no-viajando por ahí (o Comiendo por ahí: Indonesia)

I.

Tengo que confesar que desde que llegué (o mejor dicho “me instalé”) en Yogyakarta, comencé a tener dudas sobre qué escribir en este blog.

Si bien las palabras me fluyen como nunca, parecen fluir hacia otros rumbos: me la paso traduciendo mis textos a inglés, escribo pensamientos de todo tipo en mi cuaderno, escribo y memorizo palabras en indonesio, escribo cartas para mis amigos…

Pero esto de no estar “viajando” (técnicamente) (en el próximo post debería hacer un Tratado sobre el Viajar para que se entienda qué significado le doy a este término) hace que, para mí, todo lo que me rodea pase a ser “normal”.

La comida de todos los días es normal, el arroz  a toda hora es normal, tener un novio indonesio musulmán y acompañarlo en el ayuno durante el mes de Ramadán es normal, la falta de veredas y las calles de tierra atestadas de motos que pasan por entre medio de las casas es normal, las mezquitas recitando el Corán cinco veces por día es normal, que me señalen en la calle y me miren fijo porque soy extranjera… ya es normal.

Y ahí es cuando me planteo: ¿entonces qué? ¿Será que les interesa que les cuente el día a día, la rutina del “no viajar” aún estando de viaje (porque, quiera o no, sigo del otro lado del mundo)?

Me parece que esta vez el desafío es mayor… y me gusta.

Es “fácil” llegar a una ciudad nueva, ver todo con ojos de niño, no perderse ni un detalle, absorber cada color y cada olor y volcar todo al papel (o a la pantalla) desesperadamente, para unos días o semanas después caer en una ciudad nueva y repetir el ciclo una vez más.

Pero cuando un país, un escenario, un paisaje se convierte en parte del día a día, ahí todo cambia.

Lo primero que pasa (y esto me lo advirtió una amiga polaca que se instaló en Bali hace unos meses y también frenó el ritmo de  viaje) es que empezás a extrañar todo y aparece ese sentimiento tan bien definido en inglés como homesickness.

El top tres: la familia, los amigos, LA COMIDA.

Lo que daría por una chocotorta, por ALGO con dulce de leche (un concepto inexistente en este sector del universo), por una bandeja de quesos, por una picada un viernes a la noche en algún barcito al aire libre, por una pizza y una buena charla en castellano, por un asado en familia en el Tigre, por una sesión de Family Guy con mi hermana, por un café laaargo con mi mejor amiga, por una salida a ver bandas con mis amigas, por todas esas cosas que consideraba “normales” y que ahora me faltan.

Si existiera la teletransportación, me iría por un fin de semana a Buenos Aires… y después volvería a Yogyakarta.

Tampoco es que me quiero volver aún, queda mucho camino por recorrer y nada me detiene.

II.

Dicho esto, paso al próximo tema.

Hace un tiempo prometí un post de comida y cumpliré.

La comida pasó a ser todo un tema en mi vida estos días, especialmente porque estoy viviendo el mes de Ramadán (en el que no se puede comer ni beber de 4.30 am a 6 pm) y existe ese síndrome llamado Uno Quiere Lo Que No Puede Tener.

Me está costando menos de lo que pensé, ya que es algo que quiero cumplir por respeto a mi novio y para aprender y entender acerca de su religión.

Durante Ramadán, el día empieza (o termina en mi caso, ya que siempre me voy a dormir tarde) con el sahur, la comida de las 3.30-4 de la mañana: como si nosotros nos despertáramos a esa hora y nos preparásemos un plato de fideos o un pollo con papas.

Es la “preparación” para el día de ayuno que se viene.

Algunas mujeres cocinan para toda la familia, la gente “joven” sale a comprar la comida en los puestitos callejeros, muchos se preparan el hipersimple Pop Mie (también conocido como Instant Noodles).

Después de esa cena/desayuno (llámenlo como quieran), todos (en teoría) van a la mezquita más cercana para el primer rezo del día o, en su defecto, sacan su alfombrita y rezan dentro de su cuarto.

Este rezo, a las 4.30 de la mañana, marca el comienzo de un nuevo día de puasa (ayuno).

