Datos y consejos para viajar al Sudeste Asiático

[Última actualización: junio 2021]

En esta guía encontrarán recomendaciones útiles, datos y consejos aquellos que estén planeando viajar por el Sudeste Asiático (o para los que aún no se animan) y especialmente quienes quieran viajar mucho, conocer aún más y gastar lo menos posible (¡para poder seguir viajando!).

La guía está dividida en cuatro partes:

Parte I: Todo lo que querías saber antes de viajar al Sudeste Asiático (o la sección de preguntas Frecuentes), en donde podés encontrar muchas de las respuestas a preguntas que me han hecho en el blog y también en redes sociales.

Parte II: Visas que se requieren para viajar al Sudeste Asiático

Parte III: Presupuesto para viajar al Sudeste Asiático

Parte IV: Links y descuentos para tu viaje

 


Parte I: Información útil para planear tu viaje al Sudeste Asiático

Esta guía está basada en mis experiencias de viaje en Tailandia, Malasia, Singapur, Indonesia, Filipinas, Laos, Camboya, Vietnam, China (sur), Hong Kong, Macau

 

¿Qué vacunas debo ponerme para viajar al Sudeste Asiático?

Con excepción de la fiebre amarilla, no es obligatorio vacunarse pero sí es recomendable. Lo mejor es consultar el departamento de Medicina del Viajero de cualquier hospital o bien ir a Stambulian/Vacunarse o similares para ver qué conviene en cada caso.

Al viajar, yo me puse las siguientes vacunas: Hepatitis A, Hepatitis B, Tétanos-Difteria, Fiebre Tifoidea, Fiebre Amarilla, Polio, Meningitis. No me di la de la Rabia, ni la del Cólera, ni la de Encefalitis Japonesa (que no se consigue en Argentina).

El tema de las vacunas es un tema sensible y muy personal así que mi recomendación es que consulten a su médico de confianza.

 

¿Te piden el certificado de vacunación al entrar en el Sudeste Asiático?

Me pidieron el certificado de vacunación solamente una vez en todo el viaje, en el aeropuerto de Bangkok para chequear que tuviera la vacuna de Fiebre Amarilla. Si bien no te lo piden si podés demostrar que no venís directamente de Argentina, personalmente recomiendo llevarlo siempre.

 

¿Qué guía de viaje me recomendás leer para viajar al Sudeste Asiático?

La más famosa es la [eafl id=”21160″ name=”Lonely Planet Southeast Asia” text=”Lonely Planet: Southeast Asia on a shoestring”]. Es útil para tener mapas, datos de hostels, teléfonos y direcciones útiles, precios, transportes, idiomas, etc. En el Sudeste Asiático se vende por todos lados y mucho más barata que en Argentina. Hay truchas, usadas, fotocopiadas, originales, viejas, viejísimas y actuales. Yo compré la mía en el aeropuerto de Bangkok. A veces la uso, a veces no tanto, pero siempre viene bien. Ah, eso sí, es un peso más en la mochila. Traten de no caer en lo que llaman el “Banana Pancake Trail“: un ruta informalmente creada por la Lonely Planet y que todos los fieles siguen cual camino hacia la verdad. Sálganse del circuito y busquen sus propias rutas si no quieren ver siempre a la misma gente ;)

 

¿Me conviene usar efectivo, tarjeta de crédito, tarjeta de débito o cheques del viajero?

Lo más cómodo es tener una reserva de efectivo en dólares (por las dudas) y el resto en una tarjeta de crédito o débito. Hay cajeros y bancos por todos lados, también abundan las casas de cambio, así que no es necesario cambiar todo el dinero de antemano. El país en el que más me costó conseguir un cajero electrónico fue en Laos, especialmente en el norte, ya que es muy rural.

Yo no traje cheques del viajero porque hay muchos lugares que no los aceptan o cobran comisión.

 

¿En qué medios de transporte me conviene moverme de un punto a otro?

Depende. Si vas con los días contados (por ejemplo 15 días de viaje), tal vez lo más efectivo sea moverte en avión, aunque al tiempo del vuelo tendrás que sumarle el tiempo de traslado y espera en los aeropuertos. Lo bueno es que en el Sudeste Asiático hay muchas aerolíneas low-cost que te permiten viajar rápido y barato de un punto a otro. Dicho esto, no todas las rutas están cubiertas de manera aérea, así que en varios casos vas a tener que ir por tierra sí o sí. Si estás viajando con tiempo (al menos un mes) o solo querés recorrer un país, te recomiendo viajar por tierra (en trenes o autobuses) o en barco/ferry (si existe la posibilidad). Ir por tierra te permite ver los cambios de paisaje, moverte a un ritmo más lento y disfrutar más el camino (sobre todo si, como a mí, no te gusta volar). Si querés saber cuánto te costaría ir de un punto a otro del Sudeste Asiático en bus, tren o ferry, te recomiendo usar Bookaway.com para comparar precios y hacer la reserva de manera online y con anticipación.

 

¿Es seguro viajar por el Sudeste Asiático?

El Sudeste Asiático me pareció muy seguro. Yo soy mujer, viajo sola, llevo una cámara réflex y una laptop y jamás tuve ningún tipo de problema (excepto cuando me robaron y me devolvieron todo, pero fue una situación extremadamente RARA). Siempre hay que ser precavidos, pero la conclusión que puedo darles después de viajar un año sola por el Sudeste Asiático es que esta parte del mundo es muy segura en cuanto a robos y violencia. Los problemas que se pueden encontrar son los desastres naturales como terremotos, erupciones volcánicas, tsunamis… aunque yo tampoco me crucé con nada de eso. De todas maneras, un consejo que les dejo (¡para todos los viajes!) es llevar un pequeño candado que se puede usar para cerrar la mochila/valija o para trabar los lockers en los hostels y poder dejar en un lugar seguro las cosas importantes.

 

 ¿Hay buen acceso a internet en el Sudeste Asiático?

La conexión a internet es muy buena en capitales y grandes ciudades que están llenas de cibercafés y redes de wi-fi para acceder a internet.

En general cobran entre USD 0.30 a USD 2 la hora, dependiendo del país (precio 2010, este es un dato retro).

Los países más complicados para acceder a internet fueron Laos (no hay tantos lugares de acceso, hay muchos pueblos que desconocen la internet) y China. En China, la Gran Muralla de Fuego puesta por el gobierno no permite acceder a páginas como Facebook, Youtube, Blogger, WordPress, Twitter, entre muchas otras; tampoco hay tantos cibercafés ya que los que existen son “medio ilegales” según me dijeron y no tienen local a la calle sino que están ubicados en el interior de algún edificio, entonces son difíciles de encontrar.

 

¿Cómo es el clima?

A grandes rasgos, el Sudeste Asiático tiene clima tropical todo el año: la temperatura promedio es de 30°C, la humedad es muy alta y llueve bastante. Cada país (o región), sin embargo, tiene su propia época de lluvias y hay que tener en cuenta que a veces las lluvias son tan fuertes que es complicado viajar.

  • Malasia, Brunei, Singapur, Indonesia y las Filipinas tienen dos estaciones: la de lluvias y la seca. En general, en estos países la época de lluvias se extiende entre octubre y abril (invierno, temporada baja) y la época seca entre mayo y septiembre (verano, temporada alta). La época seca puede tener temperaturas un poco más altas (hasta 35°C) y la de lluvias más bajas (hasta 25°C)
  • En la Península de Indochina (norte de Tailandia, Laos, Camboya, Vietnam y Birmania) las temperaturas anuales oscilan entre los 20 y 40°C y hay cuatro estaciones o épocas diferenciadas (pero no como las que tenemos en Argentina): 1. calor (alrededor de abril, cuando la temperatura alcanza los 40°C); 2. lluvias (empiezan a partir de julio, pero no duran todo el día, son más que nada chaparrones en algún momento del día); 3.  seco y 4. seco y “fresco” (de noviembre a febrero, temporada alta)
  • En el Sudeste Asiático existen zonas de montaña con clima propio, generalmente más fresco que cerca del mar. Allí las temperaturas oscilan entre 15 y 25°C, por lo que es recomendable llevar algo de abrigo si se planea ir a estas regiones (como por ejemplo SaPa en Vietnam).

 

¿Tendré problemas con el idioma?

En Asia se hablan cientos de idiomas y como se imaginarán es imposible aprenderlos todos. Muchas veces me preguntan lo mismo: ¿Cómo hacías con el idioma? Según mi experiencia, con el inglés se van a arreglar bien.

Hay países como Malasia y Singapur donde el inglés es uno de los idiomas oficiales.

En todas las zonas turísticas de Asia (diría del mundo tal vez) se habla algo de inglés. En la península de Indochina (Laos, Camboya, Vietnam) también se habla un poco de francés.

Les recomiendo, igual, que se lleven un “Phrasebook” (librito con frases útiles en otros idiomas) y que intenten aprender aunque sea unas palabras del idioma local.

