Datos y consejos para viajar al Sudeste Asiático

[Última actualización: junio 2021]

En esta guía encontrarán recomendaciones útiles, datos y consejos aquellos que estén planeando viajar por el Sudeste Asiático (o para los que aún no se animan) y especialmente quienes quieran viajar mucho, conocer aún más y gastar lo menos posible (¡para poder seguir viajando!).

La guía está dividida en cuatro partes:

Parte I: Todo lo que querías saber antes de viajar al Sudeste Asiático (o la sección de preguntas Frecuentes), en donde podés encontrar muchas de las respuestas a preguntas que me han hecho en el blog y también en redes sociales.

Parte II: Visas que se requieren para viajar al Sudeste Asiático

Parte III: Presupuesto para viajar al Sudeste Asiático

Parte IV: Links y descuentos para tu viaje

 


Parte I: Información útil para planear tu viaje al Sudeste Asiático

Esta guía está basada en mis experiencias de viaje en Tailandia, Malasia, Singapur, Indonesia, Filipinas, Laos, Camboya, Vietnam, China (sur), Hong Kong, Macau

 

¿Qué vacunas debo ponerme para viajar al Sudeste Asiático?

Con excepción de la fiebre amarilla, no es obligatorio vacunarse pero sí es recomendable. Lo mejor es consultar el departamento de Medicina del Viajero de cualquier hospital o bien ir a Stambulian/Vacunarse o similares para ver qué conviene en cada caso.

Al viajar, yo me puse las siguientes vacunas: Hepatitis A, Hepatitis B, Tétanos-Difteria, Fiebre Tifoidea, Fiebre Amarilla, Polio, Meningitis. No me di la de la Rabia, ni la del Cólera, ni la de Encefalitis Japonesa (que no se consigue en Argentina).

El tema de las vacunas es un tema sensible y muy personal así que mi recomendación es que consulten a su médico de confianza.

 

¿Te piden el certificado de vacunación al entrar en el Sudeste Asiático?

Me pidieron el certificado de vacunación solamente una vez en todo el viaje, en el aeropuerto de Bangkok para chequear que tuviera la vacuna de Fiebre Amarilla. Si bien no te lo piden si podés demostrar que no venís directamente de Argentina, personalmente recomiendo llevarlo siempre.

 

¿Qué guía de viaje me recomendás leer para viajar al Sudeste Asiático?

La más famosa es la [eafl id=”21160″ name=”Lonely Planet Southeast Asia” text=”Lonely Planet: Southeast Asia on a shoestring”]. Es útil para tener mapas, datos de hostels, teléfonos y direcciones útiles, precios, transportes, idiomas, etc. En el Sudeste Asiático se vende por todos lados y mucho más barata que en Argentina. Hay truchas, usadas, fotocopiadas, originales, viejas, viejísimas y actuales. Yo compré la mía en el aeropuerto de Bangkok. A veces la uso, a veces no tanto, pero siempre viene bien. Ah, eso sí, es un peso más en la mochila. Traten de no caer en lo que llaman el “Banana Pancake Trail“: un ruta informalmente creada por la Lonely Planet y que todos los fieles siguen cual camino hacia la verdad. Sálganse del circuito y busquen sus propias rutas si no quieren ver siempre a la misma gente ;)

 

¿Me conviene usar efectivo, tarjeta de crédito, tarjeta de débito o cheques del viajero?

Lo más cómodo es tener una reserva de efectivo en dólares (por las dudas) y el resto en una tarjeta de crédito o débito. Hay cajeros y bancos por todos lados, también abundan las casas de cambio, así que no es necesario cambiar todo el dinero de antemano. El país en el que más me costó conseguir un cajero electrónico fue en Laos, especialmente en el norte, ya que es muy rural.

Yo no traje cheques del viajero porque hay muchos lugares que no los aceptan o cobran comisión.

 

¿En qué medios de transporte me conviene moverme de un punto a otro?

Depende. Si vas con los días contados (por ejemplo 15 días de viaje), tal vez lo más efectivo sea moverte en avión, aunque al tiempo del vuelo tendrás que sumarle el tiempo de traslado y espera en los aeropuertos. Lo bueno es que en el Sudeste Asiático hay muchas aerolíneas low-cost que te permiten viajar rápido y barato de un punto a otro. Dicho esto, no todas las rutas están cubiertas de manera aérea, así que en varios casos vas a tener que ir por tierra sí o sí. Si estás viajando con tiempo (al menos un mes) o solo querés recorrer un país, te recomiendo viajar por tierra (en trenes o autobuses) o en barco/ferry (si existe la posibilidad). Ir por tierra te permite ver los cambios de paisaje, moverte a un ritmo más lento y disfrutar más el camino (sobre todo si, como a mí, no te gusta volar). Si querés saber cuánto te costaría ir de un punto a otro del Sudeste Asiático en bus, tren o ferry, te recomiendo usar Bookaway.com para comparar precios y hacer la reserva de manera online y con anticipación.

 

¿Es seguro viajar por el Sudeste Asiático?

El Sudeste Asiático me pareció muy seguro. Yo soy mujer, viajo sola, llevo una cámara réflex y una laptop y jamás tuve ningún tipo de problema (excepto cuando me robaron y me devolvieron todo, pero fue una situación extremadamente RARA). Siempre hay que ser precavidos, pero la conclusión que puedo darles después de viajar un año sola por el Sudeste Asiático es que esta parte del mundo es muy segura en cuanto a robos y violencia. Los problemas que se pueden encontrar son los desastres naturales como terremotos, erupciones volcánicas, tsunamis… aunque yo tampoco me crucé con nada de eso. De todas maneras, un consejo que les dejo (¡para todos los viajes!) es llevar un pequeño candado que se puede usar para cerrar la mochila/valija o para trabar los lockers en los hostels y poder dejar en un lugar seguro las cosas importantes.

 

 ¿Hay buen acceso a internet en el Sudeste Asiático?

La conexión a internet es muy buena en capitales y grandes ciudades que están llenas de cibercafés y redes de wi-fi para acceder a internet.

En general cobran entre USD 0.30 a USD 2 la hora, dependiendo del país (precio 2010, este es un dato retro).

