregunté por el dichoso guesthouse.

Me respondió con señas: vas por esa calle y doblas a la derecha, pero el movimiento de sus brazos fue amplio, lo que me dio a entender que era una distancia demasiado larga como para ir caminando.

Sacó su celular e hizo una llamada “bla bla bla falang falang bla bla bla nombre del guesthouse” y me indicó que me sentara a esperar. Me regaló una botella de agua (no aceptó dinero a cambio) y me habló en Lao (a lo que yo no hice más que sonreír y asentir).

Al rato llegó su amiga (supongo que a la que había llamado por teléfono) con un holandés que resultaba hablar español y se ofreció a llevarme al famoso guesthouse (también sin dinero de por medio) en su moto.

La mujer incluso me invitó al cumpleaños de su hijo.

Cosas que jamás me hubiesen pasado si elegía, otra vez, la supuesta “comodidad” y me tomaba un transporte puerta a puerta.

Fotos de Tha Khaek:

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Más fotos de Vientiane:

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[box]Datos útiles para visitar Vientiane y Tha Khaek:

  • Transporte: de Vang Vieng a Vientiane entre 35.000 y 60.000 kip (de USD 4 a 8). Aproximadamente seis horas. De Vientiane a Tha Khaek en bus “VIP” 135.000 kip, en bus local 50.000 kip (USD 16 contra 6). Tuk tuk en Vientiane: desde 10.000 kip (poco más de un dólar, aunque sube según la distancia). Alquiler de bicicleta en Vientiane: desde 15.000 por día (USD 2). Alquiler de moto en Tha Khaek: 85.000 kip por día (10 dólares)
  • Alojamiento: habitación doble en Vientiane desde 60.000 kip (8 dólares), dormitorios compartidos por 25.000 kip o 50.000 kip en “Mixay Guesthouse”. Habitación simple en Tha Khaek desde 50.000 kip (7 dólares), dormitorio compartido por 25.000 kip (USD 3) en “Travel Lodge”
  • Comida: en Vientiane, desayunos desde 20.000 kip (USD 2.50), almuerzos desde 20.000 kip (USD 2.50), licuados de fruta por 7000 kip (casi un dólar). En Tha Khaek, 15.000 kip (USD 2) por un plato de Pad Thai (noodles con carne), 20.000 kip por pollo con papas
  • Cosas para hacer: en Vientiane, visitar el Buddha Park (a una hora de la ciudad), el mercado nocturno, el arco del triunfo, tomar un café o un jugo, caminar por la costanera al borde del Mekong. En Tha Khaek, salir a caminar y recibir saludos de todos los chicos y mujeres, almorzar frente al río y mirar cómo baja el sol sobre Tailandia (en la orilla de enfrente). Muchos usan Tha Khaek como punto de partida para hacer “The Loop”: un viaje en moto de cuatro días/tres noches por pueblos cercanos.

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Sobre paraísos e infiernos: Luang Prabang y Vang Vieng

No creo en las dicotomías pero a veces me encuentro con dos lugares a pocas horas de distancia que me parecen tan opuestos que me tienta la idea de describirlos como paraísos e infiernos personales.

Sin embargo, como digo siempre, lo que a mí me pareció fascinante, a otro podrá parecerle aburrido y lo que a mí me pareció decadente, a otro podrá parecerle muy divertido.

Además el infierno y el paraíso como tal no existen: nosotros le damos esas categorizaciones en nuestra mente según nuestro estado de ánimo y experiencia.

Por eso no se dejen convencer demasiado por lo que digo y, si tienen la posibilidad, experiméntenlo por su cuenta y saquen sus propias conclusiones.

I. El Paraíso (o el Infierno): Luang Prabang

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Luang Prabang es uno de esos lugares que, si bien está muy preparado para el turista, sabía que me iba a gustar.

Casitas coloniales francesas mezcladas con construcciones locales de madera, mercados al aire libre, vendedoras callejeras de frutas y verduras, atardeceres sobre el río, buffets nocturnos de comida local con platos llenos hasta desbordar, cafecitos donde sentarse a leer, librerías donde sentarse a tomar un café, tambores que suenan desde las 5 am y monjes budistas que salen descalzos de los templos a juntar las ofrendas de comida que la gente local les prepara cada mañana, gatos simpáticos y fotogénicos, calles tranquilas donde se puede caminar despacio y sin interrupciones, festivales de cine, gente feliz (o que al menos lo parece), recorridos en bicicleta, caminatas en paralelo al río Mekong, tranquilidad.

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El viaje a Luang Prabang fue rapidísimo y cómodo, todo en transportes locales.

Salí del pueblito sin mapa a las 10 am y después de un barquito, un viaje en minivan y un trayecto en tuk-tuk llegué a la ciudad antes de las 3 de la tarde.

Sin ningún tipo de guía (más que una mujer que me vio con la mochila y me dijo “cheap guesthouse that way”) encontré un hostel muy lindo y barato (me encanta cuando me pasa eso), construido en una casa antigua que en algún momento de su existencia perteneció al rey de Laos.

Me alquilé una bici y recorrí la ciudad, Patrimonio de la UNESCO por sus construcciones coloniales y su aura histórica.

Miré el atardecer sobre el río desde una montaña, caminé por el mercado nocturno (donde no compré nada pero por lo menos vi productos distintos a los que venía encontrando en el resto del Sudeste Asiático), comí hasta reventar en el buffet (tan rico), intercambié libros (terminé de leer [eafl id=”22904″ name=”Mr Nice” text=”Mr. Nice, la autobiografía de Howard Marks”], el hombre más buscado por la policía británica y lo cambié por [eafl id=”22905″ name=”Self: Yann Martel” text=”Self, de Yann Martel”], una autobiografía ficticia que por ahora me está gustando) y escribí.

Luang Prabang es uno de esos lugares donde podés hacer “de todo” (hay decenas de agencias que ofrecen tours a las cuevas, viajes en barco, avistaje de elefantes, saltos en las cascadas) o donde podés no hacer nada en especial más que caminar y respirar el ambiente.

Y para mí, que soy fanática de las ciudades coloniales, no me es necesario “hacer algo” en un lugar así: con caminar y sacar fotos me sobra.

Es una ciudad muy turística, es cierto, pero siento que es una parada obligada dentro del circuito de ciudades coloniales del Sudeste Asiático.

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En Luang Prabang por fin me decidí a coleccionar algo que me venía tentando hacía tiempo: cartas (naipes).

