Asia de la “A” a la “Z”: U de Urbano

[box type=”star”]Este post forma parte de la serie “Asia de la A a la Z”, un abecedario personal de mis experiencias en Asia. [/box]

U de Urbano

Descubrí que me gusta mucho viajar por los pueblos y ciudades chiquitas. Y acá, por suerte, hay muchísimo de eso.

Pero también descubrí, después de visitar varias “mega-ciudades” asiáticas, que acá las grandes ciudades no son solamente CIUDADES así con todas las letras en mayúscula, sino que son Ciudades Supersónicas.

Acá las ciudades no se contentan con tener “un par de edificios altos”, no, acá se contentan si tienen “los edificios más altos, más caros o más estrambóticos del mundo”.

Quiero presentarles algunas de las mega-ciudades que conocí junto con los títulos que las acompañan:

  • Para empezar, Hong Kong, la ciudad de las ciudades, la madre de las ciudades, la reina de las ciudades supersónicas (esos títulos se los di yo), también conocida como: “La ciudad más vertical del mundo”, “La ciudad con más gente viviendo o trabajando arriba del piso 14”, “La ciudad con más rascacielos del mundo” (aproximadamente 7650), “La ciudad con el tercer edificio más alto del mundo”, “La ciudad con el skyline más visualmente impactante del mundo”, “La ciudad con el edificio del mal feng shui” (muy polémico), “La ciudad con más shoppings por metro cuadrado” (esto lo digo yo).
  • Al lado de Hong Kong, Macau. “Las Vegas del Oriente” (la ciudad-casino que recibe más ingresos anuales y turistas que Las Vegas), “La ciudad con una de las mayores densidades de población del mundo” (18.560 habitantes por km2), “La ciudad que creció con tierras reclamadas al mar” (sí, agrandaron la isla sacando tierra del fondo del océano), “La ciudad de los casinos más dorados” (otro título mío).
  • Y también, Singapur: “La isla que es una ciudad que es un estado que es un país”, “La ciudad que es el cuarto líder financiero del mundo”, “La ciudad más globalizada”, “La ciudad con mayor población de expatriados”, “La ciudad más limpia del Sudeste Asiático”, “La ciudad con uno de los sistemas de salud más avanzados del mundo”, “La ciudad con una de las gastronomías más variadas del mundo”, “La ciudad con más prohibiciones del mundo” (entre tantas otras cosas, en Singapur está prohibido comer chicle y “no tirar la cadena” del baño).
  • O Kuala Lumpur: “La ciudad de las torres gemelas más altas del mundo” (las Petronas), “La ciudad con el mástil más alto del mundo”, “La quinta ciudad más visitada del mundo”, “La ciudad del monorail”, “La ciudad de los parques”, “La ciudad en la que nunca me canso de comer” (estem… sí, eso lo digo yo también).

Y no me quiero imaginar lo que deben ser las grandes ciudades de China, de Corea, de Japón, de Taiwán. Me quedan tantas ciudades supersónicas por conocer…

La foto es de Hong Kong, una de las ciudades más imponentes que vi en mi vida. Juro que cuando saqué esta foto casi no podía respirar de la emoción: NUNCA ESTUVE FRENTE A UNA VISTA ASÍ.

Hong Kong en blanco y negro

Volví a Hong Kong, nueve meses después.

Después de sufrir el verano húmedo y caluroso en junio del año pasado, volví por tres días para vivir el fin del invierno.

Cómo cambia una ciudad con el paso de las estaciones. O tal vez sea yo.

La vez anterior, Hong Kong me deslumbró, esta vez me pareció más gris y melancólica, tal vez por el clima, tal vez por mi estado de ánimo. Cuando uno viaja establece cierto vínculo con el lugar que visita, y ese vínculo siempre estará teñido por los sentimientos, las vivencias y los recuerdos. La otra vez, HK me pareció un lugar totalmente irreal e increible, todo me sorprendía, tal vez porque estaba en otro momento de mi viaje. Esta vez, me siguió pareciendo increible (su geografía hace que sea una ciudad repleta de edificios insertada en el paisaje más lindo, en uno de esos paisajes que uno no asocia con una ciudad), pero la vi… en blanco y negro. Y tal vez por eso elegí esos colores para estas fotos.

