Datos y consejos para viajar al Sudeste Asiático

[Última actualización: junio 2021]

En esta guía encontrarán recomendaciones útiles, datos y consejos aquellos que estén planeando viajar por el Sudeste Asiático (o para los que aún no se animan) y especialmente quienes quieran viajar mucho, conocer aún más y gastar lo menos posible (¡para poder seguir viajando!).

La guía está dividida en cuatro partes:

Parte I: Todo lo que querías saber antes de viajar al Sudeste Asiático (o la sección de preguntas Frecuentes), en donde podés encontrar muchas de las respuestas a preguntas que me han hecho en el blog y también en redes sociales.

Parte II: Visas que se requieren para viajar al Sudeste Asiático

Parte III: Presupuesto para viajar al Sudeste Asiático

Parte IV: Links y descuentos para tu viaje

 


Parte I: Información útil para planear tu viaje al Sudeste Asiático

Esta guía está basada en mis experiencias de viaje en Tailandia, Malasia, Singapur, Indonesia, Filipinas, Laos, Camboya, Vietnam, China (sur), Hong Kong, Macau

 

¿Qué vacunas debo ponerme para viajar al Sudeste Asiático?

Con excepción de la fiebre amarilla, no es obligatorio vacunarse pero sí es recomendable. Lo mejor es consultar el departamento de Medicina del Viajero de cualquier hospital o bien ir a Stambulian/Vacunarse o similares para ver qué conviene en cada caso.

Al viajar, yo me puse las siguientes vacunas: Hepatitis A, Hepatitis B, Tétanos-Difteria, Fiebre Tifoidea, Fiebre Amarilla, Polio, Meningitis. No me di la de la Rabia, ni la del Cólera, ni la de Encefalitis Japonesa (que no se consigue en Argentina).

El tema de las vacunas es un tema sensible y muy personal así que mi recomendación es que consulten a su médico de confianza.

 

¿Te piden el certificado de vacunación al entrar en el Sudeste Asiático?

Me pidieron el certificado de vacunación solamente una vez en todo el viaje, en el aeropuerto de Bangkok para chequear que tuviera la vacuna de Fiebre Amarilla. Si bien no te lo piden si podés demostrar que no venís directamente de Argentina, personalmente recomiendo llevarlo siempre.

 

¿Qué guía de viaje me recomendás leer para viajar al Sudeste Asiático?

La más famosa es la [eafl id=”21160″ name=”Lonely Planet Southeast Asia” text=”Lonely Planet: Southeast Asia on a shoestring”]. Es útil para tener mapas, datos de hostels, teléfonos y direcciones útiles, precios, transportes, idiomas, etc. En el Sudeste Asiático se vende por todos lados y mucho más barata que en Argentina. Hay truchas, usadas, fotocopiadas, originales, viejas, viejísimas y actuales. Yo compré la mía en el aeropuerto de Bangkok. A veces la uso, a veces no tanto, pero siempre viene bien. Ah, eso sí, es un peso más en la mochila. Traten de no caer en lo que llaman el “Banana Pancake Trail“: un ruta informalmente creada por la Lonely Planet y que todos los fieles siguen cual camino hacia la verdad. Sálganse del circuito y busquen sus propias rutas si no quieren ver siempre a la misma gente ;)

 

¿Me conviene usar efectivo, tarjeta de crédito, tarjeta de débito o cheques del viajero?

Lo más cómodo es tener una reserva de efectivo en dólares (por las dudas) y el resto en una tarjeta de crédito o débito. Hay cajeros y bancos por todos lados, también abundan las casas de cambio, así que no es necesario cambiar todo el dinero de antemano. El país en el que más me costó conseguir un cajero electrónico fue en Laos, especialmente en el norte, ya que es muy rural.

Yo no traje cheques del viajero porque hay muchos lugares que no los aceptan o cobran comisión.

 

¿En qué medios de transporte me conviene moverme de un punto a otro?

Depende. Si vas con los días contados (por ejemplo 15 días de viaje), tal vez lo más efectivo sea moverte en avión, aunque al tiempo del vuelo tendrás que sumarle el tiempo de traslado y espera en los aeropuertos. Lo bueno es que en el Sudeste Asiático hay muchas aerolíneas low-cost que te permiten viajar rápido y barato de un punto a otro. Dicho esto, no todas las rutas están cubiertas de manera aérea, así que en varios casos vas a tener que ir por tierra sí o sí. Si estás viajando con tiempo (al menos un mes) o solo querés recorrer un país, te recomiendo viajar por tierra (en trenes o autobuses) o en barco/ferry (si existe la posibilidad). Ir por tierra te permite ver los cambios de paisaje, moverte a un ritmo más lento y disfrutar más el camino (sobre todo si, como a mí, no te gusta volar). Si querés saber cuánto te costaría ir de un punto a otro del Sudeste Asiático en bus, tren o ferry, te recomiendo usar Bookaway.com para comparar precios y hacer la reserva de manera online y con anticipación.

 

¿Es seguro viajar por el Sudeste Asiático?

El Sudeste Asiático me pareció muy seguro. Yo soy mujer, viajo sola, llevo una cámara réflex y una laptop y jamás tuve ningún tipo de problema (excepto cuando me robaron y me devolvieron todo, pero fue una situación extremadamente RARA). Siempre hay que ser precavidos, pero la conclusión que puedo darles después de viajar un año sola por el Sudeste Asiático es que esta parte del mundo es muy segura en cuanto a robos y violencia. Los problemas que se pueden encontrar son los desastres naturales como terremotos, erupciones volcánicas, tsunamis… aunque yo tampoco me crucé con nada de eso. De todas maneras, un consejo que les dejo (¡para todos los viajes!) es llevar un pequeño candado que se puede usar para cerrar la mochila/valija o para trabar los lockers en los hostels y poder dejar en un lugar seguro las cosas importantes.

 

 ¿Hay buen acceso a internet en el Sudeste Asiático?

La conexión a internet es muy buena en capitales y grandes ciudades que están llenas de cibercafés y redes de wi-fi para acceder a internet.

En general cobran entre USD 0.30 a USD 2 la hora, dependiendo del país (precio 2010, este es un dato retro).

Los países más complicados para acceder a internet fueron Laos (no hay tantos lugares de acceso, hay muchos pueblos que desconocen la internet) y China. En China, la Gran Muralla de Fuego puesta por el gobierno no permite acceder a páginas como Facebook, Youtube, Blogger, WordPress, Twitter, entre muchas otras; tampoco hay tantos cibercafés ya que los que existen son “medio ilegales” según me dijeron y no tienen local a la calle sino que están ubicados en el interior de algún edificio, entonces son difíciles de encontrar.

 

¿Cómo es el clima?