El lugar más difícil en cuanto al idioma es China, ya que no todos hablan inglés. Pueden leer este artículo que escribí en la web de Matador al respecto: How to travel around China without speaking the language

Las señas y las sonrisas son universales. 

Sin embargo, si querés aprender unas nociones del idioma antes de aventurarte, una de tus opciones sería la de realizar un curso del idioma en el extranjero. ¿Qué te va permitir tomar un curso de idioma en otro país? Cuando viajes, vas a poder conectar muchísimo más con la gente, vas a poder preguntar más y usar tu curiosidad para aprender todo acerca de otra cultura. Así, en lugar de gastar tu energía viajera en pensar “cómo se dice…” vas a invertirla en pasar tiempo con locales y aprendiendo cosas que quedarán para siempre en tu memoria.

 

¿Cuáles son los lugares imperdibles del Sudeste Asiático?

Recibo muchos mails de ustedes preguntándome acerca de “los lugares imperdibles” del Sudeste Asiático (lo que no hay que dejar de ver en un viaje corto) y la verdad es que me cuesta mucho responder, ya que depende mucho de los gustos de cada uno y de qué expectativas tienen para el viaje (¿qué quieren ver: playa, selva, montañas, templos, ciudades?).

Imaginen que después de estar un año y medio en Asia se me hace muy difícil elegir pocos destinos.

Además, yo puedo darles una respuesta general, basada en mis gustos, pero eso no quiere decir que sean los únicos lugares que valen la pena. Así que acá les dejo dos post que escribí con “Mis 10 lugares preferidos de Asia” como para que vayan viendo:

Mis 10 lugares en el Sudeste Asiático y China – parte I

Mis 10 lugares en el Sudeste Asiático y China – parte II

 

1¿Cuánto tiempo necesito para viajar al Sudeste Asiático?

Esta es una muy parecida a la pregunta anterior, y es muy personal: tiene que ver con el tiempo con el que cuentes para viajar, el tiempo que quieras estar en cada país teniendo tus intereses y sensaciones (a veces un país nos gusta más que otro, sin más razón que esa), cuanto margen tengas para moverte libremente entre los países del Sudeste Asiático… Para conocerlos, conocerlos, se necesita toda la vida ;)

 

¿Desde dónde salen los vuelos más baratos para viajar al Sudeste Asiático?

¡Depende de donde te encuentres! Más adelante hablo un poquito sobre los vuelos entre países, pero en este artículo ya escribí al respecto de cómo buscar vuelos baratos y el artículo te puede servir en este caso también

 

¿Tengo que demostrar pasaje de ida y vuelta para viajar a algún país del Sudeste?

Más adelante te cuento más específicamente sobre las visas. Las aerolíneas al embarcar te piden que puedas demostrar que te vas a ir del país al que viajás (¡cuestiones legales de las aerolíneas!). No tiene que ser un pasaje de regreso a tu país de origen, pero sí tenés que podés demostrar que te vas. ¿Cómo? Buscando un vuelo barato (¡el más barato!) a un país vecino, comprando un pasaje en bus o tren, demostrando que sacaste otra visa para visitar otro país…

 

¿Qué otros artículos puedo leer sobre los lugares que visitaste en tu viaje al Sudeste Asiático?

 

¿Escribiste un libro sobre tu viaje a Asia?

¡Sí! Un tercio de mi primer libro Días de viaje, está dedicado a mi viaje por Asia.

Ahí cuento cómo fue terminé en Bangkok, por qué me sentí una estrella de cine en Indonesia, cómo hice para viajar un mes por China sin hablar el idioma, cómo fue el roadtrip con los curas filipinos, qué hice con los naipes que empecé a encontrar en todas partes, entre otras cosas.

Si les interesa, pueden leer el prólogo y un capítulo online, y comprarlo en mi Tienda.

 


Parte II: Visas para viajar al Sudeste Asiático

La mayoría de los países del Sudeste Asiático requiere visa para entrar.

Algunas se pueden sacar en el aeropuerto o la frontera al llegar, y otras deben tramitarse antes en Argentina o en cualquier país del SEA (Sudeste Asiático).

Esta es la lista de países que visité hasta ahora (esta información sirve para argentinos. Para chequear la situación de otras nacionalidades entrar en este link.)

 

1) Países que no requieren visa

  • Tailandia: no piden visa, te dan mínimo 60 días de estadía.
  • Malasia: no piden visa, te dan mínimo 60 días de estadía.
  • Singapur: no piden visa, te dan mínimo 60 días de estadía.
  • Filipinas: no piden visa, “en teoría” te dan 21 días de estadía (a mí me dieron más) y tenés que pagar un impuesto de salida del país de 30 USD.
  • Hong Kong/Macau: no piden visa, te dan un mínimo de 30 días de estadía. OJO: chequear la situación de Macau ya que en varios sitios de internet dice que los argentinos requieren visa para entrar.

 

2) Países con visa on arrival (se saca en el momento de llegada al país):

  • Indonesia: podés sacar la visa de 30 días al llegar al país (USD 25) con posibilidad de extenderla una vez. También podés sacar la visa turística de 60 días en cualquier embajada o consulado de Indonesia antes de viajar (cuesta USD 50 y se puede extender hasta tres veces para quedarse un total de seis meses, pero se necesitan presentar más documentos y una carta de sponsoreo de un residente indonesio).
  • Camboya: podés sacar la visa de 30 días al llegar al país (20 USD), se puede extender una vez. ACTUALIZACIÓN 2021: el visado para Camboya ahora se puede pedir de manera online antes de viajar. Podés hacerlo a través de e-Visado.es, una agencia española de visados en la que también podés solicitar visas para otros países asiáticos.
  • Laos: se puede sacar la visa en todos los aeropuertos y en casi todas las fronteras terrestres. Es válida por un mes y cuesta USD 25 para argentinos.

 

3) Países que requieren sacar visa con antelación (a sacar en las respectivas embajadas en Argentina o en cualquier país del mundo):

  • China: piden visa anticipada. Se puede tramitar en Argentina o cualquier otro país de por acá. Es muy común sacarla en Hong Kong. Yo la saqué en Kuala Lumpur (Malasia) en tres días y me costó 50 USD por un mes.
  • Vietnam: hay que sacar la visa antes, yo la tramité en Phnom Penh (Camboya) por medio de un hostel (yo ni pisé la embajada) y estuvo lista en dos días hábiles. Cuesta alrededor de 35-50 dólares por un mes, según dónde la saques. A mí me costó 40.
  • India: hay que sacarla con anticipación en “cualquier embajada de la India del mundo”, para argentinos es gratis. En Buenos Aires, el trámite se realiza en un día, pero en el SEA lleva por lo menos seis días hábiles según el país donde se aplique. OJO: ya no se puede adquirir en Malasia ni en Singapur siendo turista extranjero (es necesario ser residente).

 


Parte III: ¿Qué presupuesto necesito para viajar al Sudeste Asiático?

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Todas las cifras que aparecen en mi blog son reales ya que son los precios que pagué por comida/alojamiento/transporte/etc, en cada país o ciudad durante mi viaje en el 2010. (Puede que algunos precios estén desactualizados… o no.)

Yo viajo con un presupuesto de mochilera low-cost, lo que significa que gasto lo menos posible en alojamiento, me alimento siempre en los mercados callejeros o puestos de comida locales, muchas veces me alojo en casas de familia, siempre compro los pasajes de bus directamente en la terminal (no compro los pasajes que ofrecen las guesthouses), no hago demasiados tours y voy de un lado a otro a pie o en transporte público.

Mi objetivo es gastar lo menos posible para poder seguir viajando, y esto es algo que implica un esfuerzo extra ya que me tomo el tiempo de buscar precios en guesthouses, o camino hasta la estación para comprar allí mis pasajes en bus, etc. o incluso hago todas las combinaciones posibles de transporte público para llegar a destino pagando el precio más bajo.

Entonces si les interesa viajar con más comodidad no se guíen por estos precios, aunque les pueden servir para tener en mente un aproximado.[/box]

 

Algunas aclaraciones:

  • No es fácil darles un presupuesto porque todo depende de cuánto tiempo quieran viajar, a qué ritmo y de qué manera.
  • Lo mejor es calcular los gastos aproximados por día y en dólares (o euros).
  • Las cifras que doy son promedios ya que los precios varían de un país a otro y de una ciudad a otra.
  • En este presupuesto no está incluido el costo del pasaje desde Argentina (o cualquier lugar del mundo) a Asia.
  • En algunos países como Indonesia se puede vivir con 15 dólares diarios, otros como Malasia, Hong Kong o Singapur son un poco más caros. Pero, a muy grandes rasgos (todo depende del país que se visite) y sin contar pasajes de avión, pueden viajar bien (como mochileros y sin lujos) gastando entre 15 y 40 dólares por día.