Los países más complicados para acceder a internet fueron Laos (no hay tantos lugares de acceso, hay muchos pueblos que desconocen la internet) y China. En China, la Gran Muralla de Fuego puesta por el gobierno no permite acceder a páginas como Facebook, Youtube, Blogger, WordPress, Twitter, entre muchas otras; tampoco hay tantos cibercafés ya que los que existen son “medio ilegales” según me dijeron y no tienen local a la calle sino que están ubicados en el interior de algún edificio, entonces son difíciles de encontrar.

 

¿Cómo es el clima?

A grandes rasgos, el Sudeste Asiático tiene clima tropical todo el año: la temperatura promedio es de 30°C, la humedad es muy alta y llueve bastante. Cada país (o región), sin embargo, tiene su propia época de lluvias y hay que tener en cuenta que a veces las lluvias son tan fuertes que es complicado viajar.

  • Malasia, Brunei, Singapur, Indonesia y las Filipinas tienen dos estaciones: la de lluvias y la seca. En general, en estos países la época de lluvias se extiende entre octubre y abril (invierno, temporada baja) y la época seca entre mayo y septiembre (verano, temporada alta). La época seca puede tener temperaturas un poco más altas (hasta 35°C) y la de lluvias más bajas (hasta 25°C)
  • En la Península de Indochina (norte de Tailandia, Laos, Camboya, Vietnam y Birmania) las temperaturas anuales oscilan entre los 20 y 40°C y hay cuatro estaciones o épocas diferenciadas (pero no como las que tenemos en Argentina): 1. calor (alrededor de abril, cuando la temperatura alcanza los 40°C); 2. lluvias (empiezan a partir de julio, pero no duran todo el día, son más que nada chaparrones en algún momento del día); 3.  seco y 4. seco y “fresco” (de noviembre a febrero, temporada alta)
  • En el Sudeste Asiático existen zonas de montaña con clima propio, generalmente más fresco que cerca del mar. Allí las temperaturas oscilan entre 15 y 25°C, por lo que es recomendable llevar algo de abrigo si se planea ir a estas regiones (como por ejemplo SaPa en Vietnam).

 

¿Tendré problemas con el idioma?

En Asia se hablan cientos de idiomas y como se imaginarán es imposible aprenderlos todos. Muchas veces me preguntan lo mismo: ¿Cómo hacías con el idioma? Según mi experiencia, con el inglés se van a arreglar bien.

Hay países como Malasia y Singapur donde el inglés es uno de los idiomas oficiales.

En todas las zonas turísticas de Asia (diría del mundo tal vez) se habla algo de inglés. En la península de Indochina (Laos, Camboya, Vietnam) también se habla un poco de francés.

Les recomiendo, igual, que se lleven un “Phrasebook” (librito con frases útiles en otros idiomas) y que intenten aprender aunque sea unas palabras del idioma local.

El lugar más difícil en cuanto al idioma es China, ya que no todos hablan inglés. Pueden leer este artículo que escribí en la web de Matador al respecto: How to travel around China without speaking the language

Las señas y las sonrisas son universales. 

Sin embargo, si querés aprender unas nociones del idioma antes de aventurarte, una de tus opciones sería la de realizar un curso del idioma en el extranjero. ¿Qué te va permitir tomar un curso de idioma en otro país? Cuando viajes, vas a poder conectar muchísimo más con la gente, vas a poder preguntar más y usar tu curiosidad para aprender todo acerca de otra cultura. Así, en lugar de gastar tu energía viajera en pensar “cómo se dice…” vas a invertirla en pasar tiempo con locales y aprendiendo cosas que quedarán para siempre en tu memoria.

 

¿Cuáles son los lugares imperdibles del Sudeste Asiático?

Recibo muchos mails de ustedes preguntándome acerca de “los lugares imperdibles” del Sudeste Asiático (lo que no hay que dejar de ver en un viaje corto) y la verdad es que me cuesta mucho responder, ya que depende mucho de los gustos de cada uno y de qué expectativas tienen para el viaje (¿qué quieren ver: playa, selva, montañas, templos, ciudades?).

Imaginen que después de estar un año y medio en Asia se me hace muy difícil elegir pocos destinos.

Además, yo puedo darles una respuesta general, basada en mis gustos, pero eso no quiere decir que sean los únicos lugares que valen la pena. Así que acá les dejo dos post que escribí con “Mis 10 lugares preferidos de Asia” como para que vayan viendo:

Mis 10 lugares en el Sudeste Asiático y China – parte I

Mis 10 lugares en el Sudeste Asiático y China – parte II

 

1¿Cuánto tiempo necesito para viajar al Sudeste Asiático?

Esta es una muy parecida a la pregunta anterior, y es muy personal: tiene que ver con el tiempo con el que cuentes para viajar, el tiempo que quieras estar en cada país teniendo tus intereses y sensaciones (a veces un país nos gusta más que otro, sin más razón que esa), cuanto margen tengas para moverte libremente entre los países del Sudeste Asiático… Para conocerlos, conocerlos, se necesita toda la vida ;)

 

¿Desde dónde salen los vuelos más baratos para viajar al Sudeste Asiático?

¡Depende de donde te encuentres! Más adelante hablo un poquito sobre los vuelos entre países, pero en este artículo ya escribí al respecto de cómo buscar vuelos baratos y el artículo te puede servir en este caso también

 

¿Tengo que demostrar pasaje de ida y vuelta para viajar a algún país del Sudeste?

Más adelante te cuento más específicamente sobre las visas. Las aerolíneas al embarcar te piden que puedas demostrar que te vas a ir del país al que viajás (¡cuestiones legales de las aerolíneas!). No tiene que ser un pasaje de regreso a tu país de origen, pero sí tenés que podés demostrar que te vas. ¿Cómo? Buscando un vuelo barato (¡el más barato!) a un país vecino, comprando un pasaje en bus o tren, demostrando que sacaste otra visa para visitar otro país…

 

¿Qué otros artículos puedo leer sobre los lugares que visitaste en tu viaje al Sudeste Asiático?

 

¿Escribiste un libro sobre tu viaje a Asia?

¡Sí! Un tercio de mi primer libro Días de viaje, está dedicado a mi viaje por Asia.