[singlepic id=2241 w=800] La vista desde la ventana del hotel

[singlepic id=2242 h=800] Chungking Mansion

Lugar célebre por tener los cuartos más chiquitos y más baratos de HK (y la mayor cantidad de minorías conviviendo en un mismo edificio).

[singlepic id=2243 w=800] Journey

Con mi amiga Journey viajando en barco por las islas

[singlepic id=2244 w=800] Kowloon

Journey caminando por Kowloon

[singlepic id=2245 w=800] El skyline de HK

[singlepic id=2246 w=800] Reduce Speed Now! (el cartel tiene razón)

[singlepic id=2247 h=800] Mirando hacia arriba…

… en la ciudad más vertical del mundo

[singlepic id=2248 w=800] Moda y tranvías

[singlepic id=2249 w=800] Construcciones coloniales de súper lujo

[singlepic id=2250 w=800] El famoso tranvía de HK

[singlepic id=2251 w=800] Go Home!

Siguen en pie las mismas protestas y pancartas que vi hace casi un año…

[singlepic id=2252 w=800] Indiferencia

[singlepic id=2253 w=800] Arte callejero

[singlepic id=2254 h=800] Más arte

[singlepic id=2255 w=800] Bares y ropa al sol

[singlepic id=2256 w=800] Soho

El distrito más “exclusivo” de bares y restaurantes

[singlepic id=2257 h=800] Arte en puertas

[singlepic id=2258 h=800] Face to face

[singlepic id=2259 w=800] Trabajo callejero

Negocios sin puertas ni vidrios

[singlepic id=2260 h=800] Moderno y antiguo

[singlepic id=2261 w=800] Flores rotas

… y abandonadas.

[singlepic id=2262 w=800] Persianas a medio subir

(o a medio bajar)

[singlepic id=2263 w=800] Motivos religiosos en venta

[singlepic id=2264 h=800] Demoliendo…

… esta ciudad en eterna reconstrucción.

[singlepic id=2265 h=800] Stickers desgarrados

[singlepic id=2266 w=800] Memorabilia de Mao

[singlepic id=2267 h=800 float=center] Tranquilo

Fumando y jugando a las cartas frente a su negocio

[singlepic id=2268 w=800] Yo

Frente al skyline de HK, by Journey

Si quieren ver Hong Kong a todo color, pueden leer los dos relatos que escribí la vez anterior:

Hong Kong en 10 palabras – parte 1
Hong Kong en 10 palabras – parte 2

Viajando en una foto: Ciudades solitarias

Hong Kong está llena de gente.

Sin embargo a mí me pareció una ciudad silenciosa y solitaria.

Viajé en subtes de última generación, sin conductores humanos y con una precisión horaria impecable y envidiable (ojalá nuestros subtes fuesen así de eficientes).

Pero durante el viaje casi no vi caras de frente, ya que todas estaban mirando hacia abajo, pegadas a la pantalla de los celulares último modelo que sostenían en las manos.

Nadie me cedió el asiento (obviamente no habría por qué hacerlo, pero tampoco vi que nadie le cediera el asiento a un mayor),

Nadie me miró con curiosidad ni me preguntó si necesitaba ayuda para encontrar la estación en la que debía bajarme,

Nadie me alertó que en el subte te morís de frío y que cuando bajás te morís de calor,

Nadie me avisó que cada estación tiene como ocho salidas y que si te equivocás tenés que dar la vuelta al mundo para encontrar la correcta.

Caminé por las calles atestadas de carteles, negocios y personas.