 

1) Alojamiento

Los Hostels y Guesthouses son las opciones más baratas en cuanto alojamiento:

  • Dormitorio compartido en un hostel (“dorm”): de 2 a 10 dólares por noche por persona (cada dormitorio se comparte con 4 – 12 personas; se paga por cama, no por habitación)
  • Habitación privada simple/doble en un hostel: de 4 a 20 dólares por noche
  • Habitación privada simple en un guesthouse: a partir de 5 dólares (a veces con baño propio y a veces con baño compartido. Estas habitaciones “simples” generalmente tienen dos camas, por lo que viajar de a dos a veces significa que tendremos un menor presupuesto que viajando solos)
  • Habitación privada simple en un hotel 2 estrellas: a partir de 10 dólares (hay ciertas ciudades de China donde no existen los hostels ni guesthouses, por lo que la mejor opción es recurrir a los hoteles dos estrellas)

Los hostels generalmente incluyen varios servicios como wi-fi, pileta de natación, mini cine con DVDs, información turística, alquiler de bicicletas, servicio de pick-up desde el aeropuerto o estación de tren/bus (si el hostel se reserva de antemano por internet, el servicio de pick up en general es gratis). También ofrecen servicio de lavandería y desayuno que se paga aparte.

Las guesthouses son más básicas que los hostels y en general solamente ofrecen alojamiento, sin servicios extra.

Los alojamientos más caros son los de las grandes ciudades o capitales. Las ciudades más caras en cuanto a alojamiento son Kuala Lumpur (una cama en un hostel cuesta como mínimo 10 dólares), Singapur (a partir de 15 dólares), Hong Kong (a partir de 15 dólares por persona en Chungking Mansion) y Macau.

Otra opción es sumarse a alguna de las comunidades globales de hospitalidad como Couchsurfing o Hospitality Club para alojarse gratuitamente en casas de familia.

 

2) Alimentación

La comida en el sudeste asiático es muy barata y está por todos lados: el deporte nacional en este lado del mundo es comer.

  • En los mercados pueden conseguir snacks y frutas desde 50 centavos de dólar
  • Pueden almorzar y cenar en los puestos callejeros por 1-2 dólares y en los restaurantes locales por 2-4 dólares.
  • Lo más caro siempre son los restaurantes turísticos o los locales de comida en áreas turísticas: allí de base siempre pagarán 3 dólares.
  • Estos precios corresponden a los platos de comida típicos de cada lugar y no a la comida occidental (hamburguesas, pizza, spaghetti, asado) que venden por todos lados a precios turísticos.
  • Hong Kong y Macau son los dos lugares más caros en cuanto a comida, allí un plato de noodles empieza en 3 dólares y la comida más elaborada, de 5 dólares para arriba.

Aquí te dejo algunos artículos que escribí con mis experiencias probando comida asiática: en Indonesia, Tailandia, Malasia y China.

 

3) Transporte

  • Dentro del país
    Por tierra, hay que calcular entre 1 – 2 dólares por cada hora de viaje en bus (es decir que un viaje de 10 horas debería costar unos 10 dólares) y aproximadamente 2 dólares la hora de viaje en tren.
    En Tailandia te venden el combo de pasajes (colectivo-barco-tuktuk-barco-colectivo) que siempre resulta un poco más caro.
    Lo más económico siempre será ir directo a la terminal terrestre y sacar un pasaje en la ventanilla para el próximo colectivo que salga.
    También existe la opción de comprar un pasaje “VIP” en el hostel o guesthouse con servicio de “pick-up” hasta la terminal, pero muchas veces cuesta el doble que el pasaje comprado sin intermediarios en la terminal ya que estos hostels ofician como agencias de viaje y cobran una comisión.
    También existe la opción de
    viajar en tren, especialmente en Tailandia, Vietnam, Malasia y partes de Indonesia; es un poco más caro pero mucho más rápido, cómodo y seguro.
    Por otro lado muchos viajeros alquilan bicicletas o motos para hacer pequeñas distancias y recorrer más a fondo cada lugar al que llegan. El precio aproximado de alquiler de bicis desde USD 1 por día y motos desde USD 5 por día.
  • Entre países
    En el Sudeste Asiático hay varias aerolíneas low cost que te permiten viajar de una ciudad o país a otro por mucho menos de USD 100 el pasaje.
    Si sacas tu vuelo con mucha anticipación, los precios serán mucho más bajos (¡y siempre hay ofertas con precios super baratos, así que atentos!).
    En este artículo podés leer más acerca de
    cómo comprar un vuelo barato por internet (toda una ciencia, aunque no lo parezca).
    Para quienes no necesiten volar, las fronteras se pueden cruzar por tierra en colectivo, en tren o en barco (según el país).

 

4) Tours, excursiones, entradas, etc.

Siempre suman al presupuesto y acá no puedo dar datos exactos porque hay demasiadas variables. Pero un tour de un día cuesta entre 1o y 35 dólares (en las agencias de viajes orientadas a mochileros) y las entradas a museos de un dólar en adelante (a veces menos).

 


Parte IV: Links y descuentos para que disfrutes de tu viaje

El barco pirata barrilete.

Nota: le pongo muchas horas de viaje, caminatas, investigación y trabajo a estas guías prácticas y te las ofrezco de manera gratuita porque es lo que a mí me hubiese gustado leer antes de viajar. Si te sirven para planificar tu viaje, por favor intentá reservar alguno de los siguientes servicios (vuelos / hoteles / Airbnb) a través de estos buscadores. Si lo hacés, me dan una pequeña comisión que no se suma al precio final de tu compra y que me ayuda a seguir viajando y publicando guías como esta. ¡Gracias!

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Este post contiene enlaces de afiliado y enlaces patrocinados.

Viajando en una foto: Qué ves cuando me ves

Los descubrí (o, tal vez, ellos me descubrieron a mí) en Banaue, un pueblito en las montañas en el norte de las Filipinas.

Fui ahí gracias a Judy, mi amigo cura filipino, que me puso en contacto con una familia amiga suya de Banaue para que me hospedara y me llevara a recorrer las famosas terrazas de arroz.

Así que nos fuimos, dos filipinos de Banaue, el “taxi-moto” que aparece en la foto y yo a dar vueltas por los caminos de ripio de las montañas en busca de las plantaciones de arroz.

Banaue es un pueblo bien pueblo, uno de esos lugares donde los chicos todavía salen a jugar a la mitad de la calle (sin peligro de que “los pise un auto” ya que estos no abundan), donde las mujeres se sientan en las veredas y trabajan en sus artesanías mientras charlan con sus amigas, donde los hombres se la pasan mascando una raíz y escupiendo saliva roja.

Que aparezca una extranjera sentada dentro de esa carroza azul es todo un acontecimiento.

La curiosidad es más fuerte que ellos.

Cada vez que pasábamos frente a alguna casa, el ruido del motor hacia que la gente interrumpiera sus actividades para salir a la calle a mirar.

Algunos solamente veían la moto con el carrito “atado” al costado y se volvían a meter en sus casas, pero otros me veían a mí adentro de ese carrito y enseguida le pasaban la voz al resto.

¿Qué dirían?

– ¡Miren, una gringa! ¡Miren, una actriz de cine! ¡Miren, una turista! ¡Miren, una embajadora! ¡Miren, una mujer! ¡Miren, una occidental! ¡Miren, una “americana”! ¡Miren, una científica! ¡Miren, un ser humano!

Más tarde frenamos al borde de la ruta a descansar y mientras estaba sacando fotos del paisaje me di cuenta de que alguien me espiaba de atrás.

Primero, el nene.

Después apareció ella.

Y después se sumaron dos más.

Ninguno se animó a hablarme. Solamente me miraban con muchísima curiosidad.

Nota al margen: acá no existe eso de no mires fijo que es de mala educación, acá te miran fijo sin ningún tipo de pudor.

Sin hablar, posaron para mis fotos.

Cuando me subí a “la carroza” para seguir camino, les dije, moviendo la mano, “Byyye!”.

Todos se rieron y emocionadísimos me respondieron el saludo a ocho manos.

¿Qué habrán visto en mí? ¿Qué se les cruzará por la cabeza? ¿Qué idea tendrán estos chicos acerca de “los extranjeros”? ¿Pensarán que soy rica? ¿Que soy famosa? ¿Que salgo en la tele? ¿Que soy superior/inferior porque mi piel es más clara y mi pelo también? ¿Que vengo a comprar tierras? ¿Que vengo a raptar chicos? ¿Que soy mala? ¿Que soy buena?

Yo solamente vi un grupo de chicos filipinos medio tímidos que me observaron atentamente, con esa curiosidad típica de los chicos, con esa curiosidad típica de cuando uno se enfrenta a algo distinto y desconocido.

Pero ahora que miro esta foto otra vez, me pregunto qué habrán visto ellos cuando me vieron a mí.

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Viajando en una foto: Ilación de Hechos en Filipinas

Ilación* de Hechos: o lo que se dice “Estar en El Lugar Correcto en El Momento Justo”

Cada día se fortalece mi teoría de que la vida es una larga larguísima cadena de casualidades.