Ahí cuento cómo fue terminé en Bangkok, por qué me sentí una estrella de cine en Indonesia, cómo hice para viajar un mes por China sin hablar el idioma, cómo fue el roadtrip con los curas filipinos, qué hice con los naipes que empecé a encontrar en todas partes, entre otras cosas.

Si les interesa, pueden leer el prólogo y un capítulo online, y comprarlo en mi Tienda.

 


Parte II: Visas para viajar al Sudeste Asiático

La mayoría de los países del Sudeste Asiático requiere visa para entrar.

Algunas se pueden sacar en el aeropuerto o la frontera al llegar, y otras deben tramitarse antes en Argentina o en cualquier país del SEA (Sudeste Asiático).

Esta es la lista de países que visité hasta ahora (esta información sirve para argentinos. Para chequear la situación de otras nacionalidades entrar en este link.)

 

1) Países que no requieren visa

  • Tailandia: no piden visa, te dan mínimo 60 días de estadía.
  • Malasia: no piden visa, te dan mínimo 60 días de estadía.
  • Singapur: no piden visa, te dan mínimo 60 días de estadía.
  • Filipinas: no piden visa, “en teoría” te dan 21 días de estadía (a mí me dieron más) y tenés que pagar un impuesto de salida del país de 30 USD.
  • Hong Kong/Macau: no piden visa, te dan un mínimo de 30 días de estadía. OJO: chequear la situación de Macau ya que en varios sitios de internet dice que los argentinos requieren visa para entrar.

 

2) Países con visa on arrival (se saca en el momento de llegada al país):

  • Indonesia: podés sacar la visa de 30 días al llegar al país (USD 25) con posibilidad de extenderla una vez. También podés sacar la visa turística de 60 días en cualquier embajada o consulado de Indonesia antes de viajar (cuesta USD 50 y se puede extender hasta tres veces para quedarse un total de seis meses, pero se necesitan presentar más documentos y una carta de sponsoreo de un residente indonesio).
  • Camboya: podés sacar la visa de 30 días al llegar al país (20 USD), se puede extender una vez. ACTUALIZACIÓN 2021: el visado para Camboya ahora se puede pedir de manera online antes de viajar. Podés hacerlo a través de e-Visado.es, una agencia española de visados en la que también podés solicitar visas para otros países asiáticos.
  • Laos: se puede sacar la visa en todos los aeropuertos y en casi todas las fronteras terrestres. Es válida por un mes y cuesta USD 25 para argentinos.

 

3) Países que requieren sacar visa con antelación (a sacar en las respectivas embajadas en Argentina o en cualquier país del mundo):

  • China: piden visa anticipada. Se puede tramitar en Argentina o cualquier otro país de por acá. Es muy común sacarla en Hong Kong. Yo la saqué en Kuala Lumpur (Malasia) en tres días y me costó 50 USD por un mes.
  • Vietnam: hay que sacar la visa antes, yo la tramité en Phnom Penh (Camboya) por medio de un hostel (yo ni pisé la embajada) y estuvo lista en dos días hábiles. Cuesta alrededor de 35-50 dólares por un mes, según dónde la saques. A mí me costó 40.
  • India: hay que sacarla con anticipación en “cualquier embajada de la India del mundo”, para argentinos es gratis. En Buenos Aires, el trámite se realiza en un día, pero en el SEA lleva por lo menos seis días hábiles según el país donde se aplique. OJO: ya no se puede adquirir en Malasia ni en Singapur siendo turista extranjero (es necesario ser residente).

 


Parte III: ¿Qué presupuesto necesito para viajar al Sudeste Asiático?

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Todas las cifras que aparecen en mi blog son reales ya que son los precios que pagué por comida/alojamiento/transporte/etc, en cada país o ciudad durante mi viaje en el 2010. (Puede que algunos precios estén desactualizados… o no.)

Yo viajo con un presupuesto de mochilera low-cost, lo que significa que gasto lo menos posible en alojamiento, me alimento siempre en los mercados callejeros o puestos de comida locales, muchas veces me alojo en casas de familia, siempre compro los pasajes de bus directamente en la terminal (no compro los pasajes que ofrecen las guesthouses), no hago demasiados tours y voy de un lado a otro a pie o en transporte público.

Mi objetivo es gastar lo menos posible para poder seguir viajando, y esto es algo que implica un esfuerzo extra ya que me tomo el tiempo de buscar precios en guesthouses, o camino hasta la estación para comprar allí mis pasajes en bus, etc. o incluso hago todas las combinaciones posibles de transporte público para llegar a destino pagando el precio más bajo.

Entonces si les interesa viajar con más comodidad no se guíen por estos precios, aunque les pueden servir para tener en mente un aproximado.[/box]

 

Algunas aclaraciones:

  • No es fácil darles un presupuesto porque todo depende de cuánto tiempo quieran viajar, a qué ritmo y de qué manera.
  • Lo mejor es calcular los gastos aproximados por día y en dólares (o euros).
  • Las cifras que doy son promedios ya que los precios varían de un país a otro y de una ciudad a otra.
  • En este presupuesto no está incluido el costo del pasaje desde Argentina (o cualquier lugar del mundo) a Asia.
  • En algunos países como Indonesia se puede vivir con 15 dólares diarios, otros como Malasia, Hong Kong o Singapur son un poco más caros. Pero, a muy grandes rasgos (todo depende del país que se visite) y sin contar pasajes de avión, pueden viajar bien (como mochileros y sin lujos) gastando entre 15 y 40 dólares por día.

 

1) Alojamiento

Los Hostels y Guesthouses son las opciones más baratas en cuanto alojamiento:

  • Dormitorio compartido en un hostel (“dorm”): de 2 a 10 dólares por noche por persona (cada dormitorio se comparte con 4 – 12 personas; se paga por cama, no por habitación)
  • Habitación privada simple/doble en un hostel: de 4 a 20 dólares por noche
  • Habitación privada simple en un guesthouse: a partir de 5 dólares (a veces con baño propio y a veces con baño compartido. Estas habitaciones “simples” generalmente tienen dos camas, por lo que viajar de a dos a veces significa que tendremos un menor presupuesto que viajando solos)
  • Habitación privada simple en un hotel 2 estrellas: a partir de 10 dólares (hay ciertas ciudades de China donde no existen los hostels ni guesthouses, por lo que la mejor opción es recurrir a los hoteles dos estrellas)

Los hostels generalmente incluyen varios servicios como wi-fi, pileta de natación, mini cine con DVDs, información turística, alquiler de bicicletas, servicio de pick-up desde el aeropuerto o estación de tren/bus (si el hostel se reserva de antemano por internet, el servicio de pick up en general es gratis). También ofrecen servicio de lavandería y desayuno que se paga aparte.