Desde el momento en que las mezquitas comienzan a recitar el Corán, todos los musulmanes dejan de comer, beber, fumar, enojarse (sic) o tener relaciones hasta el rezo de las 17.45 – 18 (cuando se pone el sol) que indica que es momento de buka puasa (romper el ayuno).

Durante el día las actividades se desarrollan con normalidad, solamente que el ritmo es un poco más lento y los horarios laborales se acortan.

Ramadan es una manera de fortalecer la paciencia, la humildad, el autocontrol y la espiritualidad de las personas.

Es uno de los cinco pilares del Islam y obligatorio para los adultos y gente sana (las mujeres que están en período de lactancia, quienes están viajando, los enfermos y las mujeres que están menstruando deben abstenerse del ayuno).

¿Cómo lo vivo yo?

Depende del día.

El primer día me resultó muy fácil y hasta me sentí orgullosa de mí misma (quienes me conocen saben que tengo el récord de saquear heladeras a toda hora).

Hubo días que estuve a punto de adelantar todos los relojes, tomar la mezquita más cercana y recitar el Corán por altoparlantes yo misma para poder comer.

Hubo días que rompí el ayuno y comí.

Otros días no ayuné (por “temas femeninos”).

A veces no me tentaba absolutamente nada pensar que después de las 6 de la tarde me esperaba un buen plato de arroz

Otras veces no soporté la tentación de comerme la caja de brownies que me esperaba en la heladera (pero resistí).

Algunos días me invadió la melancolía de saber que mi premio consuelo no iba a ser un plato de ravioles o unas milanesas con puré.

Pero descubrí que si quiero, puedo.

Y que no hay mejor sensación que lograr lo que uno se propone.

El mejor momento del día, sin duda, es el de buka puasa, cuando el canto de las mezquitas anuncia a los gritos que es hora de comer.

A partir de las 15 o 16, las mujeres salen a la calle y compran la comida que compratirán más tarde con toda la familia: gorengan (los “snacks” fritos como pisang goreng -banana frita-, lumpia -rolls rellenos de verdura-, tahu goreng -tofú frito-, tempe), es buah (fruta cortada con hielo y un jugo dulce), roti y kue (panes rellenos y tortas), jus (jugos de frutas).

A las 18, momento de romper el ayuno, se opta más por lo dulce y la comida es más un aperitivo que un plato completo.

Como una picada de snacks indonesios.

A eso de las 19 o las 20, todos salen a cenar.

Me atrevo a decir que en Yogyakarta hay más puestitos/carritos/lugares de comida que otra cosa, es “El Negocio”: desde carpas improvisadas con lonas donde un grupo de hombres cocina en dos ollas enormes y sirve la comida en platos de plástico hasta restaurantes con menúes variadísimos, pasando por los famosos carritos callejeros que te preparan nasi goreng (arroz frito, el plato más tradicional de Java) en el acto.

Y lo lindo es que el comer se convierte en una actividad social: la gente joven sale en grupo en sus motos y come sentada en la vereda y sin zapatos, al lado de los puestitos callejeros, sobre alfombras especialmente preparadas para la ocasión.

Me imagino algo así en Buenos Aires: la gente te camina por encima del plato de arroz que te estás por comer, los autos te tocan bocina porque estiraste una pierna afuera de la alfombra y estás cuasi rozando el asfalto y cuando te querés ir te das cuenta de que te robaron los zapatos y de que la comida te salió extremadamente carísima.

Bendita seas Buenos Aires.

Lo mejor de la cuestión; acá la comida es UN REGALO.

Los precios van desde 5000 rupias (50 centavos de dólar) hasta 50.000 (como algo CARÍSIMO) (5 dólares).

Lo común es gastar entre 10.000 y 20.000 (de 1 a 2 dólares por plato, 50 centavos por las bebidas).

Inseguridad, ¿qué es eso? La gente camina de noche por la calle, ya sea para comprar comida, para ir a la mezquita a las 4 am, para juntarse con amigos, o lo que sea (los indonesios son millones y siempre están en la calle) y no-pasa-nada.

Más detalles en el próximo capítulo.

