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Reflexiones acerca de vivir viajando
(o “¿Cómo puedo financiarme en el camino?”)

**Spoiler: no sé. Y este post tiene el prólogo más largo de la historia.
Poné el agua para el mate o preparate un café. O si querés la respuesta práctica, andá directo al final del texto.**

No existen fórmulas ni recetas mágicas para financiar un viaje o para vivir viajando. No hay pasos infalibles ni modelos a replicar. Nadie tiene el éxito ni el fracaso asegurado. Como con todo, financiar y autosustentar un estilo de vida viajero lleva tiempo, dedicación, trabajo y creatividad. No hace falta ser millonario ni sacarse la lotería para vivir en movimiento. Lo que sí hace falta es cambiar algunas concepciones.

Una de las preguntas que más recibo por mail y que más me cuesta responder es: “¿Me das ideas para financiarme mientras viajo?”. Más allá de los consejos que pueda darles para ahorrar en el camino, muchos de ustedes me preguntan otra cosa: “¿De qué puedo trabajar para mantenerme mientras viajo?”. Porque una cosa es ahorrar y otra es generar ingresos. Y creo que en el fondo la pregunta es: “¿Cómo puedo hacer para vivir viajando?”.

Ya sea para vivir viajando durante quince días, dos años o tres décadas, no hay una respuesta: hay muchas. Y como no tengo la solución adecuada para cada uno, decidí hacer este post con mis reflexiones acerca de este estilo de vida.

Empecemos

Empecemos

*

En muchos lugares del mundo, el sistema nos educa así: tenés que tener un título universitario para conseguir un trabajo, tenés que tener un trabajo fijo para cobrar un sueldo a fin de mes, tenés que tener un sueldo a fin de mes para poder vivir, alimentarte y comprarte cosas, tenés que ahorrar gran parte de ese salario para poder irte de vacaciones cuando el trabajo te lo permita, tenés que trabajar hasta los 65 para tener una jubilación y después podés disfrutar de la vida.

Vivir viajando derriba muchas de estas ideas.

Es lógico, si nos guiamos por ese modelo, sentir que si la plata no alcanza para llegar a fin de mes, menos va a alcanzar para un viaje largo. Por eso, para empezar a pensar en la financiación de un estilo de vida viajero, lo primero que hay que hacer es cambiar el paradigma.

Las reglas del juego son otras.

Las reglas del juego son otras.

1) Vivir viajando no es vivir de vacaciones. 

Esto ya lo repetí muchas veces en el blog, así que para quienes me leen de antes no es algo nuevo. Sé que, visto desde afuera, la imagen mental que muchos tienen del viajero es algo así: playa + jugo de coco + hamaca paraguaya + leve brisa + no stress. Díganme dónde firmo que yo también quiero una vida así. Bah, en realidad no.

Yo empecé con la idea de ser una viajera pura y dura: de dedicarme solo a viajar, a explorar y a conocer otras culturas. Lo hice durante varios meses, pero me di cuenta de que no podía separar mis ganas de viajar de mis ganas de comunicar, a través de textos y fotos, lo que iba encontrando en el camino. Viajar por viajar es muy lindo, pero después de un tiempo uno tiene necesidad de hacer algo con ese viaje, de transformarlo en otra cosa, de aportarle algo valioso a toda esa gente y a todo ese mundo que tan bien nos recibió (o de cambiar ese mundo que tan mal nos recibió). El trabajo, ese querer aportar algo, es parte de la naturaleza humana, y es gracias a eso que el mundo sigue girando. Y cuando te vas de viaje, el gen del trabajo no se apaga, al contrario: se activa. Por eso, creer que vivir viajando es lo mismo que estar de vacaciones permanentes es un error.

En estos siete años conocí mucha gente que vive como yo, en movimiento. Gente de todas partes del mundo y que trabaja en distintos rubros: cocineros, escritores, programadores, médicos, diseñadores, arquitectos, fotógrafos. Algunos se mueven de manera constante, otros son estacionales, algunos trabajan de manera independiente, otros van con contrato. Pero todos comparten esa ansiedad de moverse y de dedicarse a lo que más les gusta. Y todos lograron, cada uno a su ritmo y en su propio tiempo, generar una rutina de viaje-trabajo que les permite seguir viviendo así.