Sin embargo, nadie me frenó para preguntarme si necesitaba ayuda para encontrar alguna calle (y, hola, es obvio que no soy local acá y es obvio que me voy a perder en este laberinto de asfalto),

Nadie se ofreció a acompañarme cuando me vieron perdida y con el mapa en mano

Nadie me dijo que para llegar de un punto a otro de la ciudad iba a tener que atravesar —obligatoriamente— por lo menos cinco shoppings.

Podría decir que me debo haber recorrido toda la isla a pie y nadie me prestó demasiada atención.

Tomé colectivos y mini-colectivos de lo más organizados.

Pero nadie me avisó que se necesita pagar con cambio exacto ya que ni el conductor ni la máquina devuelven plata,

Nadie ofreció ayudarme con las monedas que me faltaban para completar mi boleto,

Nadie me avisó que no podía bajarme en cualquier lado sino solamente en las paradas “obligatorias” y predefinidas del transporte,

A nadie le importó que tuviera que caminar 20 minutos extra porque me pasé de parada y no sabía qué transporte tomarme para volver hacia atrás (no existe eso de “cruzá la calle y tomá el que va para el otro lado”).

Viví (de casualidad y de prestado) en la casa de un súper empresario alemán (que estaba de vacaciones con su familia en Suiza y por ende nunca se enteró de mi estadía).

Viví en lo que debe ser una de las casas más caras y lujosas de Hong Kong (en Hong Kong, el solo hecho de tener una casa y no un departamento ya implica un lujo, allí donde el metro cuadrado es el segundo más caro del mundo después de Nueva York; y cuanto más “arriba” de la montaña vivís, más lujoso, caro y exclusivo aún).

Viví en una casa de cuatro pisos (o más, no lo sé) arriba de la montaña desde donde veía todo Hong Kong desde mi cama.

De noche, se iluminaba para mí.

De día, me despertaba con su silencio (desde allá arriba no se escuchaba ni un solo ruido).

Y a pesar de que fue una de las mejores casas donde me alojé en mi vida, le faltó esa calidez de hogar chiquito.

No me quejo, amé Hong Kong y pienso volver, es una de mis ciudades preferidas.

Pero qué ciudad solitaria.

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Viajando en una foto: Burbujas en Hong Kong

Un domingo, Journey, su amiga Polly y yo decidimos huir de la locura del centro de Hong Kong y nos fuimos a pasar el día a Stanley, un pueblito ubicado en la costa sudeste de la isla de Hong Kong.

Caminamos por la rambla, investigamos los puestos callejeros y los negocios con remeras en oferta (no importa en qué parte de Hong Kong se esté, uno nunca puede huir del shopping, deporte nacional de esta isla), compramos galletas con formas de animalitos, vimos una sesión de fotos pre-casamiento, aprendimos a tocar temas con un ukelele rojo, visitamos un templo budista, nos sentamos en el muelle a ver cómo los pescadores no sacaban nada del mar, aprendimos a posar para las fotos “Hong Kong style”, sufrimos el terrible calor y la terrible humedad de esta región del mundo, nos tomamos una cerveza fría frente al mar y miramos el atardecer.

En algún momento del día, entremedio de todas estas “actividades”, Journey y Polly me dejaron un rato sola mientras ellas iban al baño y esta nena se puso a hacer burbujas enfrente mío.

Al parecer las buenas fotos aparecen cuando la gente me deja para ir al baño.

No sé por qué pero esta foto me atrae mucho. Se convirtió en una de mis preferidas.

Tal vez es la atmósfera, tal vez son los recuerdos, tal vez son los colores… yo creo que son las burbujas.

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Hong Kong en 10 palabras – parte II

 

6. OCTOPUS

Los tiempos de coleccionarlas y esconderlas, de tener que ir a los quioscos para rogar que me dieran alguna, de sacarlas de la “caja secreta” de mi mamá, de guardarlas como oro… esos tiempos quedaron atrás.