Vendedor ambulante de tofú frito

Se venden cocos en camiones

Mujer cocinando en un puestito

Mesitas ratonas en la calle (en Bandung)

Es buah

Te preparan pollo en el acto

A la búsqueda de snacks para romper el ayuno

Mie ayam

Otro de los miles de puestitos callejeros al paso

Frutas frutas frutas

Arroz pero del bueno

Y las famosas carpas improvisadas

Elegí tu propia comida y te la fríen en 5

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Bali parte dos: la cara (que yo vi)

[box type=”star”] Este post forma parte de la serie Bali: destino bestseller[/box]

 

Las ofrendas que los balineses realizan cada mañana para pedir protección a sus dioses

Las mujeres llevan todo tipo de cosas sobre la cabeza

Estos son sólo algunos de los colores que encontré por acá

En todas las cuadras me crucé con un grupo de balineses jugando a las cartas o al ajedrez en la vereda

Vendedores tradicionales frente a cadenas internacionales

Vendedoras ambulantes en la playa… Massage miss, Sarong Miss, Pedicure Miss… Special price for you

Mis vecinos riendo mientras me pedían que les sacara fotos

Una de las actividades más comunes en Bali: trabajar en las “Rice Fields”

Todo tipo de medicinas alternativas, para el cuerpo y alma, a la venta

Vestimenta típica de los balineses

Remando entre templos

Se vende nafta en botellas de vodka premium

Viaje a las islas Karimunjawa: el diario íntimo de una bulé

(Bulé: persona occidental de pelo rubio, piel blanca y rasgos “exóticos” que produce admiración y veneración entre la gente de Indonesia. Usos de la palabra: “Esa bulé es igual que las de la tele”, “Miren! Bulé! Bulé! Foto!”)

Cuando decidí unirme al viaje de Rheden (mi amigo y anfitrión de Jakarta) y otros couchsurfers a Karimunjawa, un grupo de islas al norte de Java, jamás imaginé que mi itinerario iba a ser tan distinto al “oficial”.

El plan consistía en pasar cuatro días en las islas “con amigos”, como si nosotros nos fuésemos un fin de semana largo a Mar del Plata o Pinamar, algo completamente normal y predecible.

Pero oh descubrimiento: lo que se considera normal en un rincón del mundo puede volverse raro y sorprendente para alguien que viene del otro.

Día 1: Ida a Karimunjawa

Itinerario Oficial

08.30: Reunión en el puerto de Jepara para tomar el barco a Karimunjawa

09.00: Salida del barco hacia las islas

15.00: Llegada a Karimunjawa

16.00: Tiempo libre

21.00: Cena

Itinerario Bulé

08.30: Reunión en el puerto de Jepara con mis compañeros de viaje: Rheden y Sitta, una chica musulmana, también couchsurfer de Jakarta. El organizador del viaje nos pide nuestros nombres para tacharlos de la lista.

Supe que algo pasaba cuando vi que al lado de mi nombre (escrito a mano) decía Bulé (escrito a máquina y tachado con la misma birome que luego escribió “Aniko”).

AJÁ.

¡Soy más que una simple bulé, che!

Sitta, Rheden y yo

09.00: Sale el barco hacia Karimunjawa.

Miro a mi alrededor: hay aproximadamente cien pasajeros, unos 20 serán de Couchsurfing. Edad promedio: 24. Cantidad de bulés: dos (yo y un chico muy rubio que se la pasa tocando canciones de Oasis y REM con la guitarra durante todo el viaje).

Me sacan algunas fotos disimuladamente.

11.00: ¿Falta mucho? Tengo sueño. Por lo menos unas cuatro horas más. Viajamos en la cubierta, con un calor de morirse. Los tripulantes improvisan un techo con un pedazo de lona y en el acto todos se amontonan debajo para disfrutar un cuadradito de sombra.

Rheden (algo así como mi traductor cultural) me explica que nadie quiere que su piel se vuelva más oscura por el sol, al contrario, muchos usan una crema especial para blanquearla. Él incluido.

13.00: Tengo hambre así que me doy una sobredosis de “snacks”: Onde-Onde (unas pelotitas rellenas de algo dulce, cubiertas de semillas de sésamo), Lemper (arroz pegajoso, como el del sushi, relleno de pedacitos de pollo, envuelto en hojas de banana), pan relleno (de banana o de salchicha o con gusto a pizza picante), torta de Pandan (verde y con hojas).