Las guesthouses son más básicas que los hostels y en general solamente ofrecen alojamiento, sin servicios extra.

Los alojamientos más caros son los de las grandes ciudades o capitales. Las ciudades más caras en cuanto a alojamiento son Kuala Lumpur (una cama en un hostel cuesta como mínimo 10 dólares), Singapur (a partir de 15 dólares), Hong Kong (a partir de 15 dólares por persona en Chungking Mansion) y Macau.

Otra opción es sumarse a alguna de las comunidades globales de hospitalidad como Couchsurfing o Hospitality Club para alojarse gratuitamente en casas de familia.

 

2) Alimentación

La comida en el sudeste asiático es muy barata y está por todos lados: el deporte nacional en este lado del mundo es comer.

  • En los mercados pueden conseguir snacks y frutas desde 50 centavos de dólar
  • Pueden almorzar y cenar en los puestos callejeros por 1-2 dólares y en los restaurantes locales por 2-4 dólares.
  • Lo más caro siempre son los restaurantes turísticos o los locales de comida en áreas turísticas: allí de base siempre pagarán 3 dólares.
  • Estos precios corresponden a los platos de comida típicos de cada lugar y no a la comida occidental (hamburguesas, pizza, spaghetti, asado) que venden por todos lados a precios turísticos.
  • Hong Kong y Macau son los dos lugares más caros en cuanto a comida, allí un plato de noodles empieza en 3 dólares y la comida más elaborada, de 5 dólares para arriba.

Aquí te dejo algunos artículos que escribí con mis experiencias probando comida asiática: en Indonesia, Tailandia, Malasia y China.

 

3) Transporte

  • Dentro del país
    Por tierra, hay que calcular entre 1 – 2 dólares por cada hora de viaje en bus (es decir que un viaje de 10 horas debería costar unos 10 dólares) y aproximadamente 2 dólares la hora de viaje en tren.
    En Tailandia te venden el combo de pasajes (colectivo-barco-tuktuk-barco-colectivo) que siempre resulta un poco más caro.
    Lo más económico siempre será ir directo a la terminal terrestre y sacar un pasaje en la ventanilla para el próximo colectivo que salga.
    También existe la opción de comprar un pasaje “VIP” en el hostel o guesthouse con servicio de “pick-up” hasta la terminal, pero muchas veces cuesta el doble que el pasaje comprado sin intermediarios en la terminal ya que estos hostels ofician como agencias de viaje y cobran una comisión.
    También existe la opción de
    viajar en tren, especialmente en Tailandia, Vietnam, Malasia y partes de Indonesia; es un poco más caro pero mucho más rápido, cómodo y seguro.
    Por otro lado muchos viajeros alquilan bicicletas o motos para hacer pequeñas distancias y recorrer más a fondo cada lugar al que llegan. El precio aproximado de alquiler de bicis desde USD 1 por día y motos desde USD 5 por día.
  • Entre países
    En el Sudeste Asiático hay varias aerolíneas low cost que te permiten viajar de una ciudad o país a otro por mucho menos de USD 100 el pasaje.
    Si sacas tu vuelo con mucha anticipación, los precios serán mucho más bajos (¡y siempre hay ofertas con precios super baratos, así que atentos!).
    En este artículo podés leer más acerca de
    cómo comprar un vuelo barato por internet (toda una ciencia, aunque no lo parezca).
    Para quienes no necesiten volar, las fronteras se pueden cruzar por tierra en colectivo, en tren o en barco (según el país).

 

4) Tours, excursiones, entradas, etc.

Siempre suman al presupuesto y acá no puedo dar datos exactos porque hay demasiadas variables. Pero un tour de un día cuesta entre 1o y 35 dólares (en las agencias de viajes orientadas a mochileros) y las entradas a museos de un dólar en adelante (a veces menos).

 


Parte IV: Links y descuentos para que disfrutes de tu viaje

El barco pirata barrilete.

Nota: le pongo muchas horas de viaje, caminatas, investigación y trabajo a estas guías prácticas y te las ofrezco de manera gratuita porque es lo que a mí me hubiese gustado leer antes de viajar. Si te sirven para planificar tu viaje, por favor intentá reservar alguno de los siguientes servicios (vuelos / hoteles / Airbnb) a través de estos buscadores. Si lo hacés, me dan una pequeña comisión que no se suma al precio final de tu compra y que me ayuda a seguir viajando y publicando guías como esta. ¡Gracias!

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Este post contiene enlaces de afiliado y enlaces patrocinados.

Visita a las Killing Fields de Camboya: cuando la realidad duele

Admiro a los camboyanos.

Admiro sus sonrisas.

Admiro su buen humor.

Admiro también, por qué no, su caos, porque significa que salieron adelante y siguen viviendo.

Admiro su fortaleza.

Admiro su presente.

Porque veo su pasado y no me queda otra que llorar por lo injusto que es el mundo, por lo extraño que es todo, y que unos pocos puedan arruinar la vida de millones de familias y porque no hay manera de borrar el sufrimiento.

Supongo que esto es lo que se siente al llegar a un país donde toda una generación fue borrada.

Donde hay más gente joven que adulta.

Donde todos los intelectuales de una generación murieron.

Donde hombres, mujeres, monjes, niños, todos fueron obligados al trabajo forzado o a la muerte.

Donde un hombre tuvo la idea de generar un país sin clases, sin educación, sin hospitales, sin futuro y lo logró gracias al apoyo de unos pocos y una máquina sanguinaria que borró a más de 8 millones de personas del mapa.

Pensé que no me iba a afectar pero me afectó.