O tal vez, de casualidades predestinadas, no lo sé, pero que hay algo o alguien que nos va llevando por cierto camino a través de una larga sucesión de causas y efectos, eso seguro que sí.

Me encanta hilar los hechos hacia atrás, ponerme a pensar Si no hubiese hecho Aquello, entonces Eso nunca hubiese pasado, y si Eso no hubiese pasado, entonces no hubiese conocido a Tal, y fue gracias a Tal que fui a Ese Lugar y presencié Ese Momento…

Y así hasta el infinito, es una actividad que no se termina nunca y que me demuestra que el cliché de todopasaporalgo tal vez no sea tan cliché después de todo (yo siempre le creí).

Esta es la cadena de situaciones que me llevó a sacar esta foto.

Para empezar tengo que elegir un hecho concreto en el pasado, porque sino podría decir: “Si mis abuelos nunca se hubiesen conocido, entonces mi mamá no existiría y yo mucho menos, etc.” y el proceso se volvería demasiado extenso e infinito hacia el pasado.

Así que empieza acá.

Si yo nunca hubiese decidido viajar por Latinoamérica (estoy hablando del año 2008) entonces nunca hubiese escrito un blog con mis relatos de viaje

Si ese blog no hubiese existido nunca hubiese recibido un mail de (mi ahora amigo, pero en ese momento desconocido) Nico

Si no fuese por Nico (quien a su vez tuvo que pasar por una larga cadena de casualidades para conocer a quien voy a nombrar) nunca hubiese conocido a Judy, un cura filipino que vivió en Argentina y que me recibió cálidamente en su país hace pocos meses (a todo esto, no olvidemos el “Si yo nunca hubiese decidido irme de viaje por el Sudeste Asiático…)

Si no hubiese sido por Judy nunca me hubiese reunido a desayunar con sus amigos de Dagupan, entre ellos el ex gobernador de aquella ciudad

Si no se me hubiese ocurrido mencionar (quién sabe por qué) en aquel desayuno que tenía ganas de asistir a la asunción del nuevo presidente de las Filipinas en Manila

Entonces Gonzalo (el ex gobernador) nunca me hubiese ofrecido ser parte de la comitiva oficial que asistiría al evento en la Capital en pocos días

Y si nunca hubiese ido a la inauguración con este grupo de gente tal vez nunca me hubiese abierto paso entre la gente con Mira, una de las mujeres de la comitiva, para acercarnos un poco más al escenario

Y si no hubiese sido por ella que me lo señaló tal vez nunca hubiese visto a este hombre parado casi sin ropa en medio de la multitud.

Así fue.

Y lo que pasó después no fueron casualidades sino hechos intencionales.

Mira me explicó que el hombre formaba parte de una comunidad de “habitantes originarios” del país que había venido a la inauguración para demostrar su apoyo a Noynoy Aquino, el nuevo presidente.

Me acerqué a él, siempre con respeto, sin siquiera apuntarle con la cámara.

Lo miré y me miró a los ojos, mantuvo la mirada durante unos segundos.

Después me sonrió con mucha calidez y finalmente levantó la mano, hizo la señal de la L (que identifica a los seguidores del Presidente) y se quedó unos segundos inmóvil.

No dijo una palabra, pero con sus gestos me invitó a que le sacara esta foto.

(*siempre creí que se escribía Hilación con hache porque venía de “hilar” hechos como si fuesen hilos entrecruzados… Gracias Marita por la corrección, ahora sé que la hilación no existe más que en mi cabeza y que el término es Ilación: Acción y efecto de inferir una cosa de otra.)

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Viajando en una foto: agua

¿Qué es lo que tiene el agua que la hace tan especial?

Además de eso de que la necesitamos para vivir, de que somos dos tercios agua y de que el mundo, a su vez, es dos tercios agua (interesante que tengamos la misma proporción que el mundo…).

Pero el agua tiene algo, un nosequé que hace que nosotros, seres humanos, paguemos fortunas para poder nadar en los mares más transparentes, para ir en los cruceros más caros por el Caribe más cristalino, para tomar sol en la arena más blanca.

Parece ser que la arena sólo combina con el mar si esta es blanca y aquel es celeste, la gama de marrón con marrón no nos gusta tanto.

Tenemos nuestro propio Atlántico en las costas de Argentina, pero si nos aventuramos a bañarnos ahí pensamos, “Esto no es el verdadero mar, el verdadero mar está en el Caribe, donde puedo verme los pies mientras el agua me llega por la cintura…”.

Yo siempre fui como un pez: me siento mejor en el agua que en la tierra, ya sea nadando, navegando, esquiando o flotando boca arriba en un mar/río/lago/laguna/pileta/charco/bañadera.

Muchas veces sueño que la tierra no existe y todo es agua y a pesar de que no viajo en busca de playas, cuando encuentro una que me gusta más que el resto, me dedico a disfrutarla.

Y, sin planearlo ni saberlo, un día la encontré: LA Playa.

Me sumé (porque sí, por deporte, por inercia) a un tour de tres días por unas tal “Islas Karimunjawa” en Indonesia.

El precio era ridículamente barato: 10 dólares por día (con TODO incluido: alojamiento, comida, snorkeling, barco, futuro marido).

La belleza de un lugar NO es directamente proporcional a su precio, más bien diría que en muchos casos es inversamente proporcional a éste.

A veces creemos que si un lugar es carísimo, entonces debe valer la pena y que si algo es muy barato, hay que desconfiar.

No es así.

Y mi foto lo demuestra.

El mar de Karimunjawa es el más celeste/cristalino/transparente (y “barato”) que vi en mi vida, un mar en el que podés caminar kilómetros sin chocarte con ningún crucero turístico, bote-taxi o Duty Free Shop (diría que sin chocarte con ningún ser humano más que con los que van en el mismo bote).

Si hay un Paraíso para mí, es éste.

Y después de haber pasado unos pocos días de mi vida acá, creo que ya ninguna playa va a sorprenderme.

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Viajando en una foto: Una pared en algún lugar

No sé bien por qué, pero esta es una de esas fotos que vuelvo a mirar una y otra vez y nunca deja de atraparme.

Tal vez no sea una gran fotografía, muchos verán solamente una pared,  pero yo veo una pared que por alguna razón me llamó la atención en la vida real y me sigue llamando la atención en esta foto.

La vi cuando iba caminando distraída por Macau con mis amigos y frené de golpe.

Puede que haya sido el mensaje, “Start from Zero”, lo que me hizo mirarla y apropiármela con la cámara.

Un mensaje que apareció una y otra vez (porque lo vi repetido por Hong Kong y Macau) en el momento justo y que me indicó que, de una vez por todas, era momento de dejar mucho peso atrás y empezar de cero frente a lo nuevo.

Si hay algo que extraño de Buenos Aires es su arte, especialmente el arte callejero, esos murales y mensajes anónimos que le dan color a la ciudad.

Dicen que los ojos ven lo que la persona busca, y yo siempre intento encontrar dibujos en la calle: stencils, murales, graffitis, stickers, lo que sea.

Cada vez que me cruzo con alguno, le saco una foto y me pregunto quién será el o la autor(a), porqué lo habrá hecho, qué habrá querido transmitir.

Para muchos estos dibujos o mensajes probablemente pasen desapercibidos, otros los verán como manchas o como actos de vandalismo tal vez.

A mí me alegran la existencia y me demuestran que hay ciertas expresiones que van más allá de cualquier cultura o nacionalidad.

El arte (en este caso el callejero) no pertenece exclusivamente a un sector del mundo, el arte es uno de los elementos más humanos que compartimos.

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Viajando en una foto: El famoso Lugar En El Mundo

Viajo, como ya conté, por varias razones.

Viajo, además de porque me gusta escribir y conocer nuevas culturas, por algo más.

Viajo porque no creo que si nacés en determinado lugar, entonces ese es tu lugar en el mundo y tenés que quedarte ahí para siempre.

¿A mí quién me dio a elegir dónde nacer y dónde no?

Creo que falté el día que repartieron los formularios.

No reniego del país que me tocó pero tampoco soy nacionalista. La verdad es que no le doy mucha importancia al tema de las fronteras o nacionalidades.

También creo que si tenemos la posibilidad de elegir dónde queremos vivir y dónde queremos morir, no hay que desperdiciarla.

La vida es muy corta para pasársela soñando frente a la ventana.

Hay que actuar.

Así es que viajo para encontrar Mi lugar en el mundo.

O al menos para buscarlo (de “buscar” a “encontrar” hay un largo largo camino que tal vez nunca se termine del todo).

Y cada vez que llego a un lugar que va conmigo siento inmediatamente una energía especial que me dice “tal vez es acá…”.

Ahí es cuando me pregunto cómo sería mi vida si hubiese nacido allí.