Me refiero a las monedas en Buenos Aires.

El “no tengo monedas para el bondi” no aplica en Hong Kong.

Acá existe la maravillosa Octopus Card: una pequeña tarjeta magnética que sirve para pagar en todos los colectivos, subtes, barcos, quioscos, 7-Eleven y derivados, e incluso en algunos restaurantes y negocios de Hong Kong.

La única condición es cargarle un mínimo de 50 HKD (unos 7 USD) y está lista para usar.

Journey me prestó la tarjeta de su hermano y cuando la cargué por primera vez le pedí a la chica que me atendió que solamente acreditara 50 HKD de los 100 que le estaba dando, pero se ve que mi chino no es claro (mentira, no hablo chino) y me acreditó los 100 HKD de una.

Pensé: no hay manera de que gaste 100 HKD (14 USD) en tan poco tiempo.

ERROR.

Se ve que sigo acostumbrada a los países súper baratos, esos que me gustan tanto, donde un viaje en transporte público te cuesta unos 20 centavos de dólar (obviamente sin ningún tipo de “comodidad”).

Hong Kong es “caro”, obviamente siempre “en comparación con”.

En comparación con los países que visité antes (Tailandia, Malasia, Indonesia, Filipinas), Hong Kong es caro.

En comparación con Argentina, no estoy totalmente al tanto de los precios actuales, pero Hong Kong no es TAN caro.

En comparación con Europa, Hong Kong sigue siendo barato.

Un viaje en colectivo: de 6 a 14 HKD (un dólar estadounidense equivale a 7 dólares de HK); un viaje en subte (según la distancia): entre 4 y 25 HKD; un almuerzo/cena baratísimo/a: 25-40 HKD (de 3 a 7 USD); un almuerzo/cena normal: 45-100 HKD (de 7 USD para arriba); un café latte en Starbucks: 38 HKD (casi 6 USD); un combo de McDonald’s: desde 35 HKD; una remera: de 25 HKD (baratísima) para arriba.

Algunos dirán qué caro, otros dirán qué barato.

Todo depende desde qué rincón del mundo y situación me lean.

7. CHINA-PHONE

Como estuve considerando la posibilidad de comprarme un celular en Hong Kong, no pude evitar notar que acá todo el mundo se la pasa pegado a la pantallita de sus teléfonos súper tecnológicos.

Es como las mujeres embarazadas que solamente ven embarazadas por la calle, o los enyesados que encuentran colegas por todas las plazas.

Yo solamente veía celulares de todos los tamaños y colores (algunos incluso tuneados con carcasas) por todos lados.

Mi pobre Nokia parece prehistórico al lado de las naves espaciales que vi a la gente usando en los subtes y colectivos.

Todos tienen internet, juegos, camaritas, 3G, 4G, GSM y esas letras que no sé muy bien qué significan.

Dicen que Hong Kong es uno de los lugares más baratos para comprar el iPhone desbloqueado, así que Journey, que la tiene clarísima con el tema de comprar cosas baratas, me llevó a Mong Kok, uno de los mercados más grandes y baratos de HongKong.

Hay un shopping donde solamente se venden celulares, aunque hay que tener cuidado porque hay mucho trucho “made in China”.

El iPhone 4 todavía no salió oficialmente enHongKong, pero ya circula por el mercado negro, aunque el precio es bastante saladito: 7000 HKD (1000 USD).

El iPhone 3Gs liberado cuesta desde 5000 HKD (700 USD), lo cual también me pareció demasiado así que desistí.

Me quedaba otra opción: el China-Phone, una copia “física” del iPhone.

De afuera, es igual, pero creo que cuando lo prendés con suerte podés hacer un par de llamadas antes de que se autodestruya.

Es muy barato.

No gracias, para recuerdos inservibles de China mejor me compro un imán para la heladera.

Nétese la falta de “i” antes de la palabra Phone

8. OCCIDENTE

Hong Kong es una región de Asia bastante “occidentalizada”, es cierto.