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2) Vivir viajando puede ser más barato que vivir en un lugar fijo.

También hablé de esto en otras ocasiones. Este vez pongo “puede ser” porque depende de la manera de viajar y de vivir de cada uno. Pero hago cuentas y a mí me sigue saliendo más barato estar en movimiento. ¿Por qué? No hay gastos fijos, uno solo paga lo que necesita en el momento (alojamiento, comida, transporte, visas), hay lugares donde el costo de vida es muy barato y otros donde estas necesidades básicas se pueden intercambiar por servicios.

Entonces, una de las primeras cosas a tener en mente es que no necesitás tanta plata para viajar. Es cierto que si querés volar a otro continente, el pasaje de avión es caro, pero nadie te impide cruzar en barco o ir por tierra. Hay muchas maneras de viajar y el avión no es el único medio que existe. Pero esto implica, también, cambiar el chip de la velocidad: cuanto más lento vayas, menos vas a gastar y más intensa va a ser tu relación con el camino. Hay ciertos gastos que son obligatorios: las visas, el seguro médico (en caso de llevar uno), la gasolina (en caso de viajar con vehículo propio), pero pensalos como una inversión inicial del viaje o como un gasto fijo y comparalos con los gastos que tenés ahora: seguro siguen siendo más bajos.

– En mi post “Consejos para viajar barato o sin plata” doy más detalles y en el post “Desde un bus rojo” hablo acerca del slow travel.

Y este es el trailer de un documental que quiero ver hace tiempo… (pueden verlo acá.)

3) Tu trabajo no es tu empleo (work is not a job). 

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Fuente: workisnotajob.com

Hay gente que no se anima a vivir viajando porque tiene miedo de no conseguir trabajo. Otros tienen miedo de irse por un año y de que al volver nadie quiera contratarlos.

Primero hay que preguntarse qué es el trabajo. Yo estoy de acuerdo con los chicos de workisnotajob: nuestro trabajo no es nuestro empleo de 9 a 5, es nuestra pasión puesta en acción, eso que solo nosotros podemos contribuir al mundo. Pero si pensás en el trabajo como algo que tienen que darte y no como algo que podés generar por tu cuenta, puede que te sea más difícil conseguirlo.

Creo que pueden existir tantos trabajos como personas, ya que todos tenemos algo para ofrecer al mundo. Puede que tu trabajo soñado no exista, o que no encuentres a nadie que quiera contratarte para hacerlo, entonces sabés qué: inventalo, sé el primero en dedicarte a eso. El cliché es cierto: el que no arriesga, no gana. El mundo es de los que se animan a hacer algo distinto.

Para leer más acerca del nuevo paradigma laboral, les recomiendo los libros “Rework” de David Heinemeier Hansson y  “Ignore everybody” de Hugh Macleod. No sé si estos títulos están en castellano, por eso los comparto en inglés. Y este video también tiene buenas reflexiones acerca de lo que para muchos de nosotros es trabajar.

4) Podés trabajar desde cualquier lugar del mundo.

Uno de los cambios más grandes que generó internet es que cada vez se necesitan menos las oficinas y los jefes. Son cada vez más las profesiones que pueden practicarse desde cualquier lugar del mundo, a cualquier hora, frente a cualquier paisaje y de manera independiente. Uno puede tener su oficina donde quiera y ser su propio jefe.

Ya no hace falta, entonces, que hagas tu trabajo siempre desde el mismo lugar. Podés mantener tu empleo, si querés, irte de viaje y seguir trabajando en el camino. O podés renunciar a tu trabajo, y crearte uno que te permita hacer de cualquier espacio tu oficina.