Como esta mujer que me cruce en las plantaciones de arroz de Banaue, en Filipinas.

Tal vez, en otra vida, esa mujer podría haber sido yo.

Primero pienso en cómo será su vida, su familia, sus sueños, qué le hace reir y qué le hace llorar. Después pienso cuáles serían mis sueños si hubiese nacido y trabajado toda mi vida en esta plantación de arroz. ¿Tendría las mismas ansias de recorrer el mundo?

Tal vez sí, tal vez no.

Tal vez me sentiría feliz viviendo una existencia más simple en donde la única que manda es la Naturaleza y sus ciclos…

Eso me hace pensar, a la vez, en la cantidad de modos de vida que existen…

Y me pregunto, entonces, ¿cómo sería mi vida si yo (mi actual yo: Aniko, argentina, escritora, etcétera) me quedara a vivir acá y adoptara la forma de vida de esta mujer?

Creo que a veces esa es la pregunta decisiva: ¿Sería feliz viviendo una rutina con este paisaje de fondo?

Porque al fin y al cabo, un lugar nuevo pasa a ser parte de la rutina después de algunos meses.

Y ahí me doy cuenta de que lo mío (por ahora) es estar en movimiento.

Mi lugar en el mundo es el mundo entero.

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Filipinas en 10 palabras – parte II

Si todavía no leíste la primera parte, hacelo acá y volvé: (Un poquito de) Filipinas en 10 palabras – parte I

6. GUERRA

Las guerras nunca se olvidan.

Lo digo yo que nunca viví una y sin embargo las tengo presentes ya sea por mis ancestros que las pasaron o por conocidos que me las contaron.

Y menos se olvidan si fueron vividas en territorio propio.

En el norte de Filipinas todavía quedan tanques de la Segunda Guerra Mundial, aún se puede caminar por la costa que fue escenario de batallas entre las tropas estadounidenses y japonesas, las cientos de cruces blancas en los cementerios no van a desaparecer nunca, los monumentos en honor a los caídos tampoco se olvidarán.

Jamás viví una guerra, pero hay ciudades donde las batallas seguirán peléandose de manera invisible ad infinitum

7. PACMAN

– Tenga cuidado con ese perro que es muy bravo, me dice uno de los curas señalando a un labrador que, acto seguido, se acuesta en el piso mansamente.

– Si se descuida, la va a morder… Se llama Pacman. Y el perro se duerme.

Pacman —además del simpático muñequito comefantasmas que todos conocemos— es el sobrenombre de Manny Pacquiao, uno de los héroes nacionales de Filipinas: campeón mundial de boxeo en siete categorías y —recientemente— diputado. Y acá lo adoran.

Nada de Maradona, nada de Messi, Pacman is The Man.

Acá los deportes nacionales son el básquet (por ese tema de que no hay suficiente territorio llano como para tener canchas de fútbol) y el boxeo (gracias a la existencia de Manny Pacquiao).

Manny Pacquiao (Imagen by bigstickcombat.wordpress.com)

8. ALASCUATRO

– It’s alascuatro, me dice un filipino mientras mira el reloj.

– Interesante…

Como siempre, el tema del idioma es muy interesante.

Los carteles en la calle están en inglés. Los diarios están en inglés. Los noticieros están en inglés. Pero la gente habla una mezcla de inglés, español, tagalog (filipino) y alguno de los cientos de dialectos del país.

No sé cuál es la regla: las misas, por ejemplo, a veces son dadas en filipino, a veces en inglés, a veces en “filinglés” (a excepción de una misa de domingo de Judy que fue dada por partes en español en honor a mí!).

Hay palabras del filipino que fueron tomadas literalmente del español, como las horas (alauna, alasdos, alastres…), el pandesal (el pan más rico que probé), el puto (un postre, no sean malpensados…), la mesa, las visitas.

Cómo quisiera hablar todos los idiomas del mundo para poder entenderme con todos. Es mucho pedir ¿no?

9. ARROZARROZARROZ

– ¿Pero ustedes no comen arroz con cada comida?

– Estem… sí, sí, tal vez una vez por semana, como “ocasión especial”…

Pienso: ¿cuántas veces por día/semana/mes comía arroz en Buenos Aires? ¿Una cada quince días? ¿Solamente cuando estaba mal de la panza? ¿Cuando iba a algún restaurante étnico?

Acá si el plato no tiene arroz, no se considera desayuno, almuerzo ni cena.

Sin arroz en el plato, algo está pasando. Sobra un espacio entre la carne y las verduras.

¿De dónde viene esa costumbre de comer arroz? ¿Será porque acá las tierras son aptas para su cultivo? ¿Será una causa geográfica y climática?

La comida define a una cultura y si hay algo que define culinariamente al Sudeste Asiático es el arroz.

Porque acá hay de todo tipo, variedades que para mí “son todas iguales” pero para ellos son “completamente distintas”.

Acá el arroz es fundamental en la dieta. A mí me da igual, pero lo cierto es que ya me acostumbré a tenerlo en cada comida.

En Asia, sin arroz no hay paraíso.

10. LATINOAMÉRICA

Las similitudes nunca dejarán de asombrarme.

Incluso se les nota en la cara: los filipinos están más cerca de ser portugueses, peruanos, ecuatorianos, que de ser chinos.

Si sacás a un filipino de contexto, perfectamente podría pasar por un latino.

Lo interesante, creo yo, es la mezcla: porque el pinoy bien podría ser latinoamericano por fuera, pero su cultura sigue siendo asiática.

Andan en musculosa y short por la calle, algunos van descalzos (no por falta de zapatos sino porque así son, bien machos ellos), los hombres escupen en el suelo, las mujeres usan vestidos floreados, el tráfico es un caos, la religión inunda la vida diaria, la música es una pasión, la corrupción política existe y es visible.

Pero la gente se comporta con esa timidez asiática (nada de nadar en bikini), ese conservadurismo en la muestra de afecto (nada de besarse en público), ese intento de cuidar el cuerpo y la salud (“Say NO to drugs and yes to God”) que los diferencia de otras culturas.

Ya les digo, nada mejor que las mezclas…

Por las calles de Vigan

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Filipinas en 10 palabras – Parte I

Iba a titular este post “Filipinas en diez palabras”, pero no sería del todo correcto ya que solamente visité uno de los tres grandes grupos de islas que conforman este país.

Así que acá van mis observaciones cien por ciento subjetivas acerca de Luzón, pocas horas antes de tomar el vuelo hacia Hong Kong.

1. IGLESIAS

Era como una competencia conmigo misma. Cada vez que iba sentada en el asiento de un auto, las veía pasar rápidamente, las miraba alejarse y las archivaba en mi cabeza.

– ¡Ahí hay una!

– ¡Otra!

– ¡Dos más!

– ¿Cuántas voy?

– Mejor empiezo de nuevo…

Iglesias-iglesias-iglesias.

En Latinoamérica no me sorprendían, nuestro continente es La Tierra de las Iglesias, pero en Asia es distinto. En Asia hay templos y mezquitas, en Asia hay Budas, ofrendas de flores en la vereda y voces leyendo el Corán cinco veces al día. Es muy raro ver una iglesia así porque sí. Tal vez aparece una cada tanto, en algún pueblo que fue colonia española o portuguesa, en alguna enciclopedia, en algún programa de televisión.

Pero ya lo descubrí: todas las iglesias que no vi en Tailandia, Malasia, Singapur e Indonesia están exiliadas en las Filipinas.

Y lo bueno es que lograron captar mi atención una vez más…

¿Vieron que cuando algo se vuelve repetitivo nos aburre?

Y si después ese algo “desaparece misteriosamente” lo empezamos a buscar…

La Catedral de Manila

2. FATHER

Siguiendo con la temática, como conté anteriormente, viví en una parroquia durante casi dos semanas, algo que no podría haber sido más adecuado para mi estadía en Filipinas.

– ¿Hostels? ¿Qué es eso?

Hace tiempo que dejé de hacer check-ins.

Y me encanta, porque viviendo con los locales he descubierto más que aquellas veces que viajé como turista.

Estando en St. Therese, la parroquia donde trabajaba el Padre Judy en Dagupan, pude presenciar bastantes costumbres locales.

Descubrí que los curas filipinos no usan sotana fuera de la misa, se visten como quieren —con musculosa y short de baño incluido—, toman cerveza y se van de karaoke. Y son extremadamente divertidos, por favor, cómo me hicieron reír con sus jodas hacia Argentina (“the best country in the world”) y sus intentos de “casarme” con todo filipino que se me cruzara.

También descubrí que los filipinos son personas muy religiosas (no solamente los domingos), que la Iglesia Católica es muy respetada como institución y que algunas misas convocan a tanta gente que más que misas parecen recitales de rock evangélico (por el amontonamiento, digo).

Amén.

Misa de viernes

3. JEEPNEYS

“Capricornio”, “The Savior”, “Manuel Antonio”, “Guns N Roses”, son algunas de las leyendas que llevan estos particulares colectivos en el frente.