Primero porque fue colonia británica hasta hace poco tiempo y uno de sus idiomas oficiales es el inglés.

Segundo porque es una ciudad de negocios sumamente internacional con residentes y visitantes de todas partes del mundo.

Tercero porque a pesar de formar parte de China, tiene su propio gobierno cuasi independiente del poder chino.

Es la ciudad más abierta al capitalismo y a las influencias externas de las que visité hasta ahora.

Un desfile de marcas internacionales: Prada, Gucci, Tiffany’s, Ermenegildo Zegna, Louis Vuitton, Dior.

Un lugar sumamente a la moda donde hombres y mujeres se acoplan a las tendencias de Italia y Francia.

Una isla donde residen grandes empresarios europeos, japoneses, estadounidenses en sus casas más que lujosas.

Una isla donde el metro cuadrado es el más caro del mundo después de Nueva York.

En HongKong, locales y extranjeros se reúnen a tomar un café en Starbucks o en Pacific Cafe, comen en restaurantes de “western food” (comida italiana, francesa, española), acompañan con cerveza o vinos chilenos y franceses, toman su Haagen Dasz de postre.

Todos los locales están “on sale”, las remeras están estampadas con fotos de Los Beatles y con frases ingeniosas/divertidas en inglés.

Las calles están limpias, los baños son un lujo, todo el transporte público tiene aire acondicionado, la comida es excelente incluso en los locales dentro de las estaciones de subte, el wi-fi gratuito está disponible en muchísimos sectores de la ciudad, hay internet gratis en las estaciones de subte (con computadoras y todo).

En fin… la ciudad megahipersónica.

9. ORIENTE

Sin embargo, Hong Kong sigue siendo parte de un país asiático.

Detrás de los altísimos edificios y de los negocios de primeras marcas, todavía se esconden templos budistas y taoístas, mercados locales, pequeños altares en la calle, puestos de comida con el menú solamente en cantonés.

Los fideos y el arroz siguen siendo parte de la dieta diaria.

Las pequeñas islas que rodean a la isla de Hong Kong (que es la mayor de las islas que conforman lo que se conoce como Hong Kong Special Region) no tienen ese desfile de marcas ni esa arquitectura tan modernista, sino que son ciudades más chicas, pueblos de pescadores, lugares con más naturaleza.

En Lanthau Island está erigida la mayor estatua de Buda al aire libre del mundo.

Cerca, en Tao-i, se puede caminar entre casas construidas sobre palitos (sic) a orillas del agua.

En Lamma se pueden elegir pescados y mariscos (aún vivos, metidos en peceras) para comer hasta reventar.

El glamour, por así decirlo, está solamente en una pequeña parte de la región de Hong Kong.

Los hongkoneses siguen siendo asiáticos después de todo (y están orgullosos de serlo).

Sin generalizar, después de este tiempo puedo afirmar que a los asiáticos les encanta sacar fotos y posar para la cámara. Aquel estereotipo que tenemos de los turistas chinos/japoneses en Argentina con sus cámaras de foto último modelo colgadas al cuello tiene algo de cierto.

Un dato curioso: según me dice mucha gente que me cruzo, los occidentales prefieren Nikon y los orientales son fans de Canon. Al parecer es un tema de piel y colores: los occidentales salen mejor fotografiados en la lente Nikon y los orientales aman los retratos de Canon.

No olvidar que estamos en Asia

10. MEZCLA

Nada mejor que la mezcla: eso de Oriente se encuentra con Occidente, de mujer asiática que se casa con hombre occidental y viceversa, de cocina fusión italiana-china, de templos y edificios conviviendo en armonía.

Pero lo interesante descubrí es la mezcla de Oriente con Oriente: lo que acá se conoce como Style.