Caminar por el lugar conocido como Killing Fields”, campo clandestino en las afueras de Phnom Penh donde se llevaba a la gente en camiones para matarlos en masa.

Pisar los bordes de las fosas comunes donde fueron encontrados miles de cuerpos destrozados.

Ver los árboles que servían para matar a los bebés (me lo explicaron literalmente así), agarrándolos de los pies y rompiéndoles el cráneo contra el tronco.

Tener los restos de ropa, de mandíbula, de huesos y de cráneos de las víctimas frente a mí, para que los oliera, mirase y tocase.

Caminar por dentro  del “S-21”, un colegio que fue tomado por el Khmer Rouge y transformado en una de las mayores cárceles clandestinas y centros de tortura.

Ver las celdas construídas rústicamente con madera, una madera que delimitaba los bordes de la vida: de acá para adentro, seguís vivo, cuando salgas, olvidate.

Mirar y ser mirada por las miles de fotos de las víctimas, sabiendo que no hay manera de resucitarlas.

Ver a los turistas sacándose fotos frente a los instrumentos de tortura, como si fuese algo “divertido”.

Leer los relatos de aquellos que fueron reclutados de niños y decidieron colaborar con el régimen para seguir vivos.

Ver que todavía, al día de hoy, no se hizo justicia y tal vez nunca se haga, ya que los mayores responsables murieron.

Saber que sólo siete de los miles de prisioneros sobrevivieron.

Escuchar aún hoy los gritos de desesperación, el llanto de los chicos, las plegarias de las mujeres.

Sentir el aire pesado, cargado de muerte, que quedó en todos estos lugares.

Entrar a una de las cuevas en las afueras de Battambang que también sirvió de fosa común y mirar desde abajo, cual víctima, el hueco desde donde arrojaban a la gente de lo alto.

Y pensar: no hay escapatoria.

Frente a la maldad humana no hay escapatoria.

Me afectó. No puedo no sentir nada frente a algo así. Es morbo, puede ser, porque de alguna forma ahora alguien gana dinero con la muerte, se la exhibe en un museo, se cobra entrada para presenciar la ausencia.

Pero sirve para generar conciencia, para que esto no se repita.

Y es una historia que no se puede pasar por alto si se visita este país. Porque la historia da forma al presente, y un lugar es lo que es, por consecuencia de lo que fue.

Y yo, personalmente, no puedo no sentir dolor, indignación, asco frente al ser humano que se dedica a matar a otras personas para lograr su cometido.

No puedo.

Hoy estoy indignada frente al mundo.

Camboya: cosas que veo desde la ventana (y que escucho desde el asiento de atrás)

I. Me gusta mucho viajar en colectivo

Hay gente que lo odia, se aburre, no soporta estar tres, cinco, diez, veinte horas arriba de un vehículo junto con tanta gente.

Para mí es una de las mejores formas de viajar y si pudiese recorrer el mundo entero en colectivo y evitar los aviones, lo haría (y escribiría un “Colectiveando por ahí”, o algo así…).

¿Por qué? Porque desde el avión solamente veo (de arriba y de lejos) el lugar del que me voy y el lugar al que llego.

Pero desde el colectivo veo todo lo que pasa entremedio. Desde la ventana del colectivo veo el camino.

Si miran el mapa del Sudeste Asiático desde Argentina, probablemente piensen que todos estos países “son iguales”.

A mí me pasa eso, por ejemplo, con Oceanía, no por ignorancia, sino porque es el continente del que menos sé y no me da la imaginación para diferenciar cada una de las culturas que viven ahí…

Y antes de viajar a esta porción del mundo también pensaba: ¿qué pueden tener de distinto países como Laos, Vietnam, Camboya, Tailandia, que están casi enroscados en el mapa y comparten un pedazo de tierra mucho menor que la superficie de Argentina?

De lejos, tendemos a homogeneizar.

Acá sucede lo mismo: mucha gente también cree que todos los países occidentales son una gran sucursal de Estados Unidos.

Vine a Camboya sin saber demasiado de Camboya (corrección: el Reino de Camboya) más que lo básico: calor, budismo, Angkor Wat, Khmer Rouge, Pol Pot y el genocidio que sufrió la población en los ’70.

No soy de las que se estudian el país de punta a punta antes de viajar. Al contrario, prefiero dejarme sorprender e ir aprendiendo a medida que veo.

Tuve el primer anticipo de Camboya desde la ventana del avión: este país es verde.

Las ciudades, los pueblos, las rutas, las aldeas están plagadas de vegetación, árboles, plantaciones de arroz, pasto. Se nota que se trata de un país rural.

Apenas dejé el aeropuerto y subí al tuk-tuk que me llevó al hostel en Siem Reap, vi algo que me llamó mucho la atención: las calles están “vacías” (en comparación con, por ejemplo, Indonesia, donde pareciera que no cabe uno más en la vereda), hay poca gente, el tráfico es mucho más tranquilo que en los países vecinos (a pesar de que acá también abundan las motos), hay pocos autos, mucha gente en bicicleta y muchos (muchísimos) chicos y personas jóvenes.

Dos datos interesantes: la población es de 15 millones y el 50 por ciento tiene menos de 20 años.

Toda una generación fue arrasada por el régimen dictatorial del Khmer Rouge (se calcula que aproximadamente 8 millones de personas murieron durante el régimen).

Viajando desde Siem Reap hacia Battambang, pueblo a unas cuatro horas, pude sentir la simpatía de los camboyanos.

En Siem Reap no es tan fácil conocerlos, porque ahí sos de un bando o del otro: turista o local, y los integrantes no se mezclan más que para hacer negocios.

Pero fuera de Siem Reap, todo cambia.

Acá los extranjeros no son vistos como “estrellas de cine” (no puedo evitar la comparación con el furor que causa la gente rubia en Indonesia), tampoco hay hostilidad (como me dijeron que pasa en ciertos lugares de Vietnam): acá la gente me sonríe muy cálidamente en todos lados e intenta comunicarse conmigo en inglés o con señas.