Después, a dormir un rato.

El famoso OndeOnde… tan rico

15.00: Llegada a Karimunjawa, isla principal del archipiélago.

Nos reunimos con el resto del grupo para ir todos juntos hacia la casa donde viviremos. Nos viene a buscar (por favor escuchen esta) EL TRENCITO DE LA ALEGRÍA. El mismo que usamos para ir por la noche porteña (o Argentina) previo a nuestra fiesta de egresados. Con un intento de Mickey dibujado en el frente, bocina musical y todo. No lo puedo creer. Le cuento a Rheden sobre el uso de este trencito en Argentina y él no puede creerlo.

17.00: Tiempo libre.

Quiero nadar, hace mucho calor.

Rheden, Sitta y yo vamos en busca de un pedacito de playa pero lo único que encontramos cerca de nuestra casa es el puerto.

Al parecer se corre la voz de que hay una bulé acercándose al muelle, así que de repente soy observada por todos los pescadores/marineros/capitanes que se asoman desde sus respectivos barcos.

Me saludan, me piden que les saque fotos, me miran, me miran, me miran.

– ¿Nadamos acá? me dice Rheden.

– ¿Bueno?

Pero voy a ser musulmana por un día y voy a nadar con ropa igual que ellos, ni loca nado en bikini frente a toda esta gente que no está acostumbrada a ver mujeres nadando en bikini.

Cuando los pescadores ven que nos acercamos al mar, todos se agrupan rápidamente en la rambla y se sientan a mirar “el show”: yo nadando.

Me sacan fotos, me señalan, me miran cual espectadores frente a la pantalla del cine, desde que entro hasta que salgo del agua. Me siento la orca de Mundo Marino, ¿tengo que hacer algún salto acrobático? Cuando salgo del agua, tengo que pasar obligatoriamente entre ellos y el grupo se divide en dos y forma una pasarela para que yo camine.

Le digo a Rheden que esto solamente pasaría en Argentina si la mujer que se tira al mar estuviera desnuda y regalando botellas de cerveza.

Miradas

Pescadores mirando el show

20.00: Camino hacia otro muelle y me siento con varias personas a mirar la luna. Sacamos fotos. Estoy tan agotada que nunca llego a la cena, muero en la cama antes.

Día 2: Snorkeling

Itinerario Oficial

04.30: Hora de rezar

07.00: Desayuno

08.00: Sale el barco que nos llevará a distintas islas a hacer snorkeling

16.00: Volvemos a Karimunjawa

17.00: Rezo y tiempo libre

Itinerario Bule

04.30: Escucho el canto de la mezquita vecina. Sigo durmiendo.

05.30: Escucho el canto del gallo adentro de la casa. Sigo durmiendo.

06.30: No soporto más el calor. Me levanto.

07.00: Está listo el desayuno: arroz con pescado. Paso. No me siento muy bien por el calor. La dueña de la casa se siente un poco ofendida porque no como lo que cocinó y piensa que hizo algo mal y que su comida es fea. ¿Cómo le explico en bahasa que no puedo comer pescado tan temprano?

07.30: Me olvidé de un pequeño detalle, acá todos nadan con ropa, hombres y mujeres, así que tendré que hacer lo mismo, pero no tengo un pantalón de tela que se seque rápido. Tendré que usar las babuchas de dormir. Voy en busca de un negocio como para comprar algún pantalón así nomás, pero no encuentro nada que me sirva.

07.45: Caminamos hacia el muelle y empiezo a sentirme muy mal, tengo ganas de vomitar. Me siento a mitad de camino y Sitta se ofrece a hacerme masajes con aceite de eucaliptus. Es una genia, me hace algún tipo de acupuntura o un hechizo, no sé, pero a los pocos minutos ya me siento mejor.

08.00: Sale el barco y me quedo dormida en la cubierta. Por suerte no sufro mareos en el mar, al contrario, el movimiento del agua me relaja y me hace sentir mejor.