A grandes rasgos, el Sudeste Asiático tiene clima tropical todo el año: la temperatura promedio es de 30°C, la humedad es muy alta y llueve bastante. Cada país (o región), sin embargo, tiene su propia época de lluvias y hay que tener en cuenta que a veces las lluvias son tan fuertes que es complicado viajar.

  • Malasia, Brunei, Singapur, Indonesia y las Filipinas tienen dos estaciones: la de lluvias y la seca. En general, en estos países la época de lluvias se extiende entre octubre y abril (invierno, temporada baja) y la época seca entre mayo y septiembre (verano, temporada alta). La época seca puede tener temperaturas un poco más altas (hasta 35°C) y la de lluvias más bajas (hasta 25°C)
  • En la Península de Indochina (norte de Tailandia, Laos, Camboya, Vietnam y Birmania) las temperaturas anuales oscilan entre los 20 y 40°C y hay cuatro estaciones o épocas diferenciadas (pero no como las que tenemos en Argentina): 1. calor (alrededor de abril, cuando la temperatura alcanza los 40°C); 2. lluvias (empiezan a partir de julio, pero no duran todo el día, son más que nada chaparrones en algún momento del día); 3.  seco y 4. seco y “fresco” (de noviembre a febrero, temporada alta)
  • En el Sudeste Asiático existen zonas de montaña con clima propio, generalmente más fresco que cerca del mar. Allí las temperaturas oscilan entre 15 y 25°C, por lo que es recomendable llevar algo de abrigo si se planea ir a estas regiones (como por ejemplo SaPa en Vietnam).

 

¿Tendré problemas con el idioma?

En Asia se hablan cientos de idiomas y como se imaginarán es imposible aprenderlos todos. Muchas veces me preguntan lo mismo: ¿Cómo hacías con el idioma? Según mi experiencia, con el inglés se van a arreglar bien.

Hay países como Malasia y Singapur donde el inglés es uno de los idiomas oficiales.

En todas las zonas turísticas de Asia (diría del mundo tal vez) se habla algo de inglés. En la península de Indochina (Laos, Camboya, Vietnam) también se habla un poco de francés.

Les recomiendo, igual, que se lleven un “Phrasebook” (librito con frases útiles en otros idiomas) y que intenten aprender aunque sea unas palabras del idioma local.

El lugar más difícil en cuanto al idioma es China, ya que no todos hablan inglés. Pueden leer este artículo que escribí en la web de Matador al respecto: How to travel around China without speaking the language

Las señas y las sonrisas son universales. 

Sin embargo, si querés aprender unas nociones del idioma antes de aventurarte, una de tus opciones sería la de realizar un curso del idioma en el extranjero. ¿Qué te va permitir tomar un curso de idioma en otro país? Cuando viajes, vas a poder conectar muchísimo más con la gente, vas a poder preguntar más y usar tu curiosidad para aprender todo acerca de otra cultura. Así, en lugar de gastar tu energía viajera en pensar “cómo se dice…” vas a invertirla en pasar tiempo con locales y aprendiendo cosas que quedarán para siempre en tu memoria.

 

¿Cuáles son los lugares imperdibles del Sudeste Asiático?

Recibo muchos mails de ustedes preguntándome acerca de “los lugares imperdibles” del Sudeste Asiático (lo que no hay que dejar de ver en un viaje corto) y la verdad es que me cuesta mucho responder, ya que depende mucho de los gustos de cada uno y de qué expectativas tienen para el viaje (¿qué quieren ver: playa, selva, montañas, templos, ciudades?).

Imaginen que después de estar un año y medio en Asia se me hace muy difícil elegir pocos destinos.

Además, yo puedo darles una respuesta general, basada en mis gustos, pero eso no quiere decir que sean los únicos lugares que valen la pena. Así que acá les dejo dos post que escribí con “Mis 10 lugares preferidos de Asia” como para que vayan viendo:

Mis 10 lugares en el Sudeste Asiático y China – parte I

Mis 10 lugares en el Sudeste Asiático y China – parte II

 

1¿Cuánto tiempo necesito para viajar al Sudeste Asiático?

Esta es una muy parecida a la pregunta anterior, y es muy personal: tiene que ver con el tiempo con el que cuentes para viajar, el tiempo que quieras estar en cada país teniendo tus intereses y sensaciones (a veces un país nos gusta más que otro, sin más razón que esa), cuanto margen tengas para moverte libremente entre los países del Sudeste Asiático… Para conocerlos, conocerlos, se necesita toda la vida ;)

 

¿Desde dónde salen los vuelos más baratos para viajar al Sudeste Asiático?

¡Depende de donde te encuentres! Más adelante hablo un poquito sobre los vuelos entre países, pero en este artículo ya escribí al respecto de cómo buscar vuelos baratos y el artículo te puede servir en este caso también

 

¿Tengo que demostrar pasaje de ida y vuelta para viajar a algún país del Sudeste?

Más adelante te cuento más específicamente sobre las visas. Las aerolíneas al embarcar te piden que puedas demostrar que te vas a ir del país al que viajás (¡cuestiones legales de las aerolíneas!). No tiene que ser un pasaje de regreso a tu país de origen, pero sí tenés que podés demostrar que te vas. ¿Cómo? Buscando un vuelo barato (¡el más barato!) a un país vecino, comprando un pasaje en bus o tren, demostrando que sacaste otra visa para visitar otro país…

 

¿Qué otros artículos puedo leer sobre los lugares que visitaste en tu viaje al Sudeste Asiático?

 

¿Escribiste un libro sobre tu viaje a Asia?

¡Sí! Un tercio de mi primer libro Días de viaje, está dedicado a mi viaje por Asia.

Ahí cuento cómo fue terminé en Bangkok, por qué me sentí una estrella de cine en Indonesia, cómo hice para viajar un mes por China sin hablar el idioma, cómo fue el roadtrip con los curas filipinos, qué hice con los naipes que empecé a encontrar en todas partes, entre otras cosas.

Si les interesa, pueden leer el prólogo y un capítulo online, y comprarlo en mi Tienda.

 


Parte II: Visas para viajar al Sudeste Asiático

La mayoría de los países del Sudeste Asiático requiere visa para entrar.

Algunas se pueden sacar en el aeropuerto o la frontera al llegar, y otras deben tramitarse antes en Argentina o en cualquier país del SEA (Sudeste Asiático).

Esta es la lista de países que visité hasta ahora (esta información sirve para argentinos. Para chequear la situación de otras nacionalidades entrar en este link.)

