Atención: este post tiene un alto contenido de cuteness. Si sos sensible a este tipo de imágenes, te recomiendo que no sigas leyendo.

Cuando, hace unos meses, empezó a circular la noticia de que en Japón había una isla con más gatos que personas pensé que era demasiado bueno para ser cierto. Japón estaba cumpliendo mis sueños más delirantes a la distancia: «La isla de los gatos» me parecía algo sacado de un libro de Murakami.  ¿Qué amante de los gatos no soñó con vivir en una isla repleta de felinos? Lo más cerca que estuve de eso fue cuando cuidé a los 13 gatos de una de mis mejores amiga en Lima y me volví loca tratando de mantener todo bajo control (fue muy difícil desayunar, porque mientras impedía que tres gatos se subieran a la mesa, uno aprovechaba para lamer la manteca de mi tostada y otro intentaba escaparse por la ventana). Anoté la isla de los gatos en mi lista mental de lugares para ir alguna vez en la vida (o lugar donde quedarme para siempre, incluso) mucho antes de saber que nos íbamos a Japón. Si Valparaíso me pareció la sede de gobierno de los gatos, aquella isla sería algo así como el primer foco revolucionario de la dominancia mundial gatuna.

Cuando llegamos a Japón me puse a investigar y me enteré de que no hay una sola isla habitada por gatos: hay once. Y también hay una isla de conejos, una aldea de zorros, una isla de tiburones y muchos cafés donde ir a acariciar gatos, hamsters, búhos, serpientes y conejos. En un principio, nuestro plan era estar tres meses quietos en dos o tres lugares de Japón, al menos un mes en Tokio y dos meses en otro lugar. Pero al final terminamos recorriendo mucho más de lo pensábamos y cuando llegó el momento de elegir a qué isla de animales ir, optamos por Okunoshima, la isla de los conejos. Lo malo de viajar por Japón es que trasladarse es muy caro (sea en tren o en bus) y para ir a la isla de los gatos de Ehime (la que salió en las noticias) desde Kansai íbamos a tener que gastarnos entre 200 y 400 dólares cada uno (en trenes de ida y vuelta + ferry + alojamiento + comida). La isla de los conejos, en cambio, nos quedaba de paso en nuestro trayecto de Hiroshima a Okayama. Además, estos videos me convencieron:

La noche anterior casi no pude dormir de la ansiedad. Ya me veía haciendo angelitos de nieve entre cientos de conejos (eso no pasó, claramente) y revoleando conejos por los aires como un Susano tirando los cupones para elegir al ganador de un sorteo (tampoco pasó). ¿Los conejos se me acercarían? ¿Podría acariciarlos? ¿Se me subirían encima? ¿Me querrían más si les llevaba zanahorias y repollo? ¿Sería un hit entre los conejos y todos los nenes me tendrían envidia? Por unas horas, esas fueron mis únicas preocupaciones en el mundo.

Llegamos a Tadanoumi, el puerto desde donde sale el ferry a la isla, a eso de las 10.30 de la mañana y ya había gente haciendo fila, sobre todo muchas familias con chicos chiquitos. Pensé que la isla era un lugar medio secreto y que al ser un día de semana no habría nadie, después me enteré de que era feriado y la isla es más popular de lo que pensaba. Viven más de mil conejos super fluffly y adorables y es un lugar que trae buena suerte y fertilidad, y en una sociedad amante de lo kawaii (tierno) como la japonesa, una isla así es un hit. Mejor que nadie se interponga entre los conejitos y yo porque los tackleo a todos (tanta ternura me violenta). Como estábamos en camino a Okayama, dejamos todo el equipaje en los lockers y llevamos solamente la comida para los conejos y la cámara de fotos. Compramos el ticket en una máquina, nos subimos al barco y quince minutos de navegación después nos bajamos en la isla y vimos a los primeros conejos acercarse en busca de comida.

Esperando a que llegara el ferry

La pregunta es: ¿de dónde salieron todos estos conejos y por qué viven acá? Hay dos teorías y un pasado oscuro.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la isla de Okunoshima funcionó como una fábrica secreta de armas químicas donde se produjo el gas venenoso que Japón usó para atacar en China. Los conejos fueron llevados a la isla para probar los efectos del gas y, cuando la guerra terminó, los trabajadores de las fábricas los liberaron. Algunos creen que los conejos que viven en Okunoshima hoy en día son los descendientes de ese primer grupo, aunque otros lo niegan.