09.00: Llegamos a la primera isla. Me siento mal. Nado un rato en bikini (después de pedirle permiso a Sitta quien nada con ropa y velo incluido), con el salvavidas puesto para disimular, pero me siento muy incómoda y salgo del agua. Todos nadan con ropa.

11.00: Volvemos al barco y vamos hacia otra isla. Duermo en el barco.

El barco que nos lleva de una isla a otra

12.00: Nos bajamos para almorzar en un muelle. Como un poco de arroz. Duermo en el muelle.

13.00: Me despierto y estoy sola, todos se fueron del muelle para no perturbar mi sueño (según me dijo Rheden más tarde). Camino hacia la playa donde están todos. Me duermo en la arena.

14.00: Todos nadan y se sacan fotos. Una chica ve que me siento mal y me trae un remedio natural hecho de plantas para sacar “el viento malo” de mi cuerpo. Me lo tomo. Sigo durmiendo.

15.00: Vamos a la última isla, un pedacito de arena en medio del mar. Esta vez nado con ropa, nos sacamos fotos, volvemos al barco. No entiendo cómo pueden soportar tener toda la ropa mojada y pesada pegada al cuerpo. Me siento incómoda.

La islita diminuta

Todos en la isla en medio del mar

16.00: Volvemos a Karimunjawa. Le pregunto a Rheden si conoce los Muppets y le digo que él me hace acordar a la rana René porque está todo vestido de verde. Nos reímos. Empiezo a sentirme mejor.

Sitta, la Rana Rheden y yo

17.00: En la casa, me pongo a charlar con Melati, una chica musulmana también. Le muestro fotos de mi viaje anterior y de Argentina. Escucho a los chicos de la isla leyendo el Corán en árabe al unísono. Muchos de los que están en la casa sacan su alfombra, se visten adecuadamente y rezan.

21.00: Después de cenar, Mel me dice que hay un grupo de chicos que quiere hablar conmigo para hacerme preguntas pero que no se animan a buscarme. Me acerco a donde están y los saludo. Me invitan a jugar a las cartas.

21.10: Rheden, mi traductor oficial, me traduce las preguntas que me hacen los chicos: Do you have Facebook? Do you have a cellphone? Do you have kids? Are you in a relationship? Do you miss your country? What do you think of indonesian men? Me río mucho.

21.30: El interrogatorio terminó, jugamos a las cartas, un juego llamado “Cangkulan” o (diggin the rice field), bastante simple de entender, pero no voy a explayarme en los detalles ahora. El que gana le pinta la cara de negro con madera quemada al que pierde. Si hay empate, hacen piedrapapelotijera versión china.

22.30: Anuncio que me voy a dormir. El juego se termina en el acto, el grupo se desarma, todos se van a dormir.

Los chicos del interrogatorio

Día 3: Más mar, más snorkeling, más islas

07.30: Soy yo otra vez, ya me siento mucho mejor. Me despierto con hambre, hasta que veo que me esperan cabecitas de pescado frito de desayuno. Paso. PERO: la dueña de casa me preparó una comida especial para mí. Huevo frito con noodles. Vamossss. Me lo devoro.

07.50: Mientras esperamos a que salga el barco, Mel me cuenta que los chicos con los que jugué a las cartas me pusieron un apodo: OndeOnde Girl (porque les dije que me gustaba comer OndeOnde), y que estaban pensando en regalarme OndeOnde para que me lleve en el colectivo a Bali. También me dice que hay dos que se enamoraron de mí y están compitiendo. AJÁ. Y que “nunca vieron a una bulé como yo”. Es peligroso halagar tanto a una leonina, es sabido que nos inflamos con este tipo de cosas.

08.00 – 17.00: Snorkeling at Paradise. El barco nos lleva a varias islas para hacer snorkel. Esta vez nado con un short y una remera, me siento mucho más cómoda que ayer. Veo los corales más lindos de mi vida, con pececitos de todos los colores. Llegamos al mar más transparente en el que nadé jamás, realmente un paraíso. Almorzamos. Seguimos con el snorkel. Me canso de nadar. Me duermo en el barco mientras el resto mira el atardecer y se saca fotos saltando de las palmeras.

El Paraiso. Nada mas que decir.

Snorkeling

18.30: Ceno GadoGado, verduras con salsa de maní.