 

1) Países que no requieren visa

  • Tailandia: no piden visa, te dan mínimo 60 días de estadía.
  • Malasia: no piden visa, te dan mínimo 60 días de estadía.
  • Singapur: no piden visa, te dan mínimo 60 días de estadía.
  • Filipinas: no piden visa, “en teoría” te dan 21 días de estadía (a mí me dieron más) y tenés que pagar un impuesto de salida del país de 30 USD.
  • Hong Kong/Macau: no piden visa, te dan un mínimo de 30 días de estadía. OJO: chequear la situación de Macau ya que en varios sitios de internet dice que los argentinos requieren visa para entrar.

 

2) Países con visa on arrival (se saca en el momento de llegada al país):

  • Indonesia: podés sacar la visa de 30 días al llegar al país (USD 25) con posibilidad de extenderla una vez. También podés sacar la visa turística de 60 días en cualquier embajada o consulado de Indonesia antes de viajar (cuesta USD 50 y se puede extender hasta tres veces para quedarse un total de seis meses, pero se necesitan presentar más documentos y una carta de sponsoreo de un residente indonesio).
  • Camboya: podés sacar la visa de 30 días al llegar al país (20 USD), se puede extender una vez. ACTUALIZACIÓN 2021: el visado para Camboya ahora se puede pedir de manera online antes de viajar. Podés hacerlo a través de e-Visado.es, una agencia española de visados en la que también podés solicitar visas para otros países asiáticos.
  • Laos: se puede sacar la visa en todos los aeropuertos y en casi todas las fronteras terrestres. Es válida por un mes y cuesta USD 25 para argentinos.

 

3) Países que requieren sacar visa con antelación (a sacar en las respectivas embajadas en Argentina o en cualquier país del mundo):

  • China: piden visa anticipada. Se puede tramitar en Argentina o cualquier otro país de por acá. Es muy común sacarla en Hong Kong. Yo la saqué en Kuala Lumpur (Malasia) en tres días y me costó 50 USD por un mes.
  • Vietnam: hay que sacar la visa antes, yo la tramité en Phnom Penh (Camboya) por medio de un hostel (yo ni pisé la embajada) y estuvo lista en dos días hábiles. Cuesta alrededor de 35-50 dólares por un mes, según dónde la saques. A mí me costó 40.
  • India: hay que sacarla con anticipación en “cualquier embajada de la India del mundo”, para argentinos es gratis. En Buenos Aires, el trámite se realiza en un día, pero en el SEA lleva por lo menos seis días hábiles según el país donde se aplique. OJO: ya no se puede adquirir en Malasia ni en Singapur siendo turista extranjero (es necesario ser residente).

 


Parte III: ¿Qué presupuesto necesito para viajar al Sudeste Asiático?

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Todas las cifras que aparecen en mi blog son reales ya que son los precios que pagué por comida/alojamiento/transporte/etc, en cada país o ciudad durante mi viaje en el 2010. (Puede que algunos precios estén desactualizados… o no.)

Yo viajo con un presupuesto de mochilera low-cost, lo que significa que gasto lo menos posible en alojamiento, me alimento siempre en los mercados callejeros o puestos de comida locales, muchas veces me alojo en casas de familia, siempre compro los pasajes de bus directamente en la terminal (no compro los pasajes que ofrecen las guesthouses), no hago demasiados tours y voy de un lado a otro a pie o en transporte público.

Mi objetivo es gastar lo menos posible para poder seguir viajando, y esto es algo que implica un esfuerzo extra ya que me tomo el tiempo de buscar precios en guesthouses, o camino hasta la estación para comprar allí mis pasajes en bus, etc. o incluso hago todas las combinaciones posibles de transporte público para llegar a destino pagando el precio más bajo.

Entonces si les interesa viajar con más comodidad no se guíen por estos precios, aunque les pueden servir para tener en mente un aproximado.[/box]

 

Algunas aclaraciones:

  • No es fácil darles un presupuesto porque todo depende de cuánto tiempo quieran viajar, a qué ritmo y de qué manera.
  • Lo mejor es calcular los gastos aproximados por día y en dólares (o euros).
  • Las cifras que doy son promedios ya que los precios varían de un país a otro y de una ciudad a otra.
  • En este presupuesto no está incluido el costo del pasaje desde Argentina (o cualquier lugar del mundo) a Asia.
  • En algunos países como Indonesia se puede vivir con 15 dólares diarios, otros como Malasia, Hong Kong o Singapur son un poco más caros. Pero, a muy grandes rasgos (todo depende del país que se visite) y sin contar pasajes de avión, pueden viajar bien (como mochileros y sin lujos) gastando entre 15 y 40 dólares por día.

 

1) Alojamiento

Los Hostels y Guesthouses son las opciones más baratas en cuanto alojamiento:

  • Dormitorio compartido en un hostel (“dorm”): de 2 a 10 dólares por noche por persona (cada dormitorio se comparte con 4 – 12 personas; se paga por cama, no por habitación)
  • Habitación privada simple/doble en un hostel: de 4 a 20 dólares por noche
  • Habitación privada simple en un guesthouse: a partir de 5 dólares (a veces con baño propio y a veces con baño compartido. Estas habitaciones “simples” generalmente tienen dos camas, por lo que viajar de a dos a veces significa que tendremos un menor presupuesto que viajando solos)
  • Habitación privada simple en un hotel 2 estrellas: a partir de 10 dólares (hay ciertas ciudades de China donde no existen los hostels ni guesthouses, por lo que la mejor opción es recurrir a los hoteles dos estrellas)

Los hostels generalmente incluyen varios servicios como wi-fi, pileta de natación, mini cine con DVDs, información turística, alquiler de bicicletas, servicio de pick-up desde el aeropuerto o estación de tren/bus (si el hostel se reserva de antemano por internet, el servicio de pick up en general es gratis). También ofrecen servicio de lavandería y desayuno que se paga aparte.

Las guesthouses son más básicas que los hostels y en general solamente ofrecen alojamiento, sin servicios extra.

Los alojamientos más caros son los de las grandes ciudades o capitales. Las ciudades más caras en cuanto a alojamiento son Kuala Lumpur (una cama en un hostel cuesta como mínimo 10 dólares), Singapur (a partir de 15 dólares), Hong Kong (a partir de 15 dólares por persona en Chungking Mansion) y Macau.

Otra opción es sumarse a alguna de las comunidades globales de hospitalidad como Couchsurfing o Hospitality Club para alojarse gratuitamente en casas de familia.

 

2) Alimentación

La comida en el sudeste asiático es muy barata y está por todos lados: el deporte nacional en este lado del mundo es comer.