En todos los países asiáticos que visité siempre me llamó la atención el mismo elemento: cartas sueltas tiradas en la vereda, en medio de la calle o sobre el pasto, a veces boca arriba, a veces boca abajo, sucias, pisadas por los autos y la gente, olvidadas y abandonadas, casi siempre solas, como si alguien hubiese perdido un partido y las hubiese tirado al piso con furia para no verlas nunca más.

Me propuse juntar una por ciudad, solo una, hasta completar un mazo de cartas encontradas por el mundo.

En Luang Prabang encontré la primera: el dos de trébol.

La vi tirada al borde de la calle, como ya vi a tantas otras, pero esta vez la levanté, no sé por qué.

Fue un impulso.

La limpié y le escribí, del lado de las figuras: #1, Luang Prabang, Laos (03/12/2010).

Tal vez algún día complete mi baraja.

Tal vez nunca.

Pero mientras siga viajando, seguiré llevándome un pedacito de ciudad de cada país.

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[box]Datos útiles para visitar Luang Prabang:

•   Transporte: bus desde Nang Khiaw (norte del país) 35.000 kip (3-4 horas), tuk-tuk desde la estación de LP hasta el centro de la ciudad 10.000-15.000 kip por persona. Alquiler de bicicleta en Luang Prabang 15.000-20.000 kip por día. (1 USD equivale a 8000 kip).
•    Alojamiento: desde 30.000 kip (aprox USD 4) por una cama en un dormitorio compartido (Spicy Laos Backpackers) con wi-fi, internet, café y té; o 60.000 kip por una habitación doble.
•    Comida: buffet vegetariano nocturno 10.000 kip por persona (MUY recomendable), pollo/pescado/carne asada por 10.000 kip la porción. Licuados de fruta por 5000 kip, café por 5000 kip, botella de agua de litro y medio 5000 kip. Sandwich en la calle desde 10.000 kip.[/box]

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II. El Infierno (o el Paraíso): Vang Vieng

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Vang Vieng es uno de esos lugares que, si bien está muy preparado para el turista, sabía que no me iba a gustar.

Cuatro o cinco cuadras de negocio tras negocio tras negocio (de ropa, de souvenirs, de cosas innecesarias que sólo hacen bulto en la mochila), guesthouse tras guesthouse (no vi ni una casa local) restaurantes de pizza/pasta/sandwiches con “Special High Menu”, extranjeros borrachos y/o drogados a toda hora, tubing por el río de bar en bar, gatos de todos los colores (y no exactamente animales), dobles de Lady Gaga y Paris Hilton, muchos anteojos de colores, calzas de leopardo y cuerpos con pintura fluorescente, gritos y música electrónica, restaurantes pasando capítulos de Friends 24 horas al día y gente mirando capítulos de Friends en estado vegetativo durante 24 horas al día, mucho panqueque de banana y hamburguesas.

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El viaje desde Luang Prabang fue larguísimo (las cinco horas que prometían se convirtieron en ocho o nueve, ya ni sé), en un bus “VIP” que no tenía aire acondicionado ni ventanas, por lo cual casi muero asfixiada, y haciendo zig-zag constante por las montañas con varios casi-choques de frente.

El ambiente de este colectivo me llamó la atención: compartí el trayecto con gente que no vi en ningún otro lugar del Sudeste Asiático más que en las islas del sur de Tailandia, viajeros que llegan a Tailandia para ir a la Full Moon Party, de ahí pasan a Halong Bay (Vietnam) y por último a Vang Vieng para pasar el resto de sus vacaciones.

Cuando llegamos a Vang Vieng (viajé con un argentino, un español, una suiza y un belga) todo estaba lleno y nos quedamos en lo que debe ser el guesthouse más rústico de tu vida con el colchón más duro de tu vida.

El pueblo de Vang Vieng no vale nada: no hay cultura laosiana ni autenticidad.

Debe haber más extranjeros que gente local y la consigna parece ser emborracharse/drogarse hasta no ver.

Lookeados como para ir a una rave (fiesta electrónica) y sin ningún tipo de respeto por las costumbres locales, las mujeres caminan en bikini por la calle y los hombres sin remera, algo que no es bien visto en países tradicionales como Laos.

Pero este pueblo debe ser como el huevo y la gallina: pareciera que fue creado especial y exclusivamente para este tipo de gente.

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La principal “atracción” de Vang Vieng es el tubing: consiste en alquilar un salvavidas/gomón redondo para sentarse y bajar los 3 km del río Nam Song frenando de bar en bar.

Al llegar al punto de salida, te reciben con una bandeja llena de shots de whisky, como para entrar en calor.

La bajada al río se hace obligatoriamente desde el primer bar, donde muchos ya compran el balde de alcohol inaugural.

Durante los primeros 500 metros habrá unos 15 bares a ambos lados del río, todos te hacen señas para que frenes y bajes ahí para seguir tomando alcohol y vuelvas al río completamente borracho.

Muchos no llegan ni al tercer bar.

Para varios es lo mejor del viaje.

Yo prefiero sentarme a tomar una Beerlao (la cerveza nacional) en la terraza de un bar mirando la ciudad. El paisaje es lindo, pero después de los paisajes que vi en los pueblitos del norte, no me pareció nada especial.

Vang Vieng es una de las principales paradas dentro de lo que informalmente se conoce como el Banana Pancake Trail —una ruta turística delineada (tal vez inintencionalmente) por la Lonely Planet— uno de esos pueblos que más que ser parte de Asia son una réplica en miniatura de lo más decadente de la cultura occidental.

Estuve dos noches y huí.

Fue suficiente.

No estaba en mis planes ir a este lugar, pero pensé que tal vez estaba siendo demasiado prejuiciosa, que tenía que darle una chance, que podía ser divertido.

Y no, no hice más que corroborar lo que pensaba: me pareció lo más aburrido de Laos que vi e hice hasta ahora.

El tubing estuvo bien, pero para mí hubiese estado mejor sin bares de por medio.

Y en Vang Vieng no encontré ninguna carta, así que no me llevé nada de este pueblo.

Excepto tal vez este atardecer.