Sé que esto (aún) no es aplicable a todas las profesiones, pero siempre existen alternativas. Un buen ejemplo es médicos sin fronteras y otras organizaciones “sin fronteras”. Y si tu profesión todavía no tiene una alternativa viajera, quizá es hora de que la inventes.

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Foto: Marruecos

5) No necesitás plata para todo.

Volvió la era del trueque. Yo creo que nunca se fue, pero ahora es más visible, también gracias a internet. Estamos muy acostumbrados al sistema capitalista-monetario: necesito algo, voy y lo compro. Pongo plata sin dar lugar a la posibilidad del trueque, porque así es más fácil y más rápido. Pero hay muchas cosas que se hacen por intercambio, o que se harían si hubiese un diálogo previo de por medio. 

En el mundo viajero hay muchas opciones de intercambio. Por ejemplo:

– Couchsurfing. Personas y familias de todo el mundo ofrecen alojamiento gratuito a los viajeros en sus casas. ¿Qué ganan? Compañía, conocer a alguien de otra cultura, aprender acerca de otras realidades, viajar sin viajar.

– Warmshowers. La versión de Couchsurfing para ciclistas.

– Housesitting. Mucha gente necesita que le cuiden la casa y/o las mascotas mientras no están, así que te permiten vivir sin costo ahí, siempre y cuando te hagas cargo de la casa, las plantas, los animales y el mantenimiento del lugar.

– HelpX. Intercambio de alojamiento y comida por trabajo. Una persona necesita que lo ayuden a pintar un cuarto de su casa, o que lo ayuden a practicar su español, o que le solucionen un problema técnico en la computadora. Y justo estás en su ciudad y resulta que tenés los conocimientos o las capacidades para hacer lo que él necesita. Lo contactás, coordinan y te quedas con él hasta que el trabajo esté hecho. Él, a cambio, te da comida y cama.

– Woofing. Trabajo en granjas orgánicas a cambio de alojamiento y comida.

– Find a crew. Hay gente que busca tripulación para sus barcos, lo que te permite trabajar a bordo y viajar gratis. Todavía no lo probé pero me parece una opción muy interesante.

– Autostop. Lo dijo Juan Villarino: “Todos nacemos con un boleto gratis a cualquier lugar del mundo, y lo tenemos en nuestro pulgar”. Salí a la ruta, estirá el brazo y pedí que te lleven. Siempre alguien frena.

– Gratiferias. Hay muchas gratiferias, reales y virtuales, en un montón de ciudades del mundo. También hay mucha gente dispuesta a intercambiar ropa u objetos que ya no usa.

– Patrocinios. Si tenés un proyecto sólido e interesante, podés conseguir esponsoreo de aerolíneas, hoteles, hostels, trenes, buses o empresas especializadas en tu rubro. Eso sí, lo importante es tener una propuesta que pueda interesarles.

Foto: Argentina

Foto: Argentina

Les recomiendo “La biblia del viajero”, la mejor guía de Lonely Planet que leí. Está escrita por tres viajeros franceses y algunos de los temas que cubren en profundidad y de manera muy realista (y con mucha experiencia) son: autostop, barcostop, trenestop, avionestop, viaje en carguero, marcha a pie, recolección urbana, camping en entorno urbano, alojamiento organizado a cambio de trabajo e intercambio de casas. Un montón de temas que en otras guías no están mencionados o son desestimados por no ser tradicionales.

Todavía no lo terminé de leer, pero el libro “The moneyless manifesto” de Marc Boyle pinta interesante. Hace más de tres años que este inglés vive sin dinero, y relata la experiencia en este libro. En cada capítulo habla de una temática distinta (la vivienda, la alimentación, la salud, la educación, entre otros) y cuenta qué alternativas existen para poder solucionarlas sin dinero de por medio. Se puede leer gratis en su web.

Foto: Indonesia

Foto: Indonesia

6) Dedicate a lo que más te gusta. Y hacelo en movimiento.