Actualmente, en la isla todavía se pueden ver las ruinas de las fábricas de gas (el acceso está prohibido) y visitar el Museo del gas venenoso, establecido en 1988 con el objetivo de «mostrarle a la mayor cantidad de gente posible las horribles verdades del gas venenoso». Su curador le dijo al New York Times: «Mi esperanza es que la gente visite el museo de Hiroshima y este para ver que los japoneses fuimos tanto víctimas como agresores durante la guerra. Espero que la gente vea ambas facetas y reconozca la importancia de la paz».

La segunda teoría, más al estilo Bart Simpson y su rana en Australia, es que los conejos son descendientes de 8 conejos que fueron liberados en la isla por un grupo de alumnos durante una excursión escolar en 1971. Ninguna de las dos está comprobada.

Esa patita!

El repollo fue un éxito, me lo querían robar!

Pasamos varias horas en la isla dándole de comer a los conejos y acariciándolos, aunque algunos se dejaban más que otros. No se me cumplió el sueño de ser perseguida por una estampida de conejos como la chica del video (había demasiada gente para eso, me parece, y la atención de los conejos estaba dividida), pero escucharlos masticar zanahoria en un lugar tan silencioso fue casi hipnótico. Varias veces los tuve que perseguir porque me robaban la bolsa de comida y, en general, tuve la sensación de estar en un lugar irreal. Me pasó lo que suele pasarme en lugares que me gustan mucho: ni nos habíamos ido y ya tenía ganas de volver. Creo que me japonicé porque cualquier cosa tierna me enloquece más de lo normal. L y yo prometimos volver algún día a Japón (y a esta isla, y a la de los gatos) con nuestros hijos. Abajo les dejo info por si quieren visitar Okunoshima.

Cuando vi a estas dos bolitas de peluche me puse a gritar (entiendanme, nunca tuve mascotas)

La isla en sí es muy linda para caminar (lástima que nos tocó un día de muchísimo viento y frío)

En verano se puede nadar

Los conejos están por todas partes y viven en estado salvaje, aunque están acostumbrados a la gente y se acercan enseguida.

Esta es una de las ruinas de las fábricas químicas.

Info útil para ir a Okunoshima, la isla de los conejos, en Japón:

  • Cómo llegar a Okunoshima: tienen que tomar un tren a la estación Tadanoumi (Prefectura de Hiroshima). Desde Hiroshima hay un tren rápido que tarda una hora (con transbordo en Mihara) y cuesta ¥3540 (30 usd al cambio del 14/12/16) o un tren que tarda dos horas y cuesta ¥1320 (11 usd, con transbordo en Hiro). Ambos salen varias veces al día. Pueden ver los horarios, combinaciones y precios para ir desde otras ciudades en Hyperdia.
  • Desde la estación de tren de Tadanoumi hay que ir hasta la estación fluvial, que está a unos 5 minutos de caminata (el camino está indicado en carteles en la estación de tren, abajo les dejo una foto del mapa). Ahí compran el boleto para ir al puerto de Okuno (¥620 ida y vuelta – aprox. 5 usd). Tarda 15 minutos y sale varias veces al día, abajo les dejo una foto con los horarios vigentes en noviembre de 2016 (cuidado porque hay algunos horarios que no son válidos para noviembre – enero y hay ciertos horarios que solamente son válidos para los fines de semana). Lo mejor es llegar temprano.
  • Si tienen equipaje, pueden dejarlo en los lockers de la estación fluvial para no cargarlo mientras visitan la isla. Cobran ¥500 (aprox. 4 usd) por bulto por día.
  • En la estación fluvial venden bolsitas con alimento para conejos a ¥100. En la isla no se vende comida para conejos, así que si quieren darles de comer tienen que comprarla ahí (o comprar verduras frescas en un supermercado). Recuerden no dejar basura en la isla.
  • Más información: esta web japonesa tiene muy buena info para visitar la isla de los conejos y las islas de los gatos, por si se quedan con ganas (fue la única info certera y completa que encontré en internet).