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[box]Datos útiles para visitar Vang Vieng:

•    Transporte: desde Luang Prabang hasta Vang Vieng alrededor de 100.000 kip en VIP bus (lo de VIP tiene menos de VIP que un transporte local). Alquiler de bicicleta en Vang Vieng: 20.000 kip por día. Bus de Vang Vieng a Vientiane: 50.000 kip.
•    Alojamiento: habitación doble desde 40.000 kip.
•   Comida: hamburguesas callejeras desde 25.000 kip, licuados de fruta 5000 kip, desayunos desde 25.000 kip. Platos locales por 10.000 kip.
•    Tubing: 55.000 kip por persona (precio fijo con tuk-tuk incluido hasta el punto de inicio del tubing) + un depósito de 60.000 kip que se reintegra al devolver el salvavidas. Si se devuelve después de las 6 pm hay que pagar una multa de 20.000 kip. Alquilan bolsitas impermeables por 20.000 kip para llevar la plata por el río. Cerveza por 15.000 kip y baldes desde 30.000 kip.[/box] 

Pueblito sin nombre

Existe un pueblito —llamémoslo MNN— a orillas de un río —llamémoslo RM— en un país de Asia —llamémoslo RDPL— que casi no figura en el mapa.

Este pueblito de 800 habitantes es accesible solamente por barco, no tiene calles y por ende no tiene autos, motos ni bicicletas.

Podría decirse que allí la rueda todavía no fue inventada.

Tampoco hace falta demasiado transporte ya que la calle principal (de tierra) no tiene más de 200 metros de punta a punta.

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En este pueblo no hay electricidad (excepto de 6 a 10 pm mediante un generador), mucho menos ventiladores, heladeras, agua caliente, computadoras o internet.

No hay bancos ni cajeros electrónicos.

Hay una escuela, templos budistas, restaurantes, hotelitos y casitas de madera.

Hay mujeres aplastando algas para luego freírlas y venderlas como snack.

Hay chicos juntando frutos de los árboles o jugando en medio de la calle.

Hay hombres trabajando en los cultivos o pescando.

Hay chicas lavando ropa a orillas del río.

Hay familias reunidas en una mesa a las 7 de la mañana desayunando su sopa de noodles.

En este pueblito, la rutina queda enmarcada por la luz del sol y el despertador tiene sonido de gallo.

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No tenía planeado visitar este lugar (¿cómo planear una visita a un lugar casi desconocido?), pero llegué de casualidad.

Estaba viajando en el barco (si se lo puede llamar así) desde Muang Khua (primera aldea de Laos donde pasé dos noches) hasta Nong Khiaw, a unas seis horas de distancia.

El barco iba sobrecargado, unas 25 personas en una balsa a motor que a mitad de camino se llenó de agua.

— Ya está, acá pierdo todo, acá se me arruina la cámara y la computadora.

Tras una parada emergencia en una isla (que también ofició de baño público) seguimos camino por los rápidos de este río enmarcado entre las montañas.

Unas dos horas después, el barco hizo su primera parada oficial: un pueblito ínfimo del que se asomaban algunos bungalows y árboles con lámparas de colores.

Esta no es nuestra parada pero… ¿si nos quedamos acá? Parece más lindo que el lugar al que vamos.

Fue una decisión inmediata y unánime: nos bajamos todos ahí.

Y por todos me refiero a mi grupo del Road Trip (ingleses, alemanes, suizo), una chica de Nueva Zelanda, una de Holanda, otra de Inglaterra, un estadounidense, una pareja francesa, una pareja suiza y algunos más. Los únicos que quedaron en la balsa fueron tres griegos que horas más tarde volvieron al pueblito ya que el lugar siguiente (a donde íbamos a ir originalmente) no les pareció nada especial en comparación con este lugar escondido.

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¿Qué se puede hacer en un pueblito así?

Para los que buscan actividades turísticas, no hay mucha oferta más que hacer trekking por la montaña con un guía local, visitar otras aldeas, ir de pesca.

Para quienes no quieren hacer nada, pueden hacer exactamente eso y pasar los días leyendo en una hamaca paraguaya frente al río (lo cual me recuerda muchísimo a mis fin de semanas en el Tigre, salvando las distancias).

Yo elegí caminar, comer y sacar fotos. 

Todos los días a partir de las 2 de la tarde, en tres puntos del pueblo se ofrece un buffet: “All you can eat” por 10.000 o 15.000 kip (USD 1.50 – 2). Comida vegetariana recién cocinada por una mujer del pueblo: curry de calabaza, bambú con brotes de soja, noodles con verduras, spring rolls recién hechos, arroz con salsas secretas, arvejas, frutas, postres de arroz con peanut butter. La carne se paga aparte, 10.000 kip por porción, y se puede elegir entre  pescado, pollo, pato o búfalo asado.

Nunca comí tan rico y tan bien.

Recorrí el pueblo de punta a punta en menos de 20 minutos. Todas las casas están abiertas, nadie usa trabas, toda la gente sonríe amablemente y saluda con un sabaydee seas local o extranjero.

Nadie te acosa con el comprame comprame comprame.

La mayoría casi no habla inglés pero se hace entender.

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Mientras caminaba por la (única) calle principal se me mezclaron los sentimientos: este pueblito no es virgen, recibe visitantes de otros países y eso es bueno, pero tengo la sensación de que en menos de diez años este lugar va a tener más turistas que locales y que esa autenticidad que lo hace tan mágico se va a perder entremedio de las ofertas, tours y descuentos.

Un lugar tan puro no merece prostituirse por culpa del turismo, un pueblito así debería quedar suspendido en el tiempo y el espacio, una aldea como esta debería recibir solamente los visitantes necesarios para poder seguir subsistiendo cómodamente pero sin peligro de venderse o perder su esencia.

Un pueblito como éste —llamémoslo MNN, llamémoslo como sea— jamás debería aparecer en los mapas.

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De Vietnam a Laos por la Ruta del Cielo

Me dijeron que era la ruta del infierno, el viaje de la muerte, el cruce de frontera más largo del mundo, que seguro me quedaba varada en algún lado, que con lluvia era lo peor, que el trayecto era todo al borde del acantilado y súper peligroso.

Así que compré mi pasaje a Dien Bien Phu (ciudad en la que tendría que pasar la noche obligatoriamente antes de cruzar a Laos) con miedo, resignada, pensando que tal vez no iba a vivir para contarla, que este sería mi último viaje, que la vida sí se compra con plata y que la suerte no existe.

Pero ya tuve muchas experiencias de viajes eternos por rutas horribles y sobreviví, así que pensé que esto no podía ser peor que los cruces en Latinoamérica, que realmente iban a tener que esforzarse por hacerme pasar un mal viaje.

Y no, fue buenísimo y me alegro de haber elegido esta opción, ya que además de ahorrarme muchísimos dólares tuve dos días muy divertidos llenos de personajes extraños (como siempre).

Así que va la crónica para quienes tengan que hacer el mismo cruce y estén dudando si tomarse un avión o no.

Día 1 (viernes): De Sapa a Dien Bien Phu (noroeste de Vietnam) – 8 am a 5 pm

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Saqué mi pasaje a Dien Bien Phu, última ciudad vietnamita en la que haría noche, el día anterior.