El viaje en colectivo hacia Battambang se atrasó dos horas a causa de las inundaciones que tapaban la ruta así es que tuvimos que hacer trasbordo a una combi, cruzar los charcos (llenos de chicos nadando con inflables) y subirnos al colectivo que nos esperaba del otro lado.

Pero entre tanda y tanda de gente tuvimos que esperar sentados al costado de la ruta una hora.

Hacía muchísimo calor, así que cuando apareció el vendedor de helados, todos compraron (los gustos más solicitados: durien, café y coco).

Un grupo de tres camboyanas me compró un helado para mí.

Apenas llegué a Battambang (ya de noche), uno los hombres que trabajaba en la terminal llamó al hotel donde me pensaba quedar para que me fueran a buscar a la terminal (que quedaba algo así como a dos cuadras de distancia).

Me ven viajando sola y se preocupan.

La mañana que hice el check-out de ese mismo hotel, los chicos de la recepción me regalaron un tejido típido de acá llamado krama, que sirve como “bufanda” y para taparse la cabeza del sol.

No me lo esperaba y fue una linda sorpresa.

En el viaje desde Battambang hacia Phnom Penh (la capital, a seis horas) vi uno de los contrastes más llamativos: casitas hechas de paja y palitos, a pocos metros de templos imponentes que parecen fabricados con oro.

Un templo tras otro, uno más impresionante que el otro.

Una casita tras otra, una más pobre que la anterior.

Los suburbios de Phnom Pehn (que, no se dejen engañar, por lo que vi ahora es como un pueblo grande, no llega a tener estatus de gran ciudad) me gustaron, a pesar de que los vi desde la ventana y a toda velocidad.

Mujeres con sus carritos vendiendo baguettes, herencia de la época en que fueron colonia francesa (en el Sudeste Asiático no es común ver que te vendan pan en cada esquina), más templos y (elemento nuevo), varias mezquitas (a pesar de que los musulmanes no superan el 2 por ciento por ciento de la población).

Siempre que viajo en colectivo, intento que me toque el asiento al lado de la ventana.

No hay nada que me guste más que avanzar por la ruta mirando el camino.

El problema es cuando sos extranjera, no podés disimular que sos extranjera, y llegás a un destino popular donde los taxistas y tuk-tuk drivers están literalmente al acecho.

Te ven por la ventana desde la calle, te señalan, se señalan a sí mismos como diciendo ya sé que me elegiste a mí de chofer, te esperan en la puerta, por poco te suben a la fuerza a sus transportes y si no respondés o decís que no, se enojan.

Nota mental: cuando esté llegando a una ciudad, cerrar la cortina de la ventana.

II. La vida secreta de las motos

Si venís al Sudeste Asiático, amigate con las motos.

No sólo vas a tener que esquivarlas (o rogar que te esquiven) cada vez que cruces la calle, también se van a convertir en tu transporte predilecto.

En Battambang decidí hacer un tour por las afueras con un conductor local que trabajaba en el hotel donde me estaba quedando: Mr. Bun Nak.

Fuimos en su moto y no paró de contarme cosas durante todo el viaje.

Que trabajaba para una ONG pero se aburrió de la oficina y decidió comenzar a trabajar en la industria turística.

Que habla cinco idiomas (khmer, inglés, lao, tailandés y holandés).

Que una vez tuvo una novia pero lo dejó porque él no quería casarse y ella sí, y en Camboya, si una mujer pasa los 25 años y sigue soltera, chau (en este país hay más mujeres que hombres).

Que le gusta la cultura europea porque es más “abierta” (la gente se va a vivir junta sin casarse).

Que el régimen de Pol Pot arrasó al país y mató a la gente más culta.

Que los camboyanos son gente tímida.

Dicho eso, me dejó al pie de un templo y esperó abajo a que yo recorriera.

Primero me crucé con un anciano, de esos que casi no se ven en Camboya, que me sonrió. Le pregunté dónde estaba el baño, y él, que obviamente no entendió, me invitó a sentarme al lado. Le hice un gesto con la cámara pidiéndole permiso para sacarle una foto. Asintió y se quedó petrificado con una sonrisa. Le agradecí y seguí camino.

Arriba, en el templo, me crucé con un grupo de mujeres camboyanas. Me miraron. Una de ellas, sin decirme nada, me agarró del brazo y me hizo posar para la foto que sacó otra con el celular. Después me mostró la foto y se fue.

Cuando estaba terminando el recorrido, apareció un monje budista que me preguntó de dónde era, de dónde venía, hacia dónde iba, cómo me llamaba. Le pedí una foto, se arregló la túnica naranja y posó.

Finalmente, cuando terminé mi recorrido y volví hacia donde me había dejado mi amigo motorizado, el policía me dijo que mi guía se había ido a desayunar, que lo esperara un ratito ahí y que, de paso, le explicara en qué consiste una democracia liberal ya que esa misma tarde tenía que dar una presentación oral en la universidad.

Dije lo que pude y le saqué una foto.

Y en todos lados, siempre, los nenes me sonríen.

En Angkor Wat una nena se divirtió posando para todas mis fotos.

En el Palacio Real de Phnom Penh estaba sentada en un banco y una nena de no más de tres años se subió al banco, se colgó de mi cuello y se puso a mirar mi cámara de fotos y a hablarme en khmer.

¿De qué timidez hablan?

Me encanta esta gente.

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Viajar a los templos de Angkor Wat: info y recomendaciones

***Última actualización: septiembre 2018

 Info importante

[box type=star][wc_fa icon=”asterisk” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Visa Camboya: se saca en los aeropuertos y fronteras de Camboya, pero también se puede hacer online en este link. Cuesta USD 35 por 30 días y se puede extender una sola vez.

[wc_fa icon=”asterisk” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Siem Reap: el pueblo más cercano a los templos de Angkor Wat, un lugar extremadamente turístico pero que igualmente vale la pena conocer. Hay muchísimos hostels, hoteles y guesthouses, así que hay muchísima variedad para elegir. Se consiguen desde 5 USD para arriba (dormitorio compartido).