Y a los costados, todo tipo de dibujos: retratos de las Spice Girls, animé japonés, Jesús y la Virgen María desde todos los ángulos, arco iris psicodélicos.

Adentro hay lugar para unas 12-15 personas. Las monedas pasan de mano en mano hasta que llegan al chofer (quien, en este caso, también oficia de cobrador).

Cuando el pasajero considera que ha llegado a destino, golpea el techo y anuncia al conductor que va a bajar.

¿De dónde salieron estos simpáticos transportes? Son restos de la Segunda Guerra Mundial… Jeeps estadounidenses que quedaron en tierras filipinas, abandonados tras el conflicto.

Y los filipinos los adaptaron a su modo de ser y lo convirtieron en uno de los íconos del país.

4. NOT SPICY

Dos palabras que eliminé de mi vocabulario durante estos veinte días.

Qué felicidad, no tengo que pegarme un cartel en la frente que diga “Hola soy extraterrestre no me gusta el picante, NO ME JUZGUEN” cada vez que voy en busca de alimento.

La comida en Filipinas es sospechosamente parecida a la nuestra…

Mucho pan (y muy rico, de ese blandito y esponjoso, no el pan seco o duro de ayer), mucha pasta, mucha carne, mucha verdura hervida, mucha pizza…

Aunque tengo una objeción: si tiene carne NO es pizza. A mi no me des una porción de masa con salchichas, cabecitas de pescado, trozos de cerdo, salsa de lomo y un poco de queso, a mi dame una grande muzza y ya.

(Si tiene cebolla mejor. Pero pizza mejor que la argentina todavía no probé… ¡Tienen que ir y probar!)

Igualmente acepto que la comida filipina es deliciosa, especialmente el pescado y los mariscos.

Y el FLAN, no puedo creer que me reencontré con el flan.

(ex) Langostinos

5. VIDEOKE

Un clásico.

Está en todos los cumpleaños, en los bautismos, en los casamientos, en los “after-office”, en las reuniones con amigos, en las cenas familiares.

Casi todos los hoteles ofrecen pileta de natación, internet y videoke entre sus ammenities.

Los restaurantes tienen sectores privados con mesas y pantallas para cada grupo. A

lgunas familias incluso se compra el set: micrófono, cancionero con extensísimas listas de temas, reproductor de karaoke para conectar a la tele.

Y obvio que ellos son la envidia del barrio, los que más invitados reciben.

Y cómo cantan.

Por algo yo me negué a cantar.

Los filipinos tienen un don para el canto (¿o será que lo practican desde muy chicos? ¡No escuché a ninguno que desentonara!).

Los curas me dedicaron “Don’t cry for me Argentina” (antes de la derrota en el Mundial, sino ya hubiese sido una burla).

Father Judy cantando Don’t cry for me…

¿Querés saber cómo sigue el relato? Lee la segunda parte del post acá…

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Historias cruzadas en Filipinas: crónica de una asunción presidencial
(o viaje a una terraza de arroz)

(Elegí un color y leé. O mezclá los dos.)

– Tomá, este es tu pasaje, el colectivo sale a las nueve y media, pero mirá que es un colectivo normal, no tiene aire acondicionado, me dice Junie mientras me da el papel y yo le doy los 300 pesos filipinos (6 dólares) correspondientes.

Si supiera que viajé en cada cacharro y que no soy fan del aire acondicionado.

Acabamos de conocernos en SM, un shopping de Baguio, pueblo en las montañas del norte de Filipinas.

Así es la cosa mientras uno viaja: a cada momento se conoce gente nueva amiga-de, conocida-de, pariente-de, socio-de.

En este caso, fue Judy (el Padre amigo de mi amigo Nico que me recibió en Filipinas) quien me pasó el contacto de Junie, un chico que fue seminarista y alumno de él, para que lo conociera en las dos horas de espera que iba a tener en Baguio antes de partir hacia Banaue, lugar famoso por sus terrazas de arroz.

Junie y yo nos mensajeamos, ponemos un punto de encuentro y, sin habernos visto las caras nunca, nos conocemos en el shopping.

No creo que sea tan difícil ubicarme: no se ven muchas “gringas” en este pueblo, acá los visitantes son más que nada coreanos y chinos.

Nos damos la mano, qué lejos quedó el famoso beso argentino en el cachete, espero no perder la costumbre.

Caminamos un rato por el shopping, el pobre chico se banca mientras me pruebo veinte gorras distintas y me miro al espejo desde todos los ángulos posibles con mi indecisión de siempre.

A las 9 me lleva a la parada del colectivo, me acompaña arriba —acá la gente siempre tiene miedo de que me pierda si voy sola—, me deposita en mi asiento y me dice que su familia me va a estar esperando en Banaue.

Es sábado a la noche.

Pero, claro, al viajar, qué día de la semana es ya no importa demasiado.

Es sábado, pero bien podría ser lunes, martes, miércoles.

Terrazas de arroz de Banaue

DSC_1454

Me subo a la limusina y me siento al lado de “Attourney” (Abogado) Gonzalo.

Acabamos de salir de una reunión del Rotary Club de Dagupan en la que caí también gracias a esta cadena de contactos que se forma en cada lugar al que voy.

El eslabón que nos conectó fue, una vez más, Judy.

Todo empezó cuando Judy me llevó a desayunar a un restaurante mexicano para que conociera a sus compañeros de tenis.

Entre ellos estaba el Abogado —ex vicegobernador de Dagupan— a quien le caí bien y a quien se me ocurrió comentarle que tenía muchas ganas de asistir a la inauguración de Noynoy, el nuevo presidente de Filipinas, en Manila.

– Estamos organizando un colectivo privado para mandar al grupo oficial de Dagupan a la inauguración, así que ya mismo te anoto para que viajes con ellos.

Ahora es martes, estamos dentro de la limusina —primera vez en mi vida que me subo a una— y el abogado me está llevando al restaurante de donde saldrá el colectivo para que conozca a los dueños. Después de la presentación en sociedad, vuelvo a la parroquia a descansar. A las 3 y media de la mañana, Judy me lleva en la camioneta a la puerta del restaurante donde ya está estacionado el colectivo. Nos despedimos: también es su último día en Dagupan ya que en pocas horas será transferido a la parroquia de otro pueblo.

El colectivo sale a las 4 de la mañana del miércoles 30, el mismo día que Noynoy asumirá la presidencia del país.

En este caso, el día sí importa.

En el colectivo rumbo a la inauguración presidencial

La L

La L

Después de casi 11 horas de viaje entre las montañas con una inexplicable parada de dos horas en medio de la ruta, los chillidos de un bebé que no para de llorar en toda la noche, un compañero de asiento que casi se duerme sobre mi hombro, todas las luces prendidas y un chiflido de aire frío que me da en la nuca, llego a Banaue.

Escucho que alguien me dice “Good morning, Ms. Aniko?”, abro los ojos, cierro la boca (estaba dormida en la clásica pose despatarrada sobre el asiento, abrazada a mi mochila y con la boca abierta) y pienso Este debe ser Uncle Dixon.

Dixon es el padre de Junie y amigo de Father Judy, un hombre que vive con su mujer y algunos de sus siete hijos en el pequeño pueblo de Banaue.

Entramos a su casa, ubicada en la ladera de la montaña y con una vista envidiable, me presenta a su mujer y a dos de sus hijos (Steve y Davidson), quienes serán “mis guías” durante mi estadía en el pueblo.

Desayunamos en la cocina. En la mesa hay huevos fritos, huevos revueltos, banana frita, pan, café, té, verduras hervidas, salchichas, pescado, pollo y arroz, siempre arroz. Pero déjenme decirles que ya me acostumbré e incluso me gustan estos desayunos energéticos. Lo único que todavía me cuesta comer a la mañana es cualquier tipo de carne.

Después de alimentarnos, Steve, Davidson y yo nos subimos a una de esas motos con carrito al costado y nos vamos a recorrer el lugar.

Son chicos bastante callados, tímidos tal vez, o con personalidades a tono con el silencio del lugar, pero igualmente me hacen preguntas. “¿Cuánto tiempo llevás en Filipinas? ¿Cuándo volvés a tu país? ¿Cómo es el clima en Argentina? ¿Qué países de Asia conociste? ¿A dónde vas después?”.

En Filipinas todos hablan inglés, así que la comunicación es fácil.

En Banaue el sol pega fuerte, pero el aire es un poco más frío, más seco, no se siente esa humedad aplastante.

Por el pueblo…

Chicos que me espían…

Davidson y Steve mirando el paisaje

Davidson y Steve mirando el paisaje

Quiosquito

Quiosquito

Siento que el colectivo frena de golpe y me despierto.

¡¿Qué?! ¿Ya llegamos a Manila? ¿Tan rápido?