El minibús “turístico” estaba completo así que no me quedó otra que comprar el pasaje para el minibús local (que para extranjeros cuesta lo mismo que el turístico: 10 dólares o 200.000 dong).

A las 7:15 am del viernes me senté en el restaurante de la agencia de viajes a esperar, 8:10 am llegó el minibus, me subí y salimos rumbo a Dien Bien Phu.

Cantidad de pasajeros: aproximadamente 20, doce locales y ocho extranjeros.

Así que un suizo, una alemana, un alemán, un inglés, una inglesa y yo nos hicimos amigos en el acto, supongo que eso pasa cuando uno sabe que está a punto de compartir una experiencia larga y cansadora, nada mejor que pasarlo con amigos.

Para mí fue un alivio saber que no haría esta “ruta de atrás” sola y que había más gente que decidía hacer este cruce por tierra antes que por avión.

El trayecto fue largo, polvoriento y rocoso.

Una característica de los transportes locales asiáticos es que suben gente hasta llenar todos los huecos vacíos (no solo en los asientos, sino en el piso y faldas), y en una combi diseñada para 15 personas probablemente suban a unas 22.

Así que a mí me tocó compartir mi asiento con el Personaje #1: un vietnamita que por suerte era flaquito pero igualmente me hizo guerra de caderas para adueñarse del respaldo. A cada rato me mostraba cuatro dedos de la mano derecha, los contaba, asentía y me los volvía a mostrar, tal vez querría decirme que tenía 40. Faltaba que se durmiera con la cabeza sobre mi hombro, pero por suerte no fue para tanto. Casi me saco una autofoto con él y le pido el Facebook para etiquetarlo, pero me pareció demasiado bizarro.

Durante las horas y horas de viaje, que ya no puedo diferenciar porque se mezclaron cual cóctel, me escuché casi toda la discografía de Los Beatles remixada con la música que puso el conductor, una mezcla de cumbia vietnamita con sonidos hindúes, y con los gritos del Personaje #2: el co-conductor. Este hombre no paró de hablar por celular a un tono de voz inhumano y sin ningún tipo de privacidad; cuando no se estaba peleando por teléfono, le pegaba gritos al conductor desde el asiento del fondo o se quedaba dormido y hacía CLAC CLAC CLAC con la cabeza contra el vidrio en cada curva.

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El paisaje que veía por la ventanilla era realmente lindísimo: montañas, terrazas de arroz, ríos, verde, inmensidad.

Quedamos frenados una sola vez durante 20 minutos porque había una excavadora averiada bloqueando la ruta, pero lo solucionaron rápido y seguimos camino.

A las 5.30 pm llegamos por fin a Dien Bien Phu.

Antes de dejar la terminal sacamos el pasaje a Laos para el día siguiente: 88.000 dong (USD 4.50) precio fijo para ir de Dien Bien Phu a Muang Khua (en Laos) con cruce de frontera incluido.

No tuvimos que caminar demasiado lejos para encontrar un hotel: los dueños nos encontraron primero y nos ofrecieron su guesthouse ubicada justo frente a la terminal de buses.

Ahí conocimos al Personaje #3: el recepcionista del hotel que parecía estar drogado con algún tipo de energizante ya que no paraba de hablar, hacer “chistes”, tirarle onda a las mujeres y moverse rápidamente de un lado a otro.

Cenamos en un restaurante local (no había demasiadas opciones) donde nos atendió el Personaje #4: una nena vietnamita de unos 13 años que parecía ser la jefa del lugar ya que le daba órdenes a todo el mundo y cada vez que le pedíamos “One beer” decía, “Ok, two beer”.

Para mí, noodles con pollo (si se puede decir que la piel del pollo cuenta como pollo) por 25.000 dong y a dormir.

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Día 2 (sábado): De Dien Bien Phu a Muang Khua (Laos)5.30 am a 2 pm

Despierta desde las 4.30 de la mañana.

El colectivo hacia la frontera salió a las 5.30 am, repleto de personas, bolsas y mochilas.

El grupo de este Road Trip seguía siendo el mismo: Nicky y Kate (ingleses), Stefan y Martina (suizo y alemana), Paul (alemán) y yo.

Llegamos a Tay Trang, la frontera con Laos a las 9 am y el trámite duró unos 45 minutos: nos tomaron la fiebre (de verdad), sacamos la visa en el momento, nos sellaron el pasaporte y entramos a Laos Time: en Laos hay que multiplicar el “5 minutos” por 5, ya que todo lleva muuucho más tiempo.

Será que son gente muy relajada.

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Desde la ventana pude ver que Laos es muy rural, verde, con pueblitos muy chicos al costado de la ruta, con casitas de madera y muy poca gente.

La población acá es de casi 7 millones; contra los 86 millones de Vietnam, la diferencia es muy notable.

Viajamos bastante apretados por una ruta de tierra en las montañas, pero la vista valió la pena.

A las 2 pm llegamos a Muang Khua, una de las aldeas del norte de Laos, cansados y muertos de hambre.

El colectivo terminó su recorrido al borde del río y allí nos subimos a un barco-balsa para cruzar los 30 metros que separan una orilla de la otra (y todos los guesthouses y restaurantes están del otro lado del río, así que no hay otra opción…).

Una vez que estábamos todos subidos al barco, apareció el Personaje #5: el cobrador de boletos.

Pedía 2000 kip (algo así como USD 0.25), pero ninguno de nosotros tenía kip (la plata de Laos) así que le ofrecimos el mismo valor en moneda vietnamita: 5000 dong. Yo estiré mi mano y le di mi último billete de 5000 dong, pero me lo rechazó como cuatro veces: solamente aceptaba los de 20.000 dong o más ya que, por lo que nos pareció, quería hacerse el tonto y no dar vuelto o dar un vuelto en kip muchísimo menor.

Finalmente el bote arrancó y, como no le quedó más opción, agarró mis 5000 dong.

Menos de dos minutos después descendimos en la otra orilla de Muang Khua sin un kip, sin cajeros, con los dos bancos del pueblo cerrado porque era fin de semana, sin casas de cambio y sin internet.

Nos ofrecieron varios guesthouses por 50.000 kip el cuarto para dos personas (USD 3 cada uno) pero no aceptamos.

Caminando cuesta arriba por este pueblo dormido nos cruzamos con el Personaje #6: un aldeano que tímidamente nos preguntó si estábamos buscando dónde quedarnos y nos dijo que él tenía un lugar por 30.000 kip la noche (USD 2 dólares cada uno) a pocos metros.

