Prólogo: Anoche investigando perfiles de viajeros en Couchsurfing me topé con el de un francés que vendió todas sus pertenencias (casa, auto, computadora, etc etc) para irse de viaje por el mundo y hace varios años se dedica a eso. También leí la historia de un californiano que vive en su casa rodante y va de ciudad en ciudad con un cartel de “Free Tea” e invita a otros viajeros a su “living” para tomar el té. Hace unos días encontré el blog de un tal “nómade”, un estadounidense que se dedica solamente a viajar y gana 5000 dólares al mes escribiendo su blog de viaje (y tiene más de 5000 suscriptores). Hace un par de meses conocí a otro francés que dejó su vida en Francia y hace cinco años se dedica a hacer trabajos temporarios durante tres o cuatro meses y el resto del año usa la plata para viajar.  Hace más de un año leí el libro de una pareja argentina que se fue de viaje en auto desde Buenos Aires hasta Alaska durante cuatro años y tuvo dos hijos en el camino.

Cada una de estas personas me recuerda una cosa muy importante: QUE SE PUEDE. Después de leer quise irme a dormir, pero las palabras de este texto no me dejaban en paz y tuve que escribirlo.

Viajando por ahí: momento de autoayuda e inspiración para los potenciales viajeros que leen este blog. Va dedicado a una persona en especial, y ella sabe quién es.

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Cómo dejar todo e irte de viaje por el mundo (o no)

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Al igual que Martin Luther King, vos también tenés un sueño.

Puede que sea un sueñito o Un Sueño. No importa, es lo que deseás para tu vida, lo que harías si pudieras dejar todo atrás y elegir cómo vivir. Pero te sentís atado a un mecanismo del cual ya no podés escapar. O eso creés.

Tu sueño es viajar por el mundo. [O poner un bar en la playa. O ser un artesano en Indonesia. O ser un surfer en Ecuador. O ser un músico itinerante. O ser acróbata de circo. O ser un dios en la India. O ser un comerciante en China. O ser un astronauta en la luna. O ser lo que más quieras. Vamos, todos tienen un ideal, no me digas que vos no.]

No se lo contás a mucha gente. Crees que todos te van a responder “Pff, obvio, quién no quiere viajar por el mundo/poner un bar en la playa/ser astronauta/etc”. Tenés miedo de que te tilden de nómade, vago, rebelde, idealista (una cualidad que se tiende a descalificar) hippie o loco. Pensás que viajar por el mundo implica demasiada plata, demasiados riesgos, demasiadas preguntas y ninguna certeza. Dejar todo para viajar por el mundo es un camino de ida sin carteles de señalización. Un interrogante que solamente se responde mientras se lo vive. No sabés si estás preparado.

No le decís a nadie, pero soñás despierto. Cada vez que te tomás el mismo colectivo, subís el mismo ascensor, bajás por las mismas escaleras, te mirás al mismo espejo, apoyás la cabeza sobre la misma almohada pensás: Esta no es la vida que quiero. Un día de estos largo todo y me voy. Pero de verdad eh, yo me voy. Ya van a ver.

Pero los días siguen.

Seguís creciendo, conseguís mejores puestos, un mejor sueldo, y tus sueños te parecen cada vez más infantiles e inconcretables. ¿Vivir viajando? Es imposible. ¿Cómo hago? ¿De dónde saco la plata? ¿De qué vivo?

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Sin embargo, cada vez que ves fotos de pescadores que viven en islas remotas y paradisíacas, de orientales que se ganan la vida cocinando comida en un carrito, de parejas que venden todo y se van de gira en un auto viejo, de todos los que se animaron y pusieron un bar en la playa, te sentís afectado, pensás. Te das cuenta de que allá afuera existen miles de maneras de vivir. Tu rutina no es la misma rutina de los seis mil millones de habitantes de este planeta. Es posible vivir de otra manera, fuera de la vorágine, con más lentitud, en un escenario que vaya más con tu persona.

Sacás cuentas y te iluminás. Es más barato vivir viajando que vivir en un mismo lugar. Es más caro viajar como turista que vivir en un mismo lugar. Pero al viajar “como un viajero” gastás mucho menos, solamente lo necesario, lo que consumís en el momento.

Te emocionás. Ya está, yo saco el pasaje sin escalas a Micronesia y me voy. Chau. Ya van a ver.

Y otra vez aparecen los miedos, las dudas, las preguntas. No, mejor no… Me voy a quedar sin trabajo, y ¿qué hago allá? Mirá si me pierdo, me raptan o si tengo que dormir en la calle. No, mejor me quedo acá. Gana una vez más la seguridad sobre los sueños.

Y la vida sigue.

Y muchos años después pensás. Ay, me acuerdo cuando era joven, quería viajar por el mundo. Qué ingenuidad, qué irreal. Y suspirás.

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Nada ni nadie te impide vender todas tus pertenencias, comprarte un pasaje para el primer avión o colectivo que salga a donde sea e irte. Aunque creas que existe un sistema que te lo impide, ese sistema no está más que en tu cabeza. Aunque digas “pero yo no tengo un peso partido al medio”, si tenés manos podés trabajar, si tenés cabeza podés pensar, si tenés humanidad podés crear. Si dedicás todas tus energías a hacer eso que te hace feliz, por más ridículo/irreal/aburrido que le parezca al resto del mundo, vas a encontrar la manera de sobrevivir.

¿Te hace feliz viajar? Viajá. ¿Te hace feliz pintar? Pintá. ¿Te hace feliz cantar? Cantá. ¿Te hace feliz hacer nado sincronizado en el canal de Panamá? Hacelo.

Seré idealista (lo cual para mí es algo positivo), pero esta vida es demasiado corta para desperdiciarla dedicándote a algo que no te hace feliz cada día de tu existencia.

No pongas más excusas.

Si querés viajar, viajá.

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There is no duty that we so much underrate, as the duty of being happy. Robert Louis Stevenson.
No hay tarea que desestimemos más que la tarea de ser felices.

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Success is not the key to happiness. Happiness is the key to success.
If you love what you are doing, you will be successful.
(Buddha)

El éxito no es la clave de la felicidad. La felicidad es la clave del éxito.
Si amás lo que hacés, serás exitoso. (Buda)