Pero si son como seis horas de viaje y acabamos de salir…

Estoy hecha una bolita en dos asientos en el fondo del colectivo, tapada hasta la cabeza para evitar cualquier tipo de filtración del aire acondicionado.

Me incorporo y le pregunto a los chicos de al lado si ya llegamos.

No no, es sólo una parada para ir al baño, pero ya casi estamos…

El colectivo se alborota, todos suben y bajan corriendo, apurados, excitados. La mayoría de los pasajeros son chicos de veintipico o menos y al parecer la consigna es usar algo amarillo, el color que caracteriza a Noynoy Aquino.

Todos tienen remeras amarillas con leyendas en filipino, algunos se ponen pañuelos amarillos en la cabeza, otros andan con anteojos de marco amarillo. Pegan stickers y pósters en las ventanas, hacen la señal de la L con el dedo índice y pulgar a la gente que está en la calle con banderas de Noynoy. La emoción se siente, parece que este presidente tiene bastante apoyo de la gente joven (y de la población en general).

Finalmente llegamos a Luneta a las 8 de la mañana, el lugar donde se llevará a cabo el cambio de mando a las 11.

Nos bajamos del colectivo. No conozco a nadie y siento que estoy en la entrada de un recital de rock en River.

Lourdes, una mujer del grupo, se me acerca, preocupada porque me ve sola (extranjera y sola) y me dice que me quede con ella y su hija.

Me hacen preguntas: “¿Venís como periodista de un medio argentino? ¿Vas a entrevistar a Noynoy? ¿Sos embajadora de tu país?”.

-No, no, soy una curiosa nomás…

Nunca fui a una inauguración presidencial. Caminamos por la avenida que nos llevará al predio. El lugar está cerrado al tráfico y atestado de gente, banderas, paraguas con la cara de Noynoy, hombres vendiendo pulseritas y pins, mujeres cocinando en medio de la calle, filipinos ofreciendo todo tipo de merchandising y memorabilia amarilla con la cara de quien será el decimoquinto presidente de estas islas.

Y el calor, ese calor agobiante otra vez.

Pins de Noynoy

Durmiendo por el calor, a la espera del nuevo presidente

Durmiendo por el calor, a la espera del nuevo presidente

P-Noy

P-Noy

En Banaue casi todas las calles son de tierra, así que la motito va saltando por el camino de ripio que rodea las montañas.

Steve y Davidson me llevan por todos lados.

Cada vez que pasamos frente a una casa, la gente que está sentada en la vereda me mira con curiosidad.

¿Qué hará esta gringa por acá?

Los chicos juegan en la calle, las mujeres se sientan con sus bebés al costado de la ruta mientras realizan algún trabajo artesanal, los hombres mastican una fruta llamada moma y escupen el jugo rojo constantemente.

Después de algunas subidas y bajadas, finalmente las veo.

Las terrazas de arroz.

Un paisaje que es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

Una de las vistas más impresionantes de mi vida.

Nunca vi campos tan verdes, nunca sentí tanto silencio, nunca tuve tanta admiración por la naturaleza como cuando me senté a mirar las terrazas de arroz de Banaue.

Fueron fabricadas hace más de dos mil años y siguen intactas, una muestra de que si el hombre quiere, puede preservar la naturaleza perfectamente.

Dejamos la moto estacionada, descendemos por un sendero de cemento y entramos a las plantaciones de arroz.

Los nativos viven en casitas en medio de los cultivos y su vida consiste en trabajar sembrando, regando y juntando el arroz.

Caminando por las terrazas nos cruzamos con un grupo de mujeres que están juntando arroz. Les saco fotos y una de ellas se enoja, me dice “No picture, no picture” y empieza a decirme cosas en filipino.

Curioso, están en medio de la nada y no quieren que su imagen viaje más allá de los límites de este pueblo, tal vez no sienten ansias de mostrarse sino de preservarse.

Al día siguiente caminamos dos horas cuesta arriba y cuesta abajo hacia Batad, un pueblo inmerso en una ladera al que no se puede acceder más que a pie. Me quedo mirando el lugar durante horas, y a pesar de que la vista es siempre la misma, no me aburro nunca.

Cuando volvemos a Banaue, nos encontramos con que hubo un derrumbe y el paso está cortado. Hay jeepneys, motos y camiones estacionados a ambos lados de la montaña de tierra. Pero el ser humano tiene imaginación y un poco de tierra jamás frenó a nadie.

A la mañana siguiente tengo que volver a Dagupan, así que me despido de uno de los lugares más lindos que conocí en mi vida y sigo mi camino.

Batad

Batad

La iglesia en medio de las plantaciones

La iglesia en medio de las plantaciones

Caminando entre medio de las terrazas de arroz

El derrumbe en la ruta

El derrumbe en la ruta

Mira, la hija de Lourdes, y yo nos abrimos paso entre la gente, esquivamos banderazos, codazos y paraguas.

Estamos lejos de lo que sería “el escenario”, así que nos acercamos de a poco para poder ver mejor.

En el camino me cruzo con gente de todas las edades: padres con sus hijas en hombros, parejas sentadas en el pasto, grupos de mujeres comiendo de recipientes de cartón, colegialas posando para las fotos, chicos sosteniendo banderas y pancartas.

Veo a un grupo de hombres y mujeres casi sin ropa, son lo que en Filipinas llaman “habitantes nativos u originarios”, comunidades que aún conservan su cultura ancestral, a pesar de que muchos perdieron sus hogares a causa de las inundaciones que sufrió el país y debieron mudarse a Manila.

Uno de ellos está sosteniendo una guitarra. Lo miro y me mira. Mantenemos la mirada. Me sonríe con mucha calidez, levanta la mano, forma la señal de la L y se queda quieto para que le saque una foto.

Le sonrío en agradecimiento.

Curioso, están en medio de una multitud y quieren destacarse, diferenciarse, darse a conocer al mundo.

Después de unos minutos, Mira y yo volvemos a donde está su mamá. Los helicópteros sobrevuelan el predio. La gente canta a coro con los músicos que se suben al escenario al mejor estilo León Gieco.

Los presentadores anuncian que en la ceremonia están presentes los líderes de Dubai y Timor Oriental.

En la pantalla aparece Gloria, quien en pocos minutos será ex presidente de Filipinas, y los aplausos se mezclan con los abucheos. Todos están ansiosos por ver a su nuevo líder.

Finalmente aparece Noynoy en escena y esta vez solamente se escuchan hurras.

Hay varios discursos en filipino, más números musicales y coros.

Ya vi lo que quería ver así que me despido, agarro mis cosas y me voy caminando por medio de la marea amarilla hacia algún lugar de Manila.

Chicos que descansan

Lourdes and company

Muchedumbre amarilla

La pantalla

Las mujeres que no querían ser fotografiadas…

… y el hombre que quería ser visto por el mundo.

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Filipinas: iglesias y karaoke

Pido perdón por no haber escrito nada hasta ahora.

Es que estos días estuve muy ocupada comiendo pizza y empanadas, yendo a cumpleaños, mirando partidos de fútbol, visitando iglesias, desayunando, almorzando y cenando con amigos, haciendo picnics en la playa, charlando en castellano y en inglés, escuchando música y yendo de karaoke.

Volví a Latinoamérica de incógnito. No digan nada…

Filipinas me sorprende y refuerza lo que voy descubriendo en este viaje: cada país asiático es totalmente distinto al anterior.

Voy a luchar por derribar ese prejuicio de que todos-los-asiáticos-son-iguales.

Yo sé que la distancia homogeneiza las culturas y nos hace pensar que en este (enorme) rincón del mundo que está tan alejado de nuestra realidad, todas las personas nacieron con el mismo código de barras y la misma forma de ojos. Incluso acá en Asia pasa lo mismo: cuando me ven, lo primero que piensan es que soy “americana” (cómo odio este término, sí, soy americana, SUDamericana) o europea, ya que para ellos, nosotros también somos todos lo mismo.

Y ahí es cuando empiezo a explicarles que sí, hay gente blanca en Argentina, no, Argentina no queda en Europa, sí, hablamos español y algunos saben inglés, sí, hay mucha gente rubia porque tenemos gran descendencia europea, sí, es cierto que nos gusta el fútbol y el asado entre otras cosas, sí, en Argentina también somos personas normales como ustedes…

Así que olvídense de esa idea de asiáticos igual chinos.

Y si no me creen, vengan a Filipinas… Los filipinos (o pinoys), con su mezcla española-estadounidense-asiática, son los asiáticos más latinos que conocí hasta ahora.

Obviamente que con características propias.

Una de las que más llamativas y que refleja esta mezcla cultural es el tagalog, uno de los principales dialectos hablados en este archipiélago. Escuchado desde afuera, suena algo así: bla bla bla visita bla bla bla bla a las cuatro bla bla bla bla despedida bla bla bla longaniza bla bla bla Father bla bla bla a las 10 bla bla bla hangover.

Una mezcla interesante.