20.00: Me reúno con los chicos otra vez a jugar a las cartas, pero esta vez no tenemos traductor así que intentamos entendernos en un inglés y bahasa rudimentario. Está complicado.

21.00: Melati y yo charlamos acerca de las reglas de las relaciones hombre-mujer en Indonesia y en Argentina. Dos mundos totalmente distintos.

23.00: Heme aquí subiendo esta historia para ustedes. El viaje todavía no terminó: mañana volvemos en el barco a Jepara (otras 6 horas) y de ahí sigo rumbo a Bali (como 15 horas más). Va a ser un largo día y pueden pasar muchas cosas divertidas y/o bizarras (de esas que suelen sucederme a mí…).

Los mantendré informados cuando llegue a Bali.

Cambio y fuera. Esta bule se despide por hoy.

Somos una gran familia

Actualización: consejos

Karimunjawa es un PARAÍSO. Desde Jakarta, se pueden algún tipo de trasporte hasta Jepara y de allí buscar el puerto y los barcos que van a Karimunjawa (¡intenten siempre ir temprano para comprar los boletos en el puerto!).

El tour me lo compró un amigo de Jakarta, viajamos con una empresa que trabaja exclusivamente con mochileros pero también se puede hacer todo por libre.

Karimunjawa es pequeño así que no hay problema en encontrar alojamiento allí mismo.

Para conocer las islas se le puede pagar cualquier pescador para que los lleve en su barquito a recorrer.

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Preguntas Frecuentes para viajar a Indonesia (y el Sudeste Asiático)

Todos los días recibo preguntas sobre el viaje que estoy haciendo por el Sudeste Asiático.

Este viaje que comenzó en Bangkok… ¡Y solo el destino sabe dónde terminará!

Algunas de mis amigos y familia, otras de gente que lee mi blog, muchas de personas que conozco mientras viajo, pero la mayor cantidad de cuestionamientos provienen de mí misma.

Así que decidí hacer una compilación al mejor estilo autoentrevista para despejar todo tipo de dudas, desde lo más básico hasta lo más complejo.

Siéntanse libres de preguntar lo que quieran. Me sentiré libre de responder o no.

¿Tenés calor cuando viajás por el Sudeste Asiático?

Ustedes no entienden. Quiero saltar en una bañadera llena de cubitos de hielo. Quiero meterme adentro de una heladera. Quiero arrastrarme sobre la nieve. Quiero trabajar en una fábrica de aire acondicionado.

¿Dónde estás?

En este momento estoy en Jepara, una pequeña ciudad en el centro-norte de la isla de Java, viviendo en lo de Susy y su marido, una pareja indonesia de Couchsurfing. El sábado estaré en Karimun Jawa, un conjunto de islas muy poco turístico, con un grupo de couchsurfers locales. Según me dijeron, no hay conexión a internet, así que sepan entender si me convierto en náufrago por un fin de semana.

¿Los de Couchsurfing te pagan por hacerles publicidad?

Ojalá.

Si hablo tanto de Couchsurfing es porque desde que me sumé mi viaje cambió por completo y porque me parece que vale la pena que todos conozcan esta comunidad.

No se trata, como muchos puedan creer, de “un hotel gratis”, se trata de vivir con los locales, de conocer su día a día, de meterse verdaderamente en la cultura y modo de vida de cada lugar. Formar parte de Couchsurfing es como tener amigos en países desconocidos, es una manera de sentirse menos solo en el mundo (literalmente) y de unir culturas.

¿Es seguro hacer Couchsurfing en el Sudeste Asiático?

Los couchsurfers asiáticos que conocí son muy hospitalarios y les encanta recibir extranjeros, cuanto más exóticos mejor.

Una buena noticia para los argentinos: como venimos de muy lejos, somos extremadamente exóticos para ellos. Pero, otra noticia, son gente como nosotros: comen, respiran, caminan, trabajan, se ríen, viven.

Obviamente, hay personas con las que me llevo muy bien y otras con las que está todo bien pero no hay tanta conexión.