Todos nacemos con un talento. Sí, vos también, aunque estés moviendo la cabeza y diciendo que no. Algunos lo descubren de muy chicos, a otros les cuesta más encontrarlo, otros saben que lo tienen pero no lo siguen por miedo, porque creen que no son lo suficientemente buenos, porque sienten que a nadie le va a interesar lo que tienen para decir o mostrar, porque alguien los desmotivó o porque piensan que siempre habrá alguien mejor. Sí, puede que haya alguien mejor, pero ¿importa? Acá lo importante, me parece, es poder dedicarte a lo que te sale bien y te hace feliz, a eso que sentís que hacés sin trabajar. Creo también en la teoría del felicismo que propone Albert Casals (el viajero de Mon Petit, la peli que les recomendé antes): si hago lo que me hace feliz, también haré feliz a la gente que me rodea. Si hago lo que me inspira, también inspiraré al resto.

En una carta que ahora no tengo acá pero que me encantaría compartir, mi mamá me escribió, entre otros consejos: “No te dediques a una profesión por la plata, dedicate a lo que más te guste hacer y la plata va a llegar sola”, “Sé dueña de tu tiempo, no le regales tus horas de trabajo a otros”, “Hacé lo que te haga feliz”. Yo tenía trece años cuando me dio ese papel, y todavía lo tengo guardado en una cajita en Buenos Aires. Ella me educó para ser libre, y nunca me voy a cansar de agradecerle. *Se emociona*

¿Qué sentido tiene la vida si no somos libres y felices? Todas las muertes cercanas que sufrí este año me enseñaron una cosa: nos vamos demasiado rápido de acá. Mejor que aprovechemos el tiempo de la mejor manera posible. Basta de posponer los planes y la felicidad esperando un momento ideal que nunca va a llegar.

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No hay tarea que desestimemos más que la tarea de ser felices.

– Les recomiendo (les pido) que lean el libro El Elemento” de Ken Robinson. Habla acerca de ese talento con el que todos venimos al mundo y cuenta casos de personas que hoy son muy reconocidas en lo que hacen y que, alguna vez, también tuvieron dudas y empezaron de cero.

– También les recomiendo los libros “Show your work” y “Steal like and artist” de Austin Kleon. Muy interesantes para aquellos que quieran mostrar su trabajo a un público y no sepan cómo hacerlo.

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7) No tengas miedo.

Una de las personas más especiales que conocí este año fue la madre de una lectora de mi blog. Nos vimos una tarde o dos, pero conectamos mucho. Una de las cosas que me dijo antes de despedirme fue: “El opuesto del amor no es el odio, es el miedo”. Y esa frase me quedó grabada.

El miedo es un gran mecanismo de control. Nos meten miedo desde chicos. Miedo a lo que pasa afuera, miedo a la gente de otros barrios, miedo a la gente de otros países, miedo a las supuestas epidemias, miedo a no tener trabajo, miedo a quedarnos solos, miedo a fracasar, miedo a no ser nadie en la vida. Todo lo que no hacemos, no lo hacemos por miedo. Al menos en mi caso es así. Estoy escribiendo un libro nuevo y todavía me da miedo abrir el archivo y enfrentarme a las páginas en blanco. Me dan miedo muchas cosas, no soy nada valiente. Pero aprendí a no tenerle miedo al miedo, si es que eso tiene algún sentido.

Por eso, no tengas miedo de hacer algo nuevo, de salir, de probar. Si no te va bien, por lo menos lo intentaste.

En este post hablo de otro miedo importante: El miedo a viajar (y por qué no hay que dejar que nos frene).

No tengas miedo de hacer realidad tus ideas.

No tengas miedo de hacer realidad tus ideas.

8) Usá la creatividad para todo.

Así como todos tenemos un talento, todos somos creativos. Sí, vos también, aunque estés negando otra vez con la cabeza. Crear es parte de la naturaleza humana. Ser creativo no es pintar un lindo cuadro o escribir un texto divertido: la creatividad generó todo lo que tenés a tu alrededor. Esa silla, la mesa, la computadora, la lámpara, el cepillo de dientes. Todo se le ocurrió alguna vez a alguien. Así que usá esa capacidad creativa para vivir. Y si querés dedicarte a viajar, usala para pensar qué podrías ir haciendo en el camino.