Lo seguimos un poco de mal humor y con descreimiento ya que nos hizo caminar más de lo prometido y nos llevó a través de un puente que parecía que se iba a caer en cualquier momento.

Pero cuando llegamos quedamos anonadados con la vista del lugar y nos quedamos ahí tres días.

Sobrevivimos “a crédito” durante dos días hasta que Dian (el dueño del guesthouse) nos llevó a una ciudad que queda a tres horas para sacar plata del cajero.

Una gran introducción a este país que se despierta de a poco.

Se terminó el acoso, el ataque de las motos, la sensación de ser nada más que un turista con plata.

Laos me gusta mucho.

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[box type=star] Información útil para cruzar del norte de Vietnam al norte de Laos por tierra + descuentos para que disfrutes tu viaje

•    Minibús de Sapa a Dien Bien Phu: 200.000 dong (USD 10), aproximadamente 8-10 horas
•    Guesthouse en Dien Bien Phu: 150.000 dong para 2 personas, 200.000 dong para 4 personas (aprox. USD 2.5 cada uno). Hay por lo menos tres enfrente a la estación
•    Comida en DBP: solo restaurantes locales. 25.000 dong por un plato de pho (sopa) o noodles con pollo (USD 1). Baguette fresca de desayuno: 5000 dong (USD 0.25), botella de agua de 1L: 10.000 dong (USD 0.50)
•    Colectivo de DBP a Muang Khua (en Laos): 88.000 dong (USD 4.50), sale a las 5.30 am, llega a eso de las 2 pm
•    Visa Laos: se puede sacar en la frontera y el precio depende de la nacionalidad, pero el rango va entre USD 20 (China) y USD 42 (Canadá). Para argentinos USD 30 + USD 1 por “servicio” + USD 1 porque era fin de semana. Llevar una foto carnet, sino cobran USD 2 por sacarte la foto. Abierta de lunes a domingo, de 7 am a 7 pm
•    Cruce de un lado de Muang Khua al otro: depende del día, a veces 2000 kip, a veces 5000 kip (un dólar equivale a 8000 kip). Se puede pagar en dong (plata vietnamita), no pagar más de 5000 dong
•    En Muang Khua no hay cajero (ATM), solamente dos bancos que cambian plata, así que conviene llevar algunos dólares o dongs para cambiar ahí. Tampoco hay internet. Guesthouses entre 30.000 y 50.000 kip por noche (de 4 a 6 USD). Comida por 15.000 kip (USD 2). USD 1 = 8000 kip

[wc_fa icon=”ticket” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Mi página favorita para encontrar los vuelos más baratos hacia Vietnam y Laos es [eafl id=”22601″ name=”Vuelos Skyscanner” text=”Skyscanner”]

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Datos y consejos para viajar al Sudeste Asiático

[Última actualización: junio 2021]

En esta guía encontrarán recomendaciones útiles, datos y consejos aquellos que estén planeando viajar por el Sudeste Asiático (o para los que aún no se animan) y especialmente quienes quieran viajar mucho, conocer aún más y gastar lo menos posible (¡para poder seguir viajando!).

La guía está dividida en cuatro partes:

Parte I: Todo lo que querías saber antes de viajar al Sudeste Asiático (o la sección de preguntas Frecuentes), en donde podés encontrar muchas de las respuestas a preguntas que me han hecho en el blog y también en redes sociales.

Parte II: Visas que se requieren para viajar al Sudeste Asiático

Parte III: Presupuesto para viajar al Sudeste Asiático

Parte IV: Links y descuentos para tu viaje

 


Parte I: Información útil para planear tu viaje al Sudeste Asiático

Esta guía está basada en mis experiencias de viaje en Tailandia, Malasia, Singapur, Indonesia, Filipinas, Laos, Camboya, Vietnam, China (sur), Hong Kong, Macau

 

¿Qué vacunas debo ponerme para viajar al Sudeste Asiático?

Con excepción de la fiebre amarilla, no es obligatorio vacunarse pero sí es recomendable. Lo mejor es consultar el departamento de Medicina del Viajero de cualquier hospital o bien ir a Stambulian/Vacunarse o similares para ver qué conviene en cada caso.

Al viajar, yo me puse las siguientes vacunas: Hepatitis A, Hepatitis B, Tétanos-Difteria, Fiebre Tifoidea, Fiebre Amarilla, Polio, Meningitis. No me di la de la Rabia, ni la del Cólera, ni la de Encefalitis Japonesa (que no se consigue en Argentina).

El tema de las vacunas es un tema sensible y muy personal así que mi recomendación es que consulten a su médico de confianza.

 

¿Te piden el certificado de vacunación al entrar en el Sudeste Asiático?

Me pidieron el certificado de vacunación solamente una vez en todo el viaje, en el aeropuerto de Bangkok para chequear que tuviera la vacuna de Fiebre Amarilla. Si bien no te lo piden si podés demostrar que no venís directamente de Argentina, personalmente recomiendo llevarlo siempre.

 

¿Qué guía de viaje me recomendás leer para viajar al Sudeste Asiático?

La más famosa es la [eafl id=”21160″ name=”Lonely Planet Southeast Asia” text=”Lonely Planet: Southeast Asia on a shoestring”]. Es útil para tener mapas, datos de hostels, teléfonos y direcciones útiles, precios, transportes, idiomas, etc. En el Sudeste Asiático se vende por todos lados y mucho más barata que en Argentina. Hay truchas, usadas, fotocopiadas, originales, viejas, viejísimas y actuales. Yo compré la mía en el aeropuerto de Bangkok. A veces la uso, a veces no tanto, pero siempre viene bien. Ah, eso sí, es un peso más en la mochila. Traten de no caer en lo que llaman el “Banana Pancake Trail“: un ruta informalmente creada por la Lonely Planet y que todos los fieles siguen cual camino hacia la verdad. Sálganse del circuito y busquen sus propias rutas si no quieren ver siempre a la misma gente ;)

 

¿Me conviene usar efectivo, tarjeta de crédito, tarjeta de débito o cheques del viajero?

Lo más cómodo es tener una reserva de efectivo en dólares (por las dudas) y el resto en una tarjeta de crédito o débito. Hay cajeros y bancos por todos lados, también abundan las casas de cambio, así que no es necesario cambiar todo el dinero de antemano. El país en el que más me costó conseguir un cajero electrónico fue en Laos, especialmente en el norte, ya que es muy rural.

Yo no traje cheques del viajero porque hay muchos lugares que no los aceptan o cobran comisión.

 

¿En qué medios de transporte me conviene moverme de un punto a otro?