  • En los mercados pueden conseguir snacks y frutas desde 50 centavos de dólar
  • Pueden almorzar y cenar en los puestos callejeros por 1-2 dólares y en los restaurantes locales por 2-4 dólares.
  • Lo más caro siempre son los restaurantes turísticos o los locales de comida en áreas turísticas: allí de base siempre pagarán 3 dólares.
  • Estos precios corresponden a los platos de comida típicos de cada lugar y no a la comida occidental (hamburguesas, pizza, spaghetti, asado) que venden por todos lados a precios turísticos.
  • Hong Kong y Macau son los dos lugares más caros en cuanto a comida, allí un plato de noodles empieza en 3 dólares y la comida más elaborada, de 5 dólares para arriba.

Aquí te dejo algunos artículos que escribí con mis experiencias probando comida asiática: en Indonesia, Tailandia, Malasia y China.

 

3) Transporte

  • Dentro del país
    Por tierra, hay que calcular entre 1 – 2 dólares por cada hora de viaje en bus (es decir que un viaje de 10 horas debería costar unos 10 dólares) y aproximadamente 2 dólares la hora de viaje en tren.
    En Tailandia te venden el combo de pasajes (colectivo-barco-tuktuk-barco-colectivo) que siempre resulta un poco más caro.
    Lo más económico siempre será ir directo a la terminal terrestre y sacar un pasaje en la ventanilla para el próximo colectivo que salga.
    También existe la opción de comprar un pasaje “VIP” en el hostel o guesthouse con servicio de “pick-up” hasta la terminal, pero muchas veces cuesta el doble que el pasaje comprado sin intermediarios en la terminal ya que estos hostels ofician como agencias de viaje y cobran una comisión.
    También existe la opción de
    viajar en tren, especialmente en Tailandia, Vietnam, Malasia y partes de Indonesia; es un poco más caro pero mucho más rápido, cómodo y seguro.
    Por otro lado muchos viajeros alquilan bicicletas o motos para hacer pequeñas distancias y recorrer más a fondo cada lugar al que llegan. El precio aproximado de alquiler de bicis desde USD 1 por día y motos desde USD 5 por día.
  • Entre países
    En el Sudeste Asiático hay varias aerolíneas low cost que te permiten viajar de una ciudad o país a otro por mucho menos de USD 100 el pasaje.
    Si sacas tu vuelo con mucha anticipación, los precios serán mucho más bajos (¡y siempre hay ofertas con precios super baratos, así que atentos!).
    En este artículo podés leer más acerca de
    cómo comprar un vuelo barato por internet (toda una ciencia, aunque no lo parezca).
    Para quienes no necesiten volar, las fronteras se pueden cruzar por tierra en colectivo, en tren o en barco (según el país).

 

4) Tours, excursiones, entradas, etc.

Siempre suman al presupuesto y acá no puedo dar datos exactos porque hay demasiadas variables. Pero un tour de un día cuesta entre 1o y 35 dólares (en las agencias de viajes orientadas a mochileros) y las entradas a museos de un dólar en adelante (a veces menos).

 


Parte IV: Links y descuentos para que disfrutes de tu viaje

El barco pirata barrilete.

Nota: le pongo muchas horas de viaje, caminatas, investigación y trabajo a estas guías prácticas y te las ofrezco de manera gratuita porque es lo que a mí me hubiese gustado leer antes de viajar. Si te sirven para planificar tu viaje, por favor intentá reservar alguno de los siguientes servicios (vuelos / hoteles / Airbnb) a través de estos buscadores. Si lo hacés, me dan una pequeña comisión que no se suma al precio final de tu compra y que me ayuda a seguir viajando y publicando guías como esta. ¡Gracias!

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Este post contiene enlaces de afiliado y enlaces patrocinados.

Dos días en la vida (nunca vienen nada mal y mucho menos en Singapur)

Transmitiendo en vivo desde Changi International Airport (Singapur)
01:27 AM del martes 19 de octubre
– esperando mi vuelo a Siem Reap (Cambodia) que sale a las 6 AM.

¿Alguna vez te tocó dormir en un aeropuerto?

¿O hacer una conexión con largas horas de espera?

¿O quizá tuviste la mala suerte de sufrir una huelga o cancelación de un vuelo por condiciones meteorológicas? Y te preguntaste, ¡¿por qué a mí?! ¿Y ahora qué [insertar adjetivo correspondiente según el grado de enojo] hago en este lugar de [insertar adjetivo otra vez]?

Les voy a presentar una página que les va a solucionar la vida, donde sea en el mundo que se hayan quedado varados.

 The Budget Traveler Guide to Sleeping in Airports: algo así como la guía para dormir en aeropuertos para aquellos que viajan con poco presupuesto, porque si tenés presupuesto, ni loco dormís en el piso, ¿no?

A mí me parece una experiencia por la que hay que pasar, al menos una vez en la vida.

Esta guía ofrece “reseñas” aeropuerto por aeropuerto, con opiniones de los usuarios acerca de “qué piso es más cómodo”, “de dónde NO te echan los de seguridad”, “donde da menos/más el aire acondicionado”, “objetos necesarios para pasar la noche en un aeropuerto”, “tips para que no te roben mientras dormís”, “mejores/peores aeropuertos del mundo” y mucho más.

Les aseguro que si no logran encontrar el lugar óptimo para dormir, se les va a pasar el tiempo leyendo esta página adictiva, divertida y muy útil.

dormido

Y el premio a mejor aeropuerto (invicto desde 2006 y por K.O.) es para…

Chan chan chan…

¡CHANGI INTERNATIONAL AIRPORT SINGAPORE! ¡Vamos todavía! ¡Changi acá estoy!

El aeropuerto de Singapur es mejor que cualquier casa de familia: tiene wi-fi gratis, pileta de natación, hotel, duchas, locker, internet gratis (con computadoras y todo), películas gratis, videojuegos gratis, jardines, tren propio para ir de un lugar a otro, bandas y música en vivo, karaoke, sillas muuuy cómodas y reclinables, música ambiente, tours gratis por la ciudad (en caso de que la espera sea más de 5 horas entre vuelo y vuelo), comida las 24 horas y pisos alfombrados y acolchonaditos.

Lástima que todavía no puedo entrar a este paraíso porque el check-in para mi vuelo abre en dos horas.

Antes de pasar migraciones, este aeropuerto no tiene nada demasiado especial más que la limpieza y tranquilidad.

Pero una vez adentro… hay gente que le dedica un día entero al aeropuerto-tour (¡de verdad!).

Qué demonios hago en Singapur se preguntarán.

Saqué el pasaje hace un tiempo para la fecha en que se me vencía la visa de Indonesia, pero sin saber adónde iría después.

Finalmente el público votó Camboya-Vietnam así que decidí pasar dos días de mi vida en Singapur antes de volar a Siem Reap.

¿Por qué?

Porque es un respiro. Porque es un placer. Porque es un descanso. Pasar dos días en Singapur te renueva. Es un lugar ordenado, limpio, eficiente, correcto en todo sentido y encima con onda.

