Iba a titular este post “Filipinas en diez palabras”, pero no sería del todo correcto ya que solamente visité uno de los tres grandes grupos de islas que conforman este país. Así que acá van mis observaciones cien por ciento subjetivas acerca de Luzón, pocas horas antes de tomar el vuelo hacia Hong Kong.

1. IGLESIAS

Era como una competencia conmigo misma. Cada vez que iba sentada en el asiento de un auto, las veía pasar rápidamente, las miraba alejarse y las archivaba en mi cabeza. ¡Ahí hay una! ¡Otra! ¡Dos más! ¿Cuántas voy? Mejor empiezo de nuevo… Iglesias-iglesias-iglesias. En Latinoamérica no me sorprendían, nuestro continente es La Tierra de las Iglesias, pero en Asia es distinto. En Asia hay templos y mezquitas, en Asia hay Budas, ofrendas de flores en la vereda y voces leyendo el Corán cinco veces al día. Es muy raro ver una iglesia así porque sí. Tal vez aparece una cada tanto, en algún pueblo que fue colonia española o portuguesa, en alguna enciclopedia, en algún programa de televisión. Pero ya lo descubrí: todas las iglesias que no vi en Tailandia, Malasia, Singapur e Indonesia están exiliadas en las Filipinas. Y lo bueno es que lograron captar mi atención una vez más… ¿Vieron que cuando algo se vuelve repetitivo nos aburre? Y si después ese algo “desaparece misteriosamente” lo empezamos a buscar… Así somos. Acá hay iglesias para tirar al techo.

La Catedral de Manila

2. FATHER

Siguiendo con la temática, como conté anteriormente, viví en una parroquia durante casi dos semanas, algo que no podría haber sido más adecuado para mi estadía en Filipinas. ¿Hostels? ¿Qué es eso? Hace tiempo que dejé de hacer check-ins. Y me encanta, porque viviendo con los locales descubro mucho más que viviendo con los turistas (sin desmerecer a nadie). Estando en St. Therese, la parroquia donde trabajaba el Padre Judy en Dagupan, pude presenciar bastantes costumbres locales. Descubrí que los curas filipinos no usan sotana fuera de la misa, se visten como quieren —con musculosa y short de baño incluido—, toman cerveza y se van de karaoke. Y son extremadamente divertidos, por favor, cómo me hicieron reír con sus jodas hacia Argentina (“the best country in the world”) y sus intentos de “casarme” con todo filipino que se me cruzara. También descubrí que los filipinos son personas muy religiosas (no solamente los domingos), que la Iglesia Católica es muy respetada como institución y que algunas misas convocan a tanta gente que más que misas parecen recitales de rock evangélico (por el amontonamiento, digo). Amén.

Misa de viernes

3. JEEPNEYS

“Capricornio”, “The Savior”, “Manuel Antonio”, “Guns N Roses”, son algunas de las leyendas que llevan estos particulares colectivos en el frente. Y a los costados, todo tipo de dibujos: retratos de las Spice Girls, animé japonés, Jesús y la Virgen María desde todos los ángulos, arco iris psicodélicos. Adentro hay lugar para unas 12-15 personas. Las monedas pasan de mano en mano hasta que llegan al chofer (quien, en este caso, también oficia de cobrador). Cuando el pasajero considera que ha llegado a destino, golpea el techo y anuncia al conductor que va a bajar. ¿De dónde salieron estos simpáticos transportes? Son restos de la Segunda Guerra Mundial… Jeeps estadounidenses que quedaron en tierras filipinas, abandonados tras el conflicto. Y los filipinos los adaptaron a su modo de ser y lo convirtieron en uno de los íconos del país.

Dentro del jeepney

4. NOT SPICY

Dos palabras que eliminé de mi vocabulario durante estos veinte días. Qué felicidad, no tengo que pegarme un cartel en la frente que diga “Hola soy extraterrestre no me gusta el picante, NO ME JUZGUEN” cada vez que voy en busca de alimento. La comida en Filipinas es sospechosamente parecida a la nuestra… Mucho pan (y muy rico, de ese blandito y esponjoso, no el pan seco o duro de ayer), mucha pasta, mucha carne, mucha verdura hervida, mucha pizza… Aunque tengo una objeción: si tiene carne NO es pizza. A mi no me des una porción de masa con salchichas, cabecitas de pescado, cachos de cerdo, salsa de lomo y un poco de queso, a mi dame una grande muzza y ya. Si tiene cebolla mejor. Pero pizza mejor que la nuestra todavía no probé. Igualmente acepto que la comida filipina es deliciosa, especialmente el pescado y los mariscos. Y el FLAN, no puedo creer que me reencontré con el flan.

(ex) Langostinos

5. VIDEOKE

Un clásico. Está en todos los cumpleaños, en los bautismos, en los casamientos, en los “after-office”, en las reuniones con amigos, en las cenas familiares. Casi todos los hoteles ofrecen pileta de natación, internet y videoke entre sus ammenities. Los restaurantes tienen sectores privados con mesas y pantallas para cada grupo. Algunas familias incluso se compra el set: micrófono, cancionero con extensísimas listas de temas, reproductor de karaoke para conectar a la tele. Y obvio que ellos son la envidia del barrio, los que más invitados reciben. Y cómo cantan. Por algo yo me negué a cantar. Los filipinos tienen un don para el canto, o será que lo practican desde muy chicos, pero no escuché a ninguno que desentonara. Los curas me dedicaron “Don’t cry for me Argentina” (antes de la derrota en el Mundial, sino ya hubiese sido una burla).

Father Judy cantando Don’t cry for me…

¿Querés saber cómo sigue el relato? Lee la segunda parte del post acá…