Acá hay algunos links mis experiencias haciendo Couchsurfing en el Sudeste Asiático:

Una experiencia fallida en Couchsurfing

Viviendo con una profesora de Fïsica en Malasia

Alojada por un Japonés en el Sudeste Asiático

Mi experiencia usando Couchsurfing en Indonesia acá, y acá

Cosas que hice en Kuala Lumpur gracias a Couchsurfing

¿Cómo te comunicás en Indonesia?

La gran mayoría de la gente que está en Couchsurfing habla inglés (aunque sea muy básico), pero deben ser el uno por ciento de la población.

En Indonesia existen muchísimas lenguas, pero la oficial que une a los 250 millones de habitantes del país es el bahasa indonesio. Es un idioma simple, dentro de todo: no tiene masculino y femenino, no tiene tiempos verbales, la pronunciación no es rebuscada.

La mayoría de la gente no habla inglés, así que cada vez que encuentro a alguien que sí habla le pido que me traduzca el menú, escribo los nombres de cada cosa y los memorizo para la próxima vez que quiera comer.

Sé decir holaquetal, gracias, de nada, buenas noches, ¿cuánto cuesta?, not spicy please, uno dos tres cuatro cinco, izquierda derecha, extranjero, foto, sí, no, arroz, tofú, pollo, fideos, nos vemos, en bahasa…

Acá va: apa khabar?, terima kasih, sama sama, selamat malam, berapar?, tidak pedas, satu dua tiga empat lima, kirri, bule, foto, ia, tidak, nasi, tahu, ayam, mie, sampai jumpa.

Igualmente, como en cualquier lugar, las señas y el dígalo con mímica siempre ayudan.

¿Cuánto gastas por día viajando en Indonesia?

Indonesia es extremadamente barato, incluso para nosotros (Argentina: país con moneda devaluada).

No pago alojamiento porque hasta ahora siempre me quedé en casas de familia, pero tengo entendido que una noche en un hostel cuesta entre 3 y 5 dólares.

La comida es regalada:

  • Un plato de nasi goreng (el plato típico: arroz frito con huevo) cuesta 5000RP (50 centavos de dólar) en la calle o en los mercados
  • Un té frío, 1500RP (15 centavos de dólar)
  • En un restaurante “caro” los platos cuestan entre 20.000RP y 40.000RP (de 2 a 4 dólares).

En cuanto al transporte:

  • Moverse por una ciudad en combi o colectivo cuesta entre 1000RP y 3000RP (10 a 30 centavos de dólar)
  • Viajar de una ciudad a otra cuesta entre 5000RP y 10.000RP la hora de viaje (de 50 centavos a un dólar)
  • Alquilar una moto por 24 hs cuesta 4 dólares

Así que comiendo bien se puede sobrevivir perfectamente con un presupuesto de 5 a 8 dólares diarios.

Hay una clave muy importante: siempre, SIEMPRE, se puede viajar como un local (sin paquetes de por medio).

¿Es verdad que te la pasas comiendo perro, rata y sapo?

Que yo sepa, hasta ahora no ingerí semejantes cosas. Acá se come rana como si fuera pollo y dicen que es muy rica. También comen el cerebro de los animales, el corazón, el líquido de adentro de los huesos, la piel, el estómago, los ojos… No pongan cara de asco. Como me dijo una china: “No entiendo cuál es el problema, ustedes también comen animales como vaca y cerdo y no les da asco, entonces ¿por qué les parece mal que nosotros comamos eso?“.

Dicen que si uno come perro, los perros callejeros lo sabrán y seguirán a la persona que haya ingerido a alguno de sus amigos. No quiero ser paranoica, pero una vez en Malasia un perro me siguió por cuadras y cuadras.

¿Entonces qué comés? ¿Arroz?

En Indonesia dicen que un plato sin arroz no es comida. El arroz para ellos es como el pan para nosotros: va con todo.

Así que sí, como arroz, pero como muchísimas cosas más (por suerte).

Acá es imposible pasar hambre: hay comida a toda hora, en todo lugar y MUY barata.

Cada día como algo distinto, generalmente no decido antes, sino que me dejo sorprender. A veces comida china, a veces comida (un poco) picante, a veces pollo, a veces pescado, a veces fideos, a veces sopa, a veces dulce, a veces salado.

Cada persona que conozco me lleva a comer lo típico de su ciudad.

Temo volver rodando.

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