Algunos lo saben y otros no, pero mi primer gran viaje (y el que siempre recuerdo con nostalgia) fue en el 2008 cuando me fui nueve meses con mi mochila por América latina, «sin brújula, sin tiempo, sin agenda» (como diría Calle 13). Había rendido el último final de Comunicación Social en diciembre del 2007, y en enero de 2008 ya estaba en un bus rumbo a La Quiaca, la frontera entre Argentina y Bolivia. Decidí cumplir lo que siempre había soñado y me tiré de cabeza hacia lo desconocido. Como sabía que nunca jamás nadie me iba a decir «Queremos que viajes por el mundo, escribas y saques fotos, y nosotros te pagamos y además tu publicamos todo», decidí arriesgarme y hacerlo igual, con el sueño de que algún día mis dos pasiones —viajar y escribir— serían también mi trabajo.

Durante ese viaje conocí Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua y Honduras y escribí mi primer blog de viajes (pueden leer todas esas crónicas acá). Uno de los países en los que me sentí mejor fue en Perú (no hay explicación, solamente feeling) y la banda sonora que más recuerdo son las canciones de Calle 13 y Orishas. Cada vez que escucho esos grupos me transporto, siento que vuelvo a viajar por América…

Hace unos días, estando en Perú, viajé cuatro días a Cusco para encontrarme con mi amiga Mirla y John, su marido. Conocí a Mirla en el 2008, durante aquel viaje, y seguimos siendo muy buenas amigas hasta hoy. La mañana que llegué me fue a buscar al aeropuerto con una sorpresa: dos entradas para ver a Calle 13 la noche siguiente. Jamás me imaginé que Calle 13 tocaba en Cusco y, como me había perdido su último recital en Buenos Aires, creí que no iba a volver a verlos en vivo durante mucho tiempo. Cusco y Calle 13 me pareció la combinación perfecta (y encima con luna llena).

Esta vez no fui a Machu Picchu sino que me dediqué a caminar por una de las ciudades que más me gusta de América latina.

Cusco son las callecitas de piedra, las mujeres trabajando con sus artesanías en las esquinas, la grandeza intacta de la Plaza de Armas, la falta de oxígeno al subir una escalera, el aire frío de la noche, los extranjeros que se mezclan con la gente local, los hombres ofreciendo postcards miss y las mujeres vociferando massage lady; Cusco son los mercados de frutas y verduras, las paredes incas, el choclo con queso, los taxis que manejan haciendo zig-zag, las mujeres que cruzan la calle con sus alpacas, las paredes que se caen a pedazos pero siguen en pie, las iglesias antiguas, la sensación de cercanía a una de las mayores maravillas del mundo —Machu Picchu, obviamente—, las paisanas cargando productos e hijos en la espalda, los hombres con sus manos arrugadas, los policías que vigilan desde las esquinas más turísticas.

Pero como a veces me resulta difícil volver a escribir sobre una ciudad en la que ya estuve y que tanto me impactó, preferí hacerlo con imágenes y música. Así que denle click al video y disfruten de Cusco y Calle 13.

«Dame la mano y vamos a darle la vuelta al mundo»

http://www.youtube.com/watch?v=cKt3NzOuYSw