Depende. Si vas con los días contados (por ejemplo 15 días de viaje), tal vez lo más efectivo sea moverte en avión, aunque al tiempo del vuelo tendrás que sumarle el tiempo de traslado y espera en los aeropuertos. Lo bueno es que en el Sudeste Asiático hay muchas aerolíneas low-cost que te permiten viajar rápido y barato de un punto a otro. Dicho esto, no todas las rutas están cubiertas de manera aérea, así que en varios casos vas a tener que ir por tierra sí o sí. Si estás viajando con tiempo (al menos un mes) o solo querés recorrer un país, te recomiendo viajar por tierra (en trenes o autobuses) o en barco/ferry (si existe la posibilidad). Ir por tierra te permite ver los cambios de paisaje, moverte a un ritmo más lento y disfrutar más el camino (sobre todo si, como a mí, no te gusta volar). Si querés saber cuánto te costaría ir de un punto a otro del Sudeste Asiático en bus, tren o ferry, te recomiendo usar Bookaway.com para comparar precios y hacer la reserva de manera online y con anticipación.

 

¿Es seguro viajar por el Sudeste Asiático?

El Sudeste Asiático me pareció muy seguro. Yo soy mujer, viajo sola, llevo una cámara réflex y una laptop y jamás tuve ningún tipo de problema (excepto cuando me robaron y me devolvieron todo, pero fue una situación extremadamente RARA). Siempre hay que ser precavidos, pero la conclusión que puedo darles después de viajar un año sola por el Sudeste Asiático es que esta parte del mundo es muy segura en cuanto a robos y violencia. Los problemas que se pueden encontrar son los desastres naturales como terremotos, erupciones volcánicas, tsunamis… aunque yo tampoco me crucé con nada de eso. De todas maneras, un consejo que les dejo (¡para todos los viajes!) es llevar un pequeño candado que se puede usar para cerrar la mochila/valija o para trabar los lockers en los hostels y poder dejar en un lugar seguro las cosas importantes.

 

 ¿Hay buen acceso a internet en el Sudeste Asiático?

La conexión a internet es muy buena en capitales y grandes ciudades que están llenas de cibercafés y redes de wi-fi para acceder a internet.

En general cobran entre USD 0.30 a USD 2 la hora, dependiendo del país (precio 2010, este es un dato retro).

Los países más complicados para acceder a internet fueron Laos (no hay tantos lugares de acceso, hay muchos pueblos que desconocen la internet) y China. En China, la Gran Muralla de Fuego puesta por el gobierno no permite acceder a páginas como Facebook, Youtube, Blogger, WordPress, Twitter, entre muchas otras; tampoco hay tantos cibercafés ya que los que existen son “medio ilegales” según me dijeron y no tienen local a la calle sino que están ubicados en el interior de algún edificio, entonces son difíciles de encontrar.

 

¿Cómo es el clima?

A grandes rasgos, el Sudeste Asiático tiene clima tropical todo el año: la temperatura promedio es de 30°C, la humedad es muy alta y llueve bastante. Cada país (o región), sin embargo, tiene su propia época de lluvias y hay que tener en cuenta que a veces las lluvias son tan fuertes que es complicado viajar.

  • Malasia, Brunei, Singapur, Indonesia y las Filipinas tienen dos estaciones: la de lluvias y la seca. En general, en estos países la época de lluvias se extiende entre octubre y abril (invierno, temporada baja) y la época seca entre mayo y septiembre (verano, temporada alta). La época seca puede tener temperaturas un poco más altas (hasta 35°C) y la de lluvias más bajas (hasta 25°C)
  • En la Península de Indochina (norte de Tailandia, Laos, Camboya, Vietnam y Birmania) las temperaturas anuales oscilan entre los 20 y 40°C y hay cuatro estaciones o épocas diferenciadas (pero no como las que tenemos en Argentina): 1. calor (alrededor de abril, cuando la temperatura alcanza los 40°C); 2. lluvias (empiezan a partir de julio, pero no duran todo el día, son más que nada chaparrones en algún momento del día); 3.  seco y 4. seco y “fresco” (de noviembre a febrero, temporada alta)
  • En el Sudeste Asiático existen zonas de montaña con clima propio, generalmente más fresco que cerca del mar. Allí las temperaturas oscilan entre 15 y 25°C, por lo que es recomendable llevar algo de abrigo si se planea ir a estas regiones (como por ejemplo SaPa en Vietnam).

 

¿Tendré problemas con el idioma?

En Asia se hablan cientos de idiomas y como se imaginarán es imposible aprenderlos todos. Muchas veces me preguntan lo mismo: ¿Cómo hacías con el idioma? Según mi experiencia, con el inglés se van a arreglar bien.

Hay países como Malasia y Singapur donde el inglés es uno de los idiomas oficiales.

En todas las zonas turísticas de Asia (diría del mundo tal vez) se habla algo de inglés. En la península de Indochina (Laos, Camboya, Vietnam) también se habla un poco de francés.

Les recomiendo, igual, que se lleven un “Phrasebook” (librito con frases útiles en otros idiomas) y que intenten aprender aunque sea unas palabras del idioma local.

El lugar más difícil en cuanto al idioma es China, ya que no todos hablan inglés. Pueden leer este artículo que escribí en la web de Matador al respecto: How to travel around China without speaking the language

Las señas y las sonrisas son universales. 

Sin embargo, si querés aprender unas nociones del idioma antes de aventurarte, una de tus opciones sería la de realizar un curso del idioma en el extranjero. ¿Qué te va permitir tomar un curso de idioma en otro país? Cuando viajes, vas a poder conectar muchísimo más con la gente, vas a poder preguntar más y usar tu curiosidad para aprender todo acerca de otra cultura. Así, en lugar de gastar tu energía viajera en pensar “cómo se dice…” vas a invertirla en pasar tiempo con locales y aprendiendo cosas que quedarán para siempre en tu memoria.

 

¿Cuáles son los lugares imperdibles del Sudeste Asiático?

Recibo muchos mails de ustedes preguntándome acerca de “los lugares imperdibles” del Sudeste Asiático (lo que no hay que dejar de ver en un viaje corto) y la verdad es que me cuesta mucho responder, ya que depende mucho de los gustos de cada uno y de qué expectativas tienen para el viaje (¿qué quieren ver: playa, selva, montañas, templos, ciudades?).

Imaginen que después de estar un año y medio en Asia se me hace muy difícil elegir pocos destinos.