Todos los filipinos hablan inglés y muy pocos hablan un poquito de español, especialmente la gente mayor que aprendió en la universidad en su momento (Filipinas fue colonia española por 300 años). Los que hablan y muy bien son Judy y Edwin, o mejor dicho Father Judy y Father Edwin, dos sacerdotes filipinos que vivieron en Argentina por dos años y en Chile por doce respectivamente.

Los dos curas más copados que conozco.

Father Judy

Father Edwin at videoke

En 2008, cuando Judy estaba misionando en Argentina, conoció a un chico llamado Nico que estaba ayudando gente en Chaco y se hicieron buenos amigos. En 2008, cuando volví a Argentina de mi primer viaje por Latinoamérica, un chico llamado Nico me escribió un mail diciendo que había leído mi blog y nos hicimos buenos amigos.

Un año y medio después, le comenté a mi amigo Nico que me iba a Filipinas e inmediatamente me puso en contacto con su amigo Judy, quien ya había regresado a su país. Y así funcionan las relaciones humanas en esta época de globalización: Judy y yo nos conocimos en el aeropuerto de Manila gracias a nuestros amigo en común y nos hicimos buenos amigos en las Filipinas.

Hace una semana estoy viviendo en la parroquia Santa Teresa en Dagupán City con él y otros sacerdotes y me tratan como la invitada de lujo. Incluso antes de que llegara al país, mi agenda de cenas/cumpleaños/programas/city tours/etc por Filipinas ya estaba completa y estos días me la paso yendo de lugar en lugar con personas nueva cada día.

Si hay gente hospitalaria, son los filipinos.

Y así como yo soy curiosa con respecto a ellos, los filipinos no paran de hacerme preguntas.

Las 5 preguntas que más me han hecho hasta ahora son las siguientes:

1. ¿Cuántos años tenés? Parecés tan joven, no te doy más de 18. Ahí es cuando explico que estoy por llegar al cuarto de siglo…

2. ¿Y estás de vacaciones por cuánto tiempo? No estoy de vacaciones, soy escritora de viajes, es decir que trabajo mientras viajo.

3. Ah! Periodista! No, no soy periodista, soy escritora, escribo desde mi propia experiencia y punto de vista, lo mío es totalmente subjetivo.

4. ¿Y cuándo volvés a tu país? No lo sé, en principio el año que viene, pero quién sabe, tal vez me quede acá para siempre…

5. Debés ser millonaria… No, para nada, tengo un sponsor que cubrió la parte más cara del viaje (los pasajes) y la verdad que en este momento, con lo poco que gasto en alojamiento y comida, me es más barato vivir viajando que en mi propio país.

Ah, y el bonus track: Are you married?

Esta semana me la pasé explorando el norte de Luzón (uno de los tres grandes conjuntos de islas en los que se divide las Filipinas) con Judy y sus amigos.

Y el pensamiento recurrente que tuve cada vez que me senté en el asiento delantero de la camioneta y miré por la ventana fue: estoy en algún lugar de Nicaragua o del norte de Colombia.

Los caminos de tierra están enmarcados por palmeras y casas bajas, las calles están habitadas por los jeepneys (esos colectivos tan divertidos y coloridos que me recuerdan un poco a los de Panamá) y por los mototaxis, las ciudades son muestrarios de Iglesias y están empapeladas de mensajes religiosos, la comida es muy similar a la de Argentina (asado, empanadas, longaniza, pan, pasta, pizza, lechón, ¡FLAN!), los filipinos se visten con musculosa (nada de taparse de pies a cabeza como en los países musulmanes), a veces andan descalzos (y según leí se creen bastante machos… ¿les recuerda a alguien?).

Y si hay algo para destacar de esta cultura, es que aman la música y en especial el karaoke (acá llamado “videoke”): es muy común que las familias tengan un set de videoke en casa (tele, reproductor de música, micrófono, cancionero con miles y miles de hits para elegir, programa que muestra la letra de la canción elegida y otorga puntaje al cantante de turno) y que cada cumpleaños, cena o bautismo finalice con una sesión de karaoke.

Grandes éxitos: My heart will go on, What a wonderful world, Top of the world, Don’t cry for me Argentina, Bésame mucho, She bangs, La bamba…

Nosotros hacemos sobremesa después de comer, ellos cantan canciones.

Hoy visitamos Vigan, una ciudad colonial que bien podría formar parte de Cartagena de Indias, o de Colonia del Sacramento, o de La Antigua Guatemala, o de…

Cómo me gustan las ciudades antiguas, esas paredes descascaradas son tan fotogénicas.

Y me pongo a pensar: ¿qué es lo que moldea a una cultura? ¿Qué es lo que hace que un grupo de gente que vive en determinada región del mundo sea como es? ¿Su historia? ¿Su geografía? ¿Sus recursos naturales? ¿Por qué en un rincón del mundo las personas prefieren cantar que hablar? ¿Por qué deciden jugar a la pelota con sus manos en vez de con sus pies? ¿Por qué en un país formado por cientos de islas paradisíacas y mar transparente, la gente todavía no se anima a mostrar su cuerpo cuando nada y usa short y remera para meterse al mar? ¿Por qué en un país como Argentina donde hay poca (buena) playa las mujeres compiten por ver quién usa menos ropa y quién desfila el mejor cuerpo?

Viajar me genera tantas preguntas…

Lamentablemente no podré responder muchas en sólo tres semanas (el tiempo de la visa de Filipinas), pero aunque sea voy a poder sentir, por 20 días, que estoy en mi continente otra vez…

Vigan

Vigan

Videoke

Bolinao beach

Mujer en Vigan

En la ruta

El famoso jepney

Basquet, el deporte nacional

Con la juventud

En San Fabián

Filipinos…

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Volando por ahí llegué a Filipinas y creo que me caí del continente

Momento. Acá pasa algo raro…

Me bajé del avión y no hacía tanto calor como en Jakarta, Bangkok o Kuala Lumpur.

Salí del aeropuerto y no se me abalanzaron veinte taxistas, diez mototaxistas, treinta oficiales para ofrecerme transporte.

Pisé la calle y nadie me señaló con entusiasmo, nadie me preguntó de dónde soy, nadie me rogó que le sacara fotos, nadie me trató como una estrella de cine ni me pidió autógrafos.

Mientras iba en el auto vi calles como “Juan Luna”, “José Abad Santos” y “Andalucía”.

También divisé infinidad de iglesias.

Me presentaron a Julios, Rogelios, Jaimes.

Tomé el desayuno y había PAN (un bien poco común en Asia).

Agarré el diario y estaba… en inglés.

Acá hay algo raro…

Ya sé. ¡Este lugar no tiene salida de emergencia!

(perdón, no pude evitar el chiste simpsoniano).

No quiero decir nada, pero me parece que el avión se desvió y caí en América latina otra vez. Me pasa por extrañar tanto mi continente…

Llegué a las Filipinas, señores.

Quinto país de mi recorrido, ex colonia española en medio de Asia, lugar que me desconcertó para bien.

Obviamente, me resulta imposible no comparar. Aunque en este caso creo que las comparaciones no son odiosas, ya que me permiten comprender y abarcar mejor el país que acabo de dejar atrás.

En Indonesia las calles están siempre repletas de gente (con 250 millones de habitantes, es de esperar). En Filipinas las calles son más tranquilas (90 millones de habitantes es un poroto).

En Indonesia el canto de las mezquitas inunda los pueblos y ciudades cinco veces al día. En Filipinas vi más iglesias que en toda América latina.

(Estoy exagerando. Pero hay muchas).

En Indonesia las motos son las dueñas del asfalto. En Filipinas veo alguna que otra moto perdida de vez en cuando entre medio de los autos y colectivos.

En Indonesia muy poca gente habla inglés, la gran mayoría de los carteles, menúes, diarios, programas de tv están en bahasa indonesio. En Filipinas, curiosamente, todo está escrito en inglés (no en español como podría esperarse de una ex colonia española), lo que facilita muchísimo el tema de la comunicación.

En Indonesia se vuelven locos por los extranjeros (bulés), les piden fotos, los saludan, les dan la mano como si fuesen estrellas de cine. En Filipinas… nada. Se terminó esto de ser actriz de Hollywood.

Pero en Filipinas tienen los mejores colectivos que vi en mi vida. Todos llenos de colores, me hacen acordar mucho a los de Panamá. Y creo que debe ser imposible llegar al trabajo de mal humor después de viajar en un vehículo tan divertido.

En Filipinas comen empanadas, comen mucho pan, comen mucha pizza (¿les recuerda a algún lugar que conozcan?)…

Momo, el chico que conocí en el aeropuerto de Frankfurt cuando hice escala para ir hacia Bangkok tenía razón…

En menos de tres meses de viaje ya soy capaz de distinguir a la cultura tailandesa, de la malaya, de la singapurense, de la indonesia y (próximamente) de la filipina. Dejan de ser “todos chinos” (como muchos creen) para pasar a ser países y personas totalmente diferentes.

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