No sé por qué mucha gente cree que es un lugar aburrido y lo saltea en su itinerario por el Sudeste Asiático.

Yo caminé por los mismos lugares donde estuve la vez anterior (en mayo de este año) y encontré cosas nuevas y distintas, aunque también me choqué con fotos que ya había sacado.

Me quedé en el departamento de Kuni (otra vez), un Couchsurfer japonés que ya alojó a más de… ¡540 personas!

Un monoambiente en un condominio con una pileta de natación que es un sueño y puertas que no se abren con llave sino con clave.

Kuni confía en sus huéspedes, los deja en su casa mientras él se va a trabajar, les da la clave de la puerta y del wi-fi y jamás, JAMÁS, tuvo una mala experiencia ni tampoco le faltó nada.

Al contrario, tiene un cuaderno (“guestbook”) cada vez más lleno de mensajes de agradecimiento, fotos, cartas y souvenirs, una heladera llena de imanes y una biblioteca llena de postales.

La hospitalidad EXISTE.

Hay más gente buena que mala en este mundo…

Así que después de dos días en los que me la pasé nadando, comiendo, caminando, comiendo, viajando en subte, comiendo, caminando, transpirando, comiendo, pensando mecortoelpelo-nomelocorto-mecortoelpelo-nomelocorto (me incliné por el no), acá estoy, en “El Mejor Aeropuerto del Mundo”, escribiendo y pasando el tiempo hasta que me toque la hora de hacer el check-in.

Singapur es una ciudad muy internacional que da para hacer un ¿Adivine qué nacionalidad? (Guess which nationality?), y eso hice desde que llegué.

Me pareció ver muchos argentinos, algo que no me pasaba hace tiempo (con excepción de Hong Kong).

El primero fue uno que se quejaba frente a la máquina expendedora de boletos de subte de última generación con un acento sospechosamente latino y una actitud sospechosamente porteña: Bat nou! Jau is dis posibel! Ai put de coin and nou tiket!

Hasta que llegó un guardia y amablemente le explicó que la máquina no acepta un billete tan grande para una compra tan chica.

El tipo murmuró y quiso hacerme cómplice de la situación, me miró y puso cara de “es de no creer”, a lo que yo ni abrí la boca.

Después vi (o me pareció ver) varios más caminando por la calle. No hablaron cerca mío así que no pude corroborar, pero entre nosotros nos reconocemos…

Lo que me hace sentir orgullosa, más allá de mi habilidad (?) para reconocer argentinos a la distancia, es que ya soy capaz de diferenciar nacionalidades asiáticas. Cosa que antes jamás.

Ese, por la forma de los ojos y la manera de caminar, es japonés, te lo firmo. Esas dos que se ríen así son malayas. Esos con esa actitud tan despreocupada y alegre… ¡filipinos!

Y también logro diferenciar idiomas asiáticos.

Qué lindo, qué felicidad. Mi viaje progresa.

Lo que no progresa es el tiempo.

Todavía una hora y media más para poder hacer el check-in…

Y después, vuelo directo a Siem Reap (Angkor Wat, ¿les suena?).

País nuevo, expectativas y un poco de nervios.

Especialmente por Vietnam… 9 de cada 10 viajeros me hablaron “mal” de Vietnam. Ya les contaré mi experiencia cuando esté allá.

Cambio y fuera.

templo

Templo en Chinatown

naughty copy

Todos miraban en esa dirección

noodle

Pero los mejores, eh.

peluqueria-express

Casi casi me animo. Peluquería “express” de Tokio que abunda en las estaciones de subte de Singapur. Un corte, diez dólares y diez minutos.

Ventanitas en Chinatown

littleindia

Templo en Little India

calle

Callecita que me gustó

deepavali

La comunidad hindú se prepara para los festejos de Deepavali

cocacola

Auspicia este momento…

Buda sonriente

Buda sonriente

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Viajando en una foto: Una espía en Singapur

Me gusta espiar a la gente.

Me intriga ver cómo se comportan cuando creen que nadie los mira, cuando actúan con normalidad, cuando sus movimientos son naturales, cuando no posan porque no saben que hay una cámara que los vigila.

No soy muy fan de las fotos armadas, no me gusta hacer posar a la gente, prefiero pasar desapercibida y capturar momentos, guardar los que más me llaman la atención.

Por eso me gusta tanto recorrer las ciudades a pie: al ir más despacio es mucho más probable que vea situaciones que se me escaparían si voy en auto, moto o colectivo.

Y Singapur es la ciudad ideal para caminar: veredas anchas y limpias (no hay que estar mirando hacia abajo para evitar pisar sorpresas), semáforos que se respetan, muchos parques en medio de la ciudad para descansar, nada de caos vehicular, construcciones coloridas y prolijas, gente amable y simpática…

Cuando iba caminando por Little India (uno de mis barrios preferidos de Singapur, el Little India más limpio que vi en mi vida) vi a este hombre asomado por una de esas ventanas amarillas.

Enseguida me transporté a Cartagena de Indias (Colombia), donde muchas de las construcciones son así (de estilo colonial y con colores fuertes) y donde muchos de los hombres practican el mismo deporte: pararse frente a la ventana —sin remera— y mirar hacia la calle.

Al principio no iba a sacarle una foto, creo que me intrigaba más poder ver el interior de esa casa blanca y amarilla, descubrir qué objetos había adentro, con cuántas personas vivía.

Pero bueno, tampoco soy espía profesional, respeto la intimidad de las viviendas y no tenía ningún tipo de largavistas o algo parecido para poder mirar.

Así que seguí caminando.

Obviamente me arrepentí, volví hacia atrás y le saqué la foto lo más rápido y disimuladamente que pude.

Ahora que la veo otra vez, me pregunto a qué o a quién habrá estado mirando este hombre.

Tal vez es medio espía como yo o, mejor dicho, le gusta observar el comportamiento humano, despojado de poses, desde la baranda de su ventana amarilla.

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Juntando figuritas (o cómo estoy aprendiendo bahasa indonesio en Yogyakarta)

Aprender un idioma nuevo es como juntar figuritas, especialmente cuando se trata de palabras que jamás había escuchado en mi vida.

Cada vez que leo o escucho una palabra que desconocía, pregunto su significado, me la apropio, la escribo en mi cuaderno (“la pego en mi álbum”), la miro letra por letra, la vuelvo a mirar, me imagino en qué situaciones podría usarla e intento captarla en conversaciones cotidianas.

Esta última parte es la más importante: escuchar la palabra en algún contexto de la vida real me sirve para dejar de verla como un conjunto arbitrario de letras y entenderla como algo social con un significado específico.

Sino, no dejan de ser letras que “alguien” combinó de manera un tanto rara (un buen ejemplo de esto es la palabra nggak, que significa “no” por si se estaban preguntando y se pronuncia algo así como “engá”).