Además, yo puedo darles una respuesta general, basada en mis gustos, pero eso no quiere decir que sean los únicos lugares que valen la pena. Así que acá les dejo dos post que escribí con “Mis 10 lugares preferidos de Asia” como para que vayan viendo:

Mis 10 lugares en el Sudeste Asiático y China – parte I

Mis 10 lugares en el Sudeste Asiático y China – parte II

 

1¿Cuánto tiempo necesito para viajar al Sudeste Asiático?

Esta es una muy parecida a la pregunta anterior, y es muy personal: tiene que ver con el tiempo con el que cuentes para viajar, el tiempo que quieras estar en cada país teniendo tus intereses y sensaciones (a veces un país nos gusta más que otro, sin más razón que esa), cuanto margen tengas para moverte libremente entre los países del Sudeste Asiático… Para conocerlos, conocerlos, se necesita toda la vida ;)

 

¿Desde dónde salen los vuelos más baratos para viajar al Sudeste Asiático?

¡Depende de donde te encuentres! Más adelante hablo un poquito sobre los vuelos entre países, pero en este artículo ya escribí al respecto de cómo buscar vuelos baratos y el artículo te puede servir en este caso también

 

¿Tengo que demostrar pasaje de ida y vuelta para viajar a algún país del Sudeste?

Más adelante te cuento más específicamente sobre las visas. Las aerolíneas al embarcar te piden que puedas demostrar que te vas a ir del país al que viajás (¡cuestiones legales de las aerolíneas!). No tiene que ser un pasaje de regreso a tu país de origen, pero sí tenés que podés demostrar que te vas. ¿Cómo? Buscando un vuelo barato (¡el más barato!) a un país vecino, comprando un pasaje en bus o tren, demostrando que sacaste otra visa para visitar otro país…

 

¿Qué otros artículos puedo leer sobre los lugares que visitaste en tu viaje al Sudeste Asiático?

 

¿Escribiste un libro sobre tu viaje a Asia?

¡Sí! Un tercio de mi primer libro Días de viaje, está dedicado a mi viaje por Asia.

Ahí cuento cómo fue terminé en Bangkok, por qué me sentí una estrella de cine en Indonesia, cómo hice para viajar un mes por China sin hablar el idioma, cómo fue el roadtrip con los curas filipinos, qué hice con los naipes que empecé a encontrar en todas partes, entre otras cosas.

Si les interesa, pueden leer el prólogo y un capítulo online, y comprarlo en mi Tienda.

 


Parte II: Visas para viajar al Sudeste Asiático

La mayoría de los países del Sudeste Asiático requiere visa para entrar.

Algunas se pueden sacar en el aeropuerto o la frontera al llegar, y otras deben tramitarse antes en Argentina o en cualquier país del SEA (Sudeste Asiático).

Esta es la lista de países que visité hasta ahora (esta información sirve para argentinos. Para chequear la situación de otras nacionalidades entrar en este link.)

 

1) Países que no requieren visa

  • Tailandia: no piden visa, te dan mínimo 60 días de estadía.
  • Malasia: no piden visa, te dan mínimo 60 días de estadía.
  • Singapur: no piden visa, te dan mínimo 60 días de estadía.
  • Filipinas: no piden visa, “en teoría” te dan 21 días de estadía (a mí me dieron más) y tenés que pagar un impuesto de salida del país de 30 USD.
  • Hong Kong/Macau: no piden visa, te dan un mínimo de 30 días de estadía. OJO: chequear la situación de Macau ya que en varios sitios de internet dice que los argentinos requieren visa para entrar.

 

2) Países con visa on arrival (se saca en el momento de llegada al país):

  • Indonesia: podés sacar la visa de 30 días al llegar al país (USD 25) con posibilidad de extenderla una vez. También podés sacar la visa turística de 60 días en cualquier embajada o consulado de Indonesia antes de viajar (cuesta USD 50 y se puede extender hasta tres veces para quedarse un total de seis meses, pero se necesitan presentar más documentos y una carta de sponsoreo de un residente indonesio).
  • Camboya: podés sacar la visa de 30 días al llegar al país (20 USD), se puede extender una vez. ACTUALIZACIÓN 2021: el visado para Camboya ahora se puede pedir de manera online antes de viajar. Podés hacerlo a través de e-Visado.es, una agencia española de visados en la que también podés solicitar visas para otros países asiáticos.
  • Laos: se puede sacar la visa en todos los aeropuertos y en casi todas las fronteras terrestres. Es válida por un mes y cuesta USD 25 para argentinos.

 

3) Países que requieren sacar visa con antelación (a sacar en las respectivas embajadas en Argentina o en cualquier país del mundo):

  • China: piden visa anticipada. Se puede tramitar en Argentina o cualquier otro país de por acá. Es muy común sacarla en Hong Kong. Yo la saqué en Kuala Lumpur (Malasia) en tres días y me costó 50 USD por un mes.
  • Vietnam: hay que sacar la visa antes, yo la tramité en Phnom Penh (Camboya) por medio de un hostel (yo ni pisé la embajada) y estuvo lista en dos días hábiles. Cuesta alrededor de 35-50 dólares por un mes, según dónde la saques. A mí me costó 40.
  • India: hay que sacarla con anticipación en “cualquier embajada de la India del mundo”, para argentinos es gratis. En Buenos Aires, el trámite se realiza en un día, pero en el SEA lleva por lo menos seis días hábiles según el país donde se aplique. OJO: ya no se puede adquirir en Malasia ni en Singapur siendo turista extranjero (es necesario ser residente).

 


Parte III: ¿Qué presupuesto necesito para viajar al Sudeste Asiático?

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Todas las cifras que aparecen en mi blog son reales ya que son los precios que pagué por comida/alojamiento/transporte/etc, en cada país o ciudad durante mi viaje en el 2010. (Puede que algunos precios estén desactualizados… o no.)

Yo viajo con un presupuesto de mochilera low-cost, lo que significa que gasto lo menos posible en alojamiento, me alimento siempre en los mercados callejeros o puestos de comida locales, muchas veces me alojo en casas de familia, siempre compro los pasajes de bus directamente en la terminal (no compro los pasajes que ofrecen las guesthouses), no hago demasiados tours y voy de un lado a otro a pie o en transporte público.

Mi objetivo es gastar lo menos posible para poder seguir viajando, y esto es algo que implica un esfuerzo extra ya que me tomo el tiempo de buscar precios en guesthouses, o camino hasta la estación para comprar allí mis pasajes en bus, etc. o incluso hago todas las combinaciones posibles de transporte público para llegar a destino pagando el precio más bajo.