Ejemplo: sacarse una foto haciendo una V con dos dedos al lado de los ojos es muy “japanese style”, usar el pelo planchado y una toalla en el cuello también es “japanese style”, ciertos platos de comida son “korean style”, algunos programas de televisión son “taiwanese style”.

Me encanta ir descubriendo estos detalles, aunque necesito la ayuda de mis “traductoras” para darme cuenta de qué país proviene cada tendencia.

Los asiáticos toman algo de cada país vecino y lo adaptan a su ciudad, aunque siempre remarcando de dónde proviene: “This is korean/taiwanese/japanese/chinese/etc style”, me explican mis amigos.

Una vez, en la casa de un amigo chino, me puse las ojotas con medias y le dije:

– Esto es Uruguay-style.

Y él me respondió:

– ¡No, eso es Japanese style!.

Saquen sus propias conclusiones.

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Hong Kong en 10 palabras – parte I

1. COOL

Por favor.

Qué ciudad tan cool, tan chic, tan in, tan top, tan todas esas palabras que usamos en inglés por falta de un sinónimo en castellano que suene tan cool como la palabra cool, o tan chic como la palabra chic

Lo comprobé desde la ventana del avión: si Singapur es la ciudad supersónica, Hong Kong es la ciudad megahipersónica.

Nunca vi algo así en mi vida.

Nunca vi tantos edificios juntos, tantas luces de colores, tantos carteles amontonados, tanta ciudad en medio de las montañas.

Me siento la nena del campo que llega por primera vez a la gran ciudad, pero es que realmente nunca vi una cosa así en mi vida.

Me faltará primer mundo, tal vez.

Pero lo que más me llama la atención es que no sólo Hong Kong es cool, glamorosa, pretenciosa: sus habitantes no pueden encajar mejor en este escenario.

Por favor, qué gente tan fashion, tan a la moda, tan bien vestida, tan… cool.

Los empresarios lucen sus trajes de primeras marcas, la gente joven se expresa a través de los mensajes de sus remeras, las zapatillas vienen de todos los colores y combinaciones posibles, los anteojos de sol y sombreros se usan de día y de noche, los anteojos de marco grueso y colores fuertes son la regla, tacos altos caminan de acá para allá, los hombres usan el rosa descaradamente (y lo saben llevar), los cortes de pelo son modernos, las calles son pasarelas.

¿Cómo pasó esto? ¿Qué nació primero? ¿El huevo cool o la gallina cool? ¿Cómo es que un pedazo de tierra entre las montañas y el mar se convirtió en un lugar tan sofisticado con personas tan a la moda?

Otra vez la misma pregunta: ¿cuál es el elemento que hace que una ciudad sea lo que es? ¿La geografía? ¿El clima? Ya encontraré la respuesta…

2. SHOPPING

– In Hong Kong you can shop anywhere, me dice mi amiga Journey mientras caminamos por entremedio de los negocios de ropa y comida de una de las tantas estaciones de subte de Hong Kong.

La conocí de casualidad en Ko Phi Phi (Tailandia) apenas empezaba mi viaje, recorrimos parte de Malasia juntas y ahora nos volvimos a encontrar para viajar por Hong Kong y Macau.

Journey no solamente es mi primera amiga china, sino mi “traductora” oficial: más allá de ayudarme cuando me pierdo entre los caracteres chinos y no tengo idea de qué me están diciendo, Journey se encarga de enseñarme más acerca de la cultura oriental y de las tradiciones chinas.

En este caso, me señala una costumbre muy “moderna” de esta isla: todo el mundo está de shopping a cualquier hora del día y en cualquier lugar de la ciudad.

Si hay algo que no falta son negocios, podría decir que Hong Kong en realidad es un gran shopping con algunos autos que circulan entremedio y gente que vive en las afueras de los negocios.