Estoy estudiando indonesio por mi cuenta, con dos libros, un diccionario inglés-indonesio (me resulta más fácil estudiar indonesio usando el inglés como base que el español), la televisión, la radio, los subtítulos de las películas, los carteles de la calle, el packaging de los productos y mis amigos.

Deberán pensar: ¡Pero a esta altura esta chica debe ser una experta!

No, voy de a poco, la cosa del indonesio es que a pesar de que usan el mismo alfabeto que nosotros y de que la pronunciación es casi igual al castellano, las palabras son inadivinables.

¿Quién diría que laki-laki significa hombre, wanita quiere decir mujer, penulis es escritor y jalan-jalan significa viajar?

Imposible intentar adivinar un cartel.

Por eso cada vez que escucho “en la vida real” una palabra que aprendí usando el diccionario, me emociono: Yo la sé, ¡la sé! ¡la tengo esa!

En este “juntar figuritas” obviamente aparecen las famosas FIGURITAS REPETIDAS, esas palabras que tooodos los extranjeros se aprenden como terima kasih (gracias), sampai jumpa (nos vemos), maaf (perdón), satu dua tiga (uno dos tres) y selamat malam (buenas noches).

Ya me las recontra sé, y cada vez que alguien me las enseña o me las dice pongo cara de “esa ya la pegué en el álbum hace rato, dame una más difícil”.

Igualmente son las primeras palabras que uno necesita saber cuando llega al país.

Después están las FIGURITAS INEXISTENTES (ni siquiera son “las difíciles”, sino que directamente no existen): el indonesio no tiene tiempos verbales ni géneros, las palabras no llevan artículos ni tampoco se les agrega una S si es plural, no hay tildes ni diéresis.

Dicho así, les parecerá el idioma de la selva, pero al contrario, es un idioma que dice lo necesario, es poco apalabrado y una vez que se capta la lógica, es muy simple de aprender.

Podría hacer el razonamiento inverso y preguntarme qué necesidad tenemos los hispanohablantes de separar las palabras en masculino y femenino y de tener tantos tiempos verbales.

Pero es así.

Cada idioma tiene sus características que lo hace único.

A medida que lleno el álbum me voy topando con FIGURITAS BILINGUES: palabras que son (casi) iguales y tienen el mismo significado en indonesio y en español.

Gratis significa que no pagás

Tinta es lo que lo ponés a la impresora

Permisi lo usás para pedir permiso

Sepatu es lo que te ponés en los pies

La meja tiene cuatro patas y sillas alrededor

Klakson es la bocina

Teh es eso que podés tomar con leche o con limón

Minggu es el amado domingo… y guarda que ahí viene la polisi.

Pero también hay palabras que suenan o se escriben igual que en español y tienen un significado completamente distinto: como lima que quiere decir cinco (yo siempre pienso en lima-limón), kursi que quiere decir silla o tukang que no recuerdo qué es pero me hace pensar en “tukang se vengde”. U

Una de las mejores: cuando van a sacar una foto, en vez de queso o cheese dicen… KEJUUU (pronunciado keyu).

Y aparecen obviamente, las FIGURITAS DIVERTIDAS, las que no me dejan descansar la imaginación y desarrollan mi capacidad de hacer asociaciones estúpidas.

Si escucho matahari (significa “sol” y la H se lee como J) inmediatamente me pongo a cantar la canción Aves de paso de Joaquín Sabina: “…A la Matajari a la Magdalena a Fátima y a Salomé…”.

Bulan (que significa mes) me la acuerdo porque me suena a Mulán, la película de Disney.

Barat (oeste) a mi me suena a Borat.

Y ni hablar de palabras como tangga, sepeda, pihat y cuci (la H se lee como J y la C se lee Ch).

A veces leo cualquier cosa y en vez de Rivoli veo un ravioli y en vez de cabe (“chabe”) leo “cabe” como en “te re cabe”.

Si veo gigi (pronunciado guigui y que significa dientes) me acuerdo de mi amiga peruana “shishi”, besar no me hace pensar en algo grande sino en darle besos a alguien, baca (leer) es como vaca mal escrito.

Y por último están esos carteles que directamente me hacen reír por lo absurdos que podrían llegar a ser: como el local de comida que se llama Pisangku (literalmente significa Mi Banana), el carrito en la calle que vende su delicioso ayam kentaky (ayam es “pollo” y lo de kentaky no es una especilidad sino un intento de parecerse a KFC), los carteles que anuncian por todos lados cuci mobil (quiere decir que te lavan el auto, no seamos mal pensados) y las peluquerías que ofrecen Blow 15.000 rp (calculo que será el secado de pelo).

Si hay algo que le gusta a todo el mundo es cambiar figuritas.

Cómo se dice tal cosa, cómo se dice tal otra.

Y ahí aparecen las FIGURITAS CODICIADAS.

Los amigos de mi novio quieren que les enseñe a decir culo y tetas, lo que me demuestra que los hombres son hombres en cualquier lugar del mundo y que todos juntan las mismas figuritas.

Ahí es cuando me siento poderosa: Ah no, esas te las cambio por lo menos por diez de las tuyas.

También están las FIGURITAS COMPLICADAS: ¿cómo les explico que mi apellido se pronuncia BISHALBA? Si cada vez que se me escapa un “sho” me miran con cara rara y no logran repetirlo.

Tendré que rendirme ante el Vi-i-alba o (como lo pronuncian acá) ViLalba.

Es muy gracioso además ver el razonamiento de la gente cuando digo que soy argentina.

Primero piensan que estamos en algún lugar de Europa y que hablamos o inglés o francés o italiano.

Algunos saben que hablamos español pero no tienen idea en qué lugar del mundo estamos, creen que somos una provincia de España o parte de Estados Unidos.

Hay quienes me sorprenden con un “hola señorita” o “uno dos tres cuatro cinco” (después me entero que lo aprendieron de las telenovelas y de las canciones de Ricky Martin… un-dos-tres-un-pasito-pa-lante-maria).

Si leen algo que escribí en español, lo leen con un acento totalmente mexicanizado y moviendo la mano cual italianos.

Cuando quieren hacerse los que hablan español, empiezan a agregarle una O a la terminación de todas las palabras: “makan-O” (makan es comer), “puasÓ” (puasa es ayunar), “tidur-O” (tidur es dormir).

Pero el premio mayor se lo lleva la vecina de mi amiga en Jakarta, una nena de unos tres o cuatro años.

Cuando me vio pasar por la puerta de su casa empezó a decirle a la hermana mayor “bule! bule!” (extranjera) y en vez de hablarme en indonesio o decirme hello, me habló, totalmente convencida de lo que estaba diciendo, en una mezcla de ballenés y alien: DAGABLUBLUBLA BLABLIBLU!