Entonces si les interesa viajar con más comodidad no se guíen por estos precios, aunque les pueden servir para tener en mente un aproximado.[/box]

 

Algunas aclaraciones:

  • No es fácil darles un presupuesto porque todo depende de cuánto tiempo quieran viajar, a qué ritmo y de qué manera.
  • Lo mejor es calcular los gastos aproximados por día y en dólares (o euros).
  • Las cifras que doy son promedios ya que los precios varían de un país a otro y de una ciudad a otra.
  • En este presupuesto no está incluido el costo del pasaje desde Argentina (o cualquier lugar del mundo) a Asia.
  • En algunos países como Indonesia se puede vivir con 15 dólares diarios, otros como Malasia, Hong Kong o Singapur son un poco más caros. Pero, a muy grandes rasgos (todo depende del país que se visite) y sin contar pasajes de avión, pueden viajar bien (como mochileros y sin lujos) gastando entre 15 y 40 dólares por día.

 

1) Alojamiento

Los Hostels y Guesthouses son las opciones más baratas en cuanto alojamiento:

  • Dormitorio compartido en un hostel (“dorm”): de 2 a 10 dólares por noche por persona (cada dormitorio se comparte con 4 – 12 personas; se paga por cama, no por habitación)
  • Habitación privada simple/doble en un hostel: de 4 a 20 dólares por noche
  • Habitación privada simple en un guesthouse: a partir de 5 dólares (a veces con baño propio y a veces con baño compartido. Estas habitaciones “simples” generalmente tienen dos camas, por lo que viajar de a dos a veces significa que tendremos un menor presupuesto que viajando solos)
  • Habitación privada simple en un hotel 2 estrellas: a partir de 10 dólares (hay ciertas ciudades de China donde no existen los hostels ni guesthouses, por lo que la mejor opción es recurrir a los hoteles dos estrellas)

Los hostels generalmente incluyen varios servicios como wi-fi, pileta de natación, mini cine con DVDs, información turística, alquiler de bicicletas, servicio de pick-up desde el aeropuerto o estación de tren/bus (si el hostel se reserva de antemano por internet, el servicio de pick up en general es gratis). También ofrecen servicio de lavandería y desayuno que se paga aparte.

Las guesthouses son más básicas que los hostels y en general solamente ofrecen alojamiento, sin servicios extra.

Los alojamientos más caros son los de las grandes ciudades o capitales. Las ciudades más caras en cuanto a alojamiento son Kuala Lumpur (una cama en un hostel cuesta como mínimo 10 dólares), Singapur (a partir de 15 dólares), Hong Kong (a partir de 15 dólares por persona en Chungking Mansion) y Macau.

Otra opción es sumarse a alguna de las comunidades globales de hospitalidad como Couchsurfing o Hospitality Club para alojarse gratuitamente en casas de familia.

 

2) Alimentación

La comida en el sudeste asiático es muy barata y está por todos lados: el deporte nacional en este lado del mundo es comer.

  • En los mercados pueden conseguir snacks y frutas desde 50 centavos de dólar
  • Pueden almorzar y cenar en los puestos callejeros por 1-2 dólares y en los restaurantes locales por 2-4 dólares.
  • Lo más caro siempre son los restaurantes turísticos o los locales de comida en áreas turísticas: allí de base siempre pagarán 3 dólares.
  • Estos precios corresponden a los platos de comida típicos de cada lugar y no a la comida occidental (hamburguesas, pizza, spaghetti, asado) que venden por todos lados a precios turísticos.
  • Hong Kong y Macau son los dos lugares más caros en cuanto a comida, allí un plato de noodles empieza en 3 dólares y la comida más elaborada, de 5 dólares para arriba.

Aquí te dejo algunos artículos que escribí con mis experiencias probando comida asiática: en Indonesia, Tailandia, Malasia y China.

 

3) Transporte

  • Dentro del país
    Por tierra, hay que calcular entre 1 – 2 dólares por cada hora de viaje en bus (es decir que un viaje de 10 horas debería costar unos 10 dólares) y aproximadamente 2 dólares la hora de viaje en tren.
    En Tailandia te venden el combo de pasajes (colectivo-barco-tuktuk-barco-colectivo) que siempre resulta un poco más caro.
    Lo más económico siempre será ir directo a la terminal terrestre y sacar un pasaje en la ventanilla para el próximo colectivo que salga.
    También existe la opción de comprar un pasaje “VIP” en el hostel o guesthouse con servicio de “pick-up” hasta la terminal, pero muchas veces cuesta el doble que el pasaje comprado sin intermediarios en la terminal ya que estos hostels ofician como agencias de viaje y cobran una comisión.
    También existe la opción de
    viajar en tren, especialmente en Tailandia, Vietnam, Malasia y partes de Indonesia; es un poco más caro pero mucho más rápido, cómodo y seguro.
    Por otro lado muchos viajeros alquilan bicicletas o motos para hacer pequeñas distancias y recorrer más a fondo cada lugar al que llegan. El precio aproximado de alquiler de bicis desde USD 1 por día y motos desde USD 5 por día.
  • Entre países
    En el Sudeste Asiático hay varias aerolíneas low cost que te permiten viajar de una ciudad o país a otro por mucho menos de USD 100 el pasaje.
    Si sacas tu vuelo con mucha anticipación, los precios serán mucho más bajos (¡y siempre hay ofertas con precios super baratos, así que atentos!).
    En este artículo podés leer más acerca de
    cómo comprar un vuelo barato por internet (toda una ciencia, aunque no lo parezca).
    Para quienes no necesiten volar, las fronteras se pueden cruzar por tierra en colectivo, en tren o en barco (según el país).

 

4) Tours, excursiones, entradas, etc.

Siempre suman al presupuesto y acá no puedo dar datos exactos porque hay demasiadas variables. Pero un tour de un día cuesta entre 1o y 35 dólares (en las agencias de viajes orientadas a mochileros) y las entradas a museos de un dólar en adelante (a veces menos).

 


Parte IV: Links y descuentos para que disfrutes de tu viaje

El barco pirata barrilete.

Nota: le pongo muchas horas de viaje, caminatas, investigación y trabajo a estas guías prácticas y te las ofrezco de manera gratuita porque es lo que a mí me hubiese gustado leer antes de viajar. Si te sirven para planificar tu viaje, por favor intentá reservar alguno de los siguientes servicios (vuelos / hoteles / Airbnb) a través de estos buscadores. Si lo hacés, me dan una pequeña comisión que no se suma al precio final de tu compra y que me ayuda a seguir viajando y publicando guías como esta. ¡Gracias!

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Este post contiene enlaces de afiliado y enlaces patrocinados.

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