Me resulta difícil dar respuestas personalizadas cuando me piden ideas para financiar sus viajes. Es verdad que hay muchas cosas típicas que se pueden hacer (y las menciono al final), pero puede que esas no sean cosas que te gusten ni que quieras hacer. O puede que sean cosas que querés hacer por un tiempo, para empezar, pero no para siempre. Quizá lo que estás buscando, en realidad, es esa profesión ideal para combinar con tus viajes. Y esa es una búsqueda muy personal.

Mi recomendación es que no intentes replicar lo que hizo otro solo porque ves que tuvo éxito. Que a otra persona le haya ido bien no quiere decir que a todos nos vaya a ir igual. Por detrás tiene que haber una pasión muy específica, muchas horas de trabajo y perseverancia. Cada cual tiene que buscar su camino, aunque sea más difícil y requiera más trabajo.

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Tomá el ejemplo de otros como inspiración, y a la hora de pensar en tu propia financiación, preguntate: ¿En qué soy bueno? ¿Qué me gustaría hacer mientras viajo? ¿En qué quiero invertir mi tiempo?

Y cuando salgas a la ruta vas a darte cuenta de que esto de vivir viajando es como un pack en el que todo se mezcla: el trabajo, la pasión, el movimiento, la vida. Y al final todo termina siendo una misma cosa.

Algunos ejemplos de gente que pensó distinto:

Seguro que viste este video. Fue recontra viralizado. A Matt se le ocurrió hacer un bailecito en cada lugar del mundo que visitó, así que se grabó, los compiló, hizo un video y lo subió a youtube. Fue un éxito. Aparecieron marcas que se interesaron en él y lo mandaron a hacer una segunda vuelta al mundo, esta vez patrocinado, para que volviera a hacer su bailecito.

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Este empezó como un chiste. Zack Brown propuso un proyecto en Kickstarter, una plataforma de financiación colectiva: “Necesito 10 dólares para hacer una ensalada de papas”. Terminó juntando más de 55.000 dólares. Mirá las recompensas que ofrecía.

9) Podés educarte mientras viajás.

Muchos de ustedes me escriben preguntándome si les recomiendo estudiar una carrera universitaria antes de empezar a viajar o no. Y me ponen en un aprieto. No sé, depende de qué quieran estudiar: hay profesiones que necesitan muchos años de estudios y un título para poder practicarlas, hay profesiones que no precisan estudios universitarios pero sí estudios terciarios o cursos, hay profesiones que se aprenden al hacerlas. Entonces depende de cada uno y de sus objetivos personales.

Pero que elijan viajar y no estudiar de manera formal no quiere decir que no puedan educarse en el camino. La educación es fundamental y deberíamos aprender toda la vida, no solo durante la etapa de escolarización. Sin embargo, es muy difícil cambiar un sistema educativo que está tan arraigado en la sociedad y que está quedando tan obsoleto. De a poco están surgiendo nuevas voces y propuestas mucho más adaptadas a las necesidades y realidades del mundo actual (Hola, Ken Robinson, soy tu fan), y hoy, gracias a internet, podemos aprender muchas cosas por nuestra cuenta. Yo, por ejemplo, aprendí a programar ebooks a través de un curso online en video, también estoy cursando una carrera de escritura de viajes en inglés a distancia, la fotografía la aprendo de manera autodidacta con libros, tutoriales y práctica, lo poco que sé de programación también lo aprendo por internet y a la fuerza, estoy aprendiendo francés con una aplicación y trato de mejorar mi escritura leyendo todo lo que se me cruza en el camino.

Entonces, entendé que irte de viaje no equivale a posponer los estudios ni a dejar de estudiar. Puede que elijas estudiar antes, durante o después, eso ya es decisión tuya. Y el viaje nos permite hacer el curso de ingreso a una de las instituciones más importantes del planeta: la universidad de la vida.