[wc_fa icon=”asterisk” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] ¿Qué es Angkor Wat? Angkor es un complejo de templos hindúes (y luego budistas, cuando el Imperio Khmer cambió la religión oficial) que sirvió como base del imperio Khmer entre los siglos 9 y 13. Las ruinas de Angkor están ubicadas en medio del bosque y son patrimonio de la humanidad de la UNESCO. Angkor Wat es el templo principal y mejor conservado, y, según dicen, el monumento religioso más grande del mundo. Estudios demuestran que Angkor fue la mayor ciudad pre-industrial del mundo (le sigue Tikal, en Guatemala, de cerca).

[wc_fa icon=”asterisk” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Entrada a los templos de Angkor: cuesta 37 USD por un día, 62 USD por 3 días y 72 USD por 7 días. Mi recomendación es comprar la entrada de 3 días para ver todo con tranquilidad.

[wc_fa icon=”asterisk” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Ubicación y transporte: los templos están desparramados y separados en un área bastante extensa, así que la mejor opción es movilizarse de uno a otro en bicicleta (para quienes les de el estado físico, se consiguen desde 1 USD por día), tuk-tuk (de 10 a 20 USD por día), auto, taxi, moto o colectivo o combi privada.

[wc_fa icon=”asterisk” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Comida “barata” en Angkor: 3 a 5 USD

[wc_fa icon=”asterisk” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Comida en Siem Reap: desde 1.50 USD

[wc_fa icon=”asterisk” margin_left=”” margin_right=”” class=””][/wc_fa] Moneda: el riel (4100 riel equivale a un dólar). En Siem Reap todos los precios están en dólares y toda la industria turística se maneja en dólares (restaurantes, hoteles, hostels, mercados, etc).[/box]

Mis recomendaciones

Prepárense para el acoso. Va a empezar desde el momento que pisen Siem Reap.

– Lady! Lady! I take you to the temples!

– Lady, you want tuk-tuk?

– Lady como here, cheap food! LADYYYY!!

Los gritos de las mujeres son unos chillidos que recordarán hasta en sueños.

Siem Reap (como el Aguascalientes de Machu Picchu pero más grande y, en mi opinión, más lindo) es una ciudad orientada al turista, especialmente al turista con dinero. Entonces por más mochilero que seas, te van a querer cobrar fortunas hasta por respirar. Lo bueno es que siempre se puede regatear. Lo malo es que se vuelve muy irritante no poder caminar en paz por la calle y por los templos sin que te persigan los taxistas, los nenes vendiendo imanes y postales, las mujeres ofreciendo masajes, los hombres ofreciendo ropa, etc.

Por más NO que digas, no lo van a entender y son capaces de seguirte durante cuadras.

Así que una buena solución es escuchar música con auriculares o hablarles en castellano. A veces simplemente si no hablás inglés, te abandonan.

Vayan tres días a los templos y, si les da el estado físico, háganlo en bicicleta.

Para ir de un templo a otro se necesita transporte.

Se puede hacer caminando, claro, pero en ese caso les recomiendo sacar la entrada de siete días porque les va a llevar mucho tiempo.

Las rutas están asfaltadas, son anchas y cómodas. El paisaje es muy lindo, los árboles envuelven el camino y todo es verde verde, como un día en el campo.

Si creen que no pueden hacerlo en bici (yo hice solamente un día en bicicleta porque mi estado en este momento es medio patético), la segunda mejor opción es el tuk-tuk (cobran de 10 a 20 USD por día) o la moto (no alquilan motos a extranjeros, así que hay que ir con un conductor local que puede cobrar unos 10 USD).

Creo que tres días es el tiempo ideal para ver todo con tranquilidad y repetir los que más les hayan gustado.

Se puede ver todo en un día pero llegar a este lugar para correr… ¡no tiene mucho sentido!

Amíguense con la oscuridad y vayan a ver el amanecer. La entrada a los templos abre a las 5.30 AM y mucha gente llega a esa hora para ver el amanecer en Angkor Wat.

Yo decidí ir en bicicleta (serán unos 20 minutos desde la ciudad) y cuando llegué me di cuenta de que fui la única, todos fueron en tuk-tuk o colectivo privado.

Salí de mi hostel a las 5 AM y me puse a pedalear, literalmente, en la boca del lobo.

Creo que no podía estar más oscuro, y si hubiese ido con los ojos vendados seguro que veía más ;)

Me hice la canchera pensando que iba a haber algún farolito, pero nada, la ruta estaba completamente oscura. Así que me encomendé a Buda, Alá y un par de dioses hindúes y me fui nomás, rogando que alguno de ellos se copara y me preparara un amanecer con cielo rosa o naranja (mínimo).

Y, como me pasa siempre, a mitad de camino apareció mi ángel: una mujer que iba en bicicleta con su hija y una linterna y me iluminó todo el camino hasta llegar al templo.

El amanecer que me tocó a mí fue “lindo”.  Lo recomiendo si quieren sacar buenas fotos y pero más que nada para ver el templo con poca gente.

Sepan que van a formar parte de la G.O.F. de Angor Wat: La Gran Orgía Fotográfica. Nunca vi tanta gente sacando fotos a la vez. Foto de un Buda, foto de una piedra, foto del cielo, foto del templo, foto del monje, foto del amanecer, foto del atardecer.

Todos sacamos las mismas fotos.

Pero lo más gracioso es que es una especie de todos contra todos, porque la gente no saca fotos solamente de los templos, sino que le saca fotos a los turistas de otros países (con disimulo, obvio).

Las chinas le sacan fotos a los nenes estadounidenses, los estadounidenses le sacan fotos a las mujeres camboyanas, los franceses le sacan fotos a los coreanos tal vez.

Todos se sacan fotos con el monje budista cual Mickey Mouse.

Es así, un Asia vs. Occidente, donde todos parecen exóticos a los ojos del otro, y todos se fotografían.

Cuando me cansé de sacarle fotos a los templos, confieso que yo también me convertí en paparazzi y le saqué fotos a la gente.

También descubrí personas que me sacaban fotos de lejos y se escondían detrás de una piedra.

Y comprobé algo: no importa qué tan buena y de último modelo sea tu cámara, siempre, SIEMPRE, habrá un chino o japonés con una cámara mejor.

Y, por último, no pierdan la capacidad de asombro. Por más acoso, oscuridad y orgía de fotos que haya los templos de Angkor tienen bien merecido el título de maravilla del mundo.