Y yo, para no ser menos, le seguí la conversación. BLAGABLUBLA!

¡Cuidado: caballo enojado!

Lugar que vende crédito para el celular

?

Gado-Gado es una comida: verduras con salsa de maní

Nasi nasi nasi: arroz arroz arroz

Intentando leer el diario durante la época del Mundial

Nasi liwet es un plato de arroz típico de Solo

La remera de Pringles made in Indo

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Vuelvo a Indonesia desde Macau

Hong Kong: 10.30 am, principios de julio de 2010

Esta vez no me ganan, esta vez me quedo sesenta días (y tal vez más).

Voy en el tranvía rumbo al Consulado de Indonesia en Hong Kong, con una carta de invitación en la mano, mi pasaporte, dos foto carnet, pasaje de entrada y de salida y algo de ansiedad.

El tema de las visas en Indonesia puede ser una complicación.

Lo más fácil es obtener lo que se conoce como Visa on Arrival: llegás al aeropuerto de Jakarta (por ejemplo), pagás 25 dólares, mostrás tu pasaje de salida y te dan un permiso para quedarte 30 días en el país, ni un día más (no hay posibilidad de extenderlo).

Para los que viajan como yo, sin planes, sin rutinas, sin fechas, ese límite se convierte en un obstáculo para conocer el país (por cada día “extra” que te quedes, te cobran unos cuantos dólares, y si te quedás más de 60 días con un permiso de 30, te pueden meter preso y prohibirte volver a entrar al país por varios años).

Pero Indonesia es gigantesco, ¿cómo pretenden que lo recorramos en treinta días?

Y no es solamente Indonesia: en Filipinas te dan un permiso de estadía por 21 días a cambio de 35 dólares, en Vietnam la visa de un mes con doble entrada cuesta 60 USD, la de Cambodia 25 USD, un mes en Laos 30 dólares, en China 45…

Podría decir que las dos cosas más caras del viaje son los pasajes aéreos de un país a otro (que, con aerolíneas baratas como Air Asia, Tiger Airways, JetStar, Lion Air, casi nunca superan los 100 USD ida y vuelta) y las visas.

Así que decidí que si vuelvo a Indonesia, vuelvo con tiempo.

Investigando descubrí la Visa Social, un permiso de 60 días para aquellos que van al país a visitar familiares o amigos.

Cuesta 50 dólares y puede ser extendida dos veces para quedarse un total de seis meses en el país.

Para aplicar se necesita un sponsor indonesio quien, en teoría, se hará cargo de todos los costos del viaje, y una carta de invitación al país.

Mi amiga Melati, a quien conocí la primera vez que estuve en Indonesia, me escribió la carta para que presentara en el Consulado.

Una vez ahí, una hongkonesa con cara poco alegre me pidió todos los papeles, fotocopias, fotos correspondientes, mis datos, qué hago, a qué me dedico, por qué viajo a Indonesia, dónde voy a vivir, etc.

Y por último me dio un glorioso papelito amarillo.

– Retire su pasaporte y su visa en cinco días hábiles entre las 14 y las 15 horas. Ni un minuto más ni un minuto menos.

Consulado de Indonesia en Hong Kong

Macau: 00.00, 19 de julio de 2010

Estoy sentada a orillas del lago de Macau, tomando algo con mis amigos Journey, Dan, Clancy, un chico polaco y más chicas de Macau.

Mi vuelo a Jakarta sale a las 2.35 am, pero no pasa nada, lo bueno de la isla de Macau es que todo queda tan cerca que podemos llegar al aeropuerto en colectivo en menos de 15 minutos y sin una gota de tráfico.

Nada de Ezeizas a dos horas.

Y si algo falla, lo tengo a Dan, mi amigo filipino que trabaja en la parte de seguridad del aeropuerto (o mini aeropuerto, porque es muy chiquito), conoce a todos y es capaz de frenar la partida de cualquier avión.

Journey (mi amiga china), Clancy (el macaense que nos alojó) y Dan me acompañan al aeropuerto a las 1 de la mañana.

Saben que estoy nerviosa por volver a Indonesia, por todo lo que implica (lo contaré en la siguiente historia…)

Saben que tengo miedo y ansiedad, por eso me acompañan y me despiden y me prometen que todo va a salir bien.

Muchas fotos, abrazos, planes de volver a encontrarnos en algún lugar de Asia o del mundo después, me voy hacia el mostrador de JetStar para hacer check-in.

Las aerolíneas de bajo costo tienen una gran ventaja (el precio), pero también tienen muchas reglas a seguir.

Una de las reglas de JetStar es que no realiza conexiones, me explico: si, por ejemplo, tenés que tomar dos vuelos de JetStar (como era mi caso), uno de Macau a Singapur y de ahí, tras unas horas de espera, otro vuelo a Jakarta, hay que hacer el check-in dos veces ya que JetStar no se encarga de realizar la conexión ni de enviar el equipaje directo al destino final.

Hay que despacharlo, buscarlo en Singapur (o en el destino intermedio que sea)  y volver a despacharlo.

OK, perfecto.

Pero cuando llegué al mostrador, el chico que me atendió me prometió y recontrareprometió que iba a mandar mi mochila directamente a Jakarta, sin necesidad de que yo volviera a despacharla en Singapur.

– Bueno, if you say so… But, are you REALLY sure? (Bueno, si vos lo decís… Pero… ¿Estás realmente seguro?)

– Yes, yes, straight to Jakarta (¡Sí sí, directo a Jakarta!)

– Ok…

Así que me subí al avión, escribí un ratito en mi cuaderno y me dormí.

Cuatro horas después, estaba de vuelta en Singapur.

A esperar unas cinco horas y otra vez a volar.

Esperando el colectivo para ir al aeropuerto de Macau

Jakarta: 12.15 pm – 19 de julio de 2010

Lo gracioso de Indonesia es que hay embotellamientos hasta adentro del aeropuerto.

El aeropuerto de Singapur por ejemplo, es enorme, está perfectamente bien señalizado, tiene colectivos que van de una terminal a otra, tiene hoteles, pileta de natación, negocios, restaurantes y mucha paz.

En el aeropuerto de Jakarta nadie te dice que primero tenés que ir a ese rincón a pagar la visa, que después tenés que hacer la cola eteeerna para migraciones en ese otro rincón, que tenés que buscar tu equipaje en alguna de esas ocho cintas, que tenés que tomarte el colectivo al centro en la salida E o F.

Hay que ingeniárselas.

Más aún con gente que casi no habla inglés.

Y lo del embotellamiento lo digo por la cantidad de gente que había para sellar el pasaporte cuando llegué.