Te bajás del subte y encontrás locales de comida natural, cafés, panaderías a montones (al estilo Delicity y mejor aún), invasión de 7-Eleven y Starbucks, salís a la calle y te chocás obligatoriamente con alguno de los —me atrevo a decir— cientos de malls de Hong Kong, ubicados estratégicamente para que la gente TENGA que atravesarlos sí o sí para poder cruzar la calle.

Y aunque hagas todo lo posible para no entrar a ningún shopping (aunque la oferta más tentadora sea la del aire acondicionado gratis), los negocios te perseguirán en cada cuadra: Rolex, Gucci, Versacce, Prada, Polo, Guess, Tiffany’s y tantas marcas que vi solamente en las películas están acá, listas para venderte la felicidad a buen precio.

Hay un sólo deporte nacional en Hong Kong: salir de compras.

3. IMAGEN

Tardé en darme cuenta, pero después de sacarme la quinta autofoto de mi reflejo en plena calle caí: Hong Kong está plagada de espejos.

En los baños los hay de todo tipo: de cuerpo entero, con buena luz para maquillarse, en las puertas.

En la calle me choqué con muchísimas superficies “reflejantes” y no resistí la tentación de capturar mi imagen.

Mi conclusión: Hong Kong no es solamente una ciudad que pretende verse bien, sino que además le interesa mirarse a sí misma desde todos los ángulos posibles. Es una ciudad narcisista. Se contempla a sí misma desde las alturas (no hay mejor ejemplo de esto que la vista panorámica que ofrece “The Peak”, la cima de una de las montañas).

Además, ¿dónde se ha visto una ciudad donde los propios edificios hagan un show de luces perfectamente sincronizado todas las noches?

Hong Kong… Lugar donde incluso los hombres frenan frente a algún espejo y se arreglan el pelo sin ningún tipo de pudor.

4. EDIFICIOS

Lo descubrí de tanto sacar fotos.

Generalmente sólo saco fotos apaisadas, no me gustan las fotos verticales. Pero acá NECESITO sacar fotos verticales para acaparar todo el paisaje. Como no alcanza la superficie de tierra, todo se construye hacia arriba.

Hong Kong tiene más de 7650 edificios rascacielos y, agrego, uno pegado al lado del otro.

Literalmente, están pegados, no hay espacio entre uno y otro, el vecino puede controlar todos tus movimientos.

Visto desde arriba, pareciera que todos los edificios salen de la misma base.

Al parecer, 36 de los 100 edificios más altos del mundo están en HK y hay más gente viviendo y/o trabajando del piso 14 para arriba, lo que hace que esta sea la ciudad más vertical del mundo.

Repito: nunca vi un lugar así en mi vida.

5. LOST

Imposible no perderse.

Por más que tengas el mapa perfectamente detallado en mano y sigas todas las indicaciones de los carteles en las esquinas, es imposible no perderse aunque sea una vez.

Es que acá hay que dejar de lado la lógica y pensar con mente de shopping: no, para ir de A hacia B la linea más corta no es recta, sino que hay que seguir el camino de la escalera mecánica, atravesar los negocios, subir otra escalera, bajar por ascensor, preguntar un par de veces y finalmente llegar a destino con tres bolsas llenas de regalos.

Para cruzar de una vereda a la otra la manera correcta no es atravesar la calle: muchas veces las sendas peatonales no existen y los carteles prohiben al peatón cruzar.

Tenés que subir la escalera, caminar por el puente, doblar a la derecha, atravesar un banco, bajar la escalera y voilá, ya estás del otro lado.

Por más que todo esté perfectamente bien señalizado, te vas a perder.

Las remeras lo dicen: I’m lost in Hong Kong.

Pero al fin de cuentas las grandes ciudades son las más solitarias.

Hay más gente, sí, pero eso no quiere decir que haya más amigos o más compañía. En las grandes ciudades como Hong Kong, cada cual está en la suya, yendo apurado de acá para allá y usando los tiempos muertos para mandar mensajitos de texto en su celular último modelo.

¿Querés saber cómo sigue? Lee la segunda parte acá…

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