Son impresionantes, un trabajo tan detallista y minucioso, e imponente a la vez…

Mientras caminaba entre las ruinas pensaba qué tipo de civilización pudo construir algo así…

Pareciera que vienen de otro mundo. Y cómo las palabras no sirven en estos casos, acá les dejo varias fotos.

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Mi llegada a Siem Reap de mal humor y mi amigo el tuk-tuk driver

Llegué a Siem Reap a las 7.05 AM del martes 19, sin haber dormido en toda la noche y agotada de tanto caminar en Singapur los dos días anteriores.

Cualquiera que haya tomado un vuelo en estos horarios estrambóticos sabe lo cansador que resulta para el cuerpo y para el ánimo (ejemplo: vuelo que sale a las 5 de la mañana: tenés que estar en el aeropuerto dos o tres horas antes, por ende salir una hora antes de tu casa, por ende prepararte dos horas antes, por ende… terminás pasando la noche sin dormir).

Dormí media hora en el aeropuerto, mientras esperaba para embarcar, y una media hora entrecortada con la cabeza sobre la mesita de adelante durante el vuelo.

Cuando estábamos por aterrizar pensé que lo único que quería era tirarme en paracaídas y descender sobre una cama.

No me importaba Cambodia, Camboya, como se diga, ni Angkor Wat, ni nada.

Para que vean que no iba de lo mejor predispuesta.

Además, a todo esto podríamos subar que ya estaba extrañando horrores a mi novio y pensaba quién corno me mandó a viajar a Camboya me quiero volver a Indonesia ya.

Pero la vista del avión me despejó y me devolvió el asombro y el ánimo.

Creo que la mayoría de los vuelos que tomé anteriormente en mi vida aterrizaron en capitales, en grandes ciudades llenas de autos y edificios. Y ahora me doy cuenta de que lo estresante de tomar un avión es llegar, tener que hacer todos los trámites aeroportuarios por segunda vez para después tener que enfrentarse al tráfico y atravesar una ciudad muchas veces desconocida.

Por eso cuando vi que estábamos descendiendo sobre un colchón verde, con casitas de madera desparramadas por ahí, con charcos de agua por todos lados (que bien podrían ser lagos o producto de las inundaciones, no lo sé), con el sol recién salido y un silencio que se sentía desde el avión, me entusiasmé.

Sentí que estaba llegando al campo, y ya me gustó.

Bajé del avión, entré al mini aeropuerto y lo que vi me dio risa: una mesa con doce camboyanos vestidos de uniforme, sentados formando un semicírculo, serios y formales cual reunión de las Naciones Unidas.

Eran los encargados de preparar las visas turísticas para entrar al país.

¡¿Doce camboyanos para esta tarea?!

Sí, el primero te pide que llenes el formulario y le des una foto carnet junto con tu pasaporte, el segundo te cobra (20 dólares por una visa de un mes) y el número doce te devuelve el pasaporte cinco minutos después.

Qué pasa entre el número tres y el once, es un misterio.

Yo creo que se pasan el pasaporte de mano en mano, cada uno escribe una letra del nombre, el número once lo sella y el doce te lo devuelve con una sonrisa.

Hola Camboya.

Salí del aeropuerto diez minutos después (nunca tan rápido) y me encontré con algo mejor aún: tres camboyanos sosteniendo carteles, y uno de ellos, el más bajito y con cara simpática, agarrando uno que decía Welcome to Siem Reap, Ms. Aniko Villalba.

Creo que los tres estaban haciendo apuestas a ver a quién le tocaba llevarme a mí, porque cuando me acerqué al del medio y le puse cara de hola soy Aniko, miró a los otros y les dijo ¡JÁ! (en khmer, su idioma, no sé cómo será, pero hizo el típico gesto de “¡los cagué!”).

Y me puse de mejor humor aún cuando vi el transporte que manejaba: un tuk-tuk (moto-taxi) que parecía una carroza.

¿Cómo sabía este hombrecito que yo llegaría a esa hora a ese lugar?

Estando todavía en Indonesia empecé a buscar gente de Couchsurfing con quien quedarme en Siem Reap, pero me desilusioné un poco al ver que todos los que ofrecían alojamiento eran dueños de hostels que le ponían la mejor onda y pedían la tarifa correspondiente a cambio.

No me gustó eso de que usaran Couchsurfing, una comunidad de hospitalidad en la que no debe haber dinero de por medio, para ofrecer y difundir sus servicios, así que decidí buscar directamente un hostel por medio de Booking (página que recomiendo junto con Trip Advisor, la primera para hacer reservas online y la segunda para leer críticas de hostels).

Reservé uno que me pareció super barato y por la cantidad de cosas gratis que ofrecía: desayuno, bicicletas, internet, wi-fi, tuk-tuk para ir al pueblo, etc, todo por dos dólares la noche (en cuarto compartido).

En Siem Reap hay muchísimos hoteles, hostels y B&B, ya que es un pueblo que tiene la (buena o mala) suerte de estar casi al lado de los templos de Angkor Wat, una de las nuevas maravillas del mundo y el principal centro turístico del país.

Así que así fue como conocí a Mr. Som Art, quien sería mi “tuk-tuk driver” los próximos dos días por el pueblo y por los templos de Angkor Wat (de este lugar increíble hablaré en el próximo capítulo).

Durante los 25 minutos de recorrida entre el aeropuerto y el hostel, todo lo que vi me gustó.

Primero, naturaleza por todos lados.

Árboles altísimos al costado de la ruta, plantaciones de arroz, muchos chicos caminando por la calle y andando en bicicleta, puestos callejeros de venta de comida, hombres cargando fardos de pasto y arriando animales, muchas menos motos que en el resto de los países asiáticos, muy pocos autos, más tranquilidad y un aire pesado y puro de campo.

Llegué al hostel (impecable, un lujo), donde la dueña (local) me recibió con un jugo de naranja y una cama preparada.

Agotadísima, no pude más con mi alma y dormí todo el día sin culpa.

Perdón por la falta de encuadre, iba en el tuk tuk a toda velocidad

Camino al hostel

Dentro del hostel (un lujo!)

Nena que me recibió en el hostel

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