Después de una hora de espera, pasaporte sellado, welcome miss y todas las formalidades aeroportuarias, voy en busca de mi mochila.

Y obvio: no está.

Me recorro todas las cintas, la espero hasta el final, pero jamás aparece.

¿Alguien se la habrá llevado? Lo dudo, no hay más que ropa sucia.

Me dejó nomás, prefirió quedarse en Singapur o tomarse un avión a Vietnam, quién sabe, tener una mejor vida sin mí.

Lo único que lamento es la remera que me regaló él, eso es irrecuperable, todo el resto se puede volver a conseguir.

Hago “la denuncia” en el sector de equipaje perdido, la mujer me asegura que mi mochila quedó en Singapur y que la mandarán en el próximo vuelo y de ahí directo a la casa de mi amiga.

No me amargo demasiado, al menos no tengo que cargarla hasta lo de mi amiga.

Salgo del aeropuerto y voy en busca del colectivo que me llevará a la casa de Melati.

Llueve a cántaros, se me abalanzan los indonesios para ofrecerme “taxi mister”, compro un juguito y me cobran tres veces más de lo que vale, no consigo comprar crédito para mi celular, el colectivo tarda más de 40 minutos en llegar y da vueltas una hora y media alrededor del aeropuerto para levantar más pasajeros, después tarda unas dos horas más en llegar hasta lo de mi amiga.

Definitivamente volví a Indonesia.

Cómo amo este país.

Epílogo: La mochila apareció con vida al día siguiente, aunque por unas horas deseé que nunca volviera… Está bueno perder todo, desprenderse del peso de lo viejo, encontrar una mochila nueva y llenarla de cosas distintas. Dejar el equipaje emocional atrás. Empezar de cero.

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Singapur: prohibido prohibir

Prohibido fumar. Prohibido tirar basura en la calle. Prohibido entrar con durian (fruta olorosa) al subte. Prohibido ingresar con ratas y pájaros al banco. Prohibido usar patinetas de Bob Esponja. Prohibido bailar sin licencia. Prohibido prohibir señores, que Big Brother todo lo ve y las multas serán jugosas.

Y que alguien me explique dónde está la Policía para controlar estos actos impúdicos, porque por ahora solamente vi oficiales en los carteles. Hay quienes dicen que los policías se disfrazan de civiles e inundan las esquinas, vigilan, pero pasan desapercibidos y solamente develan su identidad si enganchan alguna ofensa. Otros aseguran que la Policía ni existe, con la amenaza de las leyes y la manipulación psicológica es suficiente.

Lo cierto es que Singapur es el país de las prohibiciones.

Mejor aún: es una ciudad, que a su vez es una isla, que a su vez es un país, donde hay escaleras mecánicas entre los árboles, donde incluso Little India es limpia, donde se puede comer postres color arco iris y donde casi todo está prohibido.

“Rules create victims”, grita la remera de un chino-singapurense que camina por Orchard Road, la calle más fashion de Singapur.

Puede ser, pero tan mal no les va: este es uno de los países más avanzados de Asia, el famoso Tigre Asiático del cual nos habló Gerardo (australinos, you know), un lugar muy limpio, seguro y con excelente calidad de vida.

Esto es Singapur.

Una de esas ciudades por las que es muy fácil viajar, un respiro agradable en medio del Sudeste Asiático (sacando el pequeño detalle del calor y la humedad, siempre presentes), un mapa posible de seguir.

Un lugar donde los astrólogos leen la fortuna, los chinos leen el diario y los hindúes se amontonan frente a un televisor en medio de la calle para mirar el último hit de Bollywood.

Un barrio donde los hombres de Bangladesh se reúnen en los restaurantes a mirar luchas de catch y a jugar a su propia versión del billar.

Una esquina donde hay que apretar un botón para que aparezca el “Green Man” y nos ayude a cruzar de vereda.

Un bosque lleno de edificios, una ciudad fabricada dentro de un parque, con escaleras mecánicas al aire libre y todo.

Una ciudad supersónica, donde las puertas no se abren con llaves sino con tarjetas, claves númericas y botones.

Un subte donde los boletos se obtienen solamente a través de una máquina y donde las estaciones son impecablemente limpias.

Un mercado donde los locales invitan a los extranjeros a probar los platos y bocados típicos (y cuando digo “invitan” me refiero a que realmente compran varios sabores y los regalan al foráneo).

Una ciudad donde casi no se ven personas durmiendo en la calle (pero que las hay, las hay).

Una sucesión de barrios donde se escuchan distintos estilos de música según la ocasión: chill out en el área de shopping, música india en Little India, hits de karaoke en el barrio chino.

Un lugar donde la gente vive, trabaja y se divierte.

Vale la pena pasar por esta isla.

Olvídense de los mitos: Singapur es tan caro como uno quiere que sea.

Mi presupuesto diario es de 12 dólares de Singapur (algo así como 8 dólares).

Estoy haciendo couchsurfing en lo de Kuni, un japonés famoso en el Sudeste Asiático por la cantidad de gente que hospedó, así como por su amabilidad y buen corazón.

Todos los días almuerzo en los mercados locales: un plato de comida india, 3.5 dólares de Singapur, un plato de comida china, 3 dólares de Singapur, un postre típico, 2 dólares de Singapur… recorrer esta ciudad a pie, no tiene precio (?).

Singapur tiene mayoría china, así que el tema de la vestimenta ya no es tan estricto, por lo menos no vi ningún “prohibido usar vestido por arriba de la rodilla”. Las chinas son muy chic, las mujeres hindúes mantienen sus vestimentas tradicionales y no se ven muchas musulmanas.

Un cartel de “prohibido transpirar” vendría bien.

El miércoles vuelo a Jakarta, capital de Indonesia.

Cambio de país, y esta vez el cambio será notable.

Para los curiosos (especialmente mi madre que se estará preguntando en qué pájaro vuelo a Indonesia), los asiáticos tiene la gran suerte de contar con aerolíneas triple be: buenas, bonitas, baratas, como bondis “boladores” (para seguir con las bes), según me contaron.

La más conocida es Air Asia, que une ciudades asiáticas por (mucho) menos de 100 dólares. También existe Tiger Airways, Lion Air, Cebú Pacific, entre otras, todas aerolíneas que nacieron con la premisa de ser empresas de bajo costo y alta reputación. Ojalá tuviésemos algo así para movernos por todo el mundo.

Así que mis días en Singapur ya se terminan, voy a tener la ¿suerte? de conocer uno de los aeropuertos más avanzados del mundo.

Según dicen, acá el aeropuerto tiene pileta y todo.

Prohibido irse de Singapur sin hablar con los locales, sin probar la excelente comida y sin caminar por ahí.

Prohibido perderse Singapur.

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