– En el post ¿A qué tengo que dedicarme para poder viajar? hablo un poco más acerca de estos temas.
– La web Unschoolery.com, de Leo Babauta, me parece muy interesante para quienes quieran saber más acerca del unschooling y del homeschooling o la educación en casa.
– Y la charla TED que les dejo abajo es de un chico que a los 13 años decidió dejar el colegio para hackear su educación.

Pablo Neruda

Pablo Neruda

Y una lechuza que te mira.

Y una lechuza que te mira.

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Y si después de toda esta perorata (o el prólogo más largo de la historia al que me refería al principio) decís muy lindo todo pero dame consejos concretos para viajar y poder mantenerme en el camino, acá van algunas ideas:

1. Ahorrá. Si te hace sentir seguro, ahorrá todo lo que puedas, ahorrá durante meses o años (como hice yo antes de irme por primera vez: ahorré toda mi vida para eso) y salí con un colchón de plata por si acaso.

2. Aplicá a una Working Holiday Visa (visa de trabajo). Así, además de vivir en un país, vas a poder trabajar en el lugar.

3. Trabajá freelance. En Berlín dan visas especiales para los trabajadores independientes (más info en este post).

4. Trabajá por internet. Generá contenido, vendé fotos en bancos de imágenes, producí videos, sé community manager, tené tu empresa o emprendimiento online, tené un canal de youtube, escribí y vendé ebooks acerca de un tema en el que seas experto, trabajá haciendo traducciones.

5. Trabajá a cambio de alojamiento y comida. Ofrecete en los hostels y restaurantes. Cuidá casas mientras sus dueños no están. Mirá qué está pidiendo la gente en webs como HelpX.

6. Buscá trabajos diarios o temporarios. Ofrecete de extra en una película. Modelá. Da clases de idiomas. Trabajá en librerías (Shakespeare and Co., una librería de París, ofrece trabajos temporarios a estudiantes, por ejemplo). Ofrecete de pintor. Buscá trabajo en los festivales de música. Sé guía de turismo de un lugar que conozcas bien. Organizá free-walking tours.

7. Buscá patrocinadores que puedan estar interesados en tu trabajo o en tu viaje. Para eso, mi consejo, es que más allá de una idea tengas una propuesta sólida que ya esté funcionando y que les presentes algo que ya existe.

8. Vendé algún producto. Y acá las opciones son muchas: fotopostales, dibujos, cuadernos artesanales (a eso sí me gustaría dedicarme), libros artesanales, ropa, comida, bebidas.

9. Ofrecé un servicio. Charlas acerca de un tema en el que seas experto, cursos presenciales, cursos online, etc.

10. Hacé shows. Podés hacer shows callejeros a la gorra u ofrecerlos a cambio de alojamiento o comida. ¿Shows de qué? De lo que se te ocurra. Música, magia, burbujas, beatbox, danza, teatro, malabares con fuego, acrobacias. Siempre hay público para el arte.

11. Y hablá con la gente. Contá lo que estás haciendo, deciles que estás buscando trabajo, comentales que hacés shows de tal cosa, proponeles un intercambio, pediles ayuda. Nunca sabés a quién le podés caer en el momento justo y qué trabajo o trueque te pueden ofrecer.

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Mis conclusiones personales:

Vivir viajando es un estilo de vida holístico, hay que verlo como un todo, como algo integral. Como dije antes, todo termina siendo parte de lo mismo: la pasión, el talento, el trabajo, la financiación, el movimiento, la vida.

Y ser capaz de autosustentarte no quiere decir ganar fortunas, sino generar los ingresos necesarios para poder seguir manteniendo tu estilo de vida actual. Lo más gratificante, más allá de la cantidad de plata que ganes, es lograr crear una rueda que pueda seguir girando sola. Y cuando sos capaz de autosustentarte te das cuenta de que la cantidad de plata es relativa: ya no pensás en términos de mucho o poco, pensás en lo necesario para poder seguir viviendo así. 

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Ah, y no escuches a los que te dicen que no se puede. Todo se puede.

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Foto: Proyecto Calco

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